Si, BELLA, sigo al pie de la escalera – contesto Edward en un tono entre cansino y burlón-, y sí, estoy mirando por debajo de tu vestido- añadió para picarla.

Lo cierto es que le costaba tener la vista apartada. Isabella Swan tenía unas piernas preciosas, sobre eso no había discusión posible. Hacía años que era su mejor amigo, su tormento y una especie de figura de hermano mayor, pero eso no le restaba objetividad respecto a sus encantos.

-Edward Cullen, en cuanto baje de aquí serás hombre muerto.

-¿No estarás amenazando con caerte encima de mí y aplastarme, verdad?, porque siento decirte que, estando tan esmirriada como estas, no me matarías en el acto. Lo único que lograras será que me rompa una pierna o un brazo. Claro que, tal vez, si me caes sobre la cabeza a lo mejor pierdo el conocimiento, pero aun así…

Bella no pudo evitar echarse a reír.

-Con eso me conformaría. Así al menos te callarías un rato.

En ese momento soplo una ligera brisa, levantado un poco el vestido de Bella y obsequiando a Edward con la fugaz visión de un trozo de encaje blanco. Edward trago saliva y volteo su rostro, sintiéndose irritado al notar que se había ruborizado.

-¿Todavía no tienes a ese estúpido bicho?

Bella alargo la mano un poco más, y consiguió alcanzar el suave cuerpecillo de su gato persa, que se había encaramado al árbol y no se atrevía a bajar.

-Buen gatito, ven con mamá… ya está- murmuro sosteniéndolo contra su pecho-. ¡Ya lo tengo!- exclamo mirando hacia abajo-. La próxima vez Houdini, si tienes que subirte a algún sitio, súbete al tejado del porche- dijo hablándole al gato-. De ahí al menos sabes bajarte tu solito, y así no tendré que recurrir otra vez a ese insolente inútil, que aprovecha para mirar por debajo de mi falda, ¿me oyes?

Edward sujeto paciente mente la escalera hasta que Bella piso tierra firme.

-He oído todo lo que le has dicho a ese minino, ¿sabes?- le dijo torciendo el gesto.

Bella alzo el rostro para poder mirarlo a los ojos.

-Esa era mi intención- le contesto con una dulce sonrisa sarcástica-. Dime, ¿Cómo es posible que alguien que mide casi dos metros pueda tener miedo a las alturas? Si fueras un caballero habrías subido tú a rescatar a mi gato en vez de dejar que lo hiciera yo.

-No es culpa mía que ese tonto animal peludo se suba a los arboles cada vez que aparece un perro. El si que es un cobarde. En vez de plantarles cara… si no son más que sacos de babas… Además lo tienes muy mimado. Deberías dejar que aprenda a salir solo de los líos en los que se mete- dijo haciendo reír a Bella de nuevo.

Edward cerró la escalera de metal, y la guardo en la caseta de herramientas del jardín antes de seguir a Bella al interior de la casa, en la que estaban viviendo juntos, compartiendo el alquiler, desde hacía casi seis meses. Habían sido amigos desde niños, y ni la distancia ni el paso del tiempo habían alterado la afinidad entre ellos. Seguían pasándolo igual de bien cuando estaban juntos.

Edward tomo asiento en una de las banquetas de pino de la cocina, y observo a Bella mientras ponía de comer a su mascota Era la misma Bella que conocía desde hacía más de quince años, pero desde que regreso de los Estados Unidos había algo que había cambiado en ella, aunque no acertaba a averiguar que era.

Tras dejar a Houdini comiendo, Bella puso a calentar agua para té y, aun de espaldas a su amigo, pudo notar su mirada. Volvió el rostro hacia él un momento, enarcando una ceja.

-Ya estas otra vez, Cullen

-¿Qué?- inquirió el sobresaltado. Había vuelto a pillarlo.

-Estas mirándome. Últimamente no haces más que quedarte mirándome, y es bastante enervante, la verdad.

Edward resoplo, fingiéndose incrédulo, y ladeo la cabeza.

-¿Sabes? Deberías desinflar un poco ese ego tuyo. ¿Crees que no tengo nada mejor que haces que mirarte? Además, ya te tengo muy vista.

Bella se dio la vuelta, apoyando la espalda contra la encimera, se cruzo de brazos y le dedico una de sus miradas patentadas de "no me tomes el pelo, Cullen".

-Pues no lo parece. ¿Por qué no me dices que es lo que pasa? Estas volviéndome loca.

Edward parpadeo con aire inocente.

-¿De qué hablas? No pasa nada. ¿Acaso hay alguna ley que diga que no puedo mirarte?- le espeto.

Los ojos cafés de Bella se tornaron suspicaces.

-Se te da fatal mentir, Cullen. Vamos, desembucha.

-¿Qué haga qué? Oh, es otra de esas expresiones que se te han pegado de Estados Unidos- le dijo con una sonrisa burlona.

-No trates de cambiar el tema.

-No estaba tratando de cambiar el tema, pero dime, ¿Cuánto crees que te costara volver hablar como una irlandesa?

-Siempre he sido irlandesa, y siempre lo seré, botarate- gruño Bella, irritada, con los brazos en jarras.

Edward dio un paso hacia ella esgrimiendo un dedo acusador.

-¿Lo ves? ¡Has vuelto a hacerlo!- exclamo-. "Botarate"…- repitió, meneando la cabeza y chasqueando con la lengua-. ¡Si hasta tu acento suena americano a ratos! Además, has perdido otra vez, Swan. Te lo dije, no te convenía apostar.

Bella iba a decir algo, pero se quedó muda y boquiabierta al darse cuenta que tenía razón. ¡Condenado Cullen! Llevaba pinchándola con el cambio de acento y de los modismos desde que había vuelto de Estados Unidos. De hecho, esa misma mañana el la había retado a pasa un día entero sin decir una sola expresión americana, pero finalmente había caído. Pero no era culpa suya, sino de el, que siempre lograba hacerla rabiar. Claro que, conociéndola tan bien y sabiendo que cosas la fastidiaban, nunca le resulto difícil.

-Muy bien, ¿Cuál es el pago de la apuesta?- le pregunto Bella con fastidio.

-Pues… creo que necesito tiempo para pensarlo- contesto Edward con una sonrisa maliciosa, levantándose y yendo hacia la puerta-. Te lo diré después durante el baile.

-Mmm… Pues la próxima vez pondremos antes las condiciones de la apuesta.

Edward se detuvo en el quicio de la puerta.

-Y se perdería toda la diversión. Así se mantiene la emoción hasta el final- le dijo burlón.

-Lárgate a trabajar antes de que me vea obligada a hacer algo de lo que luego tenga que arrepentirme, Cullen- advirtió Bella, agarrando un paño y tirándoselo a la cara.

Edward se echó a reír de buena gana, haciéndola sonreír.

-Ya estas como siempre, haciéndome promesas que luego no cumples. Un día de estos creo que me arriesgare a ignorar tus amenazas, sola para ver qué es eso de lo que luego te arrepentirás.

Edward era guardia forestal, y Bella, que lo conocía bien, sabía que en ningún otro lugar era tan feliz como al aire libre. No era capaz de imaginarlo desempeñando ningún otro trabajo. Le sonrió cuando el giro la cabeza y la vio mirándolo entre la gente que había acudido a la barbacoa con baile que se celebraba todos los veranos para los residentes en el pueblo de Boyle.

En ese preciso momento Edward estaba hablando con dos hombres de negocios y sus esposas, quienes parecían estar escuchándolo con mucha atención. Era un miembro muy respetado en la comunidad, pero Bella se decía que era porque no lo habían visto nunca haciendo el payaso como lo hacía con ella.

Tomo un sorbo de su copa de vino e inspiro profundamente. Era agradable volver a estar en su pueblo natal. En ningún otro sitio sentía tanta paz como allí.

-Hola, creo que no nos conocemos- la saludo una voz masculina detrás de ella.

Bella había dejado de creer hacía tiempo en aquel cliché de las mariposas en el estómago que solía describirse en las novelas rosas, cuando la heroína escucha por primera vez la voz del galán que la enamora, pero de repente, por primera vez en su vida, le sucedió. La voz de aquel hombre era sexy, incluso intrigante.

Al girarse se encontró mirando a un hombre rubio. Con los ojos más azules que había visto nunca, con el rostro moreno de rasgos increíblemente simétricos. Bella sonrió, peinándose el cabello con la mano sin darse cuenta.

-No, creo que lo recordaría si nos hubiésemos conocido.

El hombre sonrió también.

-Eso mismo estaba pensando yo- le dijo tendiéndole la mano-. Me llamo Mike, Mike Newton, y acabo de mudarme a la casa que hay junto a Doon Cottages.

-Oh, ¿de verdad? Entonces debe ser usted el magnate del que la gente no ha dejado de hablar los últimos meses- se rio estrechándole la mano, sonrojándose al ver que él no la soltó durante un buen rato-. El que lleva ese negocio de las cabañas para turistas, ¿me equivoco? No sé si lo sabe, pero es el principal tema de conversación en el supermercado.

-Lo imagino- contesto riéndose también-. ¿Y usted es…?

-Isabella Swan. Y vivo en… bueno, vivo con Edward Cullen.

-Oh.

Bella casi se abofeteo, y se apresuró a aclararle.

-Pero solo somos amigos. Quiero decir… conozco a Edward de toda la vida… es como un hermano para mi… en fin, quiero decir que no somos…

-Ya veo- murmuro Jacob, sonriendo al ver su azoramiento-. ¿Entonces no me matara si le pido un baile?

-No, no, claro que no. ¿Por qué habría de importarle?

Edward se dirigía hacia la mesa de los aperitivos cuando vio algo que llamo su atención, y casi se rompía el cuello al girar la cabeza para asegurarse de que no había visto visiones. ¡Era increíble!, Bella ni siquiera le había dicho que conociera a Mike Newton, y allí estaba, mirándolo embobada mientras él hablaba… o se pavoneaba mas bien.

Edward agarro una botella de cerveza y rodeo la improvisada pista de baile hasta encontrar un árbol en cuyo tronco apoyarse. Bella y aquel don juan de pacotilla habían salido a bailar, y Edward observo con desagrado que no podían estar más pegados, no era la primera vez que veía a su mejor a miga con otro hombre, pero no recordaba haberse sentido jamás irritado ante la idea, sobre todo de aquel modo, como si alguien le estuviese estrujando las entrañas, como si fuera su testosterona lo que lo estaba haciendo reaccionar a sí.

Era absurdo. Bella ya no era la chiquilla pecosa y castaña a la que había estado atormentando con sus bromas durante años y a la que siempre trataba de proteger a toda costa, sino una mujer hecha y derecha. No, no era asunto suyo con quien bailase, pero aun así… Quizás eran celos de amigo ante la idea de que quisiera pasar más tiempo con otra persona, de ser relegado a un segundo plano. Y sin duda seria así si empezaba a salir con Mike "baboso" Newton o con cualquier otro. Claro, debía ser eso. Ella había regresado hacía poco de Estados Unidos y temía volver a perder su compañía tan pronto.

Aunque eso tampoco tenía mucho sentido, porque ella solo estaba viviendo con el mientras terminaban la construcción de la casita cuya hipoteca ya había empezado a pagar, y sabía que cuando estuviera acabada ella se marcharía. Aquel repentino odio hacia el "señor baboso" era algo completamente irracional, pero no hiso si no incrementarse cuando vio a Bella riéndose por algo que le había dicho. Le estaban dando ganas de ir a estrangularlo, pero se limitó a dar un buen trago de la botella de cerveza.

-Vaya, vaya, vaya… Edward Cullen… ¿Qué estás haciendo aquí escondido?

A Edward casi se le atraganto el líquido ambarino. Estupendo, justo lo que le faltaba, Tanya Denali, la mujer lapa. No tenía mal cuerpo, y sabia maquillarse, pero le ponía los pelos de punta, igual que cuando alguien araña una pizarra.

-Tanya, que sorpresa tan agradable. Y, si me permites decírtelo, que… em… que elegante estas- dijo esbozando con dificultad una sonrisa. ¿A quién si no a Tanya Denali se le ocurría ponerse un traje de chaqueta pantalón de firma, y unos zapatos de tacón para ir a una barbacoa?

Tanya lo miro con los ojos entornados, como si hubiera esperado un cumplido más generoso, pero finalmente pareció conformarse:

-Ho, gracias, Edward, eres encantador. Todos los hombres son iguales… siempre queriendo haciéndonos sonrojar con sus galanterías. Pero, bueno, ¿Qué sentido esforzarse por estar perfecta sino es para recibir halagos?

La sonrisa blanqueada de Tanya lo estaba poniendo nervioso, así que Edward giro la cabeza hacia el baile, pero el remedio fue peor que la enfermedad, porque fue a encontrarse con que el "señor baboso" estaba aún más pegado a Bella, Tania observo la dirección que habían tomado sus ojos, y en sus labios se dibujó una sonrisa irónica.

-Caramba, parece que Bella tiene buen olfato para el dinero. No sabía que conociese a Mike Newton. Bueno, así al menos se acallara algunos días el rumor que corre sobre ustedes dos. Además, me parece que ya va siendo hora de que tú y yo nos conozcamos mejor, ¿no crees, Edward?- dijo colgándose de su brazo.

Cada vez que pronunciaba su nombre le daba escalofríos. En un intento de sacarse el empalagoso perfume de Tanya, Edward tosió y le retiro la mano de su brazo.

-¿Qué rumor es ese que corre sobre nosotros, Tanya? La mujer contrajo el rostro, irritada por su desprecio.

-Pues, ¿Qué va a ser? Que la mitad del pueblo cree que Bella y tu son amantes, ¿o es que no lo sabias?

-¿Qué?

-Oh, vamos, Edward. Esta es una comunidad pequeña, y bastante anticuada además. ¿Qué esperabas que piensen de que viven juntos?- le dijo dedicándole otra sonrisa viperina-. Sin embargo, sería tan fácil poner fin a ese rumor… Solo con que tú y yo…

Edward no pudo resistirse a darle a aquella estúpida un poco de su propia medicina:

-Si se tratara de un rumor, podríamos.

Tanya lo miro entre incrédula y ofendida, como si la sola idea de que fuera cierto la indignara.

-Pues si no es solo un rumor, debo advertirte que eso solo hará que aumente el interés de Mike por ella- le dijo mirándolos con malicia y luego a el-. Por lo que he oído, en Dublín tenía fama de mujeriego. El amor es como un juego para el, y si la mujer en la que se fija está comprometida o casada, tanto mejor- se quedó observándolo un instante, escrutando su rostro-. Oh, ya veo… Bella te ha pedido que finjas que hay algo entre ustedes para que Mike se fije en ella- dijo riéndose-. Bueno, en cualquier caso, cuando tu amiga haya conseguido su propósito, estoy segura de que me veras con otros ojos. Nadie podría ayudarte como yo a conseguir el lugar que mereces en esta comunidad. Seriamos la pareja perfecta, Edward- añadió dejando escapar un suspiro teatral-, pero no voy a esperar siempre, ¿sabes?

Edward la observo alejarse, y alzo los ojos al cielo, rogando porque así fuera.

-¿No le importa que le robe un momento a Bella, verdad, señor Newton?- inquirió Edward interrumpiéndolos, y esforzándose en sonreír.

-Por supuesto que no, Cullen.

Ambos hombres sabían que el otro mentía, pero Edward volvió a esbozar una sonrisa de cortesía.

-Gracias.

Mike le dirigió una breve mirada, y después dedico la más galante de sus sonrisas a la joven.

-Nos vemos, luego, Bella, y tal vez podríamos ir a darnos ese baño de media noche en el lago, ¿he?

Bella lo despidió con la mano, riéndose como una colegiala, haciendo que Edward pusiera los ojos en blanco incrédulo.

-¡Te tomo la palabra!- exclamo Bella con el índice levantado, mientras lo veía alejarse caminando hacia atrás.

Finalmente el don juan se dio la vuelta y se perdió entre la multitud, siendo abordado por la omnipresente Tanya.

-"¡Te tomo la palabra!"- la remedo Edward, poniendo una voz chillona, y riéndose burlón mientras la tomaba por la cintura y empezaba a bailar-. ¿Se puede saber a qué venia eso? ¿Y por qué diantres lo tuteas?

-¿Por qué no vas a tirarte de algún puente, Cullen?

-¿No iras a decirme que te gusta ese tipo?

-Déjame pensar… ¿Por qué no iba a gustarme?- dijo Bella alzando la mirada, considerándolo-. Solo es guapo, con clase, rico… Claro, ¿Por qué iba a gustarme?- le espeto con ironía.

-¡Diablos! ¿Cómo no abre caído en todas esa cualidades tan increíbles?- exclamo el dándose una palmada en la frente-. Bella, no te tenía por una mujer materialista. Francamente, me has decepcionado- le dijo frunciendo el ceño y chasqueando con la lengua desaprobador.

-¿Cómo te atreves a acusarme de materialista?- mascullo ella, sonrojándose y dándole un golpe en el brazo-. No es lo único que he visto en él. Yo… - pero, al ver que el estaba conteniendo la risa, se formó en sus labios una media sonrisa-. Eres un fastidio, Cullen. Ni siquiera sé por qué sigo viviendo contigo. ¿Puedes recordármelo?

Edward se inclinó hacia ella y le susurro.

-Por qué en fondo, y aun que nunca lo admitirás, estas locamente enamorada de mí.

Bella se echó a reír y sacudió la cabeza, divertida.

-Bueno, si eso es lo que piensas, no voy a ser tan cruel para destrozar tus sueños.

Se quedaron callados un buen rato, moviéndose al compás de la lenta melodía que estaban tocando. Edward alzo la vista hacia el cielo estrellado y suspiro.

-Tanya Denali dice que sabe de buena fuente que Newton es un mujeriego.

-Como si ella no fuera detrás de todo lo que tenga pantalones…

-Ya se, ya sé, pero no deberías tomártelo a la ligera, Bella. ¿Y si es verdad? Soy tu amigo, y no me gustaría que te hicieran daño. A mí me lo presentaron al principio de la fiesta y no me ha parecido muy de fiar.

-A lo mejor ha cambiado- dijo la joven enarcando vdd3drcdcuna ceja-. Tal vez se haya venido a vivir al campo para sacudirse de encima esa mala reputación y conocer a alguien que valga la pena, ¿no crees?

-En cualquier caso no sería difícil averiguar si es o no de fiar.

-Ya ¿y cómo se supone que pretendes averiguarlo?- inquirió ella entornando los ojos.

-Tanya me a dicho que suele ir detrás de las mujeres comprometidas o casadas. Y … em… Según parece... – le explico Edward incomodo-. Bueno, parece que todo el pueblo piensa que tu estas con… em… alguien, así que, para empezar, es posible que sea la razón para que se haya acercado a ti.

Bella lo observo suspicaz. ¿Por qué rehuía su mirada? ¿Y dónde pretendía llegar con todo aquello?

-¿Y con quien creen que estoy?

Edward carraspeo, y por alguna extraña razón sus ojos se fijaron en los labios de ella.

-Conmigo- respondió en un murmullo apenas audible, Bella se echó a reír.

-¿Estas de broma? Es lo más ridículo que había oído jamás. ¿Tu yo? ¡Por favor!

-Bueno, es lo que tienes por compartir casa con uno de los solteros más cotizados de la ciudad- le respondió el, alzando la barbilla indignado-. No todas las mujeres me ven como un hermano mayor, responsable y en el que se puede confiar.

-Oh, si "responsable y en el que se puede confiar"- repitió Bella sin dejar de reírse.

A Edward sin embargo no le hacía gracia.

-Tal vez si te molestaras en ser un poco más objetiva te darías cuenta de que tengo muchas buenas cualidades.

La joven abrió mucho los ojos, sorprendida por el inusual tono irritado en su voz. ¿Estaba enfadado porque ella le había dicho que la idea de que pudiera sentirse atraída por él era ridícula? En un intento por destensar el ambiente, Bella esbozo una sonrisa.

-Escucha, Cullen, Mike Newton parece un tipo muy agradable, y no sé qué tienes en contra de él, aparte de las acusaciones de alguien como Tanya.

-Con eso ya es bastante. Ya te he dicho que no le permitiré que te utilice como si fueras un juguete, para divertirse un poco y luego dejarte tirada y con el corazón roto.

-¿Y cómo puedes saber que vaya ha hacer eso?- insistió ella, frunciendo el entrecejo.

-¿Y cómo puedes saber tu que no vaya ha hacerlo?

Bella meneo la cabeza.

-Te estas comportando como un idiota.

-¿De veras? ¿Qué te apuestas a que tengo razón?

-Cullen, por favor, déjalo ya.

-¿Por qué te molesta? Si estas convencida de que verdaderamente es un buen tipo, deberías defender tus convicciones.

-¿Y cómo se supone que debería hacerlo?- inquirió ella con voz cansina.

Una sonrisa se dibujó lentamente en los labios de Edward, y en sus ojos brillo el desafío:

-Demostrando que estoy equivocado. Sal conmigo, finge durante unos meses que somos pareja… y veremos que ficha mueve el encantador señor Newton, porque, si a pesar de dar a entender que estas públicamente comprometida, sigue persiguiéndote, sabrás cuáles son sus verdaderas intenciones.

-¿Te has vuelto loco de repente?- exclamo Bella mirándolo de hoto en hito.

Dejo de bailar, y lo agarró del brazo, arrastrándolo fuera de la pista de baile, y tomando el camino que llevaba al lago, deteniéndose a unos metros de la orilla, debajo de un grupo de árboles.

-Swan, me cuesta trabajo reconocerte. Nunca antes te habías acobardado ante una apuesta.

-No seas absurdo, no tiene nada que ver con eso.

-Oh, ya veo, es solo que no eres capaz de admitir que, como de costumbre, yo tengo razón.

Bella estaba empezando a perder la paciencia.

-Escúchame bien, Edward Cullen: a lo largo de tu vida has tenido algunas ideas disparatadas, pero esta las supera con creses- le espeto. Edward se cruzó de brazos, esperando a que terminara el sermón-. Es decir… ¿tú y yo?... ¿Cómo pareja? Escúchate, es de locos…

-Bella…-suspiro él.

-…absolutamente de locos. ¿Quién se tragaría algo así?

-Si me dejaras…

-Por favor, si no aguantaríamos ni diez minutos mirándonos a los ojos sin partirnos de la risa. Por no hablar de tener que besarnos, porque las parejas de verdad se besan- añadió azorada.

Edward estaba mirándola con una sonrisa maliciosa.

-Me parece que la dama protesta demasiado. ¿No será que te da miedo besarme?

Bella volvió a abrir los ojos como platos, y resoplo irritada.

-¿Miedo yo? ¿Por qué diablos iba a tener miedo de besarte?

Edward se acercó a Bella hasta que casi sus cuerpos se tocaron, y se inclinó hacia ella.

-No lo sé, tal vez te da miedo que pueda gustarte el besarme.

-¿Quieres apostar?

-Creía que esa era la idea.

Bella se quedó boquiabierta, y se echó a reír.

-De verdad que no me lo puedo creer. ¿Estas sugiriendo enserio que podría llegar a gustarme el besarte… a ti, de todos los hombres sobre la faz de la tierra?, ¿Qué disfrutaría?, ¿Qué…?

Edward hiso lo único que se le ocurrió para callarla: la tomo por la cintura, la atrajo hacia sí, y la beso.

Al principio Bella no podía creer que Edward estuviera haciendo lo que estaba haciendo. El que la estaba besando era su amigo, Edward Cullen, el Edward al que conocía de toda la vida, el Edward que la había atormentado, animado y protegido a partes iguales durante su infancia y adolescencia. Siempre había pensado que besarlo sería como besar a un hermano, pero, extrañamente, no era así. Era como… bueno, no era del todo desagradable, de hecho era… "Esto no puede estar bien", pensó.

Edward tampoco podía creer que estuviese haciendo lo que estaba haciendo. "¿Hola?, Tierra llamando a Edward, ¿Qué diablos estás haciendo? ¡Estas besando a Isabella Swan, a tu mejor amiga", lo reprendió una vocecilla en su cerebro. Sin embargo, dejo de prestarle atención al sentir la suavidad y calidez de sus labios. Era una sensación tan…

-Uy, perdón, señor Cullen; perdón, señorita Swan- dijo de pronto una vocecilla infantil, seguida de risitas-. No los habíamos visto.

Bella y Edward se separaron al instante, y se quedaron de piedra, mirando a los hijos de los Collins. Edward fue el primero en recuperar el habla, aunque la voz que le salió de la garganta, no le parecía la suya.

-No pasa nada, niños, tranquilos.

Los chiquillos se alejaron, cuchicheando y prorrumpiendo en risas.

-¿Lo ves? Mama tenía razón, están juntos. ¡Veras cuando le digamos que es verdad!- le decía la niña a su hermano.

Edward se quedó mirando en la dirección en la que habían desaparecido, como si pudiera verlos aun en la obscuridad, mientras Bella observaba su ancha espalda.

-Cullen…

-Bueno, parece que hemos resultado bastante convincentes- farfullo-, ¿no lo crees?- añadió girándose para mirarla.

-Serias capaz de cualquier cosa con tal de demostrar que los demás se equivocan, ¿no es verdad?- le espeto Bella riéndose. Sin embargo, su risa no sonó verdadera. Por primera vez en su vida se sentía incomoda con Edward, y se dio cuenta de que ni siquiera era capaz de levantar la vista del suelo.

Edward tomo el rostro de la joven entre sus manos para que lo mirara a la cara.

-Vamos, Swan, será divertidísimo. Además, ya no puedes echarte atrás, porque esos niños nos han visto, y ahora mismo estarán poniendo en marcha eso que se llama "radio macuto". ¿O estas dispuesta a admitir que tengo razón sobre Newton solo porque te da miedo esta apuesta?

Bella lo miro con los labios fruncidos. Nunca se había negado a aceptar una apuesta de Edward, y no podía creer que alguien tan encantador como Mike Newton pudiera ser un sinvergüenza. Le demostraría que estaba equivocado. Si la cuestión era interpretar durante unas semanas la farsa que proponía, por ella no había problema. Sería como quitarle un caramelo a un niño.

-De acuerdo, Cullen, acepto el reto- le dijo, alzando desafiante la barbilla-. Esperemos, por tu bien- le dijo acercándose a él y dándole unas palmaditas en el pecho-, que puedas soportar el calor- le dijo en un tono peligrosamente seductor.

Edward se quedó mirándola fascinado. La garganta se le había puesto de repente muy seca. ¿Qué había empezado? Conocía a Bella lo suficiente como para esperar que la joven fuese hacerle pasar un infierno. Esbozo una sonrisa divertida. Estaba más que dispuesto a sufrirlo.