¡Buenas!
Estamos francamente sorprendidas (en el buen sentido de la palabra) de haber recibido reviews, no esperábamos que tuviera éxito lol ¡Muchas gracias por vuestros comentarios, significan mucho para nosotras! / (- nuestro nivel de novatas totales ha quedado en evidencia con esta frase xD)
Lau Gokudera: Jaja, ¡nos alegramos que te gusten las OCs! Tu comentario nos hizo mucha ilusión, ya que es el primero que recibimos... ¡Gracias por tus ánimos! :D
Tokio fan: Sólo con leer tu nick ya sabíamos quien eras xD Y no te preocupes, ya saldrá Muku-chan, aunque aún falte mucho. ¡Sankyû por leerlo! ;)
Carleigh Freda: ¡Nuestra primera subscriptora! ¡Qué emoción! / *saltan como locas* (Akemi: Muchas gracias por tu apoyo, de verdad. *-* No esperaba que nadie dijese nada de mí tan pronto.)
Bueno, aquí está el primer capítulo como dios manda del fic. ¡Esperamos que os guste! (^-^)
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no nos pertenece, sólo las dos OC.
- ¡Vaya, ha sido más fácil de lo que esperaba! – Tsuna la miró sin entender. - Encantada de conocerte, Décimo capo Vongola. Te he estado buscando.
Tsuna se quedó helado.
- ¿¡HIEEEE!
Tsuna la miró, boquiabierto. Gokudera y Yamamoto se mostraron igualmente sorprendidos.
- ¿¡CÓMO SABES TÚ ESO! - Tsuna se llevó las manos a la cabeza, frenético.
- ¿Qué eres, una asesina o algo así? – Preguntó desconfiadamente Gokudera.
- No exactamente. - Reborn apareció de la nada y aterrizó en la cabeza del alterado Tsuna – Ella es un nuevo fichaje para tu famiglia, Tsuna.
- ¿¡Qué! ¡A mí nadie me había dicho nada de esto! ¡Además, yo no tengo ninguna famiglia!
- Por supuesto que sí. ¿Qué son Gokudera y Yamamoto entonces?
- ¡Ellos sólo son mis amigos!
Reborn sonrió misteriosamente. Tsuna odiaba cuando hacía eso; sabía que aquel bebé hacía con él lo que quería y más, y le avergonzaba no poder hacer nada. Pero incluso Tsuna sabía que no era buena idea contradecir a Reborn, así que soltó un suspiro resignado.
Yamamoto rió y palmeó jovialmente el hombro de Akira.
- ¿Así que has venido hasta aquí sólo para jugar a los mafiosos? ¡Ése es el espíritu!
- Bueno, se puede decir así.
Sonrió. Ese risueño chaval le había caído bien.
- Um…
Akira se giró y vio que Akemi se acercaba a ellos. Reborn, por su parte, desapareció tan rápidamente como había llegado.
- ¡Deja de poner esa cara de asustada! ¡No muerden!
Akira rió al ver el titubeo de su amiga. Ella miró de reojo a Gokudera con cierto respeto.
- No, ése tampoco… creo. - Akira miró a Gokudera con retintín.
- ¿¡Qué te hace pensar que muerdo, estúpida! - Gokudera alzó el puño amenazadoramente. Akira enarcó una ceja y esbozó una sonrisa socarrona.
- Por eso precisamente. - Le señaló el puño y se aguantó la risa.
- ¿¡De qué vas! - Gokudera sacó sus cartuchos de dinamita y Akira lo miró como si estuviera loco.
- ¿Petardos en noviembre? ¡Estás tarado!
En la cabeza de Tsuna apareció la típica gota de sudor y Yamamoto, como siempre, se echó a reír. La cara de Akemi plasmaba claramente que pensaba que estaban todos locos.
- Chicas, ¿qué tal si almorzamos juntos? – Propuso Yamamoto – Ya puestos, podríamos enseñaros el instituto.
- ¡Vale! Gracias~
Akira alzó un brazo al aire alegremente y Akemi sonrió agradecida.
- ¡Ayyy~ Esto está buenísimo, nee-chan! – Akira comió con ansia la fiambrera que le había preparado Akemi; a diferencia de ella, su amiga cocinaba muy bien.
- Saboréalo despacio, te vas a atragantar.
- ¡Qué va…! - Un ataque de tos la cortó; evidentemente, se había atragantado. Akemi y sus predicciones de mal agüero nunca fallaban. Ella rió.
- ¡Te lo dije!
- ¿Te doy una medalla?
Akira se recuperó, con lágrimas en los ojos de tanto toser. Tsuna y Gokudera observaban el espectáculo, mientras Yamamoto tenía pintada en la cara su sonrisa habitual.
- ¿Cómo es que has venido a Japón, Fujiwara? – Preguntó Yamamoto.
- Akemi está bien, me suena muy raro que me llamen por mi apellido. - Sonrió ella. En España no es usual que los jóvenes se llamen por el apellido como ocurre en Japón.
- Entonces te llamaré Akemi. - Él le devolvió la sonrisa.
- Mis padres murieron hace poco y he tenido que trasladarme a Japón para vivir con mi primo.
La chica esbozó una sonrisa triste, aún no lo había superado. La expresión de todos se dulcificó, incluso la de Gokudera, que la miró con cierta curiosidad.
- Vaya, lo siento mucho. - Tsuna rompió el hielo tímidamente. Ella negó con la cabeza.
- No pasa nada, no es culpa vuestra.
- ¡No me pongas esa carita, que al final lloraré yo! - Akira le dio un abrazo de oso y ella sonrió un poco.
Los ojos de Akemi se encontraron con los de Gokudera, que había estado callado todo el rato. Él apartó la mirada. Akemi se percató de los anillos que decoraban sus dedos, y los miró por un momento.
- … … …
Todos callaron. No sabían qué decir.
- Bueno, si ya hemos terminado de comer, ¿os importaría enseñarnos el instituto?
Akemi intentó acabar con el incómodo silencio que reinaba en el ambiente, le sabía mal ver a todos tan callados por su culpa. Akira se unió rápidamente.
- Sí, porfa. - Soltó una sonrisa forzada; se le notaba mucho siempre que intentaba expresar algo que no sentía.
- Está bien, vamos.
Tsuna se levantó y los demás hicieron lo mismo.
- … Y finalmente esta es la clase de música.
Concluyó Yamamoto, abriendo la puerta corrediza. Habían llegado al final del recorrido. Akemi les agradeció el gesto y sonrió.
- Vaale, ahora la cosa es acordarnos~ ¡Gracias! – Akira ojeó la clase brevemente y se volvió hacia los demás – Debe de estar a punto de tocar la campana, ¡os echo una carrera hasta la clase!
- ¡Onee-chan, no corras! – Le advirtió Akemi, pero ella ya había empezado a correr.
- Ay madre, como la pille Hibari-san… - Tsuna palideció ligeramente. Gokudera chasqueó la lengua y murmuró un "mujer estúpida" para sí. Yamamoto rió nerviosamente.
- Será mejor que vayamos a buscarla antes de que se meta en problemas.
Los demás se mostraron de acuerdo y empezaron a caminar con paso ligero.
Akira había subido un piso y seguía corriendo por los pasillos más bien sin rumbo, canturreando a pleno pulmón una canción del año de la pera.
- ¡Hit me baby one more time! – Dio un salto y abrió una puerta al azar. Se encontró con un profesor que la miró con cara de pocos amigos – Ups, aquí no es.
Se rascó la cabeza, confusa, y miró alrededor tras cerrar la puerta.
- ¡Pero ¿dónde está la clase!
Se revolvió el pelo exasperada y se puso a correr de nuevo. Pero cuando fue a doblar una esquina se topó con una sombra y cayó al suelo.
- ¡Au! ¿De dónde sales tú?
Se frotó el dolorido trasero y miró al chico con el que había chocado.
- Ostras, pues no está mal el muchacho.
Lo miró con una sonrisa bobalicona, y él alzó una ceja.
- ¿Eres tú la herbívora que se dedica a correr por los pasillos cantando como una desesperada?
- ¿Herbívora? Yo también como carne, hombre, con lo buena que está.
- Eso no quita que seas una débil herbívora.
Ella frunció el ceño; con menudo elemento se acababa de encontrar. Él se limitaba a mirarla con indiferencia.
- Como vuelvas a correr por los pasillos tendrás una semana de detención como castigo.
- ¿Y quién eres tú para castigarme, a ver? - Lo miró desafiante, no le gustaba que la tratasen como a un ser inferior, y ese tío no parecía tener intención de cambiar de actitud.
- ¿Es que no sabes leer, herbívora?
Akira vio entonces la banda de su chaqueta negra. Presidente del Comité de Disciplina.
- ¿Y qué pasa con eso?
Hibari sintió ganas de golpearse la cabeza contra la pared, pero naturalmente se controló. Esa herbívora hacía demasiadas preguntas. Rodó los ojos.
- Estás avisada, no te atrevas a desobedecerme.
Fue a darse la vuelta, pero entonces se oyeron pasos que se acercaban.
- ¡Ah, Kyouya! ¿Qué tal?
Akemi trotó alegremente hacia él. Hibari la miró y la saludó con la cabeza. Los tres idiotas se quedaron petrificados al ver esto. ¿Hibari Kyouya saludando a alguien de manera tan casual? ¡Y encima, ella le había llamado por su nombre!
- ¿Qué? No me digas que conoces a este tío. - Akira se dirigió a su amiga con una mirada interrogante.
- Pues claro, es mi primo. – Akemi respondió como si fuera lo más obvio del mundo. – Del que te hablé, ¿recuerdas?
- ¿¡QUÉ! ¿¡Hibari-san es tu primo! - Tsuna dio un chillido agudo, eso no se lo esperaba.
- ¿Qué tiene de raro? - Ella ladeó la cabeza, confusa.
- ¡Me dijiste que tu primo era amable y atento! ¡Ese tío es de todo menos eso! - Akira señaló acusadoramente a Hibari, quien la asesinó con la mirada.
- No digas eso, claro que lo es. – Su amiga miró con cariño a su primo. – Al principio no lo parece, pero es muy buena persona.
Hibari la miró inquieto, y ella le sonrió. Akira y los tres idiotas miraban el panorama con cara de pasmo. Tsuna no podía creer lo que estaba viendo, nunca había visto a Hibari-san comportarse así con nadie. Ahora le daba incluso más miedo que antes.
- Akemi. – Hibari llamó su atención – Ven conmigo, tienes que rellenar unos papeles del instituto.
- Ah, vale. – Su primo se dirigió a la escalera y ella lo siguió. Se giró un momento y se despidió con la mano – Hasta luego.
Cuando desaparecieron por la escalera, todo quedó silencioso.
- Hoy no paran de pasar cosas rarísimas. – Pensó Tsuna, suspirando pesadamente.
- Jaja, ¿quién iba a decir que Akemi y Hibari serían primos? - Yamamoto puso las manos detrás de la cabeza, sonriendo.
- Nadie lo diría. - Comentó Gokudera. Definitivamente, esos dos no se parecían en nada.
- ¡No pienso dejar que ella viva en su casa! – Akira pisoteó el suelo - ¡A saber lo que le haría el payaso ese!
- No te cae bien, ¿eh? - Le preguntó el capo.
Tsuna se mostró bastante comprensivo. A él le daba miedo, pero suponía que en el caso de Akira, Hibari debía de ser el tipo de persona que más nerviosa la ponía.
- ¿Bien? ¡Para nada! Es un tarado.
Ella se enfurruñó. ¿Desde cuándo la gente llama herbívoros a sus semejantes? Ese tío no debía de estar muy bien de la azotea.
Justo en ese momento, sonó la campana y tuvieron que volver a clase.
Después de dos pesadas horas, la última clase del día llegó a su fin. Akira estaba más aburrida que nunca, Akemi no había vuelto aún. Tsuna, Gokudera y Yamamoto salían de clase, y justo en ese momento Akemi apareció por la puerta.
- ¿Ahora llegas? – Akira la miró divertida. - Te has saltado las dos últimas clases, ¡qué morro!
- Es que Kyouya me ha hecho ayudarle con el trabajo del Comité. – Explicó ella. - Realmente es mucho, no sé cómo puede hacer tanto todos los días.
- Bah, que se fastidie.
Su amiga puso cara de asco, y Akemi rió.
- ¡Pobrecito!
- Qué pobrecito ni qué ocho cuartos, ¡ahora me enfado y no te hablo!
Akira salió disparada hacia los tres idiotas y se enganchó del brazo de Yamamoto, mirándola de reojo.
- Pues vale. - Akemi se encogió de hombros y recogió su cartera. Pronto los alcanzó y se puso al lado de Gokudera. Volvió a mirar sus anillos con curiosidad.
- ¿Qué?
- Um… - Ella titubeó un poco - ¿Puedo hacerte una pregunta?
- ¿Cuál? - Respondió el italiano después de pensárselo un poco.
- ¿Dónde te has comprado esos anillos? – Gokudera se mostró un poco sorprendido – Es que aún no conozco ninguna tienda aquí.
- Pues… en una tienda de accesorios de la calle comercial.
- ¿Dónde está eso? – Preguntó ella; después de todo era su primer día en Namimori.
Akira seguía enganchada del brazo de Yamamoto, mirándola fijamente. Como se esperaba, pasaría de ella hasta que no le dijera algo.
- Bueeno, ¿y por qué no nos enseñáis la ciudad? – Preguntó – A mí me gustaría saber dónde hay una buena sala de juegos, hace tiempo que no voy a una y me estoy oxidando.
- ¿Por qué no? – Yamamoto sonrió ampliamente - ¿Qué os parece si os hacemos un tour mañana después de clase?
- De acuerdo. Y de paso… - Akemi se giró hacia su onee-chan y la señaló – me ganarás un peluche.
- ¿Otro? – Preguntó ella - ¿Cuántos te habré ganado ya?
- Sólo cinco. –Akemi miró hacia otro lado, haciéndose la despistada, y Tsuna le dedicó una mirada de incredulidad - Además, sabes que ansío un oso de peluche gigante de esos, que no conseguiste ganarme la última vez. – La miró acusadoramente.
- ¿Cinco peluches le parecen pocos? ¡Esto es la monda! – Tsuna seguía mirando a las chicas boquiabierto.
- Me explotas, chica. - Akira suspiró profundamente, y Yamamoto rió.
Akemi se detuvo en la puerta principal de la escuela.
- Bueno, yo me quedo aquí; he de esperar a Kyouya. Todavía no me sé el camino de vuelta a casa.
- Ah, bueno. – Akira se lanzó a los brazos de su amiga - ¡Si ese chalado te hace algo, llámame al móvil e iré corriendo a salvarte!
- Está bien, onee-chan. ¡No me hará nada! - Akemi rió al ver la preocupación (para ella, sin fundamento) de su amiga.
- Más le vale, o se acordará de mí. - Farfulló entre dientes, aún en desacuerdo con la idea.
Se despidieron de Akemi y empezaron a caminar por la calle. Akira miraba a Tsuna detenidamente, y éste le dedicó una mirada inquisitiva.
- Estooo… -Akira se rascó la nuca incómodamente - ¿Puedo pedirte un favor muy grande, Tsuna?
- ¿El qué?
Tsuna parpadeó, mirándola con curiosidad. Ella juntó las manos a modo de petición, y lo miró con ojos de perrito abandonado.
- ¿Podría vivir contigo, por favor?
Hasta aquí hemos llegado con el primer capítulo~ ¿Qué tal ha estado? ¿Mejor? ¿Peor? ¿Para matarnos de lo mal que está? (lol)
¡R&R! Vuestra opinión nos interesa mucho. ¡Gracias por leerlo! ^-^
