N/A: Buenas! cómo están hermanas? Espero que muy bien uwu! Disfruten del cap, me gustó muchísimo escribirlo y creo que es de mis escenas favoritas del fic, por favor déjenme saber qué piensan! Nos vemos en la próxima, cuídense mucho 3
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Capítulo XIII
El reloj seguía con su continuo tick tack, su gata dormía encima de él y él simplemente estaba en su cama, en eso se había convertido su rutina. Quién sabe desde cuándo no se bañaba, apenas se levantaba para ir al baño a orinar, a duras penas cambiaba la comida de Tiffi cada tanto y había descuidado tanto su higiene bucal que no podía abrir la boca del mal aliento que tenía. Hace ya tres semanas y pico que había empezado a faltar a la universidad y volver cada vez parecía un desafío más difícil por el cual no quería atravesar. No sólo estaba desmotivado, frustrado y desganado, sino que también empezó a tener terror de salir. No quería salir de su casa, no quería tener que lidiar con nada del mundo exterior; tenía la creencia de que encerrado sin tener que esforzarse es cómo debía estar, después de todo así era todo más fácil.
Después de la pelea que tuvo con Kyle apagó su celular y no volvió a encenderlo. No le preocupaba lo que su madre podía pensar, total si se preocupaba sabía que iba a llegar a su casa a verle entonces no le suponía un inconveniente. No quería hablar con nadie, tampoco imaginaba que sus amigos se preocupen por él, después de todo él no estaba haciendo nada malo, ¿o sí?
Sumido en la oscuridad como estaba, encerrado en su habitación, dejó afuera a Tiffi por un momento y decidió sacar la navaja del cajón. Su ya lastimado brazo esperaba aquel encuentro entre el filo y su piel. Cartman volvió a enfrentarse a aquellos cortes, que al principio empezaron a formarse con suavidad hasta que empezaba a recordar la pelea y las palabras que habían gritado volvía a sentirlas como si estuvieran pasando en ese mismo momento. Por haber dicho "fracasado", talló en él un corte profundo que hizo que su sangre empezara a brotar como fuente sin ninguna demora, por la palabra "gordo" abrió un tajo en su muslo, y así con cada palabra que pudo recordar hasta que las lágrimas empezaron a correr ansiosas de sus ojos. Intentó limpiarse, manchando un poco su cara con su sangre. Su cabello grasoso y un poco más largo caía sobre su frente e intentó acomodárselo un poco en la desesperación, sin obtenerlo.
Empezó a preguntarse sobre quién podría interesarse por él, de todas maneras en la universidad no tenía amigos, no le interesó en ningún momento conocer a alguien con quien compartir y sabía a ciencia cierta que él no era interesante para nadie, por lo que nadie nunca se le acercó. Empezó a pensar en sus amigos de la infancia y dio cuenta que recién había empezado a salir con ellos porque esperaban obtener algo a cambio de él, no porque realmente quisieran pasar tiempo con él, después de todo siempre lo habían considerado fastidioso y podía jurar que no hubo un cambio, seguramente seguían percibiéndolo de la misma manera. Pensó en Kyle, fundamentalmente en Kyle, y se sintió decepcionado sobre sí mismo. Pensó en todo lo que había hecho para ayudarlo en su estudio y que a fin de cuentas en todo lo que resultó eso fue tenerlo en su casa, gritándole que tiene un "problema", insultándole, diciéndole gordo, metiéndose más de la cuenta. Es que no lo entendía, pensó, y nunca podría entenderlo. Cartman dio cuenta que estaba solo, que siempre estaría solo, y que inclusive su gata merecía a alguien mejor, a alguien que sí se levante a tiempo para servirle comida, a alguien que sí pueda ocuparse de sí mismo y de ella. Estaba desesperado pero no podía hacer nada, era su culpa encontrarse de esa manera. Pensó que tal vez sí tenía un problema, pero ¿a quién le importaba realmente? A nadie, no quería hacerse cargo de eso, sentía que se había dejado estar mucho tiempo y que ahora intentar revertirlo le suponía un problema más que no estaba dispuesto a enfrentar.
Supo desde lo profundo de su corazón que había decepcionado a todos que alguna vez pusieron un gramo de confianza en él, entre ellos su madre. Se vio a sí mismo, acostado todos los días y todas las noches en la cama, sin comer ni moverse, sucio como estaba, quedándose pelado prácticamente y tomando pastillas para dormir que consiguió una noche para no levantarse. Era miserable. Se sentía miserable.
Ese día particularmente se sentía peor de lo que acostumbraba. Dirigió su mirada hacia el teléfono que tenía a su lado y empezó a llorar en silencio. No le importó limpiarse los cortes que se había producido, si se infectaban finalmente sería algo interesante. Dio vueltas en las sábanas, enredándose en ellas. Los pensamientos intrusivos cada vez eran más fuertes y realmente empezaba a considerar que nada valía la pena. Después de todo había sido tan inútil que ni siquiera fue capaz de seguir la carrera que tanto se supone que adoraba. Y eso había sido culpa suya. No tenía remedio, había estado perdiendo el tiempo todos esos días y había echado a perder el primer cuatrimestre en el que le fue bien, también dio cuenta de que él mismo se había estado saboteando con sus problemas de concentración, si tan sólo comiera bien seguramente no pasaría por todo ello, ¿por qué no podía llevar una dieta normal? se preguntó. La respuesta llegó enseguida: porque no lo merecía.
Dejó que su brazo colgara del colchón y su sangre rápidamente se escabulló y goteó desde las yemas de sus dedos, manchando el piso con ella. No sentía dolor, no sentía más nada. Tenía la mente nublada, con un torbellino de pensamientos que no se calmaban, se preguntaba nuevamente por la facultad, por su madre y por sus amigos y por Kyle. Pensó que era el reflejo de las palabras que le dirigió al pelirrojo, después de todo no conocía a alguien que había fracasado tanto como él. Dio cuenta que Kyle sólo había estado tratando de ayudarle, que estaba preocupado, y lo que hizo él fue meterse con su carrera. Sabía que eso le daba problemas a Kyle, incluso lo había hablado con Kenny en una ocasión, alejó a la única persona que se había estado interesando por él todo ese tiempo y definitivamente había sido culpa suya, ¿cómo podía ser tan imbécil? Tan tonto, tan miserable, tan fracasado. Cerró sus ojos y más lágrimas se escaparon por sus pestañas.
No era consciente ya de cuánta sangre había perdido, sólo dio cuenta que por lo menos una hora había pasado en la misma posición y sentía que raíces habían brotado de su cuerpo y lianas lo amarraban a la cama. A duras penas se levantó de ella. Sentía como su gatita, desesperada, rasgaba la puerta desde fuera, anhelando desesperadamente entrar. Casi ni siquiera abrió sus ojos. Tomó las pastillas que se encontraban en los blíster desparramados de su cajón y los llevó consigo entre manos. Abrió la puerta dejando que la gata entrase y esta vez la encerró en la habitación. Con pasos desgarbados se dirigió hacia la cocina, recogió el cuaderno del suelo, aquel que le había arrojado a Kyle y que nunca había levantado, vio que aún tenía la mancha de la sangre ajena por la manera en la que lo lastimó y se estrujó su corazón de la culpa que sentía en él. Arrancó las hojas, todas y cada una de ellas, que fueron a parar desparramadas por el suelo. ¿Cómo podía haber estado haciéndose todo eso durante meses? No tuvo respuesta, al menos no una que le convenciera. Golpeó su cabeza con fuerza con sus puños, sintiéndose mareado ya. Agarró un blíster de los que tenía en su mano, eran benzodiacepinas de dos miligramos, que sin tardar sacó del blíster. Metió una en su boca y empezó a mascarla. Hacía eso todas las noches para poder dormir más, pero en este momento no era consciente ni de la hora que era. Su sabor era apenas ligeramente mentolado y sentía cómo se deshacía en su boca. Tomó otra más, hasta que se convirtieron en cinco, siete, y terminó el primer blíster. Luego, se levantó de la silla, su cabeza cada vez le daba más vueltas y su visión empezaba a tornarse borrosa. Se dirigió hacia el baño, se sacó su única remera y su ropa interior, abrió el agua caliente de la bañera y puso un tapón para empezar a llenarla. Al poco tiempo, se sumergió en ella, dejando que cada vez se llenara un poco más. Sus heridas abiertas mancharon los bordes blancos de la tina pero poco le importó, pues en breve se limpiarían con el agua, o al menos eso pensó. Tomó el segundo blíster y esta vez no fue tan paciente, sacó todas y cada una de las pastillas para meterlas en su boca y masticarlas, tal como hacía con los chicles, sólo que esta vez su ansiedad no era la culpable. Estaba cada vez más tranquilo, sus acciones respondían simplemente a la inercia de su tristeza, como si no le quedaba ninguna otra opción y como si se dejara llevar por la letra de una canción. Pero no había canción ni había melodía, estaba él solo en su casa a quién sabe qué hora, con el ruido del grifo abierto que llenó la bañera tanto que empezó a desbordarse. El agua caliente hizo que la piel de Cartman rápidamente se tornara carmín y la sangre empezaba a diluirse en ella pero brotaba cada vez más. Se había producido heridas muy grandes que no podrían cerrarse por sí solas.
Cartman se relajó con los vapores del agua, cerró sus ojos lentamente. No pensaba en nada, ya no pensaba al fin. Su cabeza por fin estaba en silencio y parecía que sería un buen momento para poder relajarse. Estiró sus piernas como pudo en aquel espacio reducido, dejó que el agua mojara hasta sus cabellos mientras se sumergía cada vez un poquito más en la tina, llegando a hundirse. Sentía que estaba siendo abrazado por una nube cálida, sentía que se estaba quedando dormido en una cama hecha por plumas de primera calidad y era una sensación tan satisfactoria que no podía hacer otra cosa más que disfrutarla. La muerte le estaba tendiendo su mano, comprendió sus pecados y Cartman supo que estaría en buenas manos, que tan sólo tenía que dejar guiar sus pasos y pronto todo habría terminado. Esta era una historia, su historia. La historia que tanto le había gustado tenía tanto sentido ahora que vivía el final de la suya. Sintió que su vida llegaba a un punto final y que no habría mucho más para escribir; creyó por fin que al final de todo, todo se resolvía. Pensó en ese final como un buen final, después de todo, se estaba suicidando. Al fin. ¿No era eso lo que todos esperaban? ¿y a él qué le importaba lo que los demás esperaban? Ese era, por fin, el final que había ansiado él. En cada momento que decidía dañarse, en realidad lo que más anhelaba era morirse. Finalmente sucumbió a sus deseos más profundos. Él, Eric Theodore Cartman, se estaba matando y se sentía bien con ello.
Pensó en Tiffi, su gatita, con esperanza de que encontrara un dueño mejor y que la cuidara y amara aún mejor de lo que él podía hacer.
Pensó en su madre, dio cuenta de cuanto iba a afectarle la noticia de su muerte y no es que no le importó, sino que pensó que no tardaría tanto en superarlo y daría cuenta, eventualmente, que en realidad era un alivio y comprendería el sacrificio que hizo su hijo, hasta agradecida por ello. Su muerte sería un favor, un regalo.
Pensó en Kenny y Stan, quizá llorarían, pero seguramente seguirían con sus vidas convirtiéndose para ellos en una triste anécdota que no repetirían nunca más.
Pensó en Kyle.
Su mente se detuvo en Kyle.
Recordó la primera vez que lo encontró y cómo sus cabellos pelirrojos danzaban en su cabeza. Recordó aquella barba apenas naciente y cómo se veía su mandíbula cuando se rasuraba. Recordó sus brazos, recordó su voz y sus palabras de aliento esa vez cuando se desmayó. Recordó las sesiones de estudio, sus palabras esperanzadoras, sus chistes, el sonido de su risa y el olor que tenía su departamento. Recordó los pequeños hoyuelos que se marcaban en sus mejillas cuando sonreía con todos los dientes, y como era su nariz bañada por la luz de luna. Recordó a Kyle con todos sus sentidos, cómo se sentía pellizcarle las mejillas, cómo se sentía su abrazo y calidez. Kyle empezó a llamarlo en sus sueños, sentía que quería irse con él y pedirle perdón por todo lo que había hecho y por todo lo que había dicho, iría a un lugar donde no sería demasiado tarde hacer todas esas cosas.
¿Lo extrañaría Kyle? ¿Kyle podría resolver su vida sin él? se preguntó.
Esta vez, no pudo darse una respuesta. No quería que Kyle pudiera, y tal vez era egoísta con ello, pero no quería que se recupere tras su muerte. Tampoco quería que sufra, simplemente quería ser importante para él, quería significar algo en la vida de Kyle Broflovski, quería marcar un antes y después en su corazón. ¿Era eso algo egoísta? Quizás. Su último pensamiento lo llevó hacia la última vez que estuvieron en la biblioteca, con un Kyle relajado reposando en sus brazos apoyados en la mesa, un Kyle que cerraba sus ojos lentamente como si sus pestañas fueran el aleteo delicado de una mariposa, desde el lugar perfecto y justo en el que Cartman podía distinguir las sutiles pequitas que manchaban su rostro. Recordó las gracias que le había dado en ese momento. Recordó cuán útil se había sentido por las palabras ajenas y después de eso. El sabor del sanguche que habían consumido juntos y del burrito se hicieron presentes en su boca y sintió tal como si los estuviera comiendo como aquella vez. Se sumergió un poco más en la tina.
Su último pensamiento fue el latir del corazón de Kyle cuando por haber aprobado lo abrazó y lo unió contra su pecho. Podía sentirlo tan claramente, tan cerca, que sabía con todo su corazón que una vida sin haber pasado por todo eso simplemente sería una vida carente de sentido.
Por fin se sintió pleno y lentamente dejó de respirar.
*.*.*
No importaba cuánto llamaba, cuántos mensajes enviaba o cuántas notas de voz dejaba en su contestador. Cartman, sencillamente, no respondía. Kyle estaba desesperado, le había avisado tanto a Stanley como a Kenneth para que intentaran llamarlo pero todo era en vano, ninguno era atendido por el castaño. Kyle estaba más ansioso cada día que pasaba. Habían transcurrido al menos diez días de la última vez que se habían visto y nadie, absolutamente nadie, tenía idea de dónde podría estar Cartman. Fue a su facultad a esperarlo en sus clases, consultó con un profesor y le informó que hacía ya por lo menos un mes que Cartman faltaba a cada clase de la facultad. Sus compañeros directamente no lo conocían o no le prestaban atención y ahí dio cuenta Kyle que no tenía ningún amigo y la situación fue cada vez más angustiante. Suspiraba abrumado en cada oportunidad que tenía. Empezó a fumar de los nervios y estrés durante esa semana cada vez más frustrado al ver impedimentos en todo lo que intentaba hacer y descuidó sus estudios cada vez más, después de todo prácticamente no podía concentrarse para hacer los prácticos que tenía que hacer ni para las clases a las que debía asistir.
Estaba en el departamento de Stan en ese momento, dando vueltas en círculos, pensando en sus opciones. Marsh intentaba calmarlo pero era en vano, nada servía. Kyle había ido a su psicólogo y tan sólo le había aconsejado esperar pero tenía el presentimiento de que eso no sería suficiente, no podía quedarse sin hacer nada, y aunque era cierto que la última vez que intentó hacer algo la terminó cagando, no sentía que ahora la situación sea tan flexible para tan sólo esperar. Sentía que sus palabras habían sido graves, sentía que sin quererlo había clavado estacas en el corazón de Eric Cartman y estaba abrumado pensando en la posibilidad de que no se recuperara. La ansiedad lo comía vivo. Concebía a Cartman como una bomba que en cualquier momento explotaría y sentía que había cortado el cable incorrecto y su tiempo en ese mundo era cada vez más reducido.
Stan estaba desesperado por la situación de sólo ver a su amigo, estaba al borde de tener una recaída en el alcohol por la desesperación y eso que tan sólo llevaba casi dos días sin beber, pero era casi inevitable. Hasta que una idea surcó por su cabeza rápidamente. Pensó que Kenny debía tener una respuesta, después de todo había estado viviendo con Eric durante por lo menos tres meses y quizá un poquito más. Sacó su celular con prisas y no demoró en mensajear al rubio para que fuera hacia el departamento.
Era un miércoles, la noche ya había caído y el reloj marcaba la una de la mañana. La luna estaba llena en el cielo e iluminaba casi tanto como el sol. Era una noche preciosa, estrellada, y toda la ciudad se sumía en un silencio sepulcral. Kenny llegó al poco tiempo que recibió el mensaje, se encontraba afuera y Stan dejó solo a su amigo un momento para salir a atender. Kenny pasó y saludó al pelirrojo con cariño, pero lo vio preocupado, unas ojeras se marcaban en su rostro de una manera imposible de no notar.
—Kyle ¿dormiste? —Preguntó el rubio. Kyle apenas hizo por verle y negó con su cabeza. Prendió otro cigarro sin molestarse por ir al balcón y tiró las cenizas en un pañuelo que estaba en el piso, extendido.
—No responde a ninguna de mis llamadas. Ni una sola. —Dijo, con un tono de voz tambaleante y desesperado.
—A mí tampoco me responde, ya pasó más de una semana. —Agregó Stan.
—Puede ser que esté dormido. —Dijo Kenny, intentando calmar la situación.
— ¿Dormido durante diez días? Oh por favor Kenny, no seas ridículo. —Dijo Kyle, sentía como si nadie pudiera entender la urgencia de la situación. Kenny se encogió de hombros, diciendo con su cuerpo un "tan sólo quería ayudar". Kyle bufó frustrado, con su diestra echó sus cabellos hacia atrás y dio una profunda calada al cigarro. Cuando lo terminó, que fue rápidamente, lo tiró en el suelo y lo pisó. Stan optó por no reclamarle nada, Kyle estaba nervioso, tanto como nunca lo había visto. O como no lo había visto en mucho tiempo, después de todo otras situaciones que desesperaban al pelirrojo se dieron en su infancia o adolescencia y extrañamente también se relacionaban con Cartman.
—No se me ocurre qué otra cosa más sugerir. —Dijo Kenny. Se sentó en la cama y sacó las llaves de su bolsillo, después de todo se clavaban en su piel. Se quedó jugando con el juego de llaves durante un momento, con la mente en blanco, divagando por lo que sea que su cerebro pudiera formar.
—A mí tampoco, no se me ocurre nada. ¿Y si llamamos a la policía? —Sugirió Stan.
—Imposible. No sabemos lo que la policía puede hacerle a alguien mal de la cabeza, ¿y si justo se pone violento con un policía? Seguro y lo acribillan. —Negó Kyle con su cabeza. Ya había visto casos así en psicología y eran lamentables, la policía realmente no tenía cuidado tratando con pacientes mentales. Todo eso le olía muy mal.
— ¿Y si llamamos a Liane? —Volvió a sugerir Marsh.
Kenny y Kyle negaron con la cabeza. No tenían su número, se habían descuidado de ello.
Kenny se quedó con la mirada fija viendo su manojo de llaves. Empezó a recordar para qué era cada una intentando distraer un poco su mente de ese ambiente tan cargado. Estaba la de la casa de sus padres en South Park, la de su camioneta toda gastada, la de su departamento actual, la de la escuela que guardaba como recuerdo de aventuras, la del departamento de Cartman...
Esperen.
¡¿La del departamento de Cartman?!
Se levantó de repente. Stan y Kyle lo siguieron con la vista. ¿Cómo había podido ser tan lento? Siempre había tenido la respuesta en su bolsillo y se la había estado guardando como un estúpido. Sin darle explicaciones se largó a correr del edificio, Kyle lo siguió aturdido y Stan demoró un poco más en salir y cerrar, pero siguió tras ellos. Rápidamente Kenny detuvo un taxi y los tres amigos subieron sin demoras.
— ¡Tengo sus llaves! —Exclamó por fin Kenny luego de haberle dado indicaciones al taxista, llegarían al lugar en más o menos cinco minutos. Kyle abrió sus ojos como platos y sentía que por fin podía respirar de nuevo.
— ¿Por qué no lo dijiste antes amigo? —Preguntó Stan, dándole un suave golpe en la cabeza al rubio. Kenny sinceramente no supo qué responder, no había dado cuenta, estaba muy aturdido anteriormente y no le había dado tiempo de pensar.
Bajaron del auto en cuanto llegaron, Kyle fue quien le pagó al taxista y sin más demoras fueron apurados a abrir la puerta del departamento. Subieron las escaleras hasta el cuarto piso con rapidez, saltando los escalones, después de todo no tenían tiempo de esperar el elevador. Kyle tenía un mal presentimiento y sentía como su corazón daba un vuelco tras cada paso, cada vez más agitado. Kenny iba al frente, sosteniendo las llaves, y apenas llegaron abrió la puerta y el primero en abalanzarse fue el pelirrojo, quien de un sólo vistazo en el lugar dio cuenta de los papeles desparramados por el piso y de unos maullidos desesperados que se escuchaban ahogados.
—¡Kenny tú busca a Tiffi! —Indicó Kyle y se escabulló en el departamento del menor, viendo por cada habitación.
Kenny hizo lo que dijeron prontamente y trató de ignorar el desastre y las manchas de sangre que había en el piso. El que estuvo hipnotizado viendo estas fue Stan y se quedó un tiempo más a mirar el contenido de las hojas arrancadas, cada vez más horrorizado.
Kenny llegó a la habitación de Cartman y abrió la puerta, tomando a Tiffi en sus brazos que se notaba angustiada. Le hizo mimos al pobre animalito en un intento de calmarla.
Kyle sin dudarlo ni un segundo se dirigió al baño directamente, encontrando por fin al menor tendido en la tina, con el grifo abierto, desnudo y casi en un baño de sangre. Estaba inconsciente. Su rostro empalideció enseguida y sentía que sus músculos se tensaban pero no dejaría de moverse. En la desesperación le gritó a sus amigos para que llamaran a una ambulancia. Distinguió que el castaño sostenía entre sus manos unos blíster vacíos de clonazepam e hizo un esfuerzo para no desmayarse. Lo sacó de la tina y lo apoyó en el piso, cerró el grifo, rompió parte de su ropa para atar el trozo de tela sobre las heridas ajenas y evitar que la hemorragia continuara. Haría lo posible para que no sea tarde y con todas sus fuerzas empezó a hacerle RCP en su pecho. Sentía como las lágrimas empezaban a caer de sus ojos y daban encuentro con el pecho contrario. Cuando terminaba con el ritmo en el pecho ajeno se inclinaba para pasarle aire con su boca, y así otra vez. Logró que Cartman tosiera finalmente, pero no abrió sus ojos. De pronto otras personas llegaron al departamento e hicieron que se apartara del cuerpo. Cartman recibió atención de los enfermeros que lo llevaron al instante al hospital más cercano y Kyle no demoró en salir tras él, llorando desesperado. Kenny y Stan intentaron detenerlo para que se calmara, pero era imposible. Kyle tomó otro taxi en dirección al hospital, se puso como tutor de Cartman apenas llegó ahí. Kenny y Stan llegaron muy poco tiempo después y se sentaron a esperar en la guardia.
Le informaron que a Cartman debían realizarle un lavaje de estómago y cocer sus heridas. Kyle firmó una autorización. Le pidieron que por favor espere.
Sus amigos se dirigían miradas nerviosas mientras veían como cada vez más gente herida llegaba a la guardia. Kyle movía sus piernas con ansiedad y parecía que era un terremoto. Pronto sabría los resultados pero por lo menos estaba seguro de algo, y eso era que había llegado a tiempo. Cartman estuvo vivo cuando estuvo en sus manos, pudo sentir un poco de su calidez. Sintió que por primera vez no había llegado tan tarde, o al menos eso esperaba y las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos otra vez.
Nunca rezaba y ahora estaba a la espera de un milagro. Esperaba que abriera sus ojos. Tan sólo un milagro lo separaba de Eric.
Sintió que no era mucho pedir escuchar la risa de Cartman aunque sea una vez más.
