Capítulo 6: "Vuelve a mí"
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Habían pasado algunos meses después de aquellos incidentes, pero había una costumbre que Link no había perdido: A donde fuera que viajara, Zelda siempre le acompañaba. A lo largo de cada viaje, ella se acostumbró a no mirar a nadie más que a su captor, después de todo, se había dado cuenta de que nadie más que él podía dirigirle la palabra. Ciertamente para la princesa, este hecho jamás le molestó, muy en el fondo conservaba su dignidad de monarca donde no estaba dispuesta a que cualquier tipo se atreviera a hablarle; pero había algo que sí lo hacía: Se dio cuenta que había un enorme muro invisible entre ella y Link nuevamente.
Él estaba determinado a tomar las riendas del asunto y ser lo suficientemente severo que debió haber sido desde el inicio. Zelda le vio esa misma mañana entrenando en los jardines traseros con varios soldados a la vez, se dio cuenta de la fortaleza y habilidad del rubio, definitivamente lo más estúpido que pudo haber hecho alguna vez, era subestimarlo. Algo había cambiado en él, su mirada feroz ya no poseía ni una pizca de gentileza que le habría mostrado alguna vez, temió perder la dulzura que en algún momento el joven había mostrado con ella y su pueblo. El trato entre ambos había vuelto a ser frío, quizá peor que antes, añoró esos únicos dos días en los que se había sentido cercana a su captor, los que le habían bastado para ganarse su confianza.
Todo había comenzado el mismo día cuando encontraron a los soldados empalados. Link decidió salir a caminar por la ciudadela esa noche completamente solo, movido por la rabia e impotencia, únicamente armado con una espada con el único objetivo de provocar a los rebeldes; funcionó con varios de ellos llevándoles a la muerte segura, él mismo se encargó de decapitar a todo aquel que le atacó. Repitiendo el acto por tres días seguidos, ahora acompañado por un par de arqueros escondidos que se encargaron de los asesinos a distancia ocultos en la oscuridad.
La primera noche había sido demasiado impactante para Zelda, cuando el rubio había regresado al castillo envuelto en sangre; la monarca se había lanzado a llorar en el suelo al saber la procedencia de la sangre en su cuerpo. Ella lo sabía, era una especie de venganza de su parte, ensuciándose las manos directamente se había lanzado de lleno a aquel camino buscando el respeto, y aún mejor, el miedo de los hylianos.
Rápidamente los ciudadanos de Hyrule se dieron cuenta que aquel joven no era un aristócrata inútil. Rememoraron los rumores de los días de guerra, en los que se había hablado de una guerrero atroz que ganaba todas las batallas a las que se había enfrentado. Las historias nunca fueron muy claras respecto a las características de aquel guerrero, puesto que dejaba muy pocos sobrevivientes. No tardaron en suponer que se trataba de uno de los monarcas de aquel reino que los había sometido, ahora sabían que nadie más podía encajar con aquel perfil.
Posteriormente, se había llamado al castillo a los guerreros y/o soldados hylianos de la ciudadela, donde se les pidió que entregaran cualquier arma que poseían; muy pocos accedieron a dichas exigencias. Por lo que durante varias semanas se registró casa por casa, si los dueños llegaban a negarse al cateo enfrentaban su pena de muerte, al igual que aquellos que se atrevían a esconderlas. Se había designado un capitán en cada escuadrón, el cual tenía la autoridad para asesinar libremente a quien no cumpliera con la orden.
Hubieron algunos infiltrados en diversos pueblos y tabernas donde se había descubierto que se reunían los grupos de rebelión. Con suficientes espías fueron capaz de condenar a cientos de hombres y mujeres.
Los calabozos del castillo estaban casi vacíos, de no ser por los criminales comunes, como ladrones o estafadores. En cambio, cada mañana había carrozas con jaulas repletas de esclavos en las puertas de la ciudadela, los familiares de traidores y rebeldes que partían a los reinos extranjeros.
Ese día, había recibido la visita de Darunia y Rutela, y luego de una tediosa charla decidieron que Link se quedaría momentáneamente en Hyrule hasta todo se estabilizara y se designara una nueva corte, algo que tuvo que aceptar a regañadientes. Quiso viajar al cañón a las afueras de Hyrule para relajarse por un momento, buscando las famosas termales. Había dejado a Zelda custodiada por los soldados en el hotel, ellos jamás se imaginarían a la princesa escapando por la ventana trasera de un tercer piso, salió de ahí con un pequeño raspón en el brazo al que no le prestó atención escabulléndose hasta las aguas termales, atravesando la pared de arbustos que se interponían en su camino.
-¿Cómo has llegado hasta aquí? -preguntó Link dentro de la tina termal, mirándole confundido.
Luego de unos segundos negó con la cabeza irritado, sus soldados eran demasiado confiados, le dio la espalda nuevamente.
-Vete –ordenó el rubio.
Ella se quedó por un momento de pie; sin embargo, se forzó a avanzar desobedeciendo las órdenes del contrario. Se sentó sobre la roca, a un lado de su cuerpo metiendo los pies al agua tibia.
-¿No me oíste?
-Te escuché... -respondió ella con suavidad, metiendo las manos también sacando un poco de agua-. Pero no quiero obedecerte.
Se sinceró mientras dejaba caer lentamente el agua de sus manos sobre los hombros masculinos, para luego rozar con mucha suavidad su piel llena de cicatrices.
-¿Qué estás haciendo?
La voz del contrario provocó un ligero escalofrío en el cuerpo de la fémina, había sonado tan profunda que comenzó a dudar de nuevo. Tragó saliva, no podía volver atrás.
-Lo que quiero.- Intentó sonar segura, pero no sabía qué tanto le costaría aquella respuesta.
Había dado un pequeño brinco al ver el cuerpo frente a ella levantarse y girarse rápidamente, posando sus manos sobre el suelo en el que estaba sentada, encerrándola entre sus brazos. Había tenido el impulso de alejarse como acto reflejo; sin embargo, decidió quedarse a esos escasos centímetros que le ofrecían el calor del contrario, mirando directamente aquellos ojos zafiros gemelos a los suyos. Sus respiraciones cálidas rozaban los labios del contrario.
Ella acabó por arriesgarlo todo, cerró los ojos y se lanzó a aquel impulso de su cuerpo, eliminando la distancia entre ambos, rozando levemente los labios de Link; este pequeño roce evidentemente no fue suficiente para el contrario profundizando aquella unión. Zelda había reparado en su corazón que palpitaba como loco en ese momento, sus orejas quemaban; pudo sentir el roce carrasposo de la mano intrusa sobre su nuca manteniéndola cerca de aquellos labios que la acariciaban con tal maestría que agitaba su respiración, había un roce ajeno y húmedo en todo esto que sólo exacerbaba las emociones que sentían su cálido cuerpo en ese momento ¿era su lengua? No le importaba realmente.
-No vas a cambiar nada con esto... -susurró Link en el momento en que se separó con suavidad de la boca de la monarca.
Ella se quedó atontada, le costó enormemente abrir los ojos, obligándose a sí misma a salir de esa ilusión. Mordió su propio labio inferior con timidez, no podía pensar con claridad, se sentía tan vulnerable frente a él, y en esta ocasión, eso le encantó.
Link se alejó lentamente de ella, Zelda se obligó a sí misma a mantener la mirada en su rostro puesto que el guerrero estaba completamente desnudo con el agua a nivel de sus caderas apenas.
-Regresa al hotel, ahora –volvió a hablar girándose nuevamente.
Zelda se apresuró a entrar al agua para tomar su mano con rapidez. Debía concentrarse, el chico frente a ella era su única esperanza, no podía darse el lujo de perder su favor.
-Quiero estar contigo... –declaró con la doble intención que Link captó por su tono.
Se giró nuevamente para dejar una mano en su espalda, pegando por completo su cuerpo al de ella. El cielo estrellado brillaba sobre ellos en esa noche de verano, el calor del agua la mareaba sutilmente, pero el cuerpo duro y cálido que le rozaba la hacía estremecerse.
-Estás jugando con fuego, princesa –susurró muy cerca de sus labios. La monarca inconscientemente cerró sus ojos por unos segundos, dejándose llevar por las extrañas sensaciones de su cuerpo-. Esta vez, no me voy a detener a la mitad –amenazó el guerrero.
Zelda en ese momento abrió nuevamente los ojos para observar su mirada titubeante. ¿Aún había algo de aquel joven misericordioso? No estaba segura, pero lo necesitaba justo ahora.
No dijo nada más y simplemente volvió a besarlo con torpeza. Rápidamente Link volvió a tener el control de la situación donde guió ese beso a la pasión que volvía a dejar sin aliento a Zelda. Él utilizó su mano libre para rozar su muslo derecho, a medida que iba subiendo, las telas de su vestido también cedieron, una vez que se deshizo de él, notó que su pareja siquiera portaba ropa interior, quedando completamente desnuda ante él.
-¿Te paseaste por ahí con tal escasez de ropa? – Algo en su voz denotaba molestia.
-Dejé la capa sobre el arbusto –respondió con incertidumbre.
Link desvió levemente la mirada hacia sus hojas, la capa negra había acabado sobre el suelo en algún momento. Un ligero alivio para sus celos. Volvió la vista nuevamente a la fémina frente a él, bajando lentamente la mirada hasta sus pechos, devorándolos con sus ágiles dedos y lengua, centrándose en algún punto en sus botones de rosa pálido. Zelda apretó sus párpados, sí, tenía miedo, tenía miedo de lo que estaba sintiendo y lo que podría pasar, jamás había escuchado sonidos similares salir de su boca, era tan vergonzoso.
Link había bajado una de sus manos hasta su entrepierna mientras ella no tenía idea de qué estaba pasando, el contrario le estaba haciendo deliciosas cosquillas que acabaron por hacer que elevara su mano hasta su boca para hacerse callar de una vez, con resultados fallidos en más de una ocasión, debido a que su pareja se encargaba de retirar su mano.
El guerrero la hizo retroceder hasta que sus glúteos chocaron con el borde del baño. La hizo salir recostándola sobre el suelo, con sus piernas aún en el agua y él entre ellas. Volvió a subir a sus labios, Zelda de nuevo se perdía en esas sensaciones en todo su cuerpo, apenas sintió la pequeña intromisión en su entrada.
-¡E-Espera! –pidió confundida.
-Tranquila, es solo un dedo -dijo muy cerca de sus labios-. No quiero lastimarte.
Pudo sentir como lo introducía con lentitud, sin dolor, pero el temblor en su cuerpo comenzó a hacerse presente cerrando sus ojos con fuerza de nuevo. No sabía qué le pasaba, sabía más o menos lo que se espera de las relaciones sexuales en general, sin embargo, nada de lo que había leído o había escuchado se parecía a lo que estaba sintiendo. Todo era demasiado perfecto para ser verdad, tanto que le aterró.
Comenzó a sentir de nuevo las caricias en sus senos, besos en su cuello y más cosquilleos en su entrepierna, aquella intromisión se había vuelto una necesidad que cuando lo sintió salir quedó levemente decepcionada. Habían sensaciones nuevas y deseadas en su entrada ¿Se había vuelto ligeramente más grande? Es posible, pero se negaba a cerciorarse o averiguar de qué se trataba, ya le había dejado su destino a su deseado captor.
Abrió los ojos cuando sintió el dolor que esperaba. Intentó alejarse con rapidez pero fue apresada por sus brazos y sus besos.
-Todo está bien... -le susurró con su voz tranquila.
Zelda abrió los ojos mirando los contrarios por un momento y se dio cuenta de que no dolía tanto, pero sentía el miedo que esperaba.
-¿Estás...?
-No todavía. Necesito que te relajes, pronto pasará -respondió-. No voy a soltarte ahora.
La princesa volvió a pensar en todas las circunstancias que les rodeaban, los motivos que le habían orillado a hacer esto, quien era el hombre frente a ella, luego de un momento había llegado a una conclusión; muy a pesar de todo, deseaba al hombre que se alzaba sobre ella.
-No quiero que me sueltes, continúa –pidió, intentando dejarse llevar.
Pudo sentir el cuerpo de Link abriéndose camino dentro de ella, dolía, sí, pero extrañamente quería ser una masoquista, ahora deseaba ese dolor. Sintió sus músculos contraerse de repente mientras Link la embestía luego de varios minutos gozosos; cuando esto ocurrió, él simplemente se detuvo por un momento sintiendo sus paredes apretándole con fuerza, ella había dejado salir un gemido fuerte, y las estrellas se hicieron presente en su mirada. Por unos segundos no supo que había pasado, sólo dejaba que su respiración y sus latidos se tranquilizaran levemente; no sirvió de mucho, Link continuó moviéndose, sin darle tiempo a pensar nada más que lo que pasaba entre ambos cuerpos, el suyo en especial al ser besado, acariciado y penetrado con insistencia. Fue extraño sentir cómo el guerrero salía de ella para luego sentir algo cálido en sus muslos.
Miró el rostro masculino sudoroso, sonrojado y jadeante; ella, mordiéndose el labio inferior mirando hacia abajo, notando sus piernas bañadas de su semilla.
-Creo que... no lo entiendo... -mencionó con la mente más clara.
Link la miró con compasión, la expresión de Zelda era la de una niña pequeña con muchas dudas existenciales. Tomó la cubeta vacía a un lado y llenándola con el agua del baño, la tiró con lentitud en el cuerpo de Zelda, a lo que ella le miró aún más confundida. Él no dijo nada más, la tomó de las caderas y levantándola en brazos, la metió al baño junto a él.
La había abrazado una vez que ambos estaban dentro del baño. Ella se olvidó de todas las circunstancias que les rodeaban, sólo le importaba ese suave palpitar junto a la calidez que aquel pecho le desbordaba.
-Todo mi mundo y el sentido común me gritan que debería odiarte... -le susurró aun manteniéndola unida a él.
Zelda entendió como terminaba aquella frase, simplemente sonrió antes de corresponder a su suave gesto, deslizando sus manos por detrás de su cuello, encontrándose con algunos mechones rubios con los que se atrevió a jugar por unos segundos.
-Yo sí llegue a odiarte profundamente -contestó ella con una voz dulce que consternó a Link.
De repente acabó por ceder al mareo que el calor le provocó, Link no dejó que acabara cayendo al agua y salió del baño con Zelda en sus brazos. Minutos después, se encerraron en la habitación donde ella lo miró tender sus ropas mojadas en el marco de la ventana.
-¿Cuál es tu historia? -se atrevió a preguntar ella.
Era una interrogante que le invadía desde el primer día en que lo vio; pudo sentir el ambiente cambiar lentamente cuando Link volteó a mirarla nuevamente con la frialdad en sus ojos. Zelda levantó las cejas sin ocultar su angustia ¿Qué había pasado de repente?
