Un pequeño gesto

Capítulo 2.

La gente tardó algo más de lo normal en celebrar la caída final de Voldemort, principalmente, por culpa de que esta no llegó de la manera en que todos la habían estado esperando: de parte del niño-que-vivió, Harry Potter. En cambio fue un personaje con más sombras que claros quien había acabado con el Lord Tenebroso: Draco Malfoy. Hijo de mortífago y presunto mortífago por su propia cuenta.

Además estaban aquellos dos discursos que dieron Harry y Draco, respectivamente, y que ofrecieron una visión de los sucesos nunca antes conocida. Por supuesto que la de Draco fue la que más impactó a todos los presentes pero, por ahora, se dejaron llevar por la alegría de verse libres, finalmente, de la sombra de Voldemort y ya pensarían sobre lo otro más tarde, cuando las consecuencias de esta Segunda Guerra se hubieran aclarado.

Claro que la celebración resultó igual de confusa como el combate, doble combate, final, porque nadie parecía muy por la labor de felicitar a Draco, sus palabras resonaban en el lugar, y fueron más a por Harry. A Draco le daba completamente igual esto, aprovechó para guardar su varita, y la Varita de Saúco que regresó, por primera vez, a sus manos, y prefirió sufrir la alegría de su madre que cualquier alabanza por parte de conocidos o desconocidos. El que su propio padre lo abrazase como si hiciera varias vidas que no lo veía, para Draco, tenía mucho más valor que todos los galeones del mundo.

Por esto había valido la pena todo el sufrimiento padecido.

Harry se puso en pie, con cierto esfuerzo al seguir en estado de shock, gracias a la ayuda de sus amigos que, si tuviera que apostar, mostraban el mismo rostro de sorpresa y confusión que él mismo debía estar llevando. Claro que, las miradas que robaba Hermione hacia la figura del Slytherin resultaban bastante difíciles de leer pues no mostraban esa sorpresa y confusión, si no algo totalmente diferente y que, gracias a que Harry estaba tan distraído, no lograba ponerle nombre. Bueno, no obstante era un momento de tremenda confusión.

Toda su vida, aunque él no lo supo hasta haber cumplido 11 años e ingresado en Hogwarts, giró en el hecho de haber sobrevivido a la maldición asesina que le lanzó Voldemort y al haberle destruido al mismo tiempo. Aunque luego se supiera que únicamente destruyó su envoltura física. Una acción que venía acompañada de la famosa profecía que le convertía en el único que podría acabar completamente con Voldemort.

Una profecía que, aparentemente, Draco había desechado con un imperceptible gesto con el que le entregó su varita y así evitar el que Harry pudiera habérsela arrebatado. Esa fue la primera ficha que hizo tambalear todo el plan de Dumbledore y la profecía con la que trabajó durante los últimos diecisiete años, con respecto a la participación de Harry.

Los agradecimientos que recibía le sonaban extrañamente vacíos, a pesar de que él había luchado contra Voldemort los últimos siete años y destruido sus horrocruxes. Nada de eso parecía tener mucho valor al compararlo con el hecho de que fue Draco quien acabó con la vida de Voldemort o, más bien, hizo que este acabase con su propia vida.

Vamos, si es que Draco usó la misma idea de atacar, ¿o sería defenderse?, con el expelliarmus en vez de usar cualquier otro hechizo de ataque para acabar con Voldemort antes de que este acabase con él con su avada kedavra. Estaba confuso, y más después de descubrir toda la verdad que se ocultaba tras el comportamiento y acciones de Severus Snape durante todos estos años. Necesitaba hablar con alguien, y ese alguien se encontraba en el despacho del director de Hogwarts.

Gracias a la distracción de Luna, Harry pudo escurrirse del lugar y poder ocultarse bajo la capa de invisibilidad con sus dos amigos para que pudiera ir a explicarles lo aprendido y ver si entre los tres podían encontrar sentido a lo que había sucedido. A la extraña, e inesperada, intervención por parte de Draco en la resolución de toda esta historia.

Hermione siguió a sus dos amigos, bien porque no le quedaba otra al ir bajo la capa junto a ellos, pero seguía tratando de mirar para Draco siempre que la situación se le ponía propicia. Era como si necesitase verlo todo el tiempo que le fuera posible pero no por deseo o necesidad, tal vez si por eso último pero de una manera algo diferente a la habitual, sino que parecía ser como si necesitase cuantas más imágenes de Draco mejor para compararlas a todas aquellas que tenía acerca de él desde que le conoció.

Era algo necesario para tratar de entenderle. A él y a sus acciones.

Y a lo que le estaba ocurriendo a ella también.

Ahí pudo ver como el joven Slytherin se mostraba algo más serio, a pesar de haber sido quien acabó con Voldemort, casi podría decirse que molesto e irritado, tal vez tanto consigo mismo como con los demás, y con unas horribles ganas de salir de bajo los focos de atención en donde se colocó por su victoriosa acción. Era probable que su mente no dejase de repetir los malos sucesos ocurridos, y vividos, durante estos últimos años y sintiera que toda esta felicidad, aunque justificada, estaba, de alguna manera, banalizando las muertes ocurridas. Finalmente lo perdió de vista y sintió algo que no le gustó para nada. Algo que tenía la sospecha solamente podría solucionarse cuando pudiera verle una vez más.

Draco no necesitó ninguna capa de invisibilidad si no encontrarse con Kingsley, la voz principal de los aurores y que, seguramente, tras la Segunda Guerra, le sería adjudicado un alto puesto en el Ministerio. Simplemente le dijo que necesitaba un tiempo a solas y que procurase que a sus padres no les pasara nada mientras tanto. Por supuesto que no podía negarle nada a quien había acabado con Voldemort pero Draco había aprendido en no dar nada por supuesto. No después de la manera en que pasó su infancia y adolescencia. No después de vivir todos estos últimos meses bajo la atenta mirada de Voldemort y tener que sufrir su ira como cumplir con sus órdenes. ¿Qué la gente podría entender, sinceramente y en su totalidad, los motivos de sus acciones? Si algo había aprendido es que la gente es capaz de creer lo que más les conviene sea esta la verdad o no. Y por eso al darle un abrazo a su madre, le pasó su varita, que le había servido de gran ayuda al mantenerle con vida durante los Infernales sucesos en la Sala de los Menesteres. Un mago, una bruja, no debería encontrarse sin su varita, indefenso ante algo más que las miradas de los demás.

La calma de la noche, después del ruido previo durante la batalla, resultaba casi ensordecedora pero, por suerte, para Draco, tenía algo en mente para hacer y le proporcionaba algo en lo que pensar y así no tener que escuchar nada más. Ni los vítores, ni los lamentos, ni sus propios pensamientos. Sobre todo estos últimos que no parecían querer darle ningún tipo de tregua.

Todas esas creencias con las que había sido educado, pureza de sangre, hijos de muggles— ni siquiera tenía ganas de pensar aquella horrible palabra que había empuñado durante años, mucho menos decirla, porque era consciente de su falsedad— le habían moldeado la mayor parte de su personalidad pero, aunque muchos dudasen de ello, también era capaz de pensar por si mismo y llegar a sus propias conclusiones. Aunque no las llevase a cabo por chocar de manera brutal con la vida que se suponía era para él.

Una vida que ya le había sido designada desde el día de su nacimiento y en la que él no tuvo ningún tipo de participación. ¿Entonces para qué molestarse en los estudios si su futuro era portar la marca tenebrosa y seguir las órdenes de un lunático, en todo el amplio sentido de la palabra? Además de que su mínimo esfuerzo era suficiente y le dejaba, sin contar a Hermione, muy bien posicionado entre aquellos con excelentes calificaciones. Él no necesitaba hacerse notar de esa manera, hacerse valer con los estudios porque era irrelevante en ese futuro predispuesto para él.

Siguió el camino de tal manera que parecía que hubiera sido él, y no Harry, quien lo hubo recorrido no hacía unos distantes escasos minutos. Un camino que lo debería haber llevado, una vez más, a morir a manos de Voldemort pero que, de una manera sorprendente, y casi podría decirse que milagrosa, logró sobrevivir a su segundo avada kedavra. Por suerte para Harry allí estuvo Draco para impedir que el tercero si lograse su objetivo.

¿Y por qué no dejó que sucediera? Tan sencillo como mostrarse una vez Harry hubiera muerto le habría permitido lograr su objetivo. Pero cómo permitir que alguien más muriese delante de él cuándo se había dispuesto a no permitir que algo así volviera a suceder.

Demasiada muerte y dolor había tenido que presenciar y, desgraciadamente, realizar. Aunque, por fortuna para su salud mental, no se le ordenó matar a nadie.

La Muerte… estuvo demasiado cercana a ser una compañera en su vida.

Deteniéndose observó con cuidado el terreno en donde se encontraba para tratar de encontrar lo que buscaba de la manera en que hacía lo propio con la snitch durante un partido de quidditch. Bueno, cuándo se lo tomaba en serio. Sabía que estaba ahí pero debía que prestar una excesiva atención para lograr encontrar el más mínimo rastro de su presencia.

Y ahí estaba su pieza.

Solamente fue el cogerla para sentir una presencia allí junto a él. Una presencia que nunca más podría sentir nuevamente y que, hasta que supo la noticia, nunca llegó a pensar en lo inmerso que había estado en toda su vida. Una constancia que siempre creyó era por él pero que durante este último año ha llegado a dudar si realmente había sido así. Necesitaba respuestas y solamente él podría proporcionárselas.

Al volverse se encontró cara a cara con quien en vida había sido Severus Snape.

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En el despacho del director, que ahora no pertenecía a nadie pues el último dueño había sido Snape y ahora se encontraba muerto, los tres Gryffindor habían estado hablando con Dumbledore, o más bien con su retrato, sobre lo que había sucedido y como fue Draco quien, al final, acabó con Voldemort en vez del previsible final en el que Harry interpretaba dicho papel del Salvador del Mundo mágico.

Ni que decir que incluso Dumbledore se mostró sorprendido del último giro de los acontecimientos, no obstante había dedicado gran parte de su vida a varias acciones que desencadenaron parte de estos sucesos. Como la búsqueda de las Reliquias de la Muerte por su parte o el averiguar la existencia de los horrocruxes de Voldemort. Y finalmente murió a causa de ambas líneas de acción. Lo que de verdad lamentaba era que Harry no pudiera haber cumplido con la profecía y obtener la satisfacción de haber acabado, de una manera correcta, y sin caer en el lado oscuro, con el asesino de sus padres. Tantos años de planificación inservibles por culpa de un pequeño gesto.

—He sufrido todos estos años por culpa de la existencia de esa profecía y no me permitió tener una vida normal para que, al final, ni siquiera resultase válida— se quejaba Harry que aún no era capaz de asimilar lo sucedido. Era demasiado grande, pues abarcaba toda su vida, el sentido que el Mundo mágico le había dado a su vida como el-niño-que-vivió y el único capaz de derrotar a Voldemort.

Hermione murmuró algo para si misma que nadie pudo entender pero que sonó algo así como "siempredijeque laadivinaciónes unfraude" y nadie tenía interés por saber con exactitud sus palabras.

—Si te paras a pensar en ello, Malfoy ha estado a punto de hacer que Voldemort hubiera salido victorioso en esta guerra.

—¿Cómo es eso, Ron?

—Bueno, si hubiera muerto en la Sala de los Menesteres, la Varita de Saúco habría sido de Voldemort, de no salvar a Crabbe, y Harry no habría tenido ninguna posibilidad de derrotarle por duplicado: Por no ser él el dueño de la varita y que lo fuera Voldemort.

Había que decir que Ron pareció haber pensado mucho en ese asunto y, aún así, en cierto sentido no estaba del todo acertado pero, ¿para qué reventarle el momento?

—Lo que me hace preguntar cómo es que no murió.

—Porque algunos sabemos lo que hacemos, Potter.

Hermione y los dos muchachos se volvieron al origen de aquella voz, en el umbral del despacho, para encontrarse con el tema de su conversación: Draco Malfoy. Pero, sobre todo, con su mirada fija en ella como si, a pesar de estar respondiendo a Harry, la estuviera retando a ella.

—¿Y qué es, exactamente, lo que hiciste, Malfoy?— le preguntó Hermione con su mirada clavada en el rostro de Draco de una manera que solamente se la podía ver a Hermione cuando se encontraba estudiando. Y eso era lo que estaba haciendo con Draco, estudiándolo a fondo para poder recordar hasta el más mínimo detalle de él. Además de que no se amedrentaría por él.

—Me sorprende que, precisamente, tú me hagas este tipo de preguntas, Granger. Luego de todo este año realizando las acciones más sorprendentes, y manteniendo con vida a esos dos, cualquiera habría supuesto que podías encontrar todas las respuestas. Y esta respuesta en concreto no resulta un misterio tan grande como parece a primera vista.

Dejando a Hermione pensando, y algo azorada por sus palabras, puesto que nunca podía dejar pasar un desafío, y menos si provenía de Draco pues no quería quedar mal por su culpa y, porque el encontrar la respuesta, de alguna manera, los acercaba, Draco caminó hasta detenerse frente a Harry. De reojo se fijó en la presencia del retrato de Dumbledore y con gran parsimonia cogió la Varita de Saúco que tenía guardada bajo su túnica. Cuando la mostró, pudo fijarse en la mirada de veneración con que Ron y Hermione, que se veía entre dos fuegos, miraban para la varita y Draco no pudo evitar rodar los ojos ante semejante actitud. Por lo menos Harry parecía controlarse.

—Bueno, Potter, acabemos con esto de una vez— por supuesto que Draco lo dijo con voz seria y profunda, tal vez podría definirse incluso como amenazante, y provocó que Ron y Hermione despertaran de su ensimismamiento y sacaran sus propias varitas y le apuntasen con ellas. Hermione no comprendió que hacía con su varita apuntando a Draco y se justificó en la fuerza de la costumbre puesto que no era la mejor actitud que ofrecerle a la persona que había acabado con Voldemor. Para sorpresa de todos, y luego de hacer rodar los ojos para sí misma, Hermione volvió a guardar su varita. Draco no necesitó realizar un gran esfuerzo por no reírse ante dicha reacción gracias a que la de Hermione rebajó la tensión del momento y le permitió seguir con su atención sobre Harry. Claro que había oportunidades que no se podían dejar pasar así por las buenas—. Tengo entendido que el impactante trasero de Granger te partió la varita.

En esta ocasión, para no desperdiciar semejante frase, Draco usó una voz susurrante, siseante en caso del Slytherin, para provocar que los tres Gryffindor sintieran como el color les subía al rostro, aunque fuera por motivos diferentes. Hermione lo acompañó con una buena sensación de pura mortificación ante un comentario con un doble sentido tan crudo pero que, sorprendentemente, lograba hacer que se excitara por ello. Ciertamente tenía que aclarar ciertos asuntos con Draco, y cuanto antes mejor para ambos. Además, ¿cómo podía saber la causa de la rotura de la varita de Harry? En verdad parecía saber bastante sobre los sucesos que les ocurrió durante este curso aunque fueran unos de los que no podía haber tenido ningún conocimiento.

Harry decidió que lo mejor era sacar los trozos de su varita y hacer como si no hubiera entendido aquel doble sentido de las palabras de Draco, a pesar de que lo hizo, de igual manera que también lo hizo Ron, increíblemente rojo, aunque sin saberse muy bien la causa específica de ello, y la susodicha en cuestión poseedora del impactante trasero. Con cuidado los colocó sobre la mesa que presidía el despacho.

Era algo que Draco sabía que debía hacerse, por mucho que pareciera un caso imposible, y serviría para poner un punto y final al asunto de sus varitas. Recuperando la suya, estaba seguro que Potter no le molestaría con respecto a la Varita de Saúco. Bueno, o eso esperaba dado que, como bien había explicado, ahora le pertenecía a Draco. Así que apuntó con ella a los trozos de la de Harry.

¡Reparo!

Casi al instante los pedazos se fundieron en una sola pieza chispeando unas luces rojizas antes de que todo terminara. La varita de acebo había sido totalmente reparada y quedó como si fuera nueva.

La alegría presente en el rostro de Harry resultaba palpable.

—Gracias, Malfoy— dijo Harry sin pararse a pensar en sus palabras mientras recogía su varita con una mirada cargada de ilusión idéntica a la que mostró el día en que su varita le había elegido en la tienda de Ollivander.

Ron no podía creerse que Harry le hubiera agradecido algo a Draco, por mucho que fuera por algo bien hecho como arreglarle la varita. Era demasiado tiempo como antagonistas para cambiar de actitud así por las buenas. Además los últimos acontecimientos no borraban los previos a esos mismos, por lo menos en lo que era para Ron. En cambio, Hermione no podía ocultar una gran sonrisa en su rostro por la buena reacción de Harry como por otra cuestión, para ella, igual de importante aunque reprimida conscientemente, ¿o inconscientemente? No obstante Draco estaba demostrando una actitud que nadie habría sido capaz de identificar como la del Slytherin pero que, sin lugar a dudas, dejaba claro que era una persona como cualquier otra.

Con defectos… y virtudes.

Frigus Flamma— saltó Hermione de improviso antes de que Ron pudiera llegar a decir algo que, era seguro, habría acabado con varios hechizos volando por el despacho. Algo no muy inteligente cuando Draco tenía en su posesión la Varita de Saúco. Sus dos amigos miraron para ella como si le hubiera salido una segunda cabeza, o su cabello hubiera vuelto a ser aquel matojo de sus primeros años—. Es el hechizo que usaste contra las llamas para que no te quemaran— Hermione le estaba hablando a Draco a la cara, algo que dejaba a sus dos amigos a un lado o, dicho de otra forma, fuera de esta conversación. Total tampoco es que fueran muy aficionados al aprendizaje, si este no fuera, sin lugar a dudas, obligatorio. Aunque, aún así, se las arreglaban siempre para hacer que ella cargase con todo.

Podía notarse el orgullo en la voz de Hermione, y su rostro era una máscara de pura felicidad al haber logrado encontrar la respuesta a como hizo Draco para sobrevivir en aquella situación imposible ocurrida en la sala de los menesteres. Además de que la sonrisa podría iluminar incluso la noche más cerrada.

—Casi, Granger— Draco, a pesar de estar sorprendido por ser el receptor de aquella sonrisa, no podía estar más contento por ello, aunque podía esconderse admitiendo que la sonrisa era más bien por la felicidad ante la respuesta. Resultaba intoxicante por algún motivo que a Draco se le escapaba. Pero, tal vez, no lo haga ella. Aún así él mismo le devolvió la sonrisa, o media en su caso—. Supongo que no habrías cometido este error si hubieras sabido que aquellas llamas provenían del fiendfyre y resulta una magia demasiado poderosa para tratar de enfriarlas. Es un hechizo de alto nivel y, podría decirse, tan poderoso como una imperdonable.

—¿Qué usaste entonces, Malfoy?— le inquirió curiosa, y algo apenada por no haber acertado en su suposición. Aunque, por el lado bueno, estaba teniendo una conversación civilizada con Draco y, por parte de este, estaba disfrutando, como nunca, de aquel mohín que le mostraba la castaña al no haber logrado la respuesta correcta.

Ciertamente se trataba de un día histórico por muchos motivos.

—Algo muy parecido, Granger. El hechizo frigus protego horribilis sobre mi mismo porque, en comparación, costaba mucho menos lograr un hechizo efectivo sobre mi persona, tanto de enfriamiento como de defensa, que sobre aquella enorme cantidad de llamas mágicas. Así gané tiempo para que pasaran de mí y poder encontrar un sitio donde estar a salvo para utilizar fiendlocked y finalizar el hechizo. Algo que pude lograr debido a que las llamas habían sido invocadas para acabar con vosotros y no conmigo— añadió de pasada y sin nombrar a la persona que las había convocado—. Por lo menos mientras aún os encontrabais en la sala.

Hermione murmuraba culpándose de su ceguera por no haber pensado en que no se podría haber podido mantener el Frigus Flamma el tiempo suficiente para poder salir de allí, mucho menos para tratar de enfrentarse a las llamas. Mientras tanto, Harry y Ron, principalmente de los presentes, se sentían bastante abandonados de la misma manera que siempre les ocurría cuando Hermione se ponía a tratar temas de estudio y aprendizaje. Ni que decir cuando habla de los deberes para hacer o, en el caso de ellos dos, en por qué no los estaban haciendo.

Por suerte Dumbledore les salió al rescate.

—Sus compañeros me han contado lo que has hecho, Draco— empezó a hablar el retrato de Dumbledore—. Y, si bien ha resultado todo bien, corriste un gran riesgo que pudo haber hecho que todo terminara en una gran tragedia.

—La verdad, me parece que es usted el que más sabe acerca de correr riesgos y que, si no se hubiera centrado en esa dichosa profecía y pasado todo su tiempo en lograr su realización, si hubiera ayudado a los demás con las mismas ganas que mostró con Potter, todo habría acabado hace años y no habrían muerto tantas personas, inocentes o culpables— una media sonrisa, esa tan habitual en Draco, hizo un ínfima aparición en su rostro que se encontraba dominado por un gesto de dura seriedad—. Supongo que todos tenemos nuestras propias obsesiones.

Por supuesto que Draco se refería a la obsesión de Dumbledore por las Reliquias de la Muerte pero, ¿a qué propia obsesión se estaría refiriendo consigo mismo?

—¿Qué piensas hacer con la Varita de Saúco, Draco?— le preguntó Dumbledore haciendo que todos centrasen su atención en la varita.

—Se trata de la varita más poderosa del Mundo y, fíjate que bien, se encuentra en mi poder, ¿qué cree que pienso hacer?— pero Draco no les dio tiempo para contestarle, además de que la respuesta por parte de ellos era demasiado obvia para molestarse a escucharla—. No obstante, ¿no dicen que son las varitas quienes eligen a sus dueños? Pues esta me ha elegido a mí— un Draco Malfoy en posesión de la Varita de Saúco producía la misma aprensión que como si se estuviera hablando del mismísimo Voldemort. O una muy cercana—. No me interesa— respondió Draco sin dejar a nadie ofrecerle su propia respuesta—. Es un simple trozo de madera manchado de sangre desde su creación y, por mucho que pueda sorprenderos, a unos más que a otros, siempre procuro no tener que mancharme las manos, y menos de sangre.

Sobre todo porque, siempre que mirase para la varita, no dejaría de recordar el momento en que la obtuvo al desarmar a Dumbledore en la Torre de Astronomía y las consecuencias posteriores a ese acto. Ya tenía suficientes malos recuerdos para tener, además, un recuerdo físico de dicha noche.

—Es la mejor decisión— no pudo evitar decir, una sonriente y orgullosa, Hermione que, cuándo sus propias palabras llegaron a sus oídos, sintió cierto rubor en sus mejillas.

Por suerte para ella nadie de los presentes, ni Draco sobre todo, quisieron hacer un comentario al respecto, aunque esos acerados ojos la captaron por un instante.

—Podría destruirla o, simplemente, devolverla al lugar de donde Voldemort la cogió pero ese es un lugar que no me apetece ver por varios motivos— la gélida mirada de Draco se encontró con aquellos ojos vivaces de Dumbledore—. Así que, dentro de varias décadas, cuando finalmente muera, la varita perderá todo su poder en el mismo instante.

—Como ha dicho la señorita Granger, una sabia decisión.

El rubor de las mejillas de Hermione se hizo más notable porque, ahora, Draco si miró con ella con más atención. ¿Es qué Dumbledore no tenía algo mejor que decir?

Draco dejó la Varita de Saúco sobre la mesa y se volvió para salir del despacho pero, antes de hacerlo, se detuvo y volvió para mirar a los ojos a Dumbledore mientras le dedicaba su patentada media sonrisa. Hermione sintió mariposas en su estómago pero por varios motivos. Uno de ellos era que esto no había terminado aún.

—Por cierto, he recuperado la Piedra de la Resurrección que Potter dejó caer en algún momento de su entrega a Voldemort.

Esto si que resultó una sorpresa tan inesperada que habría sido menos impactante si les hubiera pateado el estómago a todos los presentes.

—¿Cómo sabías de ella y cómo pudiste encontrarla, Malfoy?— le preguntó Harry con cierta ansiedad. Dumbledore también parecía algo preocupado.

Si, se notaba que Draco había recuperado su confianza o, por lo menos, era capaz de hacer parecer como si así fuera porque sus gestos y actitud eran aquellos que tan bien conocían, y les disgustaba, a los tres Gryffindor. Aunque Hermione, más que disgustada se mostraba algo condescendiente con dicha actitud porque, si lo veías de la misma manera que lo estaba haciendo ella, era como si Draco tratase de rebajar toda la tensión del ambiente, y de los sucesos recientes, actuando como aquel petulante de tres al cuarto que los había estado agobiando durante años.

Tiempos pasados mucho más sencillos.

—Algún día deberías aprender oclumancia, Potter— le respondió Draco en tono burlón, aunque Hermione no podía estar más de acuerdo con Draco en esto—. Necesitaba un momento con el profesor Snape para que me aclarase ciertas dudas que tenía por culpa de su gran plan, profesor. Y, aunque sé que podría hacerla desaparecer para que nadie la pueda encontrar, algo irrelevante puesto que todo el mundo la tiene como un objeto de cuentos y leyendas, primero me gustaría mantener ciertas conversaciones con su ayuda. No se preocupe, que nadie va a sufrir por ello.

—¿Y desde cuándo te importa alguien que no seas tú, Malfoy?

Hermione le lanzó una dura mirada a su amigo pero este ni siquiera se percató de que estaba bajo la atención de la castaña mucho menos sintió dicha mirada.

—No podía esperarme menos de ti, Weasel. Cualquiera habría llegado a madurar, y no solamente con respecto a sus amigos y conocidos si no de una manera más amplia, pero parece ser que debe ser necesario mucho más que una guerra y sus consecuencias para que eso pueda llegar a suceder. Supongo que, en cierto sentido, el tener que cumplir todas las desagradables órdenes que daba Voldemort te obliga a ello, lo quieras o lo necesites. Aunque no es una manera que aconsejaría a nadie— Harry recordó haber visto algunas de esas órdenes y no podía estar más de acuerdo que era algo que te haría pensar bastante en la vida y en cómo la vives—. Aunque hay algunos que nunca madurarán— Draco les ofreció una última de sus medias sonrisas—. No sé para vosotros pero para mí ha sido un buen final, a grandes rasgos, logrando acabar con Voldemort y, al mismo tiempo, convirtiendo esa profecía y todo el trabajo realizado para su realización en un fin para mi intervención. Me parece que ha sido el mejor ejemplo de cómo debe actuar un verdadero Slytherin.

—¿Te parece divertido, Malfoy?— finalmente Ron explotó—. Muchas buenas personas han muerto. Incluso mi hermano ha podido morir y no solamente quedar herido. Todos ellos eran buenas personas y no se merecían morir mientras una asquerosa serpiente como tú ha sobrevivido después de todo el mal que ha hecho— maldecía Ron con algo más que simple rencor en sus palabras.

—Yo diría que tu hermano estará muy contento con su herida, ¿no ha perdido la oreja opuesta a su gemelo?— Draco rodó los ojos—. De seguro que ya tienen unos cuantos chistes al respecto y, como tú has dicho, sí, han muerto muchas personas. ¿Pero siguiendo las esperanzas dadas por quién, Weasel? Cada uno ha elegido actuar a pesar de cuáles podían ser las consecuencias de ello.

Ron volvió a apuntarle con la varita a Draco pero, para sorpresa de todos, Hermione se colocó entre su amigo y ¿su enemigo?

—¿Qué crees que estás haciendo, Ron? Malfoy ha derrotado a Voldemort y no tuvo ninguna culpa con las muertes que han ocurrido. Luchar fue elección de cada uno de nosotros. Recuerda que incluso Ginny quiso y tuvisteis que detenerla. En vez de estar aquí actuando de esta manera tan infantil deberías hacer algo de provecho y estar junto a tu familia cuidando a Fred.

—Me da igual. Eso no quita que todos ellos sigan muertos y mi hermano mutilado mientras que esta serpiente no— eso parecía ser lo que más le molestaba a Ron. El que Draco hubiera salido, aparentemente, sano y salvo. Si supiera cómo es que se encuentra en su interior pensaría muy diferente. Pero Draco no se lo diría porque no tenía pensado decírselo a nadie. Si había algo personal eso era lo que sentía sobre todos estos trágicos sucesos—. A Voldemort lo habría derrotado Harry tal y como debía haber sucedido. Me parece que te has olvidado de cómo se quedó quieto mientras la loca de su tía te torturaba, Hermione. ¿O ya lo has olvidado?

Como si algún día pudiera olvidarlo.

—No, no lo he olvidado— le replicó Hermione sintiendo como su cuerpo temblaba por el simple recuerdo de todo aquel dolor llenándola por completo— y jamás lo olvidaré. Pero decidí ayudar a Harry sabiendo de todos los peligros que conllevaba dicha elección y no me arrepiento de ello.

Hermione no podía soportar el mirar para Ron pero no porque no creyese en sus propias palabras sino porque, de seguir mirando para él, era muy probable que le lanzase algún hechizo del que luego, tal vez, pudiera arrepentirse. En cambio su mirada, de reojo, captó la de Draco y se sorprendió al ver pasar un brillo de profunda culpabilidad. Pero, ¿culpable de qué? Él no podía haber hecho nada para ayudarles en la situación en la que se encontraban y ya hizo mucho al no haber querido reconocerlos.

Aunque, el ignorarlos fuera algo muy del antiguo Malfoy, pensó Hermione, aquí era todo lo contrario. De querernos mal no habría dudado ni un segundo en señalarnos y revelar nuestra verdadera identidad.

—Eso no quita que, de habernos ayudado, Dobby podría haber logrado sobrevivir— Ron parecía querer usar todo lo que tuviera a mano para bajar a Draco de la privilegiada posición en la que se encontraba en estos momentos.

De manera sorprendente, mientras Harry y Hermione le reñían a Ron por traer a esta discusión la figura de Dobby, el rostro de Draco se endureció.

—¿Dobby ha muerto?— era imposible discernir qué podía estar sintiendo.

—Sí, una vez más, gracias a las acciones de tu tía— le espetó Ron—. No veas lo contento que me quedé al ver que fue mi madre quién acabó con esa loca. Y no pongas esa cara tan melodramática que no te pega nada, Malfoy.

Una terrible sombra se deslizó por la gélida, y dura, mirada de Draco.

—Está claro que tú nunca entenderás nada, Weasel— las manos de Draco se cerraron en unos temblorosos puños que se apretaban con tanta fuerza que blanquecían sus nudillos—. No mientras tus acciones, y más intento hacer algo bueno, sigan acabando manchándote de sangre las manos— Hermione sintió una pena embargándola al ver de esta manera a Draco—. ¿Cómo crees qué Dobby pudo cruzar las protecciones de la mansión?

Esto atrajo la atención de Harry que, de un tiempo a este lugar, había permanecido bastante apartado de la conversación. Mientras que Hermione se tapó la boca para ahogar un gemido de angustia y pena.

—¿Qué quieres decir, Malfoy? Dobby nos contó que podía aparecerse sin problemas en la mansión— dijo Harry.

Ahora la condescendencia que podía haber mostrado Draco ante aquella pregunta, fue desechada por una simple, y molesta, irritación.

—¿Me estás diciendo, realmente, qué piensas que no haríamos nada para proteger la mansión de un traidor?— la manera en que dijo traidor dejaba claro, y confundía, al no sonar con verdadera creencia por parte de Draco—. Se levantó una protección especial, consanguínea, para que Dobby no pudiera regresar a la mansión. Y no te creas que me fue sencillo el anularla en presencia de mis padres, todos esos invitados y, sobre todo, la loca de mi tía.

Esta revelación pilló por sorpresa a los presentes. Aunque más a los tres Gryffindor que se habían encontrado en Malfoy Manor en aquel momento. Pero, de todos ellos, como no podía ser de otra manera, solamente Hermione parecía estar tomándose totalmente en serio las palabras de Draco y pensando en su significado.

—¿Por eso siempre te encontrabas apartado y dando la espalda a todos los que allí nos encontrábamos?— le preguntó Hermione con voz apagada y muy afectada por esta conversación.

—Por eso… y, ante todo lamento lo que te hizo mi tía, Granger— decir que se sorprendió por esto habría sido quedarse más que corto—, porque no quería ver hasta dónde la estupidez Gryffindor puede llevaros— le respondió Draco pasando de un tono calmado a otro más molesto y, en cierto sentido, más Draco Malfoy. Podía tratar mejor las cosas de esta manera. ¿Molesto porque hubieran acabado en su hogar, bueno, en ese momento solamente una casa, una prisión, para tener que ver cómo los torturarían, y que, con toda probabilidad, Voldemort le habría ordenado que fuera él quién lo hiciese, el torturarles, y finalmente asesinados? Nah, ¿por qué debería estar molesto por algo así?—. Pero fue el empuje que necesitaba para dar comienzo con mi propio plan. Si ibais a necesitar de mi intervención para poder salir con vida de allí, estaba más que claro que acabaríais metiéndoos en un problema mayor en dónde terminaríais muriendo sin remedio. Y la esperanza de derrotar a Voldemort con vosotros.

Todos les daban vueltas a las palabras de Draco— aunque Hermione también no podía dejar de repetirse las disculpas que le había ofrecido evaluándolas con la gran importancia que poseían— pero había uno que no realizaba acciones semejantes a menudo por no tener la paciencia para ello.

—Eso es todo un conjunto de patrañas— intervino Ron—. ¿Cómo ibas a poder saber qué vendría Dobby si incluso a nosotros nos sorprendió su aparición?

Realmente algunos no podían cambiar por mucho que el entorno y los sucesos vividos tendían, irremediablemente, a hacerlo.

—¿Y quién si no él podría ayudaros a salir de la mansión de los Malfoy? ¿Quién podría actuar de una manera tan inconsciente? Vamos, si ayudó a Potter aún cuando se encontraba bajo las órdenes de nuestra familia, estaba claro que por supuesto que iría a salvarle y al resto de vosotros— Draco negó con la cabeza—. Era una carta expuesta sobre la mesa más que un as oculto.

Harry y Hermione no podían estar más de acuerdo en semejante confesión por lo obvia que resultaba en realidad. Por lo menos para aquellos que habían conocido a Dobby.

—A eso se reduce nuestras vidas para ti, Malfoy. Un simple juego de cartas— el desagrado de Ron evidente en su tono de voz.

—Bueno, si lo prefieres, podría reducirlo a un simple juego de ajedrez mágico para que estés contento— le espetó sin ningún tipo de consideración porque ya había tenido suficiente con la actitud del pelirrojo—. Ya deberías saber, a estas alturas, que lo que uno quiere y lo que recibe no es lo mismo. Es muy sencillo culpar a los demás y, para hacerlo de verdad, deberías ir al origen de todo y no eligir lo más sencillo, Weasley— antes de que ninguno pudiera moverse, Draco recuperó la Varita de Sáuco—. Me parece que, al final, no es tan buena idea el dejaros encargado de este peligroso objeto.

Y Hermione, a pesar de que estaba hablando de uno de sus amigos, no podía estar más de acuerdo con Draco. Después del comportamiento inmaduro de sus amigos durante todos estos últimos meses, y a pesar de que en momentos parecían haber madurado, al final no parecía que hubiera ido muy lejos en sus avances. Por lo menos estaba segura de que Harry, finalmente, lo había logrado. Pero Ron, en otra mano, había retrocedido unos cuantos pasos en apenas unos minutos. En verdad algunos no podían dejar de ser como lo habían sido.

—¿Qué piensas hacer con ella, Malfoy?— le preguntó Harry.

—No seas tan estirado, Potter… o, pensándolo mejor, tal vez es mejor que si lo seas. Serías el último lugar en dónde buscarían la varita— se burló Draco pero sin ningún tipo de malicia más allá de una desagradable broma.

—Salvo por el detalle de que todos sabrían que, a pesar de los engaños, nunca me dejarías algo tan importante viniendo de ti.

—Y, a pesar de lo cierto que son esas palabras, eso mismo es lo que había hecho dejando el futuro de nuestro mundo en vuestras manos, no obstante teníais con vosotros a Hermione Granger y eso siempre resulta una gran ventaja para lograr lo que uno pudiera plantearse. Y aprovecho para disculparme por lo sucedido en mi casa y no ayudarte en aquel momento pero, como puedes ver, tenía un buen motivo para ello aunque siga siendo injustificable el permitir que sufrieras todo aquel dolor— la sinceridad que Hermione podía ver en sus ojos fue suficiente disculpa para ella y solamente necesitó negar con la cabeza para dejarle claro que no tenía de qué disculparse. Sobre todo porque no confiaba en que su voz no la dejase en evidencia si se atrevía a decir una sola palabra. Además de que sus cumplidos estaban a punto de hacerla ruborizar—. Además de que considero que solamente yo tengo el derecho para hacerte sufrir— sino fuera por su tono ligero, en vez de ahogar una carcajada, habría que tenido que detener unas lágrimas de dolor y decepción—. No obstante ha sido por ella qué hubierais llegado tan lejos. Pero todo tiene un límite y, en este caso, fue hasta que alguien me demostró que no podía fiarme del todo porque es más sencillo estropear las cosas que arreglarlas, incluso con magia— Draco parecía estar pasándoselo en grande, a diferencia de los Gryffindor que, recordando las situaciones que entraban en lo dicho por Draco y que le daban la razón por ello, lo observaban dirigirse a la puerta del despacho—. No os preocupéis de lo que no hay que preocuparse. Nunca más oiréis hablar de la Varita de Sauco y de la Piedra de la Resurrección, salvo, como os he dicho, en cuentos y leyendas acerca de las Reliquias de la Muerte.

Hermione no pudo evitar preguntarse si alguien escribiría un nuevo cuento acerca de las Reliquias mostrando su participación en los sucesos que llevaron a la caída final de Voldemort. Claro que, si alguien fuera a escribirlo, ¿por qué no hacerlo ella si había estado en primera línea de acción y conocía todos los detalles y, de los que no tenía muy claro, podía averiguarlos con facilidad?

Y no he podido darle las gracias por sus disculpas. Bueno— sus mejillas, incontrolables, se ruborizaron incluso antes de encarar el pensamiento—, podría dárselas más tarde.

Los Gryffindor se miraron entre si bajo el silencio que se había formado, logrando sacar a Hermione de sus pensamientos y tratar de entender a qué venía este silencio, y que solamente fue roto, de improviso, por las carcajadas de parte de Phineas Nigellus Black, al darse cuenta de que, mirándolo de una manera, podía decirse que habían trabajado para Draco y, quién sabe, podrían seguir haciéndolo aunque no lo supieran. Unas últimas palabras se escucharon provenientes de la escalera en espiral pero ninguno de los tres logró escucharlas lo suficientemente bien para poder entenderlas. Por suerte para ellos, Dumbledore las conocía muy bien.

—"Draco Dormiens Nunquam Titillandus".

— — — — — — — — — —
ENDorFIN
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Draco se convirtió en el héroe del Mundo mágico al derrotar a Voldemort.

Al principio solamente era un relato para mostrar lo que pudo haber sucedido, los errores de J.K. en el séptimo libro dan pie a tantas posibilidades que se llenarían otros siete libros con ellas ;P pero, tal y como soy, al final no pude reprimirme en añadir un poco de Dramione como mecha y acelerante para que, si surge una buena historia para continuarlo, haber puesto ya unos primeros pasos… ¿o sería preferible el usar la historia descrita en "Brown and Grey"?

Ahora a esperar a que mi cabeza dé algo de forma a las posibilidades o, mientras tanto, esto quedará como una pequeña historia que espero haya sido del agrado de todos ustedes.

El peor defecto, o error, cometido por Rowling, aparte de tantos hehehehe, es no profundizar en los personajes. Vale que los primeros libros no tienen páginas para ello pero, sino en "El Cáliz de Fuego" si en "La Orden del Fénix" pudo dedicarse a ello. Vamos que en 'La Orden' casi tarda la misma cantidad de páginas de cada uno de los dos primeros libros para llegar solamente a Hogwarts…

Para mí, desde el primer libro, la manera en que se pasea la figura de Draco, su instantánea elección para Slytherin, idéntica a la de Tom, las comparaciones que se hace de Draco con Snape y Harry con su padre y la semejanza entre la relación existente entre Draco y Harry como la vivida en el pasado por Snape y James.

Era como si Rowling estuviera fortaleciendo el personaje para que luego, así sin avisar, sigo diciendo porque no le agradó el hecho de que los aficionados tuvieran mayor interés por Draco que por Harry, lo convirtió en un personaje insulso y absurdo que rozaba el patetismo de Crabe y Goyle, que ya es decir.

Draco Dormiens Nunquam Titillandus, vamos, si Rowling no quería que se pensase que Draco pudiera llegar a ser un personaje interesante no haberle puesto ese nombre y que este no estuviera incluido en el lema de Hogwarts. Pero, como pasa siempre cuando uno hace crecer sus expectativas sobre algo, o alguien, no se puede evitar el que uno acabe decepcionado con el resultado final.

Disclaimer: Todos los personajes relacionados con las novelas de Harry Potter, así como lugares, objetos, y demás, pertenecen a J. K. Rowling. Lo único que me pertenece es el argumento de la historia, y eso es algo que se nota dada su sencillez.

Gracias, por los pocos que han leído esta pequeñísima historia y por los, aún menos, que me han dejado algún REVIEW:

Luna-maga.
Laura Granger.
GabeLogan.
Blackmoon43.
Juventus.
Sabaana.
Mariapotter2002.

Story Alert:

Yaiza.

Favorite History:

Ethelyon.
Aiko Li.
Karen Ximena.

A los demás pues gracias igualmente y seguir apoyando este mundo del que se pueden obtener unas excelentes historias… obviando mis desvaríos -.-U

REVIEWS.
REVIEWS.

Nos leemos.^^