¡Ave, lectores! Hemos podido terminar el capítulo gracias a que Akemi ha dejado que Akira sea una okupa de primera en su casa hoy… hemos tenido mucho tiempo para escribir~ :3

Mcrazy: Si es que nuestro fic es un maldito Casanovas x3 Nos alegra que te guste xD No te extrañe que en algún capítulo te topes con alguna batalla verbal entre 18 y 35 (recordad, 35 es Akira y 23 es Akemi :3), supongo que surgirá casi sin quererlo xD

Carleigh: Desgraciadamente, la condición de Tsundere nato de Kyouya no suele dejarle mostrar sus encantos… *sigh* Dera y Ake van por el buen camino… MWAHAHA *se oye de fondo una risa maléfica*

Hibari-Mayra: ¿Quién iba a decir que los Kyouyas y los pandas eran compatibles? Es algo que desafía hasta a la ciencia moderna xD

Chilly-chan: ¡Muchas gracias por leer! ¿¡A que es mono! En ese aspecto, Kyouya y Hayato se parecen: son tan redomadamente tsunderes que a la mínima que hacen algo tierno a todas se nos cae la baba :D

Kuki-chan: Haya y Ake son la parejita feliz~ :3 Akira ES mala con Kyouya (y seamos sinceros, él con ella también, aunque eso sea normal en él lol), pero ya se irá notando el cambio… *sonrisa sugerente*

xOgnAdOrA: En cuanto a lo del futuro, tenemos pensado hacer un cambio más drástico que con los otros Arcs y probablemente tendrá su propia historia en forma de secuela. Aún así, intentaremos conservar el máximo de personajes posible :3 ¡Gracias por leer!

Lau: Sí que molaría hacerle trencitas… *miran fijamente una foto de Hayato* Wow, lo de "Qué blandito" ha causado sensación xD Nos reímos mucho mientras escribíamos, sólo con imaginarte la escena es… simplemente LOL xD


Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no nos pertenece, sólo las dos OC.

Warnings: Posible OOC.


- Maldita profe, basta que le digamos que tenemos una semana con muchos exámenes para que nos ponga otro. ¡Qué asco de tía! – Refunfuñó Akira mientras cogía la cartera.

- ¡Y encima de mates! – Añadió Akemi – Oye, onee-chan. –Ella la miró – ¿Puedes ayudarme a estudiar? No entiendo nada. Esto nunca lo hemos dado. – Dijo mientras hojeaba el cuaderno con cara de espanto.

- Las mates siguen odiándote tanto como tú a ellas, ¿verdad? – Rió Akira – Vale, ven a casa y te ayudo.

Fueron a salir y, al abrir la puerta, Akira se topó con Hibari, que la miraba con ojos indescifrables.

- ¿Ya te querías librar, herbívora?

- ¿Eh? – Dijo confusa - ¡Ah! Es verdad, no me acordaba. – Añadió, recordando su castigo.

- ¿Y entonces qué hago? – Lloriqueó Akemi – Eres la única que puede ayudarme. – Rogó.

- A mí no me lo digas que no tengo ni voz ni voto, díselo a él. – Su amiga señaló a Hibari, que dejó claro con sólo una mirada que no se libraba de trabajar para el Comité – No sé, pregúntale a alguien… Dera, por ejemplo, no tiene pinta de estar muy ocupado. Seguro que se pasa las tardes aburrido como una ostra – Rió.

- Bueno, le preguntaré. – Akemi se acercó a Gokudera, que en ese momento salía de clase junto con Tsuna y Yamamoto – Umm, Hayato…

Gokudera la miró, percatándose de su presencia. Era la primera vez que lo llamaba por el nombre, y eso le hizo sentir una sensación un poco rara.

- ¿Se te dan bien las mates? – Le preguntó ella con timidez.

- Bueno, se podría decir que sí. – Respondió él - ¿Por?

- ¿Podrías ayudarme a preparar el examen? No entiendo nada. – Sonrió nerviosamente.

- Está bien. – Dijo después de pensárselo un poco – Hoy tengo tiempo, ¿te parece que vayamos a la biblioteca del instituto?

- Por mí perfecto. – Ella sonrió aliviada - ¡Muchísimas gracias!

- Jo, vosotros dos a pasarlo bien y yo a pringar como la machaca del Comité de Disciplina. – Akira suspiró pesadamente. Akemi la miró, su idea de pasarlo bien no era precisamente estudiar mates.

- Anda, toma. – Akemi le dio dos fiambreras – Es la merienda.

- ¿Para qué quiero dos? – Preguntó Akira.

- Una es para mi nii nii.

- Tsk, cómo le malcrías. – Criticó ella, arrugando la nariz.

- ¡Pero si te mimo más a ti que a él! – Replicó Akemi.

- Pero yo soy tu onee-chan, hay diferencia. – Sonrió Akira.

- Herbívora, vamos. – Ordenó Hibari.

- Argh, la voz de la desdicha. – Akira rodó los ojos con frustración y se despidió de la pareja, que se fueron a la biblioteca.


- Oye, ¿hay muchos más informes que rellenar? ¡Estoy cansada! – Se quejó Akira, aplatanándose en el sofá de cuero de la sala de recepciones – ¡Encima, tengo un hambre canina!

- Deja de quejarte, herbívora. – Hibari le lanzó otro tocho de informes, ganándose otra protesta de la chica – Son los últimos.

- Jooo, pero son muchos. – Lloriqueó ella, poniendo morros.

- Pf. Encima de herbívora y débil, quejica.

- ¡Deja de llamarme herbívora, payaso! ¡Tengo nombre, ¿sabes? – Replicó mientras pasaba las hojas de uno de los informes.

- Los herbívoros no merecen ser llamados por su nombre.

- Será imbécil, no hay quien lo aguante. – Pensó Akira con un tic nervioso en el ojo, dejando los informes en la mesa con violencia – Ya está, ¿contento, carnívoro? – Escupió con sorna.

Hibari se levantó del escritorio, cogió su fiambrera y salió de la sala. Akira sonrió y lo siguió después de coger su merienda, cerrando la puerta tras de sí. Subieron las escaleras hasta la azotea y antes de abrir, Hibari miró a Akira con expresión interrogante.

- ¿Qué? – Dijo ella.

- ¿Quién te ha dicho que puedes seguirme?

- ¿Y a ti quién te ha dicho que te estoy siguiendo? – Replicó ella, entornando los ojos. Vale, sí, le estaba siguiendo, pero quería llevarle la contraria. Él rodó los ojos.

Hibari se dirigió a su lugar favorito de la azotea y se sentó, abriendo la fiambrera. Ella le siguió y se sentó a su lado. Él la miraba molesto, pero Akira se limitaba a comer con gusto la merienda que le había preparado su amiga. Cuando el chico terminó la comida bostezó y se estiró, apoyando la cabeza en la falda de Akira.

- ¿¡Pero qué haces! – Gritó ella, sonrojándose ligeramente.

- Por lo menos servirás de algo.

- ¿¡De qué vas! – Fue a apartarlo de un empujón, pero él le lanzó una mirada asesina.

- Despiértame y te mato a mordiscos. – Le amenazó. En pocos instantes ya se había dormido.

- … Qué cara más dura. – Pensó incómoda, mirándolo con rabia. Su mirada fue dulcificándose sin darse cuenta – Qué mono está mientras duerme…

Cuando se dio cuenta de sus propios pensamientos, sintió ganas de golpearse la cabeza contra la pared. ¿En qué estaba pensando? Un lunático de pocas luces podía ser de todo menos mono. Lo miró con una mezcla de enfado y confusión.

- Maldición, se me están durmiendo las piernas… - Intentó cambiar de posición, pero Hibari gruñó y se revolvió en sueños. Akira se tomó la reacción como una advertencia, y decidió quedarse quieta.

- Tranquilo, no te despiertes… - Le acarició el pelo; eso siempre funcionaba con Akemi así que, ¿porqué no con él también? Para su consuelo, él suspiró y pareció tranquilizarse. Pero tocarle el pelo había sido mala idea.

- ¡Cómo mola su pelo! ¡Es súper suave! – Se sintió tentada a seguir tocándoselo. Primero lo acarició suavemente y, al ver que no se inmutaba, sus movimientos empezaron a ser más despreocupados. Suspiró, a ella también le estaba entrando sueño. Después de comer y con el solecito, es lo que había.

- Qué morro, mira como duerme el tío. – Le dio golpecitos en la mejilla con el dedo – Voy a despertarlo, que ya no aguanto más en esta posición. – Le tapó la nariz, y él se revolvió. Aún medio dormido, abrió un ojo.

- ¿Qué crees que haces, herbívora? – Preguntó con voz ronca.

- Despertarte. – Respondió ella sin rodeos – Me estás amputando las piernas, ¿sabes?

- ¿Te crees que me importa?

- Pues a mí sí. Así que largo. – Le dio un pequeño empujón, haciendo que su cabeza cayera pesadamente al suelo – ¡Ostras! Perdón, ha sonado a hueco, no quería tirarte. – Se disculpó ella, masajeando su cabeza.

- … - De él empezó a emanar una aura demoníaca – Te mataré a mordiscos. – Se levantó de un salto con agilidad felina y la persiguió por toda la azotea.

- ¡Uh-oh! ¡Qué guay! ¿Me enseñarás a levantarme así, como los ninjas? – Preguntó ella mientras corría, aplaudiéndole. Él la ignoró y corrió más deprisa, finalmente atrapándola y profiriéndole un buen golpe con sus tonfas.

- ¡Eh, eso ha dolido! – Chilló ella, frunciendo el ceño y poniendo las manos en su dolorida cabeza – ¡Si vas a pegarme hazlo con los puños, capullo!

- Qué escandalosa. Cállate ya o te mataré a mordiscos.

- Oye, no es por nada, pero esa frase es un tanto pervertidilla. – Comentó ella - ¿Tiene doble sentido?

Hibari se la quedó mirando. ¿Era tonta, se entrenaba o sólo lo pretendía? Decidió ignorarla, y se dirigió a las escaleras de vuelta a la sala de recepciones.

- ¡Ey, espera! ¿Qué hago yo ahora? ¿Puedo irme ya? – Preguntó Akira, trotando tras él.

- Ya te puedes ir. Más te vale acordarte mañana. Has tenido suerte de que haya ido a buscarte.

- Sí papi, lo que tú digas papi. – Respondió la chica con tono burlón – Si voy a ser tu esclava por mucho tiempo ya podrías tratarme un poco mejor ¿no?

Al ver que seguía pasando de ella suspiró, bajó las escaleras con él y se dispuso a ir a buscar la cartera a la clase antes de volver.


Definitivamente, Akemi odiaba las matemáticas. Siempre lo había hecho, pero esta vez su odio era más manifiesto que nunca. Fórmulas, miles de fórmulas, ¿cómo podían haber tantas? Encima, para ella era como si Gokudera le hablara en chino, bielorruso, polaco o cualquier otro idioma igualmente incomprensible que se os ocurra. Suspiró, cansada.

- ¿Qué pasa? – Preguntó Gokudera, levantando la vista de los apuntes. Llevaba puestas las gafas que solía usar mientras trabajaba y tenía el pelo recogido en una coleta.

- Lo intento, ¡pero no entiendo nada! – Gimoteó Akemi, llevándose las manos a la cabeza.

- ¿Esto lo entiendes? – Él señaló una parte de los apuntes.

- Ah, bueno, eso sí. – Dijo la chica, mirando con atención la hoja.

- Pues con esto tienes ya buena parte lista. – Respondió él – Qué más… ¿y qué hay de esto?

- Eso también.

- ¿Y esto otro?

- Bueeno, eso me cuesta más.

- Pues ya lo entiendes casi todo. – Sonrió él – Sólo te queda practicar esto. A ver, haz el problema 6.

- Ok. – Akemi se concentró en el ejercicio.

Gokudera la miraba. Le parecía graciosa la cara que ponía cuando estaba concentrada. Sonrió involuntariamente.

- Ya está. – Le dio el cuaderno para que lo revisara. Él lo miró por unos instantes.

- Muy bien. Con esto ya está todo. – Dijo él – Tampoco te ha costado tanto.

- ¡Yay! ¡Gracias! – Ella lo abrazó, contenta de haberse quitado de encima el estudiar para el examen. Él se puso tenso y sintió calor en la cara. Le devolvió el abrazo con torpeza.

- Ups, lo siento. Es verdad, aquí no se suelen dar abrazos. – Akemi rió nerviosamente, volviendo a su sitio. Gokudera no dijo nada – Oye, ¿te has enfadado?

- … No, ¿por qué? – Él evitó mirarla.

- Pues porque te has quedado callado.

- … - Él se ajustó las gafas en un gesto de nerviosismo e intentó cambiar de tema – Sólo era esto lo que entraba en el examen, ¿verdad?

- Sí. – Dijo ella, aún preocupada - ¿Vamos a buscar a esos dos?

- Como quieras. – Gokudera cerró el cuaderno y se levantó, quitándose la coleta y guardando las gafas.

- Joo, con lo mono que estabas con la coletita. – Comentó la chica.

Él la miró enarcando una ceja. Poco después suspiró y negó con la cabeza, sonriendo. Empezó a caminar hacia la puerta y se dirigió a ella.

- Venga, vamos.

- Vale. – Dijo ella resignada. Salieron de la biblioteca y se encaminaron hacia la sala de Recepciones. Llamaron a la puerta, pero nadie respondió, así que entraron sin más.

- Habrán ido a merendar a la azotea. – Dijo Akemi, saliendo de la habitación. Subieron las escaleras hasta la azotea y cuando llegaron arriba, la chica abrió la puerta seguida por su compañero. Sin embargo, volvió a cerrarla rápidamente, sólo dejando una rendija por donde pudiera ver.

- ¿Qué pasa? – Se extrañó Gokudera; casi le había tirado de un empujón al cerrar la puerta.

- Shh, que nos oirán. – Akemi lo acalló y siguió mirando por la rendija, soltando una risita en el proceso. Hasta hacía sólo un momento su primo había estado con la cabeza apoyada en el regazo de Akira, aunque rápidamente vio como la cabeza de él se estrellaba contra el suelo. Inmediatamente después, su amiga estaba siendo perseguida por el airado chico.

- ¿Oírnos quiénes? – Él se acercó, intentando ver qué demonios estaba pasando en la azotea que le parecía tan interesante a Akemi.

- ¡Qué monos! Estos dos acabarán juntos, seguro. – Aseguró la chica - No puedo creer que ella vaya a tener novio antes que yo. Igualmente, nadie se enamoraría de mí. – Dijo Akemi, con voz triste.

- Bueno, la verdad es que… - Gokudera no pudo terminar la frase, ya que Akemi prácticamente lo arrastró escaleras abajo.

- ¡Corre, que vienen! – Ella corrió hasta la clase, llevando a rastras tras de sí al pobre Gokudera, que seguía sin saber muy bien de qué iba la película. Cuando finalmente pararon de correr, Akemi le soltó la mano.

- ¿Por qué tanta prisa? – Gokudera se recostó en una de las mesas de la clase.

- No interesaba que nos vieran. – Respondió ella, aún jadeante por la carrera – Por cierto, ¿qué querías decirme antes?

- Ah, eso… - Él se llevó la mano a la nuca, apartando la mirada – Pues, la verdad es que yo…

- ¡BOOOOMBAAA!(1) – La puerta se abrió de golpe - ¿Ah? ¿Qué hacéis vosotros aquí? ¿No estabais en la biblioteca?

- Ah, onee-chan. ¿Cómo te ha ido con mi nii nii? – Preguntó Akemi con cara pervertidilla.

- Psé, qué quieres que te diga. – Akira resopló y puso las manos detrás de la cabeza – Me ha hecho currar como una burra, pero al menos me ha dejado comer después.

- … - Gokudera miró con una mezcla de rabia y resignación a Akira. No lo dejaban hablar, jolines.

- Sería mejor que nos fuéramos, se está haciendo tarde. – Sugirió Akemi.

- Sí, mejor. Estoy rendida. – Akira se cargó la cartera en el hombro y salió de la clase, seguida por los otros dos. Fueron hasta la entrada para cambiarse los zapatos, y Akira, como siempre, se quedó la última.

- ¡Eh, esperadme! – Gritó cuando vio que Gokudera ya salía por la puerta principal.

- ¡Qué lenta eres, macho! – Exclamó Akemi – Yo te espero.

- Os espero fuera. – Gokudera salió al patio y se esperó delante de la verja.


-De verdad, mira que olvidarte el libro de mates… - La reprochaba Akemi mientras atravesaban el patio.

- Ah, ¡olvídame! – Akira apretó el paso y vio a Gokudera, aún apoyado en la verja del instituto - ¿Eh? ¿Quién es esa chica?

Junto a Gokudera había una joven de cabellos rosáceos, con rasgos claramente extranjeros. Tenía tatuado un escorpión en su brazo izquierdo y llevaba unas gafas de aviador. Parecían estar hablando sobre algo importante.

- ¡Ey, Dera! Vaya ligue, chico. – Bromeó Akira – Pero, ¿no crees que es un poco mayor para ti?

Sin saber muy bien porqué, Akemi sintió una punzada de dolor en el pecho. Miró a la mujer. Definitivamente, era muy guapa. El nudo que se había formado en su estómago se estrechó, aumentando su malestar. Nunca se había sentido así.

- Tch, cállate. – Replicó Gokudera. La joven sonrió.

- ¿Sois amigas de Hayato? – Preguntó – Me llamo Bianchi. Encantada.

- ¡Ey! – Akira la saludó con la mano, sonriendo. Akemi se mantuvo en silencio.

- Yo me voy ya. – Cortó Gokudera – Hasta mañana.

- Yo también me voy, el pobre Tsuna se estará subiendo por las paredes. – Rió Akira. Bianchi puso atención al oír esto – Se preocupó mucho cuando le dije que trabajaría para Hibari en el comité, y ya debería haber vuelto a casa.

- En ese caso, yo también me voy. – Dijo Bianchi.

- Nos vemos. – Se despidió Akira, y empezó a deshacer el camino hacia la casa de los Sawada.

- Que te vaya bien. – Dijo Akemi mirando a Gokudera, con bastante mala leche.

A Gokudera le inquietó un poco el tonito de la frase, pero se despidió. Cada uno se fue hacia su casa, empezaba a oscurecer.


- ¡Ya estoy en casa! – Akira se descalzó y subió corriendo a la habitación de Tsuna - ¿Qué hay, Tuna?

- Hola. – Saludó él – Qué bien que sigas de una pieza. – Comentó con alivio.

- Sí, bueno. A saber por cuánto tiempo. – Dijo ella, sonriendo.

- Más te vale que sea por mucho tiempo, Akira. – Reborn apareció por el pasillo, en brazos de Bianchi.

- ¡Reborn! ¡Y tú eres la de antes! – Akira la señaló descaradamente con el dedo, y Tsuna tembló ligeramente. No era muy agradable tener en casa a una mujer que había pretendido matarle.

- Así que tú eres Akira. Reborn me ha hablado de ti. – Comentó Bianchi, abrazando a su amado Reborn – Quizá me reconozcas por el nombre de Bianchi Scorpione.

- ¡Aah! Ya decía yo que me sonaba tu nombre de algo. – Akira se rascó la cabeza. Le habían dicho que Scorpione era una peligrosa asesina capaz de envenenar a sus víctimas con los venenos más terroríficos. Qué grima.

- ¿Qué hacías con el tontobobo de Hayato? ¿Lo conoces? – Preguntó.

- Bianchi y Gokudera son hermanos, aunque sólo por parte de padre. – Clarificó Reborn.

- ¿En serio? Ahora lo entiendo todo, entonces.

- Bueno, nosotros vamos abajo; la Mamma me está preparando un espresso. – Con esto, Reborn y Bianchi bajaron las escaleras. Tsuna suspiró pesadamente.

- Mira que me pasan cosas raras últimamente.

- Ya, estamos invadiendo tu casa. No te comas mucho la olla, que te saldrán arrugas. – Akira le señaló la frente y le dio un toquecito; él sonrió – Oye, ¿puedo usar tu teléfono? No tengo saldo en el móvil y estoy arruinada.

- Sí, está en la entrada. – Contestó él, señalando con la cabeza las escaleras.

- ¡Gracias! Intentaré no enrollarme mucho. – Akira bajó las escaleras y marcó un número en el teléfono mientras cogía el auricular.


Akemi estaba en su habitación, tendida en la cama a oscuras. Lo de antes seguía atormentándola. Se sentía impotente y enfadada, en parte consigo misma y por otra con el resto del mundo. Sin saber porqué, todo le parecía muy injusto; cada vez se sentía más confusa. Se preguntó por enésima vez qué había entre esa chica y Gokudera. Su móvil la devolvió a la realidad, sobresaltándola. Lo cogió y contestó.

- ¿Sí?

- ¡Nee-chan! – Akemi reconoció la voz de su amiga al otro lado de la línea. - ¿Sabes qué?

- No estoy para bromas en estos momentos. – Contestó pesadamente.

- Uy, usted perdone su Excelentísima. ¿Desea la señora que le llame más tarde? – Bromeó Akira.

- Como quieras. – Dijo Akemi, sin notar la ironía de la frase.

- ¡No, que es coña! ¿Sabes la chica de antes?

- No me hables de ella. – Respondió de mal humor.

- ¿Qué te pasa que estás tan enfadada? ¿No estarás celosa? – Dijo Akira, más para meterse con ella que para cualquier otra cosa.

- …

- Bueno, a lo que iba. Ahora resulta que Bianchi es la hermana mayor de Bakadera. ¿A que es flipante?

- ¿A sí? – Akemi sintió que se quitaba un gran peso de encima.

- Sí, a mí me ha dejado clavada. No me lo esperaba.

- ¡Qué bien! – Se alegró la chica. Se sentía mucho más tranquila ahora.

- … Oye, vaya cambios de humor tienes tú hoy. ¿Tienes la regla o algo? – Comentó Akira extrañada.

- Jajaja, qué va. – Rió ella.

- Bueno, pues sólo era eso. Hasta mañana. – Se despidió su amiga.

- ¡Gracias! Me has alegrado el día. Hasta mañana~

- ¿Eh? ¿Qué dices?

- Nada. Soy feliz~ - Akemi se paró a pensar – Aunque no sé porqué, pero da igual. ¡Gracias! Te quiero~

- Lo que tú digas. Estás como una cabra. ¡Adiós, fea! – Dijo Akira alegremente antes de colgar.

Akemi dejó el móvil en la cama, estirándose. Vio entonces a Ooki-kun, que yacía inocentemente en la cabecera de la cama.

- ¡Kyaa! – Se lanzó contra el panda y lo abrazó - ¿Sabes qué, sabes qué? Hoy es el día más feliz de mi vida.

Se volvió a estirar en la cama, con el peluche en sus brazos.

- Hermanos, ¿eh? Creo que me gustaría conocerla mejor.


(1) Para que los que no hayan reconocido la canción… "Sensual, ¡un movimiento sensual! Sexy, ¡un movimiento muy sexy!..." Creo que es suficientemente descriptivo xDD

¡Hasta aquí ha llegado nuestro capítulo 6! Esperamos que haya sido de vuestro agrado~

¡Gracias por leerlo! :3