aclaraciones:
los personajes aqui mensionados no me pertenecen... solo los utilizo a mi antojo para proporcionar una lectura y entretenimiento para ustedes ^^' y la historia original tampoco me pertenece.
narración en tercera persona...
como siempre y sin mas preámbulo... espero que disfruten la lectura :D
Verdades & decisiones
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Abandonaron el juego poco después de empezarlo. Después de que los dos se quitaran la primera prenda, Tai ya no había podido soportarlo más. Le había quitado a Sora los pantalones y, al ver que ella no se había molestado en ponerse las bragas, la penetró mientras estaba sobre manos y rodillas. Aún podía sentir el modo en el que las manos le habían cubierto los senos, la suave curva del trasero apretándose contra él mientras se perdía dentro de ella. Había alcanzado el orgasmo rápidamente y, aunque resultara increíble, estaba listo de nuevo. Con Sora, siempre parecía estar a punto.
-¿En qué estás pensando? -le preguntó ella, mientras los dos estaban acurrucados sobre la cama. Tai confesó y ella se echó a reír-. Eres insaciable.
-Aparentemente.
-Pues creo que ahora me toca a mí.
Lo obligó a tumbarse de espaldas y se sentó a horcajadas encima de él. Empezó a acariciarle el pecho mientras con el trasero le presionaba el pene. Empezó a frotarse contra él, provocándole una nueva erección.
Tai levantó las manos y empezó a acariciarle el estómago y los senos. ¿Se habría decidido ella ya? Seguramente. ¿Cómo si no podía mostrar tanta intimidad hacia él si sencillamente planeaba olvidarse de lo ocurrido en cuanto él se fuera?
Aquel pensamiento lo alegró, pero no se atrevió a analizarlo demasiado. Tampoco pudo hacerlo porque ella levantó las caderas y se clavó en él con un grito de placer. Por supuesto, a partir de aquel momento en lo único que Tai pudo pensar fue en la mujer que tenía encima de él y en el modo en el que ella se estaba moviendo, empujándolo hacia un universo que amenazaba con explotar con él en el centro.
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Sora se desmoronó encima de Tai, totalmente agotada, dolorida y satisfecha a la vez. En aquel momento, empezó a pensar.
En aquella ocasión, ella había llevado la voz cantante. Lo había montado hasta llevarlo a un orgasmo que los había hecho pedazos a ambos. Una vez más, no pudo evitar pensar en que nunca había hecho algo así con Matt. En realidad, lo habían intentado pero no habían podido. Siempre terminaban con ella de espaldas y él encima. No estaba mal, pero no era así. Con Tai era... Increíble.
Siguió pensando en Matt y experimentó un profundo sentimiento de culpabilidad. Se acurrucó al lado de Tai y sintió cómo él la rodeaba con un brazo automáticamente.
La verdad era que tenía que faltar algo en su relación con Matt. Algo más que el sexo. No era la clase de mujer que engañaba a su pareja. Jamás lo había hecho. Sin embargo, con Tai no había podido evitarlo. Primero había estado la fantasía en la biblioteca. Además, aquella noche era perfecta para la seducción. La elegante cena, el apagón, el hecho de que tuvieran que utilizar velas dado que las linternas habían desaparecido y...
¡Un momento!
Se dio la vuelta al comprenderlo todo. Tai había sabido exactamente dónde podía encontrar las linternas cuando tuvo que dárselas a Marjorie. Además, había tenido preservativos en el bolsillo del pantalón. La cena a la luz de las velas, los textos eróticos...
Había sido una idiota por no darse cuenta antes. Él era su mejor amigo y, a pesar de todo, había tenido las suficientes agallas como para hacerle aquello. No había sido casualidad tal y como ella había pensado. No. Tai la había empujado a hacerlo.
Dios santo... La había engañado. La había manipulado. Todo pareció hacerse pedazos. Se apartó del calor que irradiaba el cuerpo de Tai y alcanzó la bata. De repente, sentía la necesidad de estar vestida.
Se la puso y se levantó para dirigirse al cuarto de baño.
La única vela que habían colocado allí seguía encendida. Cerró la puerta y se apoyó contra ella para deslizarse al suelo.
Tai le había mentido. Todo lo ocurrido había sido fruto de un plan cuidadosamente elaborado. Cerró los ojos. Tenía que admitir que, por lo menos, se había divertido. Más que eso. Tai la había deslumbrado.
Sin embargo, en circunstancias normales, jamás se había acostado con él. Se sentía como una cualquiera. ¿Y Tai? Bueno, en aquellos momentos, era el mayor canalla del mundo.
Estaba profundamente dormido. No quería despertarlo en aquel momento. No podría hablar con él de todos modos. De hecho, no podía enfrentarse a nada.
Se sentía sucia e incómoda con su propia piel. Se puso de pie y salió del cuarto de baño. Al final, terminó tomando una caja que contenía fotografías. Regresó con ella al cuarto de baño, el único lugar en el que podía tener un poco de intimidad.
Una hora antes, no quería ni pensar en que Tai tenía que marcharse. En aquellos momentos, estaba deseando que lo hiciera. Afortunadamente, se marcharía dentro de un par de días y ella se quedaría a solas con Matt. Eso era lo que quería, ¿no?
Abrió el grifo de la bañera y se metió en ella cuando sólo estaba medio llena. Se enjabonó por completo, abrumada por la necesidad de sentirse plenamente limpia. Entonces, se recostó y miró el techo.
Al cabo de unos instantes, se incorporó y se secó las manos con la toalla. Colocó la caja sobre un pequeño taburete que tenía cerca de la bañera y fue sacando las fotos una a una. Con mucho cuidado de no mojarlas, fue examinándolas. Eran fotos de Matt y su hermano. De los padres de él. Ni siquiera la acusación de Tai de que se casaba con la familia y no con Matt podía ocultar los fuertes lazos familiares que transmitían aquellas fotos.
-Maldito canalla... -susurró. Agarró el frasco de champú y lo arrojó con furia contra la puerta. Como era de plástico, la botella no se rompió, lo que la decepcionó un poco. En realidad, lo que le gustaría romper de verdad era la cabeza de Tai.
Había estado engañándola a pesar de que sabía lo feliz que era con Matt. Sabía lo mucho que deseaba una familia y lo encantada que estaba de tenerla junto al hombre que amaba. ¿Por qué diablos había querido su mejor amigo acostarse con ella y confundirla tal y como lo había hecho?
No era justo y, en aquellos momentos, lo odiaba por ello.
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Tai se dio la vuelta sobre la cama. Estaba medio dormido y completamente agotado, pero, al mismo tiempo, se sentía más vivo y lleno de energía que nunca. Sora ejercía ese efecto sobre él tan sólo con estar a su lado. Estar dentro de ella era...
Se dio la vuelta para decírselo y, entonces, se dio cuenta de que no estaba allí. De hecho, su lado de la cama estaba vacío y fresco. Se mesó el cabello con los dedos y se sentó en la cama. La cabeza le daba vueltas.
Inmediatamente, comprendió que, por supuesto, ella estaba en el cuarto de baño. Era el único lugar en el que podía estar en aquel apartamento tan pequeño. Se dirigió hacia la puerta y llamó muy suavemente.
No hubo respuesta. Volvió a llamar.
-Sora...
-¿Tienes que entrar?
Tai se quedó perplejo. Aquélla no era la respuesta ni el tono que había esperado.
-No. Estoy bien. ¿Estás tú bien?
No respondió. A él no le gustó el sonido de tanto silencio.
Se disponía a girar el pomo de la puerta para asegurarse de que ella estaba bien cuando decidió que era mejor no hacerlo.
-Sora, vamos, cariño. ¿Qué te pasa?
-Yo no soy tu cariño, Tai. Además, me pasa todo. Sólo déjame en paz durante un rato, ¿de acuerdo? Quiero pensar.
Tai se quedó completamente perplejo. Se dio la vuelta y miró la cama, con las sábanas revueltas. Durante unas horas, todo había sido absolutamente perfecto y él no estaba dispuesto a dejarlo escapar tan fácilmente. Al menos, sin presentar batalla.
-Sora -insistió-. Sal. Tenemos que hablar.
-Por supuesto que tenemos que hablar.
-¡Sora!
Nada. Llamó a la puerta, pero ella ya no contestó. Se mesó el cabello con los dedos y observó el apartamento con la luz de las pocas velas que aún quedaban encendidas. El sol estaba empezando a salir en el exterior.
-Sora... -susurró, por última vez-. Sal ahora para que podamos hablar. Sea lo que sea lo que te está molestando, éste no es el modo adecuado de resolverlo.
-¿Lo que me está molestando, dices? Créeme, Tai. Tengo pleno derecho a sentirme muy molesta. Incluso tengo pleno derecho a sentirme completamente furiosa y, si hay alguien que debiera saberlo, ése eres precisamente tú.
Tai estaba empezando a perder la paciencia. Sospechaba que todo tenía que ver con lo ocurrido aquella noche, lo que significaba que ella era tan culpable como él. No pensaba quedarse allí sentado, dejándola sufrir por una afrenta imaginaria que él le hubiera podido infligir.
Cuando se dio cuenta de que la puerta estaba cerrada por dentro, decidió ponerse manos a la obra. Se dirigió a la ventana y salió a la escalera de incendios. Desgraciadamente, la ventana del cuarto de baño quedaba fuera de la plataforma de metal. Sin embargo, si se apoyaba sobre la barandilla, podría abrir la ventana y meterse en el cuarto de baño sin caerse al callejón que había abajo. Además, contaba con la ventaja de saber que Sora jamás cerraba la ventana del cuarto de baño.
Apoyó la linterna que había tomado sobre la barandilla. Entonces, se estiró todo lo que pudo sobre ésta y abrió la ventana. A continuación, pasó una pierna por encima de la barandilla y luego hizo lo mismo con la otra de manera que quedó sentado encima. Después, se agarró a una tubería de metal y se inclinó con mucho cuidado hasta que pudo por fin agarrarse al marco de la ventana. Inmediatamente hizo lo mismo con la otra mano y, tras contar hasta tres, se transportó hasta el alfeizar, sujetándose con toda la fuerza de la que disponía.
Lo consiguió. Se deslizó por la pequeña abertura y se dejó caer sobre el suelo. Entonces, levantó la mirada para percatarse de que Sora lo estaba mirando desde el interior de la bañera. En el rostro, tenía una mezcla de sorna e irritación.
-Si tienes tantas ganas, estoy segura de que Marjorie te hubiera permitido utilizar el cuarto de baño.
-Tenemos que hablar.
Sora le señaló el retrete y, a continuación, tomó una toalla. A pesar de mojarla, consiguió cubrirse mejor que con las burbujas.
-¿Qué es lo que ha pasado, Sora? -le preguntó Tai, tras sentarse-. Creía que nos estábamos divirtiendo.
-Menuda diversión... Me tendiste una trampa, hijo de perra.
Aquellas palabras le dolieron tanto como si ella lo hubiera abofeteado. A pesar de todo, Tai no pudo negarlo. ¿Cómo podía negar la verdad?
-¿Que nada ha cambiado? ¿Que sólo nos estábamos divirtiendo? ¿Que nuestra amistad es la misma? ¡Por el amor de Dios, Tai! ¿Acaso creías que no terminaría dándome cuenta?
-¿Darte cuenta de qué? ¿Qué estoy enamorado de ti? -confesó, sin poder contenerse-. Dios, Sora, por supuesto que esperaba que te dieras cuenta. Llevo meses esperando que lo comprendieras.
-¿Que estás enamorado de mí? -repitió ella, completamente perpleja-. ¿Crees que estás enamorado de mí? ¿Por eso me engañaste?
-¿Así es como ves todo esto? ¿Cómo un engaño?
-Sí. No nos dejamos llevar por el momento. Cena, velas, preservativos... Tú lo planeaste todo. Lo planeaste todo y me mentiste haciéndome creer que todo era completamente natural. Que sólo éramos dos amigos mirándose el uno al otro bajo una luz diferente.
Sora tenía razón. Le había mentido, pero no hacía más que decirse que lo había hecho por una buena causa: por amor. Tenía que hacerla comprender, pero, por la expresión de su rostro, no parecía que fuera a resultarle fácil.
-Creo que estar enamorado es llevar una amistad a un nivel superior.
-Eres un canalla, Tai, ¿lo sabías?
-¿Cómo? ¿Cómo puedo ser un canalla si lo único que he hecho ha sido amarte?
-Porque lo preparaste todo para seducirme sabiendo que estoy enamorada de otro hombre y, para conseguirlo, has puesto en peligro nuestra amistad. Dios, Tai... ¿Es que no sabes que te necesito en mi vida? Necesito poder contar contigo como amigo, tal y como siempre ha sido.
-No puedo serlo, Sora. Siento haber descolocado tu perfecto mundo, pero no te puedes casar con Matt sólo porque crees que él te dará lo que quieres. No puedes hacerlo si no lo amas de verdad.
-Claro que lo amo -le espetó ella, con fiereza.
-Tampoco puedes mantener nuestra amistad en un punto de espera, sobre todo si ésta necesita crecer y evolucionar. Efectivamente, corrí un riesgo. Arriesgué nuestra amistad por amor. Estoy convencido, Sora, de que te lo mereces.
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Sora no sabía qué sentimiento era más fuerte, si la ira, el deseo o el miedo. Tai creía que se lo merecía. ¿Sería cierto? Tenía que admitir que una simple caricia de él la volvía loca, pero sólo el sexo no era suficiente.
Se sentía muy confusa y asustada por lo que acababa de escuchar. Halagada de que él la deseara tan desesperadamente que hubiera decidido poner en peligro lo que había entre ellos.
-Eres mi mejor amigo, Tai. Te quiero mucho. Eso ya lo sabes, pero te suplico que no me pidas que convierta nuestra amistad en otra cosa.
-Nuestra amistad ya es otra cosa.
Sora cerró los ojos para tratar de controlar las lágrimas. ¿Cómo habían podido pasar menos de veinticuatro horas desde que tuvo aquella fantasía con Tai en la biblioteca? ¿Cómo habían podido ocurrir tantas cosas en tan poco tiempo?
-Nos queremos mucho -admitió ella-, pero como amigos. Y, aunque me cueste reconocerlo, nos compenetramos muy bien en la cama, pero eso no es suficiente. ¿Es que no lo entiendes? El amor es mucho más que pasión. Con Matt, yo lo tengo todo. Una vida entera, una familia. Un futuro entero delante de mí.
-Pero tú no amas a Matt -insistió él.
-¡Claro que lo amo!
-No, Sora, no lo amas. Amas la idea de Matt, de su hermano, pero no lo amas a él. Al menos no como deberías. No como me amas a mí.
-¡Maldita sea, Tai! Eres un arrogante. No tienes ningún derecho a...
-Claro que lo tengo. Soy tu mejor amigo. Tengo todo el derecho del mundo a evitar que cometas la peor equivocación de tu vida.
-Te lo advierto, Tai. Estás andando sobre arenas movedizas. Si sigues hablándome así te arrepentirás. Nos arrepentiremos los dos. Estoy enamorada de Matt. No hay más que decir.
-Eso es lo que dices, pero a quien realmente amas es a su familia.
-¡Claro que sí! Es parte de todo esto, lo admito. ¿Qué tiene eso de malo? No hay nadie más que me pueda dar lo mismo.
-Podemos formar nuestra propia familia. Una familia de verdad, tal y como nosotros queramos. No una familia a la que has decidido pegarte por temor a envejecer sola. Te deseo, Sora. Deseo que tengamos un futuro. Quiero que lo nuestro funcione.
-Eso son sólo palabras, Tai. ¿Y los actos? ¿Acaso piensas quedarte aquí en Tokio conmigo?
-Sabes que no puedo hacerlo.
-Yo no quiero tener familia en la distancia, Tai. Matt es de verdad y está aquí.
-Sora, sabes que tengo que aceptar ese trabajo.
-Entonces, podríamos decir que me quieres con tus condiciones. Vaya, eso me recuerda a otra persona. Sí, a mi madre. Ella quería tener un hijo, pero sólo cuando le resultaba conveniente, como cuando necesitaba mostrarme a sus clientes para demostrarles lo buena madre que era.
-Eso no es justo...
-No. Tienes razón. Es muy injusto, pero es la verdad y tengo que vivir con ella todos los días de mi vida.
-Maldita sea, Sora. Si yo me quedara, ¿te bastaría con eso? ¿Le dirías a Matt que habéis terminado? ¿Te quedarías conmigo?
Sora pensó en mentir, pero decidió que él se merecía una respuesta sincera.
-No, lo siento, pero no.
No podía permanecer allí más tiempo. Se levantó de la bañera y, con mucho cuidado para que él no la viera desnuda, se cubrió con la bata. Se dirigió hacia la puerta dejando un rastro de agua. La abrió y salió al recibidor. Entonces, volvió a cerrarla. Se sentía tan tensa que casi no podía ni respirar.
Pasaron varios minutos. Ella no hacía más que esperar que la puerta se abriera y que Tai saliera exigiendo hablar con ella, pero no lo hizo. Tai la conocía lo suficientemente bien como para saber que ella necesitaba estar a solas.
¿La entendería Matt del mismo modo?
Frunció el ceño al pensar en aquella pregunta. Por supuesto que sí. Conocía a Tai desde hacía veinte años. Era normal que la conociera tan bien. Matt terminaría haciendo lo mismo. Tai tendría que comprender cómo eran las cosas. Ella había encontrado a su compañero. Y éste no era Tai.
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Sora no estuvo fuera del cuarto de baño tanto tiempo como Tai había esperado. Cuando volvió a entrar, tenía el rostro serio. No parecía que hubiera decidido reunirse con el amor de su vida.
-Siento haber salido huyendo. Creo que deberíamos hablar.
-Te deseo -dijo él, de repente.
-Yo también -admitió ella, aunque no con el tono que habría esperado Tai. A medida que fueron pasando los segundos, se sintió más desolado.
-Dime lo que has venido a decirme, Sora. Es mejor que terminemos pronto con esto.
Sabía que lo que Sora iba a decirle no era sincero. Sin embargo, no podía interrogarla como si se tratara de uno de sus testigos. Tenía que esperar que ella admitiera la verdad por sí misma... Si lo hacía alguna vez.
-Estamos bien juntos, Tai. Dentro y fuera de la cama… pero yo estoy con Matt. Ya lo sabes.
-Eso me has dicho una y otra vez.
-¡Maldita sea, Tai! ¿Es que no te das cuenta? Eres mi mejor amigo. ¿Y si empezáramos a salir y todo se estropeara? ¿Cómo íbamos a poder salvar nuestra amistad? Si te pierdo...
-¿De verdad crees que amas a Matt? -insistió él-. ¿Que puedes amarlo durante el resto de tus días?
-Voy a casarme con él, Tai. No me insultes preguntándome lo mismo. Mira, ya sabes lo importante que eres para mí. Lo importante que es nuestra amistad. No quiero estropearla. Me prometiste que lo que hemos hecho no estropearía nada.
-Lo siento, Sora. Cuando lo dije, hablaba en serio, pero ahora... Bueno, creo que mentí.
-¿Cómo dices?
-Ahora todo ha cambiado. Efectivamente, vine aquí planeando cómo conquistarte igual que hubiera planeado cómo ganar un caso en los tribunales. Incluso me inventé esos párrafos. Me hicieron falta tres días y un montón de vino, pero lo hice porque necesitaba hacerte entender.
-¿Que escribiste...?
-Sabía que yo podría perder y que Matt podría salir victorioso. No me importaba. Ahora, es precisamente eso lo que está ocurriendo. Es la primera vez que pierdo un caso, precisamente cuando más importante es para mí ganarlo. Sin embargo, tú también pierdes, Sora. Tal vez yo esté perdiendo al amor de mi vida, pero tú estás perdiendo a tu mejor amigo.
-No, Tai... No me hagas esto... -susurró, con los ojos llenos de lágrimas.
Tai estuvo a punto de ceder, pero sabía que tenía que hacerlo. No había punto medio en su relación.
-Eres la mejor amiga que he tenido nunca, Sora. Dudo que nadie pueda tener una mejor, pero esta noche te dije que nuestra amistad había cambiado -dijo él mientras se dirigía hacia la puerta-. Sobrevivirás sin mí. Ya no soy tu único amigo. Además, si todo falla, puedes hablarlo con Matt.
-Eres un hijo de perra -le espetó Sora-. Entonces, ¿me estás diciendo que es escogerte o perderte?
-Sí. Eso lo resume todo perfectamente.
Con eso, salió del cuarto de baño y del apartamento. Empezó a bajar las escaleras esperando que ella lo llamara, pero no lo hizo. Al llegar al quinto piso, se detuvo. Cerró los ojos y respiró profundamente. No podía creer que se estuviera alejando de Sora de aquella manera. De la mujer que amaba.
Mucho menos podía creer que la hubiera perdido para siempre.
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Realmente pense que no subiria capitulo xD porque no habia usado la computadora en todo el fin y no sabia si habia quedado bien el cap o no ^^'
pero como ven somos responsables :D y nos tomamos momentos de nuestras tan apretadas vidas de estudiantes para proporcionarles sano entretenimiento 8)...
y respecto al cap... ustedes que creen? que esperan que pase?
un saludo a todos y gracias :D
wakamaniac... como siempre eres un amors!
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bueno... nos vemos a la prox
un abrazoteeeeee grandotee
muaaaaaa:*
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can u give me a review?
all this is only for u!
