Capitulo 2 Gareth

-¡No te vayas por favor! ¡no nos dejes!-dijo Johanne.

-Tengo que hacerlo amor, ustedes ya no me necesitan aquí como su rey, me necesitan como un ministro que defienda sus derechos allá en Hyrule.

-Pero si no tenemos un Rey que establezca aquí su ley ¿Quién nos gobernará?

-La ley de Hyrule se extenderá a esta tierra también, y el Rey de Hyrule gobernará esta tierra con su ley-dijo Gareth lentamente y tratando de contener el llanto, el nudo en la garganta le quemaba.

Él no quería que fuera así, pero no había opción. La tribu había perdido la guerra contra el rey de Hyrule y no había más opción que someterse bajo la ley del más fuerte.

La tribu Gerudo era una sociedad formada enteramente por mujeres, que hacen absolutamente todo, desde construir casas, hasta la guerra. Pero son guerreras de temer, son amazonas expertas e incluso hasta el más avezado de los tenientes del Rey piensa dos veces antes de entablar una batalla contra un ejército de guerreras Gerudo.

Pero esta vez, el Rey había sido muy listo y había sitiado la fortaleza Gerudo hasta casi aniquilar todo el pueblo de hambre y sed, y sus soldados no tuvieron de otra más que rendirse e ir a ofrecer sus disculpas al Rey de Hyrule, Rey del reino vecino.

Era bien sabido que el Rey de Hyrule había ambicionado siempre la fortaleza Gerudo, pues a pesar de no contar con recursos naturales como otras zonas, contaba con minas de riqueza legendaria, las guerreras que se han mencionado antes, y porque simplemente era el único pedazo de tierra que no estaba enteramente en manos de éste soberano y se encontraba muy cerca de su reino.

Así que decidió invadirlo y hacerlo suyo.

Y es verdad, por años no había podido apoderarse de la fortaleza, pero llegó una época de enfermedad entre los Gerudos y una dura epidemia los invadió, dejándolos débiles y expuestos a cualquier ataque, y al cortarles la comida y el agua sólo empeoró la situación: muchas niñas y jóvenes murieron pero el Rey y sus ejércitos no cedieron.

Sin embargo, a pesar de ser una sociedad en la que sólo nacían mujeres, cada 100 años nacía un hombre, quien, por ley, debía ser coronado como su rey, elsoberano del pueblo Gerudo. Fue entonces cuando Gareth, debía ser coronado como su rey al cumplir los 25 años, y como este acontecimiento había sido la única buena noticia desde hacia mucho tiempo, decidieron prepararle la más fastuosa y majestuosa coronación que se ha visto, para casarlo al día siguiente con su novia Johanne, quien lo había conocido desde niño y lo amaba apasionadamente.

Gareth estaba preocupado, pues sabía la responsabilidad que conllevaba el ser coronado, pues a partir de ese momento iba a tener en sus manos la seguridad de su pueblo y por lo tanto iba a ascender como General Supremo del Ejercito Gerudo contra las fuerzas del Rey de Hyrule. Él sabía lo difícil que iba a ser, por lo tanto, lo mejor que podía hacer era encabezar una resistencia hasta que se les ocurriera algo mejor.

Pero el Rey de Hyrule no era nada tonto y sabía perfectamente de las tradiciones de la tribu, estaba totalmente informado de que Gareth se volvería soberano de esa tierra y sabia del peligro que eso significaba: para las gerudos habría una autoridad oficial y además encabezaría su ejército y eso no podía permitirlo. Estaba muy cerca ya de obtener sus tierras y no podía permitir que coronaran a ningún rey, por lo cual decidió atacar ese mismo día la tierra destruyendo todo a su paso. No se vió jamás matanza tan cruel y sangrienta como la que se dio aquel día.

Gareth, estando a punto de recibir en su cabeza la corona Gerudo en una ceremonia tradicional pero tuvo que salir a defender a sus compañeras, y sobre todo a su novia Johanne, pero no logró gran cosa pues los soldados del Rey las superaban en número y fuerza y arrasaron con la población y la fortaleza. Gareth sólo vio pasar ante sus ojos como aniquilaban a sus hermanas, a sus tías, y a toda su familia, excepto aquellas ancianas que lo habían educado, que por fortuna habían logrado escapar.

En cuestión de unas pocas horas lo apresaron, lo llevaron a una tienda y lo mantuvieron vigilado (aún sin sacarlo de la fortaleza) hasta que los soldados Hylianos se dieron el gusto de seguir destrozando las aldeas Gerudo y asesinar a más niñas y jóvenes inocentes hasta que se cansaron.

Gareth no sabía que hacer.

No llegó a ser Rey de su pueblo pero en su espíritu y su corazón él sentía la responsabilidad de todo (o lo poco) que había quedado de su patria. Fue entonces cuando le avisaron que el Rey de Hyrule solicitaba su presencia en el castillo:

-Da las gracias a nuestro Rey que no te mataremos aquí, pues su Majestad solicita tu presencia en su castillo para negociar. A partir de ahora dejarás de arrodillarte ante tus dioses y bajaras respetuosamente la cabeza ante la insignia de la Familia Real de Hyrule.

Por supuesto. El Rey de Hyrule era una de esas personas que no podía soportar ver su imagen manchada por la sangre (aunque él mismo la hubiera derramado), por lo cual había prometido a los Hylianos un cese al fuego y una negociación con el "Gran Rey de los Gerudos" (engaño vil pues sólo él en su reino sabía que no había sido aún coronado). Les había prometido incorporarlo a su consejo de sabios y a partir de ahora fungiría como su ministro personal. Les había dicho que había llevado "la ley" a tierras Gerudo y que ahora estas mujeres se unirían a Hyrule como hermanas, pero en realidad era una forma de decir que el pueblo Gerudo estaba siendo anexado a su ya de por sí grandísimo reino.

A partir de ahora el destino de Gareth era trabajar para su Majestad, jamás volvería a su patria, ni podría casarse con su prometida, ni tendría derecho de quejarse mientras el Rey mantuviera su ley en las tierras Gerudo.

-¿Gareth?

-Johanne?

-Shhh, nos van a escuchar.

-Johanne!-susurró él .-¡estás viva! ¡estás viva! Por las diosas ¡gracias!

Johanne puso un dedo en los labios de Gareth y le dio un rápido pero tierno beso.

-Sí mi amor, logré escapar entre la confusión de toda la gente. Tan sólo para verte.

Al joven Gareth se le llenaron los ojos de lágrimas, no quería dejarla, no a ella ni a lo poco que quedaba de su gente…

-Escapemos! Debe haber una manera de…

Pero Gareth no quería acercarla más al peligro. El sabía que los soldados los rebasaban en número y fuerza, era imposible que pudiera escapar con vida. No. Él prefería ir a hablar con el Rey. Si tenía oportunidad, podría convencerlo de devolverles su libertad y su soberanía y todo regresaría a la normalidad. Definitivamente el joven Gareth fue idealista alguna vez.

-Johanne, escúchame bien-dijo Gareth dulcemente.-iré a hablar con el Rey de Hyrule y te prometo que haré todo lo posible por defender lo que aún queda de este pueblo. Tratare de hablar con él y convencerlo de llegar a un acuerdo que nos beneficie a todos. Si logro acercarme a él quizá todo llegue a ser como antes, pero tú debes ser la que debes escapar de aquí y llegar a un lugar seguro.

-¡No!-susurró ella.- ¡No te vayas por favor! ¡no nos dejes!-dijo Johanne.

-Tengo que hacerlo amor, ustedes ya no me necesitan aquí como su rey, me necesitan como un ministro allá en Hyrule.

-Pero si no tenemos un Rey que establezca aquí su ley ¿Quién nos gobernará?

-La ley de Hyrule se extenderá a esta tierra también, y el Rey de Hyrule gobernará esta tierra con su ley-dijo Gareth lentamente y tratando de contener el llanto, el nudo en la garganta le quemaba.

-Hazlo por mi, no te lo digo porque quiera un rey, -dijo Johanne sollozando.- sino porque te necesito a ti, no puedo pensar mi vida lejos de…¡de ti!

Gareth no pudo contenerse más, las fuerzas le flaqueaban, con un respiro de voluntad, inhalo lentamente y tomando las últimas energías que le quedaban dijo:

-Yo te prometo que regresaré por ti. Aún cuando viva en ese castillo jamás me olvidaré de ti y te prometo que, en cuanto las cosas mejoren, te buscaré todos los días así dedique sólo mi vida a eso, te buscare por todo Hyrule si es necesario, pero por ahora, necesito que huyas, corre y búscate un refugio y ponte a salvo de estos bárbaros.

Johanne estalló en llanto y abrazó a Gareth con todas sus fuerzas, y Gareth tampoco pudo contenerse y comenzó a llorar también, no quería separarse de ella pero había algo que se prometía a sí mismo: jamás olvidaría el pacto que le hizo.

Finalmente, Johanne besó su mano, en un gesto de respeto hacia su casi Rey Gerudo y le dijo:

-Para mí tu eres nuestro Rey, y estas tierras son y serán siempre tuyas, y mi corazón también te pertenecerá…por siempre.