¡Hola a todos! Sentimos el retraso, con las navidades no hemos podido quedar... T-T Quizás también nos retrasemos un poco con el siguiente capítulo, aunque intentaremos tenerlo a tiempo :D

Antes que nada, muchas gracias por los reviews y los favoritos, nos hace mucha ilusión recibirlos~

Carleigh: (Akira) Jajaja, ¡la has clavado con lo de Akemi! Aunque tiene una faceta maligna, te lo digo yo... e.e A mí me da miedo *se estremece* xD (Akemi) Akira a menudo me dice que soy mona xD La verdad es que no puedo corroborarlo, aunque me agrada que me lo digan. Y Akira tiene razón, tengo un lado "bastante" sádico... u.u lol

Go Men: ¡Gracias por tu fav! Qué bien que te haya gustado :3

Lau Gokudera: Jajaja, sí que lo es~ Es un maldito tarado, pero eso en él tiene un encanto especial ¿a que sí? xD

Hibari-Mayra: Wow, ¡nuestro primer fav de autor! ¡Gracias! *-* Nos alegra que te guste :D


Warnings: Posible OOC, según consideréis que Hibari Kyouya tiene un lado tierno o no xD

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no nos pertenece, sólo las dos OC.


Akemi miró el reloj. Las cuatro y media. Hibari estaba tardando demasiado. Akemi suspiró y entró de nuevo en el instituto. Cuando llegó a la puerta del Comité Disciplinario, vio que salía Kusakabe, el vice-presidente.

-¿Sigue Kyouya ahí, Kusakabe-san?

- Ah, hola, Akemi-san. Kyou-san estaba terminando ya.

- Gracias. - Akemi se despidió de él y entró sin llamar.

-Kyouya… - Empezó ella con tono maternal – Me habías dicho a las tres, NO a las cuatro y media.

Hibari la miró y suspiró, rodando los ojos. Akemi alzó una ceja, apremiante. Él cerró su portátil y ordenó unos papeles que tenía sobre la mesa.

-¡Venga! – Su prima lo cogió por el cuello de la camisa y lo arrastró fuera de la habitación, mientras él lanzaba como podía unos últimos informes al sofá.

- Sé andar solo. – Dijo Hibari, desasiéndose de su prima.

- No tienes remedio. – Suspiró ella.

Salieron del instituto y se encaminaron hacia su casa. Akemi seguía como un patito a Hibari; aunque alguna vez había estado en su casa, no recordaba el camino. Su primo la miró de reojo.

-¿Cómo te ha ido tu primer día?

- Bien, he hecho nuevos amigos. – Sonrió la chica.

- ¿Quiénes? ¿Esos?

- Sí, esos, y tienen nombre.

- No me importan sus nombres. – Rezongó él.

Akemi negó con la cabeza, mirándolo divertida. Entonces recordó algo que le había dicho poco antes de llegar a Japón.

- Oye, Kyouya, tú no sabías cocinar, ¿verdad?

- No.

- Y entonces, ¿qué comes? – Preguntó sorprendida.

- Normalmente como fuera; si no, comida precocinada de la que venden en los conbini. (1)

- Eso no es nada saludable. – Le regañó ella – A partir de ahora, cocinaré yo. Más tarde iremos a comprar, ¿vale?

Hibari sólo se encogió de hombros, y su prima se lo tomó como un sí.


Tsuna miró atónito a Akira, que seguía con la mirada de perrito y con las manos juntas a modo de súplica.

- ¿Vivir conmigo…? ¿En mi casa?

- Es que esta noche la hemos pasado en un hotel cerca del aeropuerto – explicó ella - ¡pero ayer compré un videojuego que sólo había salido aquí en japón y me gasté el dinero que me quedaba!

Los tres amigos se la quedaron mirando, perplejos. ¿A quién se le ocurre comprarse un juego cuando sabía que se quedaría sin dinero para el hotel?

- ¿¡Cómo osas pedirle algo así a Juudaime! – Gritó Gokudera, airado.

- ¡Eh, que conste que me lo sugirió Reborn! – Replicó ella, frunciendo el ceño y cruzando los brazos.

- Sí, fui yo quien le dio la idea. – Reborn surgió de la nada, y saltó al hombro de Akira.

- ¡Reborn! ¿Otra vez tú? – Dijo Tsuna, molesto.

- Ahora es parte de tu famiglia, Tsuna; debes ayudarla. Se quedará en casa. – Ordenó el pequeño hitman.

- P-pero eso… - Empezó el capo, dudoso. Akira le miró con ojos llorosos, y Tsuna sintió que no podía dejarla a la intemperie.

- Está bien… - Dijo finalmente, derrotado. Siempre le pasaba lo mismo, no era capaz de decir que no a una petición.

- ¡Yay! ¡Graciasgraciasgracias! – Akira empezó a dar brincos alegremente, y le sacó la lengua a Gokudera. Él le asesinó con la mirada y chasqueó la lengua, irritado.

- Bueno, si lo dice Juudaime… - Dijo finalmente con un toque de resignación en sus palabras.

- Volvamos a casa, es la hora de la merienda y tengo hambre. – Apremió Reborn.

- Vale, vale. – Tsuna empezó a caminar hacia su casa, y Akira lo siguió. – Nos vemos mañana, chicos. – Se despidió.

Cuando llegaron a casa, Akira vio a dos niños jugando en el jardín; uno tenía el pelo afro e iba vestido de vaca, y el otro tenía una extraña cabeza de huevo y una trenza. Ella se los quedó mirando. Vaya par de críos más raros. El de pelo afro sacó algo rosa de su pelo y lo lanzó, tras gritarle "¡Tienes un rabo en la cabeza!" al otro niño. Tsuna dio un grito agudo, tiró lo que quiera que fuera bien lejos y explotó con un gran estruendo. La chica se quedó muda.

- ¿Una granada? ¿Qué hace un crío con una granada? – Pensó Akira, mirando al crío-vaca que ahora lloraba como un desesperado. El otro niño le gritaba algo en otro idioma, ella habría jurado que era chino mandarín.

- ¡Lambo! ¡Te he dicho mil veces que no juegues con granadas! – Reprochó Tsuna al crío del pelo afro, que seguía llorando.

Entonces, de la casa salió una mujer.

- ¿Qué ha sido ese ruido, Tsu-kun? – Miró alrededor, y vio a Akira – ¿Oh? ¿Es una amiga tuya?

- Encantada. Me llamo Akira Sanada. – La aludida sonrió e hizo una pequeña reverencia. La mujer sonrió amablemente.

- ¿Quieres pasar? Puedes quedarte a cenar si quieres.

Ella aceptó de buen grado, y entró con Tsuna en la casa.


- ¿Qué quieres para cenar, Kyouya? – Le preguntó Akemi a su primo, mientras entraban en el supermercado.

- Hamburguesas. – Dijo él sin pensarlo.

- ¿Qué más?

- Hamburguesas.

- Pero ¿sólo eso? – Preguntó extrañada – Eso es muy poco, tendrás que comer algo más.

- No, hamburguesas.

Akemi lo miró incrédula y suspiró. Ya cogería ella algo más. Cogió una cesta y se la dio a su primo.

- Tú llevas la cesta. No acepto devoluciones.

Hibari miró la cesta e hizo el ademán de devolvérsela, y Akemi le miró asesinamente. Él sonrió de soslayo y le revolvió el pelo. Akemi puso morritos y empezaron a buscar lo que necesitaban.

Cuando terminaron de comprar y se pusieron en la cola para pagar, Kyouya miró el cesto lleno y arrugó la nariz.

- ¿Qué pasa? – Preguntó Akemi al verlo.

- Se supone que veníamos a comprar la cena.

- Y la hemos comprado.

- Sí, y comida para una semana entera.

- ¡Como se nota que no cocinas! Con esto no haces nada en una semana, y menos comiendo lo que tú comes, que no es poco. – Replicó ella.

Hibari miró hacia otro lado, haciéndose el sueco, hasta que les llegó el turno.

- Venga Kyouya, afloja la mosca. – Él la miró de reojo y rodó los ojos, sacando la cartera.

La cajera dijo el precio total y Hibari pagó. Cuando le devolvió el cambio, sintió la mirada de Akemi en su cogote.

- ¿Qué?

- Dame el cambio o… - Akemi sacó un fuet de la bolsa y le apuntó con él - ¡disparo!

Él la ignoró y guardó el dinero en su cartera. La cajera se limitaba a mirar con extrañeza a Akemi, que seguía apuntándole con el fuet.

- Joo… - Dijo decepcionada, volviendo a guardar el fuet en la bolsa. Salieron del supermercado cargando con las bolsas.

- Joo… - Repitió ella – Porfa… ¿Por qué no?

- ¿Para qué lo quieres? – Inquirió él.

- Es que mañana voy a salir con mis amigos por la calle comercial, dijeron que nos enseñarían la ciudad.

- Ya. Quieres comprarte accesorios, ¿verdad?

- … No… - Su voz se fue apagando y miró hacia otro lado, disimulando – Me ha pillado.

- Toma, no compres mucho. – Le dio el cambio de la compra y volvió a guardar la cartera.

- ¿De verdad? ¡Gracias! – Akemi cogió el dinero y lo miró con ojos brillantes – Pero… aquí hay mucho. – Añadió con segundas intenciones.

- Quédatelo.

- ¡Muchas gracias, nii nii (2)! – Dijo ella emocionada, después de guardar el dinero.

- ¿Nii nii? – Él alzó una ceja; eso lo había oído antes.

- Te llamaba así cuando éramos pequeños, ¿recuerdas? – Al ver que él se quedaba pensativo, añadió - ¿Te molesta que te llame así?

Hibari respondió con uno de sus monosílabos y se encogió de hombros.

- ¿Entonces puedo llamarte nii nii? – Preguntó con carita tierna.

- Sí…

Akemi se puso a dar saltitos, sonriendo como una tonta, y se encaminaron de vuelta a casa.


- ¡Nana-san, esto está buenísimo! – Dijo Akira, saboreando la cena que había hecho la madre de Tsuna.

- ¿En serio? ¡Ay qué bien! – Exclamó la madre, halagada. – Puedes comer todo lo que quieras, Akira-chan.

- ¡Pues póngame más, por favor! – Le tendió el plato vacío, con ojos brillantes. Nana rió y le puso más comida. Akira miró alrededor. Además de Tsuna, su madre y Reborn, también estaban sentados en la mesa los dos críos de antes. ¿Serán hermanos de Tsuna?

- Maman, estábamos diciendo que Akira podría quedarse a vivir con nosotros – Dijo Reborn, terminando los espaguetis.

- ¡Pues claro, puedes quedarte tanto tiempo como quieras! – Dijo Nana alegremente – Cuantos más seamos, más divertido.

- ¡Muchas gracias por su hospitalidad! Además, la comida está buenísima, ¡viviré como una reina! – Rió Akira. Pensaba que le sería más difícil convencerla, pero por suerte no había sido así.

Cuando todos había terminado de comer, Nana comenzó a recoger los platos.

- Tsu-kun, enséñale su habitación, anda. – Le ordenó su madre - Yo mientras tanto recogeré la cocina.

Tsuna se levantó y guió a Akira hasta su habitación. Reborn seguía sentado en la mesa, sonriendo misteriosamente.

- La famiglia crece.


(1) Conbini: Tienda japonesa de 24 horas.

(2) Nii Nii: Variación de 'onii-chan' (hermano mayor), con connotación más cariñosa.

Bueno, ¡aquí está el capítulo 2! Esperamos que haya sido de vuestro agrado~ Recordad darnos vuestra opinión en las reviews, valoramos mucho las críticas constructivas :D

¡Gracias por leer! :3