Holaaa, hemos vuelto, por ahora jaja

No sabía cuánto tiempo había pasado, creo que ha sido demasiado, pero siempre regreso.

Me gusta mucho venir a publicarles, saber de ustedes si es que siguen aquí. No tengo una excusa para la tardanza, supongo que la vida a veces se torna complicada, me sorprende estar por acá en este momento, la verdad, pero quizá también yo necesitaba volver.

No me quiero demorar demasiado en esto, nos vemos en otro momento con lo que sigue. Chao.


El olor a wafles recién hechos la despertó. Por un momento se sintió dentro de un recuerdo en una casa en las afueras de la ciudad donde el frío se convertía en nieve con demasiada facilidad mientras una chica pelirroja de pecas diseminadas por los hombros le hablaba de cómo mezclar los ingredientes para su desayuno.

Sus ojos consiguieron adaptarse a la luz a duras penas; tuvo que esperar un rato hasta que sus músculos decidieron obedecer sus órdenes. El colchón crujió bajo su peso cuando ladeo el cuerpo a la orilla de la cama donde se quedó sentada observando el panorama. Por la ventana podía ver que se encontraba en un edificio, pero ella no recordaba vivir en uno.

Sentía la boca seca y pastosa, le dolía la cabeza con fuerza por lo que entorno los ojos un segundo, casi cerrándolos por completo ante el impacto del dolor combinado con la sorpresa. Poco a poco iban regresando a su memoria fragmentos de conversación de la noche anterior seguida por su evidente falta de práctica con el alcohol para terminar en el momento en que una persona con la que tenía varios años de no hablar terminó dándole asilo en su casa, eso sin contar el numerito del vomito y verse arrastrada hasta el coche.

Se pasó la mano por el rostro. Podía desaparecer en ese mismo instante y no echaría en falta a la Elsa que decidió aceptar ayuda en un momento tan vergonzoso.

Intentó encontrar un punto de enfoque en la habitación. Entre lo impersonal del lugar —probablemente una renta temporal por la visita— y su escasa capacidad de concentración le faltó sólo un impulso extra para dejarse caer en la cama de nuevo sin importarle el lugar, la ropa sucia del día anterior o la persona a quien estaba importunando.

No lo hizo porque su estómago rugió en protesta, después de todo fueron los wafles los que la levantaron de su siesta. Los wafles y los recuerdos.

Fuera de la habitación comprobó que era un lugar de paso. Los muebles eran elegantes, discretos, para nada el estilo que hubiera elegido su anfitriona de tener la oportunidad, a menos de que el tiempo cambiara su opinión o sus gustos. Se sintió tonta de pronto, no podía esperar conocerla incluso ahora.

—¿Cómo te sientes?

La pelirroja había aparecido por la puerta de la cocina con el cabello un tanto revuelto y una camisa enorme a modo de pijama. Sonrió, ese sí era más su estilo.

—Podría morir sólo para asegurarme de sentir algo.

Ella le dio la razón. Se veía que podría intentarlo.

—Comamos algo y enseguida te sentirás mejor —sugirió.

Elsa aceptó porque no soportaba más un segundo de pie a mitad de la sala, quería sentarse y disfrutar de otro descanso pues seguía cansada. ¿Sería así para todos o era ella quien tenía una capacidad mínima para soportar el estado etílico?

Un dolorcito punzante en el costado de la frente no la dejaba concentrarse. Apoyó la mejilla en la palma de la mano sin prestar atención al movimiento de la chica porque verla de un lado a otro le provocaba nuevos mareos. Su vista se quedó quieta sobre la mesa hasta que un plato fue deslizado en su lugar; la miró con una sonrisa de agradecimiento y esperó tenerla sentada para probar bocado, aunque ella no tenía más que una taza de café en las manos.

—¿Es tu casa?

—Mientras me quede en esta ciudad, sí, lo es.

Devoró cada pizca de alimento y le concedió que, al menos después de tanto tiempo, su comida seguía siendo de las mejores, es decir, usaba las mismas recetas que el resto porque cualquier cosa que quisiera solía buscarlo en internet hasta aprenderlo por su cuenta, pero el sabor cambiaba mucho si ella lo preparaba.

Aunque le enseñó nunca llegó a ese nivel, no era tan buena y si Anna probara su comida quizá opinaría lo mismo.

Le dio un sorbo a su bebida que no le gustó, su mueca hizo reír a la joven, pero le indicó que lo tomara de todos modos, así que obedeció.

—Te hará sentir mejor —le dijo.

—Eso espero, así valdría la pena el sabor tan desagradable que tiene.

—No seas exagerada, tampoco es peor que lo que tomaste ayer.

Elsa sintió que le ardían las mejillas, no quería recordar la noche anterior, pero por lo visto ella no pensaba olvidarlo así nada más. ¿Qué tan difícil sería cargar con ella en un estado de semi consciencia hasta ese piso? ¿Y no tenía un recuerdo de haberse caído durante el trayecto? Le agradecía no haberle cambiado la ropa o meterla a la ducha, eso resultaría con el doble de su bochorno.

—Lo lamento, no era mi intención que me vieras así. No era mi intención que ningún ser vivo en el mundo me viera así.

Ella le restó importancia mientras se servía una segunda taza de café.

—He visto escenarios peores, me alegra haber estado ahí para auxiliarte.

—¿Por qué estabas ahí?

Sentía verdadera curiosidad por su vida de adulta. Físicamente se parecía a aquella muchacha que conoció, a pesar de los centímetros crecidos.

—Me invitó un amigo del local a donde fui a tocar y me pareció buena idea para conocer gente, no hubiera imaginado que en lugar de conocer nuevas personas me iba a traer de regreso a otras.

—Lo siento.

No podía dejar de juguetear con los dedos de la mano cuando palabras como esas la ponían nerviosa.

—¿Por qué te disculpas?

—No lo sé —mintió.

Se quedaron en silencio sin saber muy bien qué decirse, tal vez esperaba que intentara explicarse o que hiciera alusión a su pasado, pero ni siquiera pensó en intentarlo porque no sabía cómo abordar el tema. No se extrañó, siempre fue mala para comunicarse, lo cual era una de las razones por las que todo terminó así de tenso e incómodo entre ambas.

—Tengo que llamar a Emil, debe estar preocupado.

—Ayer llamó cuando dormías, le aseguré que estabas bien, pero adelante, seguro que está ansioso por saber cómo estás.

Todavía llevaba su celular en el bolsillo del pantalón. Se alejó lo suficiente de la mesa para hacer su llamada, aunque la chica no parecía interesada en escuchar su conversación, salió de la cocina dejándola sola.

Se frotó el puente de la nariz con los dedos. Sus síntomas de resaca habían bajado, pero ahora se la comía viva la vergüenza; que mal momento para aparecer, aunque le agradecía su ayuda, pero ni en sus años de amistad llegó a verla de ese modo.

¿Cuánto había tomado? ¿Dos cervezas? Se sintió ridícula.

Ella tenía razón, Emil quería saber cómo estaba. Le aseguró que iría por ella de inmediato y su voz sonaba con la misma energía de siempre, como si no hubiera tomado una gota de alcohol el día anterior, pero sabía que eso no era del todo cierto. Su hermano, a diferencia suya, soportaba mejor.

No era su culpa si lo único que intentaba era excusarse para no hablar con la muchacha que ahora regresaba con el cabello húmedo y la ropa limpia, lo que le granjeo otro pinchazo de vergüenza al saberse con la ropa del día anterior, con el olor a siesta en el cuerpo y el cabello revuelto por las sábanas.

Intentó sonreír mientras la observaba sentarse otra vez. En sus recuerdos aparecía más joven, con la sonrisa permanente dirigida hacia ella, ahora su mirada era un poco más seria, sus ojos no les seguían el gesto a sus labios, pero tampoco se atrevería a decir que estaba molesta, lo cual resultaba un alivio.

—Puedes sentarte mientras esperas, si quieres.

—Si no te importa, preferiría un baño. ¿Crees que pueda…?

—Adelante, es la primera puerta por el corredor a la derecha. Te llevaré ropa en un segundo.

—Claro, gracias.

No le costó ubicarse, había visto la puerta al salir de la habitación. Era igual al resto de la casa, sin objetos personales a la vista, incluso la toalla colgada de una barreta parecía más propiedad del hotel que suya y se preguntó cuántas cosas habría traído con ella a su viaje si todo parecía tan vacío, ni siquiera se encontró con su guitarra, la cual solía ser su objeto más preciado.

Quizá las cosas cambiaron más de lo que pensó, aunque igual la tomó por sorpresa. Era como si el tiempo no hubiera pasado entre ambas, pero existían tantos huecos en la persona que solía conocer que no tenía idea qué tanto podía hablar o cómo actuar en su presencia, si tal vez la persona que era sería suficiente para agradarle.

¿Servía de algo pensarlo en realidad? Si era un viaje de trabajo se terminaría en poco tiempo y no necesitaría volver a verla, su disculpa pendiente quedaría en segundo plano, a ella no le importaría no escuchar algo en lo que ni siquiera se había molestado en pensar los últimos años.

Mientras se quitaba la ropa en su baño se dio cuenta que quizá debió pensarlo más, por las dos. Irse sin motivos no fueron las cosas que aprendió en terapia, sin embargo, esa chica ahí fuera era de una época posterior, no tuvo oportunidad de conocer a su versión más sana.

Una vocecita en su cabeza le recordó que no la buscó cuando todo comenzó a ir mejor, sencillamente la olvidó. Sintió arder el rostro, sonaba tan mal cuando lo veía de esa forma que ni siquiera merecía sus atenciones o su ayuda; estaba en deuda con ella de tantas formas, no sabía si algún día podría terminar con esa situación tan desaventajada.

Salió de ahí con la cabeza pesada, durmió durante todo el camino de regreso a casa mientras escuchaba a medias las canciones del taxi que Emil no dejaba de tararear. El aire en la ventana le secó el cabello incluso antes de llegar.

—¿Necesitas algo?

—Dormir de aquí hasta que muera.

—Te puedo dar una hora.

Seguía recargado en el quicio de la puerta con una sonrisa divertida en el rostro. Lo perdió de vista al hundirse en la almohada, el dolor se sentía atenuado en comparación a hace unas horas, sin embargo, el cansancio seguía ahí. Escuchó la puerta al cerrarse y se giró para quedar mirando el techo donde los colores se volvían más oscuros en algunos espacios como si hubiese sido pintado por partes.

Pensó en Mérida, en los recuerdos que ella traía a su mente y cómo necesitaba ignorarlos.

Sopló sobre sus manos con la esperanza de entrar en calor porque el viento no le daba tregua al azotar sus ropas de esa forma y colarse por los huecos dejándola tiritar en medio de la calle sin piedad. Le gustaría estar en su casa en ese momento, pero prefería no retrasar más la situación, debía dejarle claro a su ex novio que nunca volvería a estar con él, ya no lo quería, era inútil intentar algo que estaba destinado al fracaso.

Lo citó en una cafetería cerca de donde se encontraba el campo donde solía entrenar con sus compañeras de equipo. Tenía miedo de encontrarlas, pero le parecía el lugar más seguro para entablar esta conversación con Hans, a donde podía correr y ocultarse si las cosas se salían de control porque, debía admitirlo, hace mucho no confiaba en él.

Lo vio llegar todavía con unos minutos de antelación con la intención de quedar como el chico bueno. Traía flores en una mano, la sonrisa angelical y la chaqueta que usó en su primera cita, porque sí, era capaz de recordarlo. Él sólo lo hacía cuando le favorecía.

—Hola, cariño. Te traje flores.

Las observó un rato antes de tomarlas, parecían falsas, cuando se trataba de él todo parecía montado sobre una obra de teatro donde desconocía el libreto. Le indicó que entraran al lugar donde pidieron algo caliente para beber y se quedaron en silencio desviando la mirada sin atreverse a ver sus ojos.

Hans fue el primero en aceptar mirarla, lo hizo con devoción, sonreía con la mano apoyada en la mejilla. Su faceta de enamorado resultaba creíble, aunque ya no para ella.

—Hans…

La mesera los interrumpió con sus tazas humeantes que dejó sobre la mesa.

—Me alegra que quisieras hablar, estuve esperando tu llamada.

—Ajá, creo que está de más seguir prolongando esto.

—¿Puedo preguntar algo?

Anna asintió, no podía mirarlo a los ojos, en su lugar se dedicaba a girar lentamente una cuchara dentro de su taza para intentar enfriar un poco el chocolate.

—¿Desde cuándo eres amiga de Elsa?

Se quemó la boca al intentar excusarse en contestar. No era de lo que necesitaban hablar, pero ahora el tema estaba sobre la mesa y no sabía si podría ignorarlo o si lo convencería de que su hermana no se era ya una parte muy importante en su vida.

La puerta volvió a abrirse cuando salió un cliente y el viento le revolvió el cabello donde ya comenzaba a sudar.

—¿Por qué preguntas?

—Porque Elsa no es el tipo de persona que tiene amigos. Te dije que mis hermanos no son de fiar, eso la incluye a ella.

Bebió su chocolate sin quitarle la vista de encima. Conocía sus intenciones, quería hacerla dudar de su amistad con la chica y, sin embargo, la curiosidad fue suficiente para alzar la ceja a modo de interrogación, lo que él decidió interpretar como una señal para continuar.

—Ella solía tener amigos, pero siempre deja de lado a las personas, Anna, no me gustaría que hiciera lo mismo contigo. Encariñarse con ella es como buscar un fantasma.

—Eso no es así.

—Lo es, aunque no quieras verlo ahora con el tiempo va a dejarte. Como a todos, porque no sabe hacer otra cosa. Sólo intento advertirte para que no tengas que pasar por eso, ya ha sido suficiente con perder a tus padres como para relacionarte con personas que nunca se quedan, no como yo, yo sigo aquí.

Decidió enfocarse en esa última parte que le recordó el juego en el cual intentaba atraparla. Él quería estar seguro de que ella no tenía a nadie más para ser su único pilar, para sostenerla y dejarla caer cuando se le diera la gana, pero ya no pensaba caer en eso por segunda vez, con una tenía suficiente. La alegró poder darse cuenta sin necesidad de escucharlo de alguien más.

—De eso quería hablar contigo.

—No hace falta que digas nada, te perdono, podemos volver a ser nosotros dos y ya.

—Eso no… No estoy segura de que eso funcione, Hans.

—¡Lo hará! —aseguró.

Acercó su mano a la suya sobre la mesa sin tocarla.

—Arriesgarse suena como demasiado para mí.

Porque no quería pasar por lo mismo, porque ya no lo quería, porque comenzaba a sentirse rara en presencia de alguien más, una chica a la cual él conocía muy bien y cuyo nombre no pensaba mencionar otra vez en su conversación, por más que se muriera de ganas de decírselo.

—Podemos hacerlo.

Negó con la cabeza ante lo frustrante de ver cómo no lograba convencerlo de que lo mejor era terminar con esto de una vez. Hans seguía hablando sobre ambos, con planes a futuro que ella jamás podría llevar a cabo con él en esta vida ni en ninguna otra.

—Podríamos ser amigos —lo interrumpió—. Puedes contar conmigo si lo necesitas, pero…

—No quiero que seamos amigos, quiero que regreses a mí.

Anna sujetó el borde de la mesa, incómoda. Las flores sobre la mesa parecían marchitarse con cada palabra de ambos, agonizaban, a punto de morir.

—Eso sólo empeoraría las cosas entre los dos.

—No es así, sólo regresa conmigo.

—Hans, no puedo… No quiero regresar contigo —tomó aire antes de seguir—. No hay nada que pueda hacer para quererte de nuevo y si estamos aquí es porque necesitaba dejarlo claro de una vez. No me busques más, por favor.

Se veía enojado. Se levantó a medias de su silla para acercarse y Anna se pegó más al respaldo de su asiento con tal de mantener la distancia. Las pocas personas en el lugar no les prestaban atención, de modo que si decidía perder la paciencia estaría sola; sentía la garganta seca, quería gritar para pedir ayuda, pero sus cuerdas vocales rehusaban responder.

—Recuerda que intenté ser tu novio perfecto y tú no quisiste —le dijo en apenas un susurro.

Atrajo las miradas cuando la taza todavía medio llena se estrelló contra su rostro. No fue gran cosa, le había hecho cosas peores antes, aunque sí la sorprendió que tuviera esa reacción en público porque siempre se escondía cuando intentaba agredirla. Esta vez no le importó, así que quizá había entendido de una vez por todas que no pensaba regresar.

El pensamiento le causó escalofríos, si ya no tenía nada que lo detuviera quién sabe de qué sería capaz.

Podía sentir cómo resbalaba el chocolate por su rostro y agradeció que estuviera frío. La muchacha que les había llevado las bebidas se acercó cuando Hans se fue, llevaba una tela en la mano con la que comenzó a ayudarla a limpiar el desastre en su ropa.

—Estás sangrando —le informó.

Hasta entonces sintió la leve palpitación de una herida abierta en la orilla de su rostro, apenas unos centímetros por arriba de la ceja. Se tocó solo para confirmarlo en cuanto vio unas gotas rojas en su mano; el último fragmento de la taza todavía continuaba tintineando sobre el suelo en un hipnotizante bamboleo.

—Traeré algo para limpiarte, dame un minuto.

—Está bien —dijo tomando su mano para evitar que se fuera—. No es nada.

Pagó la cuenta de ambos y salió al aire helado de nuevo, no soportaba un segundo más con las miradas de los demás sobre ella, sabía sin necesidad de que se lo dijeran que les dieron un espectáculo con esa última parte. No quería enfrentarse a las personas juzgando una situación que no conocían, pero no dejaba de preguntarse si no la verían como la culpable porque así se sentía.

Se detuvo medio segundo cuando encontró a su viejo equipo en el entrenamiento. El frío era insignificante si se trataba de prepararse para los partidos que aún tenían por delante, partidos en los cuales ella ya no iba a estar, ni siquiera los veía por miedo a ser descubierta y rechazada en el acto. Qué podía esperar si las había abandonado.

Hans mencionó algo parecido sobre Elsa, dijo que abandonaba a las personas, que no le importaban lo suficiente para quedarse, sin embargo, la chica a la que conocía seguía insistiendo en mantenerse en su vida pese a lo mala compañía que había resultado ser. ¿Cómo podía decir algo así de alguien que estaba dando su mayor esfuerzo por permanecer en su vida? No, Elsa no era de las que se iba sin explicación como había ocurrido con ella y su equipo.

—No es como yo —dijo en un susurro.

Aceleró el paso, no quería permanecer más tiempo del debido frente a sus antiguas compañeras y que la notaran cuando no estaba lista para dejar salir palabras de disculpa que claramente merecían, en especial Bella, la pobre chica intentó mil veces contactarla sin resultado y la culpa se clavaba en sus costillas de la misma forma que el viento helado le cortaba la respiración.

A pesar de que el invierno estaba por desaparecer el clima era inclemente con su piel y todo empeoró cuando comenzó a llover. Vio pasar a las personas por sus costados con los bolsos a modo de cubierta inútil, pero no pensó en imitarlos porque de todos modos terminaría mojada, dejó el agua resbalar por su rostro mientras el cabello se le pegaba a la frente. Su casa estaba a unas cuadras de distancia, podía soportar unas cuantas gotas.

Se deshizo de las ropas húmedas apenas entrar y las fue regando por el pasillo hasta llegar a tirarse boca arriba en su habitación con las manos sobre el rostro. Recordó el corte reciente sobre su ceja cuando ardió contra su tacto. Suspiró y dio vuelta en la cama, tenía unas incontrolables ganas de ver a Elsa, parecía que soltar por fin a su ex novio se convirtió en una puerta abierta para explorar sus sentimientos por la muchacha, pero tenía miedo, no podía negar que la asustaba la posibilidad de que no fuera más que una amistad, después de todo, no le había dado ninguna señal de lo contrario.

Quería preguntarle y le aterraba la respuesta porque si decía que no, se arriesgaba a perderla para siempre y, por otro lado, no sabía si estaba lista para empezar algo nuevo con apenas poco más de un mes de haber terminado su relación anterior —aún si ésta llevaba meses muerta—, no le parecía correcto.

Masajeo su sien con los dedos y cerró los ojos, era suficiente por un día.


Respuestas a sus reviews.

Chat'de'Lune: Creo que ya le quedó claro a Hans que no habrá nada, pero no sé si eso sea del todo bueno, y bueno, quizá celillos de Anna sí habrán, pero ya lo verás en próximos capítulos. Gracias por seguir por acá, ya te irás enterando de cuál es la relación de Elsa con Mérida, todo a su tiempo. Espero que a estas alturas tu dedo haya sanado por completo y que no estés muy bien, un abrazo, nos estamos leyendo.

ReaMir: Oww, que bonito, muchas gracias.

Kuro: Definitivamente debería dejarla en paz, pero hay gente que no sabe soltar :c

YuriMeli: ¡Que bonito que te haya gustado tanto como para leer en el trabajo! Lo aprecio bastante, también que te tomaras el tiempo de comentar, espero que te siga gustando, nos estamos leyendo.

Judini Bananini: Y yo estoy muy agradecida por tus palabras, de verdad. Por lo general, al menos en mi caso, escribo por mí porque me gusta escribir y me gusta mucho esta pareja, pero se siente muy acogedor si, además, haciendo lo que yo amo hacer, hago feliz a alguien más. En cuanto a Hans, tienes razón, no es una buena persona y Anna es quizá demasiado noble como para dejarlo tirado y ya, pero al menos va progresando.

Tomando en cuenta el tiempo que me toma escribir y actualizar y así... pues yo diría que sí tendremos esta historia todo el año, al menos esos son mis cálculos, aunque me gustaría tener la responsabilidad suficiente para avanzar más aprisa, no sólo por mí sino por ustedes como lectores también, pasaron como 4 meses esta vez y como yo también leo sé que eso no me gustaría esperarlo jaja pero en resumidas cuentas, digamos que sí, que tendremos la historia todavía para rato, y cuando termine, no te preocupes que seguro escribiré otra o encontrarás otra mejor por ahí. Me agradó leerte y releer de nuevo el comentario para poder responder, hasta pronto. Un abrazo, espero te encuentres bien.