Disclaimer: Desgraciadamente, y por razones más que obvias, los personajes de Naruto no me pertenecen.

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Último capítulo y Epílogo. Hola a todos, ¿cómo están? Espero que bien. Dado que este es el último capítulo decidí subirlo un poco más temprano. Como siempre, y para no perder la costumbre (no a estas alturas de la historia =P) quiero agradecerles. A todos, de verdad, se los agradezco. El que me hayan dado una oportunidad y a mi historia y el que hayan llegado hasta acá. Y dado también que hoy es el final, decidí liberarlos de mi fastidiosa nota de autor y dejarlos para que lean. Agradecimientos especiales al final. Ojalá les guste... (y si no es mucha molestia me encantaría saber que les pareció, me ayudaría mucho, gracias desde ya). ¡Nos vemos y besitos!


El niño monstruo y la niña que no quería el mundo


Epílogo

"Un mundo un poquito menos solitario"


Había estado entrenando duro, aquellos meses, había estado esforzándose al máximo, con ánimos reforzados. Con todas sus fuerzas, con todo su corazón, se había entrenado. Día y noche. Noche y día. Aún bajo la lluvia, había dado todo de sí para mejorar. Para hacerse más fuerte, para adquirir más confianza. Una vez más, las palmas de sus manos estaban raspadas, la piel de sus yemas hecha pequeños jirones, al igual que la de sus rodillas bajo el pantalón, pero eso no le importaba. Nada de ello importaba. El dolor físico no era nada, nada comparado con el dolor que la había llevado a donde estaba. El dolor por no ser reconocida. Pero eso era lo que la había fortalecido también, lo que la había hecho quien era y lo que la había ubicado en el punto en que se encontraba ahora. Y, si pudiera cambiarlo, si pudiera cambiar algo –el sufrimiento y el dolor, y la tristeza y las lágrimas- no estaba segura de si lo haría. Si, había sufrido, se había rendido, había sido débil, pero había logrado sobreponerse. Ahora tenía personas que la apreciaban, personas que la reconocían. Personas que eran importantes para ella. Personas que proteger. Las mismas que la hacían seguir moviéndose. Por ellos, quería ser fuerte, quería ser mejor. No una decepción, no un carga o una molestia para los demás –como siempre había sido-, sino alguien. Como todos ellos, Hinata quería ser alguien. Quería dejar de ser nadie, quería dejar de estar a la sombra. Y, por él, por un instante, lo había sentido. Qué se sentía eso. Qué se sentía ser, por una vez, aquella que alguien más veía. No como una suave canción ambiental de fondo, sino como algo más. Algo más para alguien. Algo importante.

Por ello, entrenaba, se esforzaba, caía y se ponía de pie para seguir andando, porque no había nada más. En la vida, no había nada más —N-Neji-nii-san... por f-favor —susurró, poniéndose en posición— v-ven a mi... c-con todas tus fuerzas...

Los ojos de él se abrieron desmesuradamente. Tal petición, Hinata nunca había realizado. Pero había algo distinto en ella, ligeramente distinto que un observador habitual hubiera pasado desapercibido. Sus ojos, habitualmente blancos y tristes y vacíos, llameaban con una determinación que rozaba aquella que había visto esa vez durante el examen chuunin, y a la vez no se parecía en nada. Era más intensa, tanto que su postura lucía más delicada y no vacilante como lo hacía habitualmente. Las puntas de sus cuatro dedos extendidos, no temblaban ni tiritaban –ni siquiera ínfimamente- y el pulgar curvado hacia adentro, contra la palma, permanecía firmemente presionado. Hinata lucía... resuelta. Su voluntad no parecía flaquear en ningún instante. Por supuesto, no era la primera vez que la había visto de aquella forma. A lo largo de los años, la heredera del clan había cambiado –aunque no de forma tan notoria como todos los demás- y Neji había notado que en batalla podía ser bastante osada, aún cuando permanecía delicada y grácil, y determinada. Más aún, cuando se trataba de proteger o defender a alguien. Sin embargo, esta vez esa percepción que emanaba de ella era aún mayor. Por lo que, indudablemente, asintió. Quería ver hasta donde podía llegar.

En el exacto instante en que el Hyuuga accedió, Hinata corrió a él con todos sus fuerzas y ambas manos listas para impactar. Por supuesto, el arduo entrenamiento de Neji y su gran agilidad le permitieron eludir el ataque, pero ella no retrocedió ni estableció una distancia segura. Sino que continuó intentando golpearlo con ambas palmas, forzándolo a él a esforzarse más y más para esquivarla. ¿Cuándo Hinata-sama, se volvió tan rápida? Agachándose, logró eludir el último golpe –aunque este rozó la punta de su cabello y el chakra cortó unas hebras- y retrocedió. Respirando agitadamente, Hinata recobró el completo equilibrio de su cuerpo. Y-Yo quiero s-ser fuerte... como G-Gaara-kun... y c-como Naruto-kun también... Yo quiero... por mi misma...

—H-Hakke... Sanjūni Shō—una vez más, Neji se vio sorprendido—. D-Dos... —él logró esquivarlos— C-Cuatros... —uno de ellos, el primero, impactó en el hombro izquierdo de él, los otros tres pudo eludirlos una vez más— Ocho... —todos ellos, todos sus golpes, pasaron de largo— D-Dieciséis... —fallaron. Yo puedo h-hacerlo— Treinta y dos.

Desafortunadamente para él, aún cuando pudo eludir los primeros treinta y uno. El último, el número treinta y dos, impactó de lleno –una vez más- en el mismo hombro. Inutilizándoselo por completo. Claramente tomado con la guardia baja, y fastidiado por haber sido siquiera tocado cuando habitualmente nadie –ningún oponente- lograba hacer eso, apretó los dientes y comenzó a girar a toda velocidad —¡Hakkeshō Kaiten!

Un giro del chakra la alcanzó y la envió girando hacia atrás, haciendo que cayera de espaldas contra el suelo. Aún así, exhausta –pues si bien era cierto que había aumentado su velocidad y fuerza, aún no podía mantener el nuevo ritmo por demasiado tiempo-, se puso cuidadosamente de pie y sin detenerse a pensar en su dolor dos veces, volvió a correr hacia él. Neji, aún con el brazo inmovilizado, continuó rechazando los ataques de ella con la única mano hábil que le quedaba. Logrando aprovechar los huecos de ella para impactar una vez en su costado y otra en el brazo opuesto al suyo. Hinata, con su determinación, también logró golpearlo nuevamente; pero su energía se estaba reduciendo a ritmos alarmantes. Por aquellos días, había entrenado demasiado y quizá había abusado de su cuerpo. Su chakra estaba baja.

—Hinata-sama, sería prudente que termináramos el combate acá —dijo él. Notando que el flujo de ella estaba disminuyendo alarmantemente en su sistema.

Pero, aún así, ella negó con la cabeza —P-Pero... Neji-n-nii-san... yo p-puedo...

—Además, parece que alguien se acerca a la casa —interceptó el castaño, haciendo desaparecer las marcas de su Byakugan lentamente. Ella hizo lo mismo, y esperó la aparición de dicha persona. Por alguna razón, su corazón latía acelerado, como anticipando algo...

Sin embargo, la sensación de ansiedad disminuyó lentamente al ver de quien se trataba. Dando media vuelta, se volvió a Neji, hizo una reverencia —G-Gracias... Neji-nii-san... por entrenar c-conmigo... —y se apresuró a la entrada. Solo para encontrarse con el rostro alegre de su compañero de equipo—. K-Kiba-kun... ¿q-qué haces... a-aquí...?

—Oy, Hinata. Si no te conociera creería que esperabas ver a alguien más y que no estás contenta con mi presencia —bromeó. Akamaru, junto a su amo, soltó un alegre ladrido de asentimiento.

La joven Hyuuga negó apresuradamente con la cabeza, sonrojándose en el proceso —¡N-No... no es e-eso K-Kiba-kun...! e-es solo... que... yo no quise...

Una vez más, él solo se limitó a carcajear alegremente. Era muy fácil, en efecto, ella se lo dejaba siempre muy fácil y él no podía evitar la posibilidad de hacerla sonrojarse e incomodarla —Oy, Oy, es broma.

—O-Oh... —susurró, con voz suave—. E-Eso fue c-cruel... Kiba-kun... —le había hecho creer que lo había ofendido, que lo había hecho sentirse mal, y ella no había querido eso. Nunca querría hacerle sentir eso. Él era importante para ella. Y se alegraba que ahora Kiba hubiera vuelto a ser él mismo, alegre y bromista, como no lo había sido en los últimos meses (pues aún cuando Kiba había intentado disimularlo, ella lo había notado perfectamente). Por razones que ella no comprendía, y que él no había querido aclarar. Shino, por otro lado, no se había preocupado por esto. Quizá su otro compañero de equipo sabía porque.

—Si, si. Tienes razón. Lo siento Hinata.

—Y... ummm... e-esto Kiba-kun, ¿qué haces a-aquí?

Él se palmeó la frente —¡Oh, cierto! Casi lo olvido. Tenemos una misión. Por eso estoy aquí. Tsunade-sama nos espera en su despacho.

—¿U-Una... m-misión...? ¿Shino-kun, i-irá?

El castaño se encogió de hombros. Y sin notarlo, ambos habían comenzado a caminar hacia la torre donde se encontraba el despacho de la Hokage, cerca de las grandes cabezas talladas en piedra. Se sentía agradable, solo caminar de esa forma. Últimamente no había visto demasiado a Kiba, y lo extrañaba. Era su amigo, su compañero de equipo, aquel que lo hacía lucir todo fácil. Con él, estando en su compañía, Hinata siempre se sentía cómoda. Era familiar, y alegre, y sus bromas tontas –que siempre molestaban a Shino- le sonsacaban pequeñas sonrisas. Aún cuando le jugaba bromas a ella, y la hacía sonrojarse, le agradaba.

—No lo se. Solo me enviaron a buscarte.

—O-Oh... O-Ok —lo observó de reojo, y luego su mirada blanca se posó en el cielo—. Ummm... ¿Kiba-kun?

Él parpadeó al verla dubitativa —¿Si?

—¿T-Tú crees... que yo podría... ser J-Jounin...? —prácticamente, susurró. Durante aquellos últimos meses lo había pensado mucho, había entrenado mucho pensando en ello y se había esforzado. No quería quedarse atrás. Y, ahora que Hanabi era un chuunin, quizá fuera el momento de que ella se convirtiera en un Jounin. Pero, ¿estaba lista para ello?

Una amplia sonrisa se extendió en los labios de él —¡Claro que si! Si es lo que tú quieres... yo puedo ayudarte a entrenar.

Sus facciones se iluminaron y sus ojos habitualmente blancos y opacos brillaron alegres —¿D-De verdad... Kiba-kun...? ¿T-Tú h-harías... e-eso...?

Él rascó su nuca avergonzado —Heh. ¡Claro! Somos camaradas, ¿verdad?

Una pequeña sonrisa tímida se dibujó en ella —S-Si... G-Gracias... Kiba-kun...

Finalmente, llegaron a la gran escalera de piedra y con lentitud comenzaron a subir. Escalón por escalón, piedra por piedra, hasta que llegaron al último. Una vez allí, Kiba golpeó la puerta de entrada –anunciando su llegada- y sin esperar respuesta alguna desde adentro, empujó ambos portones grandes de madera y se dispuso a ingresar. Hinata no estaba tan segura de que aquello estuviera bien —E-Esto... espera Kiba-kun... ¿-no deberíamos e-esperar...?

Pero él la ignoró, dedicándole una gran y deslumbrante sonrisa –colmillos expuestos y todo- e ingresó. Tímidamente, la joven Hyuuga lo siguió detrás. Una vez dentro, notó que además de Tsunade y Shizune, se encontraban Naruto y Shikamaru.

—E-Esto... B-Buenos días Hokage-sama... S-Shizune-san... —hizo una educada reverencia y luego se volvió a las otras dos personas presentes—. Buenos d-días... N-Naruto-kun... Shikamaru-kun...

El rubio se alborotó ante el saludo y devolvió el gesto con gran efusividad, tal y como era él —¡Oy, buen día a ti también Hinata!

Sonrojada, volvió la vista al frente y se enderezó. Aguardando las instrucciones para la misión por la cual los habían convocado. Por alguna razón se sentía inquieta, nerviosa. No tenía motivo real para estarlo, era simplemente una sensación.

—Oy, Hinata. ¿Estás bien? —chistó por lo bajo Kiba, notándola inquieta. Ella, evitando mirarlo y aún con la vista al frente, asintió.

—E-estoy bien... K-Kiba-kun...

La Hokage, apoyando ambos codos sobre el escritorio y entrelazando los dedos de una de sus manos con los de la otra, frente a su rostro, echó un último vistazo a la petición y comentó —Los detalles de dicha misión no me fueron enviados. Simplemente se me solicitó que los enviara a ustedes.

—¿Nosotros? ¡¿Por qué nosotros vieja Tsunade?

La mujer frunció el entrecejo —¡Naruto, no me llames vieja! Y no se. Simplemente lo hicieron. En fin, como decía...

—¡Pero, pero! ¿A dónde vamos?

La vena en la temple de la voluptuosa rubia comenzó a palpitar contra su piel. Como siempre, Naruto la estaba sacando de quicio. Sin embargo, esta vez fue Shikamaru quien intervino. Mirando al rubio con expresión de tedio —Oy, Naruto... Deja de interrumpir y lo sabremos.

Tsunade asintió, satisfecha, y sin más rodeos –para evitar próximas interrupciones- lo dijo —La misión es en Sunagakure. El Kazekage les dará los detalles una vez allá.

¿K-Ka-Kazekage...? G-Gaara-kun? Divertida, la voluptuosa mujer observó con curiosidad la forma en que, repentinamente, Hinata había empezado a sudar frío y la forma en que sus ojos se habían abierto de par en par, y cómo su habitualmente pálida complexión parecía fosforecer con un brillo carmesí prácticamente innatural. De hecho, si no conociera previamente a la pobre muchacha, creería que sonrojarse tanto era humanamente imposible. Ahora comprendía a qué se había referido Temari —Partirán mañana temprano.


Apresurada, se vistió con sus ropas habituales, se amarró el protector alrededor del cuello –donde siempre lo llevaba-, se subió el cierre de su chamarra blanca y lavanda. Se arrojó la mochila al hombro, y se colocó sus sandalias al salir por la puerta. Una vez afuera, notó que el sol recién comenzaba a aparecer en lo alto trayendo claridad consigo. Pero no le prestó demasiada importancia. Apresurando el paso, y cuidando de no tropezar en el camino, se dirigió a la entrada de la aldea. Solo para notar que no había nadie allí al llegar.

—P-Parece... que ll-llegué t-temprano... —susurró para sí, contemplando los alrededores. Nadie, en las calles aún no había nadie. Nadie paseando, nadie retornando de alguna misión a tempranas horas de la mañana, nadie. Estaba sola. Suspirando, bajó la cabeza hasta posar sus ojos en sus pies. Quizá el nerviosismo la había hecho pensar que llegaba tarde, y por ello se había apresurado. No quería llegar tarde, no cuando quería probar que era de fiar. Que se podía contar con ella en misiones. No como una carga, sino como un miembro más del equipo. No cuando pronto –y si se esforzaba lo suficiente- sería Jounin. O, quizá, solo quizá, se sentía nerviosa porque tendría que volverlo a ver a él. ¿Qué pensara G-Gaara-kun... cuando m-me vea allá...? Negó con la cabeza. Eso era algo que no podía saber, pero no podía evitar pensar en ello tampoco. Aunque, en verdad, temía más en cómo pudiera reaccionar ella. ¿Y si hacía el ridículo? ¿Y si tartamudeaba tanto que ni siquiera podía decirle "Hola"? ¿Y si se sonrojaba más de lo que se había sonrojado en su vida? ¿Y si volvía a perder el conocimiento como la última vez...? N-No... Se había prometido que no volvería a actuar como una tonta ante él. Que, cuando lo volviera a ver, sería más fuerte. Más firme. Se había esforzado mucho hasta entonces. E incluso había intentado controlarse aún más al hablar, había intentado no tartamudear tanto, y no susurrar tanto. Alzar la voz, para que pudieran oírla. Y se había prometido no desmayarse más. Además, ¿cómo se suponía que debía reaccionar ante él? No lo sabía. Si, estaba nerviosa, de esa forma que solo había sentido cuando Naruto estaba cerca. Y se sentía tonta por ello, porque no debería sentirse así. ¿Verdad?

—¡Oy, Hinata! —una voz animada la sacó de su estado de ensimismamiento. Al enderezarse, sonrojada, se volteó a ver a los recién llegados. Se trataba de Kiba y Naruto, el segundo de los cuales era quien había hablado. El primero, por otro lado, venía sonriente y con Akamaru a su lado.

—H-Hola Kiba-kun... N-Naruto-kun... —el primero hizo un gesto con la mano y caminó hasta quedar al lado de ella. Naruto, por otro lado, se paró frente a Hinata, observándola aún con una sonrisa propia de él.

—¡Vaya, Hinata! Llegaste temprano.

Ruborizada ligeramente, asintió —E-Esto...s-si...

Solo para ser interrumpida por Kiba, quien sonreía bufonamente y tenía una mano alzada para que todos la vieran —Ya sabes... es porque va a ver a su... —movió el único dedo extendido, el meñique, alegremente. Sus largos colmillos asomando bajo su labio superior lo hacían lucir más pícaro a la par de que decía aquello.

A modo alarmante, la temperatura bajo su piel ascendió así como el color que esta fue adquiriendo —¡K-Kiba-kun...! —balbuceó— E-Eso no...

Naruto exclamó, sonriendo maliciosamente de lado a lado —¡Ohhh!

Hinata se volteó al rubio negando violentamente con la cabeza, aún más abochornada que antes —N-No eso... n-no es... c-cierto... él no...

La sonrisa de Naruto se volvió en expresión pensativa —Espera, ¿quién es su... ya sabes? —dijo, haciendo el mismo gesto con el dedo meñique.

Kiba se abofeteó la frente en respuesta, pero antes de que pudiera siquiera decirle cuan estúpido y despistado podía hacer, alguien se le adelantó —Oy, Naruto... además de problemático, estúpido...

El mencionado se volvió con el puño en el aire, agitándolo imprudentemente, hacia la dirección de la que provenía la voz —¡¿A quién le dices estúpido, estúpido? —la furia del momento desapareció al ver quien era su interlocutor—. ¿Uh? ¿Y tú Shikamaru cuando apareciste?

El moreno chasqueó la lengua —¡Tsk! Llegué hace unos minutos...

Kiba se cruzó de brazos y enarcó una ceja —¿Y por qué no dijiste nada?

—Demasiado problemático —replicó, desgarbado y con expresión de cansancio. Era obvio, por su semblante, que el miembro del clan Nara no estaba en absoluto feliz por haber sido despertado a las seis de la madrugada de la cama para partir en una misión. Menos aún, una que requería algo tan problemático como lo era el cruzar el desierto. Pero estaba allí, y con tedio o sin este, era el líder y como líder debía hacer lo que correspondía. Aún cuando preferiría estar durmiendo—. Como sea... ¿Nos vamos?

Hinata, observó al recién llegado agradecida de haber forzado a sus otros dos compañeros de equipo a olvidar el asunto. Pues, aunque se había prometido a sí misma no volver a desmayarse, temía hacerlo si aquella conversación continuaba. O quizá no, pero estaba segura que se moriría de la vergüenza si Naruto comprendía de quien había estado hablando Kiba. Él n-no es... no.. .e-es... Negó para sí misma con la cabeza. No tenía sentido seguir pensando en aquello. De momento, tenían la misión por delante y debía concentrarse y procurar hacerla lo mejor posible. Esa era su meta y la lograría.

Aún así, se sintió abatida cuando notó que no era capaz de dejar de pensar en todas las inseguridades que sentía y en todas las dudas que tenía y todos los temores que no dejaban de invadir su cabeza. Quería concentrarse en la misión, realmente quería hacerlo, pero no podía hacerlo del todo. No podía poner todo de ella en ello, porque su mente estaba en otro lado. Y en vez de lucir confiada, como había logrado hacerlo aquel último tiempo, y en vez de lucir calma, lucía dubitativa y sabía que el tono rosado de sus mejillas había llegado para quedarse. No obstante, intentaba distraerse con el panorama. Aunque sin saber cuando, este había desaparecido. Hasta el último árbol había desaparecido, así como lo había hecho la hierba bajo sus pies. Ya no había flores, ni insectos o aves. Ya no había nada bonito para contemplar, porque realmente no había nada. Solo arena, y dunas y dunas, y rocas del color de la arena, y más arena. De vez en cuando, podían contemplar un cactus pero Hinata no los encontraba tan agradables como las plantas que había en Konoha. Además, el sol estaba hiriendo su delicada piel de porcelana. Y con las ventiscas habituales, arena se metía en sus ojos.

—¿Estás bien?

Reconoció la voz de su amigo al instante. Frotándose los ojos fuertemente, asintió —S-Si... Solo... m-me entró arena e-en los ojos... Kiba-kun, estoy b-bien...

Él asintió y por un par de horas más continuaron caminando. Subiendo y bajando por el irregular terreno desértico. A veces, Hinata tropezaba con una piedra o enterraba su pie en un pozo de arena, pero hasta el momento había logrado no caer. Aún así, se había sentido avergonzada por cometer tales tontería; pero a nadie parecía importarle realmente. Nadie se había burlado de ella, al menos, no aún. Sin embargo, el calor se estaba haciendo más y más insoportable. Tanto era así, que su vista se nublaba de vez en vez. E, incluso, una vez, había confundido un cactus con una persona. Y se había ridiculizado a sí misma diciéndolo –en su inocencia- en voz alta, pero de eso también había pasado un tiempo considerable –o quizá era su distorsionada percepción del tiempo- porque nadie se acordaba ya.

Por un instante, algo llamó su atención. Creyó haber visto algo en la distancia. Un punto rojo, como una pequeña llamarada en medio del desierto. Y, esperanzada, frotó sus ojos temiendo que se tratara de un espejismo –pues había oído de ellos en ocasiones previas-, pero al volver a abrir sus orbes argentos, notó que no estaba imaginándolo. Que no se trataba de un sueño. Y, a medida que se fueron acercando más y más, descubrió que había estado en lo cierto. Se trataba de Gaara, quien los aguardaba junto a Temari erguido en la fisura entre la formación rocosa que era la entrada de la aldea de la Arena. E inmediatamente se volvió demasiado conciente de sí misma, demasiado tímida, demasiado cohibida. Se sintió demasiado pendiente de todo, de cosas que habitualmente ni siquiera consideraba o de las cuales no se percataba. Como la forma en que su respiración, al inhalar, se cortaba y al exhalar se hacía pequeña. O la forma en que su corazón embestía una y otra vez contra la prisión ósea que lo mantenía en su lugar. O la forma en que caminaba y daba pequeños pasos como queriendo postergar el momento. De hecho, sin quererlo, sus ojos se clavaron en sus pies y de allí no se movieron; a la par de que cientos de incertidumbres volvían a atravesarle la cabeza. Una a una. Haciéndola sentirse aún más pequeña.

Pero entonces lo recordó, aquellos meses de esfuerzo y entrenamiento, aquellos meses en que había decidido mejorar su tartamudeo y aprender a alzar la voz para ser oída. Su determinación de no volver a lucir débil, frágil y temerosa delante de él. Nunca más. No, esa no era la imagen que quería dar. No podía retornar a su pequeño caparazón y ocultarse en su interior. Así que, armándose de valor –y tomando una pequeña bocanada de aire- alzó la mirada decidida. Solo para encontrarse, sus ojos blancos, con los impávidos y traslúcidos aguamarina de él, a no más de un par de metros de distancia. Esta v-vez... no... n-no desviaré l-la mirada... Yo no...

Y no lo hizo. Aún cuando sintió el rubor retornar a sus mejillas y aún cuando retrajo sus brazos frente a su pecho al notar que él estaba observándola por completo, no lo hizo. Por alguna razón, se sentía correcto –extrañamente correcto-, se sentía bien. Y había temido que al verlo lo sintiera como un extraño, y se había preguntado si no era así como se sentía Naruto cada vez que volvía a verlo dada la naturaleza de su relación, pero eso no sucedió. No lo sintió de esa forma. Y, ahora que lo pensaba, nunca lo había sentido de esa forma. Desde el inicio, con tan solo verlo a los ojos, había comprendido que él era como ella. Que Gaara, como Hinata, estaba y había estado solo. Que él, al igual que ella, aún buscaba un sentido (ese mismo sentido del que Naruto les había enseñado). Y ahora que volvía a verlo, la sensación retornaba una vez más. Retornaba a ella. Y se sentía feliz, inusualmente feliz, sin razón aparente. Se sentía cálida. Se sentía bien, como no lo había hecho en mucho tiempo.

Y sabía que él también lo sentía, una diminuta, casi ínfima sonrisa (de la que nadie más que ella parecía percatarse) lo delataba, fuera lo que eso fuera; sabía que él también lo veía. Que él también había alcanzado ese estado de comprensión mutua. Y, por primera vez, el Kazekage –con sus 18 años de vida- le pareció un niño, aún a pesar de su rango y de las ojeras. Su rostro masculino se le hizo infantil. Y él también la vio pequeña –pero no patética, como la había visto en otras ocasiones-, diminuta. Y él también lo comprendió, como Hinata. Él también comprendió. Que, en definitiva, eso era lo que eran. Niños, niños pequeños y perdidos. Niños que por mucho tiempo se habían ocultado en lugares recónditos de sus cabezas donde podían fingir ser amados. Aún si nunca habían conocido el amor, jugaban a hacerlo. Por mucho tiempo, quizá, lo habían hecho. Jugado. Buscado, eso que ni siquiera sabían donde encontrar. Y no se habían rendido. Habían seguido jugando, y quizá aún lo hacían. Porque el juego era la única forma de conocer que tenían. Y porque, quizá, de esa forma, el mundo era un poquito menos solitario,

para él,

...Un día, quiero que alguien me necesite, también...

para ella.

...U-Un día...

q-quiero serle útil a a-alguien más...

Q-Quiero ser... r-reconocida...

Al fin y al cabo, eso era todo lo que ellos habían estado buscando.

Todo lo que ellos querían.

Y, finalmente, lo habían encontrado.


Agradecimientos especiales a: daniela, rocio, Uzumaki zoe, Klan-destino, Lucia991, Juno 01, Love Sephiroth, layill, o0oFreyao0o, Raven Granger, gaahina eterniti, ayu-chaan. Misery Tonks (el orden es aleatorio y no sigue ningún tipo de preferencia por uno que por otro. Si olvidé a alguien o repetí, perdón de verdad, no fue mi intención). Gracias, y ojalá les haya gustado.