CAPITULO 3: ACOSTUMBRÁNDOSE Y APRENDIENDO

Cuando el Translador los dejo en la oficina de Dumbledore, Harry le dirigió al lugar una mirada aprensiva, mirada que se acrecentó al detenerse en aquél hombre de larga barba blanca y extraños lentes que le sonreía con... ¿Alegría? Se había olvidado de seguir llorando cuando sintió aquélla extraña sensación en su estomago, pero sobre todo, al percatarse de que un segundo atrás se encontraba afuera de la casa de sus tíos, y ahora se encontraba en aquel lugar tan extraño.

- Me alegra que hallan llegado – comento Dumbledore levantándose de su silla tras el escritorio para acercarse a Sirius y al pequeño Harry - ¿Les ha sido difícil traerlo? –

- ¡Esas personas son unos monstruos! – exclamo Sirius sin molestarse en ocultar el coraje que sentía – Apenas se han enterado de que veníamos por él, y ese obeso que la hermana de Lily escogió por esposo, nos lo ha dado sin siquiera fijarse en los papeles. ¡Estaba alegre de deshacerse de Harry! –

Dumbledore no dijo nada, solo se limito a sonreírle calidamente a Harry, quien de inmediato se hizo ovillo contra el pecho de Sirius ocultando la carita con miedo. De inmediato, Sirius lo abarco con sus brazos para brindarle la protección que el pequeño necesitaba, y sin saber por qué, Harry se sorprendió al saber que aquel gesto le brindaba confianza, que sentía que no debía temerle a aquel hombre, y que con él estaría bien.

- Cuando Harry estaba con James y Lily, jamás demostró tenerle miedo a la gente que conocía, y sin embargo, ahora parece un niño asustado, inseguro y bastante delgado... – no había necesidad de decir más, los dos comprendían a la perfección lo que Remus intentaba decir.

- Pero era necesario que Harry estuviera con ellos, solo ahí estaría seguro del resto de los Mortífagos que aún quedan sueltos por ahí – les recordó Dumbledore dirigiéndose a su asiento e invitándolos con un movimiento de la mano a que se sentaran en las cómodas butacas que había frente a su escritorio.

- Pues no creo que esos Muggles sean más buenos que los Mortífagos – comento Remus con aspereza.

- Son unos monstruos – espeto Sirius mientras se sentaba y abrazaba mejor a Harry, que en lugar de separarse como creyó que sucedería, se acomodo mejor entre sus brazos. Sin poder evitarlo, Sirius sonrió, y Remus y Dumbledore que le observaban, también sonrieron.

- Bueno, no debemos seguir perdiendo el tiempo – les advirtió Dumbledore – La protección que había en la casa de los tíos de Harry desaparecerá dentro de poco y debemos renovarla en torno a la casa en la que de hoy en delate vivirá, además, dado que ya no estará en la casa de sus parientes como se tenía previsto, la protección de Lily no será tan fuerte como lo hubiera sido, así que deberemos fortalecerla nosotros mismos, pero para eso se necesita de 5 magos que su nivel mágico sea alto y estén dispuestos a hacerlo –

- ¿Y quienes serán? – pregunto Sirius de inmediato – Por que supongo que Remus, tú y yo seremos 3 de esos 5¿No es así? –

- Claro – afirmo Dumbledore sonriendo – Otra será Minerva, y el ultimo Severus –

- ¡¿Snape! – salto Sirius levantándose tan de golpe y alzando tanto la voz, que Harry respingo asustado y comenzó a llorar – No Harry, no te asustes, no pasa nada, lo siento, no es contigo, es con ese odiosos de Quejicus – le susurro mientras lo arrullaba intentando calmarlo.

- Dámelo – le pidió Remus acercándose hasta él y extendiendo los brazos para poder abrazar a Harry, más éste, sin dejar de llorara, se negó a alejarse de Sirius y se aferró a su camisa blanca casi con desesperación.

- No pasa nada Harry, es Remus, no te hará nada – le dijo Sirius, y con mucha reticencia, Harry se soltó y accedió a que aquel otro hombre lo abrazara. Sin saber explicar por qué, también en brazos de aquel hombre se sentía seguro, y asombrado por aquel descubrimiento, paro de llorar y contemplo a Remus, quien le sonrió calidamente.

- ¿Por qué Snape? – pregunto Sirius después de ver que Harry había parado de llorara - ¡Hay más gente¡Snape odiaba a James! –

- Tranquilízate Sirius – le pidió Dumbledore – Lo necesitamos por que se necesitan 5 magos con un nivel mágico alto, y de todos los demás candidatos, él es el más adecuado para ayudarnos –

- Me niego – respondió Sirius testarudamente.

- Debes comprender que es lo mejor para Harry, Sirius, y también debes ser conciente de que con esta platica solo estamos perdiendo valioso tiempo que podemos ahorrar en fortalecer el conjuro – intento convencerlo Dumbledore, aún que no parecía en lo absoluto preocupado por la postura del Animago.

- A mi tampoco me agrada Snape – comento Remus con tono neutro mientras observaba a Sirius con aquellos cálidos ojos. Harry también contemplaba a Sirius, solo que en vez de contemplarlo con calidez como hacía Remus, lo contemplaba como queriendo medir la paciencia que aquel hombre era capaz de mostrar – Pero sí con su ayuda la barrera que protegerá a Harry será mucho más poderosa y segura, entonces creo que puedo aceptarlo – quizás fue a raíz de lo que Remus dijo, que Sirius accedió, aún que no sin antes mostrar su inconformidad al respecto de que aquel hombre formara parte del conjuro que protegería a su ahijado.

Harry contemplo a ambos hombres sin terminar de comprender lo que sucedía, pero al parecer, aquel hombre llamado Quejicus no era del agrado del otro hombre al que se referían por el nombre de Sirius. Ese hombre le caía bastante bien pese a que hace un rato había gritado claramente molesto, y también le caía bastante bien aquel otro hombre que lo estaba abrazando y que de vez en cuando le hacía extrañas caras que le hacían reír.

- Entonces mandare a buscar a McGonagall y Severus – convino Dumbledore después de un rato y se levanto para dirigirse a un retrato que había a su derecha. Ahí hablo algunas cosas con el personaje que había en el cuadro, y cuando Harry estaba apunto de pensar que aquel hombre de larga barba se había vuelto loco, el retrato le contesto y desapareció al segundo siguiente por un costado.

Aquella noche, Harry vio cosas que creyó que solo existían en los cuentos de hadas, cosas de las que en casa de sus tíos tenía prohibido hablar, cosas que constantemente se le repetía que solo eran fantasía, que no existía, pero aquella noche descubrió la verdad, por que lo que aquellas personas hicieron, fue mágia...


Sin decir nada, se acerco a su madre que se encontraba sentada en el sillón de la cómoda y lujosa sala en la mansión, y sonriéndole, dejo sobre el blanco regazo de su vestido, una hermosa flor blanca.

- ¡Es hermosa, Draco! – le dijo Narcisa sonriéndole dulcemente mientras levantaba la hermosa flor. La observo con cuidado al ver los filosos picos que sobresalían del tallo, y casi enseguida, su mirada se fijo en su blanco regazo donde pequeñas manchas rojas le cubrían. Con suspicacia, dirigió su mirada brillosa por las lagrimas contenidas hacía su pequeño hijo, quien le sonreía nervioso con las manos sujetas detrás de su espalda – Déjame ver tu mano, Draco – le pidió dulcemente, más Draco negó energéticamente con la cabeza evitando los bellos ojos de su madre – Por favor Draco – volvió a pedirle Narcisa estirando la mano, y con algo de reticencia, el pequeño rubio estiro su manita derecha dejando ver varios cortes de los que salían gotitas rojas.

Durante un momento, Narcisa no dijo nada, solo observo las heridas en la mano de su hijo, y casi cuando Draco comenzaba a pensar que había hecho mal y quizás su madre estaba molesta con él, ésta lo abrazo con fuerza pero procurando no lastimarlo.

- ¡Oh, Draco, es el mejor regalo que alguien a podido darme! – le aseguró con la voz quebrada por el sentimiento de orgullo y cariño que en aquel momento sentía hacía su hijo.


- Muy bien¡Hemos llegado! – anuncio la jovial voz de Sirius cuando los tres se aparecieron en el recibidor de la casa, que si bien no era enorme, era lo suficientemente espaciosa, lujosa y cómoda. Los verdes ojos de Harry contemplaron aquel lugar con cierto recelo.

- Creo que iré a preparar algo, nosotros no hemos desayunado y dudo que Harry sí, además, ya casi es la hora de comer – comento Remus mientras se quitaba la capa y la colgaba en el perchero.

- Esta bien, yo llevare a Harry a que conozca su nueva habitación – aviso Sirius quitándose también la capa, solo que con algo de dificultad debido a que todavía abrazaba a Harry.

- Me parece bien – accedió Remus desapareciendo de la vista de ambos con una sonrisa que Sirius hacía mucho que no veía, y que sabía que se debía a la presencia de Harry en la casa.

- Bien, de hoy en delante esta será tu nueva casa, Harry – le anuncio Sirius dejándolo en el suelo para poder colgar la capa en el perchero – Se que no es demasiado grande, pero Remus no me dejo comprar la mansión que vimos cuando estábamos buscando casa – comento con tristeza mientras regresaba hasta donde había dejado a Harry, quien no había dicho ni hecho movimiento alguno hasta aquel momento - ¿Sucede algo malo, Harry? – le pregunto hincándose para quedar a su misma altura, y solo hasta entonces, pudo ver la aprensión que mostraban aquellos brillantes ojos verdes – No tienes que tener miedo, aquí estarás bien y nada te faltara... – pero Harry seguía mirándolo ahora con miedo y aprensión, mientras aquellos hermosos ojos verdes se llenaban de lagrimas – Mira, se que esto va a ser difícil al inicio, pero veras que con el tiempo vamos a llevarnos muy bien, además, quizás te interese saber que no estas con gente completamente extraña, nosotros conocimos a tus padres, ellos eran nuestros mejores amigos, y como un dato extra para fortalecer la confianza, yo, Sirius Black, soy tu padrino – aquello ultimo lo dijo con un dejo de orgullo, que hizo que el pequeño lo mirara confuso.

- ¿Qué es un padino? – pregunto confuso, y Sirius pudo darse cuenta de que aquéllas sombras de miedo y aprensión disminuían en aquellos verdes ojos.

- Pues un padrino es algo así como un segundo padre – le respondió Sirius, intentando buscar la mejor manera de explicarle al pequeño para que comprendiera – Pero solo lo es de manera legal, ya que no hay ningún vinculo sanguíneo que lo huna con su ahijado... Aún así, son parientes –

- No pompendo – comento Harry haciendo un puchero que a Sirius le pareció encantador.

- Aún eres muy pequeño y eso es lógico, pero ya veras que un día lo entenderás – le aseguro Sirius sonriéndole con cariño – Por lo pronto, solo debes saber que soy como tu segundo padre y si necesitas algo, no dudes en pedírmelo a mi, o a Remus, quien estará encantado de ayudarte – Harry asintió con energía y Sirius no pudo menos que sonreír lleno de orgullo – Ven, iremos a que conozcas la casa y la que de hoy en delante será tu habitación –

- ¡Si! – respondió Harry mucho más emocionado que antes, y dándole la mano a Sirius, subieron las escaleras deteniéndose en la tercera puerta del lado derecho del pasillo.

- La primera puerta es una habitación para huéspedes, la segunda es el baño, y esta, es la puerta de tu habitación – le indico abriendo la puerta para dejar ver un cuarto bastante amplio lleno de juguetes de todo tipo y tamaño.

Los ojitos de Harry se iluminaron al ver todos aquellos juguetes, y soltándose de la mano de Sirius, ingreso a la habitación, más cuando estiro la mano hacía una pelota un poco más grande que él, se detuvo y miro a Sirius inseguro.

- ¿Qué pasa? – le pregunto Sirius, aún que ya temía lo que sucedía.

- Yo... ¿Puedo? – pregunto Harry aún inseguro.

- Por supuesto – le respondió Sirius sonriéndole cariñoso – Todo esto es tuyo y puedes agarrarlo, romperlo, perderlo, desacomodarlo, puedes hacerle todo lo que tu quieras – Harry le sonrió algo inseguro y toco la pelota con un poco más de confianza.

- Mi habitación y la de Remus es esta que esta aquí enfrente de la tuya – le anuncio Sirius apuntando hacía la puerta que se podía ver del otro lado del pasillo – Si necesitas algo, no dudes en avisarnos, no importa si es muy noche –

- Sí – accedió Harry sonriéndole abiertamente.

Sirius solo sonrió y salió de la habitación rumbo a la cocina para ayudar a Remus en lo que hiciera falta, y mientras caminaba, no paraba de pensar en lo feliz que se sentía al tener a Harry en su casa.


Cuando Lucius ingreso al comedor, Narcisa se limito a seguir comiendo y supervisar que Draco comiera sin mancharse. Sabía que Lucius estaba mucho más que molesto, y estaba segura de ello por la forma en que plantaba los pies sobre el suelo alfombrado con imperceptible fuerza, además de la forma en la que apretaba la mandíbula con un gesto de fría elegancia. Nadie se habría dado cuenta de lo molesto que el rubio se encontraba, si no fuera por aquellos grises ojos se que clavaban en cualquier cosa o persona como puñales de hielo; Demasiado fríos y demasiado peligrosos.

- Fudge es un imbécil – comento mientras se sentaba a la cabecera de la mesa con un gesto de elegante fastidio.

- ¡Lucius! – le atajó Narcisa con una dura y fría mirada reprobatoria que en aquel momento no dejaba nada que deseas a las del hombre rubio; También su tono era frió y reflejaba molestia, más en ningún momento dejo de ser respetuoso o educado, tal como le habían enseñado desde muy corta edad – Ese no es un vocabulario apropiado para que un niño de la edad de Draco ande escuchando –

Draco no hizo ni dijo nada, sabía que su madre solo se oponía y afrontaba a su padre cuando de él se trababa, y quizás era el único momento en el que la bella mujer rubia no temía enfrentar a aquel hombre al que Draco respetaba, admiraba y quería, aún que si era sincero, también temía y odiaba, aún que en menor proporción.

Lucius no dijo nada y se dispuso a comer; Sabía que las reglas de etiqueta y buenos modales se le habían escapado de la mano durante algunos momentos, y eso era algo que un Malfoy no podía permitir que ocurriera.

- ¿Y que ha sucedido esta vez con el Ministro de Mágia? – pregunto Narcisa después de ver que al parecer, el hombre rubio había logrado controlar algo de su ira y era menos probable que explotara.

- Al parecer a estado escuchando los consejos de ese viejo loco... –

- Lucius... – le advirtió Narcisa mirando de reojo a su rubio hijo, quién aparentaba seguir comiendo sin prestar la más mínima atención a la conversación que mantenían sus padres, sin embargo, como buen Malfoy, aquello solo era una pantalla, por que estaba muy al pendiente de lo que ambos hablaban, aún cuando no lograra comprender muy bien todo aquello.

- Pues es un viejo y es más que seguro que esta loco... – murmuro Lucius en voz muy baja mientras pensaba que después de todo, resultaba poco seguro tratar temas privados entre gente que desde su nacimiento a sido instruida para enmascarar sus intenciones, sentimientos, actos e ingenio.

Narcisa solo le dirigió una mirada helada antes de volverse a Draco y hablarle con el mismo tono de voz frió, mientras sus ojos dejaban entrever todo el cariño que le tenía.

- Termina pronto de comer Draco, dentro de algunos momentos llegara el profesor William – le indico y Draco solo asintió mientras seguía comiendo con sumo cuidado de no mancharse.

- ¿Quién es el profesor William? – le pregunto Lucius un tanto confundido.

- Es el instructor que se encargara de enseñarle a Draco las reglas de la etiqueta y buenos modales; Más tarde vendrá Rossie, quien se encargara de irle enseñando a leer y escribir – le informo Narcisa.

- Me parece bien – accedió Lucius – De hecho, estaba por decirte que ya te estabas tardando para conseguir a los primero instructores –

- La educación de mi hijo siempre la vigilo con mucho cuidado y severidad Lucius – le respondió Narcisa con un claro tono de reproche – No pasaría por alto cosas que él debe aprender y saberse antes de los seis años –

Lucius no dijo nada, solo observo durante un rato a Draco y sus enormes esfuerzos por comer sin mancharse su ropita.

- He hablado esta mañana con el profesor de música que instruirá a Draco cuando cumpla 6 años – comento Narcisa – Y también hable con Katie, la instructora que le enseñara idiomas cuando tenga 7 –

- ¿Y cuando hablaras con el instructor de vuelo?, un Malfoy debe dominar una escoba tan bien como debe dominar una varita – le dijo Lucius con aquel tono orgulloso que usaba siempre que se refería a su descendencia y apellido.

- Con él hablare hoy, ayer tuve una agenda bastante ocupada y no pude. Estoy segura de que lograre conseguir sus servicios para antes de que Draco cumpla los 5 – comento Narcisa demasiado segura de si misma, tanto, que Lucius no pudo evitar sonreír orgulloso de que aquélla mujer fuera su esposa.

Draco solo siguió comiendo. Sabía que aquellas clases formaban una parte bastante importante de su formación como heredero del apellido Malfoy, y sobre todo, como primogénito de la familia. Debía dar una buena impresión y lo sabía.


- Ya es hora de comer – le informo Sirius asomándose a la habitación de Harry en donde varios de los juguetes se encontraban regados.

- Sí – accedió Harry y se levanto del suelo para acercarse a Sirius y tomarlo de la mano en espera de que le indicara hacía donde estaba el comedor. Sirius solo sonrió enternecido.

- Estas otras dos puertas son más habitaciones para huéspedes – le explico Sirius mientras avanzaban hacía las escaleras y señalaba ambas puertas de lado donde se encontraba la habitación de ellos.

- ¿Qué son guespedes? – pregunto Harry confuso y Sirius sonrió divertido.

- No se dice guespedes, Harry, es hu-espedes, y así es como se les llama a los invitados de una manera educada – le respondió Sirius con tranquilidad.

- Ya veo – comento Harry mientras bajaba las escaleras con algo de cuidado.

- La primera puerta a la derecha conduce a la sala – siguió explicándole Sirius mientras bajaban las escaleras y señalaba los accesos de los que hablaba por si Harry aún tenía problemas para reconocer la derecha o la izquierda – Y la puerta que esta a la izquierda conduce al comedor. A la cocina entras por el pequeño pasillo al lado de la escalera – y señalo el pequeño pasillo a la izquierda de la escalera por la que ellos bajaban – Pero también puedes entrar por el comedor, ya que ahí hay una puerta que conduce hacía la cocina. Bajo las escaleras hay una puerta que conduce al sótano, y por si no te diste cuenta, en el segundo piso casi al final del pasillo, hay un cordón que hace bajar las escaleras al ático¿Sabes lo que son el sótano y el ático, Harry? –

- ¡Sí! – afirmo el pequeño ojiverde emocionado – El sótano esta bajo la casa y el ático soble la casa –

- Sí, es algo por el estilo – accedió Sirius sonriendo divertido ante la explicación del pequeño – Pero son lugares a los que por seguridad no debes ingresar –

- ¿Po qué? – le pregunto Harry confuso.

- Ahí hay cosas peligrosas para un niño de tu edad, pero quizás cuando estés más grande puedas entrar ahí sin ningún problema – le explico Sirius ingresando al comedor en donde ya estaban colocadas varias charolas con comida.

- ¡Vaya! – exclamo Harry al observar los diferentes platillos que había sobre la mesa.

- Se ve apetitoso¿Verdad? – le pregunto Sirius sonriendo divertido.

- ¡Sí! – afirmo Harry comenzando a saborear todo lo que ahí había, más de pronto algo pareció inquietarlo de sobremanera y miro con inseguridad a Sirius - ¿Yo también voy a comer de eso? –

- Por supuesto – respondió Sirius confundido, más casi al momento intuyo cual podría ser el problema – Si no te gusta no es obligatorio que lo comas, por el momento podemos prepárate algo más para comer –

- No, sí me gusta – se apresuro a responder Harry.

- ¿Entonces? – le pregunto Sirius ahora si confundido.

- Yo no pomía con ellos, y tampopo pomía lo mismo – respondió Harry sin aclarar nada, pero no hizo falta, Sirius sabía a quienes se refería su ahijado, y aquello hizo que la sangre le hirviera de coraje.

- Pues aquí comerás lo mismo que nosotros y comerás sentado a la mesa junto con nosotros como una familia, por que desde este momento, aún que sea solo de manera legal, somos tu familia Harry, y no debes dudar en pedirnos nada o en decirnos cualquier cosa¿Has entendido? – le pregunto Sirius mirándolo tan serió, que de alguna manera Harry se sintió reconfortado y protegido.

No dijo nada, solo asintió con la cabeza y abrazo a aquel hombre que desde que lo conoció, le inspiro una gran confianza, seguridad y cariño.


¿Serviría de algo si les digo que lo siento?, lo que pasa es que estas epocas no son mi fuerte y me hago bolas con todo lo que tengo que escribir, sobre todo por que me dan ganas de escribir cosas que ni al caso T.T

Y sí, estoy conciente de que esta historia no la había actualizado desde hace ya un rato, pero es que no lograba concentrarme. No vayan a creer que olvido mis historias, solo me cuesta un poco de trabajo seguirlas tan constantemente.

Bueno, no los aburrire mas con mis excusas, mejor los invito a leer y a que me den su punto de vista al respecto n.n

Por mi parte les deseo FELIZ NAVIDAD Y UN PROSPERO AÑO NUEVO n.n