NOTA: La imagen de portada no es mía.
Capítulo 19
Cuando regresaron a casa los 3 juntos Seina dio gracias por vivir en un lugar apartado del centro y al otro lado de dónde habían visto las invocaciones de Orochimaru. La casa había resistido a la invasión como si no hubiera sucedido nada. Se sentaron en el sofá, respirando hondo. No estaba particularmente exhausta pero sí que notaba el cansancio mental del último mes.
—¿Por qué estabas enfadada con Kakashi-sensei? —le preguntó Naruto de repente.
—¿Qué? Ah, eso. Naruto, todos los otros senseis estaban allí para ver el combate de sus genins. Si hubiera venido una sola hora antes, podría habernos visto luchar —rodó los ojos al darse cuenta de que ni se le había pasado por la cabeza a Naruto, estando ella allí para verle.
—En parte ha sido culpa mía —le contestó Sasuke—. El chidori es una técnica de rayo compleja. En lugar de tener efecto en el ambiente, lo tiene en mi brazo. Ya has visto cómo me ha quedado después de usarlo 3 veces el mismo día. Le pedí antes de venir que tuviéramos un combate de calentamiento para usarlo por primera vez ayer.
No tenía ganas de discutir así que se limitó a contestarle con una especie de gruñido cansado. ¿Y qué si se lo había pedido Sasuke? Kakashi-sensei era grandecito para mirar la hora y darse cuenta de que iba a perderse el combate de 2 de sus genins. Además, el combate de Naruto no había sido precisamente a las 8 de la mañana. ¿En serio no podían haberse despertado un poco antes para tener ese calentamiento? Sinceramente, le parecían meras excusas. Si hubieran sido atacados por el camino o Sasuke se hubiera lesionado lo habría entendido perfectamente pero, ¿un calentamiento? Podría haberse negado.
Otra parte de ella, la que era una vieja metida en el cuerpo de una adolescente, se preguntaba por qué le daba tantas vueltas al asunto. Quizás porque Kakashi-sensei no parecía haberse dado cuenta de porqué estaba enfadada ni les había pedido disculpas a su hermano y a ella. Básicamente, aunque fuera de forma inconsciente, los había despreciado a favor de Sasuke. Tal vez, le dolía tanto porque había decidido confiar en él. Asimismo, Kakashi-sensei le había prometido ganarse su confianza así que cualquier desliz le parecía una montaña en lugar de un grano de arroz.
—Me voy a dar un largo baño. Si no salgo en unas cuantas horas no os preocupéis, no he muerto.
Se levantó y los dejó en el sofá. Preparó su baño con esencias relajantes mientras se duchaba y se quitaba la mugre de esos dos días. Limpia, entró en el agua y casi lloró del alivio. No supo cuánto rato estuvo en el agua, hechizada para que estuviera siempre a la temperatura óptima, relajándose y trabajando en sus barreras mentales.
—Espero que no asciendan al emo antes que a Naruto y a que a ti —le dijo Kurama—. Entonces sí que se nos habrán meado encima.
—¿Por qué lo dices?
—No solamente ha llegado tarde, cosa que debería haberlo descalificado, sino que no ha acabado su combate en la arena. Tampoco ha demostrado mejores cualidades que tú o tu hermano en los exámenes escritos.
De solo pensarlo se enfadó. Sería la ley de Murphy, como siempre, que a Sasuke le ascendieran y a ella no.
—Y en cuanto a Kakashi… ha metido la pata. Por suerte no ha sido nada grave. ¿Qué piensas hacer con él?
—No lo sé. Supongo que dependerá de la próxima vez que nos veamos. Lo único que quiero es que se dé cuenta de su error. Si espera a que yo le diga qué me pasa querrá decir que no es capaz ni de ponerse en mi piel así que confiar en él podría ser un error. Aunque, ¿cómo espero que sepa qué sucede si no se lo digo, si es incapaz de ver por si solo dónde ha fallado?
—Un poco tarde para reconsiderar si puedes confiar en él, ¿no?
—Claro que no. Tengo muchas formas de hacer que no hable sin matarlo o esclavizarlo.
—Y la gente cree que yo soy el más peligroso... —se mofó Kurama—. Hablando de peligro. ¿Viste a ese mocoso pelirrojo transformado en mi hermano? Eso es a lo que me refería. Perder el control debido a mi chakra.
—Por suerte no ha pasado mientras entrenábamos.
—No. Me imagino que tus poderes y tu experiencia te han ayudado. Por suerte, has completado el primer paso del entrenamiento sin problemas.
Seina sintió las barreras mágicas dar paso a otra persona y supo que Kakashi-sensei había vuelto. Cerró los ojos, se despidió de Kurama y empezó a meditar de nuevo para no pensar en nada.
Horas más tarde, bajó en pijama de su habitación. Ni siquiera se había recogido el pelo, como era su costumbre. Estaba tan cansada, y algo harta, que no tenía fuerzas suficientes para seguir su habitual rutina. Cuando llegó al salón-comedor vio que no era la única que se había duchado y cambiado. El único que parecía estar alerta era el jonin. Kakashi-sensei la observó calladamente unos segundos, como si quisiera decir algo, pero sacudió la cabeza.
—Al fin estamos todos aquí.
—¿Qué sucede?
—Nada. Solo quería asegurarme de que estabais bien —le dijo Kakashi-sensei—. Estos últimos días no han sido precisamente fáciles.
—¿Está comprobado que fue Orochimaru? —no le extrañaría que alguien se hiciera pasar por Orochimaru haciéndose pasar por el Kazekage. Esta gente estaba totalmente loca.
—Me temo que sí. No solo mató al tercero, sino también al cuarto Kazekage. Usó a Sunagakure para invadir Konoha.
—¿Y qué pasa ahora con nuestra alianza? —preguntó ella.
—Los consejeros del antiguo Hokage y los jonin a cargo de los distintos departamentos han asumido el mando temporalmente, hasta que se elija al nuevo Hokage. Ellos han decidido renovar la alianza, debido a que Suna estaba siendo liderada por alguien que no era su verdadero líder para llevar a cabo esta invasión, a cambio de ciertas compensaciones.
Así que Gaara y sus hermanos seguramente iban a ser liberados.
—¿Y qué va a pasar ahora con el equipo? —preguntó Sasuke, yendo al quid de la cuestión.
—Todavía están valorando a los candidatos del examen. Seguramente tendremos noticias en un par de días. Si alguno de vosotros es ascendido, empezará a hacer misiones con otros miembros de Konoha, además de con el equipo. Si, por ejemplo, nos faltara un miembro, podría añadirse otro genin de forma temporal hasta el próximo examen. Normalmente, los equipos genin suelen trabajar juntos el resto de sus vidas salvo en algunas misiones puntuales.
Seina creó un par de clones para que hicieran la cena mientras interiorizaba las palabras de Kakashi-sensei. ¿Apenas llevaban 7 meses fuera de la academia y el equipo posiblemente estaba al borde del colapso?
Poco tiempo después, cenaron antes de irse a la cama, o eso pretendía.
—Seina, ¿puedo hablar contigo? ¿A solas? —preguntó su sensei. Luego envió miradas directas a su hermano y a Sasuke, que huyeron de allí.
—¿Qué pasa?
—Estás enfadada —afirmó Kakashi-sensei.
—No es cierto —le dijo finalmente, cuando pensó si lo estaba. Estaba decepcionada.
Kakashi-sensei suspiró. Vio como parecía encogerse levemente sobre sí mismo. Quizás no era la única que podía leer mentes.
—Ya veo.
—¿Cómo te has dado cuenta? —le preguntó ella, cruzándose de brazos.
—Alguien me recordó lo idiota que soy a veces. Lo siento. Debería haber estado ahí para Naruto y para ti.
—¿Y por qué no estuviste?
—He pensado en eso estas últimas 24 horas. Solo puedo decirte que sabía que Sasuke corría un grave peligro ese último mes, y que entrenarlo era vital. Cuando me pidió entrenar una última vez ayer por la mañana no pude negarme.
Asintió. Era justamente lo que había imaginado pero, aun así, solo habrían tenido que acabar ese estúpido calentamiento una hora antes y todo habría cambiado. Por no hablar de que Sasuke no había sido el único que corría peligro. Todavía se acordaba de esa mirada llena de odio en los ojos de Gaara, mientras decidía si escucharla o matarlos a todos en el hospital. De no haber sucedido en el hospital, en la habitación de Lee, quizás no habría intervenido Guy-sensei, cuya presencia acabó por disuadir del todo a Gaara. Quizás, Shikamaru y su hermano estarían muertos si ella no hubiera estado allí en aquel preciso momento para impedirlo con sus poderes, y con sus palabras. Dejó de pensar en ello al notar cómo se le desbocaba el corazón al imaginárselo.
—Buenas noches, Kakashi-sensei.
—¡Espera! Seina… ¿no vas a decir nada?
—¿Qué quieres que diga? No puedo evitar sentirme cómo me siento —se encogió de hombros—. Sé que lo de Sasuke era necesario, me alegro que esté vivo y que le hayas ayudado, pero eso no quita que no era el único a tu cargo. Además, de no ser por Guy-sensei quizás no estaría aquí hablando contigo. Orochimaru no era el único loco infiltrado en la aldea, ¿sabes?
—¿A qué te refieres? —le preguntó con rostro serio.
—Nada importante —rodó los ojos. No sabía por qué, pero su preocupación ahora la irritaba irracionalmente—. Buenas noches.
Al día siguiente, Seina y su equipo tenían el día libre. Los ninjas de mayor rango se estaban encargando de limpiar el final de la invasión mientras que los genins, sin sus senseis disponibles, habían sido ordenados a no interferir ni entrometerse. Básicamente, como no había personal para encargarse de ellos y garantizar su seguridad, Seina no tenía que pintar más paredes de civiles por el momento. Naruto decidió aprovechar el calor que hacía para pasarse el día en la piscina y Sasuke se dejó convencer a los pocos minutos. Seina, no obstante, quería ver cómo había quedado la villa y qué tiendas habían desaparecido.
Caminó durante horas por la aldea, sin prisas, sin ponerse ni siquiera el hechizo que acostumbraba a usar para andar por Konoha. La mayoría de ellos habían visto cómo había peleado así que imaginaba que no iba a ser atacada por ninguno de ellos, a menos que tuvieran el deseo de suicidarse. Tal y como pensó, poca gente la miraba mal. La mayoría incluso parecían entre sorprendidos y culpables, como si se hubieran dado cuenta hacía 2 días que realmente era una niña normal y corriente, y no un demonio sediento de sangre. Algunos incluso parecían admirar sus habilidades, según lo que escuchó con su hechizo espía.
Entró en una librería con la intención de comprar alguna novela para sus ratos libres pero, curiosamente, vio que el libro que dominaba las estanterías era otro libro porno. Icha Icha Violencia, para ser exactos. Ojeó la portada roja y sacudió la cabeza. Cogió un par de libros más de botánica y zoología y se marchó. Estaba ensimismada hojeando una enciclopedia completa de plantas cuando escuchó la voz Iruka-sensei cada vez más cerca.
—No me extraña, Kakashi. Por lo visto ya te lo dijo Kurenai, pero claramente no lo entiendes.
—¿El qué no entiendo? Sé que debería haber estado ahí —suspiró—. Creí que nos daría tiempo a entrenar una vez más pero, cuando me di cuenta, vi que llegábamos tarde. Casi no llegamos ni a su propio combate.
—Tienes un problema con la gestión del tiempo, eso está claro. Sabía que algún día acabaría pasándote factura, por suerte no ha muerto nadie —le dijo Iruka-sensei, con tono irritado y algo resentido—. Respecto a Naruto y Seina… Hay mucho ahí de lo que hablar.
—Tengo tiempo Iruka. No pienso irme hasta saberlo todo.
—Está bien, tú lo has querido. He estado pensándolo durante muchos años y creo que tengo una visión completa de su situación. Para empezar, perdieron a sus padres el mismo día de su nacimiento. No solo eso, fueron convertidos en- ya sabes, el mismo día. Repudiados por todos por algo que había hecho su propio padre. Luego, crecieron en un orfanato donde, al parecer, han intentado asesinarlos un par de veces y, según lo que se le ha escapado a veces a Naruto, era habitual que Seina le diera parte de su comida y robara la comida de otros niños para no quedarse con hambre.
—…¿Qué? —preguntó su maestro en un hilo ahogado de voz. Iruka-sensei lo ignoró.
—Para colmo, las matronas del orfanato les profesaban un claro odio a ambos. Odio que fomentaron en los otros niños hasta tal punto que fue mejor darle un piso y una paga a un par de niños de 5 años que dejarlos en el orfanato. Vivieron solos durante años, Kakashi. Mientras los demás niños no tenían que preocuparse por absolutamente nada, incluido Sasuke hasta la muerte de sus padres, Naruto y Seina se apañaron ellos dos solos para sobrevivir. No tenían a nadie que les hiciera un mísero bento. ¿Quién crees que era la única persona que vitoreaba y felicitaba a Naruto cuando había algún combate en la academia o aprobaba algún examen escrito, y viceversa?
Escuchó como Kakashi-sensei parecía gemir de dolor y culpa al escuchar las palabras punzantes de su profesor de academia, pero al chunin parecían haberle dado cuerda. No paró de hablar a pesar de que Kakashi-sensei parecía claramente hundido, a juzgar por lo que escuchó.
—Cuando los pusieron en tu equipo temí por ellos. Sabía cómo eras y pensé que serías incapaz de tener una relación competente pero, por fortuna, me equivoqué. Creí que actuarías como lo haces siempre, pero vi cuánto habían crecido en tan poco tiempo, y que parecíais un equipo de verdad. De algún modo te ganaste la confianza de Seina Uzumaki quién, junto con Sasuke Uchiha, debió ser la persona más distante y desconfiada, aunque madura, de la academia.
—…Y justo cuando necesitaba demostrar que estoy allí para ellos en un momento decisivo de su carrera ninja, llego tarde con Sasuke a ambos combates. Sasuke, a quien me he dedicado a entrenar a solas durante un mes, dejando de lado a Naruto y a Seina.
—Exacto. Creo que algunos podrían pensar que existe favoritismo en tu equipo. Después de todo, los otros jonin sensei estuvieron allí para ver todos los combates, y tú no te presentaste a ninguno salvo al del genin al que habías entrenado personalmente.
Sacó unas gafas conjuradas de su riñonera y aplicó el hechizo para ver de lejos y a través de la materia. Vio como Kakashi-sensei, a pesar de tener el rostro prácticamente todo cubierto, estaba pálido y parecía que lo habían apuñalado. Hincó los codos en la mesa, tapándose la cara al darse cuenta de porqué Seina estaba tan decepcionada y herida. Se guardó las gafas y se fue.
—…Bueno. Al menos ahora ya te entiende.
—Lo cierto es que me alegro de que le haya preguntado a Iruka-sensei. Ahora me siento mejor.
—Su dolor te reconforta. Mmm… —dijo Kurama, percibiendo sus sentimientos—. Supongo que así te aseguras de que se lo pensará dos veces antes de volverlo a hacer.
—Quiero buscar a Tenzou-sensei. Me gustaría seguir con nuestro entrenamiento.
—Dudo mucho que te dejen quitar el sello dentro de la aldea. Menos ahora, cuando todo el mundo está en estado de alerta y durmiendo con un ojo abierto.
Seina suspiró al darse cuenta de que tenía razón. Al final, como no tenía nada más que hacer en la aldea, se fue para casa. Cuando llegó, Naruto y Sasuke ya no estaban en la piscina sino practicando genjutsu con el sharingan de Sasuke.
—¿Ya has vuelto? —le preguntó Sasuke, desactivando su dojutsu—. ¿Cómo estaba la aldea?
—Llena de gente yendo para aquí y para allá, intentando volver a la normalidad. Mucha gente estaba reconstruyendo algunas casas semi derrumbadas.
—En realidad… ahora que lo pienso, no fue una verdadera invasión —pensó Naruto en voz alta.
—¿Por qué lo dices?
—Creo que confundes destrucción con invasión —cortó ella, sabiendo qué iba a decir sin tan sin quiera usar su vínculo—. Cuando invades algo es para quedártelo. ¿Para qué quieres una aldea destruida?
Naruto cerró la boca de golpe. Sasuke le dio una colleja mientras rodaba los ojos. El resto del día pasó sin más. Kakashi-sensei no cenó con ellos, pero sí que durmió en su cuarto. Seina miró al techo. Quizás había sido demasiado dura con todo, a pesar de saber que Kakashi-sensei también había estado solo y que tenía sus propios traumas. A lo mejor era su psicóloga interior la que la empujó a no evitar sus sentimientos y a hacer que el jonin no pudiera enterrar la cabeza en la arena como un avestruz, forzándolo a enfrentarse a la realidad. Aunque, quizás, Kakashi-sensei se habría dado cuenta de lo que pasaba realmente si le hubiera explicado qué estaba pasando con pelos y señales…
Ese era un gran problema de los ninjas en este mundo. Tenían trabajos muy duros para la psique pero, a la vez, parecían no tener a un psicólogo con quien hablar de sus sentimientos o problemas. La mayoría presentaban comportamientos… digamos excéntricos que, estaba segura, eran fruto de traumas relacionados con sus carreras. Por poner un ejemplo, el mismo Kakashi-sensei había admitido leer o pretender leer porno en público para crear un distanciamiento con la sociedad. Prefería que le vieran con malos ojos antes que relacionarse con la gente para evitar tener que sentir algo fuera de lo que él consideraba normal y para tener una excusa cada vez que se cansaba de interactuar con la gente.
Por lo que sabía, el único departamento que se parecía más a una consulta de psicólogo era el departamento de evaluación psíquica y sus funciones no eran servir de psicólogo sino evaluar si el ninja podía volver a las misiones activas después de alguna misión fallida traumática, en la que el ninja hubiera sido torturado y/o hubiera presenciado tortura de sus compañeros. Era por eso que no podía dejar pasar por alto lo que pasó. Prefería forzarlo ahora, cuando era un asunto menor, que tener que hacerlo cuando la situación fuera extrema. Aun así, también era fallo suyo no decirle porque estaba enfadada porque estaba claro que Kakashi-sensei no iba a averiguarlo por sí solo si no lo había comprendido antes, para empezar.
Justo cuando se estaba durmiendo, sintiendo sus párpados pesados cerrarse poco a poco, un pequeño toque en la puerta la despertó de golpe. Por los hechizos de la puerta, supo que era Kakashi-sensei, para su sorpresa. Abrió la puerta antes de que pudiera irse y contempló a su maestro. Vestía el pijama, como ella, si es que a unos pantalones finos de chándal y una camiseta de manga corta, ambas prendas negras, podían considerarse pijama. Como era de esperar, también llevaba la máscara facial, pero nada más.
—¿Podemos hablar?
Se hizo a un lado, invitándole a pasar, y luego cerró la puerta. Se sentó en la cama y Kakashi-sensei se sentó en los cojines encima del baúl a los pies de la cama. Durante unos minutos se quedaron en silencio hasta que, al final, el jonin alzó la cabeza.
—He estado pensando en toda esta situación. Después de nuestra última charla era obvio que me estaba perdiendo algo así que tuve que… pedir ayuda. Tuve una conversación con Iruka que me abrió los ojos —dijo Kakashi-sensei—. Os he fallado como jonin-sensei a tu hermano y a ti, pero sobre todo a ti. Te aseguraré que me ganaría tu confianza, pero ya he metido la pata. Lo único que puedo decirte es que lo siento de veras.
—Meter la pata es normal —le aseguró ella, con calma— y también lo es pedir ayuda. Solo quería que comprendieras porqué me sentía así. Supongo que también es culpa mía haberme enfadado sin decirte porqué estaba enfadada. Simplemente me parecía algo tan lógico que…
—Que creías que no era necesario que me lo detallaras —asintió con un suspiro el jonin, pasando una mano por su cabello rebelde—… Lo cierto es que… siempre he tenido problemas para conectar emocionalmente con los demás. Cuando era un niño me gradué muy pronto de la academia y eso me separó de los otros niños de mi edad durante un tiempo. Era un genin, pero a la vez no sentía que perteneciera con los genins, ni tampoco con los niños de academia que todavía estaban aprendiendo cosas que yo aprendí hacía años. Hasta que llegó tu padre y me convertí en su aprendiz. Con él fue con la única persona, además de con mi padre quién tuvo una infancia parecida a la mía, con quien me sentí comprendido, pero luego…
—…¿Luego? —le preguntó suavemente, viendo su rostro triste mirando a la nada.
—Luego mi padre se suicidó. Le salvó la vida a un compañero de equipo en lugar de completar una misión. Esa misión fallida fue la que desencadenó la tercera guerra. En la aldea la mayoría lo repudiaron por ello. Durante un tiempo incluso yo creí los insultos de los aldeanos y pensé que mi padre era escoria por haber fallado. Sin nadie que lo apoyara, acabo suicidándose. Lo encontré yo. Su muerte me cambió, para mal, de hecho. Pensé que si mi padre hubiera seguido el protocolo a raja tabla él habría cumplido la misión, la guerra no se habría desencadenado y la aldea no le habría repudiado así que tampoco se habría suicidado, dejándome solo. Si me hubieras conocido en esa época, no me habrías soportado.
Escuchó como reía algo amargamente al recordarse a sí mismo. Seina no pudo soportarlo más y le cogió la mano. Kakashi-sensei no la rechazó. Le apretó la mano y se tomó unos segundos para recuperar el aliento.
—Después de eso, llegaron Rin y Obito, mis compañeros de equipo. Obito era el peor de la clase y un payaso. Siempre llegaba tarde a todos lados y estaba visiblemente enamorado de Rin. Rin era una buena kunoichi, interesada en la medicina pero, desafortunadamente para Obito, no lo veía de esa forma.
—Déjame adivinar, ¿estaba más interesada en ti? —preguntó ella, suprimiendo una risa.
—Sí, a pesar de que yo en aquel entonces no le hice el menor caso. Estaba obsesionado con el código ninja así que salir con alguien no entraba en mis planes, y mucho menos con mi compañera de equipo. Hubiera sido una debilidad flagrante. Más aun siendo ninjas poco experimentados en mitad de la guerra. Además, tampoco veía a Rin de esa forma.
—Imagino que eso a Obito le debió de sentar fatal.
Kakashi-sensei sonrió tras su máscara, dándole la razón silenciosamente.
—Él y yo éramos como el día y la noche. Yo era puntual, el mejor de mi promoción, el interés romántico de Rin, frío, distante, arrogante… Obito, sin embargo, llegaba tarde, era el peor ninja de su promoción, solo un amigo para Rin, pero también era cercano, amable y humilde a pesar de ser un Uchiha.
—¿Era pariente de Sasuke?
—Sí, pero incluso en su clan no era bien visto. Los Uchiha siempre han sido todo lo contrario a lo que él representaba y, peor aún, Obito no activó el sharingan antes de convertirse en chunin. Básicamente, para algunos era una total decepción —Kakashi-sensei suspiró y se hizo un silencio mientras recordaba las memorias del pasado—. Cuando me convertí en jonin, Minato-sensei me dejó a cargo de mi equipo para realizar una tarea clave para Konoha en la guerra. En esa misión perdí mi ojo izquierdo y secuestraron a Rin. Yo pensaba realizar primero la misión y luego rescatar a Rin, pero Obito me convenció de lo contrario. Me dijo que aquellos que abandonan una misión son escoria, pero que los que abandonan a sus compañeros son peor que escoria… Tenía razón.
Rescatamos a Rin, pero no fue fácil. En esa lucha Obito me salvó la vida, empujándome fuera del alcance de un jutsu de roca, pero quedando él medio sepultado bajo ésta. Ni Rin ni yo pudimos salvarlo. Antes de morir, Obito me entregó su ojo con el sharingan que, por fin, había activado. Poco tiempo después, Rin volvió a ser secuestrada. Kirigakure pretendía usarla para destruir Konoha, sellándole un bijuu y liberándolo una vez llegara a la aldea. Rin lo supo y me pidió que la matara, pero me negué. En la confrontación con Kirigakure usé el chidori para asesinar a uno de sus anbu, pero Rin saltó delante de mí. Cuando ganamos la guerra no supe qué hacer con mi vida y me uní a anbu, donde estuve largo tiempo, incapaz de enfrentarme a la realidad.
Ella no pudo evitar un sonido de sorpresa al darse cuenta de que Kakashi-sensei, sin quererlo, había matado a su compañera de equipo meses después de perder a su otro compañero de forma violenta. Poco a poco iba completando el puzle que representaba a su maestro. Un niño prodigio que se sentía diferente y era tratado de forma distinta a los otros niños, uno que no encajaba realmente en ningún sitio. Un maestro capaz de entenderle que, finalmente, acabó muriendo protegiendo a la misma aldea que repudió a su padre, llevándolo al suicidio. Un equipo que había muerto como efectos colaterales de una guerra que muchos atribuían a su padre solo por ser buena persona. Por no hablar de la desconexión y el peligro que debió sufrir siendo anbu.
—Intentabas morir —le dijo finalmente y Kakashi-sensei se quedó quieto. Finalmente, asintió despacio—. ¿Cómo pudo hacerte eso Rin? ¿Por qué obligarte a matarla, sabiendo lo que eso supondría para ti? Podría haberse cortado el cuello ella misma. Podría haber saltado en mitad de otra pelea para que otro la ejecutara.
Se sintió llena de ira ante la cobardía y poca empatía de la compañera de equipo de Kakashi-sensei.
—…
—Nunca lo habías pensado, ¿verdad? Seguro que todo este tiempo, en mayor o menor medida, has estado culpándote de su muerte porque fue tu jutsu quien la mató. Y anbu… anbu fue la mejor opción de intento de suicidio de tu parte: alta probabilidad de morir luchando por tu país. Oh, Kakashi-sensei… la gente es tan idiota… ¿Cómo pueden creerse esos rumores de ti?
—A veces soy incapaz de seguir tus razonamientos —le confesó el jonin—. ¿A qué te refieres?
—La mayoría solo ve tu libro y que llegas tarde, saben que eres un buen ninja, pero no miran más allá, pero fíjate. La gente condujo a tu padre al suicidio y, sin embargo, no estás resentido con ellos, a pesar de que lo entendería. Sobreviviste a la muerte traumática de Obito, de quien al final te hiciste amigo y al que recuerdas cada vez que piensas en tu ojo izquierdo, y a la muerte de Rin, quien en lugar de tener valor de suicidarte por la aldea de otra forma, prefirió usarte para morir sentimentalmente, aunque eso supusiera destruirte emocionalmente después de todo lo que habías sufrido hasta ese entonces.
Aun así, a pesar de que fue Kirigakure el instigador de todo esto y lo sabes, no mostraste odio hacia Zabuza, quien fue ninja de Kirigakure. Te uniste a anbu, en lugar de suicidarte como tu padre, porque eres más fuerte que él. A pesar de que tu conducta suicida te llevó a aceptar ser un anbu, tu deseo de proteger la aldea fue suficiente para dar lo mejor de ti en cada misión. Estoy segura de que pensaste que solo morirías si tenías que hacerlo, y ni un segundo antes. Contabas con que la elevada peligrosidad de las misiones fuera suficiente para matarte, para sacrificarte, por este país, porque sabías que no ibas a perder la vida con tus propias manos.
Y tú actitud. Llegar tarde, el libro, tus bromas excéntricas… todo eso son formas de distanciarte y protegerte de la gente pero, a la vez, son recuerdos de Obito, ¿no es así? El ninja que llegaba siempre tarde, al que todos miraban con desprecio y creían que era un rarito porque no era el típico Uchiha. El chico que dio la vida por ti, el que te aceptó cuando nadie, salvo nuestros padres, lo había hecho.
—…
Kakashi-sensei parecía incapaz de decir nada ante sus palabras. Estaba quieto, como petrificado, mirándola con su único ojo agrandado de la sorpresa. Entonces, le vino en mente otro pensamiento.
—¿Pediste tú al Hokage que nos pusieran a Naruto y a mí en tu equipo?
—…No exactamente. Le comuniqué que no podía ser el jonin-sensei de un equipo con uno de vosotros, sabiendo que el otro hermano estaba a cargo de otro jonin.
—Me lo imaginaba. No solamente puedes entrenar a Sasuke, un Uchiha, debido a tus conocimientos del sharingan sino también tener en el mismo equipo a ambos hijos de tu antiguo sensei. Fue una buena manipulación del Hokage para que, por fin, aceptaras a un equipo de genin. Seguramente porque quería distanciarte de anbu. Se la jugó bastante. Nuestra presencia podría haberte hecho distanciarte, dejándonos de lado, o podría haber sucedido todo lo contrario.
—¿Y crees que lo consiguió?
—¿Qué si lo consiguió? —rio ella—. Pues claro que sí. ¿No has visto nuestro desempeño como genin en estos últimos 7-8 meses? Somos los mejores en comparación con los otros equipos. No solo eso, has sido capaz de exponerte a nosotros, tratándonos como si fuéramos una familia.
—Hasta que-
—Eso fue solo un pequeño error—le cortó ella—. Kakashi-sensei, te perdono, y siento haber sido tan dura contigo.
—No tienes porqué disculparte. Lo necesitaba.
—Entonces estamos en paz.
—Seina… ¿de verdad crees todo lo que has dicho sobre mí?
—¿Sobre qué eres más fuerte que tu padre? ¿Sobre qué la gente es idiota y no conoce tu valía de verdad? ¿Sobre qué no fue culpa tuya la muerte de Obito ni de Rin? Sí, Kakashi-sensei. Ya te lo dije una vez: me alegro de que seas nuestro jonin-sensei. Algo pude deducir de nuestro trabajo como equipo pero, ahora que sé todo esto, sé que todo lo que he dicho es verdad. Sinceramente, estoy sorprendida de que, a pesar de todo, no te hayas rendido y no seas un psicópata como lo son algunos. Eres una buena persona. Te admiro.
El rostro de Kakashi-sensei era un poema encriptado. Antes de que pudiera empezar a descifrarlo, se encontró entre los brazos del jonin. No lo escuchó llorar ni se sacudió contra ella, pero juraría que notó una tímida lágrima caer sobre su cabeza. Cerró los ojos al darse cuenta de que lo había echado de menos a pesar de no haberse ignorado ni distanciado físicamente. Era como si todo volviera a la normalidad. Sin embargo, este abrazo era mucho más cercano que el anterior. Ahora ya no tenía un chaleco contra su rostro sino una fina camiseta de algodón cubriendo su pecho, y las manos ya no estaban protegidas por guantes sino desnudas.
No supo cuánto tiempo estuvo apretada contra su pecho pero, esta vez, hizo lo posible por no dormirse y perderse ni un solo segundo. Una mano le acarició el cabello y tuvo que ahogar un suspiro de placer, sintiendo la otra mano abierta en su espalda. Sin poderlo evitar, le rodeó ella también con sus brazos, enterrando totalmente su rostro en su pecho.
—Debería dejarte dormir —murmuró, pero no la dejó ir.
Seina lo sabía. Sabía que no podía hacer más que dejar que se marchara porque, aunque mentalmente y emocionalmente era una persona adulta, físicamente no lo era. Después de todas las charlas que había tenido con su maestro, era obvio que Kakashi-sensei estaba al corriente de eso. Así pues, como no tenía ganas de echarlo todo a perder, se separó poco a poco y él la dejó ir. Incluso antes de que pudiera decir nada más, Kakashi-sensei le dio las buenas noches y se marchó, como si quedarse un segundo más fuera suficiente para hacerlo cambiar de opinión. Se durmió con una sonrisa en los labios.
