aclaraciones:

los personajes aqui mensionados no me pertenecen... solo los utilizo a mi antojo para proporcionar una lectura y entretenimiento para ustedes ^^' y la historia original tampoco me pertenece.

narración en tercera persona...

como siempre y sin mas preámbulo... espero que disfruten la lectura :D


Sorpresas Inesperadas

.

.

El cuerpo entero de Sora vibraba y, durante un segundo, consideró no abrir la puerta. Sin embargo, se trataba de Marjorie y su vecina era una de las mujeres que se asustaban con más facilidad. Si estaba en la puerta, lo más probable era que se sintiera asustada o que estuviera metida en algún tipo de crisis, real o inventada.

-¿Sora?

-Voy, Marjorie. Dame un minuto.

Miró rápidamente a sus espaldas y vio que Tai estaba entrando por la ventana en el salón. Ya estaba vestido, igual que ella. En apariencia, todo había vuelto a la normalidad, aunque, en realidad, no era así.

Respiró profundamente, se tocó el cabello y se colocó la ropa. Inmediatamente después, abrió la puerta.

-¡Sora! -exclamó Marjorie, entrando rápidamente al interior del apartamento con una minúscula vela en la mano.

Marjorie, que tenía aproximadamente el doble de años que Sora, miró inmediatamente a Tai.

-Oh... No me había dado cuenta de que estabas... ocupada.

Sora se ruborizó y se volvió rápidamente para comprobar si se había equivocado al pensar que Tai estaba completamente vestido. Lo estaba. En aquellos momentos estaba al lado de la mesa con una copa de champán en la mano.

-Me alegro tanto por vosotros dos -prosiguió Marjorie-. Me preguntaba si vosotros alguna vez...

-¡Marjorie! -le espetó Sora-. Sólo somos amigos. Él estaba aquí conmigo cuando ocurrió el apagón. Hemos estado... pasando el tiempo. Puedes quedarte con nosotros si quieres -añadió, para tratar de resultar más convincente.

En el rostro de Tai pareció dibujarse una expresión de desilusión, pero Sora no le prestó atención. No había nada entre ellos, excepto que eran dos amigos investigando un poco. No se habían emparejado para siempre. Ella ya tenía su vida planeada y, a pesar de que Tai formaba parte de ella, no estaba preparado para convertirse en marido. Él mismo lo había admitido así, poco más o menos.

-Oh, no, no...Yo no podría -dijo Marjorie-. Divertíos vosotros dos. Sólo he venido a ver si me podéis prestar una linterna. Las velas se me están acabando y no me gusta la idea de quedarme completamente a oscuras.

-Lo siento mucho -replicó Sora-. No la hemos podido encontrar por ninguna parte. ¿Quieres llevarte unas cuantas velas?

-No, cielo, no. No podría llevarme tus velas. Vosotros las necesitáis. Voy a ver si el señor Kramer tiene alguna linterna que me pueda prestar.

-No seas tonta -insistió Sora-. Es muy tarde y probablemente está completamente dormido. Nosotros te podemos dejar unas cuantas velas.

-No te preocupes, querida. De hecho, lo que debería hacer es meterme en la cama y tratar de dormir un poco, pero es que esta ciudad jamás duerme. He intentado acostarme, pero tengo miedo y lo de estar sentada en la oscuridad... Bueno, no estoy segura de que pueda hacerlo.

-Si estás nerviosa, te puedes quedar aquí con nosotros -dijo Sora, aunque esperando que Marjorie dijera que no. A pesar de todo, tenía que hacerle la oferta. No se sentiría cómoda si no se la hacía.

A sus espaldas, oyó que Tai se movía por el apartamento. Probablemente se sentía furioso con ella. Furioso y herido. Bueno, ya podrían hablar de lo ocurrido al día siguiente, cuando Marjorie se hubiera marchado y se hubieran aclarado la cabeza.

Francamente, aunque había estado disfrutando mucho de todo lo ocurrido, seguramente estaban mucho mejor con una acompañante.

-Oh, Dios, no quiero incomodaron. ¿Estáis seguros de que...?

-¡Las he encontrado!

Sora se dio la vuelta. Entonces, vio que Tai estaba a cuatro patas al lado de la cómoda con una linterna en cada mano y una debajo de la barbilla.

-Sora dijo que estaba segura de que tenía linternas -dijo él-. Supongo que no nos dimos cuenta de que teníamos éstas. Creo que estas tres te deberían durar toda la noche.

-Oh... ¡Es realmente maravilloso! ¿Tenéis vosotros alguna?

-Tenía varias -dijo Sora, preguntando dónde diablos había encontrado las linternas.

-Sólo he encontrado tres. ¿Es suficiente?

-Estoy segura de ello -replicó Marjorie-. No os preocupéis por mí. Creo que sacaré el telescopio que heredé de mi padre. No sirve de mucho en la ciudad, pero esta noche es tan clara... Jamás lo he probado antes, por lo que debería de ser divertido. Supongo que es una noche para probar cosas nuevas... -añadió, mirando a Sora con cierta picardía.

Ella se sonrojó inmediatamente. Afortunadamente, todo estaba muy oscuro, por lo que dudaba que Marjorie la viera.

-Bueno, diviértete -le dijo.

-Por supuesto. Vosotros también.

-Lo haremos -replicó Tai, empujando a Marjorie hacia la puerta con más velocidad de la que requerían los buenos modales.

Cerró la puerta, echó la llave y se volvió para mirar a Sora.

-Lo siento -dijo ella-. Ha sido muy buena conmigo desde que me vine aquí a vivir. Tenía que ayudarla e invitarla a quedarse.

-Lo sé. A mí también me gusta Marjorie. Y sé que ella te adora. Bueno, ¿dónde estábamos?

Durante un segundo, Sora estuvo a punto de protestar. La interrupción de Marjorie había ocurrido en el momento perfecto para proporcionarles distancia y sentido común. Sin embargo, ella no se había visto completamente libre del hechizo que Tai había tejido alrededor de ella. En otras palabras, aún seguía deseándolo.

Sabía muy bien que no debería, pero, en realidad, no veía ninguna razón para no hacerlo. Ya habían cruzado la línea de lo puramente platónico a... algo más. Al día siguiente, tendrían que decidir cómo iban a abordar su amistad después de lo ocurrido entre ellos. Sin embargo, eran dos personas adultas y maduras. Conseguirían allanar los problemas. Era un problema que podrían resolver mejor a la luz del día.

En aquel momento, en medio de aquella aterciopelada oscuridad, la prioridad no era su amistad. Sentir a Tai dentro de su cuerpo era lo más importante.

Por eso, le rodeó el cuello con los brazos y lo besó larga y profundamente. Cuando se apartó, vio una expresión de caldeado deseo en sus hermosos ojos.

-Creo que estábamos aquí poco más o menos -susurró

-Creo que tienes razón -replicó Tai. Entonces, la estrechó entre sus brazos para volver a besarla. Cuando se separaron, él la apartó con una pícara sonrisa-. Bueno, ¿qué es lo que quieres hacer ahora? ¿Jugar a las damas? ¿Al ajedrez?

Sora le mordisqueó el hombro y luego le metió la mano en los pantalones agarrándole el pene a través de la fina tela de los calzoncillos.

-Yo voto por jugar a esto -dijo ella-. Mira lo que me he encontrado...

Él se echó a reír y la tumbó en el futón. Entonces, empezó a besarla y a hacerle cosquillas al mismo tiempo. Sora empezó a gritar y a patalear.

-¡Para! ¡No es justo! ¡Ya sabes las cosquillas que tengo!

-Es cierto. Conozco todos tus secretos. Haz lo que te pido o sufre tu castigo.

-Eres un diablo, ¿lo sabes? -observó, aunque sin dejar de reír.

Resultaba agradable pensar que se estaba divirtiendo al mismo tiempo que tonteaba con un hombre. No era que el sexo con Matt no fuera divertido, pero... con Tai resultaba más natural. Por supuesto, tenía que ser así. Tai era su amigo. Conocía muy bien su sentido del humor.

-Ha llegado el momento de que saque mi cámara de tortura.

Sora se bajó del futón y vio cómo Tai apartaba la mesita para convertir el futón en una cama. Entonces, ella sacó unas sábanas del armario y las puso por encima.

-Túmbate -le ordenó él-.Túmbate desnuda...

-¿Qué es exactamente lo que tienes en mente, compañero?

-Si te lo dijera, no sería una sorpresa.

-¿Me va a gustar esa sorpresa?

-Eso espero.

Tai se reclinó contra el armario y observó cómo ella se desnudaba. Instintivamente, Sora se dio la vuelta y se puso de espaldas.

-Ni hablar, Sora. Quiero mirarte.

Ella cerró los ojos y, tras imaginárselo, decidió que podía hacerlo. Lentamente, se dio la vuelta y se quitó la camiseta una vez más. La arrojó volando y fue a caerle a Tai en la cabeza. Al verlo, se echó a reír.

-No está mal. Sigue.

Sora se lamió los labios y, a continuación, se desató los pantalones para aflojar la cinturilla lo suficiente como para que, con un pequeño movimiento, se deslizaran hasta el suelo.

-Sigue, sigue... La vista es fabulosa y, cada vez, se va haciendo mejor.

Sora se dio la vuelta y meneó un poco el trasero mientras se quitaba las bragas. Se las tiró a él también. Entonces, lo miró por encima del hombro, preguntándose si él sabría que estaba completamente húmeda.

-¿Qué es lo que quieres, Sora?

-Tócame...

Se acercó a él, pero Tai extendió una mano y sacudió la cabeza lo suficiente para que ella se detuviera.

-No. Métete en la cama.

-¿Sí? ¿Y tú qué vas a hacer? -preguntó ella, mientras se tumbaba.

-Voy enseguida.

Sora vio que Tai se dirigía al armario y que sacaba la sombrerera donde ella guardaba todas sus bufandas y pañuelos. Lo abrió, sacó cuatro y se las mostró.

-Túmbate de espaldas, Sora. Y extiende las piernas y los brazos.

.

.

.

Tai contuvo el aliento. No dejaba de preguntarse si ella le permitiría ir tan lejos. Si se rendiría a él tan completamente. Si sería completamente suya.

Pensó en decirle que la deseaba para siempre, no sólo para aquella noche. No sólo para el sexo. Sin embargo, decidió no hacerlo. Aún no estaban colocadas todas las piezas. Si le confesaba lo que sentía, ella sólo negaría sus sentimientos.

No. Necesitaba asegurarse de que el cuerpo de Sora era completamente suyo ante de que pasaran a las confesiones. Así, al menos, tendría una oportunidad.

Había notado que, poco a poco, las piezas de la armadura con las que ella se protegía iban cayendo poco a poco y que ella estaba empezando a olvidarse de por qué estaba con un hombre al que en realidad no amaba. Él podía hacerla feliz. Estaba seguro de ello.

A pesar de todo, el espectro de Matt flotaba por encima de ellos. Sora estaba decidida a estar con él aunque, en realidad, debería estar con Tai.

Si de verdad creyera que Sora estaba enamorada de Matt, no insistiría más. Sin embargo, no lo creía. Sora era su alma gemela igual que él lo era de ella. Matt era un buen tipo, pero con eso no bastaba. Hacía falta el amor. Y Sora no amaba en realidad a Matt.

Al menos, eso era lo que Tai no hacía más que repetirse. Si estaba equivocado y Sora amaba a Matt, él era un canalla por tratar de apartarla de su novio. Era una posibilidad que no le gustaba considerar, por lo que decidió no hacerlo. Como abogado, se limitaba a enfocar el resultado y a tratar de alcanzarlo. El resultado en aquel caso era la vida que Sora y él podían compartir. Para Tai, merecía la pena luchar por algo así.

Ella estaba tumbada en la cama y había separado los brazos, pero tenía las piernas juntas, las rodillas dobladas y los tobillos cerca del trasero. No era la imagen que él había buscado precisamente.

-Te he pedido que separes las piernas, Sora. Quiero que las separes.

Ella dudó durante un momento y, entonces, las separó para él. Sí. Ella era suya, aunque no lo supiera.

-Cierra los ojos.

Obedeció sin rechistar. Entonces, Tai se acercó al sofá. Sora se sobresaltó un poco cuando le agarró un pie, y no dejó de morderse los labios mientras él le ataba los dos tobillos y la mano izquierda al armazón del futón. Cuando fue a hacer lo mismo con la derecha, ella susurró:

-Tai...

-Calla. ¿Confías en mí?

-Sí -respondió ella, sin dudarlo.

Aquella sencilla palabra emocionó profundamente a Tai. Se apartó un poco y la miró. Al ver el modo en el que la luz jugaba sobre su piel, se sintió muy excitado. Sintió la tentación de permanecer allí de pie, mirándola, perdida en aquel momento en el que ella sólo le pertenecía a él.

No iba a hacerlo. No iba a limitarse a mirar sin tocar. La deseaba tan desesperadamente... Incluso después de perderse en ella hacía menos de una hora, aún no se sentía saciado. Necesitaba más. Necesitaba reclamarla.

El deseo se apoderó de él. El deseo y los celos. ¿Cómo podía ella desear a Matt? No lo amaba. Jamás se hubiera abierto a Tai del modo en el que lo había hecho si estuviera enamorada de Matt. Él lo sabía. ¿Por qué Sora no se daba cuenta?

-Tai... -susurró ella, llena de necesidad.

-Ya voy.

Se colocó encima de ella a horcajadas, apretándole el pene contra el blando vientre. Ella gimió y se arqueó contra él, tan desesperada como lo estaba él mismo. Sin embargo, en aquella ocasión no había prisa. Deseaba saborear todo el cuerpo de Sora. Empezó con los dedos de los pies, saboreándoselos uno a uno.

Sora lanzó un pequeño gemido y él la miró. Los ojos cálidos y soñadores de ella se encontraron con los suyos.

-No, no... -susurró él. Entonces, extendió el brazo lo suficiente como para poder tomar otro pañuelo y colocárselo suavemente sobre los ojos.

-Eres toda mía -musitó-. En estos momentos, verás y sentirás sólo lo que yo te diga.

.

.

.

Le gustaba. Sora no tenía la mente preparada para crear poéticos pensamientos, pero estaba del todo segura de que le gustaba todo aquello. Sencillo. Le gustaba permitir que Tai se hiciera cargo. Le gustaba sentirse especial, querida y ser el centro de su universo. Y, por supuesto, le gustaba el modo en el que estaba completamente excitada. Sin embargo, lo que más le gustaba era ver lo relajada que se sentía a pesar de la tensión sexual tan intensa que estaba experimentado cada átomo de su cuerpo. Ella jamás podría haber dejado que la ataran y le taparan los ojos con otra persona, ni se imaginaba poder hacerlo con nadie más. Tai estaba a su lado y, sí, confiaba plenamente en él.

Tal y como había previsto, lo que sintió fue completamente sorprendente. Las llamas de la pasión parecieron extendérsele por todo el cuerpo. Gimió de placer y tiró de los pañuelos, no para soltarse sino por el puro deseo de tocarlo.

Tai siguió explorando cada centímetro de su cuerpo con la boca. Dondequiera que los labios la tocaban, la piel parecía prender fuego. No hacía más que moverse con la intención de que él centrara sus atenciones en la entrepierna. No fue así. Estaba a merced de Tai y eso la excitaba aún más. Estaba a punto de empezar a suplicar cuando notó que cambiaba el peso en la cama y que los labios de Tai se le apartaban de la piel. Emitió un sonido de sorpresa mezclado con esperanza y levantó las caderas de la cama. Necesitaba sentirlo ahí precisamente, el pene contra ella. La torturadora presión la excitó más aún. Realizó un movimiento espasmódico con la esperanza de atraerlo dentro de ella.

Afortunadamente, Tai entendió lo que necesitaba. La penetró con un rápido movimiento. El placer que ella experimentó se le extendió rápidamente por todo el cuerpo. Arqueó las caderas para recibirlo más plenamente, deseando por completo al hombre que había hecho realidad todas sus fantasías. Jamás se había dejado llevar por nada que no fuera la realidad. Ya no era así. Podían estar haciendo el amor toda la noche de modos diferentes que ella jamás habría imaginado, modos que jamás le podría decir a Matt pero sí a su mejor amigo. Tai podía hacer que se convirtieran en realidad.

Cuando los dos empezaron a moverse rítmicamente, Sora arqueó el cuerpo para recibir más plenamente el de él. El único pensamiento coherente que ella pudo articular mientras experimentaba un potente orgasmo era que los dos encajaban perfectamente.

De hecho, siempre había sido así.

Sora tendría que haberse dado cuenta de que los dos eran absolutamente perfectos como amantes. Le debería haber resultado evidente.

En vez de eso, se había dejado llevar por una deliciosa sorpresa y, al menos por el momento, no podía ser más feliz.

.

.

.

-Deberíamos dormir un poco -dijo Tai mientras la acariciaba suavemente.

Sora negó con la cabeza. Cada minuto que durmieran era un minuto que habían perdido para estar juntos. No podía soportar perder ni siquiera un segundo.

-¿De verdad quieres dormir?

-No -admitió él-, pero no quería que tú pensaras que era un maníaco sexual o algo parecido.

Ella se echó a reír y se acurrucó contra él.

-Demasiado tarde.

-¿No estás algo dolorida?

-Un poco, pero me gusta. Me siento plena.

-¿He hecho yo que te sientas así? -le preguntó Tai, mirándola muy atentamente.

-Por supuesto. Me has llevado a lugar que yo jamás había visitado antes.

Había sido sincera, pero le daba la sensación de que no había respondido en realidad a la pregunta de Tai. No era algo que quisiera examinar con detalle, porque temía adónde podría llevarla a parar: a Matt.

La verdad era que se sentía completamente a gusto con Tai. Feliz; cómoda charlando o teniendo relaciones sexuales... Jamás se había sentido así con Matt. Jamás había sentido que, si él no la tocaba o ella no lo tocaba a él, podría morir.

Con Matt, jamás se había sentido atraída al sexo. A su vida sí, pero no al sexo. Esa pequeña realidad la entristeció profundamente. El sexo no era la suma total de una relación, por supuesto. La pasión desaparecía. El sexo no hacía que un matrimonio fuera más estable o más feliz.

No podía evitarlo, pero deseaba experimentar aquellas sensaciones y lo tenía en aquellos momentos con Tai. Deseaba aferrarse a aquel sentimiento durante todo el tiempo que pudiera. Quería mantenerlo a su lado y grabarse todos los recuerdos que pudiera en la memoria. Muy pronto, él se marcharía y ella regresaría con Matt. Todo volvería a la normalidad, al menos más o menos.

-¿Sora? -preguntó él, acariciándole suavemente una mejilla-. ¿Te he perdido?

-No. Simplemente estaba pensando en lo diferente que eres esta noche.

-Sigo siendo yo, Sora. Soy el mismo que ha estado a tu lado toda la vida.

-Entonces, me pregunto si a esa misma persona le gustaría representar otra pequeña fantasía mía -bromeó ella-. Tú te has acordado de la de las fotografías, pero hay otra que siempre me ha gustado. Te la conté en una ocasión. ¿Te acuerdas?

-La del misterioso desconocido -contestó Tai-. Sí. De hecho, también te he traído una versión moderna de esa historia. Para tu proyecto, por supuesto.

-¿Sí? Tal vez deberíamos leerla...

La historia era muy común, pero seguía siendo una de las favoritas de Sora: una mujer, posiblemente casada y frustrada con su situación. Jamás había engañado a su esposo, pero, cuando se encuentra con el misterioso desconocido...

Sobresaltada, se dio cuenta de que, al menos aquella noche, Tai había sido un desconocido para ella.

-¿Quieres que represente a un misterioso desconocido? -le preguntó él.

-¿Acaso no es eso lo que hemos estado haciendo esta noche?

-No -respondió él, con tal firmeza que Sora se sobresaltó.

-¿Tai?

-Yo no quiero ser un desconocido para ti, Sora. Ni siquiera fingir que lo soy. Todo lo que hemos hecho esta noche lo hemos realizado con los ojos abiertos.

-Yo... Sí, claro. Tienes razón -admitió ella, sin saber qué decir.

-Lo siento mucho -se disculpó él inmediatamente-. No tenía que haberte hablado así. Por eso, conozco la manera exacta de alegrarnos a ambos.

-¿Sí?

-Juguemos a algo.

-Sí. Al strip póquer.

-Pero si ya estamos desnudos.

Tai se levantó y le echó las ropas encima. -Pues póntelas. Así podremos volver a desnudarnos.

.


Hello mis amores! ^^

una grandiosa informacion :D! tengo un BETA :O! jajaja me piñoo solita XD

wakamaniac eres un amor por tomarte un tiempo en tu tan agetreada vida y ayudarme con la correcion de esta locura...

gracias presiosas por dejarme su review: pikiu, Klaudia-de-Malfoy y Miriam H.

y tambien a aquellos que me agregaron a Favoritos... se les apreciaaa

No hay mucho que decir.. mas que espero que haya sido de su agrado ^^

.

bueno... nos vemos a la prox

un abrazoteeeeee grandotee

muaaaaaa:*

.

.

.

can u give me a review?

all this is only for u!