Capítulo 15

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"Cuando pasas tanto tiempo atrapada en la oscuridad, descubres que la oscuridad empieza a devolverte la mirada." Sarah J. Maas.

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Abrió los ojos con esfuerzo, todo su cuerpo le parecía ajeno, como si alguien más lo estuviera obligando a respirar y a mantener su corazón latiendo. Tenía un ruido permanente en los oídos, similar al que se padece después de estar cerca de una explosión, pero a pesar de eso escuchaba las voces de los demás a su espalda, apenas como susurros ininteligibles y la verdad es que no le interesaba, sólo distinguía el llanto de James a su lado, incapaz de mirarlo. Ni siquiera se había dado cuenta que estaba de rodillas, no supo si fue por la fuerza de la magia o era consecuencia de sus fuerzas abandonándolo. Se puso de pie, dejando su varita en el suelo, igual que su espíritu. El aire abandonó sus pulmones cuando pudo ver más allá, sin luces que lo cegaran ni llamas amenazantes. Logró ordenarles a sus pies que se movieran, arrastrando los desechos de su humanidad hasta que estuvo lo suficientemente cerca. El cabello estaba esparcido a su alrededor, tan rojo como siempre, pero su piel había adquirido un sutil tono turquesa, similar a los brazos de Ron y James. A pesar de eso, pudo ver en su rostro… paz, como si estuviera dormida. Por un momento esperó que abriera los ojos y le regalara esa mirada que sólo ella le dedicaba, pero esperó en vano agonizantes segundos.

- Harry… - intentó alguien, tal vez Ron, pero él no apartó la mirada.

Se dejó caer a su lado y tuvo que respirar profundo, sus pulmones se lo exigían, aunque hubiera preferido no volver a respirar nunca más. Sintió un calor abrasador de nuevo, pero no se trataba del fuego volviendo ni nada similar, provenía de ella. Tocó su mano y sintió el escozor de la quemadura, fuerte y dolorosa, pero apenas le importaba, su cuerpo y su mente ya no estaban bajo su control. Con apenas esfuerzo logró levantarla del suelo y se aferró a ella, sintiendo su piel arder al contacto, desde la mano que la sujetó al principio, hasta parte de las piernas, los brazos, el pecho y el cuello. El dolor de las quemaduras apenas era perceptible en comparación al fuego que le quemaba el interior, el dolor en su estado más puro lo estaba consumiendo. Merecía toda la miseria, todo el dolor, merecía morir.

James ya no luchaba por liberarse de Ron y Sanders, se quedó de rodillas, inmóvil, con la vista fija en sus padres, sin fuerzas siquiera para llorar más. Ron se limpiaba con rabia las lágrimas y apretaba los puños como si quisiera golpear algo, y Sanders puso una mano en su hombro, en apoyo. Sentía un nudo en la garganta que pedía liberarse a gritos, pero sólo pudo aferrarse más a ella, profundizando las quemaduras, queriendo atravesar su alma, si es que le quedaba alguna.

Alguno de los demás intentó apartarlo, pero fue imposible. Pasaron los minutos, o las horas, no era importante.

Ni siquiera había notado que Wembley, Sanders y Allen habían continuado, ni supo el momento en que regresaron. Escuchó a lo lejos la voz de Edwards, pero las palabras le resultaban ajenas, hasta que logró identificar la palabra Azkaban y fue como si le hubieran dado una bofetada, tomando conciencia de su alrededor. Sus párpados le pesaban demasiado, por lo que haciendo un esfuerzo levantó la vista. Edwards, Sanders y Wembley habían reunido a los tres magos y dos brujas que habían logrado vencer hacía unas horas, y los tenían de rodillas con las manos hacia atrás, posiblemente atadas y Edwards se paseaba frente a ellos como capitán de batallón. Las fuerzas que había sentido brotar de él al momento de combatir el fuego maldito, volvieron a emerger. Era como si el dolor de sus quemaduras se hubiera fusionado con las venas y una sensación caliente le llegó al cerebro que sustituyó cualquier otro pensamiento o raciocinio. Dejó de aferrarse a ella y con cuidado volvió a tenderla en el suelo, mirándola por una última vez, pero sin detenerse mucho, no quería que ese recuerdo fuera más fuerte que el de su sonrisa. Se puso de pie. Extendió una mano temblorosa al piso, varios metros frente a él estaba su varita y como si hubiera pronunciado un accio, la varita llegó directo a su palma abierta, sintiéndola vibrar ante la magia que por primera vez no se molestaría en contener. Logró mover un pie después del otro para avanzar y acercarse al pequeño grupo que tenía enfrente que no parecían notar su presencia hasta que se acercó lo suficiente, silencioso y sutil, a pesar de sentir que estallaría en cualquier momento. Edwards detuvo su caminata y Sanders se enderezó en su lugar detrás de los que estaban en el suelo. No se molestó en descifrar la expresión que pusieron sus compañeros al verlo, pudo ser lástima, terror o asombro, pero no le interesó, sus ojos se detuvieron en el primer hombre frente a él que levantó la cabeza al notarlo. Entre su espeso cabello pudo distinguir unos ojos grises que lo miraron de vuelta casi con desafío, pero la sombra del miedo pudo con ellos. La varita en su mano temblaba y todo pensamiento o sentimiento fueron sustituidos por un solo deseo.

- ¡No, Harry!

- ¡Avada Kedavra!

- ¡No!

Su corazón pareció revivir, latiendo con violencia mientras la noche era iluminada por una brillante luz verde que continuaba apareciendo en sus pesadillas. Pudo apreciar como la vida escapaba de los ojos grises que no se apartaron de él hasta el último momento, cuando cayó al suelo igual que a una marioneta que le cortan los hilos. A través del ruido en sus oídos pudo percibir los gritos de sus compañeros y pasos acercándose a toda prisa, pero nada de eso importaba, la varita le reclamaba sacar toda la magia que tenía acumulada, liberarse como nunca antes y así lo haría. No supo si pronunció el hechizo en voz alta o si no fue necesario cuando apuntó a la bruja que tenía el terror reflejado en cada célula, temblando junto al cuerpo inerte de su compañero. La luz verde resultó tan intensa como la primera vez, salía tan natural de la punta de su varita que le pareció extraño, pues nunca había acertado en ningún hechizo a la primera. Sintió una ligera corriente eléctrica en su espalda y el brazo que sostenía la varita cuando apuntó a la tercera persona frente a él y de reojo pudo distinguir a Edwards y Sanders con las varitas en su dirección, pero no le parecieron intimidantes a pesar de notar los hechizos que convocaban hacia él. No sentía nada. La segunda mujer abrió la boca como si fuera a replicar algo, pero Harry no quiso escuchar y siendo uno solo con la varita, le brindó el mismo destino que a los dos anteriores. Sintió que unos brazos lo rodeaban desde atrás, queriendo atraparlo, contenerlo, como siempre lo habían hecho. Movió la mano libre hacia atrás sin mayor cuidado y dejo de sentir la presión de esos brazos en él. Se sentía tan poderoso como nunca antes, como si toda su vida se hubiera contenido realmente y que al fin era liberado. Los gritos se confundieron a su alrededor, unos suplicando calma, otros suplicando piedad y sintió el fuego brotar en él con más fuerza. La piedad lo había llevado a cometer los más grandes errores de su vida y no estaba dispuesto a ser débil, no esa vez. El siguiente era el mago de aspecto arrogante que muy seguramente había tomado la vida de Williams o de algún inocente más y a su lado, el último, era Gleeson. Varios pasos se acercaban con prisa, algunos corriendo, pero él se centró en el hombre frente a él, que no temió ni suplicó como los anteriores. Lo miró altivo, casi con gozo y supo que la muerte sería el camino fácil para él.

- Crucio

Era la tercera vez que utilizaba el hechizo esperando causar el efecto deseado, pero la primera que sentía la fuerza con la que era ejecutado. Los gritos del hombre se sobrepusieron al ruido en sus oídos y seguramente a cualquier otro ruido a kilómetros a la redonda, pero para él era como renovar su energía para continuar.

- ¡Harry, basta! - una voz familiar se abrió paso entre un grito y otro, pero no sé movió ni un milímetro.

De nuevo sintió esa corriente eléctrica chocar con su piel que más que dañarlo solo lo incomodaba. Y así fueron varios impactos de electricidad que lograron desconcentrarlo de su labor. Con fastidio levantó la vista y distinguió un grupo grande, tal vez 20, o 100 o 1000, daba lo mismo, todos con la varita apuntando en su dirección, menos una, la de Hermione, pero la veía borrosa y lejana. El hombre a sus pies respiraba con dificultad, ya no parecía tan valiente ahora que se arrastraba por el dolor. A su lado, Gleeson estaba perplejo, sabiendo que él sería el siguiente. De nuevo lo apuntó con la varita y al instante escuchó las voces de los presentes invocando diferentes hechizos, pero nada le quitaría ese momento, ni siquiera el Ministerio. Como si empujara algo invisible, extendió la mano libre en dirección a los recién llegados, alejándolos de él, algunos perdieron la varita y otros cayeron, pero no le interesó fijarse en ellos, su vista no se apartaba del hombre. Con la mano alzada, impidió que estorbaran o trataran de detenerlo y una vez más los gritos del hombre superaron cualquier otro sonido, podía seguir toda la noche, toda la vida si era necesario.

- ATÚRDANLO – logró escuchar aparte, pero se sentía imparable. De nuevo fue rodeado, esta vez por más brazos que no se molestó en apartar.

- ¡Harry, basta! – dijeron junto a él - ¡Detente!

Nunca.

Nunca más.

Él lo merecía.

- A Ginny no…

Y ese fue el detonante para distraer su atención. Apartó la varita de su objetivo que había dejado de moverse y de gritar para apartar a los que intentaban sujetarlo. Tres figuras fueron repelidas hacia atrás, cayendo unos cuantos metros lejos de él y con la furia a flor de piel se acercó a Ron que intentaba ponerse de pie.

- ¡No te atrevas a decir su nombre! – lo tomó por el cuello de la capa y lo ayudó a ponerse de pie. La diferencia de altura le permitió apuntarlo mejor con la varita. Él lo miró sin intimidarse, a pesar de la sorpresa, y no hizo ningún otro intento por alejarlo.

- ¡No, Harry, no! – más exclamaciones y súplicas alrededor, pero su varita le aclamaba por más.

- Déjalo – la única voz que no gritaba fue la que llegó directo a sus oídos. James estaba a su lado, sin varita, sin hacer ningún esfuerzo por detenerlo más que mirarlo. Tenía la cara sucia y rojiza por el llanto, sangraba por la comisura de la boca y una ceja, pero estaba calmado. Puso una mano temblorosa sobre el brazo que Harry tenía extendido con la varita y aunque todos contuvieron el aliento, no lo apartó – Papá – esta vez ejerció un poco de fuerza para que bajara el brazo. Tuvo el impulso de empujarlo, pero entonces sus miradas se encontraron. A pesar del dolor y el llanto, los ojos castaños que lo miraban con súplica eran sin duda los mismos.

La realidad cayó sobre él con fuerza, aplastante, asfixiándolo. Bajó el brazo, obediente, y su varita escapó entre sus dedos, produciendo un ligero ruido al rebotar en el piso. La magia y el poder que había sentido lo abandonaron tan rápido como habían llegado y las piernas no soportaron su peso. Se perdió de nuevo en los ojos frente a él antes de que todo fuera oscuridad.

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Las voces a su alrededor resonaban en ecos dentro de su cabeza, entendiendo sólo algunas palabras sueltas que carecían de sentido. Intentó moverse, pero sentía un peso aplastante sobre él, asfixiándolo e impidiendo cualquier movimiento, pero aparte de eso no sentía nada. No sabía dónde estaba, no sabía qué había pasado con los demás, con James… Abrió los ojos de golpe, tratando de encontrar el rostro de su hijo, pero sólo distinguía manchas borrosas, imaginando que se trataba de rostros que se movían con prisa a su alrededor, aparte de un techo muy blanco y brillante.

- Harry, Harry - reconoció la voz de Angelina a lo lejos - Necesito que te tomes esto - él intentó abrir la boca para decir algo, pero ningún sonido salió - Es necesario, tómalo - con trabajo lo ayudó a enderezar un poco su cabeza y le colocó la pequeña botella en la boca, pero sólo pudo verter un poco antes de comenzar a ahogarse -Traga, aunque sea un poco - pero no pudo contenerlo más tiempo y ladeando la cabeza, vomitó. Eso pareció reanimar su cuerpo. El dolor lo atravesó como miles de dagas en cada trozo de piel y aunque quiso gritar, no tenía las fuerzas para hacerlo. Gritos de dolor se escucharon en el pasillo, casi fuera de la puerta. Reconoció las maldiciones que soltaba Ron entre gritos, y la otra voz era de James. ¿Por qué gritaban? ¿Qué ocurría?

- Ja… James - logró decir finalmente y por impulso intentó incorporarse, pero varios pares de manos se lo impidieron.

- Está bien, Potter, los están ayudando - una Chiara bastante borrosa se hizo paso entre todos -Tu hijo está a salvo, todo está bien - Nada está bien, pensó. Sólo quería desaparecer, hundirse en su dolor - ¡Todos listos! - indicó al resto - Esto te va a doler Potter, pero es necesario.

Harry no sabía de qué rayos estaba hablando. Pero más dolor del que estaba sintiendo le pareció imposible. Percibió un olor amargo y el lugar se llenó de unos vapores densos de color púrpura. Fue lo último que reconoció antes de que le aplicaran algo tibio en la piel para después sentir fuego. Era como si se estuviera quemando, pero al mismo tiempo estar siendo apuñalado en los lugares donde le aplicaban esa cosa viscosa. Era tan insoportable que finalmente gritó. Apenas fue consciente de sus gritos, el dolor era tan fuerte que sus sentidos se habían nublado y su cuerpo se retorcía sin voluntad.

- ¡Atúrdanlo! - alguien dijo, pero no ocurrió nada, la agonía seguía. Tal vez era la muerte, lo merecía, morir de la forma más lenta y dolorosa posible…

Sus brazos y piernas se movían con violencia, sacudiendo el mueble debajo de él y su cabeza se sacudía de un lado a otro tratando de evitar que le pusieran esa cosa quemante en el cuello.

El pasillo de cuidado intensivo de San Mungo estaba con mucho movimiento. Medimagos caminaban con prisa por los corredores, murmurando entre ellos, pero los gritos de un hombre siendo sometido a la tortura más cruel predominó sobre todo, haciendo que se congelaran en sus lugares, intercambiando miradas, atentos. Más gritos acompañados de varios cristales rompiéndose en los amplios ventanales, causando alarma en los presentes, apartándose y protegiéndose. Los siguientes fueron los frascos, que tras vibrar violentamente, estallaron en pequeños pedazos, salpicando el líquido y el vidrio alrededor. Esquivando pociones regadas y cristales en el piso, varios medimagos corrieron en dirección a los gritos.

No supo cuánto tiempo tardó esa tortura, pudo haber sido un segundo o una eternidad. Había mucho movimiento a su alrededor, exclamaciones y encantamientos, pero nada tenía sentido hasta que finalmente su cuerpo cedió ante el dolor y aunque permaneció consciente, sintiendo la tortura como la primera vez, dejó de gritar, dejó de moverse, dejó de luchar.

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- Le dimos pociones para el dolor en alta concentración, pero no dieron resultado, intentamos aturdirlo con hechizos, con varios a la vez incluso, pero nada ha hecho efecto, al final, se rindió ante el dolor, ya no luchó más y… - Hermione soltó un sollozo ante la explicación de Chiara - Ahora está tranquilo, pero tenemos la sospecha de que está consciente, y si eso es verdad… está pasando por una agonía terrible, el dolor de esas quemaduras es, bueno, ya lo vieron con el señor Weasley y James Potter.

Habían pasado días seguramente, o semanas, porque el dolor punzante de esa cosa viscosa sobre su piel le pareció eterna, segundo a segundo, así que perdió la noción del tiempo. Estaba en una habitación diferente, lo supo más que nada porque no había ruido, ni movimiento, ni alguna iluminación aparente. Hasta después, cuando dos voces familiares se unieron a la de Chiara, a unos pasos de él.

- ¿Era necesario hacerlo pasar por todo eso? - la voz de Teddy reflejaba reproche y sufrimiento - Las quemaduras siguen tan vivas como si no se les hubiera aplicado nada - ¿eran quemaduras? porque sentía que había sido desollado.

- Le aplicamos un fuerte díctamo para impedir que el fuego maldito llegara a su sangre, aunque fueron quemaduras graves, lo peligroso es que llegue a la sangre, y al ser magia que no conocemos… no sabemos lo que pueda pasar.

- ¿Significa que no está fuera de peligro?

- Hicimos todo lo que estaba en nuestras manos, pero eso no garantiza nada, no sabemos el comportamiento de esas lesiones, pero les aseguro que ya estamos en eso. Confiamos en que, al no ser quemaduras directas por el fuego, no tengan el mismo efecto - se apresuró a añadir para tranquilizarlos - Además, su magia está descontrolada, como se habrá dado cuenta, y todo San Mungo, tuvo una liberación explosiva de magia involuntaria, no sabemos si eso lo ayuda o lo perjudica más pero el dolor extremo parece detonarlo.

- No… - Hermione se aclaró la garganta - No sólo el dolor - pero no añadió nada más.

- ¿A qué se refiere? - insistió Chiara al ver que Hermione no decía más.

- Desde hace un tiempo, Harry ha logrado hacer magia sin necesidad de usar la varita, sobre todo cuando sus emociones son fuertes y no se controla, así que… temo que lo de hace un momento pueda repetirse.

- Ya veo - pareció meditar un momento.

- ¿Eso tiene algo que ver con que repentinamente sea inmune a las pociones y los encantamientos?

- Al parecer está relacionado y si sus emociones a tope son el detonante… justo ahora está pasando por mucho, supongo que debemos estar preparados. Nunca había visto algo así, ocho medimagos intentamos aturdirlo al mismo tiempo y no funcionó - se escuchaba maravillada y asustada en igual medida.

- Hace unas horas alrededor de 50 intentaron lo mismo y se los quitó de encima con un simple movimiento de la mano - hubo silencio después de eso y aunque sus párpados pesaban demasiado para abrir los ojos, no tuvo que hacerlo para imaginar los rostros de los tres junto a él - Pero también me han dicho que tomó la poción fortificante, la plateada, hace no menos de veinticuatro horas. Tal vez contribuye en algo y…

- Esa poción otorga habilidades físicas, sin duda, pero más que nada es para resistir en los combates, para ciertos encantamientos y evitar la fatiga, pero no aumenta el poder o algo por el estilo, todo lo que hizo Harry esta noche no tiene que ver con la poción.

Dilo, Hermione, dilo. Soy un monstruo.

- Entiendo - la voz de su amiga volvió a quebrarse - De cualquier manera, le pido que no comente esto con nadie, de momento, en lo que sabemos cómo manejarlo. Ted me dijo que era amiga de sus padres y que podía confiar en usted.

- Desde luego.

- ¿Y cuánto tiempo le tomará recuperarse? - preguntó Ted.

- No lo sabemos, no… no hay estudios sobre esto, pero lo estaremos vigilando las veinticuatro horas, no se preocupen.

- Sabemos que no les corresponde, pero la prensa ya ha llegado y…

- Nos ocuparemos de ellos, mi equipo es muy profesional y pueden confiar en cada uno, en un momento se los presento, estaremos a cargo del señor Potter y de su seguridad.

- Habrá un auror a la puerta, vigilando. Cosas del Departamento de Seguridad - dijo Ted con fastidio.

- No hay problema, pero entonces me imagino que alguno de ustedes quedará como responsable del señor Potter, ¿o quizá alguno de sus hijos…

- Yo lo haré - dijo Ted rápidamente - Toda la información que tengan quisiera que me los digan a mí antes que a nadie.

- Pasemos a mi oficina entonces.

Cuando la puerta se cerró detrás de ellos, Harry esperó que no volviera a abrirse nunca más, que lo dejaran ahí, sólo, sin causar más daño.

Pero él no podía esperar nada, no merecía nada, así que las personas volvieron algún tiempo después. Escuchaba los pasos y las voces alrededor, murmurando instrucciones y poniendo encantamientos que no le interesó descifrar. Cómo la afligida voz de Penny Haywood que tras decirle unas palabras hizo algo en su brazo que volvió a avivar el dolor, haciendo que sus músculos se tensaran y se moviera sin control sobre la cama. Si tuvo otra manifestación de magia involuntaria, no lo supo.

El revuelo dentro de San Mungo seguía a tope, entre periodistas, aurores, gente del Ministerio, curiosos, pacientes y medimagos. Y así pasó el tiempo, tan relativo para él, con el dolor consumiéndolo lentamente, siendo sometido a más tortura cuando le aplicaban el díctamo quemante en su piel herida. No gritaba, porque su cuerpo no podía más, y su garganta ardía tanto que no emitía ningún sonido, pero el movimiento alrededor le indicaba que expresaba el dolor de otra forma, no tan intensa como la primera vez, pero sin duda causando estragos. Hasta que finalmente lograron darle algo lo suficientemente eficiente para hacerlo dormir y aunque sólo era por pocas horas, era un alivio que egoístamente necesitaba. Por un tiempo sólo escuchó las voces de los sanadores, después unas pocas palabras de Hermione y Ted, hasta que finalmente escuchó las voces que más extrañaba pero que merecía menos.

- Hola, papi - la voz de Lily lo atormentó casi en igual medida que las curaciones y quiso desaparecer - Ya estamos aquí.

- Apenas nos dejaron entrar - aportó Albus, tratando de explicar su ausencia - Chiara dice que sí nos escuchas así que… - pero la voz le cambió y tuvo que hacer una pausa - Sólo queremos que te levantes de ahí y vuelvas a casa.

- Toma el tiempo que necesites, sólo vuelve ¿sí? - suplicó Lily.

Esas cortas visitas continuaron, apenas les permitían estar unos segundos, pero hubiera preferido que no les permitieran entrar, no merecía sus palabras, no los merecía a ellos. Le habían dicho que ni a James ni a ningún otro miembro del DS habían permitido entrar a visitarlo y no requería de mucho para imaginar el caos que se había desatado no sólo en el Ministerio, en el mundo mágico en general.

Hasta que un día abrió los ojos y con mucho pesar comprobó que seguía con vida.

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Marzo estaba terminando sus días con calidez y resaltaba con el ambiente dentro del mundo mágico. Ese día había especial movimiento dentro de San Mungo, pues se había filtrado información de que, tras un mes de estar internado, Harry Potter sería dado de alta. En las portadas de los periódicos los titulares de las últimas semanas se podían leer con letras grandes "HARRY POTTER, DE HÉROE A ASESINO", "HARRY POTTER, SUSTITUIDO DEL CARGO DE JEFE DEL DEPARTAMENTO DE SEGURIDAD MÁGICA", "TODO LO QUE NECESITAS SABER SOBRE EL CASO HARRY POTTER", "PREGUNTAS QUE SIGUEN ABIERTAS SOBRE HARRY POTTER" y seguían, pero faltaba la foto que acompañara esos titulares y todos esperaban que ese día se lograra.

La mejoría de Harry había sido lenta y muy dolorosa, sobre todo lo segundo, pero habían encontrado una fórmula para mantenerlo sin dolor por algunas horas aunque físicamente las quemaduras seguían sin algún cambio, cubriendo gran parte de su cuerpo y su garganta se había destrozado por gritar tanto, que de momento sólo era capaz de articular una palabra cada tanto. El Ministerio no había logrado conseguir mucho de él, nada en realidad, aunque pudiera hablar no le interesaba decirles nada y por instrucción médica esas visitas quedaron restringidas hasta que sus sanadoras a cargo dieran autorización. Eventualmente dejaron entrar a Ron y a James, pero ninguno de los dos abordó algún otro tema que no fuera su recuperación. Y ahora estaba ahí, sentado en la cama en medio de Lily y Albus porque era incapaz de mantenerse así con sus propias fuerzas. Ron, Hermione y James estaban de pie en la habitación, atentos, mientras Chiara, Angelina y Penny le daban las últimas instrucciones.

- Lo veo en una semana, señor Potter - a pesar del cansancio evidente en el rostro de Chiara, se podía ver que se sentía satisfecha - Ya me puse de acuerdo con sus hijos - Harry asintió, tratando de transmitir gratitud no porque de verdad lo sintiera, pero ella lo merecía.

- Igual te estaré monitoreando, Harry, no te salvarás de mí - Angelina lo miró con amenaza - Al lleva todo lo que necesitas y se hará cargo de eso - su hijo asintió junto a él.

- Y seguiremos investigando para encontrar el díctamo adecuado para curarte por completo - los brillantes ojos azules de Penny le mostraron toda la motivación que tenía - Albus y Anne Karasu también están participando activamente en eso y estoy segura que pronto habrá resultados favorables - Harry volvió a asentir. Lo que menos le importaba era el aspecto que tenía, y aunque todas sus quemaduras estaban cubiertas por una delgada venda, sabía que estaban ahí y que no se irían.

- Ahora los dejamos para que se alisten y… saldremos a asegurar a todos allá afuera - Chiara le dedicó una sincera sonrisa y se dispuso a salir junto a las otras dos.

- Gra-cias.

Había gastado su palabra de esas horas con ellas. No era su culpa ir en contra de sus deseos, sólo estaban cumpliendo con su deber y su humanidad. Las tres volvieron a sonreírle y se despidieron del resto que les agradecieron por milésima vez todo lo que habían hecho. Cuando abrieron la puerta se escuchó el revuelo de afuera y las luces de las cámaras tratando de capturar el momento, así que se apresuraron a cerrarla. El silencio reinó en el lugar por unos segundos, hasta que una afligida Hermione lo interrumpió.

- Bueno, pues es hora - los miró esperando que alguien tuviera algo que decir - Ron ha traído el auto y…

- Gracias, tía – Lily puso una mano sobre las de Hermione, que se movían sobre sí mismas, nerviosas - Lo llevaremos nosotros, el auto está abajo.

- Pero…

- Ustedes ya han hecho mucho y no saben cuánto se los agradecemos – continuó James – Ahora nos encargaremos nosotros.

Sabía que no lo decía con esa intención, pero sintió que era una carga que estaba siendo trasladada del cuidado de Hermione a sus hijos, ya que Ted había sido requerido en el Ministerio de último minuto.

- Ron y yo podemos…

- Lo sabemos y lo apreciamos mucho, de verdad, pero es momento de hacerlo por nuestra cuenta – la voz segura que empleó Albus le recordó a él, hace muchos años – Los mantendremos al tanto y si necesitamos algo, tengan por seguro que serán los primeros en saber.

- Cuentan con nosotros – intervino Ron al ver que su esposa estaba a punto de replicar de nuevo – Estaremos pendientes – puso una mano sobre el hombro de Hermione, tratando de tranquilizarla.

- Gracias.

Albus y James lo ayudaron a ponerse de pie procurando no tocar sus heridas y batallando un poco con la ropa que Ron le había llevado, que no sabía si era de él o si simplemente ya no era de la misma talla. Sus piernas no lo obedecían y con gran esfuerzo pudo seguir el ritmo lento que establecieron sus ayudantes. A pesar de los esfuerzos de San Mungo por mantener alejada a la prensa y darle espacio a la familia para poder abandonar el lugar, varios flashes lo cegaron en cuanto la puerta se abrió. Unos cuantos sanadores se interponían entre él y el resto, haciendo una valla de encantamientos, pero las fotos seguían y los gritos opacados de los reporteros tratando de obtener una palabra de algún Potter o un Weasley. Trataron de taparlo más, pero sabía que lo verían tarde o temprano y en realidad no le interesaba, que siguieran alimentándose de su carroña. El camino hacia el auto le resultó particularmente largo, cansado y doloroso, bien pudieron ser unos cuantos metros que a él le pareció un maratón. Cuando por fin estuvo instalado en el amplio asiento del copiloto junto a James, se permitió respirar profundo. Ron y Hermione lo veían como si en cualquier momento se fuera a desbaratar, y en cierta forma eso pensaba él también. Las puertas traseras se cerraron cuando entraron Albus y Lily y sus amigos le hicieron un gesto de despedida con la mano que él no devolvió. El motor se encendió y cerró los ojos sin ver el rumbo que tomaban, así como su vida en adelante.

Grimmauld Place siempre le había parecido lúgubre, sólo, frío, y un mal lugar para que Sirius hubiera pasado ahí los últimos años de su vida. Ahora que la veía, la imponente casa le parecía demasiado cálida para él. Ninguno dio una explicación sobre por qué estaban en esa casa y no en la cómoda casa de los Potter, pero las explicaciones sobraban a ese punto. Kreacher, el eterno elfo doméstico de la casa, lo recibió con una reverencia poco pronunciada, asegurándole que a su cuidado mejoraría rápidamente, aunque lo cierto es que el elfo pasaba la mayor parte del día durmiendo. Lo instalaron en la vieja habitación de Sirius, dejándolo con cuidado sobre la cama. Los cuatro intercambiaron miradas, sin saber bien qué seguía. Ya estaba en "casa" que era la meta más próxima desde su ingreso a San Mungo, pero no sabían cuál era el siguiente paso.

- Necesitas un baño – dijo por fin Lily – James y Al te ayudarán mientras yo bajo a organizar las pociones. ¿Te apetece algo de comer? – Harry negó con la cabeza – Bien, ya los veo – les echó una rápida mirada a sus hermanos y salió de la habitación, cerrando la puerta con cuidado, como si el mínimo viento le causara estragos. El silencio volvió a reinar en el lugar y Albus se apresuró a dirigirse al baño para prepararlo mientras James se inclinó frente a él para quitarle los zapatos. A Harry le hubiera gustado decirle que no era necesario, que él podía, pero no tenía fuerzas ni para hablar, mucho menos para quitarse unos zapatos. James se enderezó para quitarse la parte superior de su vestimenta, los zapatos y calcetines, y cuando Albus salió del baño estaba en las mismas condiciones que su hermano. El ruido del agua mató el silencio y entre los dos lo ayudaron de nuevo a ponerse de pie para caminar otros dolorosos metros hasta el baño que había comenzado a llenarse de un ligero vapor. Agradeció que la altura de James le impidiera ver su reflejo en el espejo ovalado en la pared, no estaba listo para enfrentarse, para ver el aspecto de lo que se había convertido. Con mucho cuidado lo despojaron de la ropa de Ron que le quedaba muy grande y lo pusieron bajo el agua que al hacer contacto con su piel prendió de nuevo el dolor. Tuvo que gritar, maltratando más su garganta y se aferró con fuerza al brazo de Albus.

- No va a funcionar – James intentó ayudarlo para salir de la regadera, pero Harry negó. El dolor ya era parte de él y debía aprender a vivir con él.

- Está bien – apretó la mandíbula con la poca fuerza que le quedaba

- Que sea rápido – se apresuró Al – Sostenlo mientras yo… o yo lo sostengo y tú… – miró inseguro a su hermano, pero James se apresuró a meterse al chorro de agua y colocarse detrás de Harry, rodeándolo debajo de sus brazos procurando no tocar las heridas. El siguiente grito no salió de la boca de Harry a pesar de que le estaba resultando agonizante. Inevitablemente el agua caía en los antebrazos de James que también tenían quemaduras, extendiéndose hasta el codo. Harry se detestó más por estarle causando un dolor extra y quiso con todas sus fuerzas que sus piernas aguantaran su peso, pero no podía – Un poco más, un poco más – decía Albus mientras lavaba su cabello, lucía tan afligido como si fuera su culpa el dolor de su padre y su hermano. No tardó tanto en el cuerpo, pues la mitad de él estaba quemada – Ya está – casi con coraje cerró las llaves y ayudó a James a sostenerlo. Sabía que hubieran resuelto su falta de fuerza con magia, que un hechizo hubiera logrado mantenerlo de pie, pero habían decidido acompañarlo, que algo que podría parecer cotidiano o insignificante, tenía un gran valor, que estaban ahí con él. Siempre.

Al cabo de unos días, dejó de ver a Lily, seguramente había regresado a Hogwarts a tiempo completo después de haberse ausentado intermitentemente. Cuando lograba dormir, despertaba de golpe, gritando y retorciéndose en la cama. Albus o James subían de inmediato, tratando de calmarlo, darle algunas pociones a veces o aturdirlo si se ponía muy mal. Realmente no despertaba por el dolor, estaba aprendiendo a vivir con él, sólo despertaba, atormentado y en ocasiones le parecía vislumbrar una luz azul antes de abrir los ojos…

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Bill y Fleur estaban en un momento meloso donde Fleur le susurraba al oído coqueta y Bill correspondía a su risa con otra más pronunciada. Ginny no podía evitar mirarlos a una distancia prudente para no ser vista mientras intentaba vestir al rígido gnomo de jardín que los gemelos habían inmovilizado para poder colocarlo en la punta del árbol. Harry estaba retirando el polvo del resto de los adornos junto a ella, procurando centrarse en su labor y no en la chica, pues sentía un remordimiento de conciencia inevitable, pero eso no impedía que se percatara que Ginny actuaba con el gnomo de la misma forma que Fleur con Bill, y le susurraba cosas como "mi abuela veela estaguía ogullosa de veg que mi pgometido es taaan talentoso" y otras cosas que no lograba entender pero sabía que era algo desagradable por la fingida sonrisa que le dedicaba al gnomo. Harry no pudo evitar sonreír y cuando ella lo miró, le sonrió de vuelta.

- ¿Qué? Una debe ser amable con el gnomo que está a punto de prestar un servicio - estiró el brazo con el gnomo para apreciarlo a distancia - ¿Qué opinas?

- Sin duda parece un ángel - ese comentario lo hizo darse cuenta que muy posiblemente no estaba refiriéndose al gnomo.

- Ya decía yo - estiró el tutú una última vez y trató de colocar a la criatura en la punta del árbol, pero le resultaba unos 10 centímetros más alto de lo que podía estirarse, así que Harry se apresuró a ayudarla y sintió un vuelco en el estómago al sentirla tan cerca y llenar sus pulmones de la esencia floral que no podía quitarse de la cabeza desde que la percibió en la amortentia - Gracias Aggy, tú siempge tan atento- sin duda su imitación de Fleur mejoraba cada vez.

Después se ocuparon sacando el resto de los adornos de las cajas y Harry se alegró de tener una excusa para poder estar cerca de ella y platicar. Cuando Ginny se rascó inconscientemente la nariz al analizar los adornos ya puestos, Harry tuvo que admitir, por más que le remordiera la conciencia, que se había enamorado de Ginny Weasley.

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Despertó con el corazón acelerado, pero por primera vez no había sido por dolor ni por la tormenta interna que padecía. Se sorprendió él mismo cuando notó que se había incorporado en la cama. Normalmente cuando despertaba repentinamente, se quedaba acostado, pero en esa ocasión estaba sentado y parecía que finalmente su columna soportaba de nuevo su peso. Miró sus manos, apenas reconociéndolas por las brillantes quemaduras que cubrían sus palmas. Las cerró en puños y ahogó un grito, costaría volver a mover los dedos con normalidad. Su torso estaba cubierto por una delgada camiseta que cubría gran parte de sus quemaduras, lo que le ayudó a enfocarse en otra cosa y no en el dolor. Movió los dedos de los pies, uno por uno y para su sorpresa, las piernas también le respondieron, permitiendo que pudiera sentarse de lado, con los pies colgando de la cama. Esperó que en los siguientes segundos apareciera alguno de sus hijos o Kreacher, pero no ocurrió, tal vez se habían dado por vencidos y habían decidido retomar sus rutinas, lo que le pareció mejor. Se apoyó con el dorso de sus temblorosas manos sobre la cama y se puso de pie. Falló una, dos, diez, veinte veces, cayendo de nuevo sobre la cama, tal vez era demasiado pedir. Los siguientes días hizo el mismo intento fallando cada vez, hasta que el día que se sentía menos motivado, logró ponerse de pie. Su cuerpo pareció renovado ante la hazaña y para su sorpresa logró dar varios pasos. Cuando se dio cuenta ya había bajado las escaleras y el silencio le pareció tranquilizante y extraño a la vez, pero seguramente Kreacher estaba durmiendo y James… Él dormía profundamente en uno de los amplios sillones del recibidor. No debía ser un genio para saber que sus hijos se estaban exigiendo demasiado físicamente. Sus brazos los tenía medio colgando del sillón, cubiertos por un delgado vendaje. A su lado, en la pequeña mesa, estaba su varita. La tomó con su torpe mano y la admiró un momento, muy diferente a la suya que seguramente estaría como prueba en el Ministerio, después de haberla analizado una y otra vez. Sin duda no era lo mismo, no sentía la conexión con esa varita, pero no sólo se debía a que no era su amo.

- Lumos - su voz sonó ronca después de no haber hablado en mucho tiempo, pero no ocurrió nada, la varita permaneció indiferente - Lumos - intentó de nuevo, pero nada pasó.

Repitió una tercera vez, sólo para comprobar lo que venía sospechando desde que abrió los ojos hace días. Su magia lo había abandonado. Quizá para siempre.

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Gracias por leerme y por sus reviews, significan mucho 3. Perdón por romper sus corazones y también lamento matar sus esperanzas (si es que después de este capítulo todavía les quedaba un poco), pero no, Ginny no volverá.

Ya que llegamos hasta aquí, quiero aclarar que la idea completa de este fic la basé en el final del capítulo pasado y el principio de éste. Un día me llegó la idea de repente, fue lo primero que escribí y a partir de ahí fui construyendo toda la historia. ¿No tengo sentimientos? Ya saben que lo mío es el drama. Quería sacar el lado oscuro de Harry, pero sabía que debía ser por algo realmente grande y no había muchas opciones.

Nos leemos en el siguiente capítulo si es que no terminaron odiándome después de estos dos capítulos.

Los personajes son de JKR y otros de JC.

P.D. Ya entré a Wattpad pero debo confesar que no le entiendo nada x_x Igual ya publiqué ahí la historia, estoy con el mismo nickname por si se dan una vuelta :D