Capitulo 4 La profecía

Los prados se extendían a más de lo que se pudera ver a simple vista. En definitiva las tierras que le pertenecían al rey de Hyrule eran inmensas, ¿cómo era posible que aun con eso quisiera más? Su sed de conquista era insaciable.

Gareth miró por la ventana aquellos prados y vio como el sol se iba poniendo en el horizonte: el cielo se tiñó de colores pastel de todos los matices: rosados, morados, y dorados. Pero para él ese cielo no era el mismo. Desde su tierra natal, ubicada en el desierto podían verse atardeceres más pacíficos, más hermosos, o por lo menos así le pareció.

Sus ojos color dorados se perdieron en la lejanía. Allá lejos se encontraba el Pueblo Gerudo entre llamas arrasado por los hylianos, y con este pensamiento se le llenaron los ojos de lágrimas y el corazón de nostalgia.

Se sentía sólo en aquel frío castillo, completa y totalmente desamparado y sin encontrarse.

De pronto, una voz le habló por detrás:

-Guerrero Gerudo, ¿extrañas tu patria no es verdad?

Gareth se volvió y encontró a una hermosa mujer de cabellos dorados de oro bruñido casi blancos, que vestía una larga túnica blanca y vaporosa, lo miraba desde sus ojos rojos. Lo más impactante de esta mujer de incomparable belleza era su mirada: una mirada de una mujer que no concordaba con la edad que aparentaba, una mirada de mil años.

-¿Quién eres?-preguntó Gareth perturbado.

-Me llamo Impa, soy consejera de su majestad el Rey de Hyrule, hechicera de tradición Sheikah y ayudante de todo aquel que le sirva a su majestad. He visto tristeza en tu rostro valiente joven. ¿Qué es lo que te preocupa realmente?

Gareth se quedó empalado en el suelo con esa pregunta y con la seductora voz de aquella bruja. Mucho se sabía del poder de transformación que tenían las hechiceras quienes, a pesar de ser viejas y horribles ancianas tenían la habilidad de convertirse en mujeres como ella, engañar y seducir a los hombres para robarles o matarlos. Y Gareth desconfiaba de todo lo que viniera de Hyrule y su rey, por ello se quedó callado conformándose con mirarla desconfiadamente. Sospechaba que fuera una trampa del rey para hacer flaquear su fortaleza y ceder ante su voluntad y su dominio.

-No temas joven rey, sé de dónde vienes y por qué has llegado aquí, sin embargo hay algo en tu rostro, algo familiar que me resulta especial.

Y entonces, la bruja Impa posó su fría y blanquísima mano sobre el rostro cálido de Gareth y mirándolo estrechamente a los ojos se quedó inmóvil por algunos segundos, como si estuviera en trance.

Gareth estaba pálido y no se movía de su lugar quería quitarse la mano de la mujer de encima y salir huyendo del lugar, pero sus piernas no le respondían, como si ella lo hubiera paralizado. Nunca supo si fue su miedo o ella quien con un embrujo no lo había dejado moverse.

Pero no duró mucho en esta posición y de inmediato quitó la mano bruscamente de su mejilla. Su expresión había cambiado por completo, ahora estaba asustada y sus pupilas estaban dilatadas de la impresión. Pero seguía en trance, y dando unos pasos hacia atrás comenzó a hablar así:

-"Gareth dejarás de ser, para convertirte en un rey maligno cuyo nombre todos temerán. Perseguirás a Zelda hasta el resto de tus días y le darás muerte. No te detendrás hasta acabar con la heroína del tiempo, pero con ella no podrás, pues vendrá a estas tierras para darte fin, haciéndote volver a tu verdadera forma…Lea…Lea vendrá para derrotar al jabalí maligno Ganon… Lea será…Lea la heroína…Lea el tiempo…lea la dimensión... Lea la oscuridad que detiene la oscuridad…Lea…la del coraje en su derecha"

Pero Impa siguió balbuceando hasta que sus palabras se convirtieron en sólo murmullos sin sentido, hasta que por fin despertó del trance. Tomó su cabeza entre sus manos y preguntó:

-¿Pero qué me ha pasado? ¿He dicho algo raro? ¿Algo malo?

Gareth no entendía lo que le había pasado. No había conocido a nadie con el nombre de Zelda ni conocía ningún jabalí llamado Ganon, ni mucho menos a alguna mujer con el nombre de Lea. Pero la actitud con la que esta hechicera había profetizado algo había sido estremecedora. Tanto que primero retrocedió varios pasos y se alejó de Impa dejándola totalmente confundida.

Al día siguiente el sol se asomaba por la ventana del cuarto que le habían dado como futuro ministro del rey. Era un cuarto sencillo pero con todo lo que alguien necesita para vivir comodamente: una cama grande y con sabanas gruesas de lana, algunos muebles para guardar su ropa, un baul y un escritorio, así como una ventana. Esto era lo que más le gustaba a Gareth de entre todas las cosas que había en aquel castillo, ese minúsculo agujero que daba hacia afuera y que, con todo el poder de su imaginación lo hacía volar como ave libre por los prados de Hyrule hasta llegar a su patria, con su amada Johanne donde su espíritu podía descansar en paz.

De entre todas las cosas que el rey de Hyrule habia destruido, lo único que le agradecía era que hubiera dejado para él un minúsculo destello de libertad…aquella ventana.

Gareth se vistió con las ropas que le habían dado, las cuales eran elegantes sí, pero eran una pésima imitación de las ropas de coronación del rey Gerudo. A pesar de estar decoradas con varios pedazos de oro puro y telas finas no eran ni por mucho lo que las zurcidoras Gerudo podían hacer con sus manos: un traje que más que traje era una armadura de varios colores: negra, con detalles anaranjados, excepto en las mangas y las piernas que llevaban artesanalmente compuestas partes de tela blanquísima. Para el cuello y los hombros llevaba una protección de acero negro rarísimo que le cubría hasta la espalda baja. La cual se decoraba con oro y pedazos de otras joyas preciosas. Los zapatos eran de un escaso metal anaranjado (sólo disponible en tierras Gerudo) que era liviano sólo en contacto con los pies reales del soberano. Este metal era tan grueso que incluso llevaba remaches.

En la cintura llevaba un cinturón de cuero negro adornado con telas blancas Gerudas bordadas por mujeres del lugar. Y finalmente todo esto se remataba con una bellísima capa roja con detalles dorados en la parte baja, runa Gerudas y otros símbolos de grande y legendaria importancia.

Pero esto que le había mandado traer no se parecía demasiado, ya que los materiales con los que estaba hecho no eran los originales y por lo tanto no eran ni de cerca tan resistentes como auquel, aunque ante ojos inexpertos y poco familiarizados con las costumbres Gerudas bien podría pasar por la ropa Geruda de la más alta calidad, ojos como los hylianos. Pero ¿para qué querría un simple ministro una armadura de guerra cuando lo que el Rey quería para todos era justamente la paz?

Gareth salió vestido como le había indicado al gran salón, donde encontró mucha gente de todas las partes de Hyrule: desde monarquía del lejano paraje Zora (donde vive la gente que puede respirar bajo el agua) de la aldea Kakariko, (de donde proceden los legendario guerreros y protectores de la corona hyliana: los Sheikahs), e incluso del bosque Kokiri, donde dicen que viven niños que nunca envejecen. Gareth pudo reconocer la cara de un niño pelirrojo que lo miraba con desconfianza desde lejos vestido de verde, ese era quizá el líder de estos niños.

El silencio se hizo presente en el recinto con la llegada de Gareth, el último de los reyes que faltaba por llegar a la celebración. Todos estaban enterados de la guerra que se había llevabdo a cabo entre el rey de Hyrule y el pueblo de Gareth, los gerudos, por lo tanto todos se hicieron hacia atras o hacia un lado cuando lo vieron. Es verdad todos sabían de la guerra pero todos tenían una versión totalmente distorsionada de las cosas: creían, conforme a las palabras del Rey Hyliano que las Gerudo habían atacado primero, queriendo colocar los limites de sus fronteras más allá de lo que les correspondía, pero el Rey esperó pacientemente a que Gareth fuera coronado para negociar esta mala actitud de su gente, y una vez siendo rey, ahora hablarían entre iguales. Todos crían que Gareth había encabezado la rebelión en contra de un rey benévolo y negociador que les había dejado hablar y protestar tan sólo para encontrar la paz después, y gracias a las dotes diplomáticas de su majestad, había convencido a Gareth de anexar sus tierras a las suyas para luchar juntos por lo que era suyo.

-¡Amigos!-dijo el gordo soberano sin perturbación ante la llegada de Gareth y poniéndose de pie.

-Ha llegado el momento de presentaros a mi ahora nuevo amigo, aliado y ministro Gareth de los Gerudos, su Rey y su autoridad. Larga ha sido la lucha de los Gerudo contra los hylianos, y sin embargo ya hemos llegado a un acuerdo que pienso hacerle celebración esta noche. Hace unos días este hombre nos volvía la espalda y se negaba a ver la verdad: que nuestros reinos juntos son más fuertes, pero hoy este hombre ha visto la luz, y es ahora una fuerza más que hará más vigoroso el espíritu hyliano. Porque las Gerudos han sacrificado valientemente su patria para obtener algo mejor: la Unión entre dos reinos y se han hecho con ello más fuertes, ahora las Gerudo serán nuestras hermanas y serán tratadas como tal, y su rey aquí presente velará por sus derechos como ministro y aliado mio, a la par que y yo como iguales. Celebremos ¡oh amigos mios! La integración de una estrella más en el firmamento de la unión, brindemos por la fortaleza de dos pueblos que se unen, sonriámosle y alabemos la amistad!.- y con esto el rey tomó la mano del joven Gareth y levantó su brazo juntó con el suyo en señal de unión. Todo el mundo aplaudió este discurso y el rey tomó una copa para brindar con todos.

Alguien observador hubiera podido percatarse de la absoluta tristeza y decepción que había en el rostro del joven gerudo en el momento en que el rey Hyliano tomó su mano y la alzó, se sentía casi traidor en esta posición: mientras el disfrutaba de un banquete al lado del enemigo: sus compatriotas morían a espadazos y lanzadas del otro lado del reino. Y nadie más que él lo sabía en el lugar. Sentía una impotencia insoportable y tuvo por meses la sensación de tomar un caballo y escapar de aquel lugar, pero sabía que si lo hacía el rey cortaría más cabezas, y quién sabe si la de Johanne se encontraría entre ellas.