¡Buenas! Aquí tenemos el capítulo 3~ Para ser sinceras, es un poco chorra... ¡pero es de humor, así que cuela! (¿...a que sí?)
Carleigh: Sí, en el fondo Kyouya es un trocito de pan... Awww~ xD Y en cuanto a lo de Akemi... en este capítulo sale a la luz parte (y sólo una ínfima parte) de su lado oscuro... e.e
Hibari-Mayra: ¡Claro que es cariñoso! ò.ó ¿Acaso lo dudabas? xD (Se oye a una multitud diciendo "sí" de fondo)
Disclaimer:
Katekyo Hitman Reborn no nos pertenece, sólo las dos OC.
- Oye nee-chan, ¿qué narices es esto? – Preguntó Akira a su amiga, sosteniendo el uniforme femenino de educación física. Era la primera clase de la mañana y se estaban cambiando en los vestuarios.
- Um… Pues me parece que es el uniforme de gimnasia. – Respondió Akemi, mirando la prenda con incredulidad.
- Ya me lo imagino. – Replicó ella con sorna – Pero, ¿dónde está el pantalón? Dudo que vayamos a correr arriba y abajo en bragas. – Puso una mueca, imaginándoselo.
- No sé, voy a preguntar a alguien. – Escaneó el lugar con la mirada, y vio a una chica de cabello anaranjado de aspecto afable. Se acercó a ella – Disculpa… - La chica se giró y le sonrió.
- ¿Sí?
-¿Dónde está el pantalón del uniforme? – Le preguntó Akemi, con la ropa en la mano.
- ¿Pantalón? – Preguntó ella extrañada – Usamos el culotte. –Dijo señalándolo con el dedo.
- ¿Qué? Será una broma, supongo. – Akira se acercó, mirando el culotte con desconfianza.
- Pues no. ¿No lo usáis en España?
- Qué va, allí cada uno lleva su ropa y santas pascuas. – Dijo Akira, agitando el culotte con el dedo, haciendo que diera vueltas.
- Ah, vaya. Por cierto, no me he presentado. Me llamo Kyoko Sasagawa. Encantada. – Sonrió.
- Akira Sanada, a su servicio~ - Hizo una reverencia en plan mayordomo.
- Yo soy Akemi Fujiwara. Mucho gusto. – Le devolvió la sonrisa.
- Venga, Kyoko, date prisa o empezará la clase. – Una chica de cabello negro se acercó al grupo, ya vestida – Vosotras también deberíais daros prisa o el profesor os regañará, tiene muy mala leche. A propósito, me llamo Hana Kurokawa. – Se presentó.
- Ah, vale; ya voy Hana. Nos vemos en clase. – Se despidió Kyoko.
Akemi y Akira se miraron y suspiraron al unísono. Decidieron que lo mejor sería cambiarse, aunque les diera corte ponerse algo así. Al rato, Akira salió del vestuario.
- Maldición, ¡vaya pintas llevo! – Se quejó, mirándose. Akemi salió tras ella, intentando esconderse a sus espaldas.
- ¿Hay alguien? ¡Qué vergüenza…! – Dijo ella, intentando taparse con las manos. Akira miró alrededor y vio que todos estaban jugando.
- Nah, la clase ya habrá empezado… pero no veo al profe. – Se acercó corriendo al patio, dejando a la avergonzada Akemi atrás.
- ¡No me abandones! – Salió corriendo tras su amiga, que se había acercado a Yamamoto. Le tocaba batear - ¡Cuidado, te vas a hacer daño!
- ¿Por qué iba a…? ¡Gah! – Akira esquivó por los pelos el batazo de Yamamoto, que estaba tan concentrado que ni se había dado cuenta de su presencia. Tuvo tan mala fortuna que al tirar la cabeza hacia atrás, se chocó con la de Akemi.
- ¡AUAUAUAU! – Las dos cayeron de rodillas, con las manos en la cabeza, donde habían recibido el golpe.
- ¡Te lo dije! ¿¡Por qué tenías que correr! – Chilló Akemi.
- ¡Podrías haberte guardado tus predicciones de mal agüero, gafe! – Le replicó Akira.
- ¡Ostras! ¡Lo siento mucho, no os había visto! ¿Estáis bien? – Yamamoto se arrodilló a su lado.
- Sí, bueno… - Akira se frotó el cogote, por suerte tenía la cabeza más dura que el mármol.
- ¡No! – Lloriqueó Akemi - ¡Su cabeza es muy dura!
- Claro, como tengo más cosas dentro necesito más protección. – Se mofó su amiga, que se había levantado. – Anda, levanta. – Le ofreció la mano.
- Tsk… - Se levantó sin su ayuda – Ahora me enfado y no respiro.
- No me importa. – Se giró poniendo morros, y al girarse vio a una Akemi con la cara morada. – Pero, ¿qué haces, boba? ¡Respira! – Le hizo cosquillas, haciéndola reír, y ella recuperó el color. Akemi le soltó una bofetada, sonora pero indolora.
- ¿Estáis jugando al béisbol? – Preguntó Akemi, antes de darle la oportunidad a su amiga de replicar.
- Sí, bueno, pero sólo es un partidito para pasar el rato. – Sonrió Yamamoto – El profe no ha venido hoy, así que podemos hacer lo que queramos.
- ¡Qué guay! ¡Siempre he querido jugar al béisbol en un campo de verdad! – Akira miró a Yamamoto con ojos brillantes - ¿Puedo jugar, porfaplís?
- ¡Claro! – Rió él – Irás en mi equipo, batearás detrás de Gokudera. – Akira se mostró conforme y se fue a colocar detrás de él.
- ¿Por qué tiene que venir ésta a nuestro equipo? – Protestó Gokudera.
- Pf, apuesto que juego mejor que tú, listillo. – Rebatió ella, con mala leche. Empezaron a pelear, como siempre, y Yamamoto rió.
- Onee…chan… - Akemi extendió el brazo hacia su amiga y puso cara de forever alone (1). Ella no la oyó, ya que seguía discutiendo con Gokudera.
- ¿Quieres jugar también, Akemi? – Tsuna se le acercó – Puedes ocupar mi puesto si quieres, a mí no se me dan nada bien los deportes… - Soltó una risita nerviosa, decir que era un negado era quedarse corto.
- No no, si yo también soy muy mala en los deportes; bueno, más que mala soy torpe. – Ella sonrió con timidez.
En ese momento, le tocó batear a Akira. Cogió el bate y se puso el casco, que le iba grande, y se preparó para batear. El pitcher rió un poco, y lanzó una bola fácil. Ella le dio con facilidad y la mandó a la otra punta del patio. Echó a correr y le sacó la lengua al pitcher.
- ¡Eso te pasa por menospreciarme sólo por ser una chica, payaso! – Corrió hasta la segunda base y llegó derrapando a la tercera, justo antes que la eliminaran.
- ¡Muy bien, Akira! – Gritó Yamamoto desde la zona de bateo.
- ¡Ayyy qué daño! ¡Olvidé que llevaba sólo las bragas estas! – Lloriqueó ella, frotándose las piernas rasgadas - ¡El próximo día me traigo pantalones!
Los del otro equipo la miraban con sorpresa, y su equipo rió. Gokudera refunfuñó por lo bajo.
- Qué estúpida.
- Gokudera-kun… - Tsuna lo miró incrédulo, con la típica gota de sudor en su cabeza.
Llegó el turno de Akemi, y ésta cogió el bate. Se preparó, insegura, y el pitcher rió disimuladamente. Esta sí que iba a ser una presa fácil. Akira observaba desde la tercera base.
- Huy, qué peligro, yo me pongo bien el casco. – Pensó, aguantándose la risa.
- Ay madre… ¿Y ahora qué hago? – Akemi puso cara de concentración, aunque eso le dio un aspecto un tanto cómico.
El pitcher lanzó una bola aún más fácil que la anterior. Ella consiguió darle, pero la pelota no fue lo único que salió volando. El bate, que se le había escapado de las manos, le dio en la cara al pitcher. Dudó un poco, pero echó a correr y alcanzó la segunda base, aprovechando el pasmo de los jugadores que recogían.
- ¡Jajaja! ¡Se lo tenía merecido! – Akira se echó a reír escandalosamente desde la tercera base - ¡Que la detengan, es un mentirosa; malvada y peligrosa! – Cantó entre risas, señalándola. Los demás no entendieron lo que dijo, ya que la canción era española.
- Lo siento~ - Dijo Akemi con retintín. A ella tampoco le gustaba que subestimaran a las chicas, pero tenía una manera más sutil de demostrarlo.
El alocado partido continuó, hasta que después de un rato, volvió a ser el turno de Akira. Ella se preparó para batear y miró con una sonrisa burlona al pitcher, que les había cogido un poco de miedo a las dos chicas. Él lanzó la bola con fuerza y ella le dio, mandándola al edificio principal.
- Ay ay ay… - Pensó ella, viendo la trayectoria de la bola, que finalmente atravesó una ventana del tercer piso, haciéndola pedazos.
Todo el mundo se quedó en silencio. Aquella era la ventana de la sala de recepciones, es decir, el nido de Hibari. Akira miró a su equipo con cara de susto.
- La he cagado, ¿verdad? – Sus compañeros asintieron lentamente, y Yamamoto rió nerviosamente. – Bueno, iré a buscar la pelota. – Sus compañeros se mostraron escandalizados por la idea.
- ¿Qué pasa? – Preguntó Akira extrañada.
- E-esa ventana es la de la sala de recepciones, dominada por el Comité Disciplinario. – Tartamudeó Tsuna – ¡Si Hibari-san te pilla te matará a mordiscos!
- Ugh, ese tío no, por favor. – Bufó ella – Bueno, tendré que pedirle perdón por romperle la ventana, ya pensaré en algo. ¡Ahora vuelvo!
- ¿Te acompaño? – Preguntó Akemi.
- No hace falta, vuelvo en seguida. – Contestó Akira mientras echaba a correr hacia el edificio. El silencio general se prolongó hasta que desapareció por la puerta de entrada.
- Esa chica está muerta. – Comentó un chaval del equipo contrario; los demás se mostraron de acuerdo.
Akira trotó hasta la sala de recepciones y llamó a la puerta. Le abrió el mismo Hibari, con cara de pocos amigos. Ella tuvo que contener la risa.
- ¿Qué te ha pasado en la frente? – Le señaló la frente roja, con manchas de tinta, soltando una risa.
- ¿Qué quieres, herbívora? – Dijo él secamente.
- Bueno, venía a buscar la pelota. – Se rascó la nuca, incómoda – Siento lo de la ventana, me perdonas, ¿verdad?
- Entonces, ¿has sido tú la que se ha cargado la ventana, me ha dado en la cabeza con una estúpida bola de béisbol y ha estropeado mis informes? – Le espetó, entornando los ojos peligrosamente.
- Eeh… ¿Sí? – Ella enarcó una ceja; había metido la pata hasta el fondo. Empezó a emanar de él un aura amenazadora, y ella sonrió nerviosamente. – Lo… ¿pagaré? – Intentó arreglarlo.
- Te mataré a mordiscos. – Dijo Hibari, sacando las tonfas.
- ¡Ey, ey! ¡Espera! – Chilló ella, esquivando de milagro un tonfazo que pretendía darle en la cara - ¿No podemos hablarlo? Además, ¿¡las armas no están prohibidas en el instituto!
- ¿Y ahora pretendes decirme lo que debo hacer? – La atacó de nuevo, dándole en el estómago.
- ¡Au! ¡Eso duele, imbécil! ¿¡Qué te has creído! – Ella se levantó y, en un ramalazo de ira, le dio una bofetada, dándole por pura suerte. El pelo tapó el rostro del chico por un momento.
- … ¿De qué vas? – Volvió a mirarla, su aura demoníaca aún mayor que antes. Se había cabreado de verdad.
- Creo que la he hecho buena… - Akira retrocedió un poco, empezaba a sentir miedo. Él volvió a atacarla y ella se cubrió la cara con las manos.
- ¡NO! – Akemi abrazó a su amiga, protegiéndola - ¡No le pegues, por favor! – Miró a su primo, asustada. Hibari paró en seco, a escasos centímetros de ellas. Miró a su prima, aún enfadado.
- ¿Por qué no debería hacerlo? – Preguntó él, fulminando a Akira con la mirada.
- ¡Es mi amiga! Además, las cosas se solucionan hablando. ¿No podéis llegar a un acuerdo? – Razonó Akemi.
- Yo no quiero hablar nada con ese. – Akira le devolvió la mala mirada a Hibari.
- ¡Tú calla! – Akemi le dio un golpecito en el brazo - ¡Vosotros dos, ahí sentados! ¡Ahora! – Ordenó ella.
Akira bufó, de mal humor, y se sentó en la silla de mala manera, con los brazos cruzados y asesinando al prefecto con la mirada. Hibari se limitó a recostarse en el escritorio.
- A ver… - Empezó Akemi, mirando a uno y a otro con preocupación maternal -¿Qué ha pasado?
- Que yo he venido aquí a pedir disculpas por lo de la ventana… - Respondió Akira, con sorprendente calma - … y el imbécil de tu primo me dice que no me preocupe con un tonfazo en todo el estómago. El mejor amigo que puedas tener, vaya. – Miró a Hibari con rencor, y este la miró con indiferencia.
- ¿¡Pero, por quéeee! ¿No podéis llevaros bien? – Preguntó Akemi. Los dos la miraron a la vez con la misma cara de ¿tú estás loca?
- No, jamás de los jamases. – Akira cruzó los brazos, mirando a Hibari de reojo.
- Lo mismo digo. – Coincidió el prefecto.
Akemi se sentó al lado de Akira, mirándola insinuante.
- ¿No crees que mi nii nii es… umm, cómo lo diría? ¿Atractivo? – Akemi dio un pequeño codazo a su amiga, con cara pervertidilla. Ella le miró enarcando una ceja.
- Si te refieres a que está para mojar pan… - Lo miró con una cara indescifrable – Lo está; ¡pero es un borde de narices! ¡No hay quien lo aguante!
- Pues yo sí. – Replicó ella, con cara de póker.
- ¡No me importa! ¡Yo no lo aguanto! – Se enfurruñó la chica.
- Tengo el presentimiento de que estos dos… - Akemi sonrió de oreja a oreja - ¿Por qué no llegáis a un acuerdo? – Miró a su primo – Deja que ella te lo pague y así estaréis en paz.
Los dos se miraron con una mezcla de odio e indiferencia. Después de unos segundos, Akira intervino.
- No tengo dinero – Declaró – Pero podría pagarlo en especias… ¿Qué pasa? – Preguntó extrañada a Akemi, que la miraba con ojos como platos.
- ¿En especias? No pensaba que fueses a ir tan rápido. – Insinuó ella, con cara de pervertida.
- ¡No me refería a eso, malpensada! – Gritó Akira, sonrojándose un poco – Siempre igual… -Farfulló antes de continuar – Me refería a pagarlo trabajando para el Comité. Decías que él siempre tiene mucho trabajo, así que supongo que tendré algo que hacer.
- … - Hibari la miró fijamente, y ella aguantó su mirada.
- ¡Perfecto! ¡Me encanta! – Gritó alegremente Akemi - Decidido, comienzas hoy mismo… no, mejor la semana que viene, ¡que esta tarde nos vamos de compras! – Decidió, ignorando por completo al Presidente.
- ¿Desde cuándo decides tú por mí? – Intervino Hibari, mirándola con los ojos entornados.
- ¡Desde ahora! – Dijo ella con voz de ogro. Su primo rodó los ojos.
- Está bien. El lunes a la hora de salida te quiero aquí, en la sala de recepciones. – Ordenó él.
- ¡Y sé puntual! – Añadió ella.
- ¡Pero esto qué es, ¿una secta! – Dijo Akira, señalando a los primos acusadoramente.
- Id a cambiaros antes de que suene la campana de cambio de clase. – Exigió Hibari, ignorándola.
- Síii – Akemi alzó un brazo, arrastrando a Akira tras de sí de vuelta al gimnasio.
- …y me hará recoger toda la mierda que tenga en la oficina, el tío cara, ¿qué te juegas? – Refunfuñaba Akira mientras se cambiaba, recuperando el mal humor a medida que hablaba.
- Oye, ¿no te duelen las heridas de antes? – Preguntó Akemi a su amiga, ignorando sus quejas.
- …y seguro que también… - Seguía Akira, a su bola - ¿Eh? ¿Heridas…? – Se miró las piernas rasgadas, olvidadas desde el partido de béisbol - ¡Ah, eso!
- ¿A ver? – Akemi ya estaba agachada, apuntando con un dedo hacia la rodilla de Akira. Tocó la herida con mala leche.
- ¡Au! ¡Estate quieta, duele! – Voceó ella, apartando la pierna del amenazador dedo de su amiga. – Tsk…
- ¡Ay, mola! – Le dio en la misma herida repetidas veces. Akira fue a replicar, cuando la voz de Yamamoto la interrumpió.
- ¡Akemi, Akira! ¿Estáis ahí? – Preguntó desde fuera.
- ¡Sí, ya salimos! – Respondió Akira, guardando unas últimas cosas en la cartera y saliendo con Akemi.
- ¿Sigues viva, Sanada? – Preguntó uno de sus compañeros, que en ese momento pasaba por ahí.
- ¿Eh? ¡Claro! – Dijo alegremente Akira - ¡Qué me va a hacer ese tío! ¡Que le zurzan! – Rió ella, y el chico rió nerviosamente, viendo que aún no sabía lo terrible que era Hibari, y se despidió de ella.
- Deberíamos ir tirando, la campana acaba de sonar. – Comentó Tsuna. Todos coincidieron, y entraron en el edificio.
Caminando por los pasillos charlando alegremente entre ellos, no se dieron cuenta de que Hibari pasaba por su lado, una de sus medias sonrisas decorando su rostro.
- A ver de lo que eres capaz.
(1) Forever Alone: No se nos ocurrió mejor manera de expresarlo… xD (El Document Manager no nos deja poner links... *lloran* Buscadlo en Google imágenes y os saldrá seguro xDD)
¡Gracias por leer! Reviews, opinión... bah, ya os lo sabéis. xD ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
