.


CAPÍTULO 42:

"Sin prisa, pero sin pausa"


.

~Hello, my friend! —saludó un Bernard efusivo— ¿Cómo estás?

~Muy bien —musitó Kurt del otro lado de la línea.

~¿Qué tal va el viaje? —quiso saber Trevor.

~Perfecto hasta ahora.

~¿Por qué susurras? —cuestionó el de cabello marrón.

~No puedo hablar más alto. Ni siquiera debería haber contestado.

~¿Por qué?

~No quiero que Blaine se despierte.

~Espera, ¿qué?

~¿Cómo que Blaine?

~¿Por qué está contigo?

~Estoy en su habitación.

~¿Durmieron juntos?

~Sí.

~¡Lo sabía! —exclamó el de tez oscura— ¡Y te lo dije, Bernie!

~Yo también me di cuenta ese día, pero no imaginé que las cosas avanzarían tan rápido.

~¿De qué están hablando? —cuestionó Kurt sin entender nada.

~De tu romance con Blaine —respondió Bernard.

~¿Mi romance? —elevó la voz y miró hacia un lado rápidamente— No tengo idea de a qué se refieren, pero no puedo seguir hablando.

~Kurt…

~Cuando esté en mi habitación les marco.

Dio por terminada la llamada y dejó el teléfono a un costado luego de quitarle el sonido.

¿Su romance con Blaine? ¿Estaban locos? ¿De dónde habían sacado esa idea? A veces ese par tenía demasiada imaginación.

Ellos eran amigos y nada más. Reconocía que cuando estaba a su lado las cosas eran distintas y podía incluso olvidarse del mundo, pero eso se debía a la gran química que tenían, la cual les permitía compartir tantos momentos únicos así como pláticas profundas.

Lo que sentía por Blaine era igual a lo que sentía por Trevor y Bernard. Estaba ese gran cariño, el sentido de lealtad, el compromiso, el apoyo incondicional, el instinto de protección, la calidez que sentía cada vez que se tomaban de la mano, la forma en la que se estremecía cuando estaban tan cerca, como su corazón se aceleraba en ciertas situaciones, lo mucho que le gustaba ver su dulce sonrisa y lo fácil que se perdía en esos hermosos ojos que…

¡Espera un segundo! Todo eso no le pasaba con sus mejores amigos. ¿En qué momento…? ¡Eso no tenía sentido!

Sí, Anderson le parecía atractivo. Lo pensó desde el primer día que lo vio. Hacía falta ser ciego para no darse cuenta, pero lo veía atractivo como a cualquier otro chico que… No… él no era como cualquier otro chico.

El menor se movió en ese instante y se acomodó en su brazo. Kurt observó con atención cada detalle, el tono ligeramente aceitunado de la piel, esas cejas oscuras y pobladas con aquella forma tan singular que no había visto antes, las largas pestañas que parecían acariciarle el rostro, y los labios… esos labios bien marcados y con el grosor perfecto que los hacía armonizar con todos sus rasgos.

De repente su corazón empezó a latir con fuerza, y se aceleró aún más cuando la mano del chico se posó sobre su pecho. Con cuidado la tocó con las yemas de los dedos hasta delinearla en su totalidad y luego colocó su mano encima. El mar de sensaciones que le provocó era grande y difícil de explicar.

¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué se sentía así?

—Buenos días… —susurró Anderson arrastrando las palabras.

—Ho-hola… B-buen día.

—Por un momento creí que había sido un sueño —lo abrazó suspirando.

—¿Qué cosa? —preguntó con mil ideas dando vueltas en su mente.

—Que estés aquí —sonrió.

—No entiendo a qué te refieres. ¿Por qué sería un sueño?

Blaine sintió la tensión en el cuerpo de Kurt, así como en su voz, y abrió los ojos a gran velocidad, aun cuando la claridad le produjo un momento de ceguera que envió una punzada a su cabeza.

—M-me refiero a ese mo-mento que tuve anoche —lo soltó y se movió un poco—. Fue complicado… Gracias por ayudarme.

Kurt notó el cambio drástico en el rostro del menor. Segundos atrás había lucido tan apacible y ahora estaba notoriamente preocupado.

—No hay problema. Cuando me necesites siempre voy a estar aquí. Para eso son… los amigos.

Blaine se empujó hacia atrás hasta quedar del otro lado de la cama. De pronto parecía avergonzado.

—Sí, por supuesto.

Hummel no se explicaba la razón del cambio tan abrupto, hasta que algo volvió a su memoria.

—No tienes por qué alejarte. Recuerda lo que te dije, puedes abrazarme todo lo que quieras. Las muestras de afecto son normales entre amigos.

Amigos repitió mentalmente el de ojos como la miel. En menos de cinco minutos Kurt lo había mencionado dos veces ya, como si quisiera dejarlo claro.

—Amm… Sí… sí… lo sé.

Ambos permanecieron en silencio y el ambiente se tornó incómodo.

—Ah… Tengo que ir a mi habitación… Necesito…

—Sí, e-está bien. Gracias de nuevo.

El decorador se levantó y le dio un último vistazo antes de dirigirse hacia la puerta.

¿Qué acababa de pasar? ¿Por qué de pronto el momento se sintió extraño cuando en la noche todo fluyó con tanta naturalidad?

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

En diferentes habitaciones se sostenían dos conversaciones telefónicas al mismo tiempo y acerca del mismo tema.

~¿Pero ya te sientes mejor? —preguntó Alejandro bastante preocupado.

~Sí, estoy bien. No es la primera vez que me ocurre, pero no es común, y la verdad, me tomó por sorpresa, sobre todo por la forma en la que empecé a temblar sin poderme controlar.

▪●●▪︎

~Me asusté mucho al ver a Blaine así —confesó Kurt a sus mejores amigos—. No sé ni cómo explicarles lo frágil que lucía, y lo único que yo quería era protegerlo, alejar ese dolor, hacerle saber que no estaba solo.

~Vaya… —suspiró Trevor.

~Amm… Eso es… —Bernard exhaló.

~¿Qué? ¿Por qué me miran así?

~¿Te das cuenta de lo que acabas de decir?

~Sí. ¿Qué tiene de raro?

▪●●▪︎

~La forma en la que me abrazó, todas las cosas que me dijo… Debiste verlo. No fue únicamente lo preocupado que estaba por mí sino ese sentimiento tan grande, esa sensación tan fuerte que me transmitió —suspiró—. Cuando se ofreció a acompañarme no imaginé que dormiríamos juntos y mucho menos abrazados.

~¿Ustedes qué? ¿Cómo estuvo eso?

Blaine suspiró nuevamente evocando el momento.

~Me dijo que pasaría la noche conmigo para asegurarse de que estuviera bien y se fue a sentar a una silla.

En ese punto yo aún sollozaba y me acerqué a él. Le dije que no podía quedarse ahí cuando la cama era lo suficientemente grande y lo tomé de la mano. Él me miró, se levantó y con la otra mano secó mis lágrimas, luego me dijo que debíamos descansar y caminó conmigo hacia la cama.

~¿Así de rápido? ¿No le insististe?

~No, no lo hice. Pasó tal y como te lo cuento.

▪●●▪︎

~Ni siquiera lo pensé, sólo me dejé llevar por lo que estaba sintiendo. Quería cuidarlo, hacer que se sintiera seguro, y luego de acostarnos instintivamente me acerqué más a él y lo atraje hacia mí.

~¿Y él qué hizo? —indagó Bernard.

~Me abrazó.

~Eso no es muy de amigos —dijo Trevor.

~¿Perdón? Bernie y yo dormimos abrazados muchas veces cuando me acompañó en ese viaje. Es simplemente el sentido de protección que tengo por las personas a las que quiero. ¿O ahora me vas a decir que sostuve un romance con él durante ese mes? ¿O contigo todas las veces que hicimos lo mismo?

~Claro que no, pero es distinto. Los tres compartimos cama por años y…

~Entonces no veo por qué tienen que hacer tanto alboroto. Me acosté con Blaine del mismo modo que lo he hecho con ustedes.

~¡Ay! Eso sonó comprometedor —dijo Bernard con una risita.

~Sabes bien a lo que me refiero.

~Sí, ya sé, te estoy molestando. Pero con respecto a lo otro, estoy de acuerdo con Trev. Lo que tienes con Blaine no es igual.

~¿Por qué?

~Para empezar, nunca nos has mirado como lo miras a él. Nosotros tampoco te miramos de esa forma. Digo, eres atractivo y estás como quieres, pero…

~¡Bernard! —exclamaron los dos al mismo tiempo.

~¿Qué? No estoy ciego.

~Ya deja de bromear —sentenció Trevor.

~No es broma. Estoy resaltando mi punto. Kurt es atractivo, ambos lo sabemos, pero no lo miramos con ojos de animé porque para nosotros es distinto el cariño y la relación que tenemos. Sin embargo, Blaine es…

~Es mi amigo. Punto.

~¿Por qué te molesta?

~No está molesto —dijo Trevor observándolo— Está confundido, y eso lo asusta.

~¡Oh! ¿Es eso cierto? ¿Kurtie?

~¿Qué?

~Lo que dijo Trev, ¿es así como te sientes?

~No lo sé…

~Es fácil. ¿Blaine te gusta o no?

~Más que gustarle —intervino el psicólogo—, Kurt tiene sentimientos por él.

~¿Estás seguro?

~Cien por ciento. ¿Por qué crees que se fue a vivir con él?

▪●●▪︎

~La manera en la que me abrazó y me apegó a su cuerpo fue tan perfecta. No es que haya intentado algo, en lo absoluto, sólo se aseguraba de hacerme saber que estaba ahí para mí.

~¿Como amigo?

~Como algo más. Lo vi en sus ojos. Primero en el parque y luego cuando estábamos acostados. Te aseguro que nunca me había mirado así… y cuando lo abracé sentí como su corazón se fue acelerando.

En la madrugada notó que yo estaba despierto y estuvo atento a lo que pudiera necesitar. Lo que ocurrió después fue mágico… por eso no puedo explicar que hoy estuviera tan tenso y que se fuera de esa forma.

No es que estuviera esperando una declaración de amor, pero que recalcara dos veces que somos amigos, me pareció extraño, y todo se puso incómodo.

~Supongo que no lo has visto después de eso.

~No, y siendo honesto, me preocupa porque no quiero volver a lo de no saber cómo comportarme frente a él.

~Me parece que, dadas las circunstancias, hoy más que nunca deberían sentarse a hablar para que aclaren las cosas.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Tras una corta conversación con Scott, ya que este se encontraba en el trabajo, Blaine no dejaba de dar vueltas en la habitación imaginando todos los posibles escenarios con Kurt.

Eran las nueve de la mañana y todavía no tenía noticias de él. Pensar que lo estaba evitando, dolía, prefería suponer cualquier otra cosa… o tal vez era mejor ir a buscarlo y salir de dudas. Pero si se comportaba igual de extraño como cuando despertó, ¿qué haría?

Sabía bien lo que le iba a decir y lo que quería preguntarle, sin embargo, el temor a las respuestas lo frenaban. Pero el temor jamás ha llevado a nadie a ninguna parte, ¿verdad? Y él no podía seguir así, debía enfrentarlo y establecer lo que estaba sucediendo entre ellos.

Armándose de valor tomó sus cosas, las guardó en sus bolsillos y se dirigió hacia la puerta, deteniéndose frente a ella para respirar profundamente. Tras varias exhalaciones nerviosas, abrió y su corazón dio un salto.

—¡Kurt!

—Hola… Amm… ¿Cómo te sientes?

—Bien… bien. Gracias por estar pendiente.

El castaño sonrió suavemente.

—Qué bueno. De verdad.

—Gracias otra vez.

—Sabes que estoy para ti siempre.

Blaine asintió con una pequeña sonrisa.

—Mmm… Iba a buscarte.

—Bueno, aquí me tienes.

—Ah… sí… Qué coincidencia…

—Supongo que querías decirme algo.

El corazón de Blaine palpitó con fuerza y sintió un revoloteo en el estómago.

—¿Y tú? Supongo que viniste a lo mismo.

—Quería saber cómo seguías y preguntarte…

—¿Preguntarme qué? —indagó ante el repentino silencio.

—Ah… Emm… Que si ya desayunaste.

—No.

—Había pensado que comiéramos en el área de la piscina, pero cierto individuo está ahí, así que podemos ir a una cafetería que se encuentra cerca del parque donde estuvimos anoche.

Blaine lo miró y suspiró con pesadez.

»¿A qué se debió eso? ¿No quieres ir allá?

—El lugar está bien.

—¿Entonces?

—¿Qué pasó en la mañana? O tal vez deba empezar preguntando ¿qué fue lo de anoche?

—No entiendo a qué te refieres.

—Tu forma de tratarme anoche, cuando me puse mal.

—Estaba muy preocupado por ti e intenté ayudarte lo mejor que pude.

—Sí, eso lo sé. Me refiero a lo que ocurrió cuando estuvimos en la cama.

—¿Te molestó o te incomodó de algún modo? No fue la impresión que tuve, pero tal vez me equivoqué… Aunque si fue así, estoy confundido.

—Fue obvio que no me incomodó de ninguna forma. Lo que quiero saber es por qué lo hiciste.

—Deseaba cuidarte, hacerte saber que no estás solo. Como te dije en el parque, sé que no necesitas un héroe en tu vida, pero me importas, quiero que estés bien… y… —se mordió el labio.

—¿Y?

—Quiero que me veas como un apoyo, alguien en quien confiar, a quien acudir en tus momentos difíciles —se acercó un poco y lo tomó de la mano—. Tal vez suene pretencioso, pero quiero ser tu primera opción.

—Ya lo eres —esta vez él dio un paso al frente para acercarse, y con un movimiento atrevido se inclinó y le susurró al oído—. Eres lo primero en mi vida, y te quiero mucho —al notar la forma en la que Kurt se estremeció, le dio un beso a la altura del pómulo y un segundo beso más abajo. Luego se enderezó y lo miró a los ojos.

Hummel gimió ante el contacto visual y la proximidad.

—Te quiero tanto.

—¿Como amigo?

El de ojos claros pasó saliva con dificultad y exhaló.

—Sabes que más que eso.

—¿Más que eso? ¿Qué? ¿Como mejor amigo? ¿Como amigo muy cercano?

—Blaine… —pronunció casi como una súplica.

La forma en la que Kurt lo miraba respondía su pregunta, pero también evidenciaba lo nervioso que estaba, incluso pudo ver algo de miedo reflejado en sus ojos.

Tuvo el impulso de realizar otra pregunta, pero se frenó al recordar que Alejandro le aconsejó en algún momento que no lo presionara porque su corazón estaba atravesando un proceso complicado.

—Entiendo —le dijo con voz sutil—. A tu ritmo.

—¿Mi ritmo?

Blaine reprimió sus ganas de acercarse más y besarlo. Sólo unos centímetros separaban sus labios. En lugar de eso le sonrió y lo abrazó.

—Yo nunca te lastimaría.

Aquellas palabras por alguna razón atravesaron a Kurt de una forma cálida y calmante. Blaine tenía ese efecto en él. Lentamente fue rodeándolo por la cintura y se derritió en el más fuerte abrazo que pudo dar, suspirando ante el contacto.

Su corazón tamborileó con tal fuerza que rogó que Blaine no lo sintiera, aunque si lo hacía, ¿tendría algo de malo?

Un fragmento de la conversación que sostuvo con sus mejores amigos horas atrás resonó al instante haciéndolo temblar, pero al mismo tiempo sonreír.

Con un nuevo suspiro apoyó la cabeza en el hombro del menor y lo apegó más contra su cuerpo, como buscando fundirse en él.

Cuando se separaron, mantuvieron por un poco más los brazos alrededor del otro sin dejar de mirarse.

—¿Vamos a desayunar? —preguntó Blaine con una sonrisa brillante.

—Seguro —sonrió de la misma forma.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

—Es increíble que la cafetería esté llena a esta hora —suspiró Kurt al notar que no había ningún lugar para sentarse.

—Podemos ir a comer al parque. Está cerca.

—¿No te importaría?

—Mientras tenga algo para comer, el lugar es lo de menos. Esta cafetería es bonita, pero el parque también y es agradable. Además, el clima está perfecto para pasar un rato al aire libre.

—Bien, entonces iremos allá —se formó en la columna—. ¿Qué quieres?

—Voy a revisar.

El de cabellera oscura se dirigió al mostrador y observó los panes, luego volteó a la sección de dulces y galletas. Todo se veía tan apetitoso que se le hizo agua la boca. Estaba seguro de que podría comerse cada uno de ellos, pero su presupuesto no alcanzaría. Empezó a revisar los precios para sacar cuentas y con alegría descubrió que todo era más barato que en donde él vivía, lo cual le permitiría comprar unas piezas extra.

—Blaine…

—¿Ah? —el chico volteó.

—Ya es mi turno.

—No puedo decidir —suspiró—. Pide lo tuyo, ya voy… —volvió a mirar el exhibidor.

Kurt frunció confundido. Creyó que al invitarlo a desayunar había quedado claro que él pagaría.

Saludó a la chica que se encontraba detrás del mostrador y empezó a pedir varias cosas, echándole un vistazo de vez en cuando a Blaine.

—Creo que ahora sí estoy listo —se colocó en la columna y al levantar la cabeza se sorprendió al notar que delante de él había un señor alto realizando un pedido— ¿Kurt?

—Ya tengo todo.

—Ah… bueno… —titubeó porque pensó que su amigo le reservaría el turno— Tengo que esperar para comprar lo mío, pero será rápido.

Hummel se acercó y levantó la mano con la gran bolsa.

—Compré el desayuno para los dos —musitó—. Estoy esperando que me entreguen lo que falta.

—¡Oh!

—Si quieres agregar algo, no hay problema.

—Emm… ¿Cuánto es?

—¿Qué cosa?

—Lo que te debo —metió la mano al bolsillo trasero del pantalón.

—Blaine, te invité a desayunar.

—Pero tú has pagado por todo desde que vinimos.

—Yo te invité a este viaje.

—Sé que tus amigos te ayudaron con eso y quizá no lo necesites, pero me gustaría aportar en algo. No tengo mucho, sin embargo… tal vez podría pagar por el almuerzo o el próximo desayuno.

—Seguro —le sonrió.

"Listo el pedido 57" —anunció el despachador al cabo de unos minutos— "¿Kurt?"

—Te ayudo —dijo Blaine y fue a retirar las cosas.

—¿Estás seguro de que no quieres algo más? Hice el pedido en base a lo que te gusta, pero quizá tienes ganas de algo específico. Aprovechemos que estamos aquí todavía.

—Amm… Sí, tienes razón. Quiero un pan de chocolate relleno de jalea.

—Te compré uno de esos.

—¡Oh! Bueno, entonces voy a pedir la tartaleta con crema dulce.

—También tengo una de esas aquí —señaló la bolsa.

—Ah… ¡Guau! Amm… Necesito algo de sal.

—Pan con queso y aceitunas, pero del redondo porque el baguette no te gusta.

Blaine parpadeó boquiabierto. Kurt había leído su mente o lo conocía mejor de lo que se imaginaba.

»También tengo sánduches calientes para acompañar el chocolate.

—¿Compraste chocolate?

—Sí. No estaba seguro de si querías eso o un café porque te gusta en las mañanas para mantenerte despierto, pero luego caí en cuenta que a esta hora no es que lo necesitas así que pedí el chocolate caliente ya que es tu bebida favorita.

—Con dos cucharadas de canela y un toque de vainilla —dijeron ambos al mismo tiempo.

—Kurt… —exhaló— ¿Cómo recordaste todo eso? Son muchos detalles.

—¿Estás bromeando? Presto atención a todo lo que dices, a lo que pides cuando comemos juntos, a lo que te gusta.

Anderson suspiró lánguidamente.

—No sé qué decir.

—No tienes nada que decir. Ahora vamos al parque a buscar un lugar para comer antes de que se enfríe.

кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε

—Aquí —dijo Blaine señalando un lugar apartado cerca de un árbol.

—Sí, es tranquilo y hay un buen paisaje.

Acomodaron las cosas y Blaine se sentó.

—¿Qué tantas cosas compraste? Esta bolsa es enorme —levantó la cabeza—. ¿Por qué sigues de pie?

—El césped mancha la ropa y este pantalón es muy costoso.

—Aah… Bueno, esto no es césped, es más como monte. No sé exactamente cómo se llama, pero no te va a manchar.

—No estoy seguro, y no quiero arruinar mi ropa.

Blaine se levantó y se puso de espalda.

—Mi pantalón no está manchado, ¿o sí?

Hummel recorrió con la mirada la parte posterior de su amigo, deteniéndose en cierta sección de su anatomía, y un furioso sonrojo le tiñó el rostro.

»¿Kurt?

—N-no, no. T-todo está bien.

—¿Lo ves? No hay nada de qué preocuparse. Siéntate —se acomodó y lo miró.

—Perdón. Ya sé que estoy siendo ridículo.

—No lo eres.

El decorador miró el lugar con cierta aprensión.

»Tengo mi chaqueta en el auto. Ya la traigo.

—¡Oh, no! ¡No vas a poner tu chaqueta en el suelo para que me siente!

—No hay problema.

—Me niego. No voy a dejar que lo hagas.

—Mmm… ¡Tengo una idea! —sacó las cosas de la bolsa y la desarmó, abriéndola como si fuera una manta— ¡Listo!

—Blaine… gracias —dijo conmovido—. No se me hubiera ocurrido —se sentó y suspiró—. Quisiera ser más como tú.

—¿No tener ropa costosa por la cual preocuparte?

—No preocuparme por estupideces.

—Kurt…

—Voy a tratar de relajarme y no pensar en esas tonterías —dijo casi atropellando las palabras por lo avergonzado y molesto consigo mismo que se sentía—. No va a ser fácil, pero voy a tratar y…

Blaine lo tomó de la mano y le ofreció una sonrisa tranquilizadora.

—Lo que te haga sentir cómodo, y lo que no, puedes cambiarlo, pero todo a tu tiempo. No te presiones.

El decorador inhaló acompasado permitiendo que el oxígeno circulara por su cuerpo, luego exhaló relajando los hombros y soltando un poco su postura rígida. Escucharlo decir ese tipo de cosas siempre lo ayudaba a sentirse sereno, más libre y feliz.

Giró su mano con parsimonia hasta que sus palmas quedaron juntas y lo miró a los ojos.

—Gracias —susurró con una sonrisa y fue acomodando sus dedos hasta que quedaron entrelazados.

La forma en la que Blaine suspiró no pasó desapercibida por él, así como el brillo especial que apareció en sus ojos.

Si se lo contara a cualquier persona, tal vez le diría que estaba loco o que eso no era posible, pero podía jurar que una energía fuerte fue creciendo entre sus manos para luego recorrerlo por todas partes.

Esa era una de las mejores sensaciones que había experimentado en su vida y estaba seguro de que nunca se sintió tan conectado a alguien como lo hacía en ese momento.