Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, por razones más que obvias.
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Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien. Disculpen la demora de haberlo subido más tarde. Tenía intenciones de hacerlo antes pero no pude. Como siempre, mil, mil gracias a todos los lectores. De verdad. Y aún más, a aquellos que me hacen saber su opinión y que me dejan sus reviews. Me alegran el día. En fin, espero que este capítulo les guste... ¡Nos vemos y besitos!
El niño monstruo y la niña que no quería el mundo
III
"Familia"
Distraída, sumida en sus propios pensamientos, caminó tras sus compañeros de equipo. Arrastrando ligeramente los pies y con la cabeza baja. Shino, como siempre, iba en silencio junto a Kiba, el cual no paraba de hablar atropelladamente, gesticulando aquí y allá para hacer más énfasis en sus ya de por sí impetuosas palabras. Habitualmente, Hinata hubiera oído lo que Kiba estaba diciendo. Cierto, su amigo no era el mejor orador o el más elocuente, como lo era Shino cuando la situación lo ameritaba, pero era divertido. Era alegre y hablaba de todo sin tapujos, como si no le importara nada. Y eso a ella le agradaba. De alguna forma, Kiba le recordaba a Naruto en ese sentido. A ambos parecía no importarle un bledo la sensibilidad de los demás a la hora de hablar, y aunque en un principio aquel era un rasgo que causaba cierto rechazo, cuando uno se acostumbraba, era realmente agradable escucharlos. En ocasiones, Hinata desearía tener el valor de ellos para decir lo que realmente pensaba sin tener que pensar en las consecuencias luego, pero no lo tenía. Ella era diferente, para ella era diferente. Como Hyuuga, nunca había tenido el beneficio de vocalizar su opinión y si lo tenía tal era inmediatamente desechada como algo inservible. En su familia, en su casa, y en todo el complejo, parecía estar prohibida la práctica de hablar sobre los pensamientos de uno. Era un tradicionalismo, por supuesto, pero así eran ellos; extremadamente tradicionalistas. Por eso, los Hyuuga no decían lo que pensaban, sino lo que era políticamente correcto y adecuado y acomodable a cada situación. Neji inclusive, en muchas ocasiones, era así; con una diferencia, él no era condescendiente como el resto. Él no se conformaba con hacer lo que le dijeran y nunca lo había hecho, y por esa razón Hinata lo admiraba. Lo admiraba por haberse enfrentado a toda su familia en medio de un examen chunin vislumbrado por las más grandes naciones ninja, y exponer su dolor y su sufrimiento ante el mundo, aún si había intentado matarla. Y por ello, Hinata no le guardaba rencores. Después de todo, ella nunca había sido de esa manera, y aún cuando Neji la había odiado con todas sus fuerzas, ella había continuado llamándolo como si de su hermano mayor se tratara. Porque lo respetaba, y porque para Hinata él había sido y era una persona importante. Alguien que dentro del clan había sufrido tanto como ella. Y le gustaba pensar que, de alguna forma, ambos eran iguales; aún si sus habilidades y su poder no se comparaban en lo más mínimo. Pero, tristemente, no había tenido la oportunidad de verlo últimamente; por razones en las que no quería ahondar, ya que no podía hacerlo sin entristecer de repente.
—¡Oy, Hinata! ¡¿Qué haces ahí atrás?
Alzando la mirada, parpadeó desconcertada. En algún momento, sin siquiera notarlo, se había detenido en seco. Apresurándose, alcanzó a ambos, agachando la cabeza ligeramente al llegar a ellos a modo de disculpa —L-Lo siento Shino-kun, K-Kiba-kun... creo... que m-me distraje...
El castaño soltó una carcajada —Me pregunto pensando en que-quien...
Avergonzada, y repentinamente sonrojada, negó con la cabeza —N-No... esto... n-no es eso Kiba-kun... —y, de hecho, no lo era. Por primera vez en mucho tiempo no lo era. No, no había estado pensando en Naruto. Aún cuando todavía lo tenía muy presente en su cabeza y aún cuando todavía podía asegurar que continuaba sintiéndose de igual forma por el rubio, no lo era.
A Shino, por otro lado, no se le pasó por alto el tinte melancólico en la voz de ella o en su mirada. Así como tampoco no perdió de vista la curva quebrada de sus labios cuando intentó sonreírles a ambos. Pero no dijo nada. Hinata tenía derecho a reservarse su vida privada si así lo quisiera, y de hecho él era un ferviente creyente de eso –siendo una persona privada él mismo-, pero si por alguna razón necesitaba ayuda, él se aseguraría de proveerla. Después de todo, Hinata era una camarada y como tal no podía ser dejada librada al azar. Y, con los años, Kiba y él habían hecho un silencioso acuerdo de proteger la fragilidad de su compañera. Sin palabras de por medio. Lo cual Shino encontraba de alguna forma curioso, dado que habitualmente encontraban dificultades para concordar. Aquella había sido, en efecto, una de las pocas cosas en las que ambos habían estado de acuerdo. Pues, en lo demás, el Aburame encontraba los métodos de su amigo demasiado irracionales y apresurados. Aunque habían logrado que su trabajo en equipo funcionara, y lo hacía perfectamente.
—En fin, como decía —retomó su monólogo Kiba. Hinata, esta vez, se esforzó por mantenerles el paso y oír lo que su amigo estaba diciendo; pues no quería volver a distraerse y terminarse perdiendo—. Ese sujeto aún me da mala espina, Kazekage o no me parece un demente. Alguien como él no debería poder tener un cargo como el que tiene. Si me lo preguntan, es una estupidez —aunque, claro, nadie le había preguntado realmente; pero ese era otro rasgo que Hinata había aprendido a conocer de Kiba. Él no necesitaba que alguien le diera pie para soltar lo que pensaba de tal o cual situación. Y en parte, también admiraba su valor por ello. Aunque aquello solía traerles algunos problemas.
Shino, acomodando sus gafas con uno de sus dedos, replicó en su tono siempre serio y profundo —Estoy seguro que todo lo que dices fue contemplado, Kiba.
Este negó con la cabeza, tercamente —¡Bah! A mi nadie me saca de la cabeza que el sujeto es un desquiciado. Tú lo viste también, aquella vez en el bosque.
Evitando recordar particularmente el incidente, Hinata asintió con timidez. Aún así, Hinata no creía que Kiba estuviera del todo en lo cierto. Es decir, si Naruto confiaba en él era por algo, ¿cierto? —E-Esto... Kiba-kun... yo creo que S-Shino-kun tiene razón. Ummm... N-Naruto-kun cree en él... entonces... —susurró, su voz apagándose tras nombrar al rubio. Sus mejillas, como era de esperarse, habían adquirido un delicado tono rosado.
El castaño puso los ojos en blanco. Seguro, debería haberlo supuesto, si Naruto dijera que los cerdos volaban Hinata estaría contemplando el cielo viendo si pasaba Tonton flotando por encima de sus cabezas. Por esa misma razón, si Naruto decía que Gaara era confiable entonces para ella lo era. Lo cual era ridículo, el juicio y criterio de Naruto era terrible —¡Pff! Como si ese idiota fuera sensato.
Shino decidió no mencionar que él tampoco lo era. Hinata, por otro lado, simplemente se limitó a jugar tímidamente con sus dedos a medida que se acercaban más y más a la casa de su antigua sensei, pensando en cómo se encontraría Naruto en aquellos momentos. Me pregunto... s-si estará entrenando duro... Conociéndolo, lo probable era que sí. Sin embargo, al pasar por Ichiraku, Hinata pudo jurar que había visto bajo la gran cortina un par de tobillos enfundados en ropas anaranjadas. Cohibida, se detuvo y contempló el lugar en silencio. Al notarlo, Kiba y Shino volvieron sobre sus pasos.
—¿Sabes? Si continúas deteniéndote de esa forma jamás llegaremos a lo de Kurenai-sensei...
Sonrojada, Hinata se volteó para ver que Kiba se encontraba detrás de ella sonriendo y de brazos cruzados —Y-Yo... ¡lo siento...! T-Tienes razón Kiba-kun y...
Sin embargo, cuando quiso acordar, él ya no se encontraba a su lado sino caminando en dirección a Ichiraku con una sonrisa jactanciosa y un caminar altanero. Avergonzada, Hinata intentó detenerlo tironeando gentilmente de sus ropas —E-Esto... no Kiba-kun... vamos... yo...
—Quieres saludar al idiota, ¿cierto?
Sonrojada, asintió, bajando ligeramente la mirada —P-Pero... llegaremos tarde a lo d-de Kurenai-sensei...
—¡Pff! ¿Cuanto podemos demorarnos? ¿Cierto, Shino? —lo cuestionó, volviéndose a este con una sonrisa en busca de complicidad. Sin embargo, no la encontró. Este no dijo nada y simplemente se limitó a observarlo en silencio. Honestamente, Kiba ni siquiera sabía porque seguía molestándose—. Digamos que Shino acuerda conmigo.
Hinata observó al Aburame en silencio y luego se volvió a Kiba, no realmente segura de confiar en las palabras de su amigo —Pero... Kiba-kun...
Pero este no le hizo caso, simplemente la sujetó por la muñeca –provocando que se sonrojara violentamente pues a pesar de tratarse de Kiba no podía evitarlo- y prácticamente la arrastró, llevándola consigo hasta el puesto de ramen. Levantando con la otra mano, la que tenía libre, la cortina, asomó su cabeza y sonrió —¡Oy! —Hinata permaneció junto a él en completo mutismo. Sintiendo todo a su alrededor girar rápidamente.
—¡Oy, Kiba, Hinata! —saludó el rubio con un tallarín aún colgando de sus labios y salsa de soya en el rostro. El castaño, ante esto, negó con la cabeza. Honestamente, ¿qué le veía Hinata a ese tonto? Naruto era su amigo, seguro, pero Kiba era lo suficientemente objetivo como para admitir que el rubio no tenía remedio. Aunque, debía conceder, que se había convertido en un endemoniado ninja. No que fuera a admitir tal cosa en voz alta; porque, de hecho, no lo haría. Ni en un millón de años. Kiba era demasiado orgulloso para hacer algo de tal magnitud.
Comenzando a jugar, una vez más, nerviosamente con sus dedos, Hinata susurró —E-Esto... buenos días N-Naruto-kun... —se volvió a la otra persona que también sonreía alegremente a los recién llegados. Sin embargo, algo se removió en su interior al verla allí—. B-Buenos días Sakura-san...
La pelirrosa sonrió —Buenos días Hinata, Kiba.
El Inuzuka, al ver la expresión alicaída de su amiga, comprendió que quizá había cometido un error. Seguro, sus intenciones habían sido buenas pero no había pensado demasiado a fondo aquello. Y ahora debería hacer una pequeña conversación para poder escapar, ya que si lo hacían simplemente luciría sospechoso —Oy, ¿no deberías estar entrenando?
El rubio sonrió orgulloso, señalándose a sí mismo con el dedo pulgar —El examen chuunin es una tontería para un ninja de mi nivel ¡Yo los derrotaré a todos, de veras!
Kiba se cruzó de brazos, enarcando una ceja divertido —¡Pff! Seguro... no vaya ser que pierdas como un idiota y sigas siendo genin por el resto de tu vida.
—¡Claro que no! Yo les patearé el trasero a todos como lo hice contigo la primera vez, de veras —ante esto, la sonrisa burlona de los labios del miembro del clan Inuzuka desapareció. En su lugar, apareció una mueca de profundo resentimiento. Hinata, preocupada, observó el rostro de su amigo deformarse rápidamente. Ella sabía cuan orgulloso era Kiba y cuan sensible era para él el tema de su derrota con Naruto en el primer examen chuunin que habían presentado.
—E-Esto... Kiba-kun... estoy segura q-que Naruto-kun n-no quiso decirlo de esa forma... —susurró. Tironeándole una vez más de la chamarra delicadamente para atraer su atención, pero este ni siquiera la estaba escuchando. Sakura, observó la escena en silencio, aún comiendo de a poco su ramen dietético.
—Eso fue un truco bajo y sucio —y, literalmente, lo había sido. Por días había tenido que forzarse a olvidar el traumático suceso aspirando prácticamente cualquier cosa que oliera agradable. Agradecía a Hinata que esta le hubiera proveído de flores que había comprado en la tienda de los Yamanaka para ello. A la larga, había funcionado.
Naruto simplemente rascó su nuca y echó a reír —Heh, heh... Eso fue un accidente. Estaba tratando de hacer mi nueva super técnica.
—Que copiaste de Sasuke-kun —señaló, interviniendo, Sakura con ambos palillos en mano.
El rubio, ante esto, dejó caer su cabeza rendido —Ow... ¡Sakura-chan! Eres tan mala... no deberías decirme eso en una cita...
Ella, con la vena de su frente comenzando a palpitar bajo su piel, dio un golpe a puño cerrado en la cabeza de Naruto —Ya te lo dije, esto no es una cita.
—¡¿Por qué Sakura-chan...? —insistió él. Kiba tomó eso, y la expresión de suma tristeza de Hinata, como su señal para marcharse de allí. Despidiéndose apresuradamente, ambos se marcharon de regreso a donde Shino aguardaba en silencio contemplando un pequeño insecto que se había posado en su dedo índice. Al verlos acercarse, alzó su vista a ellos, notando inmediatamente la magnificación en la expresión decaída de Hinata. Tanto en su rostro como en todo su cuerpo. Alzando la vista a Kiba, notó como el castaño le dedicaba a él una mirada de disculpa.
Por un par de minutos, caminaron en silencio. Kiba, observando a Hinata de reojo aquí y allá, la cual no había vuelto a hablar desde que habían pasado por Ichiraku —Esto... Sabes que Naruto solo estaba fanfarroneando Hinata. Él y Sakura no...
La Hyuuga negó con la cabeza suavemente —E-Esta bien Kiba-kun... n-no importa... Naruto-kun... él... —pero no dijo nada más, no podía. Aún cuando lo sabía y desde el inicio lo había sabido. Y aún cuando él mismo se lo había dicho tras su confesión. El rubio amaba a Sakura, eso no era un misterio para ninguno de ellos. Ni para ella, ni para su equipo ni para la misma Sakura. Y desde que Sasuke había regresado –forzado, por Naruto- un año atrás, ambos parecían pasar más tiempo juntos. En ocasiones, el Uchiha también los acompañaba, pero estas eran pocas. Aún cuando era bien conocida la naturaleza antisocial del moreno, y el hecho de que aún se estaba adaptando nuevamente a la vida en la aldea, Hinata pensaba que quizá debería hacerse la idea de que Sakura finalmente cediera a los sentimientos de Naruto. No era tan ilógico, después de todo. Era un hecho también que Sakura lo apreciaba, a pesar de su forma de ser para con él.
Apretado los dientes, Kiba volvió la vista al frente. Esta vez, para variar, había metido la pata y lo había hecho hasta el fondo. Seguro, él solo había querido ayudar a su compañera de equipo pero nunca parecía resultar correctamente. Uno supondría a aquellas alturas que Kiba habría aprendido su lección, pero él seguía pensando que quizá algún día las cosas resultarían diferentes. Shino le había dicho que dejara de intentarlo, que las cosas seguirían su curso normal cuando debieran hacerlo, pero él no creía en esa estupidez del destino. Si uno quería algo, debía tomarlo con sus propias manos.
El Aburame, que había permanecido hasta el momento en completo mutismo, anunció —Llegamos.
Kiba y Hinata, ambos, observaron el edificio que se alzaba frente a ellos. Y, sin más ni más, los tres –junto con Akamaru- comenzaron a ascender las escaleras hacia el piso en que se encontraba el apartamento de su antigua sensei. Una vez en la puerta, Shino tocó el timbre anunciando su llegada. Los tres se sorprendieron al ver que quien abría la puerta no era otra que Ino con una gran sonrisa y un delantal amarrado a su delgada figura. Como siempre, su cabellera dorada caía en una cola y su flequillo largo cubría uno de sus siempre destellantes ojos celestes —¡Hola! —saludó alegremente a los recién llegados.
El Inuzuka enarcó una ceja y se cruzó de brazos. Akamaru, a la par de su amo, soltó un ladrido —¿Tú que haces aquí?
La rubia tuvo que contenerse de no insultarlo. En lugar de eso, se forzó por mantener su sonrisa –aún cuando un tic de fastidio había tomado la comisura derecha de su boca- y replicó, latente sarcasmo en sus palabras —Un gusto verte a ti también, pulgoso —para luego voltearse y volver a ingresar al apartamento, dejándoles a los tres la puerta abierta para que ingresaran tras ella.
Kiba, como era de esperarse, empezó a echar humo por las orejas. Figurativamente, por supuesto —¡¿Quién demonios se cree-
—E-Esto... Kiba-kun... I-Ino-san no quiso...
Shino asintió —No debemos causar problemas a Kurenai-sensei, Kiba.
Este apretó los dientes y se rehusó a decir algo más al entrar. Hinata, que fue la última en ingresar, cerró la puerta cuidadosamente tras de sí. En el sofá junto a la ventana, se encontraba Chouji jugando alegremente con el hijo de la mujer dueña de la casa. Enternecida, la Hyuuga contempló la escena. Había algo en el Akimichi que lo hacía lucir siempre aniñado, quizá fuera su amabilidad o su fidelidad a aquellos que consideraba amigos. En todo caso, Chouji le agradaba. Era gentil y jamás parecía decir algo por el simple placer de herir a otra persona. En las pocas misiones que habían compartido juntos, Hinata había descubierto que era una de esas personas con las que resulta sumamente fácil llevarse bien, aún siendo sumamente tímida como lo era ella.
Al verlos, el Akimichi sonrió, agitando su gran mano en el aire —¡Oh! Hola Kiba. Hinata, Shino.
El primero sonrió e hizo un gesto casual con la mano. Shino, por su parte, hizo un leve asentimiento de cabeza mientras que ella susurró, en voz sumamente bajita —H-Hola Chouji-kun... —observando a los alrededores, notó que el tercer miembro del equipo 10 no se encontraba por ninguna parte. Sin embargo, Kiba se le anticipó.
—¡Oy, Chouji! ¡¿Shikamaru?
El regordete muchacho miró en la dirección del pequeño pasillo que daba a los cuartos del lugar —Esta ayudando a Kurenai-sensei, reparando la cama de Kohaku-chan.
El Inuzuka rió —¿Shikamaru trabajando? ¿Con martillo y todo? —bromeó, Chouji asintió—. Eso tengo que verlo. Iré a ayudar... —y sin decir más desapareció en la misma dirección.
Ino, que había reaparecido desde la cocina, sonrió —Hinata, ¿quieres ayudarnos en la cocina?
Tímidamente asintió y se marchó tras la joven rubia. Al llegar, se encontró con Kurenai también en la cocina, preparando la comida para todos ellos. Sonriendo gentilmente y haciendo una pequeña y cordial reverencia, Hinata dijo —H-Hola Kurenai-sensei...
La mujer sonriendo también, tomó una olla y la colocó sobre la estufa, comenzando a revolver el interior de esta tranquilamente —Hola Hinata.
Avergonzada, la chica permaneció de pie aguardando que le dieran algo para hacer. Ino, tras otorgarle un par de verduras para que cortara, retomó su tarea mientras hablaba y hablaba sin parar sobre cómo sus compañeros de equipo siempre se quejaban de que cocinaba horrible y que su comida era incomible. Por supuesto, la rubia negó todo aquello y comenzó a quejarse ella de que sus compañeros de equipo eran unos perezosos buenos para nada que no hacían más que comer y dormir y que era ella siempre quien tenía que hacerlo todo, y que, sin ella, Shikamaru y Chouji estarían perdidos.
—Tú tienes suerte Hinata, tus compañeros de equipo no se parecen en nada al holgazán de Shikamaru y a Chouji. Se nota que se preocupan por ti.
Sonrojada, Hinata asintió. No podía quejarse de ellos, no realmente —Umm... S-Si... Kiba-kun y Shino-kun son m-muy amables conmigo...
—¿Ves? Yo, cada vez que le pido a uno de esos dos que me ayuden con algo se escabullen con alguna excusa, son unos holgazanes —sin embargo, Hinata notó que debajo de todas las quejas Ino sonaba realmente afectuosa de ambos. Era evidente, al menos para la Hyuuga, que la rubia se preocupaba por sus amigos y los apreciaba.
Cuando las tres terminaron, y Shikamaru y Kiba concluyeron su trabajo reparando la cama-cuna de Kohaku, mientras Chouji y Shino cuidaban del pequeño hijo de tres años de Kurenai, todos se sentaron a la mesa, la cual entre Ino y Hinata habían puesto. Los primeros minutos, por supuesto, a causa del hambre transcurrieron en absoluto silencio. Chouji y Kiba, por su parte, parecían competir sobre quien comía más. Aún cuando era obvio que era el miembro del clan Akimichi, el Inuzuka no se quedaba atrás. Tanto Shino como Hinata sabían cuanto era capaz de comer Kiba en tan solo una comida. Aunque, de seguro, en la competencia por quien tenía peores modales ganaba el miembro del grupo 8. Ino, observando indignada a Chouji, se cruzó de brazos.
—Chouji, no comas tanto o te hará mal. Ya estás bastante gor-
Shikamaru, mirándola serio, negó con la cabeza. Atajándola de que desatara el infierno con tan solo una palabra —¡Ino!
La rubia, por supuesto, negó con la cabeza tercamente —¡Pff! Tú no me das órdenes, Shikamaru. Inténtalo con tu novia, no conmigo.
Kiba, carcajeando, se volvió al Nara —¿Novia?
Fastidiado, y ligeramente avergonzado, el moreno negó con la cabeza, luciendo lo más aburrido posible —¡Tsk! Mujer problemática te dije que no es mi-
—Si, si. Lo que sea —lo interrumpió Ino agitando la mano en el aire restándole importancia a las palabras de su compañero—. Seguro que en todo el tiempo que pasan juntos solo se encargan de organizar los exámenes chuunin.
—Ya te dije que si... —insistió, cansado. Chouji rió y dio una palmada de consuelo a su amigo, dándole a entender que comprendía su dilema. Ino, por su parte lo ignoró por completo, y continuó con lo suyo, hablando a los demás como si Shikamaru –el tópico de conversación del momento- no estuviera allí.
—Eso es porque el muy cobarde y holgazán es incapaz de dar el primer paso. Temari-
—Te dije, mujer problemática, que Temari no-
La chica asintió —Sigue mintiéndote a ti mismo. No quieras hacerlo conmigo —rendido, Shikamaru dejó caer la cabeza y el tema no volvió a tocarse. Chouji, en su intento de aligerar el ambiente, comentó sobre los exámenes.
—No puedo creer que Naruto vaya a presentarse...
Kiba, de reojo, observó a Hinata bajar la cabeza desalentada y removerse incómoda en su asiento. Como queriendo hacerse más pequeña, fundirse con la silla y desaparecer —Seh...
Shikamaru tuvo que reprimir un bostezo para continuar con la conversación —Naruto es problemático. Dijo que no hay atajos para ser Hokage y que por eso lo hará...
Shino asintió, serio como habitualmente lo era —No podrá ser nunca Kage sin dejar de ser genin primero.
Kiba, cruzándose de brazos y recostándose sobre el respaldar de la silla, masculló —Si, y el idiota de Sasuke también se presentará. Seguro lo hizo para competir con Naruto, esos dos nunca cambian.
Ino sonrió maliciosamente —Si, me recuerda a alguien más que está presente, ¿no te parece Kiba?
Una vez más, el castaño tuvo que contenerse para no gruñirle a la rubia por el estúpido comentario. Seguro, él era competitivo pero no infantil. Solo... era alguien orgulloso que no podía dejar pasar una ofensa. Solo eso. Kurenai, volviéndose a Hinata –quien había permanecido en silencio hasta el momento y desde que se habían sentado a la mesa-, preguntó —Hinata, ¿Hanabi se presentará?
Esta, aún con la vista en sus dos manos cerradas suavemente sobre su regazo y bajo la mesa, asintió —Si... esto... Neji-nii-san e-esta ayudando a H-Hanabi-imouto-chan a entrenar. Padre e-esta muy orgulloso...
La morena contempló a su ex alumna con tristeza, por lo que decidió que lo mejor sería dejar el tema. Hinata ya tendría bastantes disgustos a causa de todo aquello como para recordárselo ella en un almuerzo que suponía ser ameno. Por eso, cambió inmediatamente el tema y se volvió a su hijo para asegurarse que este no se manchara al comer. Cuidadosamente, colocó una servilleta en su cuello y comenzó a cortar la comida en pedacitos más pequeños para que Kohaku pudiera comer. Afortunadamente, el resto de la comida transcurrió tranquilamente. Hinata no volvió a hablar, pero disfrutó bastante de la compañía de los demás. En su casa, los almuerzos y las cenas eran meros encuentros para satisfacer una necesidad vital, meros tradicionalismos que transcurrían en silencio y sin que nadie hablara o vociferara su opinión en voz alta. En varias ocasiones, era su padre quien rompía el silencio, ya fuera para elogiar los progresos de Hanabi o para desmerecer las habilidades de ella. Aquí, sin embargo, todo era desordenado. Todos hablaban a destiempo y reían y gritaban y lo hacían sin preocuparse por lo que los demás pudieran pensar de ellos. Para Hinata, aquello era como debería ser una familia, como debería ser en realidad un hogar, y aún con la tristeza que la había invadido, había sido capaz de disfrutar dicho momento de paz. Sin embargo, cuando salieron al frío de la noche, la realidad volvió a abofetearla.
Tras despedirse de Kurenai y su hijo y de los miembros del equipo diez, Kiba se volvió a ella —Hinata, ¿quieres que te acompañemos? Shino y yo iremos para allá así que...
La joven negó con la cabeza —N-No... esta bien Kiba-kun... y-yo... tengo otra cosa que h-hacer antes de i-ir a casa... así que...
El Aburame asintió inmediatamente antes de que su amigo fuera a objetarle. Ambos sabían que Hinata se escabullía habitualmente para entrenar y era probable que esta ocasión no fuera en absoluto diferente. Y no serían ellos quienes la detuvieran, más aún conociendo cómo se sentía ella al respecto —Bien. Entonces nos retiramos. Kiba.
Este asintió —Seh. Adiós Hinata —y comenzó a marcharse junto a su compañero en dirección a sus respectivos hogares. Cuando la joven Hyuuga no pudo oírlos, Kiba aprovechó para cuestionarlo—. ¿Crees que esté bien?
Shino contempló el cielo nocturno. Sin realmente percibirlo, la tarde se había ido volando y ya el sol había caído, dejando paso a la negrura y a la majestuosidad de la luna y a las cientos de estrellas platinadas —No lo sé, pero uno debe errar por su cuenta para crecer.
Hinata, mientras tanto, se había marchado en la dirección opuesta y de regreso hacia el bosque donde se encontraban los terrenos de entrenamiento. Cierto era, que no quería regresar a casa, no aún. Allí, y con el ajetreo de las expectativas de los exámenes chuunin, nadie la notaba. De hecho, se había vuelto aún más invisible de lo que habitualmente era. Ahora, ni siquiera podía ver a Neji o a Hanabi, dado que ambos estaban ocupados entrenando o en el estricto plan de entrenamiento, alimentación y descanso que había sido establecido para su hermana menor; el cual la mantenía alejada de Hinata las veinticuatro horas. No porque fuera necesario, sino porque todos estaban volcados únicamente a mejorar el desempeño de ella. Hinata, por otro lado, se había vuelto una extraña en su propia casa. Casi un fantasma. Algo etéreo que se deslizaba de un lado al otro sin hacer ruido ni estorbar, algo que nadie veía ni se molestaba en mirar. Por eso, se había marchado allí, porque en el bosque podría encontrar paz. Podría entrenar, para hacerse más fuerte. Para mejorar. Aún cuando nadie reconociera el progreso, ella lo haría; porque quedarse cruzada de brazos no era una opción. Eso era lo que había aprendido de Naruto a lo largo de los años.
Cerrando los ojos, se colocó frente al poste de siempre. Inhalando y exhalando muy suavemente. Las venas de sus temples, lenta y progresivamente, fueron apareciendo y recortándose contra su pálida piel. Sus manos, alzadas frente al objeto inanimado, comenzaron a llenarse de chakra, particularmente, sus palmas. Así, repetidamente, golpeó el tronco. Una y otra vez, vez tras vez, sintiendo que las astillas le dañaban la delicada piel de sus manos. Observando como se teñía de pequeñas motas escarlatas el objeto que continuaba golpeando. Por su frente y nunca, pequeñas gotas de sudor caían despreocupadamente, entremezclándose con las gotas furtivas que escapaban de los ojos de ella sin Hinata siquiera notarlo. Jadeando, se detuvo. Yo... y-ya no quiero sentirme t-triste... y-ya no me rendiré... Porque ese... ese t-también es mi camino ninja. Para luego retomar con más fuerza e intensidad el entrenamiento. Concentrándose siempre en el flujo de su chakra y en la fuerza que aplicaba a sus manos gracias a esta. Cerrando los ojos, intentó recobrar el aire.
No supo cuánto tiempo permaneció allí, en la noche, en medio del bosque en absoluta soledad entrenando. No supo cuánto tiempo pasó desde que había abandonado la casa de su antigua sensei ni supo cuánto había transcurrido desde que se había despedido de sus dos compañeros. Se preguntó también si en su casa se habrían percatado de su ausencia, pero dudaba que con todo el movimiento referido a Hanabi y al examen lo hicieran. No, estaba segura de que nadie saldría a buscarla. Pero era un poco tarde, ya no podía regresar. Ya no tenía fuerzas para hacerlo. Exhausta, suspiró, cayó hacia atrás –cerrando los ojos- y perdió el conocimiento, sin sentir el impacto de su cuerpo al colisionar contra el suelo.
