II. Clavel púrpura – Estados de ánimo cambiantes.

«Yogoreteru tamashii dake wo torinozoku no ga muri nara… Dochira ni arukeba sore wo mirai to yoberu no deshou…

Chuuburinna yume juukyuusai… Chuuburinna uso juukyuusai…»

19 Sai, Suga Shikao.

Si bien se conocía profundamente, Xiaolang a veces no se tenía paciencia.

La Academia había sido fácil en comparación con el Escolamántico. Allí, el ambiente era solitario y opresivo, incluso siniestro en varios puntos del sitio, por el tiempo que estuvo cerrado y en el abandono. La mayoría del tiempo, a Xiaolang no le importaba pasearse solo por allí, ya que le agradaba la tranquilidad y el silencio, pero pronto descubrió que echaba de menos algo de la Academia, para su sorpresa.

Era un solitario y al mismo tiempo, anhelaba compañía.

Los Centuriones, sabía, eran entrenados para poder realizar la mayor parte de sus misiones sin necesitar refuerzos. Al menos, eso decían algunos de sus profesores, aunque Xiaolang podía ver que no todos estaban de acuerdo. Le irritó, al principio, pero decidió darle una oportunidad a ese tipo de acciones siempre que sus pensamientos lo empujaran fuera de su burbuja personal.

Los hombres no son islas, o algo así decían los mundanos.

—Xiao, por tercera vez, pásame el libro que es más grueso que tu brazo.

Dando un respingo, Xiaolang miró con el ceño fruncido a quien le hablaba.

—¿Quién te dio permiso de llamarme así? —quiso saber, estirando la mano para tomar el volumen solicitado.

—Es más fácil de pronunciar. Anda, el libro, por favor.

—Explícame, de nuevo, por qué acepté hacer esto.

—Oh, Centurión todopoderoso, recuerda, "amenazo" tu vida.

—Vaya, yo que pensé que era al revés.

La risita no se le escapó a Xiaolang, pero definitivamente era mejor oír eso en ese momento que los ruidos habituales de un Escolamántico semivacío, o las quejas de Arya sobre su último ligue.

En serio, ¿cuántas chicas iba a conseguir antes de darse cuenta de cuál era su problema?

—¿En qué piensas ahora?

—A veces odio mi vida.

—Estás siendo dramático, ¿verdad, Xiao?

—Eso quisiera.

Le salió con más amargura de la deseada, pero era verdad y parte de la razón por la que era tan estricto consigo mismo, tan decidido a conseguir buenos resultados al primer intento, y por lo que después se frustraba si no ocurría.

—Tengo una amiga —comenzó de pronto, dejando a un lado sus notas y su libro de consulta con un ademán de hartazgo—, que tiene más vida social que yo, pero que no puede conservar una pareja por más de tres meses. ¿Debo decirle a la cara la razón que yo veo para eso o dejo que se dé cuenta sola, aunque crea que va a tardar años?

—En primer lugar, no te corresponde resolver los problemas de tu amiga…

—Ya lo sé.

—… Y en segundo lugar, si no te ha escuchado antes, ¿crees que lo hará ahora?

—¡Lo sé! No estaría tan molesto si no me contara los detalles de cada relación que tiene. No soy el único con quien habla de eso, y le he pedido que no lo haga, pero…

—¿Tampoco en eso te escucha?

—Para mi desgracia.

—Entonces la próxima vez que empiece con eso, háblale de tu dulce vida amorosa hasta que se harte de ti y te deje en paz.

—¿En serio? ¿Esa es tu solución?

—Sabes que no me importa que lo digas, ¿verdad, Xiao?

—Sí, pero me sorprende que no te moleste que sea tan… indeciso con el asunto.

—A diferencia de esa amiga tuya, creo tener bien claro el panorama completo. Sobre todo por cómo me tratarían en tu casa si lo supieran.

—A veces quiero zarandear al tío y a veces, solo quiero dejarlo con la palabra en la boca. Pero como has dicho antes, Mei, es nuestra vida, no la de ellos. Creo que hablaré con los chicos cuando acabe la reunión del Consejo. Incluso con esa amiga mía tan exasperante.

—Ah, ¿te irás pronto, entonces?

—Sí. Me llegó un mensaje de fuego esta mañana. De la mismísima June Theosphati. Eso me da la impresión de que todo salió bien.

—Me alegro mucho por ti.

—Gracias. Solo espero que traiga algo de bien y… ¿un poco de paz, quizá?

—¡Xiao! Si te escucharan ¿Qué dirían esos colegas tuyos?

Xiaolang se encogió de hombros.

—Que deliro por culpa de veneno de demonio. Ya te contaré cómo fue eso.

Poco sabía Xiaolang que el hablar de su situación sentimental, en las semanas venideras, sería la última de sus preocupaciones.