aclaraciones:

los personajes aqui mensionados no me pertenecen... solo los utilizo a mi antojo para proporcionar una lectura y entretenimiento para ustedes ^^' y la historia original tampoco me pertenece.

narración en tercera persona... este dia tanto Tai como Sora

como siempre y sin mas preámbulo... espero que disfruten la lectura :D


Atrevimiento o Verdad

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Tai estaba corriendo un riesgo, de eso no había ninguna duda. Sin embargo, en aquel momento, no le quedaba otra opción. También le daba la sensación de que tenía todo de su parte. Había visto la chispa en los ojos de Sora y estaba completamente seguro de que ella estaba tan interesada como él en su amiga. La cuestión era si sería capaz de admitirlo. Una cuestión muy peliaguda por Matt.

Suponía que debería sentirse culpable por estar tratando de enamorar, no de seducir, a Sora para apartarla de su novio, pero no era así. Matt era un buen hombre, pero no era para ella. Él sí. Y, como alguien había dicho en una ocasión, todo vale en el amor y la guerra. Aquella noche, Tai estaba dispuesto a todo.

-Bueno -le preguntó, al ver que ella no respondía-. ¿Qué te parece?

-¿Hablas en serio?

-Me imagino que es eso o ver una película, pero dudo que tengas una televisión y un DVD que funcionen a pilas.

-De hecho, tengo uno de esos DVD portátiles. ¿No te acuerdas? Mi madre me lo regaló en enero. Se suponía que era el aparato más moderno que pudo encontrar, para así compensarme por ser una mala madre y haberse olvidado de llamarme durante las fiestas.

-Vaya -replicó él, desolado-. Se me había olvidado. Bueno, ¿qué vemos?

-Bueno, desgraciadamente, no podemos ver nada porque no he recargado el maldito aparato desde el invierno. Lo utilicé una vez y luego lo metí en un cajón, con el resto de las porquerías que me manda mi madre. ¿Quieres llevártelo? Podrías ver películas durante el viaje.

-Sí, claro. Muchas gracias, pero, una vez más, nos hemos vuelto a apartar del tema. Si no podemos ver una película, entonces...

-Supongo que tendremos que jugar Atrevimiento o verdad -dijo, sin abandonar la postura en la que llevaba sentada un buen rato.

-¿Te ocurre algo?

-¿Cómo dices?

-Considerando el modo en el que te estás escondiendo en el rincón del sofá, parece que te he preguntado si quieres que te opere de apendicitis sin anestesia. ¿Te preocupa algo? No sigues incómoda por lo de antes, ¿verdad?

-Yo... No. Claro que no -respondió ella, sentándose más relajadamente en el sofá, vamos a jugar.

-Nos ayudará a pasar el tiempo. A menos que prefieras acostarte.

-¿Cómo?

Tai ocultó una sonrisa y trató de aparentar inocencia. Estaba completamente seguro. Había pasado la noche demasiadas veces con Sora como para que ella reaccionara de aquel modo. A menos, por supuesto, que la idea que tenía sobre lo que significaba irse a la cama con él hubiera cambiado.

-A dormir. Yo sigo estando demasiado nervioso como para poder dormir, pero si tú quieres...

-No. Tampoco estoy cansada. Venga, vamos a jugar un rato.

-Sí, por los viejos tiempos. ¿Te acuerdas de la primera vez que jugamos a esto?

-En el instituto.

-Bueno, pues empecemos entonces -afirmó Tai, acomodándose en el futón-. ¿Atrevimiento o verdad?

Sora se rebulló en el asiento con una docena de expresiones reflejándosele en el rostro. Respiró profundamente.

-Verdad -contestó, por fin-. Sí. Verdad.

-Está bien. Empecemos.

Al ver que Tai no le preguntaba nada, ella lo golpeó con el cojín antes de agarrarse a él una vez más. Aquella vez, parecía mucho más relajada.

-Haz la pregunta de una vez.

-¿Quieres más champán?

-¿Ésa es tu pregunta? -replicó ella, llena de incredulidad.

-Sí. ¿Por qué? ¿Qué crees que te debería preguntar?

-No, no. Si eso es lo que quieres, no seré yo quien te contradiga.

-Confía en mí. Yo no me ando con chiquitas en este juego. No habrá preguntas fáciles.

-Hmm... Bueno, la respuesta es «sí». Quiero más champán.

Tai extendió la mano y le sirvió un poco más de espumoso.

-Te toca a ti.

-Oh. Vaya, ¡qué fácil!

-Simplemente estoy calentando.

La cálida sonrisa de Sora, sin sombra de duda o nervios, lo alegró profundamente. Quería ver aquella sonrisa constantemente, sobre todo, cuando él estuviera acostado junto a ella, desnuda bajo las sábanas. Pronto... Muy pronto...

-Muy bien -dijo ella-. ¿Atrevimiento o verdad?

-Atrevimiento.

-Oh...

-¿Qué pasa?

-Estaba esperando que me dijeras «verdad». Dame un segundo. Un momento -replicó ella, al ver que Tai empezaba a golpear la mesa con los dedos-. No se puede meter prisa a la perfección. Está bien. Haz un striptease.

-¿Un qué? -repuso Tai. No sabía lo que había esperado que Sora le pidiera, pero definitivamente aquello no estaba en la lista.

-Un baile, ya sabes. Un striptease.

-¿Aquí? ¿Para ti? Vaya, después de todo, tal vez no sea un atrevimiento tan malo.

-Ni hablar. Ahí fuera -le indicó ella, señalando la escalera de incendios-. Dado que no pudiste encontrar las linternas, tendremos que rodearte con velas. No nos empatará, pero estará muy cerca de hacerlo. De hecho, creo que tú lo tendrás un poco mejor. Es decir, tendrás público.

-¿Sí?

-Claro. Hay apagón. Es una noche muy aburrida. Ha dejado de llover. Me imagino que hay al menos veinte personas aburridas mirando hacia nuestra ventana. Tal vez tengas suerte y una de las chicas se quede tan impresionada que decida localizarte.

-Eso espero... -replicó él, con voz seca.

-¿Significa eso que lo vas a hacer?

-¿Y por qué no? ¿Estás segura de que quieres que haga eso? -le preguntó, mirándola a los ojos.

Aunque Sora no supiera lo mucho que la deseaba, tenía que saber que acababa de llevar el juego por un camino muy peligroso. Haciendo un striptease podría conseguir que ella... Bueno, ya se le ocurriría algo para seguir calentando el nivel de los atrevimientos.

Sora parpadeó y, durante un instante, Tai vio que ella había comprendido. Entonces, asintió.

-No te vas a escapar de ésta, Yagami. Striptease. En la escalera de incendios. No hay límites. Quiero que te desnudes por completo ahí fuera.

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Sorprendentemente, Tai iba a realizar el striptease. Sora sentía que las piernas se le debilitaban y que los pezones se le erguían ante la idea de ver cómo él llevaba a cabo un destape sólo para ella.

¿Por qué no se había parado a pensarlo? En realidad, había pensado que el striptease sería para los vecinos, jamás para ella.

Lo siguió a la escalera de incendios con la determinación de controlar su cuerpo. Tai había sacado una pierna por la ventana, lo que le proporcionaba una agradable vista de su trasero, cuando él se detuvo en seco.

-No te olvides de ponerme música. Ni de las velas. La iluminación de este local es atroz - bromeó.

Ella contuvo una carcajada mientras se daba la vuelta para hacer lo que él le había pedido.

-Creo que te estás divirtiendo demasiado con todo esto. Se supone que los atrevimientos no deben ser algo fácil.

-En ese caso, deberías haber escogido algo más difícil. Es decir, ¿por qué no me iba a divertir? ¿Una noche oscura y la posibilidad de bailar para un público tan atento?

-De eso ni hablar. Yo siempre tengo la posibilidad de regresar al interior.

-¿Tú? -replicó él, con una sonrisa-. No me había dado cuenta de que eras tú mi público. Yo me refería más bien a tus vecinos.

Vaya

-Bien. Lo que sea. Voy a por las velas.

Sora regresó al interior, encantada de tener una excusa para alejarse de él y evitar que viera el rubor que le cubría las mejillas. A pesar de todo, tenía que admitir que se moría de ganas por verlo bailar aunque jamás fuera a admitirlo en voz alta.

Tomó una docena de velas y se las metió debajo del brazo. A continuación, agarró la radio con la mano que le quedaba libre. Al encenderla, Killing me softly empezó a sonar por los pequeños altavoces.

-Vaya -protestó ella-. Yo creía que estas canciones antiguas eran decadentes y sexys.

-Baile lento -replicó Tai, sin inmutarse-. Confía en mí. Esa canción tiene un gran potencial.

-¿Lo sabes por experiencia? -preguntó Sora, sin poder evitar que los celos se apoderaran de ella.

-No, pero así lo creo. Ven, baila conmigo. Aquí, ahora...

Sora le entregó una vela.

-No te vas a librar de tu atrevimiento tan fácilmente, caradura.

-Merecía la pena intentarlo -repuso él, levantando la vela-. Si quieres que la encienda, tendrás que darme cerillas.

Empezaron a encender las velas entre los dos. Las sujetaron sobre el metal vertiendo primero un poco de cera sobre la base. Cuando las doce estuvieron colocadas, la pequeña plataforma quedó transformada en un lugar maravilloso.

En aquel momento, la canción terminó. El locutor anunció la siguiente: I'm too sexy.

-Ésa sí que es adecuada -dijo ella-. Es el destino. ¿Quieres que grite tu número de móvil al terminar por si hay algún agente artístico por ahí suelto?

-Limítate a observarme, Takenouchi. Y prepárate para quedar atónita.

Ella asintió, tratando de adoptar un gesto serio, aunque, al mismo tiempo, quería echarse a reír de los puros nervios. Lo pusiera como lo pusiera, estaba deseando verlo.

La música empezó a sonar. Delante de ella, Tai comenzó a contonearse y a girar, más o menos moviéndose al ritmo de la canción. Mientras el cantante recalcaba lo sexy que era, él se acariciaba el cuerpo, movía la pelvis y empezaba a desabrocharse los botones de la camisa.

Cuando el cantante mencionó precisamente esta prenda de vestir, Tai se la quitó.

Dios Todopoderoso. Aquel hombre era su mejor amigo, pero estaba muy bueno. Su cuerpo resultaba aún más impactante bajo la luz de las velas.

Sora pensó que debería decírselo. Después de todo, los amigos se dedicaban piropos. Se guardaría el resto para sí, como la parte de cómo le gustaría extender los dedos sobre aquel torso desnudo y dejar que las palmas de las manos se le deslizaran sobre el suave vello. Tampoco le contaría la parte de que le apetecería besarle los pectorales y pasarle la lengua suavemente por el pezón, para ir depositando después besos vientre abajo hasta llegar a la bragueta de los pantalones...

Los pantalones... Tai acababa de ponerse las manos sobre ellos. Estaba empezando a tocarse la cremallera. Estaba frente a ella, con los ojos cerrados mientras se movía con la música. Entonces, los abrió. Sora vio algo oscuro y apasionado reflejado en ellos. A pesar de todo, tragó saliva, decidida a guardar las apariencias.

-Se supone que tienes que bailar para los vecinos -dijo ella.

-Muy bien.

Se dio la vuelta, consiguiendo quitarse los vaqueros al mismo tiempo y ella pudo disfrutar de una maravillosa vista de su trasero. Llevaba unos calzoncillos negros y la luz de las velas le iluminaba la piel, acentuando las sombras y haciendo que su firme cuerpo tuviera un aspecto aún más delicioso.

Ya se había quitado los zapatos y los calcetines antes de empezar, por lo que la única prenda que le quedaba era aquel pequeño trozo de algodón. Sora quería extender la mano y tocarle el trasero. Quería apretarse contra él y bailar. Ya no quería que Tai fuera su amigo. En aquel momento, sólo deseaba que él la besara profunda y apasionadamente y que la desnudara. Deseaba...

«¡Basta!».

Necesitaba tranquilizarse. Casi era una mujer comprometida. Era feliz. No iba a arruinarlo todo sólo porque deseara a un hombre, y mucho menos a uno que era su mejor amigo.

En aquel momento, Tai se dio la vuelta ligeramente. Cuando lo hizo, el mundo entero de Sora se hizo pedazos. No podía ver nada, pero sí lo suficiente. La larga y firme columna de su erección.

Maldita sea, ¿qué había hecho?

Cuando Tai se deslizó las manos por debajo de la cinturilla de los vaqueros, ella contuvo el aliento. Una parte de su ser deseaba que se los quitara y la otra esperaba sinceramente que Shane se detuviera antes de que la situación se escapara de todo control. En aquel momento, estuvo segura al cien por cien de que estaba ocurriendo algo. Una química. Una atracción. Algo entre Tai y ella.

¿Qué iba ella a hacer al respecto?

Tai la miró. Sus ojos brillaban seductoramente bajo la suave luz de las velas. Empezó a bajarse los vaqueros muy lentamente. Nicole vio el nacimiento del vello púbico y... de repente la canción se detuvo... Y Tai también.

-Bueno, tú decides -susurró él, por fin-. ¿Quieres que termine el espectáculo?

En aquellos momentos, el locutor estaba hablando sobre la causa del apagón.

-No... La canción ha terminado ...Tú... lo has hecho muy bien.

Tai la miró durante un instante y luego asintió. Extendió la mano para recoger su camisa. Al verlo, Sora deseó confesar que no era eso lo que quería, que se moría de ganas porque se lo quitara todo y la poseyera. No lo hizo.

Se limitó a observar cómo él se vestía. Tai lo hizo muy lentamente y, al ver que las ropas volvían a cubrir su cuerpo, Sora sintió cómo regresaba a la normalidad. Sólo era deseo. Nada que no pudiera controlar.

Cuando él terminó de vestirse y de apagar las velas, Sora terminó de tranquilizarse. Decidió que la próxima vez elegiría un atrevimiento más seguro.

-¿Crees que le ha gustado a alguien mi actuación? -le preguntó él.

-A mí sí -contestó, sin poder contenerse.

-Me alegro, pero lo que quería decir...

-¡Otra! ¡Otra! -gritaron unas voces femeninas desde la oscuridad, que sonaban como si hubieran estado bebiendo

Tai y Sora se miraron. Entonces, los dos se echaron a reír y se metieron rápidamente en el salón. Cayeron sobre la alfombra sin dejar de reír.

-A alguien sí -comentó Sora-. ¡Oh, Tai! ¡Creo que tienes una cita si la quieres!

Los dos siguieron riendo hasta que quedaron agotados. Se quedaron tumbados allí un rato. Tai tenía la cabeza apoyada sobre los muslos de Sora, una postura en la que habían estado en cientos de ocasiones mientras charlaban o veían una película. Sin embargo, aquella noche, la postura parecía mucho más íntima

-No ha estado mal ese atrevimiento -dijo él, tras un momento-, pero me has sorprendido. Un striptease no me parece algo propio de ti.

-¿No? ¿Y qué te parece propio de mí?

-No sé. Echar a correr por todo el edificio tan sólo vestida con una toalla.

-Eso también lo puedes hacer, si quieres.

-No gracias. Bueno, ahora me toca a mí. ¿Atrevimiento o verdad?

-Verdad -dijo Sora-. No espera, atrevimiento.

-Ni hablar. Sigue tus instintos. Has escogido verdad y te tienes que aguantar.

-Bien, pero será algo muy aburrido. Ya sabes que no te guardo ningún secreto.

-Excepto sobre tu vida sexual con Matt.

-Así es y eso es porque no es asunto tuyo.

-Está bien. No es asunto mío. Aquí está mi pregunta.

-No, no. Ni hablar. Ya me has hecho una pregunta. Se te ha pasado el turno, compañero. Como abogado, sabes que ya has utilizado tu turno. Ahora me toca a mí. Tienes que aguantarte.

-Está bien -admitió Tai, levantando las manos para reconocer su toca.

-Bien. ¿Atrevimiento o verdad?

-Considerando lo de la última vez, creo que esta vez voy a apostar por lo seguro. Verdad.

Sora consideró docenas de preguntas, pero sólo se decidió por una, precisamente la que no debía preguntar.

-¿Te ha excitado ese baile?

-Sí -respondió él, mirándola a los ojos.

-Oh... -susurró Sora. ¿Debería preguntarle qué era lo que lo había excitado al respecto? No. Era mejor que no.

-Tú -dijo él, de repente.

-¿Cómo dices? -preguntó ella, atónita. ¿Acaso la había oído?

-Que ahora te toca a ti. ¿Atrevimiento o verdad?

-Oh... Verdad -contestó, sintiendo una pizca de desilusión.

-Vaya... Creía que tenías más agallas, Takenouchi.

-Venga ya, Yagami -le espetó ella-. Hazme tu pregunta y deja de fastidiar.

-Muy bien. ¿Vas a venir a casa para visitarme por Navidad?

Sora se tensó y se apartó de él. Trató de hacer lo mismo con la pregunta.

-Estoy en casa.

-Me refería...

-Shane, ya sabes que yo...

-Esto no tiene nada que ver con tu madre -la interrumpió él-,sino sobre nosotros. ¿Vas a venir a visitarme o no?

-Ésta es mi casa ahora -replicó ella-. Puedes venir a visitarme aquí.

-Ya sabes que no podré. Tú estarás de vacaciones, pero yo estaré trabajando.

-Tal vez yo también lo esté -comentó Sora, con una amplia sonrisa.

-Un momento -dijo Tai mientras empezaba a procesar aquella información-. ¿Significa eso que.,.?

-¡Sí! ¡He conseguido la beca!

-Sora, eso es fantástico -dijo él, agarrándola para poder abrazarla-. Sabía que lo conseguirías.

-Gracias. Por supuesto, estoy en las nubes. En realidad, aún no me lo han dicho oficialmente. Inoue se enteró y me lo ha dicho ella.

-¿Y has estado todo este tiempo sin contármelo?

-Bueno, estaba esperando el momento adecuado para hacerlo. Además, me tenías muy distraída.

-¿Sí? Pues ahora me alegro mucho más de haber traído champán. ¿Un poco más?

-¿Por qué no? Me lo merezco, ¿verdad?

-Efectivamente.

Tai se inclinó sobre ella y le dio un beso absolutamente casto en la mejilla. A pesar de todo, el fuego que prendió dentro de ella no fue nada inocente. Se enfrentó al impulso de girar la cabeza y besarlo en los labios para celebrar de verdad el momento.

-Entonces, ¿significa eso que no crees que vayas a volver a Texas? ¿Ni siquiera para ver a Ruki?

Ruki había sido la niñera de Sora y se había retirado hacía unos años. Tal vez odiara a sus padres y a la ciudad en la que nació, pero no la odiaba a ella. La mujer había sido lo más parecido que había tenido a una madre. Si hubiera dependido de la suya propia, Sora habría sido una pequeña salvaje. Sin la influencia de Ruki, se habría metido en líos muy importantes. Drogas, sexo, coches rápidos... Eso era lo que solía ocurrirles a los chicos con dinero y sin demasiada supervisión paterna. Ruki se había ocupado de ella y con disciplina la había convertido en lo que era.

-La echo de menos -admitió-, pero no quiero regresar allí. Eso ya lo sabes.

-Sí, lo sé. Y te comprendo. Simplemente me pareció que, dado que voy a vivir ahora allí, podría resultarte un lugar menos desagradable.

-Mira, Tai, no quiero hablar al respecto. Faltan muchos meses para las Navidades. ¿No podemos hablar de todo esto más adelante?

-Claro que podemos, pero me gustaría tener algo que anhelar.

Sora se mordió el labio. La verdad era que sí quería regresar, al menos un poco. No quería ir a la casa de sus padres, pero le gustaría volver a ver a Ruki y, seguramente, para diciembre se moriría de ganas de ver a Tai. Sin embargo, no quería hablar al respecto. Aquella noche ya le estaba resultando bastante difícil.

No quería ver a su madre, pero... Decidió que sería mejor ir cuando ella quisiera, si es que iba a regresar a su lugar de origen. Debería hacerlo pronto dado que, si empezaba con su beca, tenía la intención de causarle una impresión imborrable a su jefe.

-Tal vez el fin de semana -dijo, de repente-. Podría ayudarte a deshacer las maletas -añadió. Tai la miró completamente atónito-. ¿Qué pasa? ¿Es demasiado pronto?

-En absoluto. Simplemente me estaba preguntando sobre Matt. Para entonces, ya habrá regresado.

-Es cierto, pero probablemente preferirá que vaya ahora que en Navidad. Ahora, yo tengo familia aquí -comentó Sora, pensando en la familia de Matt-. Ya están haciendo planes para las Navidades.

-Entonces, no vas a venir para Navidades.

-Ya te lo he dicho -replicó ella, algo que hablar con Matt, y ese lugar ya no es mi hogar. Tokio sí.

-De acuerdo. En ese caso, tengo que hacerte otra pregunta. ¿Amas a Matt?

-¿Cómo dices? Además, no es tu turno de hacer preguntas, sino el mío.

-No me has contestado sobre Navidad, por lo que tengo otra oportunidad.

-Claro que te he contestado. Te he dicho que no lo sabía. Ésa es una respuesta.

-Sólo quiero que me respondas a una pregunta -insistió éás, no me parece que sea demasiado dificil. Es decir, estás a punto de comprometerte con él. Los dos sabemos cuál debería ser la respuesta.

-Tienes razón. Por supuesto que lo amo. Es que es una pregunta tan estúpida... Sabes perfectamente la respuesta, así que ¿por qué has tenido que hacérmela?

-Claro que la conozco -dijo él, mirándola muy fijamente a los ojos-, pero no estoy seguro de que la sepas tú.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Nada.

-Maldita sea, Tai. Claro que amo a Matt. Sólo porque a ti no te caiga bien no significa que yo no pueda amarlo.

-Yo no he dicho nunca que no me caiga bien.

-No has tenido que decir nada. Además, no importaría nada que así fuera. Lo que creo que sí importa es lo que piense yo, porque yo soy la que se va a casar con él.

-Bien.

-Además, Matt es una persona dulce, considerada y encantadora. Me ama y yo lo amo a él. Me gusta todo él. Su aspecto, su personalidad, su familia... los padres de Matt me han dado la bienvenida a la familia con los brazos abiertos. Yo los quiero a ellos y ellos me quieren a mí.

-Estoy seguro de que amas todo lo que tenga que ver con Matt. De lo que no estoy tan seguro es de que lo ames a él.

-¡Taichi! Estás caminando sobre la cuerda floja, compañero. Sólo porque eres mi mejor amigo no significa que tengas derecho a... -le espetó, llena de furia.

-Tienes toda la razón -dijo él, levantando una mano en son de paz-. Tienes razón. Lo siento. Me he pasado. ¿Puedo retirar lo dicho? Mira, sugiero que retiremos lo de decir verdades en este juego. No estamos teniendo mucha suerte en este terreno. ¿Qué te parece un atrevimiento?

-Claro. ¿Por qué no? -comentó ella, más tranquila. Dadas las circunstancias, un striptease le parecería una buena opción.

-Está bien -respondió Tai. Tomó su copa y bebió un poco de champán-. Antes estábamos hablando de exhibicionismo. De demostraciones públicas de afecto. El atrevimiento es hacerlo ahora.

-¿Hacer qué? -preguntó, sin saber a qué se refería.

-A una demostración pública de afecto - contestó él, con una pícara sonrisa en los labios-. Me dijiste que querías hacerlo. Que era otra de tus fantasías. ¿Qué te parece si lo haces ahora mismo? Conmigo.

-¿Otro regalo de despedida, como el de las fotografías?

-Si es así como quieres llamarlo, por supuesto.

-Oh...

Se le había hecho un nudo en el estómago por los nervios. Se sentía febril. Húmeda. Estaba tan húmeda...

-¿Acaso me estás diciendo que debería enrollarme contigo en la escalera de incendios? ¿En público?

-Eso es precisamente lo que te estoy proponiendo, sí.

-¿Por qué?

-Quieres experimentar esa sensación. Yo soy tu mejor amigo. ¿No son para eso los amigos?

-Yo... no estoy segura... Nunca lo he hecho con ningún otro amigo -susurró. A pesar de todo, lo deseaba tanto- No lo sé. Jamás he hecho algo así.

-Hay una primera vez para todo -afirmó él. Entonces, se acercó a ella un poco más.

-Tai...

A pesar de sus protestas, sabía perfectamente lo que quería. Deseaba sentir las manos de Tai por todo el cuerpo, los labios de él contra los suyos. No sabía si eso la convertía en una mala persona o en un ser humano, pero estaba segura de que si Tai no la tocaba aquella noche, lo lamentaría el resto de su vida.

Quería tener la experiencia que él había mencionado, saber lo que se sentía. Se dijo que era simplemente curiosidad erótica, pero la verdad era que se trataba de mucho más. Si Tai le hubiera propuesto hacerlo en un armario, también habría aceptado. La verdad era que no podía negarse. Estaba demasiado caliente y sentía demasiada curiosidad como para echar el freno.

-Vamos, Sora. Soy tu mejor amigo y me voy a marchar dentro de un par de días. No podré venir a consolarte cuando tengas un mal día en la universidad o te pelees con Matt. Ni siquiera si Matt no te da en la cama todo lo que tú quieres... -le dijo. Le colocó un dedo por debajo de la barbilla y la obligó a mirarlo-. Este atrevimiento es mi regalo para ti. Un regalo poco convencional, pero es tuyo si lo deseas. ¿Qué me dices?

Sora no podía hablar, pero sí asentir. Eso fue precisamente lo que hizo.

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Hello people! quien quiere un striptease de Tai :3! aii aii aii si o no estuvo genial? awwwwwwwwwww

jajaja me piñe xD me encanto cuando bailo y les confesare que cuando estaba escribiendo eso tenia la canción puesta y OMG tsss me lo imaginaba (bien pervertida yo xD)

como sea... espero que les gustara, porque a mi siiiiii :)) y muchooo

saluditos y muchas gracias por dejarme sus hermosos review:

pikiu, sweet-autumn-mao, LGXIVA, Klaudia-de-Malfoy

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y a las que me mandaron sus FF miil gracias... espero que al final me dejen un review xD 8) jajajaja

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bueno... nos vemos a la prox

un abrazoteeeeee grandotee

muaaaaaa:*

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can u give me a review?

all this is only for u!