eeeeeeeeeeeeeeeeei! ok ok... no soporte esperar hasta el lunes chiquillos así que... aqui estoy con new cap :D!
aclaraciones:
los personajes aqui mensionados no me pertenecen... solo los utilizo a mi antojo para proporcionar una lectura y entretenimiento para ustedes ^^' y la historia original tampoco me pertenece.
narración en tercera persona... este dia tanto Tai como Sora
como siempre y sin mas preámbulo... espero que disfruten la lectura :D
Sesión Fotografica
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1-0 para el equipo Testosterona.
Tai mantuvo una expresión neutral en el rostro gracias a su intensa preparación en los tribunales. Le habría gustado sonreír, pero se las arregló para no demostrar ni un ápice de emoción. Tenía que reconocer que la primera fase había salido a pedir de boca.
Como hacía en los tribunales, lo fundamental era mostrarse amigable con el testigo para conseguir que se abrieran con él. Se sintió algo culpable por jugar al mismo juego con Sora, pero no demasiado. En aquel caso, el fin justificaba plenamente los medios. Necesitaba que pensara en Matt, en especial en el hecho de que él no la hacía vibrar en el dormitorio como ella quería. Como él estaba seguro que podía vibrar.
Durante un instante, había temido equivocarse. Que el aburrido y rígido Matt se mostrara diferente con Sora, que tuviera un lado salvaje, un lado que comprendiera el deseo de aventura de su pareja. Sin embargo, no era así, tal y como ella había admitido poco más o menos. Le parecía que a Matt debía de volverlo loco que Sora tuviera más en común con su atrevido hermano que con él.
A Tai lo volvía loco. Si Sora no estuviera cegada por la familia de Matt, creía firmemente que la habría vuelto a ella también loca.
En pocas palabras, su plan era apagar aquella luz para que Sora pudiera ver más claramente los fallos que tenía la relación que mantenía con Matt y, por supuesto, que viera que ya tenía una relación perfecta con su mejor amigo, que tan sólo esperaba poder ascender al siguiente nivel.
Miró su maletín, que aún estaba sobre el suelo, al lado de la cocina. Había llegado el momento de sacar los papeles que había en su interior. Había llegado el momento de pasar a la segunda fase.
-Te he traído algunas cosas -dijo.
-¿Qué cosas? -preguntó ella. Evidentemente, no se fiaba de él.
-Venga, Sora. Relájate. Has dicho que cambiara de tema y eso es precisamente lo que estoy haciendo.
-Está bien -replicó ella, más relajada-. ¿Que cosas? -repitió. Era la misma pregunta, pero con una entonación diferente.
-Estaba pensando en el ensayo en el que estás trabajando.
-Tai, pensé que habías dicho que ibas a cambiar de tema...
-Y así es. Estoy hablando de asuntos académicos. ¿Acaso vas a demostrarme que los asuntos académicos y la intimidad resultan difíciles de separar?
-De acuerdo, de acuerdo -contestó ella. No quería volver a pisar aquel terreno-. Lo que sea. Dime en qué estabas pensando.
-¿Te acuerdas cuando me dijiste que estabas pensando comparar la literatura erótica histórica con la moderna?
-Sí. Aún sigo pensándolo. El tema no está mal, pero es demasiado amplio. ¿Por qué?
-Se me había ocurrido que podría ayudarte un poco. En la literatura erótica moderna.
-¿Cómo? ¿Acaso has estado buscando ejemplos de literatura erótica para mí?
-Y los he encontrado. He tenido que buscar mucho, pero me acordé de algunos de los textos históricos que me habías mencionado y traté de encontrar otros similares. Me llevó algún tiempo, pero creo que he encontrado un par de buenos ejemplos para ti.
No era del todo cierto. No había tenido tiempo de investigar la literatura erótica moderna y, además, había querido que los textos en particular estuvieran escritos de una manera concreta. En realidad, no le interesaba el proyecto de Sora. Tan sólo le interesaba el suyo propio.
Por lo tanto, había escrito los textos él mismo... y pensando en Sora. Así, había pasado unas cuantas veladas muy interesantes. De hecho, se estaba excitando con sólo recordar todas y cada una de las fantasías que habían acompañado a aquellas horas en las que había estado escribiendo.
-¿Es que no tienes mucho trabajo en el bufete? -le preguntó ella, con una sonrisa.
-Tan sólo estaba tratando de ayudar a una amiga. Estoy seguro de que si yo necesitara ayuda, tú te pondrías rápidamente a elegir al jurado.
-¿Crees que esas personas estarían fornicando completamente desnudas?
-Probablemente no, pero, considerando algunos de los jurados que he tenido que ver, creo que es mucho mejor tenerlos vestidos.
-¿Hay personas fornicando en lo que me has buscado?
-Tal vez un poco...
-Hmm... Me parece que tú te has quedado con la mejor parte en lo de ayudar a un amigo. Bueno, muy bien. Veamos lo que me has encontrado.
Tai contuvo el aliento. Se sentía en parte excitado y en parte nervioso. Allí era donde empezaba realmente su plan. Esperaba de todo corazón que funcionara.
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Sora frunció el ceño al ver las páginas que él le entregaba. Había esperado un libro, no lo que parecía un texto escrito, formateado poco más o menos como si hubiera sido escrito en un ordenador convencional.
-¿Qué es esto?
-Yo... Bueno, lo encontré en Internet -dijo Tai, encogiéndose de hombros-. No pude conseguir imprimir los textos tal y como aparecían en el sitio web, por lo que hice que mi secretaria me los escribiera en el ordenador. Pensé que, si te servían, podía darte la dirección. Ahora no la tengo aquí. Está en mi despacho. En alguna parte.
Sora sonrió. Tai jamás se mostraba tan arrebolado, pero parecía algo desestabilizado por todo aquello.
-Porno en Internet -bromeó-. Y, además, implicas a Sheila. Vaya, vaya... ¿Adónde vamos a ir a parar?
-No es pornografía, sino erotismo -replicó él-. Tú misma me has descrito la diferencia muy a menudo. En segundo lugar, a Sheila le pareció mucho más interesante que la transcripción de notas a la que la tengo acostumbrada.
-Muy bien. Lo siento. Basta de bromas. Te agradezco mucho que te hayas tomado el tiempo para buscarme estos textos porque sé lo ocupado que estás.
Era cierto. Lo que no le agradecía era que sus actos hubieran acicateado de nuevo su imaginación. Tai, con la corbata aflojada y arremangado buscando textos eróticos en Internet. Pensando en ella, pensando en tocarla...
No.
Se frotó el rostro con las manos. El agotamiento y demasiado alcohol eran una mezcla demasiado poderosa, especialmente cuando estaba tan cerca de un hombre tan seductor.
-Sora...
-Estoy bien. Sólo estoy un poco cansada.
-¿Qué mejor estado para leer textos eróticos? Mira el primero. Me recordaba a ese texto victoriano que me mostraste hace unos meses, el que trataba sobre el artista que sedujo a su modelo. ¿Te acuerdas?
Sora tragó saliva. Claro que se acordaba. Aquel texto había provocado una fantasía demasiado real, que incluía una cámara y muy poca ropa. Por supuesto, con Matt detrás de la cámara. Al menos, así se lo había contado a Tai.
-Léela y dime si crees que la puedes incluir en tu ensayo.
-¿Por qué te interesa tanto mi ensayo?
-Si hubieras leído lo que me ha tenido ocupado últimamente, no me tendrías que hacer esa pregunta.
-Tú eres el que quiso estudiar Derecho. Por supuesto, si la televisión imita a la vida, estás teniendo tórridas aventuras con las becarias, las secretarias y las otras abogadas en los ascensores y en la sala de reuniones.
-Es cierto. Ahora sabes el sacrificio que tuve que hacer cuando me tomé el tiempo necesario para buscarte estos textos. Léelos -dijo, señalando los papeles.
Sora obedeció. Mientras lo hacía, Tai sirvió otra copa de Frangelico y empezó a calentarla sobre la lata de gas.
-Vaya -susurró ella.
-Lee en voz alta -sugirió él-. Me ha costado mucho encontrarlo -añadió, al ver que Sora fruncía el ceño-. Creo que me merezco al menos unos cosquilleos en los dedos de los pies.
Sora volvió a ponerse nerviosa. Aquello no era la clase de texto que le gustaba leer en voz alta. Al menos, no en aquella ocasión, cuando había estando pensando en Tai constantemente. En cualquier otro día, se lo habría leído sin rechistar e incluso lo habrían comentado con todo detalle. Si quería ser la Sora que él conocía, tendría que armarse de valor.
-«Él me observó...» -dijo, empezando a leer.
Se acercó un poco más a la vela para poder distinguir las palabras. Se dio cuenta de que tenía un nudo tan fuerte en la garganta que sus palabras eran prácticamente un hilo de voz. Se aclaró la garganta y volvió a intentarlo.
-«Él me observó desnudarme y, aunque yo había acudido con la más pura de las intenciones, mi cuerpo vibró de anticipación. Sentí que me miraba de un modo distante y profesional, a juzgar por el modo en el que la luz se me reflejaba sobre la piel, el modo en el que las sombras me acariciaban las curvas. Me llevé las manos hacia la espalda y me desabroché el vestido. El aire fresco del estudio me susurró sobre la espina dorsal. Cerré los ojos y fingí que la mano de él me estaba tocando justo allí, encima del trasero...».
Sora tragó saliva al darse cuenta de que la espalda le estaba vibrando a ella, preparada para las caricias de un amante. Cerró los ojos, contuvo el aliento y reanudó la lectura, tratando de centrarse en las palabras para que Tai no se fijara en ella.
-«Levanté los brazos y los crucé por encima de mis senos para agarrarme las finas tiras del vestido. No había necesidad. Fácilmente, podría haberme deshecho de la fina tela con sólo encogerme de hombros, pero necesitaba el contacto. Lo necesitaba desesperadamente. Utilicé el movimiento para acariciarme mis propios pechos, para sentir cómo los pezones se me ponían erectos bajo la carne de los brazos a medida que el vestido caía al suelo. Él estaba ahí, aún a mis espaldas. Sin volverme, supe que me estaba observando y que su ojo profesional estaba cubierto de una especie de calor. Ya no llevaba nada más que las braguitas puestas y los zapatos de tacón de aguja. Me coloqué las manos sobre los senos con un gesto que esperaba que él percibiera como modestia, a pesar de que no había nada de modesto al respecto. Ahogué un gemido de placer mientras me pellizcaba los pezones con los dedos, aún de espaldas a él».
-Qué te parece? -le preguntó Tai, aprovechando la breve pausa que ella tomó para descansar.
Había realizado la pregunta en voz baja, o al menos eso le había parecido a ella. En el estado en el que se encontraba, con sus propios pezones erectos y el sexo palpitante, no estaba segura de estar en situación de analizar los tonos vocales de nadie.
-Bueno... -consiguió decir-. El paralelo es sorprendente. Estoy... estoy segura de que lo podré utilizar en el ensayo. Creo que lo dejaré de momento y me pondré con ello más tarde...
-No -dijo Tai, sentándose a su lado. Le apretó suavemente la rodilla, algo que hacía muy frecuentemente, pero que, en aquella ocasión, la transportó prácticamente al orgasmo. Ahogó un gemido-. ¿Te ocurre algo?
-No, nada.
-Termina de leerlo -le pidió él, indicándole el papel-. No sé a ti, pero a mí me está gustando.
-Sí, claro.
Sora contuvo el aliento para tratar de reprimir la frustración. ¿Cómo no le iba a gustar? Habían visto películas pornográficas juntos, riéndose cuando las situaciones eran demasiado exageradas. Hacía unos años, se habían pasado un mes muy divertido tratando de derrotarse el uno al otro escribiendo las cartas más escandalosas al foro de Penthouse. ¿Por qué no iba a querer Tai que siguiera leyendo? Sólo eran dos amigos divirtiéndose. Nada más. Por muy caliente o húmeda que ella estuviera, por muy desesperadamente que quisiera meterse la mano entre las piernas y aliviarse, haría todo lo posible para mantenerse tranquila.
-De acuerdo. Terminaré de leer.
Tomó un sorbo de su bebida y siguió leyendo.
-«Quítate las braguetas, pero déjate puestos los zapatos. Quiero que te sientes en la silla que hay al lado de la ventana, donde la luz es muy buena. Yo asentí e hice lo que él me había pedido. Bajé la mano para quitarme las bragas, pero hice también algo más. Me metí un dedo, hundiéndolo en el húmedo calor y me acaricié el clítoris. No quería alcanzar el orgasmo, pero no pude evitarlo. Empecé a jadear, mi cuerpo comenzó a temblar por las caricias. Yo sabía que él me veía. Estaba segura de que él sabía lo que yo estaba haciendo. Sin embargo, no dijo nada. Envalentonada, me acaricié una vez más y entonces me despojé de la ropa interior. Dejé caer las bragas al suelo y entonces lo miré por encima del hombro. Estaba al lado de la cámara, con un medidor de luz en la mano. Su rostro tenía un gesto impasible y profesional, pero sus ojos irradiaban deseo. Yo lo sabía. Él me deseaba. Con ese conocimiento, estuve a punto de volver a alcanzar el clímax». Bueno, creo que con eso ya basta -dijo. Se terminó la copa de Frangelico que él le había servido de un trago-. He bebido tanto que las palabras me bailan en el papel.
Era una buena excusa. Esperaba que él se la creyera. La verdad era que había leído un poco más allá. La modelo, con las piernas abiertas para él. El rayo de sol bailándole sobre el clítoris. La cámara centrada en ella. La mujer haciéndole el amor a la cámara y luego a él...
-Muy bien -admitió Tai-. ¿Te gusta? Me refiero para tu ensayo.
-Oh, sí, por supuesto. Gracias.
-De nada -replicó él. Extendió casualmente la mano y volvió a llenarle la copa.
-Oh, Tai... No creo que deba seguir bebiendo...
-¿Por qué no? Mientras estemos metidos en un apagón, es mejor que disfrutemos todo lo que podamos. ¿Qué mejor manera de pasar el tiempo que beber y comer? Por supuesto -añadió, mirándola a los ojos- se me ocurre una mejor. Supongo que es la primera vez que me arrepiento de que seamos tan buenos amigos.
-¿Cómo dices?
-Quiero decir que, dadas las circunstancias... Tenemos una cálida habitación, completa oscuridad a excepción del brillo de las velas, buena comida, literatura erótica... Un ambiente bastante decadente, ¿no te parece?
Sora empezó a escuchar alarmas en su cabeza.
-Sí, sí... pero somos amigos. Y yo tengo novio y... -dijo. No pudo terminar la frase. El alcohol le estaba empezando a nublar la cabeza porque no podía encontrar otro modo de protestar-. No puedo pensar más. Me está empezando a doler la cabeza.
-Date la vuelta -sugirió él. Al ver que ella no se movía, le hizo un gesto circular con los dedos-. Date la vuelta.
Con mucha cautela, ella hizo lo que él le había pedido. Tai empezó a masajearle las sienes. Sora suspiró, incapaz de no imaginarse aquellas manos acariciándole las mejillas, el cuello, los senos... Sabía que debía apartarse, pero había caído presa de la fantasía y, además, aquellos dedos estaban haciendo maravillas contra su dolor de cabeza. Era su fantasía. Su secreto. Tai no lo sabía ni tendría que averiguarlo nunca.
Podría disfrutar de sus caricias, de aquella fantasía, con la seguridad de que, dos días después, él estaría a más de dos mil kilómetros de distancia. Sus mágicos dedos ya no serían una amenaza.
-¿Se lo has dicho a Matt alguna vez? -preguntó él.
-¿El qué?
-Que quieres que te fotografíen. Así, ya sabes.
Las mejillas empezaron a arderle. Por primera vez, le pareció que compartir las fantasías sexuales con un amigo no era, después de todo, tan buena idea.
-Yo...
No pudo seguir hablando. Recordó la mirada de asombro que Matt le había dedicado cuando le dijo que le hiciera algunas fotografías. Acababan de hacer el amor y ella se sentía aún cálida y sensual. Pensar que Matt podría captar aquellas sensaciones a través de la lente de la cámara la había vuelto a excitar. Él, por el contrario, no se había mostrado muy dispuesto.
-Decidimos que tomar fotografías no era una buena idea.
Tai no respondió. Sora no podía verle el rostro, por lo que tuvo que controlarse para no darse la vuelta y mirarlo. Ella sabía que desaprobaba aquel comentario y que se mostraba muy crítico con Matt, cuando él simplemente había sido sincero consigo mismo y con lo que le resultaba cómodo. No había nada malo en eso, ¿no?
-¿Has pensado alguna vez en hacerlo sin Matt?
-¿Hacerlo? ¿Hacer qué?
-Las fotos, Sora. Yo podría hacértelas.
Ya no le estaba masajeando las sienes. Habían descendido para hacer lo mismo con los hombros. Se había acercado mucho a ella y el aliento le hacía cosquillas en la oreja de un modo enloquecedor.
-Estás bromeando, ¿verdad?
-En absoluto. ¿Por qué tendrías que negarte una fantasía sólo porque tu novio no quiere compartirla contigo? Podríamos hacerlo con la cámara digital. Si quieres imprimir una después, puedes hacerlo. Si no, podrías guardar simplemente los archivos en tu ordenador. Serían un pequeño secreto sólo para ti.
«Y para ti», pensó ella. Aunque sabía que Tai no buscaba nada con ella, en el estado mental en el que se encontraba tenía que admitir que la idea de que él la mirara a través de una cámara le resultaba muy atractiva. Incluso erótica. No la tocaría, por lo que no estaría poniéndole los cuernos a nadie. Simplemente estaría observándola, por lo que sería como poner en práctica su fantasía. Además, ella lo deseaba aunque sabía que era una mala idea.
-Vamos, Sora -la animó él-. Déjame que haga esto por ti. Además, no es que no te haya visto desnuda...
Así era y, por supuesto, ese pequeño detalle la ayudó a tomar la decisión. No estaría haciendo nada que no hubiera hecho antes con Tai. Bueno, a excepción de documentarlo con una cámara. La había visto desnuda. Él era su mejor amigo. Jamás se había mostrado tímida con él. Si decía que no, si se mostraba tímida en aquella ocasión, ¿no empezaría a sospechar él que ocurría algo?
Se aferró a la racionalidad de aquel pensamiento. Deseaba aquello más de lo que nunca se hubiera imaginado. Incluso lo necesitaba. Necesitaba que Tai la viera así. Sensual. Femenina. Desnuda.
-Muy bien -susurró. Tragó saliva y se armó de valor antes de que se arrepintiera por completo-. Sí. Podemos hacerlo.
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El corazón de Tai dio un salto. Trató de mantener las manos firmes, temeroso de que ella se diera cuenta de que estaba temblando de deseo. Temeroso de que se diera cuenta del más mínimo detalle y se arrepintiera.
Con mucho cuidado, le frotó suavemente los hombros.
-Bien -dijo, tratando de mantener la voz cámara, ¿no?
-Sí. En el armario. Encima de la televisión.
-Estupendo -comentó, con una sonrisa.
-Yo... yo... Es decir, tú... No te parece que esto es un poco raro, ¿verdad? ¿Desear...?
Él la interrumpió colocándole un dedo en los labios. A continuación, apretó los suyos contra la parte superior de la cabeza de Sora.
-Shh... Por supuesto que no. No hay nada malo en conocer lo que uno desea ni en poner en práctica tus propias fantasías.
La peliroja asintió. Tai se preguntó si, en aquellos momentos, estaría pensando en él o en Matt. Quería que pensara en ambos y que se diera cuenta de que con Matt tenía que ahogar sus deseos, mientras que con él podía darles rienda suelta. Sin embargo, no podía ser él quien se lo dijera. Sólo podía indicarle el camino.
Sabía que debía apartar las manos de ella, levantarse e ir a buscar la cámara. Quería verla a través del objetivo. De hecho, lo deseaba tanto que ya tenía una erección. No obstante, al mismo tiempo no quería romper el vínculo que los unía en aquel momento y tuvo que contenerse para no empezar a acariciarle los senos. Quería tocárselos y apretarlos, ponerle erectos los pezones y hacer que el corazón le latiera más rápidamente. Quería bajar la mano un poco más, deslizarle los dedos por debajo de la cinturilla de las bragas y luego, lenta y metódicamente, introducir la mano bajo el raso de su ropa interior hasta que los dedos encontraran los húmedos rizos. Quería deslizarle los dedos sobre el sexo, doblar el dedo corazón y curvarlo lo suficiente para hundirse en ella. Quería oírla gemir, sentir la aterciopelada pared de su cuerpo rodeándolo...
Deseaba todo esto, pero no tomó ninguna de estas cosas. En vez de eso, se limitó a apartar la mano. Se colocó un cojín en el regazo y le apretó a Sora suavemente la mano.
-Ponte una bata de seda -le dijo-. Puedes empezar así: y luego ya veremos.
Ella asintió y se volvió a mirarlo por primera vez. Incluso bajo la suave luz de las velas, Tai vio que el rubor le cubría las mejillas. Extendió un dedo y, con una sonrisa, le rozó la punta de la nariz.
-He hechos cursos de fotografía, ¿te acuerdas? Prácticamente soy un profesional.
-Sí... -susurró ella. Aún estaba sonrojada, pero una amplia sonrisa le cubría el rostro-. Iré a prepararme.
Mientras ella agarraba una bata y se dirigía hacia el cuarto de baño, Tai comprobó el estado de la cámara. La batería estaba completamente cargada y, como la mayoría de las cámaras digitales, había una pantalla en la parte trasera para que se pudieran ver las fotografías después de tomarlas. Estupendo.
Quería que Sora disfrutara con aquella experiencia y que, en el futuro, pudiera volver a vivirla. Lo que fuera con tal de que ella se diera cuenta de que con él podría tener lo que jamás tendría con Matt.
-Me siento un poco como Kate Winslet en Titanic -dijo ella, al reaparecer delante de él con una fina bata de seda que le ceñía todas las curvas de su cuerpo. Estaba muy hermosa. El hecho de no poder besarla hizo que Tai sintiera una profunda frustración, tanta que tuvo que darse la vuelta y hacer como que preparaba la cámara
- Ya sabes, en la escena en la que Leo la pinta desnuda. Creo que ella le pagó cinco centavos.
Se acercó a él lo suficiente para que Tai pudiera oler su perfume. Antes no lo llevaba puesto. Saber que se había perfumado tan sólo para aquella pequeña aventura significó mucho para él.
-¿Cuánto debería pagarte yo a ti? -le preguntó ella, con voz burlona aunque teñida de una profunda sensualidad.
-No te preocupes por eso -replicó él, con idéntico tono-. Puedes estar segura de que te enviaré la factura.
Sora se lamió los labios presa del nerviosismo. Entonces, apartó la mirada. Tai se preguntó si tal vez se había excedido y se había metido demasiado en aquella fantasía. Estaba a punto de decir una estupidez sólo para recordarle a ella que era su mejor amigo cuando Sora sonrió y se atrevió a mirarlo a los ojos.
-Bueno, ¿dónde quieres que me ponga?
-Creo que en el sofá, a menos que prefieras sacar la cama.
-Empecemos con el sofá. Ya veremos después.
-Muy bien, en ese caso... Espera -dijo, deteniéndose para escuchar atentamente los ruidos del exterior-. Está lloviendo. Tráeme unas cuantas velas.
Ella obedeció sin preguntar para qué las quería, por lo que Tai se imaginó que lo suponía. No era ningún secreto que a ella le encantaba la lluvia. De hecho, le parecía que resultaba muy erótica y excitante.
Colocaron las velas sobre el alféizar de la ventana y, a continuación, Tai se echó atrás y asintió con un gesto de aprobación al ver el modo en el que las llamas bailaban con las gotas de lluvia, haciendo que el cristal de la ventana reluciera.
-Eso es -dijo él.
-¿Crees que...? -preguntó ella, señalándose la bata-. ¿Crees que debería quitármela?
-Hazlo lentamente -respondió él. Entonces, levantó la cámara y enfocó-. Quítatela para la cámara.
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Una parte de Sora deseaba abrocharse la bata y salir corriendo hacia el cuarto de baño. Sin embargo, el resto de ella se lo impidió. Una parte de ella deseaba experimentar aquella situación, mostrarse desnuda delante de la cámara y saber que su imagen, su cuerpo, quedaban capturados para siempre.
El hecho de que fuera su amigo quien estuviera tomando las fotos... Bueno, quería decirse que no importaba. Que él simplemente era una persona como cualquier otra. Alguien que sabía cómo hacer funcionar la cámara. No obstante, sabía que se estaba mintiendo. Le gustaba la idea de que él la viera así, que fuera Tai quien la fotografiara desnuda para la posteridad.
Suponía que debía sentirse triste o disgustada porque no fuera Matt, pero no era así. Matt ni comprendería ni aprobaría la situación. No tenía ninguna importancia. No había ninguna regla que dijera que el prometido de una mujer tenía que saberlo todo sobre ella. Y en aquella situación... Sí, se alegraba de que fuera Tai.
-Estás muy hermosa -susurró Tai.
Sora se dio cuenta de que se había apoyado contra un lado de la ventana y que el cristal quedaba a sus espaldas. La bata le caía por un hombro, de modo que uno de los senos quedaba al descubierto. Al descubierto para él.
Sintió una suave presión entre las piernas, una delatora humedad que deseaba acariciar. Cuando más pensaba en el hecho de que no deseaba que Tai se diera cuenta, más húmeda se ponía.
Cerró los ojos y se perdió en el sonido de la lluvia y en el ruido que hacía la cámara al disparar. Tai había apagado el flash, por lo que ella sabía que su cuerpo estaba tan sólo iluminado por la luz de las velas.
El pezón que quedaba al descubierto estaba erecto. Se imaginó a Tai dejando la cámara y acercándose a ella para tomar aquel seno entre sus labios. Para deslizarle una mano entre las piernas.
Dejó escapar un pequeño gemido y, entonces, permitió que la bata le cayera hasta la cintura para tratar de camuflar el sonido. Tai realizó un gruñido de aprobación. Sora abrió los ojos y lo vio a través de las sombras de sus pestañas. Él se estaba moviendo delante de ella con el objetivo de conseguir el mejor ángulo y la mejor luz.
Sora lo deseaba dentro de ella.
Aquel pensamiento se apoderó de ella con una fuerza que la dejó atónita. Trató de deshacerse de él, pero, cuanto más se esforzaba, menos podía apartar la imagen de Tai de su mente.
-Tócate, Sora -dijo él.
Ella estuvo a punto de gritar de la desesperación. No quería tocarse ella sola, quería que lo hiciera él. Sin embargo, ni siquiera se le ocurrió discutir. Se deslizó las manos entre las piernas y empezó a acariciarse. Los dedos se le humedecieron inmediatamente con su húmedo calor.
-Termina para la cámara -la animó él-. Déjame que te muestre el aspecto que tienes cuando alcanzas el orgasmo.
-Yo... yo...
Resultaba inútil protestar, sobre todo cuando ya no podía detenerse. La bata se le cayó a los pies y Sora se inclinó hacia atrás para apoyarse contra la pared. Echó las caderas hacia delante y empezó a moverlas con un erótico ritmo para encontrar el centro de su placer, acariciándose constantemente hasta que la presión fue creciendo cada vez más. Por fin, se hundió en el abismo del placer. Sólo pensar que Tai la estaba observando le provocó un orgasmo más rápido y más poderoso que nunca.
Con el cuerpo temblándole de gozo, se deslizó por la pared con los ojos cerrados mientras trataba de devolver su cuerpo a la normalidad.
-Dios, Sora...
Taichi. Y allí estaba ella, desnuda sobre el suelo.
Las brumas del orgasmo se desvanecieron inmediatamente. Recogió la bata y se cubrió a pesar de todo lo que acababa de ocurrir. Se puso de pie y, mientras se ponía la bata, se volvió para que él no pudiera verla.
-Tai. Yo no... No debería...
-Calla... - susurró, mientras la ayudaba a atarse el cinturón de la bata-. Ha sido maravilloso. Las fotografías son fantásticas. Y tú eres increíble por tener el valor de llevar a cabo tus fantasías.
Sora no estaba tan segura, pero, dado que aquello era exactamente lo que necesitaba escuchar, se volvió lo suficiente para poder mirarlo.
-¿De verdad?
-Sí, de verdad -afirmó Tai, dándole un beso en la punta de la nariz-. Estoy muy orgulloso de ti, Sora. Tengo que decirte que creo que tengo la amiga más sexy de todo Tokio. Tal vez del mundo entero.
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A Tai le pareció que era lo mejor que podía decir porque así consiguió que la vergüenza desapareciera de los ojos de Sora. No era lo que le habría gustado decirle. Le habría gustado utilizar palabras mucho más explícitas para conseguir meterla en la cama. No recordaba haber tenido jamás una erección tan potente y la idea de no poder hundirse en ella le resultaba casi insoportable.
Sin embargo, no era lo que Sora le necesitaba precisamente en aquellos momentos. Además, sabía que había conseguido su primera victoria. Si quería ganar la guerra, tenía que avanzar con cautela.
Le agarró suavemente la mano y la condujo hacia el sofá. La acomodó a su lado para que los dos pudieran mirar la cámara al mismo tiempo. Fue mostrándole las imágenes, y cada una que pasaba le recordaba lo excitado que se había sentido al ver cómo ella le hacía el amor a la cámara. Eso era lo que Sora había hecho y él había estado a punto de perder el control sólo de ver cómo la luz se le reflejaba en la suave piel del pecho. Cuando vio cómo los pezones se le ponían erectos, cuando vio la expresión de gozo en su rostro, supo que tenía que animarla a aliviarse.
No había sabido lo que podía esperar cuando él le dijo que se acariciara. Pensó que, probablemente, se opondría. Lo que había obtenido era una fantasía hecha realidad y él había tenido que echar mano de toda su fuerza de voluntad para no alcanzar el orgasmo allí, delante de ella.
-Vaya -dijo Sora. Parecía tanto fascinada como avergonzada por las fotos-. No me puedo creer que yo... que yo haya hecho eso.
-Lo necesitabas. No me puedo creer que Matt no quiera verte así. Estas fotos... Estás absolutamente preciosa.
-Él no lo comprendería.
-Tal vez deberías mostrárselas.
-No. Ni hablar. Él no...
-¿Él no qué? -insistió Tai, al ver que no encontraba las palabras.
-No estoy segura -dijo ella-. Supongo que, simplemente, no es como tú.
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Soy debil T.T... les dire la vd xD... se supone que habia dicho que una vez a la semana pero no me gusta eso! creo que seran lunes y viernes sas? xD
aunque... tratare de terminar TODO este fin y asi solo subir los dias acordados ^^' Así sera mas facil y no tardaria tanto en subir
aunquee... u.u esta ves no me llegaron tantos review t.t asi que toy tiste...
pero uno me hiso toda feliz! wakamaniac! que perro saber que tengo saluditos desde monterrey! eaea y me piñooo! jajajaj
también e descubierto algo... en mis comentarios escribo como yo.. jajaja osea no se explicarme per me da risa ^^'
anyways! AMO LAS FOTOS! aii aii aii me encanta este cap!
bueno ya escribi mucho... y de ser honesta cuando leo los fics de alguien mas y pone asi MUUUUCHO me aburro xD y aveces ni lo leo xD... pero si me gusta les dejo un review :$ es mi forma de decir que me gusto aunque no haya leido sus notas 8)
bueno... nos vemos a la prox
un abrazoteeeeee
muaaaaaa:*
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can u give me a review?
this is for u!
