Finales de verano, quince años atrás.

LOS AMIGOS no se besan- dijo Bella, como si fuera una experta a sus recién cumplidos quince años.

-¿Ah, no? ¿Y los besos de despedida?, ¿o cuando se desea feliz cumpleaños?- inquirió Edward divertidísimo.

Bella, sentada en el amplio sillón cual sirenita de Copenhague, se quedó pensativa. Era la última noche de sus vacaciones y, como cada año, ella y sus padres habían ido a pasarlas en la casita que tenían sus amigos lo Cullen junto al lago. Aquella tarde habían hecho una barbacoa para despedir el verano, y después, mientras los adultos tomaban una copa de vino en el porche y charlaban, los dos adolescentes habían entrado a la casa y se habían puesto a ver una película en la televisión, Cuando Harry encontró a Sally, y aquello había sido lo que había dado pie al debate.

-Eso es distinto, idiota, esos son besos "amistosos".

-¿De veras? ¿Y cuál es la diferencia?- la provoco Edward.

Bella rehuyó la mirada, volviendo la cabeza hacia la pantalla. Unos minutos antes su amigo la había descubierto sonrojándose durante la escena en la cafetería en la que Meg Ryan demostraba su talento para fingir el orgasmo. Edward estuvo a punto de desternillarse, pero se tragó sus risas. Después de todo, el haber intercambiado unos cuantos besos y carisias con alguna que otra chica en la oscuridad del cine o en el asiento trasero del coche de un amigo un sábado por la noche no lo hacía más experto que Bella en ese terreno.

-Pues… ya sabes… es distinto- contesto ella por fin, sonrojándose de nuevo.

-Ya sé que es distinto- le dijo Edward, picándola de nuevo-. Pero, ¿sabes en que diferencian?

Bella frunció el entrecejo, deseando no haber empezado esa conversación.

-Pues claro que lo sé- le respondió balbuceante.

-¿Y?- insistió Edward con una sonrisa maliciosa.

-¡Oh, está bien!- mascullo Bella frustrada, girándose hacia él y lanzando lo brazos al aire-. Si lo que pretendes es arruinar nuestro último día de vacaciones, por mí de acuerdo. No tengo ni idea de lo que se diferencian, y tú lo sabes. Nunca me ha besado un chico, no de esa manera. ¿Satisfecho?

Edward se sintió mal por haberla obligado a admitirlo.

-Perdóname, Bells, no quería molestarte- le dijo poniéndole la mano al hombro.

-Da igual- farfullo ella, frunciendo los labios y recostándose en el asiento-. De todos modos no creo que llegue a saber nunca cuál es la diferencia, porque los chicos no besan a las chicas pecosas como yo, si no a las chicas bonitas.

Edward esbozo una media sonrisa.

-Swan, voy a hacer un trato contigo- le dijo.

-¿Qué clase de trato?- inquirió la chiquilla, enarcando una ceja desconfiada.

-Si para cuando cumplas los dieciocho no te ha besado nadie- le susurro inclinándose hacia ella-, lo hare yo.

Al poco de regresar a Irlanda, Bella había abierto junto con su amiga Alice una pequeña tienda de suvenir y regalos cerca del parque nacional. Además, había dedicado un rincón a exponer, también para su venta, muestras de la que era su pasión: la fotografía. Alice era una de sus mejores amigas, durante su adolescencia había estado loca por Edward, aunque en la actualidad estaba felizmente casada y en las últimas semanas de su primer embarazo.

Aquella mañana habían terminado de despachar a una multitud de turistas, cuando Alice se apoyó en el mostrador frente a ella, y le dijo en un tono aparentemente desinteresado:

-Esta mañana, cuando fui a comprar el periódico, oí un rumor muy curioso.

Bella no la miro más, y se dio la vuelta para reordenar los folletos de una estantería. Sabía muy bien a que rumor se refería.

-¿Ah, sí?- inquirió, como distraída.

-Vamos, Bella, no te hagas la que no sabe- insistió Alice, inclinándose hacia adelante.

Bella se giró para mirarla. Por un lado llevaba todo el fin de semana queriendo desahogarse con ella, pero por otro no le parecía revivirlo.

-La verdad es que es algo de lo que preferiría no hablar- murmuro sonrojándose.

Alice la miro boquiabierta.

-Entonces… ¿es cierto? Vamos, Bella ¿somos amigas, o no? Anda, cuéntamelo, y no te dejes ni un solo detalle.

Bella suspiro, claudicando finalmente.

-¿Qué quieres saber?- inquirió, cruzándose de brazos incomoda.

-¿Qué crees que quiero saber?- le espeto Alice-. ¿Es verdad que Edward te beso la otra noche, en la barbacoa?

-Sí, me beso- musito Bella sonrojándose otra vez.

-¿Y?

-¿Y qué?

-Pues que tal fue, ¿Qué vas a hacer?- exclamo Alice desesperada-. ¿y cómo es que te ha besado ahora, cuando se conocen desde hace siglos? Bueno yo siempre he creído ver una cierta química entre ustedes pero…

-¿Qué? Alice, por favor, estamos hablando de Edward Cullen- exclamo Bella, mirándola atónita-, de Edward mi amigo de toda la vida.

-El que nunca te hayas fijado en el de ese modo no significa que no tenga ningún atractivo. Jamás he podido entender que seas incapaz de ver lo maravillosos e increíblemente guapo que es.

-Pues, mira, no lo sé- contesto Bella, dejando escapar una risa exasperada-. Para mi simplemente es Edward.

-En serio, Bella ¿Cuándo fue la última vez que miraste a Edward?

-No me hace falta mirarlo. Ya lo tengo muy visto.

-¿Ha, si? ¿Sabes de qué color son sus ojos?

-Por supuesto que sé de qué color son sus ojos… son verdes.

-Bueno, verdes obscuros- precisó Bella. Y, de pronto, sin que se diera cuenta, se formó una sonrisa en sus labios-. Son como… verde olivo.

-Caray, Swan, no sabía que tuvieras madera de poeta.

La voz de Edward la sobresalto. No lo había oído entrar en la tienda, aunque por la sonrisa socarrona de Alice, parecía que ella sí, y aun así la había dejado seguir hablando sin advertirla. Bella se puso roja como un tomate.

-Continua por favor- la insistió su amigo-. De los halagos nunca se cansa uno.

-Eres un… un… - mascullo Bella furiosa-. ¿Cuánto hace que estas hay?

-El tiempo suficiente- contesto el con una sonrisa maliciosa-. Venía a invitarte a nada esta tarde en el lago. Podríamos quedar sobre las siete, y hacer un picnic, y darnos un baño después-se volvió hacia Alice-. ¿No te parece, Alice que hoy va hacer una tarde perfecta, y que Bella debería venir a nada conmigo?- inquirió. Alice sonrió maliciosa.

-Oh, sí sí, desde luego, han dicho que el cielo estaría despejado todo el día, y la temperatura es muy agradable.

-¿Lo ves?- dijo Edward satisfecho, girándose hacia Bella, y mirándola de un modo seductor-. Alice está de acuerdo.

Bella tubo que apartar la vista, porque estaba volviendo a sonrojarse, y finalmente claudico, mas por lograr que se fuera que por que estuviera convencida.

-Está bien, iré.

-Estupendo- contesto el con un amplia sonrisa-. Entonces nos vemos allí. Hasta luego, señoritas, un placer verlas- se despidió con un grandiosa reverencia y salió de la tienda.

En cuanto se hubo marchado, Alice se volvió hacia su amiga, abanicándose el rostro con la mano.

-¿Soy yo… o de repente hace mucho calor aquí dentro?- inquirió con picardía.

Tras pasar la mañana intentado rehuir las preguntas de la curiosa Alice, Bella se escapó a la orilla del lago a la hora del almuerzo para estar un rato a solas. Se compró en un puestesillo un par de sándwiches y un bote de zumo, y se sentó en la orilla, al calor del sol de principios de junio.

Se puso las gafas de sol, y miro alrededor, inspirando profundamente. Del embarcadero iban y venían las embarcaciones de recreo, repletas de turistas. De pronto, en medio de un gripo de vacacionistas, diviso a Edward, aparentemente dándoles indicaciones sobre un mapa, y se acordó de su conversación con Alice, "Increíblemente guapo" no es precisamente la forma en que ella lo habría descrito si alguien le hubiera preguntado cómo era. Alguien como Brad Pitt… pues sí, pero, pero… ¿Edward Cullen? La sola idea le daba risa. Bueno, no era feo desde luego, pero… ¿Edward… increíblemente guapo?

Se quedó observándolo en la distancia, fijándose en sus anchos hombros y tórax. No estaba fornido, pero si en buena forma, se dijo abriendo un sándwich y dándole un mordisco. ¿Y el cabello? Tenía el cabello cobrizo, algo excepcional y no podía imaginárselo pelirrojo o rubio, y lo cierto era que el modo en que le caía sobre los ojos era bastante sexi.

El rostro… Tal vez no fuera perfecto, pero los rasgos en común eran armoniosos, y le daban un aire honesto. Además era muy expresivo. Eso siempre le había gustado, el modo en que podía leer sus emociones al instante.

Los labios de Bella se curvaron en una dulce sonrisa al verlo acariciar la cabecita de una niña. Estaba hablando con ella y la chiquilla se reía. Edward era así, siempre conseguía hacer sonreír a las personas. Y era un buenazo además, un pedazo de pan. Bella sabía que el detestaba que lo llamaran así, pero era la verdad.

Sus ojos chocolate lo siguieron hasta que lo perdieron de vista. Alice tenía razón: Edward era un hombre maravilloso. Si, amable, simpático y cariñoso… Lástima que no fuera su tipo. Aunque, bien pensado, era más que un alivio, porque si se hubiera sentido atraída por él, podría cavar haciéndose daño con aquella apuesta que había iniciado.

El décimo octavo cumpleaños de Bella.

Finalmente Edward no tuvo que besar e Bella cuando cumplió los dieciocho años. Desde que le hiciera aquella promesa, los dos habían crecido, y sus mundos habían cambiado mucho. Se había unido a ellos Jacob Black, un compañero de universidad de Edward, convirtiéndose en "los tres mosqueteros", inseparables, y al poco tiempo ella y Jacob habían empezado a salir juntos.

-No puedo creer que me ocultaras durante tanto tiempo que tenías un amigo así- acuso Bella a Edward con una sonrisa durante la fiesta.- ¿Lo hiciste para torturarme, o estabas esperando a que me quitaran el aparato de los dientes?- inquirió enarcando una ceja.

-Es que me parecía horrible exponer a mis amigo a la terrible Swan- le pico Edward sonriendo también.

Bella lo sorprendió, besándolo de repente en la mejilla y dándole un abrazo.

-Gracias por presentarme a Jacob, Cullen, eres encantador.

Edward meneo las cejas de un modo ridículo.

-Ya lo se, es lo que piensan la mitad de mujeres de por aquí- dijo. Bella se echó a reír.

-Pero yo te conocí antes que ninguna, no lo olvides- le dijo, dándole un toque en la punta de la nariz con el índice, y tambaleándose ligeramente. Edward la sostuvo.

-Me parece, mi castaña amiga, que ha tomado usted algunas copas de más.

-Bueno, es mi cumpleaños- replico ella rodeándole la cintura y echándose a reír otra vez.

Edward la llevo hasta un asiento libre, abriéndose paso con dificultad entre la gente, y la ayudo a sentarse.

-Ahora vas a quedarte aquí, e iré a buscar un poco de café, ¿de acuerdo?

Bella sacudió la cabeza y, frunciendo los labios, dio unas palmaditas en la silla junto a la suya.

-No, ven, siéntate. Quiero hablar contigo, Cullen.

-Bien, pero primero iré por ese café- dijo el dándose la vuelta.

-¡No!- exclamo ella agarrándolo de la manga-. Siéntate… ahora.

Edward se giró, y la encontró mirándolo entre las espesas pestañas con aire de niña caprichosa. Diablos, sí que había crecido. Y desde luego no era la ausencia del aparato dental lo que había echo que Jacob se fijara en ella. Era como si hubiera florecido de la noche a la mañana. Se sentó a su lado sin poder despegas sus ojos de los de ella.

-¿De que querías hablar?- inquirió, Bella sonrío satisfecha, y luego se puso seria.

-Dime, ¿te parezco bonita?

La pregunta lo pillo con la guardia baja, sobre todo teniendo en cuenta que en ese preciso momento había estado diciéndose lo guapa que se había vuelto.

-No puedo creerlo, he logrado que Edward Cullen se quede sin palabras- dijo Bella prorrumpiendo en risitas.

-Em… será mejor que vaya por ese café- hizo ademan de levantarse, pero Bella se lo impidió, poniendo una mano en su muslo y haciendo que volviera a sentarse.

-¿Estas evitando la pregunta, Cullen?- inquirió con una sonrisa peligrosa.

Edward estaba bastante ocupado tratando de evitar los incomodos pensamientos que estaban acudiendo en tropel a su mente como para recordar siquiera la pregunta. Sentía como si la piel le lo quemase donde ella tenía puesta la mano. ¿No le había dicho nadie lo que le pasaba a los chicos de veintiún años cuando una chica guapa los tocaba tan de cerca?

Aparto con cuidado la mano de Bella, colocándola sobre su regazo.

-Que… que tontería- balbució-. ¿Por qué iba a evitar esa pregunta? Por supuesto que eres bonita. Has ganado mucho desde que te quitaron el aparato.

-¿Solo por el aparato?- murmuro ella, haciendo un mohín quejoso e inclinándose hacia el-, ¿No me ves cambiada en… nada más?

Edward parpadeo, y volvió a parpadear, logrando que por fin su cerebro volviera a dar muestras de actividad.

-Um… ¿a qué te refieres?- inquirió haciéndose el inocente.

-Pues… ¿no has notado nada nuevo en mi desde la última vez que me viste?-insistió ella, acercándose aún más.

Edward trago saliva. Se notaba la garganta terriblemente seca. Bella olía tan bien… "¿Qué diablos estás pensando? Alerta hormonal, Cullen, contrólate."

-¿En… en qué sentido?

Bella se puso de pie y giro sobre sí misma, tambaleándose un poco, y quedándose frente a él con los brazos en cruz.

-Vamos, mírame bien.

Edward no tuvo que hacerse de rogar, y la observo largo rato, embelesado. Hasta entonces ni se había dado cuenta de que Bella tenía piernas. La había visto cientos de veces con pantalones cortos, y hasta en bañador, pero jamás se había fijado en ellas. Quizá la diferencia estaba en la ridícula minifalda que llevaba puesta ese día, y en los zapatos de tacón.

-¿Y bien?- inquirió ella poniendo los brazos en jarras.

-¿he?

-¿Qué ves?

-Espera un momento, aún no he acabado de mirarte.

Edward se fijó en su cintura. Era la cintura más estrecha que había visto. Sus ojos ascendieron un poco. Otra diferencia era que… bueno, tenía pecho. Eran unos senos más bien pequeños, pero tenían una forma bonita, y se marcaba de un modo indiscutiblemente sensual bajo el ajustado top que llevaba. Después de todo tal vez aun le gustaban más que las piernas, se dijo, pero al bajar la vista meneo la cabeza mentalmente. No, seguía siendo un fetichista de las piernas.

Entonces alzo la vista hacia el rostro de su amiga. Las pecas habían desaparecido, dejando en su lugar una piel tersa y de textura cremosa. Y los labios… no recordaba que hubieran sido siempre tan carnosos, sin embargo, sus ojos chocolate siempre le habían parecido bonitos, eso no era nada nuevo, y la naricilla respingona, eso tampoco había cambiado.

Bella agito la mano delante de su cara para llamar se atención.

-Cullen… ¿lo ves o no?

-Diablos, Swan, ¿ver qué?- inquirió el exasperado, sonrojándose ligeramente. Había visto más que suficiente, y lo que había visto lo hacía sentirse demasiado incomodo-. No sé, a mí me parece que no estas… mal.

-¿Mal? ¿Qué no estoy mal?-repitió ella frunciendo el entrecejo contrariada-. Vaya, muchas gracias.

-¿Qué quieres que diga?- gruño Edward revolviéndose el cabello con la mano-. ¿Qué se supone que tengo que ver?

Bella suspiro, como si le diese lastima, y tomo el rostro de su amigo entre sus manos, sonriéndole.

-¿No lo ves, cullen? ¡Estoy enamorada! Por primera vez en mi vida estoy enamorada. Y es del hombre mas maravilloso del mundo. Al fin voy a averiguar lo que se siente al estar con ese alguien que una chica se pasa esperando toda la vida.

Por alguna razón, Edward sintió que el estomago le daba un vuelco. Se alegraba por ella y por Jacob, ¿Por qué entonces…? Tal vez por que jamas habia imaginado que sus dos amigos pudieran acabar juntos. Después de todo no era tan incomprensible. Jacob dera un gran tipo: le habia caído bien desde el dia que lo conocio en la universidad, en Dublin, y era natural quw a Bella le hubiera gustado, por que era guapo, y extrovertido. Además era capitán del equipo de rugby, el primero de la clase, pertenecia a una familia rica de Galway… Lo tenia todo, era la clase de hombre que cualquiera querria para su hermana, y asi era como el siempre se habia sentido hacia Bella, como un hermano protector. Entonces, ¿Por qué de pronto deseaba que no se hubieran conocido?

Edward habia estado en lo cierto. Aquella tarde, cuando fueron a la orilla del lago, el tiempo no podía ser mejor. La orilla en la que estaban era la mas alejada del complejo turístico, por lo que solia estar mas tranquila, aunque ese dia habia bastante gente, sobre todo del pueblo. Bella pensó que debían ser imagiaciones suyas, pero le dio la impresión de que los vecinos con lo que se escontraban los saludaban con mas efusividad que de costumbre, dedicándole amplias sonrisas.

Pusieron las toallas sobre el césped, y se sentaron, seguido por varios pares de ojos. Bella se puso las gafas amodo de diadema y se giro para mirar a Edward, pero el se habia tumbado y habia cerrado los ojos.

-Ese chisme sobre nosotros parece que se esta extendiendo rápidamente- le dijo-. Nunca antes habíamos depertado tanto interés.

-No lo creas. Es que tu llevas mucho tiempo fuera. Desde que yo regrese he tenido esta clase de atención. Son los gajes de ser soltero en un pequeño pueblo como este. No puedes saludar a una mujer bonita sin que empiecen a murmurar, en fin, no tienen nada mas que hacer, es normal- concluyo encgiendose de hombros.

Bella se quedo pensativa, y Edward, que intuyo algo en su silencio, le dijo:

-Se que quieres preguntarme algo, asi que hazlo.

La joven lo miro sorprendida.

-Bueno, iba a preguntarte si…. ¿as salido con alguien desde que me marche?

Edward abrió los ojos y la miro con una sonrisa maliciosa.

-¿Por que? ¿no estaras celosa?

-Jajajaja. Quiero decir… bueno, desde que he vuelto que yo sepa no te has sitado con ninguna mujer. En fin, me preguntaba si… ¿no te estare entorpeciendo al vivir contigo?

Edward la miro sorprendido.

-Bueno- continuo Bella-, siempre hemos sido honestos el unos con el otro, y lo cierto es que ahora mismoparece que la mitad de la gente de pueblo piensa que yo soy tu vida sexual. Era solo curiosidad- dijo encogienose de hombros.

Edward se puso de lado, incorporándose sobre el codo para quedar al nivel de sus ojos. Vio que en la mirada de Bella habia una sincera preocupación, y sin pensar lo que hacia, estiro la mano y aparto un mechon de su rostro.

-Aunque estuviera viendo a una mujer, cosa que los dos sabemos que no esta ocurriendo, nunca la llevaría a casa mientras tu estes allí.

Bella noto una nota clara de afecto en su voz, y sonrio. Verdaderamente era una buena persona. Sin embargo, no pudo resistir la tentación de pincharlo.

-¿Porque? ¿Tanto ruido haces?

Edward abrió los ojos como platos, pero reconocio por la mirada de sus ojos que estaba tratando de azorarlo, y le pago con la misma moneda.

-Cariño, no seria yo precisamente el que aria ruido- le dijo, echándose vaho en las uñasy haciendo que les daba brillo con la camiseta. Bella se echo a reir.

-¡Seras arrogante!- le espeto. Edward se rio también.

-¿Y tu?, si la situación fuera alreves…

-Ni hablar, nunca aria el mor contigo en la casa- se rio Bella, sonrijandose completamente.

-Por que tu si haces mucho ruido, ¿eh?- la pincho Edward. Sin emabrgo, a pesar de que noera mas que una broma, el solo pensarlo hiso que su imaginación se disparase.

Bella se habia echado boca abajo en la toalla para ahogar sus risas, y Edward tubo que inclinarse para escuhcar su respuesta.

-Dudo que pudiera concentrarme sabiendo que tu podias oir algo.

Los celos, ese mosntruo de ojos verdes, atenazaron de repente las entrañas de Edward. No tenia derecho a tener celos: Bella era libre y, sin embargo, la sola idea de pensar que habia estado con otros hombres o que pudiera estarlo… Se puso de pie y se quito la camiseta.

-Mejor, porque, fuera quien fuera el tipo, creo que lo machacaría- le dijo sin mirarla.- creo que voy a nadar.

Bella habia alzado la cabeza anonandada, pero no pudo ver la expresión de su rostro, y observo con el ceño fruncido como se alejaba en dirección al agua. ¿A que había venido aquel arranque? Siempre se habi mostrado muy protector con ella, pero…

Su relación estaba cambiando, se dijo la joven con un suspiro. De echo, nada había sido igual desde que volviera a Irlanda. Últimamente Edward no hacia más que mírala de un modo extraño, como si nunca antes la hubiera visto. ¿Por qué estaría actuando así?

-Una chica tan bonita como tú no debería fruncir el ceño de esa manera.

Bella se volvió sobresaltada y se encontró con Mike Newton, de pie junto a ella. Llevaba puesta una pristisima camisa blanca abierta y remangada y unos pantalones cortos de color caqui, y sonreía mostrando sus brillantes y perfectos dientes. Parecía uno de esos modelos de los catálogos de verano.

-Tratare de recordarlo- contesto ella, devolviéndole la sonrisa.

-Deberías ir siempre en traje de baño, Bella- le dijo Mike en un tono seductor, devorando con los ojos su esbelta figura.

La joven se sentó más derecha, sonrojándose ligeramente, y sin darse cuenta miro en dirección al lago.

-Sigue en el agua- dijo él.

-¿Quién?-inquirió ella mirándolo y pestañeando.

Mike sonrío.

-Tu "amigo" el señor Guardabosques

-Oh, se refiere a Edward… Si, es como un pez- respondió ella vagamente, girando la cabeza otra vez hacia el agua-. Cuando éramos niños hacíamos carreras en el lago, y el siempre ganaba.

-Parece que tienen una larga historia en común-dijo Mike, acuclillándose a su lado.

Bella lo miro, dando un ligero respingo al encontrar su rostro muy cerca del suyo.

-Sí, bueno, como te decía el otro día nos conocemos desde hace años, y estamos muy unidos. Y, la verdad- añadió al ver la mirada de la gente desaprobadora y de la señora Cope-, es que creo que el que estés aquí ahora va hacer que la gente empiece a murmurar.

A Newton no parecía importarle demasiado.

-No creo que pudiera competir con tu Edward. Por lo que he oído parece que es muy querido en la comunidad.

-Pues por lo que yo he oído, parece que tú no eres de los que se intimidan ante la idea de tener que competir por una mujer- le espeto Bella. Las palabras habían salido de su boca antes de que pudiera detenerlas. Mike estaba mirándola boquiabierto, y como dolido. Bella quería que se la tragara la tierra.

-Lo… lo siento. No debería haber dicho eso. La verdad es que creo firmemente en eso de "inocente hasta que se demuestre lo contrario".

-Bella, yo…- murmuro Mike inclinándose hacia ella y mirándola a los ojos. Con el dedo índice, le acaricio el brazo, subiendo hacia el hombro, y…

-Está usted ocupando mi sitio, señor,