Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
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Hola a todos, ¿cómo están? Espero que bien. Como siempre, voy a tratar de ser breve. En parte, porque probablemente ustedes no quieran leer las tonterías que tengo para decir; y segundo, porque mi hermana me espera para seguir viendo Naruto. Si, logré convertirla, pero estoy acompañándola hasta que se ponga al día (y falta...). En fin, como siempre, quería decirles gracias. De verdad, se que la formalidad de mi forma de escribir le quita su cuota de afecto y efusividad pero en verdad lo siento. Gracias por todo y a todos, lectores, personas que dejan reviews y demás. Me hace muy feliz saber que al menos alguien, en algún lugar del mundo, disfruta lo que yo escribo desde mi humlde -si se puede decir- habilidad amateur. Por eso, les agradezco. Ojalá disfruten este capítulo. ¡Nos vemos y besitos!
El niño monstruo y la niña que no quería el mundo
XI
"Barrera absoluta vs. Juuken"
Lenta, grácilmente, extendió una de sus manos hacia delante, estirando los dedos largos y pálidos hacia arriba y apuntando con su palma hacia su oponente. Sus piernas, con la misma delicada gracia, se separaron ligeramente ayudándola a adquirir mejor la pose característica de su modalidad de combate. Delante de ella, su oponente reflejó al instante todos sus movimientos, con la diferencia de que estos carecían de la delicadeza propia femenina de ella y del hecho de que lucían menos vacilantes, y más firmes y seguros. Los ojos que le devolvían la mirada, igual de vacíos y blancos que los de Hinata, también poseían esa misma confianza. Eran serios, y severos, y reflejaban concentración absoluta. Control absoluto. Era como si Neji –siempre- estuviera en perfecto control de sí mismo y de su cuerpo, como si supiera qué ocurría a cada instante en cada rincón de él y supiera utilizar eso a su favor. Hinata aún no comprendía como lo hacía, y definitivamente no alcanzaba ese estado de completo equilibrio y armonía, pero lo intentaba. Se esforzaba, mejorando su chakra, su capacidad de acumularla, de moldearla, y entrenaba. Entrenaba por su cuenta, con sus compañeros de equipo y con su primo. Y lo hacía con todas sus fuerzas, rogando que un día, pudiera ser como todos ellos. C-Como Naruto-kun... Y Como N-Neji-nii-san... Que pudiera ser fuerte, y útil. A su equipo, a su familia, a su aldea. Ese era su sueño. Quizá no fuera algo grande, como el sueño de Naruto de ser Hokage, pero era suyo. Era lo único que era suyo, aquello por lo que luchaba y que nada ni nadie podía robarle. Lo habían intentado, en muchas ocasiones, e incluso la persona que se encontraba delante suyo en aquel momento lo había intentado, pero ella no se había rendido. Había luchado hasta el final, aún sabiendo que era capaz de perder su vida en el intento –y que casi lo había hecho-, pero había valido la pena. Por primera vez, había sentido que había cambiado. Que ya no era la triste y solitaria pequeña Hinata que tartamudeaba y lloraba y se rendía cuando todos a su alrededor la necesitaban. Había fallado a Shino, a Kiba y a Kurenai inclusive –quien había cuidado de ella y confiado en ella desde el inicio-, cuando la habían necesitado. En sus primeras misiones, había sido inútil. Se había deprimido por ello, pero esa ya no era ella. Se había prometido no volver a ser esa.
Y siempre que daba un paso hacia ese sueño –por pequeño que fuera, como entrenar- lo tenía presente. A su sueño, a aquel que le había deseado ser distinta, y a todos aquellos que –en su camino- la habían ayudado a mantenerse fuerte y firme. Y cada vez que daba ese paso pequeño –como entrenar con Neji- lo hacía con todo su corazón, y con todas sus fuerzas, porque esa era su forma de ser, su camino ninja, y no conocía otra forma. No conocía nada más.
Delante suyo, el semblante rígido de Neji se frunció a la altura de entre los ojos y gruesas venas grotescas aparecieron rodeando su mirada blanca en la zona de la sien. Su expresión ahora lucía aún más seria que antes —¡Byakugan!
Ella, imitándolo, susurró con voz suave —B-Byakugan... —e inmediatamente su piel pálida y lisa se vio alterada por la misma aparición de venas que manifestaba su primo. Las palmas de este, amenazante, apuntaban en la dirección de ella.
Aún así, no se permitió intimidar –si bien Neji era intimidante- y tomando una pequeña bocanada de aire comenzó a correr en la dirección de él, quien la eludió haciéndose a un lado ágilmente e intentó asestar un golpe al brazo extendido de ella, tal y como había hecho aquella vez durante el examen chuunin. Pero, esta vez, Hinata logró bloquear el golpe con el dorso de su mano, evitando así el golpe cargado de chakra de él. Jadeando, retrocedió un par de pasos.
—Hinata-sama, un ataque frontal como ese es una imprudencia. No sirve.
—S-Si... Neji-nii-san...
Ella asintió. Las palabras de Neji sonaron duras, severas, y en otra época de su vida quizá la habrían afectado más. La habrían derribado y le habrían arrebatado lágrimas a sus tristes ojos blancos. Pero ella sabía, Neji era así. Era exigente, consigo mismo y con aquellos que lo rodeaban. Y era orgulloso, lo suficiente como para reducir la manifestación de afecto al mínimo posible. Pero había cambiado, Naruto lo había cambiado. Su perspectiva, eso era. Y ahora él se preocupaba. No lo manifestaba demasiado, y no lo hacía abiertamente, pero lo hacía. Se preocupaba, por ella, por Hanabi. Por sus compañeros de equipo, a quienes había tratado con frialdad e indiferencia previamente, como a Lee. Y hasta por el que una vez había sido su sensei. Manifestaba respeto al hermano del que había sido su padre, por quien había muerto este, y manifestaba una cierta disminución de rencor al clan. Aún pensaba que estaban mal, y que el sistema de ramas era aleatorio y elitista, pero así también lo pensaba Hinata. Y deseaban cambiarlo. Esa era la ambición común que los unía (Hanabi también estaba en contra, ahora que era mayor y podía vociferar su opinión) pero de la cual nunca habían discutido nada. Era un acuerdo tácito, sin palabras necesarias al respecto, porque él no las necesitaba. Y ella estaba contenta con saber que él ya no la consideraba todas aquellas cosas que había dicho durante el examen, y que –a su forma- la consideraba alguien importante. Para Hinata, Neji también era importante. Siempre lo había sido, aún cuando tras la muerte de su padre él había comenzado a odiarla. Como aquella vez, aquella en que Hinata había comenzado a tartamudear. Nunca lo diría, pero había sido por ello. N-Ne-Neji-n-nii-san... ¿S-Sabes... d-don-donde esta... H-Hanabi-imouto-chan? La mirada de él había sido fría, desdeñosa. Hmp. Mi lealtad no pertenece al Souke. Pero, ahora viéndolo a los ojos, podía estar segura que ese sentimiento de odio hacia ella había desaparecido. Después de todo, él también había sido un niño, como ella. Uno perdido y abandonado y traicionado por aquellos que se suponía debían cuidarlo. Uno roto. Uno que había hecho lo posible por sobrevivir, como ella. Por eso, Hinata jamás había sido capaz de dejar de considerarlo alguien importante. Jamás había sido capaz de odiarlo, porque lo comprendía. Ella se sentía y se había sentido igual por demasiado tiempo.
Abriendo los ojos desmesuradamente, eludió –a duras penas- la palma derecha de él que iba dirigida a su mejilla derecha. El chakra que rodeaba la mano de él, al rozarla, le produjo un corte en la piel, a la altura de su pómulo. Un delgado hilillo de sangre, brotó de la pequeña herida —La concentración es crucial. De otra forma, morirás.
Hinata volvió a jadear —S-Si... —retomando su pose ofensiva. Una vez más, él había sido severo con ella, pero le agradaba. Neji no le daba ventaja, no se contenía. Aún si sus niveles eran diferentes, y aún si él era capaz de aplastarla con todo su poder, no se contenía. No dudaba en liberar todo su poder contra ella. Por pequeña y frágil que fuera, o que luciera. Por nada. Él luchaba en serio, siempre lo hacía. Y esta era la primera vez desde los exámenes chuunin que Hinata tenía la oportunidad de entrenar con él, por lo que la aprovechará al máximo.
Cerrando los ojos, tomó aire, y volvió a arremeter; esta vez asegurándose de no ir frontalmente como un flecha sino que se concentró en golpear el costado de él. Neji lo eludió, aunque esta vez se vio forzado a esforzarse para hacerlo, e intentó darle un golpe directo al diafragma. Pero Hinata lo esquivó agachándose y, sin retroceder, volvió a intentar golpearle el pecho. El brazo de él desvió el golpe de un manotazo —Muy lento —ella jadeó y apuntó con sus dedos a la rodilla de Neji. Y-Yo puedo... S-Solo debo... a-aumentar mi v-velocidad. S-Ser... más r-rápida... Más... Más... M-Más... Finalmente, la punta de sus dedos impactaron con la rodilla de él, para sorpresa del castaño –quien no había creído que pudiera moverse tan rápido- y la pierna de este flaqueó a causa del impacto. ¿L-Lo... Logré...? Sin embargo, antes de que pudiera reponerse de la sorpresa de haber logrado golpearlo, dos golpes impactaron de lleno en Hinata. Uno en su pecho y el otro en su abdomen, arrojándola hacia atrás con fuerza.
Fatigada, cayó de espaldas contra el suelo. Temblorosa, enterró sus dedos en la tierra y comenzó a levantarse lentamente y con cuidado. Sintiendo sus codos fallarle por momentos. Finalmente, logró arrodillarse y con cuidado se puso nuevamente en pie. Adolorida, sujetó su abdomen. Y notó que, cada vez que respiraba, sentía una punzada de dolor en su pecho. Yo... n-no me rendiré...
Mientras, Neji continuaba observándola sorprendido de la velocidad que segundos antes ella había alcanzado. Aún cuando lo disimulaba, y lo hacía perfectamente pues de su semblante no escapaba nada, su rodilla le temblaba –a causa del impacto-, y la tenía parcialmente paralizada. La podía mover, seguro, pero Hinata había impactado un punto exacto y ahora le costaba plegarla y extenderla, así como se le hacía difícil mantener el peso de su cuerpo sobre ese pie. ¿Cuándo ha...?
Los ojos de él, aún con el Byakugan activado, se fijaron en ella. Hinata ya estaba lista para arremeter una vez más, y él –más ahora que nunca- deseaba continuar con aquel enfrentamiento, pues quería descubrir en que otro campo había mejorado, pero al parecer tendría que esperar —Hinata-sama, creo que deberemos aplazar nuestro combate por ahora.
Agitada, lo observó desconcertada —¿U-Uh...? ¿A q-qué... te refieres N-Neji-nii-san...? ¿Tienes... una misión...?
El castaño, irguiéndose hasta alcanzar su altura habitual, negó solemne con la cabeza y por el rabillo del ojo, observó a la entrada del lugar —Creo que tienes un espectador —dijo, desactivando su línea sucesoria y volviendo su cabeza finalmente hacia el lugar—. Buenas tardes, Kazekage-sama.
Sonrojada, y comenzando a sentirse nerviosa, Hinata se volteó al mismo lugar que Neji estaba contemplando. La entrada al patio delantero de su casa parecía vacía. Sin embargo, la presencia de dicha persona se materializó cuando este dio un paso al costado desde detrás de la pared que lo cubría. Extendiendo la mano, un pequeño ojo retornó a la palma de la mano del pelirrojo y se desvaneció en granos de arena —¡K-Kaze-Ka-Kazekage-s-sama...! —exclamó, abochornada, e hizo una reverencia. Este se cruzó de brazos en silencio, y alternó la mirada entre ella y Neji, una y otra vez.
El Hyuuga, al percibir esto, se excusó y se retiró al interior de la casa; cerrando la puerta tras de sí. Hinata lo observó marcharse, comenzando a jugar nerviosamente con sus dedos. ¿Q-Qué h-hace... Gaara-kun... aquí...? —E-Esto... —susurró, dando pequeños pasitos hacia él.
El pelirrojo se percató de esto. No obstante, optó por aguardar en el exacto lugar en que se encontraba hasta que ella lo alcanzara. No quería volver a forzar ningún tipo de proximidad, menos aún cuando ella parecía mantener una distancia con él, como había visto hacer a otro sinnúmero de personas, y parecía incómoda. Más de lo habitual, eso era. Además, se había referido a él como Kazekage, y no por su nombre, como había estado haciendo esos últimos días.
—U-Umm... —susurró, deteniéndose frente a él—. B-Buenos d-días...
Gaara clavó sus ojos en la mejilla de ella, ignorando sus palabras —Estás sangrando.
Tímidamente, Hinata pasó la yema de uno de sus dedos por la pequeña cortadura y la limpió —E-Esto... no e-es nada...
Él asintió y volvió la vista al frente, comenzando a caminar a paso lento alejándose más y más de la casa. Hinata, dubitativa, alternó la mirada entre el patio ahora vacío en el que segundos antes había estado entrenando con Neji y Gaara que ahora se marchaba, pero que parecía aguardar para que ella lo siguiera. Apresurando el paso, lo alcanzó. Pero, aún entonces, él no dijo nada. Una vez más, Hinata intentó decir algo, lo que fuera. Intentó armarse de valor, como había hecho segundos atrás en el combate con su primo, pero nada coherente escapó de sus labios —Umm... —en parte, porque estaba nerviosa. Pero, principalmente, porque no sabía qué coherencia podía lograr frente a alguien tan intimidante si ni siquiera sabía qué quería decir. Si es que quería decir algo, después de todo. Y-Yo no... yo no s-se...
—Aún esta vivo.
La voz de él, profunda y masculina, la detuvo de continuar sumida en sí misma. Y la confusión lavó, de momento, todo pudor de estar en su presencia —E-Esto... no entiendo... ¿Q-Quién...? —parpadeó, confundida. Aún entonces, Gaara no la miró. Se preguntó, entonces, si estaría enfadado con ella, o si había dicho u hecho algo malo para causar en él tal indiferencia hacia su persona.
—Él —dijo, su semblante ligeramente más sombrío—. Aquel que esta unido a ti por lazos de familia y que intentó asesinarte. Que intentó borrar tu existencia.
Los ojos de Hinata se abrieron desmesuradamente y un pequeño escalofrío descendió por su espalda. Sabía a que se refería, a quien. Pero Gaara no parecía haberlo dicho por ningún motivo particular, con ningún propósito, ni lo había hecho con un tono de voz específico, como de odio, resentimiento o antipatía. Simplemente parecía haber establecido un hecho, aunque más para sí que para ella, pues ahora parecía algo más meditativo y taciturno que segundos antes. Que segundos atrás de formular aquellas palabras.
La joven negó suavemente con la cabeza —N-Neji-nii-san... solo... él-él no... Él no es m-malo... Neji-nii-san m-me ayuda a entrenar y... ¿P-Por q-qué debería... —murmuró la última parte, entristecida— ...m-morir? Yo no q-quiero... yo no q-quiero que l-le suceda n-nada malo a Neji-nii-san...
—Él murió —sentenció el ex Jinchuuriki, notando –de reojo- que tenía la atención completa de ella; pero su rostro al decir lo siguiente no delató nada—. Aquel que debía protegerme, aquel que estaba unido a mi por lazos de sangre, aquel que intentó eliminar mi existencia.
Hinata se detuvo en seco, dejó de caminar, y sus ojos se abrieron de par en par. Temblando, bajó la mirada y la clavó en el suelo, contemplando el empedrado como si en él estuviera la respuesta. Gaara, al notarlo, se detuvo un poco más adelante, aguardando las siguientes palabras de ella. Armándose de valor, en un hilillo de voz, preguntó— ¿T-Tú...? —pero no pudo terminar. De todas formas, él comprendía perfectamente qué era lo que ella estaba preguntando. Y con su silencio sepulcral le otorgó la respuesta que tanto temía. ¿Por qué...? ¿Por qué? Yashamaru, ¿por qué has... ¿Por qué? ¿Por qué? Tú... Tú... Pensaba que eras...
—Todos parecen pensar que soy una amenaza para ti —dijo luego, aún sereno, evaluando su reacción. El temblor fue poco a poco disminuyendo y la cotidiana timidez volvió a tomar su lugar—. Tu compañero de equipo, Hyuuga Neji.
En efecto, recordaba el nombre. Lo recordaba como parte del equipo de apoyo que –junto con Naruto- habían ido a recuperar su cuerpo de Akatsuki. Lo recordaba haberlo visto al despertar, junto a su sensei y a sus otros dos compañeros de equipo. Rock Lee, aquel que él mismo había intentado asesinar –y que luego había intentado proteger-, entre ellos. Y no había pasado desapercibido en esta ocasión, la mirada –no de odio, ni de repugnancia, o de temor, que había visto en otros- sino de... ¿advertencia? -si, eso parecía más próximo y propio- que el Hyuuga le había dedicado antes de marcharse.
Hinata negó con la cabeza —N-Neji-nii-san... no... él no c-cree...
—¿Tú lo crees? —contra-preguntó. Inexorable. En varias ocasiones, había dicho que no, expresamente. Sin embargo, sus acciones la contradecían. La reacción que su cuerpo había manifestado ante su respuesta con respecto a Yashamaru la contradecía. Temblaba, pero luego decía que no le temía, y todo el asunto lo tenía ya fatigado. Y él como el Kazekage, no tenía tiempo que perder en cuestiones sin solución ni asuntos irrelevantes. No podía permitirse perder el tiempo, y parte de su equilibrio adquirido tras años, por algo de tal naturaleza. Fuera lo que fuera que fuera aquello, y ella para él, lo estaba inestabilizando.
—Y-Yo... no creo... T-Tú no me harás d-daño, G-Gaara-kun... P-Porque... P-Porque ya n-no eres así... Y-Yo... lo s-se...
—Pero me temiste, recién —replicó, empezando a sentirse una vez más en ese desliz entre la línea del presente y la del pasado. No ha funcionado... ¿Por qué soy el único monstruo? ¿Qué soy? Yashamaru... Honestamente, si pudiera, si fuera capaz, detendría todos esos recuerdos de retornar a su conciencia. Si fuera capaz, los retornaría a la oscuridad de la habían salido pero no podía, porque eran parte de él. Del niño, del monstruo, del hombre. Él era el niño, ese niño, convertido en hombre. Pero su nuevo estado y su nueva posición no hacían desaparecer todo lo anterior. Nada lo hacía. Eso había aprendido también de Naruto, que cambiar no significaba olvidar el pasado, sino tenerlo presente y superarlo. Cada día. Y veía en ella eso mismo, ese desesperado intento que todos ellos buscaban de redimirse, de superarse, de abrirse camino, de ser alguien. Era por ello, quizá, que se había visto desconcertado por ella –insignificante, frágil, patética, ella- o quizá habían sido sus ojos. Su mirada blanca, vacía, triste y el pasado solitario que esta escondía. De una forma u otra, no podía evitarlo. Sus discursos, sus ojos, sus pasados, eran perturbadoramente similares. Prácticamente como mirarse en un espejo. Y, sin embargo, los resultados habían sido distintos. Como con Naruto, quien había optado por ser el centro de atención y el bufón para llamar la atención y sentirse así menos solitario. Ella, por otro lado, había resultado herida en su amor propio y en su autoestima y era tímida y retraída y había optado en tratar a los demás con la mayor bondad del mundo, bondad que ella no había recibido. Y él, había optado por hacer exactamente lo opuesto. Sus pasados habían sido casi brutalmente similares. Y, sin embargo, él había resultado en el opuesto a ella. Había optado por amarse solo a sí mismo (cuando Hinata no había sido capaz de amarse siquiera a ella misma) y cerrarse al mundo exterior, y había elegido eliminar la existencia de los otros solo para probar la suya. Había encontrado la sensación de estar vivo en el miedo a ser asesinado y había sentido confort en matar a los asesinos que su padre enviaba, uno tras otro (desde Yashamaru) y en matar a todo aquel que se cruzara en su camino.
—Yo s-solo... pienso q-que es muy triste, ¿v-verdad?... —susurró. Había un dejo de desconsuelo en su pequeña voz—. S-Si... m-muy triste... N-Naruto-kun... él... me s-salvó... P-Pero G-Gaara-kun... t-tú... más q-que yo... m-más q-que N-Neji-nii-san... M-Mas que N-Naruto-kun... t-tú eres q-quien más s-solo e-estuvo... ¿V-Verdad?
En este mundo, no hay peor dolor que el de la soledad, ¿no crees? Entiendo como te sientes, yo también sentí esa clase de dolor. Ella, en un acto de valentía, le había dicho lo mismo. Le había dicho a un casi desconocido –uno que no se sentía como tal-, cómo se sentía. Y quizá él la creyera débil, o tonta, por ello. Patética inclusive. No lo sabía. Pero ya lo había hecho y ella no retiraba sus palabras. Aún cuando se sintiera cohibida por siquiera habérselo dicho.
Apretando los dientes, alzó su mano y se aferró al lado izquierdo de su pecho como queriendo enterrar la punta de sus dedos en su carne, a través de sus costillas, y hacia el corazón. Como queriendo atraparlo en su palma para así lograr contener aquellos dolorosos latidos y la sensación abrumadora y opresora que del interior de este empezaba a crecer. Era punzante, insoportable y terriblemente dolorosa, pero no lo era realmente. No era en nada similar a lo que hubiera sentido antes. Y, sin embargo, tenía una turbulenta similitud al dolor del que le había hablado a Yashamaru. No sangraba esta vez tampoco, pero le constreñía el pecho como un alambre de púas. Y, aún así, parecía una especie de dolor indoloro. Un placer que no se sentía para nada inocuo. Un deseo, pero no deseo hambriento y desesperado, deseo pululante de sangre reclamando de ser satisfecho; sino deseo de algo más. ¿Qué? No podía ubicarlo exactamente, pero podía colegir que ella era la causa de tal deseo doloroso y era a la vez el objeto de este. Fuera lo que fuera, la reclamaba a ella, y lo estaba desconcertando. Ningún otro ser humano debería ser capaz de causarle tal alteración. Menos aún, uno completamente inofensivo –para él- como lo era ella. Después de todo, él era el Kazekage y lo era por algo. Nadie había logrado quebrar por completo su defensa absoluta. Naruto la había agrietado, seguro, y se había colado por ella hasta él. La había roto un poco más, y le había introducido algo de sentido a la fuerza. Y ella hacía lo mismo, pero era peor. Carecía de la torpeza y la rudeza de Naruto. Se había escurrido grácilmente, suavemente, pasando desapercibida. No la había visto venir, eso era lo que más le afectaba, y con gentileza había continuado el trabajo del rubio. Lo había vuelto más humano, menos monstruo. Quizá. Y lo había hecho sin él ver el impacto físicamente. Era irónico, realmente, como sus técnicas parecían ser la perfecta metáfora. Él, con su defensa absoluta, hermética y de áspera arena, adusta y rígida –como él-, e incapaz de ser quebrada. Y ella, con su Juken, gentil, suave, aparentemente inofensivo y sin efectos visibles y aparentes; hasta que el interior de afectado empezaba a resentirse y sus órganos empezaban a sufrir las consecuencias.
En la mente de Gaara, ella había ganado.
Cerrando los ojos, aferró aún más su pecho –dibujando pliegues sobre la tela de sus vestimentas- y se inclinó hacia delante. Preocupada y caritativa –como era ella-, se apresuró a sostenerlo del costado derecho por delante para evitar que cayera hacia delante, pues esa impresión le había dado —G-Gaara-kun... ¿e-estás b-bien? P-Puedo... b-buscar ayuda... s-si no te s-sientes b-bien...
El pelirrojo negó con la cabeza y ocultó su rostro sudado en el hombro de ella. La opresión retornó aún más cuando se percató de que, por primera vez, se había permitido tocarla realmente. De que, por primera vez, se había resignado al control que tanto se esforzaba por tener. Y ella aún no lo alejaba –asqueada, asustada- como había creído –aún entonces pensaba que lo haría- sino que lo ayudaba a mantenerse en pie, mientras que lucía genuinamente preocupada. Como aquella vez, aquella vez que había vuelto a la vida. Aquellas miradas de preocupación habían sido genuinas, y Gaara quería creer que esta también lo era. Después de todo, ella no le había dado motivo alguno para desconfiar.
—G-Gaara-kun... ¿Q-Quieres... q-que... u-uh... busque a T-Tsunade-sama...? E-Ella puede... c-curarte...
—No —articuló. ¿Qué? ¿Cómo puedo curar esto...? ¿Qué debería hacer para librarme de este dolor? ¿Por qué aquello retornaba en aquel momento? Lo que puede curar una herida del corazón es... Amor—. ¿Amor?
Hinata parpadeó, incapaz de haber oído lo que él dijo —¿Q-Qué... G-Gaara-kun...? E-Esto... ¿D-Dijiste... algo?
¿Amor? ¿Y de donde puedo sacarlo? Negó con la cabeza, aún con el rostro oculto en la curva del cuello de ella. Debajo suyo, la sintió tensarse. Sintió la piel de ella encenderse, quemar contra la frente de él. Pero, aún así, Hinata no lo soltó. No lo dejó ir. A pesar de la obvia incomodidad que sentía en aquel preciso momento. Amor es la devoción y dedicación que le das a alguien cercano e importante a ti... Se expresa cuidando y protegiendo a esa persona. Es una medicina difícil, y solo puedes recibirla de otra persona. A pesar de que Gaara podía sentir lo nerviosa que estaba.
—G-Gaara-kun... ¿t-te duele...? Y-Yo puedo... y-yo quiero... ser útil... a-ayudar... por e-eso... d-dime... —la mano de él se posó en el hombro de ella. Y, con pesadez, se incorporó lenta, muy lentamente, hasta quedar erguido y alcanzar su estatura normal frente a ella. Hinata, completamente sonrojada, lo contempló con preocupación—. ¿E-Estás bien... G-Gaara-kun...? Si q-quieres, yo puedo...
Amor es tener el corazón limpio y puro porque quieres ayudar...a aquellas personas cercanas y valiosas para ti. Amor. Eso le había explicado Yashamaru, palabras más, palabras menos. Y le perturbaba ver en ella la materialidad de lo que él había dicho. Ella era eso, era todo eso. En estado puro. No tenía odio, ni recelo o resentimiento, sino por el contrario, parecía esparcir compasión, ternura y afecto allí por donde pasaba. Aún cuando no era correspondida. Y lo hacía sin discriminar. Sin necesitar razones para hacerlo. Como lo hacía con él, en aquel momento; sin importar quien había sido en el pasado ni los errores que había cometido.
Apartando la mano de ella –aquella que tenía extendida hacia él- dijo, recobrando el semblante neutro —Estoy bien —e inmediatamente notó la expresión herida de ella en el rostro. ¡Gracias, Yashamaru! Creo que ya entiendo lo que es hacer daño. Quizá yo también estoy herido, como el resto. Siempre duele aquí...—. Debo irme.
Y, sin decir más, dio media vuelta y sin voltearse a verla se marchó. Hizo un breve sello de mano y su cuerpo desapareció en un remolino de aire y arena. Dejándola allí sola, en medio de la aldea, ¿había hecho algo mal? Eso era lo que seguía preguntándose. Porque cada vez que intentaba hacer algo resultaba de aquella forma. Y no podía evitar pensar de esa forma, porque creyendo de esa forma había creído. Creyendo que todos los errores eran suyos y que era culpa suya ser una decepción por no ser un heredero apto para el clan. Y que era culpa suya no ser fuerte, y no ser lo que su padre había esperado que fuera. O lo que los ancianos Hyuuga habían querido que fuera. Hinata era conciente, que no era buena relacionándose tampoco. Era torpe y tímida, y tartamudeaba compulsivamente. Naruto le había dicho que la consideraba una persona rara y oscura, una vez, e imaginaba que así debía verse ante los demás. Rara, siempre tartamudeando y sonrojándose ante la mínima razón para hacerlo y desviando la mirada porque era incapaz de mantener los ojos en los de los demás. Pero con él había se sentido distinto. Si, había balbuceado incoherentemente y hablado en susurros y vacilado demasiado en sus palabras. Había dicho tonterías –probablemente- y se había sonrojado casi tanto como cuando Naruto estaba cerca o presente. E incluso se había desmayado. Pero se había sentido distinta, confiada con él, solo porque a Gaara no parecían importarle todos sus rasgos más extraños como el de juguetear con sus dedos. Solo porque él no parecía tener nada que comentar al respecto de ellos. Hinata se sentía menos rara, menos tímida, e incluso se había armado de valor para decirle que ella también entendía lo que era estar sola. Aunque estaba segura que él lo había sabido desde antes que lo vocalizara. Pero ahora, volvía a cuestionarse. A sentirse dudosa. Porque cada vez que ella se acercaba, él se alejaba. Cada vez que intentaba ser amistosa con él, amable, gentil, él parecía reaccionar ofendido. Se tensaba.
—Q-Quizá... lo e-estoy haciendo m-mal... —suspiró, bajando la mirada al suelo. No sería la primera vez que hiciera algo mal. La primera vez que se equivocara. Q-Quizá... G-Gaara-kun también p-piensa q-que soy rara... No, no sería la primera vez.
