Disclaimer: todo lo que reconozcan pertenece a Jotaká Rowling.


U por único.

(Y por Sirius)

La u es por único, porque no podría ser de otro modo. Y Remus no se lo dirá nunca -no quiere que Sirius se burle de él el resto de su vida, gracias-, pero si tuviera que elegir una cosa, solo una cosa que le gustara de Sirius, sería eso.

Porque vale, es único en el sentido de… único. Todo eso del pelo negro largo y los ojos grises y las facciones perfectas y la moto y el apellido y bueno, eso. Eso le hace bastante único, pero no, no es eso lo que le gusta a Remus -que también-, es algo un poco diferente, algo como:

—Que les jodan, Lunático, a todos —y su mano sobre la suya mientras caminan por el concurrido Londres muggle o el Callejón Diagon o, si le apuran, los pasillos del colegio.

Es más o menos eso, esa forma suya de ser tan, coño, tan. únicaEso que hace de ser único únicamente con Remus, eso de que se joda el mundo y morder como un perro rabioso y no dejar que le toquen pero tú sí, Lunático, tú sí. Es eso, esa forma en la que le ve con esos ojos grises como el humo, como si pudiera -como si quisiera- traspasarle y ver que esconde en esa cabezota tuya de licántropo, Remus. Eso de verle más de una vez, de verle mucho, de verle siempre, como no le ve más nadie, eso, esa cara única que pone como si le gustara -como si de verdad le gustara- lo que ve.

Porque Remus sabe que Sirius no es así, lo sabe porque lleva siete años conviviendo con él día sí día también, noches, madrugadas, besos, humo, risas, travesuras, y no es así, solo con él. Y ni siquiera sabe porque, no le interesa, le da miedo preguntar, pero no importa. Porque tiene a ese Sirius, a ese Sirius único que se quita la máscara de imbécil cuando está con él, lo tiene siempre, lo tiene en su cama, en su vida, bajo la piel, cuando despierta desnudo y adolorido después de la luna, en esos momentos de máxima felicidad y -especialmente- en los más dolorosos y terribles. Le tiene en esos arrebatos inusuales en los que hace cosas como besarle el cuello y morder y chupar hasta dejar una marca que grita mío en un idioma universal.

Le tiene como no le tiene más nadie, suave, silencioso, sincero, sonriente y manso, como un buen perro, sin pretender ni aparentar.

—Deberías sentirte orgulloso Remus, de hecho, deberías agradecérmelo, o pagarme, eso sería cojonudo —dice a veces, y a él se le escapa la sonrisa gamberra y a Sirius se le escapa otra, descarado, ladino.

—Desde hoy en adelante te voy a cobrar los besos —y no tiene mucho sentido que se lo diga si acaba de inclinarse y le sostiene el cuello para que abra la boca y se deje besar como solo él sabe, como nadie más besa. Bailándole la lengua y mordiendo hasta que se le descontrolan los latidos y tocándole hasta que se le funden las rodillas y no aguantan su peso.

Siendo como solo él sabe ser, besándole como solo él sabe besar, único, con u de Sirius.


•Travesura realizada•