Capitulo 3 El robo
¡Estefanía!¿ya te paraste?
Estefanía no podía despertar…había estado durmiendo muy pesadamente y soñaba después que se despertaba, para encontrarse después con que todavía seguía durmiendo. Su cuerpo simplemente no le respondía.
Nuevamente había tenido el mismo sueño que se repetía una y otra vez:
Corría por un campo abierto con todas sus fuerzas, huía de una sombra negra que la perseguía pero no alcanzaba a divisar que era exactamente. Notó que ella no era ella, sino tenía el cuerpo, la voz y el tamaño de un hombre, un hombre joven. Iba vestido o vestida de verde y en su mano izquierda tenía una espada, en su mano derecha había una estrella, un brillo fulgurante que le lastimaba los ojos. Y de pronto se detenía en medio del campo y se cambiaba la espada de mano: una vez que la espada se encontraba en su mano derecha aquel brillo se volvió aún más intenso, e inconscientemente levanto la mano armada para que estuviera al alcance de la gran sombra. Al principio pareció alejarla y casi vencerla, pero después, la sombra negra comenzó a elevarse al cielo y a amotinarse en una figura, y después de unos momentos la sombra tomó la forma de un hombre que volaba en el cielo al que sólo se le veía dos brillantes ojos dorados, horribles, como de dragón. El hombre jadeaba pero reía a la vez, y después de unos segundos levanto él su mano derecha y en ella también había un brillo. Fue entonces cuando se lanzó en picada como si fuera un buitre atrapando a su presa y cayó encima de él (o ella). En ese momento sintió como no una, sino 100 lanzas se atravesaban en cada parte de su cuerpo, y era tan insoportable el dolor, que trató de despertarse, pero entonces su cuerpo no le respondía, soñaba una y otra vez que se paraba de su cama, pero era tan sólo un sueño.
-¡Estefanía! ¡Se te va a hacer tarde!-insistía su madre.
Po fin pudo abrir los ojos guiada sólo por la voz de aquella que le llamaba.
El sudor le perlaba la frente, y sentía aún el corazón agitado, como si efectivamente hubiera estado corriendo. Sintió miedo. Nunca ese sueño había parecido tan nítido, tan real, tan lúcido. Y esta era la primera vez que no podía despertar después de haber tenido un sueño como ese.
Le sudaban las manos y no se sentía con ganas de pararse e ir a la escuela. Escondió la mitad de su rostro debajo de las sábanas y esperó a que su madre viniera a insistirle nuevamente.
-Estefanía, ¿qué te pasa? Ya es tarde y aún no te has vestido ¿te sientes bien?-preguntó su madre recargándose en la puerta.
-La verdad no.
-¿Qué te pasa?
-Creo que tengo fiebre, tengo frío.- dijo ella rápidamente inventando algo aún escondida debajo de las sábanas.
La madre se acercó a Estefanía y sintió su frente.
-No tienes nada, estás fresca. Quizá sólo estés cansada. Anda, vístete, si quieres yo te llevo a la escuela.
-No mamá, está bien, pero me siento débil, no sé porqué.-dijo ella sin ganas y aun sintiendo la adrenalina en su interior.
-Pero no veo qué tienes, no tienes fiebre y has dormido mucho…
-Pero me siento mal.-dijo Estefanía con insistencia.
-Está bien.- dijo la madre con resolución.- si no quieres ir a la escuela lo comprendo, hoy debes consentirte, porque sabes? Hoy es tu cumpleaños! ¡felicidades hija!.- y entonces abrazó a su hija.
Parecía mentira pero era cierto. Aquel día 29 de noviembre Estefanía cumplía 17 años, iba creciendo demasiado rápido pero era verdad. Aún así, todavía sentía un vago agujero en el estómago y una debilidad en todo el cuerpo a causa del horrible sueño que había tenido que no quería aún pararse
"Dame un minuto mamá te lo ruego"-deseaba decir Estefanía con tal de que la dejara tomar aliento y quizá reponerse del susto, pero su madre la abrazó y le dijo:
-Baja para que te de tu regalo. Pensaba dártelo cuando volvieras de la escuela, pero te lo daré ahora para que te sientas mejor. Estoy segura que no tienes nada grave y comiendo algo te sentirás mejor.
Estefanía sintió que sus animos subían con el optimismo de su madre, así que sonrió y asintió. El malestar estaba pasando.
Su madre se fue dejándola sola y aprovechó la ocasión para vestirse d emanera diferente, de colores vivos y alegres para celebrarse a sí misma: eligió una blusa color rosa y uno de esos largos suéteres con mangas abombadas que le caían por ambos brazos, un mayón negro y unos tenis deportivos. Rara combinación pero hacía mucho que no se vestía diferente.
En ese momento decidió peinar su cabello de dos largas y doradas colitas que le colgaban de la cabeza, y así decidió bajar a desayunar.
-Feliz cumpleaños hija!-le dijo su madre al bajar a la cocina.
Estefanía se quedó perpleja: su madre le había hecho un pastel con sus propias manos. Lo cual era un hecho increíble ya que la madre odiaba la cocina y todos lo sabían. Pero se había esforzado por hacerle un regalo a su hija y eso la conmovió. Para entonces, Estefanía ya no sentía ningún agujero en el estómago y se había olvidado ya del sueño y de su miedo.
-Muchas gracias mamá. En verdad te lo agradezco mucho.
- No hay de qué hija, siéntate para que apagues las velitas. A por cierto, tu hermano me dejó esto como regalo para ti.
Su madre le extendió un paquete pequeño envuelto torpemente en papel fantasía. Cuando Estefanía lo abrió y encontró en él un bonito collar de perlitas de fantasía rosas. Era precioso.
-Alex! Exclamó ella.- no debió molestarse.
-Cuando regrese de la escuela tendrás que darle las gracias Fanny, tu hermano junto todo el dinero que le quedaba para comprarte esto.
-Pues me encanta, claro que le agradeceré en cuanto llegue de la escuela.
Estefanía estaba tan contenta ahora. Después de apagar sus velitas del pastel y pedir su deseo, volvió a abrazar a su madre.
-¡Ay! No puede ser….-exclamó la madre llevándose ambas manos a la cintura
-¿Qué pasa?
-Se me olvidó comprar los refrescos.
-Si quieres yo puedo ir a la tiendita para comprar algunos..-ofreció Estefanía mientras saboreaba su pastel de chocolate con cerezas.
-¿podría encargártelo?
-Desde luego que sí, no tardaré.
Estefanía subió a su cuarto para buscar algo del dinero que le había quedado en su cartera, y afortunadamente tenía lo justo para comprar dos botellas de refresco. Lo tomó todo y se lo guardó en los bolsillos de su suéter.
-No tardaré.- dijo Estefanía desde la puerta.
Estefanía caminó muy poco en realidad para llegar a la tiendita más cercana, el barrio endonde vivía no era para nada grandey afortunadamente todo le quedaba cerca: el parque, la escuela y hasta el sueprmercado, pero comohabia una tienda pequeña más cerca que el spuper, decidió acudir a este porque no era una compra grande.
Al llegar pidió dos botellas de Coca Cola y el tendero fue a traerlas, ya que las que tenía no estaban frías.
Vaya que la mañana de ese noviembre estaba fría! Se podía sentir la humedad del aire en todas partes y eso le hizo sentir frío en las manos, por lo cual, lamentó no haber traido una ropa más grusa o una chamarra. Inlucso le extrañó que su madre no le dijera nada.
A los pocos segundos vió de reojo un muchacho de no más de 14 años que se acercaba al mostrador pero no le dio mucha importancia., ella siguió clavada en sus felices pensamientos mañaneros.
¡17 años! Eso era ya mucho…en tres años tendría 20 y quizá los niños pequeños comenzarían a llamarle "señora" y para ella eso era horrible…sacudió la cabeza para alejar los malos pensamientos y vió que el dueño de la tienda volvía con dos grandes botellas de dos litros:
-Doce con cincuenta.
Ella metió la mano en el bolsillo de su suéter pero…¡el dinero no estaba! Urgó en el otro bolsillo esperando haberse equivocado de lugar pero no había nada en ellos. ¿Sería posible que el dinero se le hubiera caído en el camino?
Palideció ante tal pensamiento y urgó por todas partes pero no había rastro del cambio. volteó a su lado y vió como el muchacho que hace unos minutos habia llegado le sonreía y se iba corriendo para salir de la tienda.
-¡LADRÓN! –gritó con todas sus fuerzas Estefanía.-Vuelve acá con mi dinero maldito ladrón!
Ella no dudó ni dos veces y lo fue a perseguir, pero a penas había salido de la tienda el chico ya le había llevado un poco de ventaja, como si se hubiera tele transportado.
¿Cómo diablos había sacado el dinero de su bolsillo? Aunque es verdad que había estado muy distraída para haber sentido algo…
El chico corrió por la calle con su dinero y ella iba gritando "ladrón" haciendo que los vecinos salieran de sus casas o se asomarán hacia afuera…era verdaderamente una situación incómoda y embarazosa. Pero aún así, ella no se detuvo y lo persiguió hasta que el chico, en una actitud desesperada dio la vuelta, y así ella también lo hizo.
Estefanía comenzó a ver que conforme más avanzaba el chico el panorama iba haciéndose cada más más peligroso: comenzó a ver como las calles seguras y bonitas se iban quedando atrás y comenzaron a llegar a los bajos subirbios de la ciudad, donde habái callejones sin salida, basura por todas partes y hasta mendigos pidiendo limosna pro tpdas partes.
Pero ella no se detuvo.
Siguió corriendo pero esta vez había parado de gritarle ladrón pues el ambiente que aquí se encontró la atemorizó sobremanera y sus fuerzas comenzaron a flaquear… quizá debía dejar que se fuera y volver a la tienda despu´s con más dinero. Pero una fuerza en su interior le dio energías para seguir su rastro aún.
El muchacho sigui´p corriendo hasta encontrase con una calle cerrada, y al voltear vió a Estefabía que ya casi le pisaba los talones. No tuvo opción. Se subió por las escalera de un edificio largo y alto. Y Estefanía hizo exactamente lo mismo. Sus corazones no paraban de latir y Estefanía jadeaba y sudaba de tanto que había corrido.
-¿No te vas a detener? ¡devuelveme mi dinero niño! ¡ni creas que te lo voy a regalar!-le gritó Estefanái furiosamente unos escalones más abajo, pero el muchacho no dijonada, simplemente se limitó a seguir subiendo las escaleras metalicas de caracol que conducían a la azotea del edificio.
Una vez arriba Estefanía miró hacia todas partes cuidándose las espaldas para que el niño no escapara…pero no lo encontró, simplemente no estaba en ninguna parte. Como si hubiera desaparecido.
-¿Pero dónde está?-se preguntó ella caminando hacia atrás.
Desde ahí pdoía ver todas las casas del barrio, incluyendo el suyo…había techos de toos los tipos y colores, antenas parabólicas de todos los tamaños, pero en aquel techo ningún rastro del niño.
Lo único que logró reconocer fue un boiler. Posiblemente el muchacho estuviera escondido detrás.
El único problema era que el boiler estaba puesto de tal manera a la orilla del edificio que hacpia difícil su acceso, y para llegar hasta donde estaba sin hacer ruido, había que bordear el filo del propio edificio. Algo que Estefanía no deseaba hacer en lo absoluto, pero no teniendo opción intentó acercarse.
El viento frío soplaba fuerte aquella mañana y su cabello ondeaba como dos banderas en el cielo, sus pies, dificultosamente podían bordear pero siguió avanzando lo más lenta y cuidadosamente posible, parecía un equilibrista, subió ambas manos a la altura de los hombros y extendió sus palmas para sentirse más segura.
Por desgracia, el edificio era muy viejo, y cuando dio otro paso sintió como de pronto un pedazo de concreto se desprendía y su pie flaqueaba totalmente…la pierna se le dobló y su cuerpo comenzó a moverse como en cámara lente hacia su derecha…
Lo último que recordó fue que caía…caía, y caía desde el edificio hasta la calle gritando con todas sus fuerzas y su corazón en los últimos segundos que le quedaban de vida. Veía como el cielo se hacía cada vez más y más lejano…y de pronto, todo su cuerpo fue cubierto por la oscuridad.
Una oscuridad penetrante, inamovible, definitiva.
