Disclaimer: Ninguno de los personajes de Naruto me pertenece. Ni uno.
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Hola a todos, ¿cómo están? Espero que bien. Como todas las noches, he aquí el capítulo 5 de este nuevo GaaHina. Y, de la misma forma, como todas las noches quiero agradecerles de todo corazón por leer mi historia (aunque no puedo saber cuantos porque un error de página sigue diciendo "0 Hits", y aparentemente es general). Como sea, ¡gracias! a todos los lectores. Y, aún con un poquito más de efusividad, ¡gracias! por sus alentadores reviews. Así como también gracias por agregarme a Alerts y Favorites. En fin, espero que este capítulo les guste. Y, si sienten que deben corregirme, señalarme algún error o simplemente hacerme su opinión, no duden en hacerlo. Por lo demás, ¡gracias! (nuevamente). Ojalá y sea de su agrado. ¡Nos vemos y besitos!
El niño monstruo y la niña que no quería el mundo
V
"Heridas"
Hinata no era tan ingenua como todos creían, era inocente –sin duda alguna- pero no era ingenua. No, ella sabía que el mundo no era bonito, como los cuentos que su madre solía leerle de pequeña antes de fallecer, no era amable. Las personas no eran amables. Y lo sabía pues lo había sentido en carne propia, y lo había visto en Naruto, en la forma en que lo trataban de niño. Ella misma, había comprendido pronto que el mundo no se asemejaba a lo que se suponía que debía ser. Era feo, era triste. Tanto que marchitaba poco a poco a las personas, hasta que estas perdían el color y no eran más que algo hermoso que una vez habían sido y ya no eran. Como Sasuke. Si, Sasuke era el ejemplo perfecto. De niña, cuando lo había visto por primera vez en la academia, le había parecido agradable. No como a la niña rubia de su clase y a la niña de cabello rosa, las cuales se sonrojaban cada vez que este se acercaba a ellas, pero le había agradado. En gran medida, por su sonrisa. Aún cuando había notado que a veces estaba triste, Hinata encontraba y había encontrado su sonrisa bonita. Por lo que había oído, tras oír tímida y accidentalmente una conversación de él con otro niño, Sasuke admiraba a su hermano. Y siempre que podía lo elogiaba y lo hacía con una sonrisa alegre, diciendo que algún día sería como él. Que algún día sería fuerte y valiente como su hermano y su padre reconocería entonces su fortaleza. Eso había dicho, y desde la distancia Naruto lo había oído todo atento, con los brazos cruzados sobre su mesita y su cabeza recostada sobre estos, como si estuviera dormido. Personalmente, Hinata nunca había pensado que Sasuke necesitara entrenar duro, pues él era el primero y el mejor de su clase y todo lo que hacía parecía resultarle bien y por ello los sensei lo elogiaban constantemente. No como ella, quien solía hacer mal tantas cosas que perdía la cuenta. Pero lo intentaba, así como lo hacía Naruto –y como lo hacía Sasuke a escondidas porque era muy orgulloso para admitirlo-, se esforzaba mucho por mejorar. Pero, sin importar qué hiciera, su padre no la veía. Y cuando Sasuke estaba triste, era porque su padre tampoco lo veía a él; así como nadie veía en la dirección de Naruto, mientras fingían indiferencia esperando que de esta forma desapareciera. Por eso, ella lo entendía. Entendía que el mundo era feo, que había marchitado a Sasuke y que aquella era una triste tragedia que Naruto intentaba remediar día a día.
Y era triste, doloroso, ver gente morir todos los días, ver personas ser rechazadas por las personas que deberían amarlas. Ella lo sabía, y por eso era capaz de entenderlo. Capaz de comprender la soledad, pero se había cansado de llorar. Como Naruto, se había cansado de derramar lágrimas y había decidido hacer algo. Todos ellos habían decidido hacer algo, ¿si habían sido elecciones correctas o no?, no podía decir. Ni siquiera sabría por donde empezar si quisiera decir qué era correcto y que no, porque las líneas eran difusas en el mundo. Pero había debido aferrarse a algo, algo que la mantuviera sana. Sasuke había optado por la venganza, así como –en un tiempo- lo había hecho Neji, Gaara –según sabía- había optado por no volver a confiar en nadie nunca más, y había salido exitoso en el proceso, y ella había optado por aferrarse a Naruto. Creer en él, e intentar seguir sus pasos con el fin de algún día volverse más fuerte para que su padre la viera. Para que alguien la viera. Si, ella creía en Naruto, creía en su determinación y en su fortaleza, creía en sus palabras; y también creía en la bondad, aún cuando ella, en un principio no la había experimentado. Solo lo había hecho años después con Kurenai. Y creía en la amabilidad, porque creía que eso era todo lo que ella había necesitado una vez. Porque creía que eso era todo lo que se necesitaba para salvar a alguien de la soledad. Por eso, Hinata había optado por ser amable y gentil, porque quería ayudar. A su forma, quería ayudar a que aquellas personas a su alrededor no volvieran a sentirse como ella. No intencionalmente, por supuesto, pero en algún nivel inconsciente lo quería. Quería salvar en otros la niña que nadie había salvado en ella, en el pasado. La niña débil que nadie había apreciado. Porque esto era todo lo que ellos querían, alguien que les diera un significado, un lugar en el mundo. Y cuando lo había visto a él a los ojos, aquella noche en el bosque, había percibido que él era igual a ella. Quizá estaba equivocada. Pero Gaara le había parecido tan perdido como ella, en algún punto. Aunque las diferencias que los separaban eran abismales, empezando por sus habilidades ninja.
Limpiándose la boca delicadamente con el dorso de la mano, y con cierta dificultad, se puso de pie; contemplando con ojos cansados al que fuera su compañero de equipo. Suspirando, susurró —K-Kiba-kun... por favor... n-no te contengas... —bajó la cabeza—. S-Si quieres c-cuidarme... a-atácame con todas tus fuerzas...
Ella sabía que Kiba se estaba conteniendo, y que habitualmente peleando con ella lo hacía. Y sabía que el castaño solo lo hacía porque no quería dañarla, pero solo lograba entristecerla un poquito más. ¿Por qué? ¿Acaso necesitaba ella ventaja? ¿Era tan débil, tan frágil, que no podía hacer nada por su cuenta en un combate equitativo y justo? ¿Creía él que ella perdería si él se esforzaba? Rascando su nuca, sonrió avergonzado —Heh... lo siento, Hinata.
Ella asintió, contemplando sus manos amoratadas y ajadas y dañadas de tanto entrenar. Su pálida piel, pulcra y pulida, lucía desgastada por los días y las noches de entrenamientos, de los cuales realizaba sola y en secreto. En primer lugar, porque no quería molestar a nadie pidiéndole que entrenara con ella, no quería ser una molestia ni retrasar a nadie en su propio entrenamiento. Y, en segundo, porque aquello era algo que debía y quería hacer sola. Algo que necesitaba hacer por su cuenta. Eso era, hacerse más fuerte. Y deseaba aún con más fuerzas lograrlo desde que había oído las palabras de su padre aquel día. Un par de días atrás.
No había querido oír la conversación adrede, por supuesto. Ella se había encontrado preparando algo de té para su padre y Neji, quienes habían permanecido entrenando por largo tiempo durante el transcurso de la mañana. Había sido un bonito día, recordaba. Un día soleado, sus favoritos. Y la casa había estado calma, a diferencia de los días previos, pues ese día Hanabi entrenaría con su equipo Genin y no con su padre. Por eso, Hiashi había optado por entrenar a su sobrino, y ella había estado preparándoles algo caliente para beber durante su descanso. Cuando había colocado ambas tazas y la pequeña tetera en una bandeja, y había tomado esta cuidadosamente –temiendo dejarla caer- con sus dos temblorosas manos blanquecina, se había dirigido al patio. Sin embargo, se había detenido al oír a su padre hablar.
Su voz, como siempre, era seria y solemne —Neji, ¿cuál es tu opinión de Hanabi?
El segundo miembro del clan, aquel más joven, permaneció pensativo por unos segundos y por un instante Hinata temió que la hubiera visto. Ya que había mirado distraídamente en su dirección para luego volver su vista a su regazo. De hecho, con Neji, siempre tenía esa sensación. Como si pudiera ver a través de todo aún sin su Byakugan activado —Hiashi-sama, creo que Hanabi-sama estará lista para el examen. Sus habilidades han mejorado rápidamente.
Asintiendo, el hombre contempló la entrada del complejo —Hanabi ha superado mis expectativas. Si logra convertirse en chuunin, lo habrá hecho antes que mi hija mayor. En efecto, es lo que esperaba de ella.
Al borde del llanto –pero contendiéndose porque había jurado no volver a llorar más- y las manos ligeramente temblorosas, había contemplado en silencio y por unos instantes el contenido de una de las tazas, como si este fuera lo más importante del mundo. La tristeza, como siempre, la había embargado. Y si aún fuera la niña que había sido, habría corrido a su cuarto y se había permitido llorar, pero esa no era ella. Eso no era algo que Naruto haría, y ella tampoco lo haría. Por eso, había caminado lenta y cuidadosamente hasta ellos y había depositado con cuidado la bandeja frente a ambos, notando la mirada de Neji clavada en ella todo el tiempo.
—E-Esto... lamento l-la demora, Otou-san, Neji-nii-san... —susurró, incómoda de sentir los ojos de su primo siguiendo cada movimiento suyo. Luego, tras excusarse con una cordial reverencia, se marchó. Preguntándose si Neji habría sabido de su presencia y deseando volver más fuerte para no quedarse atrás. No porque no quisiera que su hermana menor la superara, porque de hecho la hacía feliz que Hanabi estuviera volviéndose fuerte, sino porque no quería ser olvidada y relegada nuevamente.
Volviendo la vista a Kiba, que aún la contemplaba en silencio, musitó. Con las mejillas ligeramente coloreadas —Umm... K-Kiba-kun, ¿tu crees... q-que soy débil...?
—¡¿Qué? —exclamó el miembro del clan Inuzuka. No, él no lo creía y nunca lo había creído. Pero en su afán de protegerla siempre pecaba subestimándola. Y eso era lo último que Kiba quería hacer—. ¡Tsk! No se de donde sacas esas cosas. Yo no...
—S-Solo me preguntaba... si creías q-que mejoré. ¿S-Soy más fuerte Kiba-kun...?
Rascando su nunca, el castaño asintió. ¿Por qué era que siempre metía la pata con Hinata cada vez que quería ayudarla? Primero con Naruto y ahora con su entrenamiento. Seguro, lo confesaba, carecía de tacto. Nunca había sido sensible para ese tipo de cosas. Y ahora, quizá, empezaba a ver porque Shino le decía que no se involucrara en los asuntos de ella si Hinata no se lo pedía. Pero eso no se lo admitiría al Aburame. Preferiría antes comer insectos —Oy, Hinata. Yo no quise...
—E-Esta bien... Kiba-kun —sonrió, gentilmente. En su opinión, Hinata era demasiado gentil. Aún con él. De hecho, si la situación hubiera sido a la inversa y hubiera sido él quien se hubiera sentido subestimado, habría golpeado directo en el rostro a la persona que lo había hecho sentirse así. Pero Hinata era amable, era diferente, y jamás haría algo de tal naturaleza. De hecho, la joven muchacha actuaba como si todos merecieran su amabilidad, indiscriminadamente. Lo cual en ocasiones le irritaba. Muchos idiotas no merecían ser tratados por ella como Hinata lo hacía. E, irónicamente, muchos de estos idiotas pertenecían a su mismo clan y a su misma familia.
Desconcertado, observó a su compañera —Eh... ¿Aún quieres seguir?
Hinata hizo una leve reverencia —Si, por favor. Kiba-kun.
Llamando a Akamaru a su lado con un chiflido, comenzó a hacer circular chakra a todos su cuerpo. Prolongando sus garras y dientes y transformando su apariencia en una mas feroz. Hinata era extraña, de eso no había duda. No solo porque considerara que era demasiado amable para su propio bien sino porque lo era con todo el mundo. Indiferentemente de quien se tratara, amigo o enemigo, inofensivo o peligroso, no importaba. Y Kiba temía que eso algún día fuera a matarla. Pero, aún así, Hinata le agradaba, era amable y paciente con él cuando nadie más lo era; y por eso –junto con Shino- continuaría protegiéndola hasta que no pudiera hacerlo más. Siempre que ella se lo permitiera, él lo haría.
Hinata, dejando caer suavemente los párpados, alzó una mano frente a su pecho formando un sello y volvió a abrir sus ojos con el Byakugan ya activado. Una vez lista, se colocó en su postura habitual de combate. Y entre enfrentamiento y enfrentamiento pasó la tarde hasta que el sol comenzó a descender, una vez más. Siendo esta la señal de Kiba para detener el último enfrentamiento que habían estado sosteniendo por la última media hora. Sintiendo su estómago gruñir, sonrió exponiendo sus largos colmillos —Heh, heh. Estoy muerto de hambre...
Recogiendo sus cosas, que había dejado contra un árbol junto a las de Hinata, no pudo evitar notar que bajo la mochila de la joven Hyuuga, cuidadosamente envuelto en un pañuelo lavanda y depositado debajo de esta, casi como si la intención fuera ocultarlo, había un Bento. Olisqueando el aire, pudo estar seguro –incluso- de todo el contenido de este. Y, sin duda alguna, aquella era la cena de su compañera de equipo.
Pretendiendo no haberla visto, porque eso era lo que hubiera hecho Shino y le hubiera dicho a él que hiciera, se cargó la mochila al hombro y aguardó un instante por ella –con Akamaru a su lado-, intentando ver si su interpretación era acertada. Y, aparentemente, lo era —¡Oy, Hinata! ¿No vienes? —exclamó. Ella negó muy suavemente con la cabeza.
—E-Esto... me quedaré un ratito más. G-Gracias... Kiba-kun...
Él asintió, volviendo su espalda a ella pero aún observándola por el rabillo del ojo —Seguro, solo... apresúrate o no llegarás a cenar a tu casa. ¡Vamos Akamaru! —y, sin decir más, se marchó seguido del gran can. En silencio, la joven lo observó marcharse. Me p-pregunto si K-Kiba-kun... Sus níveos ojos se deslizaron por un instante a su Bento, oculto bajo su mochila, pero luego negó para sí. Le entristecía, en verdad lo hacía, tener que hacer todo aquello en silencio pero era la única forma que Hinata tenía de hacerlo sin la ayuda de ellos. En el pasado, Shino y Kiba la habían ayudado demasiado; tanto en sus entrenamientos como en misiones y demás, pero ella también quería ayudar. Ella quería, por una vez, ayudarlos a ellos y no retenerlos. Hinata quería poder ser capaz de cuidar de las personas que eran importantes para ella también, como lo hacían ellos por ella, y como lo hacía Naruto con toda la aldea. Quería ser fuerte, y quería ser vista. Y sabía que eso era algo que tomaría trabajo, pero si se esforzaba, si realmente lo hacía, Hinata creía que todo resultaría bien. Porque se apegaba a sus palabras, y a lo que creía, y derramaba su corazón en ello, a riesgo de salir lastimada.
Cerrando los ojos una vez más, activó su Byakugan y se envaró. Plegando, como previamente había hecho, una mano contra su pecho formando el sello necesario para activar su kekkei genkai. Luego, moviendo sus brazos, se concentró en su acumulación de chakra y en la forma en que la moldeaba. Se había concentrado tanto en aquello, que prácticamente podía sentir la energía fluir por sus canales de chakra. Por todo su cuerpo, y hacia sus palmas y dedos, dándole la sensación de un leve cosquilleo bajo su piel. Pero eso no era suficiente, necesitaba más. Necesitaba hacer su chakra más fuerte, más filosa, más flexible, más. Necesitaba más chakra en sus dedos. Tanto que el cosquilleo pareciera una llamarada bajo su piel. Tanto que la mano fulgurara. Perdiendo la concentración, jadeó agitada. Sintiendo pequeñas gotas de sudor aparecer en su frente.
—Naruto-kun no se rendiría... por eso... yo tampoco puedo hacerlo —se dijo, repitiendo el proceso. Una y otra vez. Sintiendo el cosquilleo ascender progresivamente pero nunca alcanzar la sensación de llamarada. Exhausta, cayó de rodillas. N-Neji-nii-san estaría decepcionado de m-mi... Pensó, alicaída, observando sus manos una vez más. ¿Por qué yo... no puedo? Un suspiro, un jadeo y luego otro. Armándose de todas sus fuerzas, se volvió a poner de pie. Aquella noche lo lograría. Si podía, si llegaba a lograrlo, podría mejorar sus técnicas y quizá aprender nuevas técnicas del clan. Y, quizá entonces, su padre la reconociera. Aún cuando se hubiera convertido en chuunin a los catorce y no a los trece, como Hanabi probablemente haría.
Yo... Yo puedo. Y-Yo no me rendiré. N-No volveré a retrasar a nadie. No v-volveré a ser una m-molestia. Yo también... yo también quiero ser fuerte, quiero ser vista, quiero ser r-reconocida. Quiero proteger... a q-quienes son importantes para m-mi. Shino-kun, Kiba-kun... Kurenai-sensei, K-Kohaku-chan... Hanabi-imouto-chan... Neji-nii-san... Otou-san... yo quiero... que me vean... Por eso, no retiraré m-mis palabras... N-Naruto-kun... porque ese es mi camino n-ninja... Y, cerrando los ojos, comenzó nuevamente a acumular chakra en sus dedos. En sus palmas. Sintiendo el lento cosquilleo recorrer su cuerpo a sus brazos, y luego a sus manos. Y allí, lenta pero progresivamente, comenzó a ascender. Cada vez más y más. M-Mas... Mas... Hasta que la sensación de ardor bajo su piel la invadió. Satisfecha, abrió los ojos, golpeando con su palma el tronco contra el que siempre entrenaba. Logrando convertirlo, esta vez, en astillas de un solo golpe. Volviendo a cerrar los ojos, cayó al suelo. Y, por largos minutos, permaneció allí jadeando, con una suave sonrisa en los labios y las mejillas ruborizadas del esfuerzo realizado.
—Yo... lo logré —susurró, contemplando el cielo estrellado. Su pecho, ascendía y descendía rítmicamente. Poco a poco, su respiración se fue normalizando así como lo fue haciendo el palpitar de su corazón. Sentándose con cuidado, con las piernas plegadas bajo su cuerpo, observó sus alrededores. Como siempre, a aquellas horas de la noche, el bosque era calmo. Silencioso. Y solo se podía oír, eventualmente, el canto de pequeñas cigarras perdidas en los rincones más oscuros. Pero Hinata no le temía a la oscuridad, no había en ella nada que pudiera dañarla. Nada que pudiera herirla más que sentirse invisible frente a las personas. Nada. Por eso, le agradaba inclusive. Cuando estaba sola, allí, en medio del bosque, contemplando el agradable cielo estrellado y observando con curiosidad casi infantil las pequeñas criaturas que en este habitaban se sentía bien. Se sentía relajada y, por instantes, la tristeza desaparecía. Por instantes, todos esos sueños rotos que día a día se alejaban más de su alcance desaparecían. Así como desaparecía la expresión de decepción de su padre, y todas esas veces en que había fallado. Que les había fallado a todos, y a sí misma.
Volviendo la vista a los alrededores una vez más, buscó algo con la mirada. No porque estuviera esperando que apareciera, pero había pensado que si –quizá- él aparecía ella sería capaz esta vez de agradecerle, podría olvidar su timidez y su incomodidad y decirle gracias por haber velado por ella mientras había permanecido inconsciente. Porque ella era así, y no se sentiría bien consigo misma hasta que fuera capaz de decirle cuan agradecida estaba realmente. En parte, porque era lo correcto y ella era demasiado amable para ignorar el hecho. Y, en parte, porque nadie hacía nada por ella, por eso... sentía que debía decirle gracias. Solo eso. Y podría marcharse y olvidar todo el bochorno que había sentido por haber perdido el conocimiento, en primer lugar.
Extendiendo una de sus manos, tomó el Bento envuelto y lo depositó delicadamente sobre su regazo. Por eso, esa vez había sido más precavida y había traído algo para cenar para evitar desmayarse.
—P-Parece... que no vendrá... —susurró, aún con sus ojos níveos fijos en el pequeño pañuelo lavanda. Pero no era una sorpresa, las cosas rara vez le salían a Hinata como ella las deseaba.
Pero, de repente, un escalofrío ascendió por su columna vertebral para volver a descender de la misma forma, sacudiéndole hasta la médula en el proceso. Un crujido, la planta de un pie aplastando la hierba, luego otro. Poniéndose de pie rápidamente, y dándose media vuelta con la misma velocidad y el mismo nerviosismo, contempló a la persona que acababa de arribar. Por sus ojos, esos ojos perturbadoramente intensos, pudo deducir que no había esperado encontrar a nadie. Menos aún a ella, otra vez.
Vacilante, hizo una reverencia —Y-Yo... e-estaba esperando... —negó con la cabeza, sonrojándose por haber sonado de forma tan ambigua. Más aún ante la falta de expresión del semblante de él—. ¡N-No de esa forma...! Y-Yo solo... —la voz fue descendiendo progresivamente—. Yo solo... quería... d-decir gracias... —asintió, algo más aliviada de haber sido capaz de decir la palabra—. G-Gracias... p-por lo del otro día.
Gaara continuó observándola en silencio, aún inmóvil. En primer lugar, no había esperado encontrar a nadie allí. Aún cuando la había visto la noche previa, no había creído que tal cosa fuera una rutina. No tenía sentido. Pero, observando el tronco quebrado tras ella, podía asumir ahora que lo era. Y su deplorable apariencia no podía indicar otra cosa tampoco. De hecho, observándola, podía inferir que llevaba horas allí. Entrenando. Era sorprendente, en efecto, que no se hubiera derrumbado ya como la noche anterior; porque era evidente que su cuerpo había alcanzado sus límites, así como lo habían hecho sus capacidades.
Cruzándose de brazos, decidió señalar lo obvio. No porque fuera asunto suyo, porque no lo era, sino porque no encontraba nada realmente apropiado que pudiera decir en respuesta a las palabras de ella. En parte, porque nadie le agradecía y no sabía cómo reaccionar a tal cosa. Y, en parte, porque aún el sociabilizar le resultaba una actividad arduo trabajosa. Pero desde Naruto quería creer que había mejorado, si bien un poco, en la comprensión del significado de los vínculos.
—Estás forzando tu cuerpo.
Avergonzada, Hinata bajó la cabeza y asintió. Si, lo sabía. Por eso no le confiaba a ninguno de los miembros de su equipo –ni siquiera a su sensei- lo que hacía durante las noches, porque ninguno le permitiría arriesgarse tanto y de forma tan constante. Pero era algo que Hinata necesitaba hacer, que necesitaba realmente —Y-Yo... solo quiero cambiar... s-ser más como N-Naruto-kun... Por eso yo...
No pudo explicar que sucedió en ese momento, o porqué algo en el interior de su mente pareció paralizarse. De alguna forma, era preocupante, porque las ocasiones previas en que se había sentido de esa forma, se había visto inclinado a asesinar inmediatamente luego. Y eso había quedado en el pasado ya, pero –de alguna forma- se sentía igual. Como si algo en el interior de su cabeza se estuviera quebrando y por la grieta estuviera escapando algo, algo que no estaba seguro que era. Pero en el pasado eso tampoco había sido bueno. Con tal de escapar de la soledad, no tengo más opción que trabajar duro y construirme mi propio camino. Si hago eso, algún día... Algún día... podré ser como él.
—Con tal de escapar de la soledad... —musitó para sí, absorto en sí mismo y en sus desordenados pensamientos. Sin percatarse que Hinata continuaba aún removiéndose nerviosa en su propio lugar.
Sonrojada, decidió romper el silencio —E-Esto... K-Kazekage-sama... ¿n-no esta… cansado? ¡D-Digo...! —q-quizá no debí preguntar...
Pero él solo negó la cabeza, recobrando la inexpresividad que hasta momentos antes había sostenido —Desconozco la necesidad del dormir.
Parpadeando, con las mejillas ruborizadas, susurró —¿N-Nunca? E-Es decir... l-lo siento... no quise entrometerme...
Gaara solo volvió a responder con franqueza. Después de todo, aquello no era nada personal. Al menos no para él. Todos en la aldea sabían que no dormía, aún con la partida del Shukaku, y esto de hecho estaba gravado en negro alrededor de sus ojerosos ojos —No.
Entristecida, Hinata bajó la mirada —D-Debe ser muy triste... No poder s-soñar...
Triste no sería la palabra que él habría utilizado. Enloquecedor, quizá. Algo capaz de llevarlo al borde de la insania y convertirlo en algo inestable, en un monstruo, porque eso era lo que había hecho con él el insomnio. Lo había vuelto irritable y fácilmente irascible. Había mezclado todo en su cabeza hasta que nada más había tenido sentido. Hasta que el amor y el odio y la soledad y la desesperación se habían fundido en una masa indefinida en su mente. Hasta que de él no había quedado demasiado más que una amenaza, porque así lo habían llamado ellos. Así lo había catalogado su padre. Y así lo había llamado Yashamaru, aquella noche en que había muerto. Tú naciste con el Shukaku de la Arena, y luego fuiste observado como un conejillo de indias, Gaara-sama. Pero ya no podías controlar el poder del alma viviente, Shukaku, y eras incapaz de manipular la arena a tu voluntad... tu existencia se estimaba como un peligro a la aldea.
Una vez más, incómoda por el eterno silencio por parte de él, susurró no sabiendo realmente que decir —Esto... —pero se detuvo cuando los ojos de pelirrojo se clavaron en los de ella. Y, como previamente había sucedido, su médula desde inicio a fin se sintió sacudida. Había algo en él, algo en sus ojos, que hacía que Hinata no pudiera sostenerle la mirada. Cierto, habitualmente era ella quien interrumpía todo contacto visual con cualquiera, de todas formas, porque se avergonzaba fácilmente y debía bajar la vista; pero con él era aún peor. La hacía sentirse aún más vulnerable, más expuesta. La hacía sentirse como si pudiera ver a través de ella. Y, en efecto, lo había hecho. Por primera vez había notado, que sus ojos gritaban que deseaba ser vista, mirada. Que deseaba ser reconocida, como él. Que todo lo que deseaba era un lugar en el mundo y alguien que reconociera su existencia. Como él, como Naruto, ella estaba perdida. Y lo único que deseaba era ser encontrada.
Parpadeando, notó que ella estaba ahora delante de él, con un pequeño paquete en manos envuelto cuidadosamente en un pañuelo lavanda. Nerviosa, y con la vista en lo que cargaba, tamborileó con los dedos a ambos lados del objeto rectangular —Ummm...
Gaara la observó en silencio, intentando descifrar algo de su conducta. Pero no podía. Era impredecible, como el mismo Naruto. Y continuaba echando por tierra todo lo que lograba armar de ella en su cabeza. Todo lo que pensaba comprender de ella, no concordaba. Era como él, eso sus ojos podían revelarlo sin duda alguna. Ojos que conocían la verdadera soledad. Ojos que habían visto el abandono cada vez que un espejo les reflejaba su propia imagen. Como con él, el mundo no había sido bondadoso con ella tampoco. Aunque no podía especificar las razones detrás de todo aquello. Era evidente que ella no era un monstruo, si bien todo lo contrario. Era todo lo que un monstruo no era.
Parpadeó nuevamente, inexpresivo –aunque ligeramente sorprendido-, al verla agachar su cabeza y extender sus brazos a él, ofreciéndole lo que tenía entre sus manos —E-Esto... n-no se si come... p-pero...
Gaara permaneció inmóvil. Por supuesto que comía. Seguro, la necesidad del dormir le era ajena pero eso no significaba que era capaz de sobrevivir sin satisfacer sus necesidades básicas. Incluso los monstruos comían. O monstruos redimidos, en todo caso —Como.
Avergonzada, apoyó el Bento contra su pecho y comenzó a tartamudear —¡P-Por supuesto... no quise insinuar que... y-yo... lo s-siento... K-Kazekage-sama...! S-Solo pensé… que quizá tendría h-hambre... —confesó. Aunque era más un gesto de agradecimiento. Se sentía tonta por haber pensado siquiera que él no comía, y seguramente él pensaría eso de ella. Que era una tonta.
Pero si lo pensó, no dijo nada. No emitió juicio de valor alguno ni se burló de ella ni la despreció. Simplemente tomó el Bento entre sus manos, vacilante, y evitando deliberadamente no entrar en contacto con las manos de ella mientras lo hacía. Hinata, tímida, retrajo sus propias manos hasta dejarlas cuidadosamente frente a su cuerpo, contemplando en silencio el suelo —E-Esto... ummm...
Pero, de repente, sus rodillas cedieron. Estaba exhausta, lo había estado desde el final de su entrenamiento y aún cuando él había arribado al lugar pero no había querido lucir débil frente a él. No había querido avergonzarse nuevamente. No había querido que la viera débil, como todos lo hacían. Por eso, no había dicho nada y había aguantado hasta recién fingiendo que estaba bien. Pero la verdad era que no lo estaba. Él había estado en lo cierto, se había forzado demasiado.
—¡O-Oh...! —exclamó suavemente, sintiéndose derrumbar. Sin embargo, una vez más, la arena de él la detuvo por debajo de los brazos y –con sumo cuidado- la colocó sobre sus pies nuevamente. Sonrojada, balbuceó—. E-Esto... gracias... Kaze-
—Gaara —la cortó, permitiendo que la arena tomara el Bento de sus manos y lo depositara cuidadosamente sujeto a la calabaza en su espalda, mientras él se cruzaba de brazos. Si volvía a escuchar que alguien de su misma edad lo llamara Kazekage, retornaría a la época en que reaccionaba irasciblemente y terminaba quebrando cuellos a antojo. No era que el título no le agradara, porque de hecho había sido él quien había aspirado a obtenerlo para poder obtener así el reconocimiento de su propia villa. Solo que había dos cuestiones, la primera, era que la formalidad de este parecía estar estrangulándolo y sofocándolo. Seguro, en las reuniones de la aldea lo encontraba pertinente y adecuado pero, por alguna razón, sonaba extraño cuando era llamado de esa forma por personas en una interacción de tipo informal. No que él mantuviera muchas de esas. Pero Temari y Kankuro lo trataban de esa forma, llamándolo por su nombre. Así como lo hacía Naruto, quien nunca había tenido el suficiente respeto a la autoridad como para llamarlo por su puesto, diciéndole Gaara en vez de decirle Kazekage. Y, en segundo, porque le recordaba a su padre y esa era una persona que particularmente no quería recordar. Aún cuando la aldea insistiera en hacerlo porque había sido el cuarto. Para él, después de todo, no había sido nada. Nunca lo había considerado familia, no realmente, y si se hubiera atravesado en su camino habría sido él quien hubiera terminado su vida. Pero la escoria del sonido se había encargado de aquello.
Avergonzada por la, no tan gentil, petición Hinata asintió —Ummm... Gracias... G-Gaara-kun... —y frotando delicadamente su brazo sonrió. No era una sonrisa amplia como las de Naruto, pero era igual de cálida, por alguna razón que él desconocía. Alguien como ella, alguien igual a él, debería ser fría, distante, reservada y colecta. Pero ella no lo era, como no lo había sido nunca Naruto tampoco. Era cálida y amable y parecía no importarle que él hubiera sido algo abominable en el pasado. No, no parecía importarle quien era él, ni que había hecho a lo largo de su vida. Y, aún a pesar de los raspones y los moretones y la tierra que tenía en el rostro, lograba lucir como si nada malo le hubiera sucedido nunca. Como si no estuviera cansada. Como si el mundo no la hubiera odiado a lo largo de su vida—. E-Estoy... bien... G-Gracias, de nuevo, Gaara-kun... —y, excusándose cordialmente, dio media vuelta y se marchó. Desapareciendo entre el bosque en silencio. Y él se quedó allí, inmóvil, intentando recolectar sus pensamientos esparcidos. Pues ella los había arrancado y los había esparcido por todo el terreno y los había pisoteado con irónica gentileza y una amable sonrisa, algo que Gaara no recibía habitualmente. De hecho, era más común una expresión de resguardo a respeto, e incluso una de cautela y quizá miedo. Y no dudaba que ella no lo hubiera respetado, porque había sido respetuosa al extremo, y cordial y formal, pero a la vez había sido amable, –de alguna forma- familiar. Demasiado familiar. Como si estuviera hablando consigo mismo. Y a la vez como si se tratara de una persona completamente diferente. Y lo era, era completamente distinta. Completamente diferente a todo lo que hubiera conocido antes y por esa misma razón lo perturbaba. Porque estaba removiendo heridas que había creído selladas. Solo Naruto había logrado eso, una vez, y había creído que aquella sería la última.
Aparentemente, había estado equivocado.
