Disclaimer: Ningun personaje de Naruto me pertenece.
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Hola a todos, ¿cómo están? Espero que bien. En fin, dado que no voy a poder subir este capítulo más tarde, y porque no quiero romper mi promesa, decidí subirlo antes. Como siempre, y perdonen mi brevedad dado el escaso tiempo que tengo, quiero agradecerles de todo corazón. De verdad, me animan mucho. Por eso, ¡gracias!. A todos. Y ojalá siga sabiendo de ustedes. ¡Nos vemos y besitos!
El niño monstruo y la niña que no quería el mundo
VIII
"Amenaza"
—¿Cuánto más planeas seguirnos?
¿S-Seguirnos...? ¿Cuándo había alguien empezado a seguirlos? No lo sabía pero, fuera quien fuera, era fuerte y había sido cauteloso y sumamente cuidadoso. Porque, de otra forma, ella se habría percatado. Si, fuera quien fuera, era poderoso, porque su sola presencia le estaba causando una seguidilla de escalofríos que descendían por su espalda. ¿Q-Quien...?
—¿Kiba —miró a su amigo aún tieso—... -kun?
Pero él la ignoró, simplemente tensó la mandíbula y observó de soslayo a la presencia que hacía ya desde unos minutos que llevaba siguiéndolos. Por supuesto, él se había percatado desde el inicio gracias a su privilegiado olfato. Lo había olido desde el inicio, desde que había aparecido exactamente unos metros tras ellos, pero había querido evaluar hasta donde tenía intenciones de llegar y cuales eran sus motivos para estar caminando tras ellos con tal sigilo y silencio —Te pregunté, que hasta cuando planeabas seguirnos —dicha persona no respondió y Hinata no supo si debía voltear o no—. ¿Por qué nos sigues?
Esta vez, una voz profunda, masculina y terriblemente seria –con un ligero borde cortante- respondió —No tengo ningún asunto contigo —no era amenazante, ni era una advertencia, pero era un indicativo de que no tenía intenciones de lidiar con él, ni establecer ningún tipo de altercado –ya que era un aliado y no un enemigo- y que no era negociable tampoco.
Por supuesto, siendo la persona orgullosa que Kiba era, no tomó las palabras a la ligera. De hecho, solo le causaron más enfado, como si aquello que le había sido dicho fuera el peor insulto del mundo. Y para él lo era. NADIE, lo despreciaba ni lo trataba como si fuera algo accesorio. Como si fuera un estorbo. Su orgullo de Inuzuka jamás le permitiría tolerar tal ofensa, así como tampoco aceptaría ser corrido del centro de atención —¿Qué quieres?
Se cruzó de brazos, serio y sumamente parco. Como previamente había sucedido, su voz sonó tajante, cortante. Sin lugar para réplica alguna —Mis asuntos son con Hyuuga Hinata.
Los ojos perlados de ella se abrieron desmesuradamente y el nerviosismo y la tensión se acrecentaron en su delicado y frágil cuerpo. Dubitativa, se volteó a ver al vocero. Por supuesto, había sabido que se trataba de él desde el momento en que había hablado, pero había optado por no voltearse a causa del altercado con Kiba —¿S-Sucede algo... —tragó saliva, nerviosa—. G-Gaara-kun...?
Pero antes de que el pelirrojo pudiera decir siquiera algo, Kiba volvió a interceptar la conversación. ¡Oh no!, no había forma de que lo dejara afuera, más aún si aquello involucraba a Hinata. Shino lo mataría si algo le sucedía, y él mismo jamás se lo perdonaría. Sin mencionar a Kurenai, por supuesto —¿Y si Hinata no quiere hablar contigo, o acercarse a ti?
Él no se inmutó, como si hubiera esperado aquello, como si todo estuviera previsto en su cabeza. Un obstáculo, eso era, o una negativa. Fuera cual fuera, Gaara había considerado que tal cosa pasaría. ¿Estaría dispuesto a llevar las cosas a otro nivel si lo que deseaba no le era concedido? —No pretendo eclipsar sus opciones.
El Inuzuka apretó los dientes. Aquel sujeto lo estaba fastidiando. Pero más lo hacía el hecho de que no manifestaba nada, no había nada en él que delatara que estaba furioso como él mismo se sentía en aquel momento. Kiba sabía que en otra época aquella persona le habría quebrado todos los huesos y salpicado con su sangre a la mismísima Hinata sin parpadear, porque lo había visto hacer lo mismo con otras personas. Incluso le había destrozado un brazo y una pierna a Rock Lee, sin piedad alguna, dejándolo inconsciente y al borde de tener que renunciar a su carrera como shinobi. Y suponía que el que no lo hubiera intentado matar –aún- era una prueba de que Naruto tenía razón. Pero él era terco, y Naruto nunca –o casi nunca- tenía razón, y no bajaría la guardia por ello. No aún.
—E-Esto... esta bien Kiba-kun... —susurró ella finalmente, jugando con timidez con sus delgados dedos.
—¡¿Qué? —exclamó, observándola como si hubiera perdido la cabeza. Y quizá lo había hecho. Seguro, Hinata era amable y fiada, y creía en la bondad de las personas, pero había un límite entre ello y completa y absoluta imprudencia y estupidez. Y aquello era exactamente eso para él, una completa y absoluta imprudencia y estupidez—. ¡Oy, Hinata! No creo que...
Pero la joven solo negó con la cabeza muy suavemente, sus mejillas adquiriendo un tono ligeramente rosado. Tal y como sucedía siempre —Esta b-bien K-Kiba-kun... Estaré b-bien con Gaara-kun... ¿Verdad? —murmuró, comenzando a caminar lentamente hacia él, pero una mano la detuvo por la muñeca.
—Hinata... no es buena idea, recuerdas lo del bosque... Incluso Akamaru... —insistió. Si, era terco, ¡maldición!, y no se rendiría fácilmente. No si podía evitar que el corazón enorme y el juicio pequeño de Hinata la pusieran en peligro. Y en su opinión, eso era lo que estaba sucediendo allí.
Cohibida, la chica miró al pelirrojo que aguardaba aún de pie, inmóvil, y como parecía habitual en él, con los brazos cruzados delante de su pecho y luego a su compañero de equipo con la mirada suavizada —E-Esto... Gaara-kun n-no es malo Kiba-kun... Yo...
Finalmente la soltó, rendido y enfadado. No, no le gustaba perder, ni siquiera en una estúpida discusión como aquella. Y menos aún le gustaba todo aquello, pero no veía alternativa al respecto —Si, si. Tú crees en él porque el otro idiota lo hace... Como sea.
Entristecida, ella bajó la mirada —¿E-Estás enfadado c-conmigo Kiba-kun...?
Tuvo que morderse la lengua para no decirle lo que realmente pensaba. Que si, estaba enfadado con ella, con él, con el Kazekage de la aldea de la arena y con toda la situación. Y que si, pensaba que estaba cometiendo un error y que eso le irritaba de sobremanera, pero no lo hizo. No lo dijo, porque sabía que la dañaría y la haría llorar y él no deseaba hacerle eso a ella. En el pasado había perdido varias veces los estribos de esa forma y ese había sido el resultado, pero se había convencido de intentar controlarse alrededor de Hinata. Seguro, Shino podía soportar y tolerar su áspera personalidad cuando no estaba complacido, así como lo podían hacer Naruto y todos los demás, pero ella era demasiado suave para hacerlo. Demasiado bondadosa. Demasiado malditamente amable, tanto que lo hacía sentirse culpable. Y odiaba sentirse de esa forma.
—¡Bah! No —mintió, dándose media vuelta y comenzando a marcharse, sin siquiera mirar atrás. No quería hacerlo, no podía hacerlo. Y no lo haría.
En silencio, y ligeramente alicaída, Hinata lo observó marcharse hasta que desapareció entre los árboles del bosque mientras que ella aún permanecía en la lindera. Kiba había dicho que no, pero aún así sentía que lo había hecho enfadar. Que lo había alejado ella, pero esa nunca había sido su intención. Sin embargo, todo pensamiento y toda tristeza que sintiera en el momento fue barrida cuando una voz profunda y el gélido aliento de alguien chocó contra su nuca. No muy cerca como para tocarla, porque de hecho nada había entrado en contacto con ella, pero no lo suficientemente lejos como para sentirse cómoda —Hyuuga Hinata.
Aún más nerviosa que antes, se volteó con cuidado para ver a Gaara a no más de unos pasos de ella. Intentando encontrar su voz, en algún rincón recóndito de su seca y rasposa garganta, susurró; sonando más pequeña y tímida que de costumbre —¡G-Gaara-kun...! —retrocedió tambaleándose un poco y con el semblante ardiendo. No era culpa suya, simplemente no podía evitarlo. Era como un reflejo, uno bastante tonto y vergonzoso. Pero era uno que aún no podía erradicar por completo. Y eso era, el nerviosismo frente a la cercanía, particularmente, de personas del sexo masculino. Era tal la vergüenza, que una vez Kiba se había acercado demasiado a su rostro –cuando ella había estado pensando en Naruto- que se había visto forzada a retroceder como si hubiera visto un fantasma. Rostro bermellón, jadeo agitado, sudor frío y todo. En otra ocasión, Shino la había sorprendido y ella se había terminado cayendo de la rama en la que estaba parada –habiendo perdido la concentración en su acumulación de chakra a la planta de los pies- y la serie de situaciones vergonzosas continuaban. Aún a sus 18 años, se sentía incómoda si Neji se acercaba mucho.
—¿Me temes? —la cuestionó él, grave, sin miramiento alguno. Sin parpadear siquiera. Era una pregunta sencilla, que requería de una respuesta de la misma naturaleza. Si o no, eso era todo lo que tenía que responder, y Gaara se inclinaba a pensar que afirmaría en vez de negar a su pregunta. Principalmente, porque en su vida habían predominado personas de esa naturaleza. Personas que le temían, que lo miraban con horror, que intentaban mantener su distancia y que huían y retrocedían cuando él se acercaba. Todos retrocedieron un paso, alejándose de él. Todos ellos, todos y cada uno, lo miraban con repugnancia y asco —Tú eres... Es Gaara... Gaara de la arena... ¡Corran!. Y eso era lo que ella acababa de hacer. Había retrocedido de él, se había alejado como espantada de su presencia. Aún Naruto le había temido cuando lo había visto de esa forma la primera vez que lo había encontrado con la mitad de su cuerpo transformada en el Shukaku, y ella no tenía porque ser la excepción. Aún cuando los años habían pasado y él era el Kazekage, para muchos aún era el monstruo que había sido. Y lo era, estaba en él, estaría siempre y jamás podría arrancarlo, pero ya no era parte de su presente. Temari y Kankuro entendían eso, Naruto también, así como parecían hacerlo Matsuri y Baki. Y por eso permanecían a su lado. La aldea, por otro lado, estaba llena de todo tipo de personas. Desde aquellas que lo habían aceptado y que habían esperado con ansia su regreso tras el secuestro por parte de Akatsuki, hasta los que lo evaluaban con cautela, como los ancianos y más antiguos, hasta aquellos que le temían. Así como estaban las nuevas generaciones que permanecían ignorantes a su pasado oscuro. Muchas de ellas, al menos.
Pero, una vez más, la grieta en su mente se abrió ante la respuesta de ella —Y-Yo... no c-creo... Gaara-kun... —susurró.
Pensó, entonces, que sería extremadamente fácil quebrarle los huesos, quebrarla completamente y detener el efecto turbulento e inestabilizador que tenía en él. Si, sería muy fácil, un movimiento de su arena y el trabajo estaría hecho; pero no lo haría. En el pasado, esa había sido su metodología y había resultado, había evitado que dejaran de mirarlo con miedo. Ya no lo miraban siquiera. Y siempre que le molestaba algo simplemente lo hacía desaparecer, lo derramaba en sangre en el suelo y hacía que las miradas desaparecieran a la par que lo hacía la vida de sus ojos. Era fácil, pero había aprendido que no debía ser así. Que no había cosas fáciles ni atajos y que tenía que lidiar con su propia soledad a su manera, y había optado por seguir la manera de Naruto. Con tal de escapar de la soledad, no tengo más opción que trabajar duro y construirme mi propio camino. Si hago eso, algún día... Algún día... podré ser como él.
Recordando sus propias palabras, retornó a un estado de neutralidad, pero sus ojos nunca la abandonaron a ella —No le agrado a tu compañero de equipo.
Hinata negó con la cabeza rápidamente, agitando las manos nerviosa frente a su cuerpo —E-Esto... no, K-Kiba-kun no quiso... él n-no... Shino-kun y Kiba-kun solo q-quieren protegerme... E-Ellos...
—Hacen bien —sentenció serio—. ¿Qué te hace pensar que estás a salvo conmigo?
La joven Hyuuga alzó la vista, notando que nuevamente él daba un paso hacia ella. G-Gaara-kun no me d-dañará. Gaara-kun no m-me dañará. Se repitió una y otra vez, inconscientemente alzando los brazos frente a su pecho. Luego, con un hilo de voz, susurró —N-Naruto-kun... él confía en ti Gaara-kun... y-yo... por eso yo también l-lo hago... A-Además... t-tú me ayudaste... —armándose de valor, hizo una rápida reverencia—. ¡L-Lo siento...! Lamento... lo que d-dijo Kiba-kun... Y... ummm... G-Gracias...
Inmóvil, parpadeó; observándola inclinada hacia él y pidiéndole perdón y agradeciéndole. Aún así, fue en cuestión de instantes que logró recobrar su templanza —Eres una persona importante y cercana para ellos —no era una pregunta.
Aún así, ella sintió que debía confirmárselo —S-Si... Kiba-kun y S-Shino-kun... e-ellos son...
—Y yo resulto una amenaza a eso preciado para ellos —tampoco era una pregunta, sino el esclarecimiento de otro hecho.
Avergonzada, ella volvió a negar con la cabeza. En verdad pensaba que no había sido amable de parte del castaño de decir aquello —E-Estoy segura de que K-Kiba-kun no q-quiso d-decir eso G-Gaara-kun... tú n-no eres...
Él alzó una mano a su frente y pasó con parsimonia la yema de sus dedos por sobre la carne socavada que formaba el kanji que él mismo se había hecho de niño. Tú naciste con el Shukaku de la Arena, y luego fuiste observado como un conejillo de indias, Gaara-sama. Pero ya no podías controlar el poder del alma viviente, Shukaku, y eras incapaz de manipular la arena a tu voluntad... tu existencia se estimaba como un peligro a la aldea —No es la primera vez que me llaman así.
Hinata pareció triste ante esto —Y-Yo no creo... n-no creo eso... —susurró.
Pero esto pareció alterarlo más de alguna forma, como si las palabras de ella fueran más bien un insulto —¿Por qué?
Bajando la cabeza, pensó que quizá había hecho algo malo. ¿Qué? No tenía idea pero algo que ella había dicho o hecho, había causado que él estuviera molesto. O eso creía al menos. Y no podía encontrar forma alguna de responderle, no porque no supiera que decir, sino porque el tono de él la había dispersado por un momento. Y no sabía si responder o disculparse por aquello que había hecho mal —E-Esto... yo... u-uh... —balbuceó incoherentemente.
Él la observó enredarse en sus propias palabras, recordando repentinamente lo que su compañero había dicho antes de marcharse a regañadientes. Si, lo recordaba perfectamente. Hinata... no es buena idea, recuerdas lo del bosque... Incluso Akamaru... Y ahora estaba positivamente seguro que aquella muchacha, y su equipo, eran los que se habían entrometido cuando había asesinado a aquellos shinobi de la lluvia en el examen chuunin. Y sabía perfectamente que si Temari no hubiera sido capaz de calmarlo, él los habría asesinado a los tres. Y quizá a sus hermanos también, porque en esa época no le importaba nada más que renovar su existencia a cuesta de otros. Y ella había estado en el lugar equivocado en el momento equivocado. Pero, por alguna razón, ella aún seguía con vida. Otro día la habría asesinado.
—Tú me viste —dijo, dando un paso a ella; y comprendió al instante que Hinata sabía de qué estaba hablando porque el mero recuerdo le provocó un escalofrío y la hizo retroceder otro paso hacia atrás—. En el bosque de la muerte.
En silencio, asintió, cerrando fuertemente los ojos e intentando olvidar las imágenes que asaltaban su cabeza. Así que una lluvia de agujas, ¿no? Entonces yo voy a hacer que caiga una lluvia de sangre. Puedo cubrir tu bocota y matarte... Pero eso sería una pena para ti. Si te metes en mi camino, te mataré...
—¿Ahora quieres huir? —la cuestionó estoico, esperando que por una vez reaccionara como él esperaba que hiciera. Como sería lógico que hiciera.
Pero ella solo apretó los ojos aún más e intentó armarse de valor nuevamente —N-No... yo...
Su voz sonó más grave al repetir las palabras que años atrás había dicho. Años atrás cuando Naruto aún no había cambiado su visión del mundo —Tomé la vida de la mujer que me dio a luz cuando nací. Para convertirme en el ninja definitivo mi padre usó una técnica ninja para unir un espíritu de arena al mío. Era un monstruo cuando nací.
Hinata solo negó con la cabeza —C-Cometiste errores... pero... por esos errores... o-obtienes la f-fuerza para enfrentarte a e-ellos... por eso c-creo... que n-no eres malo Gaara-kun... yo c-creo... q-que eso t-te hace v-verdaderamente f-fuerte, como Naruto-kun... él... Naruto-kun e-es fuerte p-porque quiso c-cambiar... —suspiró—. P-Por eso yo t-también... quiero c-cambiar... y ser f-fuerte... como tú y N-Naruto-kun... Y c-como Neji-nii-san...
Paralizado, observó a la muchacha removerse incómoda en su lugar. Pero no era solo su cuerpo lo que se había tensado y erguido y agarrotado, sino que su mente era la principal afectada. No lo entendía, debería estar alejándose de él, deseando estar lejos y repitiendo en su cabeza la forma despiadada en que había matado a esos ninjas aquella vez, creyéndolo un monstruo. Debería sentir pánico de que solo se acercara y debería odiar estar allí con él. Debería haber hecho caso a su compañero, pero no lo había hecho. Y no solo no lo había hecho, sino que decía verdaderamente creer que no era un monstruo. Que no era el monstruo que había sido, y que no seguía siendo capaz de retornar a un estado de semejante inestabilidad. Más aún, cuando ella lo estaba empujando a ello. Al precipicio, como Naruto había aquella vez.
—¿Qué significa Uzumaki Naruto para ti? —necesitaba saberlo. Necesitaba comprenderlo, comprenderla. Saber qué era eso que estaba tan mal con ella. Saber porque creía tanto en él, cuando él nunca le había dado motivos de nada. Ni a ella, ni a nadie.
Esta vez, completamente enrojecida, bajó la cabeza y comenzó a juguetear con sus dedos de forma nerviosa casi compulsiva —N-Naruto-kun... Naruto-kun... él... N-Naruto-kun... siento q-que cuando e-estoy c-cerca de él, el valor c-crece en mi interior... P-Por él... siento q-que valgo algo... Y-Yo... estaba perdida y siempre lloraba... —Gaara la observó en silencio, inexpresivo—. V-Ver a Naruto-kun esforzarse... me hace desear e-esforzarme también... M-Me hace s-sentir... que no e-estoy sola... —concluyó, en un susurro prácticamente fantasmagórico, aún jugando con sus dedos e igual de sonrojada que antes. No sabía porque lo hacía, ni porque lo hizo, pero lo cierto era que Hinata nunca conoció otra forma. Otra forma de ser ni de sentir que no fuera derramándose con toda honestidad. No hablaba demasiado, no, pero si alguien le preguntaba ella era honesta, porque era todo lo que sabía y estaba en ella ser de esa forma. Y los ojos de él la hacían sentirse como si estuviera hablando con alguien que la comprendía. Aún cuando Gaara no decía nada, y casi nunca lo hacía. No importaba. Sus silencios eran más que suficientes.
—Tu vínculo con él —soltó, sin la menor manifestación de incomodidad. De hecho, no lucía en absoluto de esa forma— es de amor.
Los ojos perlados de ella se abrieron desmesuradamente y estuvo segura de que si no hubiera superado la reacción de desmayarse frente a la incomodidad en el pasado, habría vuelto a hacerlo, pues este parecía un momento que la habría hecho perder el conocimiento en otra ocasión. Y aún no estaba segura de cómo reaccionar —¡E-Esto... uh... N-Naruto-kun... él... u-uh...! —negó con la cabeza. Estaba perdiendo la confianza en sí misma una vez más. Alicaída, suspiró—. Yo... Naruto-kun... él ama a Sakura-san...
—¿Y tus camaradas?
Sonrojada, Hinata negó con la cabeza, comprendiendo a qué se refería él —N-No... esto... K-Kiba-kun y Shino-kun se p-preocupan por mi... Yo... l-los aprecio... E-Ellos siempre c-cuidaron de m-mi... —volvió a hacer un gesto suave con la cabeza—. P-Pero... e-es distinto... Shino-kun y Kiba-kun s-son...
La voz profunda de Gaara la sacó del estado de ensimismamiento en que se había sumido intentando esclarecer las diferencias entre ambos vínculos. Su voz y su semblante, como siempre, completamente serios —Amor es la devoción y dedicación que le das a alguien cercano e importante a ti... Se expresa cuidando y protegiendo a esa persona. Como tu compañero.
Enrojeciendo aún más, si aquello era remotamente posible, volvió a negar con la cabeza. Nerviosa —¡N-No...! E-Esto... no... K-Kiba-kun... él no... K-Kiba-kun no m-me ve así... Él no... no me ve d-de esa forma... Esta vez, sin embargo, Gaara pareció perdido. Seguro, desde que Naruto había cambiado su forma de ver había decidido intentar comprender los vínculos. Tener una mayor perspectiva de ellos. Tal y como le había dicho a su hermano, trabajaría duro para intentar entender de que se trataban estos y construir su propio camino. Y creía haber empezado a vislumbrar algo. O eso le había dicho a Kankuro. Sufrimiento... tristeza y alegría... Poder compartirlos con otra persona... Si, eso había creído, junto con las palabras de Yashamaru –a pesar de que le causaba dolor y un frío sentimiento de soledad pensar en ello. Al menos en teoría. Y hasta el momento le habían servido, de alguna forma. Proteger... cuidar... Eso era lo que le habían dicho que era el amor, eso mismo había visto él en Naruto durante aquel combate, cuando desesperadamente había intentado proteger las vidas de sus camaradas. Y él había tenido la certeza de comprender la teoría de ello. Temari, Kankuro... Naruto inclusive... eran los vínculos que había logrado establecer. De los que continuaba aprendiendo, pero ella parecía estar haciendo una salvedad en relación a esto. Parecía estar hablando de otro tipo de vínculo. Seguro, él había notado las diferencias entre unos y otros, entre sus vínculos con sus hermanos y aquel con Naruto, pero aún no lograba comprender en qué radicaba la diferencia y las implicancias que estos tenían. Solo que eran distintos, la naturaleza de sus relaciones eran distintas. Así como el trato que se profesaban en el contexto de ellas.
—¿Distinto? —preguntó finalmente, terriblemente serio y aguardando una respuesta.
Hinata, avergonzada, asintió —S-Si... ummm... N-Naruto-kun... él... es como M-Matsuri-san...
Los ojos de él intentaron buscar en la expresión de la joven Hyuuga algo que delatara a que apuntaba, a que se refería mencionando a la que una vez había sido su alumna de esa forma, pero no encontró nada. El color del rostro de la chica oscilaba entre tonos rosados y carmín, dependiendo el momento y lo que estuviera diciendo, pero eso no parecía ser un indicador de nada que pudiera serle de utilidad. Además, Hinata continuaba con la vista en el suelo y jugando nerviosamente con sus manos, acompañando el extraño comportamiento de colorear su piel de esa forma.
—Matsuri-san... e-ella... e-esta enamorada de t-ti... G-Gaara-kun... —los ojos fijos de él le indicaron que esperaba que ella fundamentara sus palabras—. Y-Yo... yo lo se porque... porque a-así es como m-me siento cuando e-estoy cerca de Naruto-kun...
Aún más abochornada, alzó ambas manos a su pecho y clavó sus ojos pálidos en el suelo. Más concretamente, en sus pies, los cuales observaba como si fueran lo más interesante del mundo. Gaara-kun p-pensará que soy una tonta... P-Por haber dicho eso...
Pero si tuvo pensamiento alguno de tal naturaleza, no dijo nada. Hinata sabía que si se hubiera tratado de cualquier otra persona, probablemente se habría reído de ella. Dicho que era una tontería pensar eso y más aún decirlo en voz alta. Pero él no había dicho nada, ni hizo ademán alguno de reírse o burlarse de sus palabras. De sus sentimientos. Y se sintió verdaderamente agradecida por ello, porque le había confesado algo que quizá era demasiado privado y él podría haber hecho con aquello lo que quisiera. Pero no lo hizo, nadie había sido tan considerado con sus sentimientos previamente.
—E-Esto...
—Desconozco ese tipo de vínculo —Gaara la cortó, finalmente.
Hinata lo miró apenada y, armándose de valor, susurró las palabras que habían asaltado ese instante a su cabeza —E-Eso... es muy t-triste... —y lo era. Ella había estado sola, desde el inicio, como él, pero desde el principio también había tenido a Naruto. El rubio, sus palabras, y su fuerza de voluntad la habían mantenido sobre sus dos pies, le habían hecho limpiarse las lágrimas del rostro y decidir que quería continuar avanzando hacia delante y no continuar cayendo hacia abajo. Él no, él había estado solo, desde el inicio, cayendo, hasta que probablemente se había roto al tocar fondo (porque nadie había sido capaz de detenerlo), y eso era triste. Muy triste.
Inconscientemente, dio un paso hacia él y extendió tímidamente su mano, solo para que una pequeña barrera de arena la detuviera de entrar en contacto con el dorso de la mano de él. Avergonzada completamente, y comprendiendo la tontería que había cometido en un momento de empatía, la retrajo como si se hubiera quemado, depositándola cuidadosamente contra su propio pecho —E-Esto... ¡lo siento K-Kazekage-sama... no q-quise... yo...!
Pero él continuaba contemplando su mano fijo. La escena le era familiar, de alguna forma, aunque distinta. Cierto era, que él no tenía complejo alguno en lo referente al contacto físico –aunque no estaba familiarizado con ese tipo de manifestación tampoco- pero había notado cierto rechazo en las demás personas para que él se acercara demasiado. Por eso, había optado por mantenerse a una distancia prudente, manteniendo todos sus vínculos a un nivel de cierta formalidad. Era más fácil de esa forma, y además la mayoría de sus lazos eran de esa naturaleza de todas formas. Con su aldea, con los habitantes de ella, con sus consejeros y con los otros Kage. Sus hermanos, eran la excepción, pero ellos tampoco eran personas de forzar el contacto físico. De hecho, rara vez lo hacían. Y estaba bien. Naruto y Matsuri, por otro lado, no habían mostrado nunca un distanciamiento físico como los demás. Naruto, de hecho, sin miramiento alguno, le había colocado una mano en el hombro al despertar. Lo había ayudado a ponerse de pie –y mantenerse de esa forma- mientras rezaban a pedido suyo por la anciana Chiyo, junto con Kankuro. Y le había estrechado la mano, aunque él había debido darle a entender que estaba bien hacerlo, antes de partir.
Y ahora ella tampoco había tenido reparo en acercarse a él, así fuera por un momento. Por ello, y como aquella vez, manipuló la arena con cuidado, y lenta y progresivamente envolvió la mano pálida y pequeña de ella hasta comenzar a alzarla cuidadosamente sin apartar los ojos de la punta de sus pálidos dedos. Cohibida, Hinata observó el rostro de concentración de él y la forma en que su entrecejo se fruncía por momentos. Pero luego se sintió sonrojar aún más cuando las yemas de sus dedos entraron en contacto con la piel de él. Sonrojada, le rozó el dorso de la mano tímidamente. S-Se siente... á-áspero... Pensó, tragando saliva con nerviosismo al verlo dar un paso más hacia ella, quedando frente a frente. Gaara-kun e-esta... muy c-cerca...
Con un hilo de voz, susurró —¿G-Gaara-kun...?
Pero el pelirrojo cerró únicamente los ojos y, tras la aparición de unas cuantas grietas en su rostro, dejó caer la armadura de arena que habitualmente le cubría el cuerpo. Parpadeando desconcertada, Hinata vio la arena caer al suelo y al rozar accidentalmente su mano una vez más con el dorso de la de él notó que ya no era igual de áspera que antes. De hecho, no era fría tampoco –como había pensado que sería, sino cálida y extrañamente suave. Ruborizada, curvó con timidez los dedos hacia la palma de él, pero –ante esto- Gaara se tensó y retrocedió un paso y luego otro. Todo su cuerpo, todos sus músculos, del primero al último se agarrotaron en el instante en que ella intentó aquello. Su mandíbula se tensó.
Preocupada, ella alzó –con todo el esfuerzo que aquello le significó a causa del nerviosismo- su vista a él. Pero Gaara había recobrado ya su neutralidad habitual y la arena había vuelto adherirse a su piel y a fundirse con el color de esta. Una vez más, se había cerrado sobre sí mismo —L-Lo siento... N-No quise... Creo... q-que hice algo m-mal... —susurró.
Pero el pelirrojo únicamente negó con la cabeza y tras formar un sello desapareció en un remolino de arena, tal y como Hinata lo había visto hacer durante el examen chuunin. Y ella se quedó allí, inmóvil, pensado que –quizá- había hecho algo para que se enfadara. Pero eso era lo último que Hinata había querido. Solo había querido... ser amable con él, ser afable... G-Gaara-kun...
