Bella y Mike alzaron las cabezas al unísono. Fue solo un instante, pero durante ese breve momento, la joven no reconocía a Edward, del mismo modo que no había reconocido el tono áspero y amenazador de su voz. Sus facciones estaban rígidas, y parecían haberse obscurecido por los celos.
-Ah, Cullen… Lo siento, no lo había visto- farfullo Mike quitando la mano del hombro de Bella y levantándose-. Simplemente estaba saludando a Bella y diciéndole lo bien que le sienta ese traje de baño. Edward dio un paso hacia él, con el agua escurriéndole por todo el cuerpo.
-Pues la próxima vez que se le ocurra decírselo con las manos, tendrá que vérselas conmigo, ¿me ha entendido?- mascullo.
Bella se puso de pie como un resorte. ¿A que venía aquel numerito?
-¡Edward! Eso ha sido una grosería.
Mike se había quedado mirando a Bella con una sonrisa burlona en los labios, pero cuando Bella intervino en su defensa, se volvió hacia ella y la sonrisa se tornó empalagosa.
-Esta bien, Bella, no pasa nada, lo comprendo- se giró otra vez hacia Edward-. Obviamente el siente l necesidad de defender su territorio: he captado el mensaje.
-Más le vale- mascullo Edward mirándolo con frialdad.
-¡Edward!- volvió a reprenderlo Bella.
-¿Qué?- le espeto el irritado-. ¿Este tipo se pone a tocarte y me vas a decir que no te importa? Pues a mí sí que me importa.
Bella estaba poniéndose roja como un tomate y, olvidándose de Newton, agarro a Edward de la mano y lo arrastro hasta una arboleada alejada de la orilla, donde no podrían oírlos ni verlos.
-¿Qué diablos crees que estás haciendo?- le grito a Edward. Estaba furiosa, y no había pasado tanta vergüenza en toda su vida.
-Todo el mundo cree que somos pareja, ¿no? Bueno, pues no creo que esperaran que me quedara mirando mientras un pervertido toquetea a mi novia.
Bella quería estrangularlo.
-Idiota- mascullo-. Si fueras mi novio de verdad te mataría por comportarte como un Neanderthal.
-Bueno, no te pongas así, lo siento. La verdad es que me hizo saltar. No me gusta que te manoseen así, aunque se solo tu amigo- Bella aun no le había soltado la mano, y Edward se la apretó suavemente.
La joven al fin sonrió un poco.
-Están todo esperando a que salgamos, ¿verdad?- inquirió sin atreverse a asomarse fuera de la arboleada.
-Me temo que sí.
-¿Qué hacemos? ¿Esperamos un poco?
-Probablemente lo más acertado sería un beso de reconciliación antes de volver a nuestro sitio.
-Edward…- protesto ella frunciendo los labios.
-¿Qué? Es lo que estarán esperando, que cuando salgamos parezca que hemos hecho las paces. Además, necesitamos practicar un poco antes de hacerlo en público. Y para que realmente parezca que nos hemos estado besando, tendremos que…
-Me hago una idea, Cullen- lo interrumpió ella azorada. Por alguna razón de repente se había vuelto muy consciente del hecho de que Edward solo llevaba puesto un bañador, y se notaba la boca seca-, así que cierra la boca y bésame entes que me arrepienta.
-Y dicen que el romanticismo a muerto…- murmuro el sarcástico.
Aquella vez Bella estaba preparada para el beso. Incluso se humedeció los labios automáticamente antes de que l inclinara la cabeza. "Es solo Edward, es solo Edward, Edward…", se repetía mentalmente una y otra vez. Sin embargo, muy pronto le resultó imposible seguir concentrándose en aquellas palabras.
A Edward le tomo desprevenido el que Bella empezara a responderle. Era increíble hasta qué punto lo excitaba, y la facilidad con que sus labios encajaban, como las piezas de un pluzzle. Cada vez que había besado a una mujer, había tardado un rato en encontrar el "ajuste" correcto, pero no en esa ocasión. Aquel beso fue perfecto desde el primer momento.
Sin darse cuenta siquiera de lo que hacía, Bella le solto la mano y rodeo el cuello de Edward con sus brazos, poniéndose de puntillas para pegarse contra su cuerpo húmedo. El a su vez la tomo por la cintura, maravillándose al sentir hasta qué punto parecía ser dos partes de un todo que se habían encontrado al fin.
En cuanto la lengua de Edward toco la suya, Bella se perdió en las sensaciones que la inundaban y se dejó llevar, apartando todo pensamiento de su mente. No recordaba que en toda su vida la hubiese besado tan apasionadamente. Y pensar que Edward era a quien… ¡Edward! Oh, no… Aquello no podía estar pasando. No podía estar disfrutando con un beso de Edward… ¡por amor de Dios, era su mejor amigo! Se suponía que no debía sentirse así con su mejor amigo.
Edward se apartó despacio de ella, esperando un momento antes de alzar la vista para mirarla a la cara, bella tenía los ojos muy abiertos y no pestañeaba, como si fuera la primera vez que lo veía. Sus labios estaban hinchados y enrojecidos por el beso, y las mejillas estaban teñidas por el rubor. Estaba preciosa. ¿Cuándo se había vuelto tan bonita? De pronto se había dado cuenta de que aquello era lo que había cambiado, lo que le había parecido distinto desde que ella volviera de Estados Unidos. Había crecido y madurado, convirtiéndose en una mujer muy hermosa.
-Con eso bastara. No creo que le quede duda de lo hemos estado haciendo. Vamos- y la tomo de la mano, dándose la vuelta para salir de la arboleada.
Bella tardo aun unos segundos en volver s reaccionar, mientras lo seguía como una autómata.
"Al menos uno de los dos no se había olvidado por que estaban haciendo esto"
Cuando llego el fin de semana siguiente, Bella estaba al borde de un ataque de nervios. Todo el pueblo estaba hablando del "maravilloso romance entre Edward Cullen y esa adorable chica de loa Swan", y, por si fuera poco, Mike Newton había ido un par de veces a visitarla a la tienda. Y encima estaba Alice, que aprovechaba cualquier ocasión para someterla al un interrogatorio con lujo de detalle, y ese sábado no fue una excepción.
-Bueno, y entonces, ¿Cómo va?- inquirió. Bella suspiro y meneo la cabeza.
-Alice, me preguntas eso cada día, y cada día te digo lo mismo: bien.
Su amiga se sentó junto a ella y escruto su rostro.
-Si todo estuviera bien no tendrías esa cara. Pareces exhausta, Bella, a mí no me engañas. ¿No vas bien las cosas entre Edward y tú?
-No es eso. Es solo que…- la joven se esforzó por encontrar una excusa, pero no se le ocurría ninguna-. Supongo que estoy algo confundida, eso es todo.
-¿Sobre lo tuyo con Edward, o es por Newton?- pregunto Alice, Bella dejo escapar una risa amarga.
-¿Sabes?, tiene gracia por que al principio creía que Mike Newton me gustaba, pero cuanto más lo veo más me molesta… me parece que no es más que un adulador.
-Sí, bueno, yo diría que es un lobo con piel de cordero- sonrió Alice frotando el brazo de su amiga en un gesto comprensivo-. ¿Y qué me dices e Edward?
-Esa es otra historia completamente distinta- murmuro masajeando se la sienes-. No sé ni por donde podría a empezar a explicarte.
-¿Te ha besado otra vez?- inquirió Alice.
¡Vaya que si lo ha hecho…! Bella asintió con la cabeza.
-¡Cielos!- exclamo Alice con una amplia sonrisa-. Y tú no sabes que hacer ahora, ¿verdad?
Aun sin saber toda la historia, su amiga había dado en el clavo, como de costumbre.
-Es que… las cosas ya no son lo que eran, y odio eso. Echo de menos lo bien que la pasábamos juntos, y quisiera que todo volviera a ser como antes.
-¿Y cómo fue? En una escala del uno al diez, quiero decir.
-¿Qué?- inquirió Bella, mirándola confusa.
-Que tal fue el beso, en una escala del uno al diez.
-Alice, si vas a reírte de mí, me voy- le dijo. Su amiga sacudió la cabeza.
-Te lo estoy preguntando completamente enserio. Necesito saberlo para darme una idea de la magnitud del problema. Además, no puedes irte, porque esta tienda también es tuya.
Bella pardeo incrédula, pero finalmente se encogió de hombros y se mordió el labio inferior, considerando la pregunta. Había pensado tanto en ese beso durante toda la semana que no le llevo mucho dar una respuesta:
-Un quince- contesto en un tono tan abstraído como la expresión en su rostro.
-¡Ja, lo sabía! Siempre pensé que sería más de un diez.
-¡Alice! No me estas ayudando en nada.
-Lo siento. ¿Te habían besado alguna vez por encima de un ocho?- murmuro su amiga poniéndose seria. La expresión abstraída volvió al rostro de Bella.
-No- musito.
-Um… estas ante el típico dilema. Puedes arriesgarte a perder una gran amistad por un amante increíble, o aferrarte a esa amistad y pasar el resto de tu vida preguntándote como habría sido si se hubieran hecho amantes.
-Genial, corrígeme si me equivoco, pero parece que con las dos opciones salgo perdiendo. Creía que querías ayudarme.
-Lo siento- contesto Alice-, solo estaba pensando en voz alta. Dime ¿lo amas?
Bella se quedó abierta y dejo escapar una risita temblorosa.
-Alice, ¿estas preguntándome si lo amo? Estamos hablando de Edward, por el amor de Dios, no de un chico con el que haya tenido una cita a ciegas.
Alice levanto las manos en un gesto aplacador.
-De acuerdo, de acuerdo, cálmate. Las dos sabemos muy bien que te importa, pero, ¿crees que podrías sentir algo más por él?
-No seas ridícula. Me ha besado un par de veces… ¿y esperas que caiga rendida ante él? Estamos hablando de Edward. No puedo enamorarme de Edward. Sería como… Dios, no sé, sería como enamorarme de un hermano mayor.
-Edward no es tu hermano, Bella- le dijo Alice ladeando la cabeza-. ¿Quieres mi consejo? Deja que las cosas fluyan, que ocurran con naturalidad si tienen que ocurrir. Si están hechos el uno para el otro no hay nada que puedas hacer para evitarlo excepto mentirte a ti misma. Es un tipo estupendo, Bella, y creo que se merece que le des una oportunidad. Nada es estático, ni siquiera la amistad, todo está sujeto a constantes cambios. Espera un poco a ver cómo se desarrollan los acontecimientos y deja de atormentarte.
Bella se mordió el labio inferior. ¿Qué pensaría Alice si se enterara de toda la historia? Era un poco difícil dejar que las cosas ¿fluyesen por si mismas cuando, para empezar, lo que estaba haciendo era parte de una apuesta?
Solo en ese momento se dio cuenta de lo mal que podía acabar aquel juego. Estaba arriesgándose a perder para siempre a su mejor amigo.
Después de la fiesta de cumpleaños, doce años atrás.
Edward estaba harto de salir con Barbies, pero eran las únicas chicas que no buscaban nada enserio y, desde el cumpleaños de Bella, era el único modo que se le había ocurrido para ocultar el hecho de que estaba obsesionado por su relación con Jacob. Aquello no era natural, haber empezado a fijarse en su mejor amiga, haberse dado cuenta, de repente, de lo sexy y atractiva que era. ¿Por qué sus malditas hormonas tenían que alborotarlo cada vez que Bella pasaba a su lado?
Además, últimamente apenas pasaban tiempo juntos, ni hablaban por teléfono. "Ahora es con Jacob con quien hablaba por teléfono, y a quien le manda notas". Claro era lo normal, después de todo, porque estaban saliendo. Entonces. ¿Por qué diablos se sentía tan celoso?
-¡Eh, Cullen!- lo llamo una voz familiar detrás de él.
Dio un respingo y se volvió, encontrándose con el rostro sonriente de Bella, y recibiendo un cálido abrazo que lo hizo sentir un miserable.
-Bella… ¿Qué estás haciendo aquí?
-Vaya, que recibimiento tan agradable- murmuro ella torciendo la sonrisa, y sentándose junto a él en el borde de la mesa en el estudio de su padre-. Recuérdame que venga a visitarte más a menudo.
Edward se sintió mal. No era culpa de Bella que el fuera un inmaduro. Tenía que intentar controlarse. Después de todo, ella no era de su propiedad, ni él era su guardián. ¿Quién era el para negarle la felicidad que pudiera hallar al lado de Jacob? Además, prefería que fuera el antes que cualquier otra persona quien le robase a su mejor amiga. Si, comportase con el estoicismo de un mártir siempre sería mejor que verse como una víctima.
-Lo siento. Es solo que… bueno, últimamente no sueles venir mucho por aquí, Swan- le dijo. Se fijó en que llevaba puesta una faldita de tenis, zapatillas de deporte, y que tenía una raqueta en la mano derecha-. ¿Vas a apuntarte al toreo de Wimbledon?
-Ja, ja-dijo ella frunciendo los labios ante su tono burlón-. No, he quedado con Jacob para jugar un partido. Y pienso darle una paliza.
-Oh, ya veo- murmuro el, sintiendo una punzada al escuchar el nombre de su amigo. Se levantó y le dio la espalda, colocándose frente a un fichero para que ella no pudiera ver la expresión de su rostro, y abrió un cajón, poniéndose a ordenar las carpetas que contenía.
Bella lo miro extrañada. Tal vez estuviese paranoica, pero le había parecido que el tono de Edward había sonado frio. De hecho, desde la semana pasada no parecía él.
-¿Qué ocurre te, Cullen? ¿He hecho algo que te haya molestado?
Edward intento poner por segunda vez una carpeta en su sitio, y no fue capaz de contestar.
Bella se quedó callada, preguntándose qué podía pasarle. Quizá fuera el hecho de que últimamente estaba pasando menos tiempo con él y más con Jacob.
-Cullen, ¿crees que he estado ignorándote o…?
Edward inspiro profundamente y se dio la vuelta. Observo la preocupación en los ojos de Bella, y volvió a sentirse la criatura más vil del universo.
-No pasa nada. Estas loca por ese idiota amigo mío, y él cuenta con mi simpatía, así que…- le dijo esbozando una sonrisa con dificultad-. Es solo que… Bueno, no recuerdo cuando fue la última vez que hablamos.
-Hablamos ayer.
-Sí, claro, yo te dije "Hola" antes de poner a Jacob al aparato- dijo el con cierto sarcasmo.
Bella bajo la cabeza.
-Bueno, ahora podemos hablar- murmuro. Alzo el rostro hacia el-. ¿Cómo te va? ¿Sigues saliendo con la encantadora Lauren?- inquirió pestañeando de un modo burlón.
Edward no pudo evitar reírse.
-Tiene algunas cosa buenas- la defendió Edward frotándose la nuca.
-Oh, si, he oído a muchos chico hablar de un par de cosas suyas en particular- contesto ella enarcando las cejas-. Pero dime, ¿tiene madera de esposa o no? Porque si quieres tener esos doce hijos antes de los treinta, tendrás que darte prisa.
Edward sonrió ante el recuerdo de aquella apuesta que habían hecho años atrás. Bella le había asegurado que cuando cumpliera los treinta estaría casado, don doce hijos, y llevaría el negocio familiar, como sus padres siempre habían soñado. De pronto, sin embargo, su mirada se ensombreció y aparto el rostro, volviéndose de nuevo hacia el fichero.
-No lo creo.
- Pues entonces tendrás que buscar con más ahínco si quieres darle un heredero a la dinastía Cullen.
El dejo escapar una sonrisa amarga.
-No ceo que pudiera decir que es una dinastía.
-Oh, venga, Edward- insistió Bella sonriendo maliciosa-. Por donde quiera que pasa ves una casa que está siendo construida por Cullen e Hijo.
-El negocio va bien, eso es todo.
Bella advirtió de nuevo la frialdad en su voz.
-No sé por qué, pero me da la impresión de que eso a ti no parece que te haga muy feliz- murmuro.
-No lo quiero, Bells- contesto Edward, exhalando otro suspiro.
Las palabras de su amigo la dejaron momentáneamente sin habla.
-¿Es una broma?
-Ojala lo fuera- contesto el, aun sin volverse.
-Mírame, Edward.
Despacio, muy despacio, su amigo se giró hacia ella se metió las manos en los bolsillos, cerrando los puños, y la miro a los ojos.
-Creía que tú ya lo abrías imaginado- murmuro.
Ella negó con la cabeza.
-No tenía ni idea- contesto-. De hecho pensé que era lo que querías. Te matriculaste en Gestión Empresarial, estas estudiando para los exámenes… ¿Por qué estás haciéndolo si no es para tomar las riendas del negocio de tu padre cuando llegue el momento?
-Supongo que quería hacerlo feliz- respondió el-. Deberías ver cómo le resplandece el rostro de satisfacción cuando habla de Cullen e Hijo. Es toda su vida.
A Bella se le encogió el corazón.
-Debes decírselo, Edward.
-¿Cómo?- inquirió el, mirándola angustiado. La joven se quedó callada.
-¿Lo ves? No hay salida. No puedo decírselo sin hacerle daño- murmuro Edward-. Lo único que me queda es hacerme a la idea.
Bella sabia cuanto quería Edward a sus padres, y cuanto se había esforzado por ellos. De hecho, a ella sus padres le habían dicho con frecuencia que él era el hijo perfecto, y que tenía que tomarlo como ejemplo.
En muchos sentidos era cierto que Edward era el hijo perfecto. Sus padres habían esperado largo tiempo por él, y Edward parecía sentir el deber de compensarlos por la ilusión y dedicación con la que lo habían criado. Conociéndolo como lo conocía, Bella sabía que, a pesar de lo que desease para sí, su amigo sería incapaz de herir a sus padres o decepcionarlos.
Se acercó a él y le puso una mano en el brazo.
-Edward, no creo que tus padres quieran que te pases el resto haciendo algo con lo que te siente desgraciado.
-¿Y sería mejor que les tirase a la cara el trabajo de años, como algo que no quieres?
-Ellos te quieren, Edward- dijo Bella, abrazándolo-. Lo superaran. Debes averiguar qué es lo que quieres tú para ti.
Su amigo se quedó dudando un momento antes de responder el abrazo.
-No puedo hacerlo, Bells, esto significa tanto para ellos…
-Todo se arreglará, ya lo veras.
Edward la miro también, hallando comprensión y consuelo en su mirada chocolate. Bella era muy especial para él. Era la única persona a la que le había contado aquello, porque sabía que, decidiera lo que decidiera, ella siempre estaría a su lado. Eso era la amistad. Todas aquellas ideas ridículas que había estado teniendo no se debían más que a sus hormonas, se dijo. En esa etapa de la vida era difícil que un chico no se sintiera atraído por una chica bonita. Si, era simplemente química. Lo que tenía en ese momento era lo único que importaba.
HOLA A TODAS (os) DE NUEVO PERDONEN QUE NO LOS HAYA SALUDADO ANTES PERO HE ESTADO SUPER OCUPADISIMA YA QUE ESTOY TRABAJANDO DE NUEVA CUENTA.
HE SUBIDO LOS CAPITULOS CASI MECANICAMENTE ASI QUE HASTA EL FINAL DE LA HISTORIA LES DIRE EL NOMBRE DE LA AUTORA, MIL PERDONES DE NUEVO Y NO OLVIDEN DEJARME UN REVIEWS, POR FIS.
