aclaraciones:

los personajes aqui mensionados no me pertenecen... solo los utilizo a mi antojo para proporcionar una lectura y entretenimiento para ustedes ^^' y la historia original tampoco me pertenece.

narración en tercera persona...


La ultima y nos vamos

*ULTIMO CAPITULO*

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Sora miró la puerta. Se sentía atónita y no sabía si debía llorar o... Frunció el ceño. No. No había ninguna otra opción. Llorar era lo único que podía hacer.

No.

Necesitaba recuperarse, centrarse en el hecho de que había tomado la decisión correcta. Saldría adelante.

Necesitaba hablar. La ironía, por supuesto, era que necesitaba hacerlo con su mejor amigo, el que acababa de marcharse. Tenía un largo camino que recorrer andando hasta llegar a su apartamento, porque aún no había electricidad, y, por lo tanto, tampoco funcionaba el metro.

No importaba. Podía encontrar otra persona con la que hablar. Buscó su teléfono móvil en el bolso. Lo había apagado después de la llamada de Matt. Le quedaba un poco de batería. Probablemente sería suficiente.

Marcó el número y esperó a que contestara. En cuanto escuchó la voz al otro lado de la línea, se dio cuenta de a quién había llamado. A TK, el hermano de Matt, en vez de a su novio.

-¿Sí?

En vez de contestar, apagó el teléfono y trató de recuperar el aliento. Durante un instante, pensó en volver a marcar. La verdad era que TK era un buen amigo. Aunque era el hermano de Matt, Sora podía hablar con ella. Sabía que TK la apoyaría en ausencia de Matt.

Frunció el ceño y volvió a marcar. Inoue era su única amiga. Extraño. Tai estaba en lo cierto. Tal vez él era su mejor amigo, pero no era el único. Tenía otras personas en quien confiar. En aquellos momentos, esperó de todo corazón que Inoue contestara el teléfono.

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Bruno estaba tumbado en el sofá. No dejaba de observar a Tai. Normalmente, el perro no podía estar en el sofá. Aquello era suficiente para constatar el estado en el que se encontraba él.

Tenía que salir de allí. No resultaba fácil sin electricidad, pero no había razón alguna para quedarse. Tenía que meterse en un coche, en un avión, y marcharse de allí. Si pudiera marcharse ya, se podría sumergir en su trabajo y olvidarse del resto. Tal vez, si tenía suerte, hasta podría olvidarse de que tenía el corazón roto.

Abrió el frigorífico y sacó una lata de cerveza templada y la abrió. El sol casi no había salido, pero no le importaba. Tomó dos tragos y la levantó en honor a Bruno.

-Te va a gustar tu nueva casa, muchacho. Tendrás un jardín... El paraíso de los perros.

Bruno gimoteó un poco.

-Eso es lo que yo siento exactamente.

Dado que no había razón alguna para permanecer allí lamentándose, se dirigió al armario para sacar su maleta. No podría terminar de recoger sus cosas en sólo unas pocas horas, pero la persona a la que le iba a arrendar el apartamento no se iba a mudar hasta dentro de un mes. Podría marcharse y regresar al cabo de una semana o así a por el resto.

El cuerpo al que se iba a unir disponía de un avión privado que, en aquellos momentos, debía de estar en LaGuardia esperando a que regresara la electricidad para que se pudiera autorizar el despegue. Lo único que tenía que hacer era llamar a su jefe, conseguir un asiento en aquel avión, convencer a Danny para que le cuidara a Bruno durante unos días y dirigirse al aeropuerto a esperar.

No era el plan perfecto, pero era mejor que emborracharse en el apartamento. Con ese plan, tomó su maleta y empezó a meter sus cosas.

Inoue se recostó contra el taburete de madera de la cocina, con una Coca-Cola light entre las manos.

-Vaya, has tenido una noche muy ocupada.

-Muy graciosa -replicó Sora, tras tomar un sorbo de su gaseosa-. ¿Qué voy a hacer? Tenía razón. Tai tenía razón. Estoy más enamorado de la familia de Matt que de él.

Aún no se podía creer que hubiera llamado a TK en vez de al amor de su vida, el hombre con el que iba a casarse.

-Sólo porque hayas llamado a TK no significa que no estés enamorada de Matt.

-Eso fue lo que traté yo de decirme, pero es mentira. Lo mismo que todas las veces que he dicho que estaba enamorada de Matt. No era que no quisiera llamarlo inmediatamente, es que no me importaba ni siquiera poder llamarlo. ¿Me entiendes?

-Un poco.

-Su hermano es genial. Nos divertimos mucho y no hago más que imaginarme que nuestros hijos y nuestros nietos jugarán en torno al árbol de Navidad en años venideros. ¿Y sabes qué? Tai siempre está presente.

-¿Y Matt?

-Normalmente me acuerdo cuando ya he empezado a fantasear que él debería estar allí. Amo a Matt, de verdad, pero no del modo en el que debería. Es un hombre bueno, dulce y considerado pero... ¿Por qué no me podía haber dado cuenta de todo esto mucho antes? ¿Por qué he tenido que acostarme con Tai para darme cuenta?

-Porque quieres que todo sea fácil. Quieres el cuento de hadas, pero no siempre es así. Algunas veces es más complicado.

-Estás hablando como una profesora.

-Lo siento. Sin embargo, tienes razón. Pensé que lo podía tener todo. A mi perfecto amigo Tai, a mi perfecto marido con la familia perfecta. Todo era perfecto porque estaban todas las piezas. Sin embargo, si Tai no está en la ecuación, me veo obligada a reconocer la realidad.

-Un análisis muy astuto.

-¿Qué es lo que hago ahora?

-Debes decírselo a Matt. Decírselo antes de que te pida que te cases con él. Se lo debes.

-Sí. Lo sé. Ya lo había pensado. Me refería a qué puedo hacer con Tai.

-Ir a hablar con él.

-Me ha engañado.

-Te ha hecho comprender...

-Todo me da tanto miedo... Aún quiero el paquete que acompaña a Matt. Tai es como yo. Su familia es un desastre. Seríamos sólo nosotros dos. Nada más.

-Y vuestros amigos, Sora, no te lo olvides. Ken y yo no nos vamos a ninguna parte y me apuesto algo a que TK tampoco. Además, tendréis hijos.

Sora parpadeó. De repente, empezó a pensar en lo que sería estar embarazada de Tai. En ir con el niño al parque mientras tal vez otro gateaba sobre la hierba.

-Empezar nuestra propia familia.

-¿Por qué no? Además, ¿no preferirías eso?

-No puedo regresar a donde él.

-Creo que puedes hacer todo lo que quieras hacer.

-Eso no. No puedo. Al menos, no puedo regresar para vivir allí.

-Ve de visita. Tai sólo se va hasta que esté creado el grupo de trabajo, ¿no?

-Sí. Después, se supone que lo trasladarían a Kioto.

-¿Crees que podrías vivir allí?

-Claro -respondió, sin dudarlo. Si para Tai era importante, podía hacerlo-. Es decir, allí también hay museos, ¿no?

-Así es -respondió Inoue, con una maternal sonrisa.

-Lo que ocurre es... Puedo imaginarme un futuro sin Matt. Sin Tokio. Sin embargo, no puedo imaginarme un futuro sin Tai. Debería haberte hecho caso ayer por la mañana.

-Probablemente. ¿Qué cosa tan brillante fue lo que te dije?

-Que el matrimonio es ser uno mismo, pero más aún. Con Matt, no soy yo misma, pero sí lo soy cuando estoy con Tai.

-No me lo digas a mí -replicó Inoue-. Ve a decírselo a él -añadió, señalando la puerta.

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No podía encontrarlo. No hacía más que llamar a la puerta, pero nada. Debía de estar paseando al perro.

Pensó esperar a que regresara, pero le resultó imposible soportarlo. Se dirigió de vuelta al ascensor. El portero la saludó afectuosamente.

-Señorita Sora. Me alegro de verla. ¿Ha venido a por algo del apartamento de Tai?

-Esperaba poder hablar con él.

-No está. Se marchó hace ya dos horas - respondió el portero, después de mirar el reloj.

-¿Dos horas? ¿Está paseando al perro?

-Bueno, sería un paseo muy largo hasta Hiroshima. Ha decidido marcharse un día antes. Tomó el perro y una maleta y se metió en un taxi. Hay mucho tráfico, pero no pareció importarle.

-¿Se ha ido a Hiroshima en taxi?

-No, a LaGuardia. Creo que allí tienen acceso a aviones privados.

-Se marcha... -susurró, para sí misma.

-Venga, venga...Va a regresar dentro de unas pocas semanas. Aún tiene que llevarse el resto de sus cosas. Se ha marchado muy precipitadamente. Me dijo que era por motivos de trabajo. Debe de tratarse de algo muy importante. Jamás lo había visto tan serio. Me imagino que, en estos momentos, o está volando o sentado en un salón del aeropuerto esperando.

-De acuerdo. Gracias.

Sora salió al exterior y se sentó en un pequeño banco de piedra. Sacó su teléfono móvil. Debería haber llamado primero, pero tenía tan poca batería que no había querido arriesgarse a quedarse sin teléfono por si tenía una emergencia.

No. Era mentira. No había llamado porque había tenido miedo de decirle que iba a verlo. En aquellos momentos, deseó haberlo hecho.

No podía creer que se hubiera marchado a Hiroshima sin decir adiós.

Sí lo había hecho. Se habían despedido, aunque no muy agradablemente, en el cuarto de baño. En aquellos momentos se arrepentía que hubiera sido así.

Con un suspiro se puso de pie. Ya no le quedaba más que hacer que regresar a su apartamento. Cuando hubiera electricidad, podría recargar el teléfono móvil. Tal vez hablar con él en el aeropuerto. Le habría gustado hacerlo en persona, pero podía suplicar a través del móvil si era necesario, aunque no sabía si le serviría de algo.

Se dirigió calle abajo sin prestar atención de adónde se dirigía. Simplemente quería caminar. Después de unos minutos, se dio cuenta de que los pies la llevaban a un parque cercano, en el que los dos solían pasear a Bruno. El parque en el que, una vez, habían visto a una pareja haciendo el amor.

De repente, escuchó un ladrido muy familiar. Estaba segura de que su mente le estaba jugando una mala pasada, pero cuando localizó al perro, vio que se trataba de Bruno. A su lado estaba Tai, apoyado contra la barandilla mirando al río con la maleta al lado.

Se acercó lentamente a él sin que se diera cuenta. Fueron los alegres ladridos del perro los que lo alertaron. Cuando la vio, se mostró cauto.

-Lo siento -dijo ella. Con aquellas palabras, hizo que desapareciera inmediatamente el hielo que tenía en los ojos.

-¿Qué es exactamente lo que sientes?

-Que nos hayamos peleado. Siento haberte apartado de mi lado y que estuvieras tantos meses sin decirme que me amabas.

La tristeza se vio reemplazada con una extraña clase de gozo. Sora sonrió.

-Yo no podía quedarme aquí, no sin ti en mi vida. Me iba a marchar de aquí. Es un milagro que no lo haya hecho ya.

-Lo sé. Max me lo ha contado. ¿Por qué no te has ido?

-El destino tal vez. Izzy no podía cuidar de Bruno. Me lo llevé a una perrera, pero estaba cerrada. Nos vinimos aquí. Bruno necesitaba quemar un poco de energía. Ha tenido veinticuatro horas muy solitarias.

-Tai, yo...

-Más tarde -dijo él, colocándole un dedo sobre los labios-. En estos momentos, sólo quiero que me digas una cosa. ¿Y Matt?

-Matt está bien, pero no es tú. Ni es para mí.

Tai la miró durante un instante y luego sonrió.

-Ya te lo dije.

-Así es -replicó ella, riendo.

Se pasaron una hora en el parque, sin hablar de lo que había ocurrido, pero tampoco sin evitarlo. Simplemente estuvieron jugando. Caminando, charlando y tirando palos para que los recogiera el perro.

Cuando llegó el momento de regresar, Sora decidió ir a por todas. Con la cabeza, indicó el árbol donde habían visto a la pareja haciendo el amor hacía ya algunos años.

-¿Quieres probar? -bromeó-. Es algo más atrevido que la escalera de incendios, ¿no te parece?

Tai no respondió con palabras. La llevó hacia el árbol y la empujó contra él. La corteza del árbol le hacía daño contra la espalda, pero Sora se olvidó por completo de toda incomodidad cuando Tai la besó. A sus espaldas, Bruno empezó a gimotear. Se quería marchar a casa.

Desesperado él la besó y le deslizó las manos sobre la camisa para jugar con sus senos.

-¿Qué es lo que quieres?

-Ya te lo he dicho. Sólo a ti.

-Buena respuesta. ¿Y ahora qué?

-Lo que haga falta. Haré lo que haga falta para que volvamos a ser amigos.

-¿De verdad? -preguntó él, con una pícara expresión en los ojos-. Quiero hacerte el amor.

-¿Aquí?

-Si te dijera que sí, ¿me lo permitirías?

-Sí -respondió ella, tras dudarlo un poco.

Estaban a plena luz del día y había mucha gente paseando por el parque.

-Otra buena respuesta, pero, en realidad, no quieres hacerlo. Aquí no.

-No.

-Te conozco, Sora. Te conozco mejor que nadie.

-Lo sé y me encanta. Tai, yo también te amo...

-Me lo podrías haber dicho en tu apartamento -comentó él, indicando la maleta. Sora sacudió la cabeza y tomó la correa de Bruno mientras regresaban hacia el apartamento de Tai.

-Necesitaba que me ayudaras a comprenderlo. Gracias.

-Creo que eso me gusta más que cuando me dijiste que era un canalla.

-Lo eras.

-Estaba desesperado... y totalmente cegado por el amor.

-Te entiendo -dijo ella, con una sonrisa.

-Bueno, ¿qué hacemos ahora?

-Voy a llamar a Matt. No me resultará fácil, pero tengo que hacerlo ahora mismo. Y tú te vas a Hiroshima -añadió, con un suspiro.

-¿Sí?

-Bueno, hoy no, pero sí el lunes. Cuando te envíen a Kyoto, yo ya habré terminado mis estudios y, mientras tanto... Bueno, supongo que tendremos que utilizar mucho el avión.

-¿Y Kyoto?

-Bueno, no me gusta mucho como ciudad, pero te amo demasiado.

-Oh, Sora...

Habían llegado a la puerta de Tai. Allí, él la besó larga y profundamente. Cuando entraron en el apartamento, él le tomó la mano, tocándola como si quisiera recuperar todo el tiempo que habían perdido.

-¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? - quiso saber él mientras la ayudaba a quitarse la camiseta.

-Supongo que al fin abrí los ojos. No sólo quiero un amante, sino también un amigo.

-¿Y una familia?

-Bueno, se me había ocurrido que podríamos empezar la nuestra propia, a menos que eso te dé miedo.

-Lo único que me da miedo es no tenerte.

-En ese caso, no tienes nada que temer.

De repente, la electricidad regresó. La lámpara que tenían sobre sus cabezas se encendió.

Sora miró a su alrededor con una sonrisa en los labios.

-¿Qué ocurre? -preguntó él.

-Me estaba preguntando si todo sería diferente cuando la magia del apagón hubiera desaparecido.

-¿Y es diferente?

-Sí... De hecho, es más que perfecto -susurró ella, bajándole la cremallera de los pantalones.

Con las dos manos, él le bajó a ella sus pantalones, de modo que quedó de pie delante de él vestida sólo con sus braguitas. Le deslizó una mano entre las piernas y, una vez más, Sora sintió que se iluminaba por dentro.

-Bueno, ¿qué quieres hacer? -le preguntó él.

-¿Quieres que te sea sincera? Quiero dormir. Contigo a mi lado. Y quiero despertarme en tus brazos y...

-Me gusta cómo ha sonado esa «y».

Sora se echó a reír y condujo a la cama al amigo que siempre había conocido y que, en aquellos momentos, veía bajo una nueva luz.

-Te amo, Tai Yagami. Creo que siempre te he amado.

Tai le besó el cuello y la estrechó entre sus brazos.

-Créeme, cariño -dijo, susurrándole suavemente al oído-. Sé exactamente a lo que te refieres.

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FIN


A que no se lo esperaban verdad? 8)

Esta es la razon por la que no subi el viernes,,, queria hacerla de emocion :$ xD

Lamento no haber informado en el capitulo anterior que este seria el final ^^' se me fue, sorry.

solo me resta agradecer a todos y cada uno de ustedes que que agregaron a favoritos, alerta y maaas a aquellos que me dejaron un bello e increible review! qe trato de contestarles a todos... real! pero aveces no puedo T.T mi vida en estos momentos esta full!

quieren epilogo? Si es así haganmelo saber e informenme de sus ideas para hacerlo porque ese si no lo tengo hecho aun y con tanta tarea no se me ocurre nada.. pero si me lo piden prometo que hago un epilogo bello para esta hermosa pareja, solo den ideas de que es mas o menos lo que quisieran que les susediera a esta pareja. El plan por el momento (gracias a la bella mente de wakamaniac) es que sea sobre Sora y Tai despues de que cada uno ya realizó sus metas y de nuevo estan juntos! *.* pero no se que deseen que pase en ese rencuentro de juntos again XD

No puedo prometer un periodo de tiempo aproximado, así que les agradesco de antemano que me tengan paciencia :$, espero no pasar de diciembre

en el epilogo agradecere a cada uno de ustedes, por el momento es un gracias general!

se les ama y aprecia con todo el corazon, por apoyarme con esta nueva locura de esta bella pareja ^^!

wakamaniac... como siempre eres un amors!

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bueno... nos vemos a la prox

un abrazoteeeeee grandotee

muaaaaaa:*

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can u give me a review?

all this is only for u!