¡Whazzap! :D (What's up, para los que no hablan Akemiakira-niano)

Sentimos el retraso, una vez más. Las clases han vuelto a empezar y entre trabajos y mandangas no nos da tiempo de escribir… T_T

¡Muchas gracias por vuestros reviews! Cada vez tenemos más seguidores… *risa maléfica* e.e

Lau Gokudera: (Akira) ¡Yay, gracias por tu apoyo! No te preocupes, ¡sobrevivirée~! *suena melodía dramática* Domaré a ese pajarito salvaje con mi Dying Will 3 (Akemi) ¡Qué guay que nos parezcamos! Y te tengo que decir… que Akira ES mía ò.ó xD

Hibari-Mayra: (Akira) Ay, no me lo recuerdes… ¡pobrecito mío, qué mala soy! T^T Mira que darle un pelotazo en todo el coco… xD (Akemi) Lo cierto es que… no me gustan ese tipo de personas que menosprecian a las mujeres sólo por su género. Pero prefiero las indirectas *sonrisa maléfica*

Carleigh: (Akira) ¿Haríamos buena pareja? ¿En serio? ¿¡En serio! *se pone como un tomate y baila como loca* Ayyyy gracias!~ 3 =/= (Akemi) ¡Aunque ellos no quieran, los uniré yo como que me llamo Akemi!

Suki: ¡Gracias por leerlo! No hay cosa que nos alegre más que nuevos seguidores~ (8)

Kuki-chan: ¡Sankyuu! La verdad es que a la hora de escribir nos cuesta MUCHO referirnos a ellos por sus apellidos, ya nos suenan hasta raros de lo acostumbradas que estamos a llamarlos por el nombre u.u xD

Mcrazymtz: ¡Yay, gracias! Intentaremos ser puntuales con los capítulos, esperemos que los profes no se pongan en nuestra contra… D:


Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no nos pertenece, sólo las dos OC.


- ¡Ay! ¡Me encanta! - Gritó Akemi, babeando frente a un escaparate de una tienda de accesorios - ¿Es esta la que decías? – Le preguntó a Gokudera.

- No. – Contestó él. Al ver la cara de pasmo de la chica, añadió – Está más adelante. – A Akemi se le volvieron a iluminar lo ojos.

- ¡Pues vamos! – Dijo, emprendiendo el camino de nuevo.

- Desde luego, es una compradora compulsiva de complementos, menos mal que sólo quiere ir a esa tienda. – Suspiró Akira mirando a su amiga, que había entrado en uno de sus modos hiperactivos. - ¡Yo quiero ir a la sala de recreativos!

- ¡Y luego a la Namimorinne a merendar! – Dijo Haru, tan activa como siempre - ¡Me encantan los pasteles que hacen allí!

- Sí, a mí también. – Sonrió Kyoko. Ella y Haru se habían unido a última hora en la puerta del instituto.

- ¡Qué bien, también ha venido Kyoko-chan! – Pensó Tsuna, feliz – Menos mal que nos cruzamos con ellas al salir de clase…

- Es esa. – Informó Gokudera, señalando una de las tiendas con la cabeza.

- Pues entremos, ¿a qué esperáis? – Apremió Akemi – Perdón. ¿Alguien me acompaña? – Miró a Akira.

- Yo paso, para qué voy a entrar yo si nunca llevo esas cosas. – Replicó Akira sin interés. Ella era muy simple para vestir, no como su amiga. A ella incluso le molestaban las pulseras y cosas por el estilo.

- Jo, ¿y quién viene conmigo? – Akemi puso cara de perrito lastimero.

- El otro día vi un anillo que me gustó. Entraré a ver. – Dijo Gokudera, entrando en la tienda.

- ¡Gracias! – Ella lo siguió.

- Yo voy a los recreativos, ¿quién viene? – Dijo Akira, señalando el establecimiento, que estaba justo delante.

- ¡Yo! – Yamamoto fue con ella, y se perdieron de vista al traspasar la puerta. Kyoko y Haru se entretuvieron en un escaparate de una tienda de ropa cercana, y Tsuna fue con ellas.


Akemi entró junto a Gokudera en la tienda, que era sorprendentemente grande, y tras mirar un poco a su alrededor, lo siguió como un patito a su madre. Él se detuvo en la zona masculina, donde predominaban los complementos de acero.

- La zona de chicas está por ahí, tienen cosas más coloridas. – Gokudera señaló al otro lado de la tienda.

- La verdad es que prefiero el acero que los coloridos. – Akemi alzó la mano, mostrando anillos y pulseras de plata y acero.

- Ese me gusta. – Comentó él, señalando uno de sus anillos decorados con una calavera.

- ¡Es mi favorito! – Sonrió ella. Por primera vez, él le devolvió la sonrisa. Akemi se mostró un poco sorprendida y se ruborizó levemente. Volvió a centrar su atención en los accesorios rápidamente, y Gokudera hizo lo mismo.

- ¡Hala! Fíjate en ese anillo. ¡Me encanta! – Akemi cogió con entusiasmo una de las piezas expuestas y se la mostró a Gokudera. Bueno, más que mostrársela, se la puso delante de los morros, haciéndole bizquear. Ella se lo quedó mirando un momento y no pudo evitar echarse a reír.

- ¿De qué te ríes? – Preguntó él extrañado, habiéndose apartado un poco el anillo de la cara.

- ¡No sé! ¡Es que te has puesto bizco! – Rió ella - ¡Deberías haberte visto la cara!

Gokudera la miraba inexpresivo, mientras ella se desternillaba. En poco tiempo, se encontró a sí mismo riendo. La risa de la chica cesó inmediatamente al oírlo.

-¿Sabes reír? – Preguntó casi sin pensar. Él se quedó a cuadros – No lo decía por eso. – añadió ella al verle tan pillado por sorpresa – Es que me gusta tu risa. – Sonrió.

Esto le volvió a coger desprevenido. ¿De dónde había salido esta chica? No dejaba de sorprenderle. Estaba acostumbrado a las chicas chillonas y escandalosas que se dedicaban a acosarlo en el instituto; ella era diferente. Intentó apartar estos pensamientos de su mente recuperando el hilo de la conversación.

-Ese es precisamente el anillo que estaba buscando. – Señaló con el dedo el anillo que Akemi tenía en la mano - ¿Dónde lo has encontrado?

- Pues ahí. – Ella indicó un lugar concreto de una de las estanterías cercanas – Toma. – Le cogió la mano y lo puso en su palma – Ya buscaré otro. – Se encogió de hombros y sonrió. Gokudera miró el anillo y sus labios se curvaron en una media sonrisa. Akemi, por su parte, seguía admirando los otros artículos.

Al rato, los dos se dirigieron a la caja. Cada uno se compró un anillo, y salieron de la tienda. Akemi se puso su nuevo anillo alegremente, pero Gokudera tenía un aspecto más bien distraído. Entraron en la sala de recreativos, donde había un ruido infernal por todos los juegos que había. Aún así, a Akemi no le costó discernir un familiar grito de victoria.

-¡Síii! ¡Chúpate esa Takeshi, te he fundido! – Dijo Akira alegremente, haciendo rodar su pistola por el armazón. Habían estado jugando a uno de los juegos de shooting, eran los favoritos de la chica.

- ¡Jajaja, pues sí! ¡Menuda viciada! – Rió Yamamoto, palmeando jovialmente el hombro de Akira.

- ¡Hola onee-chan! ¡Mira lo que me he comprado! – Akemi saludó a su amiga, alzando la mano.

- Ey, hola. – Le devolvió el saludo y miró el anillo – Ah, mola. Con calaveras, como a ti te gustan, ¿eh?

- Sí, Gokudera-kun(1) se ha comprado otro. – Rió ella.

- ¡Ah! ¡Contigo quería hablar yo! – Exclamó Akira, dirigiéndose al distraído chico - ¡Te reto a una partida a esto! – Lo apuntó con la pistola amenazadoramente – Or else I'll shoot you, baby~

- ¿Eh? ¡Ah! – Dijo Gokudera, volviendo a la realidad – Está cantado quién va a ganar. – Le arrebató la pistola a Yamamoto, con menos violencia que normalmente.

- ¡Ja! ¡Que te lo has creído! – Akira lo miró un poco más detenidamente y enarcó una ceja – Ahora que lo pienso… ¿Y a ti qué te pasa?

- ¿Por qué lo preguntas? – Replicó Gokudera, frunciendo el ceño.

- No sé, estás… ¿menos violento? ¿Mansito? ¿Acaso acaban de alimentar a la bestia y está ocupada haciendo la digestión? – Akira soltó una retahíla de sinsentidos de las suyas, moviendo la pistola ausentemente mientras hablaba.

- ¿¡De qué hablas, estúpida!

- Ése es mi chico, así me gusta – Akira asintió satisfecha – Ahora prepárate para que te peguen la paliza de tu vida. – Sonrió maliciosamente, metiendo una moneda en la máquina y preparándose para disparar.

- ¡Ja! Ya lo veremos. – Se preparó y empezaron a jugar.

Mientras tanto, Haru y Kyoko observaban los acontecimientos.

-¡Hahi! ¿No crees que Gokudera estaba un poco raro antes de empezar a jugar? – Haru lo miró, seguía enzarzado en la escandalosa partida con Akira.

- Sí… tienes razón. – Respondió Kyoko – Parecía distraído.

- ¿Qué habrá pasado? – Haru entornó los ojos, mirándolo de reojo.

- Qué sospechoso. Bueno, ya lo descubriremos. ¿Jugamos? – Sonrió Kyoko, poniendo otra moneda en el juego.

- ¡Tooma! – Akira saltó de júbilo - ¡Te gané! ¡Vaya paliza! – Señaló la puntuación entusiasmada.

- ¡Bah! ¡Sólo estaba calentando! – Replicó Gokudera, un tanto avergonzado.

- ¡No te lo crees ni tú! ¡Me río en tu cara! – Carcajeó Akira, mofándose de él.

- ¡Pobrecito! ¡No te rías de él! – Le regañó Akemi. Se giró hacia Gokudera – No le hagas caso, has jugado muy bien. – Le animó. Él se sonrojó un poco y apartó la mirada, gruñendo por lo bajo.

- Vaya, la bella ha domado a la bestia. – Sonrió Akira, sin darse cuenta de cómo podían interpretarse sus palabras.

- ¿¡Qué te inventas! – Gritó él, su rubor más intenso que antes. Akira se limitó a soltar una risa, poniendo las manos detrás de la cabeza. Haru y Kyoko miraban al grupo, atando cabos.

- ¿Podría ser…? - Comenzó Kyoko.

- Lo es. – Afirmó Haru dramáticamente – Vamos a investigar – Las dos amigas se acercaron a ellos, y Kyoko llamó la atención de Akira.

- ¿Ah? – Ella se giró - ¿Qué pasa?

- ¿Puedes venir un segundo?

- Um, ¿Vale? – Contestó ella, extrañada, y las dos la apartaron un poco.

- ¿Crees que…? - Kyoko le susurró algo al oído. Akira se giró y miró a Gokudera y Akemi con una cara más bien sospechosa.

- ¡Nah! – Volvió a girarse hacia las chicas, sacudiendo la mano en gesto de negación.

- Va en serio, fíjate bien. – Insistió Haru. Akira se volvió a dar la vuelta. Esta vez los miró con más detenimiento. Ellos miraban a las tres chicas con extrañeza.

- En serio, ¡nah! – Akira negó con más energía, con cara de incredulidad.

- Pues pruébalo. – Sugirió Kyoko.

- …Bueno, vale. – Akira se acercó a Akemi y Gokudera con cara insinuante. Ellos la miraron, esperando a que dijera algo, pero ella se limitó a mirar a uno y a otro, poco convencida.

- ¿Qué? – Rebuznó Gokudera, impaciente.

- Bueeeno… - Akira miró de reojo a Kyoko y Haru, que la alentaron a continuar - ¿Os moláis? Es decir, ¿hay rollo? ¿O sólo es jugueteo?

- ¿De qué va esto? – Preguntó Akemi, sorprendida.

- Y yo qué sé, a mí no me preguntes que yo tampoco lo entiendo. – Akira, aún más confusa que antes, volvió a mirar a las dos chicas que la miraban incrédulas. ¿Cómo era posible que no se diera cuenta? ¡Se veía a tres kilómetros!

- ¿Y para qué preguntas chorradas si ni tú les ves el sentido, estúpida? – Preguntó Gokudera de mala manera, visiblemente incómodo.

- Yo sólo soy una mandada, aún espero que me paguen. – Kyoko y Haru la miraron como si estuviera loca, y Akira las tranquilizó - ¡Es coña, no me miréis así!

- Oye onee-chan. - Akemi llamó la atención de su amiga- ¿Y mi peluche? Dijiste que me ganarías uno.

- Ah, vale. Dime cuál quieres e intentaré sacarlo. – Akira se acercó a la zona de las máquinas de peluches, y Akemi la siguió.

- ¡Ese! – Akemi señaló un panda gigante - ¡Lo quiero!

- Vale, vale, pero suelta la pasta, que yo estoy pobre. – Le dijo su amiga, poniendo las manos en los bolsillos.

- Toma. Cambia. – Akemi sacó un billete de la cartera.

- ¿Puedo quedarme lo que me sobre para coger al bicho ese? – Akira puso ojos de perrito, pero desgraciadamente, con Akemi no funcionaba esa táctica.

- ¡Ni hablar! – Se negó.

- Jo… Qué rancia. – Akira puso morros y fue a cambiar el billete. Cogió una de las monedas de 500 yens de la máquina de cambio y le dio el resto a su amiga con desgana. Se dirigió a la máquina de peluches donde estaba el oso panda y puso la moneda.

- Ven aquí, gordo… - Akira arrugó la nariz mientras manipulaba las pinzas. Cuando creyó oportuno, le dio al botón rojo. Las pinzas empujaron al oso, dejándolo en el borde del agujero.

- ¿Eh? ¡Venga ya! ¡Vaya mierda! – La chica le dio un puñetazo al cristal con rabia.

- ¡MI PANDA! – Gritó Akemi, dándole patadas con furia a la pobre máquina - ¡Si no me das MI panda, devuélveme mi moneda! – Empezó a soltar una retahíla de insultos mientras seguía pateando el aparato.

- Qué miedo… - Pensó Tsuna, mirando el espectáculo.

Con uno de los golpes, el peluche cayó por el agujero. Akemi y Akira pararon en seco, mirando el muñeco caído. Les costó un poco reaccionar, pero cuando lo hicieron profirieron un grito de alegría conjunto y Akemi cogió al panda, abrazándolo.

-Ya sabes lo que toca… - Comenzó Akemi muy seria.

- Sí, lo sé perfectamente… - Respondió Akira con el mismo gesto que su amiga.

- ¡Sándwich de panda! – Gritaron al unísono, abrazándose con el pobre panda en medio. Los demás se las quedaron mirando atónitos.

- Estoy tan contenta que… ¡Os invito a cenar a mi casa! – Dijo Akemi feliz, achuchando a su peluche.

- No sé si será una buena idea ir a casa de Hibari-san… - Pensó Tsuna, inseguro - ¿Seguro?

- Claro, pero aún es temprano. ¿Os parece bien si quedamos en frente del súper de delante de la estación? Tengo que comprar la cena. – Dijo Akemi.

- Por mí vale. – Sonrió Yamamoto.

- No tengo nada mejor que hacer. – Dijo Gokudera.

- ¿Podemos, Tsuna? – Preguntó Akira a su anfitrión.

- B-bueno, ¿por qué no? – Aceptó el joven capo. Haru y Kyoko también se mostraron conformes.

- Bueno, pues nos vemos allí dentro de una hora y media. – Rió Akemi.


- ¡Venga, Tsuna! – Apremió Akira desde el recibidor, terminando de calzarse. Llevaba una sudadera blanca y negra, con unos tejanos anchos y unas deportivas anchas. En definitiva, ropa cómoda. Tsuna bajó de su habitación poco después. Salieron de la casa tras despedirse de Nana y se encontraron con Gokudera y Yamamoto.

- ¡Hola, Juudaime! – Le saludó Gokudera, haciendo una pequeña reverencia.

- ¡Ey! – Yamamoto alzó la mano.

- ¡Qué pasa, Take! – Akira chocó las manos con él amistosamente – Hola, feo. – Le sacó la lengua al otro chico, divertida.

- ¡Tú sí que eres fea! – Replicó él.

- No os peleéis. - Dijo Tsuna, intentando evitar una de las batallas campales de las suyas.

- ¡Es broma, me gusta meterme con él! – Sonrió Akira.

Caminaron hasta el supermercado con relativa tranquilidad. Gokudera volvió a su estado de distracción a medida que se acercaban al lugar acordado.

- ¡Hola! – Saludó Akemi. Él la miró, estudiando su atuendo. Vestía una chaqueta de cuero y unos shorts del mismo material, unas medias y botines con tachuelas, a juego con el cinturón.

- ¡Nee-chan! – Akira se abalanzó sobre su amiga, colgándose de su cuello. Los tres idiotas observaron a las dos chicas. Eran conscientes de sus diferencias, pero con ropa de calle se acentuaban todavía más.

- ¿Cómo pueden ser tan amigas y a la vez tan diferentes? – Tsuna las miró con interés.

- Venga, vamos, que tengo hambre. – Akira empujó ligeramente a su amiga, apremiante.

- Sí, yo también. – Coincidió su amiga. Así, el grupo entró en el supermercado.


Después de una carrera de carros, de derribar varias pirámides de latas de conserva y de volver locos a los dependientes al cambiar algunas etiquetas de sitio, salieron con la compra. Los empleados del establecimiento los siguieron con la mirada hasta que salieron, profiriendo un suspiro de alivio cuando desaparecieron de su vista. Estarían contentos de no volver a verlos por ahí.

- ¡Hahi! ¿Habéis visto cómo nos miraban? – Dijo Haru, mirando el supermercado de reojo.

- No parecían muy contentos. – Agregó Kyoko.

- No les culpo, con la que hemos liado… - Tsuna miró a Gokudera, Yamamoto y Akira, los principales actores del crimen.

- Pero ha molado, ¿o no? – Rió Akira, codeando a Yamamoto en las costillas.

- ¡Jajaja, ya ves! – Coincidió él, sonriente.

- A mí lo que más me ha gustado ha sido la carrera de carros. – Dijo Akemi.

- Bah, no ha estado mal. – Puntualizó Gokudera.

- ¿Y la cara de velocidad que ponías cuando estabas en el carro, Goku? – Le chinchó Akira con una sonrisa socarrona.

- ¿¡Cómo que Goku! – Gritó él - ¡Y no ponía cara de velocidad!

- Venga, si sólo te faltaba sacar la lengua como los perros, Dera. – Dijo Akira - ¿Dera te parece mejor?

- ¡Ni uno ni otro!

- Puf, es que Gokudera es muy largo… ¡Te llamaré Hayato, entonces!

- ¿Qué te cuesta llamarme Gokudera?

- Mucho. – Sentenció ella – No te preocupes, seguiré usando Dera y Goku. – "Para meterme contigo" Añadió mentalmente. Gokudera fue a replicar, pero Akemi se adelantó.

- Pues a mí el nombre de Hayato me gusta. – Dijo Akemi - ¿Puedo llamarte yo también así? Si no es molestia, claro.

- Como quieras. – Respondió él después de dudar un poco.

- ¡Hala! ¡Eso es discriminación! – Gritó Akira dramáticamente. Haru y Kyoko miraban a la parejita sonrientes, aunque seguían preguntándose si Akira se había dado cuenta y estaba actuando o si, por el contrario, seguía ignorando el tema por completo. Después de caminar un rato, decidieron decantarse por la segunda opción.

- ¡Ya hemos llegado! – Akemi se paró frente a una enorme mansión japonesa con jardín tradicional.

- ¡Vaya pedazo de casa! – Exclamó Akira, revelando los pensamientos de todos – Como te regalas, ¿eh?

- Ya ves. Y aún no la has visto por dentro. ¡Es una pasada! – Comentó Akemi.

Akemi entró en la casa, seguida por el admirado grupo. Dejaron los zapatos en el recibidor y atravesaron el pasillo hasta llegar al salón. Akemi abrió la puerta corrediza y Akira ensanchó los ojos.

- ¡TÚ!


(1) En Japón, el hecho de que una chica se refiera a un chico con el sufijo "-kun" denota cierto cariño hacia su interlocutor. Entre chicos de instituto pasa lo contrario, el sufijo "-kun" se usa cuando aún no hay mucha confianza o por educación.

¡Muchas gracias por leer! Esperamos vuestras reviews, nos vemos en el siguiente capítulo~ ^w^