Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece, ni uno.
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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Como todos los días (y sepan perdonarme por ser reiterativa, pero realmente es algo que creo se debe hacer. Pero, más aún, porque quiero hacerlo) paso a agradecerles a todos por la oportunidad que le dieron, dan, y ojalá sigan dando a mi historia. Ya sea como lectores anónimos, o aquellos que siempre se toman la molestia de dejarme un review con su opinión y alegrarme el día. ¡Gracias! De verdad, a todos. En cuanto a la historia, se que Hinata tiene muy presente a Naruto, pero también creo que eso es parte de ella. Parte del desarrollo del personaje... Y creo que eso que la une a Naruto siempre va a estar. Amor no es solamente en setido romántico. Se puede amar muchas cosas, una idea... demás. Y creo que para Hinata, Naruto es esa persona que la marcó, que en un momento determinado de su vida significó algo importante y por eso quiero preservar eso. Como Gaara, quien también sigue cada paso pensando en el rubio como modelo. Después de todo, el manga/anime se trata de eso. Y Naruto es el catalizador de muchos personajes. Desgraciadamente, son pocas las personas reales así en el mundo -esas que te hacen desear ser mejor- (aunque las hay), y por eso me gusta darle el valor que creo se merece al personaje. Perdón si cansa de alguna forma. Lo admito, puedo ser reiterativa. Y ojalá este capítulo les guste. Como siempre, siéntanse libres de darme su opinión sincera, crítica y/o corrección. No me molesta, de verdad, de hecho, me ayuda para tener varias cosas en cuenta a futuro. Simplemente quería dar mis motivos de porque vuelvo tanto sobre Naruto... para que se entienda de donde viene. En fin, espero les guste. Ya me pasé de longitud con la nota, ¡nos vemos y besitos!
El niño monstruo y la niña que no quería el mundo
VII
"Sentimiento de pertenencia"
¿P-Por que... G-Gaara-kun me mira de e-esa forma...?
Sin embargo, los ojos de él se apartaron de ella en el instante en que una voz llamó su nombre en la distancia y por encima de la multitud. Haciendo un alto, los tres hermanos –junto con Hinata-, aguardaron la llegada de dicha persona. La cual, con júbilo, saludó al pelirrojo —Gaara-sama —para luego posar sus negros ojos, cargados de evidente sorpresa, en ella. Tragando saliva, Hinata alzó la mirada. Había algo en esa forma de mirar, algo que la inquietaba. Algo que la hacía sentirse nerviosa. Entonces lo comprendió. Si, lo hizo perfectamente, porque había visto esa mirada antes. Esa mirada invasiva. Pero nunca dirigida a ella. Al menos, nunca antes.
Era la mirada que había visto en Sakura e Ino en el pasado, cuando de Sasuke se trataba —¿Quién eres?
Inconscientemente, comenzó a juguetear con sus dedos. La chica, de cortos cabellos pardos y grandes ojos negros, se volvió a ella. Y Hinata notó que, por el protector que llevaba amarrado en su cuello, era también de Sunagakure —E-Esto... mi nombre e-es H-Hyuuga H-Hinata... —susurró, en voz pequeña. La recién llegada, se volvió inmediatamente –como desechándola a ella por completo- a los hermanos de la arena. No pasó desapercibido a la joven Hyuuga el sonrojo en las mejillas de ella y el entusiasmo con que hablaba mientras se dirigía a Gaara, quien impávido la observaba en silencio, cruzado de brazos.
—Y esto... Gaara-sensei... ¡Lo siento, digo, Gaara-sama! —sonrió y Hinata aguardó en silencio, preguntándose si así luciría ella siempre que intentaba que Naruto mirara en su dirección. No, probablemente luciría más tonta (no que aquella muchacha luciera tonta de alguna forma) pues ella siempre lograba enredarse en sí misma cuando estaba frente al rubio. Esta muchacha, por el contrario, se mostraba segura y no tartamudeaba ni cometía ninguna tontería vergonzosa de tal naturaleza. De hecho, le recordaba a alguien más y, entristecida comprendió, al instante a quien. S-Sakura-san... Si, el parecido era obvio, y no solo por el corte de cabello. Aquella muchacha, Sakura, Ino, e incluso Tenten, todas ellas no dudaban. No vacilaban. Y no se acobardaban. Ella, por mucho que lo intentara, siempre terminaba cayendo en lo mismo. En observar en silencio y desde la distancia como Naruto se alejaba más y más de ella. Aún cuando años atrás había confesado sus sentimientos, aquella vez, aquella trágica vez que casi destruyó la aldea por completo, parecía imposible de ser evitado.
Afortunadamente para ella, todos sus pensamientos desmoralizadores desaparecieron al instante en que una voz familiar la llamó por encima de la muchedumbre. Aliviada, se volvió hacia la dirección en que lo había oído gritar su nombre. Cierto era, que Kiba habitualmente tenía ese efecto. Siempre, con su constante buen humor, lograba hacerla olvidarse de todo. Lograba lo imposible, que dejara de pensar en cosas tristes, y por eso le agradaba. Él siempre lograba sonsacarle una sonrisa, por pequeña y tímida que fuera. Y por eso adoraba a sus compañeros de equipo, y estaba agradecida por ellos, porque la ayudaban. De alguna forma, la comprendían.
—¡Oy, Hinata!
Sonrojada ligeramente, Hinata dedicó al recién llegado una sonrisa gentil —Lo siento K-Kiba-kun... m-me perdí y-y... —pero toda palabra desapareció completamente al ver la expresión de él—. ¿K-Kiba...-kun?
Kiba se había detenido en seco, y todo su cuerpo lucía tieso. Los músculos de su rostro, todos y cada uno de ellos, se habían agarrotado en una expresión de caución y ligera contrariedad, pues su entrecejo permanecía fruncido. Sus ojos, por otro lado, habitualmente negros parecían haber oscurecido aún más, dándole un aire más filoso y amenazante. Lucía peligroso, allí erguido y con los tendones del dorso de su mano sobresaliendo a causa de tener los puños cerrados, tan cerrados que sus nudillos lucían blancos. Hinata no recordaba haberlo visto de esa forma en mucho tiempo, y siempre que su amigo lucía así, le asustaba. Virando la cabeza, notó que el objetivo de su mirada amenazante era Gaara, quien le devolvía la mirada sin inmutarse ni manifestar nada al respecto. De hecho, lucía relajado y cruzado de brazos, como aguardando algo.
—E-Esto... Kiba-kun... —pero él no apartaba la mirada de Gaara. Preocupada, contempló al pelirrojo. Nada. No manifestaba nada al respecto. Y, de repente, la tirantez había recaído en el ambiente. Tanto Temari como Kankuro aguardaban en silencio.
La chica que había llegado minutos antes, miró con mala cara al miembro del clan Inuzuka. Su voz, al hablar, sonó muy diferente a cómo lo había hecho antes; pero Hinata podía comprenderlo, ella misma había defendido a Naruto cuando otros lo habían despreciado. Aún si él nunca lo había sabido —Oye, tú. Deja de mirar a Gaara-sama de esa forma, él es nuestro Kazekage.
Un pequeño tic de fastidio se adueñó de la ceja derecha de Kiba, quien se volvió mostrando sus colmillos a la joven muchacha de cabellos marrones. Aún así, esta no retrocedió. Y, por supuesto, Kiba tampoco lo hizo. Pues su compañero era muchas cosas y, entre esas, era terco y orgulloso y no se retractaba cuando hacía o decía algo. Sin importar las sensibilidades ajenas. Él decía lo que pensaba y punto —Yo hago lo que se me plazca —Ok. Estaba siendo inmaduro, y lo sabía. Y si Shino estuviera allí probablemente ya le habría reprochado su reprensible conducta. Pero no estaba, y no podría decirle nada. Además, no confiaba en Gaara. No tanto al menos. Seguro, era el Kazekage –blah, blah, blah- de la arena y estaba bien si entraba y salía de la aldea, pero no confiaba lo suficiente para dejar a Hinata con él. Aún cuando le debiera su vida a Kankuro –algo que tampoco admitiría en voz alta-, no podía hacerlo. Él, con sus propios ojos, había visto lo que aquel desalmado hombre había hecho en el bosque de la muerte aquella vez. Y, demonio o no, no podía borrar esa imagen de él. Y, no, no le importaba que fuera Kazekage o Mizukage o paseador de perros. Por lo que él sabía podía ser Dios y no le importaría. Nunca le había importado la autoridad de todas formas.
—Gaara-sama- —continuó ella, pero Kiba la interrumpió maleducadamente. Hinata observó preocupada el intercambio entre ambos y, de vez en cuando, observaba a Gaara y a sus hermanos; pero ninguno decía nada. Aunque Kankuro parecía encontrar todo el asunto entretenido.
—No me importa —la cortó, apretando los dientes—. Es una amenaza y Hinata...
Tanto Temari como Kankuro observaron preocupados al mencionado, pero este continuó sin decir nada. Aún inmóvil, contemplando la escena erguido y con los brazos cruzados delante de su pecho. Su semblante, como siempre, permanecía sumamente neutral y sin delatar nada. Hinata, también lo observó de reojo y luego se volvió a su compañero de equipo —E-Esto... Kiba-kun... G-Gaara-kun —se sonrojó al ver que los ojos de el Inuzuka se abrían desmesuradamente ante la elección particular de honorífico por parte de ella. Al igual que los de la chica de cabellos castaños. Pero aún así, se armó de valor y continuó—, T-Temari-san y K-Kankuro-san fueron m-muy amables c-conmigo... M-Me ayudaron y... —de reojo, observó nerviosa que todos la observaban a ella. Particularmente, Gaara— l-les estoy a-agradecida...
Kiba, desprevenido, desarmado por las palabras de ella, y completamente desautorizado a continuar con aquello, soltó un gruñido. No, no le gustaba perder –ni siquiera una discusión- y no le gustaba ser contradicho tampoco. Pero respetaba a Hinata, y si ella decía que estaba bien no sería él quien pusiera en tela de juicio su capacidad de juzgar a las personas, aún cuando creyera que era –la mayor parte del tiempo- demasiado blanda con quienes, en varias ocasiones, no lo merecían. Aún así, no dejaría de velar por ella. En parte, porque ese era y había sido su deber –junto con su otro compañero desde el inicio- y en parte porque, si algo le sucedía a Hinata, Shino lo mataría y lo culparía a él por ello. Eso era seguro. Pero, sobre todo, porque quería.
Matsuri se cruzó de brazos. Lista para una segunda ronda, lista para defender a Gaara de quien osara insultarlo —Eso, no vuelvas a hablar de Gaara-sama.
Kiba se volvió fastidiado a la muchacha pero una voz profunda y seria lo detuvo de soltarle alguna que otra sandez, que evidentemente ya tenía lista para soltarle. Pero no lo hizo. En vez de eso, se enderezó, observando a la chica darse vuelta inmediatamente hacia aquel que había hablado —Matsuri, llegarás tarde al examen.
No dejaba lugar a duda de que aquello era una forma de darle a entender que no necesitaba que ella continuara velando por su integridad, que no necesitaba quien lo defendiera, y que era mejor que se retirara por el momento. No era una petición. No obstante, tampoco había fastidio o tedio o cansancio en su voz.
Los ojos de ella se abrieron desmesuradamente —Si, Gaara-sama —exclamó, se despidió de todos; dando una última mirada de fastidio a Kiba y se marchó corriendo. Hinata, avergonzada, clavó sus ojos blancos en el suelo.
—¿Vamos, Hinata?
La mencionada alzó la mirada a su compañero y asintió tímidamente, observando de reojo al pelirrojo que continuaba en absoluto silencio. ¿Estaba enfadado? ¿Triste? ¿La odiaba? ¿Odiaba a Kiba? No lo sabía, pero se sentía terrible por lo ocurrido. Aún cuando entendía el que Kiba hubiera reaccionado así, pues sus compañeros siempre la protegían, había creído que esta vez no era necesario. Gaara no era malo, no podía serlo. Al menos, no lo había sido nunca con ella —E-Esto... adiós... y... ummm... g-gracias...
Temari asintió y los observó partir. Cuando ya estuvo lo suficientemente lejos, se animó a volver la mirada, solo para notar que Gaara también la estaba siguiendo con la vista. Sonrojada, se volvió a Kiba —U-Uh... K-Kiba-kun eso no fue m-muy amable...
No. No lo había sido, pero él no era amable, no era cordial y educado. Esa era ella. Él, por otro lado, era temperamental y tendía a actuar por instinto y eso había hecho. Había considerado adecuado proteger a quienes consideraba parte de su propia y pequeña manada y lo había hecho, porque así le habían enseñado. Porque así había aprendido en el seno de su clan. Que todos eran parte de una manada, y Shino, Akamaru y Hinata eran parte de la suya, y que él, como macho alfa que era, debía protegerlas. Era un acuerdo, algo silente que tenían con Shino pero que nunca habían hablado. Eso era, el proteger a Hinata. Y no se disculparía, aún cuando supiera –y, ¡oh!, lo sabía- que se había pasado de la raya y había cometido una tontería. No lo haría.
—Lo se, pero ese sujeto me da mala espina.
Hinata negó suavemente con la cabeza —G-Gaara-kun no e-es malo, Kiba-kun...
—¿Cómo lo sabes?
Sonrojada, clavó la mirada en sus pies y comenzó a juguetear nerviosa con sus dedos. No podía decirle que la había ayudado previamente, porque debería admitir también que estaba entrenando a escondidas y aunque estaba segura de que Kiba sabía –pues no era tonto, a pesar de lo que muchos creyeran-, sabía también que podría seguir fingiendo que no lo sabía siempre que ella no dijera nada. Siempre que ella continuara fingiendo que sus entrenamientos secretos eran, en efecto, secretos. Por lo que optó por decir lo mismo que había dicho aquella vez —N-Naruto-kun... él confía en G-Gaara-kun, ¿c-cierto? Por eso yo... y-yo también c-confío en él...
Ella sabía que él sabía que estaba mintiendo. Kiba no era particularmente bueno descifrando a la gente. No como Shino, al menos, pero Hinata tenía el corazón demasiado noble como para mentir y no sentir culpa al respecto. Por eso, se delataba. Sus movimientos nerviosos, el sonrojo, el evitar mirarlo a los ojos. Aún el aroma a nerviosismo que emanaba de ella era casi exagerado para su conducta habitual. Por eso, él sabía. Hinata era terrible mintiendo. Pero él no diría nada tampoco, pues no era bueno con las palabras –al fin y al cabo- y estaba bien evitando sentimentalismos que lo incomodarían. Porque él no era sentimental, él era fuerte, y las personas fuertes no hablan de sentimientos. Simplemente, actúan. O eso se decía a diario.
—Como quieras... —farfulló, colocando ambos brazos tras su cabeza, queriendo dejar el tema de lado por el momento.
Hinata asintió, tímida, y contempló los escalones que estaban subiendo hacia las gradas del estadio. Tras encontrar dos asientos vacíos, se sentaron y aguardaron en silencio mientras el resto de las personas se ubicaban para poder dar así inicio al evento. En lo más alto del estadio, en un balcón, pudo observar a los diferentes Kages de las distintas aldeas. Y, entre ellos, estaba el Kazekage de la arena oculta de la arena, quien aguardaba sin hablar con nadie y cruzado de brazos. Detrás de él, en dos asientos más arriba, se encontraban sus hermanos. Más abajo, por otro lado, y por fuera del gran balcón, se encontraba su padre junto con Neji. Entristecida, volvió su vista al estadio. En verdad, hubiera deseado asistir con él al evento y observar el combate de su hermana, pero no quería ir si su padre no quería que ella fuera. Y quizá ese era el caso, porque había deseado, con esperanzas, que él se lo pidiera pero tal cosa no había sucedido. O quizá no le importaba. Después de todo, ella era una perdedora que no tenía uso alguno para el clan. O eso había dicho él cuando ella se había graduado de la academia.
Negando con la cabeza, despejó su mente de todo pensamiento triste. No quería pensar en ello, no quería sentirse alicaída. No debía estarlo, no cuando el combate de Naruto comenzaría pronto. Y, de hecho, el rubio ya estaba en medio de la arena, aguardando a su contrincante. Hiperactivo y destilando emoción pura como siempre. Hinata aún recordaba el primer examen, y como el rubio había derrotado a Kiba en las preliminares. Y la forma en que ambos habían ido a alentar Naruto luego, aún cuando el Inuzuka había perdido contra él.
—¿Por qué sonríes? —la cuestionó Kiba, que permanecía cruzado de brazos y recostado en el respaldar de su asiento.
Hinata bajó la vista y observó a Naruto ligeramente sonrojada —E-Es como aquella vez, ¿v-verdad K-Kiba-kun...?
Él sonrió y volvió la vista a la arena también. Era parecido a aquella vez, si, pero no era igual. Ellos no eran los mismos, no eran los que habían sido, ya no eran niños. Aún así, la sensación de Deja vú resultaba agradable. Le recordaba a aquel primer examen chuunin —Eso creo. Pero me alegro que esta vez no estés escupiendo sangre.
Sonrojada, Hinata negó con la cabeza —¡K-Kiba-kun...!
El castaño soltó una carcajada, cruzando sus brazos delante de su pecho —¡¿Qué? ¡Es cierto!
La muchacha asintió, con una muy pequeña sonrisa en los labios —G-Gracias... Kiba-kun...
Kiba la observó de reojo, frotando su nuca desconcertado. Hinata era extraña, vivía disculpándose, pero también solía hacer eso a menudo. Decir gracias a algo que él no tenía presente en el momento. No, ella simplemente soltaba la palabra con voz suave y un ligero rubor en las mejillas. Pero le agradaba, debía admitir. Hinata era amable y le tenía paciencia, y eso era todo lo que él buscaba —¿Por qué?
—Shino-kun y tú... S-Siempre cuidan de m-mi... P-Por eso... Gracias Kiba-kun... —le sonrió gentilmente ladeando la cabeza.
Él parpadeó y dejó escapar una sonrisa, estirando sus brazos por encima de su cabeza para luego cruzarlos tras su nuca —Heh... Seguro. Sino quien te salvaría de desmayarte.
Sonrojada, una vez más, la chica negó con la cabeza —¡K-Kiba-kun! Y-Yo... Yo ya no... ya n-no...
Kiba soltó otra carcajada —Bromeaba. Bromeaba.
—E-Eres cruel... Kiba-kun... —susurró, aún apenada y volviendo su vista al frente en el instante exacto en que el combate de Naruto comenzaba. No le había tocado con Sasuke, como él había dicho que hubiera deseado, sino con un shinobi de la aldea oculta del sonido. El cual tenía una extraña habilidad de utilizar un sonido de alta frecuencia que los humanos no podían oír pero que, aún así, salían afectados por este. Sin embargo, Naruto no había tenido demasiadas dificultades para terminar el combate. De hecho, lo había hecho extremadamente rápido; y ahora se encontraba de pie, sonriendo bufonamente, frotándose la punta de la nariz con el dedo índice de forma horizontal.
—Ese Naruto... —dijo Kiba, sonriendo despreocupadamente y contemplando al rubio saludar bastante tontamente. Ante lo que Hinata asintió, contemplando al chico con una ligera sonrisa.
—N-Naruto-kun... m-mejoró mucho...
Kiba rió —Más le valía. El idiota hubiera sido Genin por toda la eternidad, sino.
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—Vaya, no ha durado demasiado —comentó Temari, sentada con las piernas cruzadas y observando el combate recién culminado.
Kankuro, que se encontraba sentado al lado de Temari, y detrás de Gaara, negó con la cabeza —¡Claro que no! Este examen es una estupidez para Naruto. ¿Verdad Gaara?
Pero este no respondió, simplemente continuó contemplando en silencio la figura del rubio. Había cambiado, todos ellos habían cambiado, con los años; pero a pesar de haber madurado, Naruto seguía siendo el mismo terco que se había rehusado a dejar de combatir con él aún cuando le había advertido que tenía intenciones de matarlo. De hecho, no solo intenciones. Pero no se había detenido, así como no lo había hecho nada desde entonces. Nada –ni nadie- lo detenía. Aquel era el mismo terco que se había rehusado a dejarlo morir, el mismo que había estado, estaba y estaría dispuesto a dar su vida por las personas que consideraba importantes para él. Y Gaara, poco a poco, intentaba seguirle los pasos, comprender los lazos. Comprenderlo a él. Y creía estar bien encaminado. Si, eso creía. Algún día, podría ser como Uzumaki Naruto. Quizá, el día que Naruto fuera como él, un Kage; sería el día en que él, Gaara, sería como Naruto, volvería a ser completamente humano. Y comprender el significado de ello.
—¡Yo seré el próximo Hokage! —lo oyó gritar, y Kankuro detrás de él soltó una carcajada. Si, todos habían cambiado, pero en el fondo, eran los mismos.
El siguiente combate, tal y como el anterior; fue breve. En efecto, nadie había esperado menos de Uchiha Sasuke, el único sobreviviente del clan Uchiha. Sin embargo, la fascinación con este ya no era la misma de años atrás. No era la misma de cuando él había combatido con el moreno. En la aldea, muchos aún lo recelaban, y se mantenían distantes. Otros simplemente lo ignoraban o ya no les importaba. Para la mayoría, era tan solo un traidor redimido; pero Naruto continuaba fiel a su postura. Fiel a su amistad y fiel a sus palabras. Y él sabía porque la empatía de Naruto también lo había alcanzado a él. Lo había salvado. Le había mostrado cuan equivocado estaba. Todos ellos, en algún punto, eran iguales. Todos dañados y olvidados y abandonados, pero Naruto había arrojado algo de luz sobre ellos. Aún cuando él mismo había conocido la oscuridad. Naruto no era igual a todos.
Por lo demás, los siguientes combates no le llamaron demasiado la atención. Matsuri venció a Sari sin demasiados problemas... Solo uno, un combatiente particular, le dio la extraña sensación de un Deja vú. De tener trece años de nuevo y ver a Naruto levantarse una y otra vez del suelo y decir que nunca se rendiría porque ese era su camino ninja. Porque esas eran sus palabras y él nunca las retiraría, ni siquiera muerto. E, inclusive, había dicho que seria Hokage también –un día- y que probaría a todos quien era realmente. Su nombre, había dicho, era Konohamaru. Kankuro lo había encontrado divertido, y había dicho que aquel mocoso era algo así como una copia en miniatura de Naruto. Y, de hecho, había usado esas exactas palabras.
—Ese enano... —carcajeó el marionetista. Al instante en que uno de los últimos combates comenzaba. Era un enfrentamiento entre dos kunoichi de aproximadamente trece o catorce años. La primera, tenía el cabello anaranjado sujeto hacia arriba en dos colas. Por alguna, razón, tenía la sensación de haberla visto previamente pero no recientemente. Por lo que no le prestó importancia alguna. La segunda, sin embargo, llamó ligeramente más su atención. Principalmente, por sus ojos blancos y su leve similitud a la extraña chica que continuaba perturbándolo. Y que, de hecho, lo hacía cada día más con sus acciones. Rompía sus esquemas. Como Naruto. Pero de una manera inmensamente más sutil, tanto que le fastidiaba aún más. Eso era, el no poder darse cuenta cuando se colaba bajo su piel, o cuando desordenaba su cabeza en la forma en que lograba hacerlo. Como jugando con sus pensamientos cual niño reordenándolos por completo a su antojo. Era algo sencillamente frustrante, y Gaara había logrado contener la frustración a lo largo de los años, pero ella era demasiado.
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Alzando las manos a su pecho, observó a su hermana menor salir disparada hacia atrás a causa de su oponente. De alguna forma, aquella kunoichi de cabello colorado, tirando más bien a anaranjado, le recordaba a Sakura. Su forma de combate, la confianza que parecía emanar. En cambio, Hanabi en muchos aspectos se parecía a ella. Seguro, tenía más confianza en sí misma que la que Hinata había tenido en el pasado y era más fuerte, pero era igual de tímida, amable y cordial que ella. Aún así, no se rendía; no se dejaba vencer, y Hinata sabía que eso se debía a la persona que su hermana admiraba secretamente. Como ella, Hanabi tenía alguien que la hacía desear ser mejor y soportar la presión de ser del clan Hyuuga –porque todos tenían esa persona. Y, como ella, Hanabi no le había dicho nada a esa persona. Konohamaru, al igual que Naruto, jamás lo descifraría por su cuenta. Por eso, la observó levantarse de nuevo; y cuando Moegi le arrojó una seguidilla de kunai y shuriken, Hinata se sorprendió de ver a su hermana rechazar el ataque girando rápidamente y emanando chakra de todo su cuerpo. Con gracia, luego, se detuvo.
Kiba, a su lado, se mostró igual de sorprendido —¡¿Esa no es la técnica de Neji?
Hinata asintió suavemente, observando a Hanabi recuperar la confianza en sí misma y atacar a la otra chica con todas sus fuerzas —S-Si... E-Esto... Neji-nii-san ha a-ayudado a H-Hanabi-imouto-chan a entrenar... —y ella sabía cuan duro se había esforzado su hermana durante aquellos entrenamientos. Cuantas madrugadas se había despertado por los ruidos de Hanabi entrenando en el patio delantero de la casa con todas sus fuerzas para volverse más fuerte. Mejor. Digna de las expectativas de su exigente padre. Y estaba feliz por ella, estaba triste en parte, pero estaba feliz de que su hermana lo hubiera logrado. A pesar de que no eran tan unidas como Hinata habría deseado.
Cuando terminó el combate, con Hanabi como triunfadora, ambos se pusieron de pie y abandonaron cuidadosamente el estadio. Una vez fuera, se detuvieron, pero Kiba no dejaba de contemplar preocupado a Hinata. Desde que el combate con su hermana había prácticamente empezado no había vuelto a hablar. De hecho, había permanecido en completo silencio y con la mirada ligeramente perdida. Había momentos en que miraba a su alrededor, pero no parecía buscar nada. Simplemente lucía perdida.
—Oy, Hinata. ¿No irás a felicitar a tu hermana?
La muchacha contempló a Hanabi intentar hablar con Konohamaru, pero su rostro enrojecía a cada segundo. Además, su padre y Neji la aguardaban unos pasos más atrás. Por lo que simplemente negó con la cabeza —N-No... esto... e-esta bien Kiba-kun...
Él enarcó una ceja —¿Segura?
Hinata asintió con delicadeza —S-Si... esta b-bien...
Molesto, el castaño volvió su cabeza en la dirección de Hiashi. Le irritaba, y lo hacía de sobremanera la indiferencia que el resto del clan manifestaba hacia su compañera. Desde el inicio, Hinata no había hecho más que querer complacerlos, que querer ser parte del clan, sentirse parte de ellos. Todo lo que quería y había querido era eso, el sentimiento de pertenencia. El que reconocieran su valor y su esfuerzo y le dijeran, tan solo una estúpida vez, que estaba haciendo las cosas bien. Que no estaba sola. Que ellos la apoyaban. Pero no era el caso, nadie había siquiera virado sus "privilegiados" ojos en la dirección de ella. Era injusto, sumamente injusto, y más lo era que cuando Hinata había empezado a captar la atención de su padre esta había sido atraída a su hermana una vez más. No intencionalmente quizá, o tal vez si, pero no importaba. Le enervaba y provocaba enormes deseos de patear los estirados traseros del clan Hyuuga. Pero ella nunca se lo permitiría, nunca lo querría. Aún cuando ellos la dañaran, Hinata nunca sería capaz de hacerles mal a ellos. Porque Hinata era así. Pero él no, él no era paciente ni sensato ni circunspecto y no era amable. Y si ella se lo dijera él les daría un buen golpe con gusto. Pero tendría que quedarse con las ganas de hacerlo. Desgraciadamente.
Apretando los dientes, la tomó de la muñeca –provocando que se sonrojara ligeramente- y tironeó algo bruscamente de ella —Ven, vamos Hinata.
—E-Esto... Si... —susurró, intentando mantenerle el paso a su compañero de equipo quien continuaba llevándola lejos del gentío de la muñeca. Sonrojada completamente balbuceó—. Ummm... Kiba-kun... esto... m-mi mano...
Él rió y la soltó de inmediato, dejando entrever sus largos colmillos —Heh. Cierto, lo siento Hinata.
—E-Esta bien... —musitó, comenzando a caminar nuevamente al lado del castaño. El cual hablaba ahora de los combates de Sasuke y Naruto, mientras ella oía atentamente.
—Y más le valía al muy idiota ganar —concluyó, conversando energéticamente –tal y como era él. Sin embargo, antes de retomar su habladuría, se detuvo en seco; colocando una mano frente a Hinata para detenerla de continuar caminando.
Desconcertada, ella se volvió a él —¿K-Kiba-kun...? —sorprendida de verlo en completo estado de alerta y listo para atacar –o defenderse, según fuera el caso-, con sus colmillos expuestos y todo—. ¿Ki-
Pero la mano de él descendió lentamente hasta volver junto a su cuerpo y su semblante de alerta se transformó inmediatamente en uno de desagrado. Aún con el cambio, sus colmillos seguían asomando debajo de su labio superior. Finalmente, se irguió completamente y su voz sonó ronca al hablar —¿Cuánto más planeas seguirnos?
¿S-Seguirnos...? ¿Cuándo había alguien empezado a seguirlos? No lo sabía pero, fuera quien fuera, era fuerte y había sido cauteloso y sumamente cuidadoso. Porque, de otra forma, ella se habría percatado. Si, fuera quien fuera, era poderoso, porque su sola presencia le estaba causando una seguidilla de escalofríos que descendían por su espalda. ¿Q-Quien...?
—¿Kiba —miró a su amigo aún tieso—... -kun?
