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CAPÍTULO 41:

"La historia de mi vida"


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Blaine no dejaba de sonreír y suspirar. Había sido un día extraño, con altibajos y emociones desbordantes, pero que terminó de la mejor forma posible. Dando una nueva vuelta en su confortable cama, se transportó a los eventos ocurridos en la noche.

...

A la salida del bar Kurt lo había llevado a un pequeño pero iluminado parque, el cual encontraron casi desolado debido a la hora. Ahí caminaron y platicaron de varios temas. Era increíble como parecían conocerse tan bien y al mismo tiempo seguían descubriendo cosas nuevas el uno del otro.

Tras la insistencia del de rizos se columpiaron, al comienzo de forma suave, pero gradualmente se convirtieron en dos niños que disfrutaban entre risas y algarabía.

La fresca noche los invitó a continuar su recorrido por el parque hasta llegar a una banca en donde se sentaron a contemplar la luna e intercambiar uno que otro pensamiento.

—Hay algo que no tengo muy claro —dijo Hummel con cierta vacilación en un determinado momento.

—¿Qué cosa?

—Tiempo atrás mencionaste en varias ocasiones que habías crecido en las calles y lo difícil que fue enfrentarte a las situaciones y personas que se cruzaron en tu camino, pero ahora me hablas de tu hermana y lo mucho que desearías poder llevarla a vivir contigo. ¿Cómo es eso posible?

—Amm… Es que…

—No te lo había dicho antes, pero hay ciertos detalles en tus historias que no encajan. No es que dude de lo que me has contado, sólo me parece que has dejado varios espacios en blanco y por eso se siente de esa manera.

—Tienes razón en que he omitido cosas, pero no te he mentido. Todo lo que te he confiado, me sucedió y…

—No he dicho lo contrario. Sé que eres sincero. Lo que digo es que esos espacios en blanco que has dejado, los quiero llenar.

—¿Para qué? Si he omitido ciertas partes es porque no son interesantes o no vale la pena hablar de ellas.

—Me gustaría conocer cada detalle de tu vida.

—Ya sabes todo lo importante.

—No estoy seguro de eso, si no, cuando te hago determinadas preguntas no me responderías que no quieres hablar del tema o que en algún momento me contarás.

—Amm… Mi historial no es el mejor —bajó la cabeza—, y no creo que necesites saber absolutamente todo.

—No voy a juzgar nada de lo que digas —lo tomó de la mano—. Sin importar lo que hayas tenido que hacer para salir adelante o por lo que hayas pasado, no voy a criticarte ni señalarte.

—Te lo agradezco, pero tampoco creas que he hecho cosas malas, simplemente no me gusta hablar de algunas situaciones porque son irrelevantes o porque me duelen.

—Entiendo, y no te voy a forzar —le acarició el dorso con el pulgar—, pero sí me gustaría que me hablaras de lo importante, como tu familia, por ejemplo.

—Mi familia —suspiró con melancolía—. Ese es un tema extenso y complicado.

—Tengo todo el tiempo para escucharte si estás dispuesto a abrir tu corazón.

Abrir su corazón… era la segunda vez que Blaine escuchaba eso en el mismo día. Lenta y sutilmente recorrió con la mirada al hombre sentado a su lado, sin perder ningún detalle.

—¿Por qué siempre sujetas mi mano?

—¿Ah?

—Siempre tomas mi mano de esa forma.

—Tú también lo haces.

—Sí, y sé por qué lo hago, pero quiero conocer tus razones.

—Es una muestra de afecto, de confianza, de protección, de intimidad y conexión.

El chico giró la cabeza hasta encontrarse con los hermosos ojos azules que lo contemplaban expectantes y sinceros. Pero había algo más en ellos, algo que no había visto antes y que hizo que su corazón se acelerara.

—Intimidad y conexión —repitió en un susurro, acercándose hasta que sus piernas rozaron.

—Así es —asintió con una clara agitación—. ¿M-me vas a contar?

—¿Qué cosa?

—Sobre tu familia.

—¿Por qué quieres saber de ellos?

—Las personas que te dieron la vida son importantes para mí.

—¿Por qué?

—Porque te quiero.

—¿Me quieres mucho?

—Más de lo que pueda explicar.

Blaine sonrió y fue aproximándose al punto de que podía sentir la respiración de Kurt y sus labios quedaron a escasos centímetros.

—Yo también te quiero mucho. Tanto que ni siquiera puedes imaginarlo —tras el sutil jadeo de su amigo, acomodó la cabeza sobre el hombro de este y tomó con más fuerza la mano que sujetaba la suya, sumergiéndose en la cálida sensación que lo recorría de pies a cabeza y permaneciendo así por un tiempo indefinido.

Cuando sintió la cabeza de Kurt apoyarse en él, cerró los ojos e inhaló profundamente.

—Quienes me dieron la vida no son las mismas personas que conforman mi familia.

—¿Cómo es eso?

—Desconozco la historia de mis padres biológicos. Ignoro si eran una pareja feliz cuando me concibieron, si tuvieron problemas y se separaron, si fui producto de una única noche de pasión y no volvieron a verse, o qué fue lo que ocurrió. Lo único que sé es que mi madre me amó lo suficiente como para llevarme a un orfanato en lugar de abandonarme en algún rincón de una calle desolada al no poder cuidarme. Tampoco me dejó en la puerta y huyó. Esperó a que la recibieran para entregarme en sus brazos suplicando que se aseguraran de que quienes me adoptaran fueran personas buenas que me dieran el hogar que merecía. Les dijo que mi nombre era Blaine y les pidió que, cuando yo tuviera la edad suficiente, me entregaran una carta que me había escrito, o a la familia que me adoptara para que ellos me la dieran.

Poco después de cumplir tres años, una familia me quiso, entonces la señorita Bosbin me dio la carta y me dijo que la guardara bien. Ella ya me había hablado de esta y solía leérmela. Tal vez te sorprenda por lo pequeño que era, pero sí, recuerdo esos detalles.

La pareja que me llevó era buena conmigo. Supongo que de algún modo las cosas no funcionaron porque después de un tiempo me regresaron al orfanato.

Luego de lo ocurrido, me llevó otra familia, pero al poco tiempo me retiraron de ahí. No recuerdo mi experiencia en esa casa, lo único que tengo presente es que la señorita Bosbin llegó por mí un día y permanecí en el orfanato hasta los cinco años, cuando este cerró por falta de fondos y nos repartieron en diferentes lugares. Ahí llegué a mi primer hogar temporal y conocí a mi primera trabajadora social.

Mi madre me entregó cuando tenía unos meses de nacido, y si nadie se interesó en mí de bebé o cuántas veces me devolvieron, no lo sé, pero siempre me pregunté qué había de malo conmigo para que no durara en ningún lugar, y como no tenía caso quedarme con personas que no me querían o que me trataban mal, un día decidí escaparme, y fue así como empecé a vivir en las calles siendo todavía un niño.

Cuando un trabajador social lograba localizarme, o alguna autoridad me encontraba, me enviaban a servicios infantiles y ahí intentaban reubicarme, pero la misma historia se repetía —exhaló—. Ya ni siquiera recuerdo el número de casas por los que pasé o la cantidad de refugios en los que me quedé cada vez que lograba huir.

El tiempo siguió transcurriendo, y si de niño no lograron conseguirme una familia, siendo adolescente la labor se volvió más difícil… y yo tampoco ayudaba. Mi comportamiento no era el mejor y nadie estaba dispuesto a lidiar con eso. Mi rebeldía no tenía límites porque estaba lleno de dolor y resentimiento por todo el rechazo y las experiencias vividas, pero nadie lo entendía, sólo me veían como un chico problemático… Te aseguro que, si me hubieras conocido unos años atrás, habrías corrido despavorido.

Cuando había perdido toda fe en las personas y en que algo bueno podía sucederme, llegaron los Anderson. Sabía que no tenía caso ilusionarme así que intenté que me llevaran de regreso lo antes posible tal como lo habían hecho todos los demás, pero en lugar de eso me tuvieron paciencia, me escucharon, me comprendieron, me respetaron y me mostraron un amor tan grande que no lograba entenderlo.

Sabía lo que era el cariño y la lealtad, irónicamente lo aprendí en las calles y no de ninguna familia con la que estuve, pero el amor era un concepto diferente, era algo nuevo para mí, y me desarmó por completo. Ellos me enseñaron no sólo el significado de esa palabra sino también todo lo que envolvía, y lo hicieron a través a través de acciones.

Fue la primera vez que el término "hogar" tuvo sentido para mí, porque los hogares de acogida por los que pasé, jamás se sintieron así. Nada más fueron casas en las que estuve porque el gobierno les pagaba a esas personas para tenerme ahí.

También fue la primera vez que la palabra familia significó algo. Era la primera vez que sentía que tenía una familia, que tenía un hogar, que tenía a personas que me amaban y me querían a su lado con todos mis defectos e imperfecciones. De verdad lo hacían, al punto de que me iban a adoptar y yo los consideraba mis padres. Los Anderson han sido las únicas personas a las que he llamado mamá y papá… —exhaló con pesadez— Entonces aparecieron los O'Donnel y me jodieron la vida.

Ese par de maníacos adinerados decidió que iba a adoptarme. No me conocían, no sabían nada de mí, simplemente querían a un muchacho grande, y como el dinero y las influencias a veces pesan más, me retiraron del hogar de mis padres para enviarme con ellos.

Cada día en esa casa fue una pesadilla. La pareja y sus hijos fueron malos conmigo en todo momento. El menor no tanto, salvo cuando se dejaba influenciar por su hermano. En cambio, Angelina era diferente. Ella era adoptada, y aunque se había adaptado al entorno, era buena, dulce, cariñosa, y nos volvimos unidos muy rápido. Gracias a ella pude soportar tantas cosas sin perder la razón, y fue quien me ayudó a escapar de ahí… Lo hubiera dado todo por sacarla de ese lugar, pero no podía arriesgarla, y no sabes cuánto me pesa saber que sigue con ellos.

En verdad no te imaginas la clase de personas que eran y todos los maltratos que sufrí a su lado. Gritos, castigos y golpes se volvieron parte de mi vida. Su nivel de exigencia era fuerte, pero ya había pasado por eso con otras familias, así que no era algo nuevo, mas su obsesión con la religión era desmesurada y peligrosa.

Cometer lo que ellos consideraban un pecado o una falta grave equivalía a los más crueles castigos, incluyendo palizas y el uso de un látigo. Ya me habían dado un par de ellas y fue horrible, pero cuando ese hombre descubrió que yo era gay, casi me mata. Fue entonces cuando aterrado planeé mi huida. Me tomó más tiempo del que hubiera querido y tuve que soportar muchas cosas, pero lo conseguí.

Intenté regresar con mis padres, pero la policía intervino debido a las influencias de los O'Donnel, y como no quería causarles problemas, me fui lejos para empezar de cero.

Volver a las calles no fue fácil, peor en el estado en el que me encontraba, sin embargo, eso era mejor que seguir con esos lunáticos.

La travesía resultó dura, hubo momentos en los que incluso creí que no podría continuar, pero de algún modo lo logré.

La situación se volvió cada vez más complicada. Necesitaba encontrar un refugio para poder quedarme y también un empleo que durara porque nadie me contrataba ya que no tenía documentos. Lo único que había conseguido era esporádico y el poco dinero que cargaba se estaba terminando.

Llegué al punto en el que sólo me quedaban los ahorros de Angelina, los cuales me regaló el día que me fui. No quería usarlos pues tenía el deseo de devolvérselos en algún momento, pero me vi forzado a hacerlo. Estaba preocupado y asustado, no sabía que iba a pasar con mi vida o si las cosas mejorarían.

Aun cuando llevaba un par de días sin comer, no estaba dispuesto a rendirme y me aferré a mi última gota de esperanza. El único billete que me quedaba lo usé para tomar un bus hacia una ciudad lejana y probar suerte ahí… después de todo, ya no me podía ir peor, ¿cierto?

Lo primero que hice al llegar fue preguntar por un refugio ya que debía asegurarme de tener un lugar en donde dormir. Caminé y caminé durante horas siguiendo las indicaciones que me dieron hasta que lo encontré, pero no tenían camas libres, así que me mandaron a otra dirección, aunque me permitieron descansar un poco antes de continuar.

En el segundo refugio me dijeron que regresara en la noche porque a veces alguien no se presentaba a dormir y podían darme su cama, pero no era seguro. Me quedé cerca pues estaba demasiado cansado y débil como para seguir recorriendo la ciudad. Sólo me moví para presentarme en dos lugares en los que solicitaban empleados.

Debido al calor inclemente, el tiempo parecía transcurrir más lento que de costumbre. Me senté a esperar en una banca, pensando en si podría quedarme o no en el refugio y en lo impresionante que es la cantidad de personas que viven en las calles. No sé cuánto pasó, pero los ojos empezaron a cerrárseme. De pronto me di cuenta de que intentaban robarme. Pedí ayuda, pero no había nadie alrededor, y quienes escucharon en los locales aledaños, supongo que me ignoraron para evitar meteré en problemas.

De algún lado salió un chico con un palo enorme en la mano y los ahuyentó. Pero no sólo evitó que me quitaran las pocas cosas de valor que tenía, sino que me ofreció algo de comer y un lugar para pasar la noche ya que el barrio era peligroso. Su departamento era pequeño, para una sola persona en realidad, sin embargo, me acogió… Ninguno de los dos se imaginó que terminaríamos convirtiéndonos en mejores amigos.

Tuvimos varios problemas con el dueño y eso sumado a la inseguridad que había, nos llevó a mudamos a otro sitio. Con el tiempo las cosas fueron mejorando y pudimos cambiarnos al departamento donde estamos ahora, aunque como sabes, hemos tenido altibajos por el asunto financiero, pero siempre nos hemos apoyado para salir adelante.

Y bueno —realizó una respiración profunda—, esa es mi historia en general. Las cosas que viví con las familias con la que estuve o por mi paso en las calles, son aleatorias. Tal vez te pueda hablar de algunas de ellas, pero en otro momento, por ahora ya dije demasiado.

El silencio sepulcral que recibió como respuesta lo hizo cuestionarse muchas cosas. ¿Acaso su amigo se había olvidado de la promesa de no juzgarlo? Porque no era posible que se hubiera quedado dormido escuchándolo, ¿o sí?

Con preocupación deslizó la cabeza y lo miró atentamente.

—¿Kurt? —El mencionado parecía estar perdido en sus pensamientos. Sus ojos estaban rebosantes de lágrimas mientras su rostro lucía pálido y desencajado —¿Kurt? —volvió a llamarlo sacudiéndolo del hombro.

—¿Cómo es posible que una persona tenga que pasar por tanto? Sobre todo, una persona buena como tú.

—Ahh…

—Para mí la vida no era justa porque no podía ir a un concierto o realizar un viaje. Me angustiaba por cosas que creía importantes cuando hay tantas personas pasando penurias en las calles y atravesando por situaciones complicadas y realmente injustas. Ahora me doy cuenta de los banales que eran esas cosas, de lo banal que yo era.

Discutí muchas veces con mi padre por no dejarme ir a una fiesta, quitarme el auto o las tarjetas de crédito como castigo y llegué a pensar que era cruel… ¡Qué estupidez!

Me quejaba porque no era de mi agrado lo que preparaban para el almuerzo o por haber ganado 1 kilo por llenarme de golosinas durante semanas, mientras tanto tú no tenías que comer.

—Nada de eso es tu culpa.

—Aun así, no deja de ser injusto —varias lágrimas rodaron por sus mejillas—. He vivido siempre en un mundo falso.

—No es falso, simplemente son mundos diferentes. Tu realidad es distinta a la mía.

—No debería ser así —exhaló y pasó saliva con dificultad antes de girar la cabeza para mirarlo fijamente a los ojos—. Nunca debiste pasar por toda esa mierda… y lo que aún no me has contado —sacudió angustiado la cabeza.

—Son cosas que no se pueden cambiar y que son difíciles de comprender. Es como lo de las familias que no me quisieron. Nunca entendí qué tengo de malo o…

—No hay nada de malo contigo, no vuelvas a pensar eso. Hubo una razón para que no funcionara con las diferentes familias con las que estuviste, tal vez era que conocieras a los Anderson, no lo sé, pero tú eres extraordinario y mereces lo mejor.

Blaine apretó los labios durante unos segundos ante la revelación que tuvo en ese momento.

—Ahora me doy cuenta de que reacciono mal ante el rechazo debido a todas las experiencias que tuve.

—¿Quién en sus cinco sentidos podría rechazarte luego de conocerte?

—¿Eso crees?

—Estoy totalmente convencido. ¿Quién no te querría en su vida?

—Kurt…

Hummel lo tomó de ambas manos sin dejar de mirarlo a los ojos.

—Sé que no necesitas un héroe en tu vida, ni a un guerrero que te salve o mucho menos a alguien para cuidarte. Me queda claro que eres capaz de eso, que eres el héroe de tu propia historia, sin embargo, quiero hacerlo. Quiero protegerte, quiero cuidar de ti. No porque no puedas, sino porque no quiero que pases por esas situaciones nunca más.

—Ahh… No sé qué decir…

—Permíteme hacerlo. Permíteme estar a tu lado cuando lo necesites. Sé que no tengo los medios por el momento, pero voy a recuperarme y te prometo que…

—No tienes que prometerme nada.

—No son sólo promesas. Voy a demostrarte siempre todo con hechos.

Blaine suspiró y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.

—Gracias —dijo con voz tenue. Sin explicarse el por qué, sintió que su garganta se cerraba y sus ojos comenzaron a arder.

—No llores —suplicó limpiando de su rostro las lágrimas que lo surcaban—. No volverás a estar solo ni a pasar por momentos difíciles. No, si de mí depende.

Pero eso no será todo. Voy a ayudarte para que te reúnas con tus padres sin que ellos tengan problemas de ningún tipo.

—¿Crees que eso sea posible? —la sola idea hizo saltar su corazón.

—Claro que sí. Confía en mí. Conozco a muchas personas, y por primera vez me alegra saber que tengo influencias. También te voy a ayudar con lo de Angelina.

—¿Qué?

—¿Es menor de edad?

—Sí.

—Entonces vamos a sacarla de ese lugar. Te lo prometo.

—Eso sería fantástico —hipó.

—En cuanto a los O'Donnel, van a pagar todo lo que te hicieron.

—No quiero vengarme de ellos.

—No se trata de venganza sino de justicia. No pueden hacer tales barbaries y permanecer impunes. La ley se encargará de ellos.

El menor cerró los ojos por un instante mientras inclinaba la cabeza.

—Me están buscando —susurró.

—¿Qué?

—¿Recuerdas que te dije que me estaban persiguiendo y eso me tenía mal?

—Claro, por eso hicimos este viaje.

—Son ellos. Me están buscando.

Kurt frunció el ceño sintiendo una gran ira invadirlo.

—¿Cómo se atreven esos energúmenos? ¿Qué es lo que quieren ahora? ¿Qué pretenden? Pero no te preocupes, no voy a permitir que se acerquen a ti. No volverán a hacerte daño. Te doy mi palabra.

—Gracias. Gracias por ser bueno conmigo. Gracias por tus intenciones y lo que piensas hacer.

—No tienes que agradecerme. Lo haría todo…

—Por tus amigos, ¿cierto?

—Doy mi ser por las personas a las que quiero, y no hay nada que no haría por ti.

...

El chico de rizos suspiró luego de aquel viaje por el recuerdo y giró frotando sus humedecidos ojos.

—¿Qué pasa? —preguntó una voz a su lado.

—Lo siento, no quise despertarte.

—¿Estás bien?

—Sí, sólo no puedo dormir porque no dejo de pensar en todo.

—Entiendo. Fue un día de muchas emociones.

—Demasiadas.

—¿Estás seguro de que te sientes bien? Puedes decirme —le acarició el rostro.

—Muy seguro.

—¿Estabas llorando?

—No. Fueron unas lágrimas nada más.

—Blaine…

—De verdad, no estaba llorando. Estoy tranquilo. Descansa —posó la cabeza sobre la almohada y cerró los ojos dejándose llevar por un nuevo recuerdo.

...

Una vez que Kurt lo dejó en su habitación, se dio un baño con agua caliente, aunque le hubiera gustado usar la tina, pero estaba muy cansado para esperar a que se llenara.

Mientras se estaba vistiendo, un llanto incontrolable se apoderó de él.

No comprendía lo que le ocurría, su pecho subía y bajaba agitado y sus manos temblaban. Con dificultad tomó el teléfono y marcó el número de la habitación contigua.

¿Ya me extrañas? —preguntó risueña la voz del otro lado.

K-Kurt…

¿Qué ocurre? ¿Qué tienes?

N-no sé. A-algo me… me pasa…

Antes de pudiera explicarle, varios golpes en la puerta ya estaban sonando. Dejó el teléfono a un costado y caminó tan rápido como pudo para abrir.

—Blaine, ¿qué pasó?

El gorro en el cabello y la mascarilla a medio poner en las mejillas del diseñador eran un claro indicio de que había salido corriendo dejando su rutina de lado para acudir en su ayuda, y esto hizo que el chico llorara más.

»Ay, no, Blaine, ¿qué ocurre? —ingresó a toda prisa y lo abrazó fuertemente.

—N-no sé po-por qué estoy a-así —se aferró a él.

—Supongo que hablar de tu vida tocó muchas fibras sensibles que están emergiendo en este momento —le frotó la espalda—. Tranquilo, ya va a pasar.

—¿P-por qué a-ahora?

—A veces pasa. Es normal.

—L-lo siento.

—No lo hagas. Al contrario, qué bueno que me llamaste.

...

—¿Blaine?

Escuchar su nombre lo trajo de regreso al presente.

—¿Sí?

—Podemos hablar si quieres.

—No te preocupes, todo está bien —suspiró—. Gracias por quedarte.

Kurt sonrió y extendió su brazo para que el chico fuera con él.

—Te quiero y jamás te voy a dejar solo.

Blaine devolvió la sonrisa y se acomodó entre los cálidos brazos que no tardaron en envolverlo, y él lo rodeó por la cintura.

—También te quiero.

El castaño le besó la frente y lo apegó un poco más a su cuerpo.

Anderson suspiró y cerró los ojos. Si es así como Kurt trata a sus amigos, definitivamente podía acostumbrarse a ello.