Hi minna~! *se esconden rápidamente, para evitar las mil y una cosas que les tiran a la cabeza por tardonas*

Sentimos mucho el larguísimo retraso T-T Estuvimos ocupadas con el instituto y no pudimos quedar en muchos días… ¡El insti apesta! D:


Mcrazymtz

: Gracias por los ánimos~ :D No hay mucho 1835 de momento, pero ya irá avanzando la cosa… e.e

Hibari-Mayra: Gracias por leerlo~ (Akira) Si es que sé lo que sientes, ¡Kyouya es de las fans y de nadie más! (?)

Chilly-chan: Pues claro que nos lo puedes mandar ò.ó Nos hace mucha ilusión que alguien nos pida de hacer de beta readers (= Si eso, mándanos un PM y te daremos nuestro correo.

Lau: (Akemi) ¡Aaaaah! Hermanita~ (lo dice sin saber si es mayor que ella) *glomps* ¡Muerte a las mates! \m\(-_-)/m/ Si es que, adoro su coletita *O* (Akira) Kyouya y sus frases pervertidillas… me callo lol *iba a decir alguna guarrada* ¡Pero yo no temo a las tonfas asesinas! *ríe como una loca*

Kuki-Chan: Sí que necesitan un empujón… ya se les dará, tranquis~ *risa maléfica* En cuanto a a Hiba y Aki… bueh, vaya par xD ¡Gracias! :3

Sora: ¡Otro seguidor/a! (e.è) Wiiiiiiii :D Gracias por leerlo, intentaremos no ser tan lentas la próxima vez.

xOgnAdOrA: Todas queremos a un Kyouya en nuestro regazo.. *sigh* Es tan… él *-* xD Akemi celosita, fue divertido de escribir :D

Carleigh: ¡Estuvieron a punto! D: Un Dera enamorado… awww *O*

Buf, aún después del mes entero sin actualizar, aquí está el siguiente capítulo.


Disclaimer:

Katekyo Hitman Reborn no nos pertenece, sólo las dos OC.


Salieron del instituto. Akemi miró al cielo ausentemente, y su amiga bostezó. Había pasado ya más de un mes y medio desde que llegaron a Namimori.

- Tch, ¿cuándo se acabará esto? – Suspiró Akira, cansada. Todavía seguía trabajando para el Comité de Disciplina, y parecía que iba para largo. Siempre que le preguntaba a Hibari cuánto tiempo le faltaba para saldar la deuda, él o bien pasaba de ella o le decía que callase y trabajase. Akemi rió.

- Mejor así, mejor así~ - Dijo con cara sospechosa.

- ¿Mejor? ¡Tú sales más tarde porque tú quieres! Tú te uniste al club ese, pero yo estoy por la fuerza en el comité. – Akira puso morros y cruzó los brazos.

- Club de tiro con arco, no el club ese. – Replicó Akemi - Además, yo te dije que te unieras.

- Como si pudiera. – Su amiga rodó los ojos – Kyouya me tiene secuestrada, no puedo hacer nada. – Debido a tener que aguantarse mutuamente durante tanto tiempo, Akira había desistido en llamarle "tú", "payaso" o cosas por el estilo. Hibari casi prefería que le llamara como antes, pero ella se empeñaba en llamarlo por su nombre. Como siempre, se negaba a referirse a los demás por el apellido, y menos a él.

- ¿Estará Bianchi en casa de Tsuna? Tengo ganas de verla. – Sonrió su amiga. Después de aquel incidente Akemi había intentado estrechar la relación con ella, y ahora se llevaban muy bien.

- Supongo, no sé.

Caminaban hacia la casa de los Sawada; se suponía que iban a hacer los deberes juntas, pero como ya he dicho, sólo se suponía. De pronto, vieron como las hojas y las piedrecitas de alrededor empezaron a flotar, suspendidas en el aire. Unos pasos más adelante había un niño de unos diez años, con la mirada perdida y una característica bufanda a rayas. Extrañamente, parecía que él se encontraba en el centro del círculo donde parecía que la gravedad hubiera desaparecido. Tan repentinamente como había empezado, todo volvió a caer al suelo y el niño sacó un libro enorme de su chaqueta.

- ¿Cómo es posible que le quepa el libraco ese ahí? – Akira miraba al niño boquiabierta, y su amiga tenía cara de susto.

- ¡Es el enviado del demonio! - Pensó Akemi - ¡Qué guay!

- ¡Ah! – Cuando el niño terminó de escribir, se percató de su presencia - ¿Lo habéis visto? – Preguntó, guardando el libro.

- ¿Qué es exactamente lo que teníamos que ver? – Akira señaló el libraco antes que lo guardara, atónita.

- ¡Hala! ¿Cómo lo has hecho? – Akemi se lo quedó mirando un momento - ¿Estás solo?

- Bueno, sí. Estoy buscando a alguien. – Miró alrededor, como temeroso de que apareciera alguien por la calle.

- ¿A quién? – Inquirió Akira - ¿Es de por aquí?

- Sí. Se llama Tsunayoshi Sawada. – Contestó él.

- ¿A Tsuna? – Ella se sorprendió – ¿Este niño no será…?

Se oyeron unos pasos apresurados provenientes del final de la calle, y el niño se tensó visiblemente.

- ¡Son ellos! – Exclamó el pequeño.

- ¿Ellos, quiénes? – Preguntó Akemi.

- Ven conmigo. – Akira cogió al niño y saltó a uno de los jardines de las casas que había en el camino, quedando ocultos por el muro que los separaba de la calle. Cuando los pasos se aproximaron, Akemi se puso a caminar como si nada hubiera ocurrido. Un grupo de tres hombres extranjeros trajeados y con gafas de sol se le acercaron.

- ¿Has visto a un niño con un libro? – Uno de ellos se dirigió a ella gravemente.

- Pues sí. Se ha ido por ahí. – La chica señaló la dirección opuesta a casa de Tsuna, y los hombres se fueron. Cuando se perdieron de vista, Akemi se giró hacia el lugar donde estaban escondidos – Ya podéis salir. Esos maleducados ya se han ido.

Ellos salieron saltando la verja de la casa, y el niño suspiró aliviado.

- Gracias, no sé que hubiera hecho si me hubieran encontrado. – Hizo una pequeña reverencia – Por cierto, me llamo Fuuta.

- ¿Por qué te perseguían? – Akemi lo miró preocupada.

- Por ahora será mejor que vengas con nosotras. Te llevaremos a casa de Sawada. – Akira se espolsó el jersey lleno de tierra.

- ¿De verdad? ¡Qué bien, gracias! – Fuuta puso una de sus sonrisas encantadoras.

- Venga, deprisa. – Akira cogió a Fuuta y a Akemi y se puso a caminar rápidamente.

- ¿Por qué corremos? – Le preguntó Akemi a su amiga. Ella no le contestó, y Akemi se enfurruñó – Eso, ignórame.

No tardaron en llegar a la puerta de Tsuna, y Akemi fue a entrar con Fuuta. Akira se paró antes de pasar la puerta del jardín y miró a ambos lados de la calle. Cuando se hubo asegurado que no les seguían, entró con ellos.

-¡Ya estoy en casa! Traigo invitados, mama. – Le dijo a Nana, que pasaba por ahí.

- ¡Hola! Estáis en vuestra casa. – Ella sonrió y fue para la cocina - ¡Poneos cómodos!

- Gracias, Nana-san. – Le agradeció Akemi. Los tres subieron a la habitación de Tsuna.

- Hey, Tsuna. – Le saludó Akira – Hay alguien que te estaba buscando. – Fuuta apareció detrás de ella tímidamente. Reborn, que estaba en la habitación, sonrió misteriosamente cuando lo vio.

- Hola, Tsuna-nii. – Fuuta se adelantó y le cogió de las manos en forma de saludo – Tenía muchas ganas de conocerte.

- ¡Hiee! ¿Y tú quién eres? – Preguntó Tsuna extrañado. Fuuta fue a replicar, pero Akemi se le adelantó.

- ¡Qué mono~! – Fue corriendo a abrazar a Reborn - ¿Por qué no me habías dicho que tenías un hermanito, Tsuna?

- No es mi hermano, es mi… ¡primo! – Se apresuró a decir Tsuna. No le hacía mucha gracia que la gente supiera que tenía un bebé como profesor particular. En ese momento, Bianchi entró en la habitación.

- Hola, chicas. – Saludó ella.

- ¡Ey! ¡No paséis de mí! – Se quejó Tsuna, quien todavía no sabía quién era el pequeño intruso. Reborn miró a Bianchi y ella pareció entender.

- Tengo algo que enseñarte, Akemi. – Dijo Bianchi – Ven conmigo.

- Vale. – Akemi se levantó apresuradamente y la siguió, abandonando la habitación. Cuando sus pasos se apagaron, Akira cerró la puerta y se giró hacia Fuuta.

- Eres Ranking Fuuta, ¿verdad? He oído hablar de ti.

- ¿Ranking Fuuta? – Inquirió Tsuna.

- Es un especialista en información que no tiene rival creando rankings. – Explicó Reborn – La precisión de sus rankings son de un 100%.

- ¡Eso es imposible! – Gritó Tsuna.

- Lo que significa… - Continuó el pequeño hitman, pasando de él - …que aquel que tenga el libro en su poder para hacer una estrategia podría ganar cualquier batalla, y le sería muy fácil hacerse con el mundo.

- Qué miedo… - Pensó Tsuna, mirando a Fuuta.

- Sí, y esos tíos de la Famiglia Todd parecen estar buscándolo. – Dijo Akira, mirando por la ventana.

- Ayúdame, Tsuna-nii. – Rogó el niño.

- ¿Quién, yo?

- Ya lo has oído, Dame-Tsuna. – Dijo Reborn, pateándole – Le protegerás y evitarás que le quiten el libro.

- ¿¡Pero por qué yo! – Se quejó él, frotándose el dolorido brazo.

- Bueno, a pesar de que tus rankings son los peores, estás el primero tanto en el de incapaces de decir que no a una petición como en el de capos sin ambición. – Sonrió Fuuta.

- … Soy patético. – Pensó Tsuna, suspirando. En ese momento, entraron Akemi y Bianchi, seguidas por Yamamoto y Gokudera. Éste último tenía mala cara y evitaba mirar a su hermana.

- ¡Holas! – Saludó Akemi.

- ¡Yo! – Sonrió Yamamoto, haciendo un gesto con la mano.

- ¿Qué hacéis aquí vosotros dos? – Preguntó Akira - ¿Y ese careto, Dera?

- Ugh, cállate. – Contestó él, cubriéndose la boca con la mano.

- Bianchi nos ha dicho que había venido el chaval de los rankings, y decidimos pasar a ver. – Rió Yamamoto.

- ¡Yo quiero que me hagas uno! – Dijo Akemi ilusionada – A ver, ¿cuáles son mis peluches favoritos?

- Los peluches favoritos de Akemi son… - Su mirada se perdió en el vacío, y todo a su alrededor empezó a flotar – En tercer lugar: Brownie, el osito.

- ¡Waa! Si sabe hasta el nombre. – Comentó ella impresionada.

- En segundo lugar: Haya-chan, el veterano. – Continuó él.

- ¿¡Ha-Haya-chan! – Gokudera miró a Akemi, perplejo.

- No te hagas ilusiones, Dera, es un osito blanco que tiene desde muy pequeña. – Comentó Akira, metiendo el dedo en la llaga.

- ¡Cállate! ¡Me lo imaginaba! – Contestó él enfadado, sonrojándose un poco.

- Por eso me gusta tu nombre. – Rió Akemi.

- … - Gokudera la miró, sin palabras, y suspiró – Sólo le gustaba por su peluche…

- Y en primer lugar – Anunció Fuuta – Ooki-kun, el panda gigante.

- ¡Kya! ¡Oh yeah! - Gritó Akemi alegremente – La has clavado.

- Ya lo he dicho, Fuuta nunca falla. – Comentó Reborn con una sonrisa.

Gokudera, que había estado todo el rato en la puerta, apartó a Yamamoto y se adelantó.

- Yo también tengo una pregunta para ti, Ranking Fuuta. – Dijo muy serio – Mi única pregunta es qué puesto ocupo yo entre los más indicados para ser el brazo derecho de Juudaime.

- Eso es fácil. – Respondió él – El puesto que tú ocupas es… - Gokudera lo miraba con expectación – Fuera de cobertura.

- ¿¡Qué! – Exclamó Gokudera con cara de pasmo.

- Hay una teoría que dice que se conecta al planeta Ranking. – Dijo Reborn – Quizás haya fallado la conexión.

- ¿¡Y qué más! – Gritó Tsuna. Ese bebé pretendía seguir tomándole el pelo.

- No es eso. – Contestó Fuuta – No es que yo esté fuera de cobertura de los rankings. El candidato está fuera de la atmósfera.

- ¿Fuera del planeta…? – Akira lo miró como si estuviera loco. Yamamoto miró por la ventana.

- ¡Vaya, qué manera de llover! ¿Lo habéis visto?

- ¿Llueve? – Fuuta salió de su trance y se dejó caer en la cama de Tsuna.

- ¿Qué te pasa? – Le preguntó Akemi.

- Estoy depre. Odio que llueva. – Respondió él – Cuando llueve, mis poderes generadores de rankings se vuelven locos.

- Entonces, ¿es verdad que te comunicas con el planeta ese? – Akira enarcó una ceja.

Antes de que pudiera responderle, alguien llamó a la puerta y todos se giraron hacia ella.

- Hombre, Tsuna. ¿Todo bien por aquí?

- ¡Dino! - Exclamó Tsuna.

- ¡Onii-chan! – Akemi le dio un abrazo de oso y él le correspondió.

- Tsk. – Gokudera lo miró con mala cara; todo mafioso de cierta categoría que sea mayor que él le caía mal por regla.

- Hombre, Caballo Desbocado. – Lo saludó Akira - ¿Qué haces en Japón?

Hacía unos días atrás, Dino se había presentado en casa de los Sawada sin previo aviso, alegando que había venido a conocer al candidato a décimo capo Vongola. Aún así, su estancia no duró mucho debido a su ocupada vida de don de los Cavallone, y volvió a Italia un par de días después.

- En realidad vengo por trabajo. – Dijo él – Había oído que Ranking Fuuta estaba aquí, y al parecer mis contactos no iban desencaminados. – Dino miró de reojo a Romario, que había entrado con él. Éste pareció entender en seguida.

- Akemi-san, el jefe le ha traído un regalo. – Dijo, sonriendo – Está en el coche, ¿quiere venir a buscarlo?

- Vale, pero… - La chica le miró acusadoramente – Trátame de tú, ¿quieres?

Romario rió y le gesticuló que saliera. Ella lo siguió, pero arrastró a Akira tras ella.

- Tú vienes conmigo.

Akira rodó los ojos y suspiró, dirigiendo una última mirada a los mafiosos. Cuando estuvo seguros de que se habían ido, Dino prosiguió.

- Necesito uno de tus rankings. – Se acercó a Fuuta y dos de sus hombres entraron en la habitación, uno de ellos con un maletín en la mano – Por supuesto, traigo el dinero.

Su subordinado abrió la maleta negra, que estaba llena de billetes.

-¡Cuánto fajo! – Pensó Tsuna, admirando la enorme cantidad de dinero.

- La cosa es que en uno de los barrios que están bajo mi supervisión se han movilizado unos traficantes de armas que se dedican a vender armamento a bajo precio a un grupo de gamberros. – Explicó el rubio – Los chavales no están bien organizados, pero están sembrando el caos entre los civiles, y quiero eliminar el problema de raíz. Me gustaría que me dijeras qué puesto ocupa en cuanto a tamaño el almacén de armas de los traficantes. – Concluyó - ¿Es posible?

- Por supuesto, pero no necesito el dinero. – Fuuta sonrió mientras abría su libro – Eres el primero con diferencia en el ranking de capos que se preocupan por los ciudadanos.

- Ostras, hasta Dino le pide cosas… - Tsuna los miró con recelo – Y encima se ha puesto en plan hombre de negocios.

Fuuta buscó en su libro y le dio un papel a Dino.

- Toma, aquí tienes una copia del ranking.

- ¡Vaya, gracias! – Dino sonrió de oreja a oreja – Desde luego, Tsuna, con este chico tienes las de ganar.

- Ah… ya. – El joven Vongola miró a Fuuta. Realmente, cada sujeto que se presentaba en su casa era siempre más raro que el anterior.

- Bueno, yo tengo que irme ya. – Dijo Dino – Gracias a los dos. ¡Nos vemos, intentaré pasarme pronto!

Todos se despidieron de él y Reborn empezó a darle la lata a Tsuna diciéndole algo de que él pronto tendría que hacer negocios como su predecesor. Tsuna, como siempre, había tenido la intención de quejarse, cuando la puerta de su habitación se abrió.

- ¡Mira, Tsuna! – Akemi corrió hacia él, con un gigantesco ramo de rosas y una caja de bombones en las manos – ¡Mira lo que me ha regalado mi onii-chan!

- ¿Te lo ha dado Dino? – Preguntó Tsuna, mirando los presentes. Gokudera frunció el ceño. Ese Cavallone le estaba cayendo cada vez peor.

- ¡Sí! Siempre me hace regalos por el estilo. – Sonrió ella.

- Sí sí, lo que sea, pero dame bombones. – Akira sacó la lengua y fue a cogerlos, pero Akemi los apartó de ella.

- ¡No, tú te esperas! Son para todos.

Akemi repartió los bombones, y mientras comían recordó algo que antes le había estando rondando por la cabeza.

- Lo hombres que te perseguían antes… - Miró a Fuuta con cara de póker - ¡Tenían una pinta de mafiosos! ¿De dónde salían?

El comentario provocó cierta tensión, y Akira miró a Tsuna en un intento de que hiciera algo.

-Antes estaban grabando una película de mafiosos por aquí cerca, ¿no serían los actores tomándose un descanso? – Sonrió Yamamoto, haciendo ver que tenía una pistola entre las manos, gesticulando.

- ¡Ah, sí! ¡Nosotros los hemos visto esta mañana mientras íbamos al insti! – Se apresuró a decir Akira - ¿verdad, Tsuna? – le codeó ligeramente.

- ¿Eh? Ah, sí, es verdad. – Soltó una risita incómoda.

- Entonces, ¿por qué perseguían a Fuuta? – Ella se giró hacia la ventana, señalando descaradamente afuera – Mira, ahí están otra vez.

- ¿Pero qué…? – Akira miró por la ventana y vio a un pequeño ejército de sujetos con pintas semejantes al trío de antes – Mierda, qué pesados.

-Haz algo, Tsuna. – Ordenó Reborn – No puedes permitir que atrapen a Fuuta.

- Eso ya lo sé. – Respondió él - ¿¡Pero qué hago!

- Tengo una idea. – Dijo Akira, mirando pícaramente al futón de Tsuna.


Yamamoto y Gokudera salieron por la puerta principal. El friki del béisbol cargaba con el futón enrollado, del que salía la bufanda de Fuuta.

- ¿Buscáis a alguien? – Dijo Gokudera, encendiendo su dinamita.

- ¡Ahí está! – Gritó uno de los hombres, señalando la bufanda - ¡Cogedles!

Los chicos corrieron fuera del jardín, seguidos por los mafiosos. Gokudera iba tirando dinamita y Yamamoto se limitaba a cargar con la manta.

Mientras tanto, Tsuna y Akira salían por la puerta de atrás, y Tsuna llevaba a Fuuta a caballito, que se había quedado dormido. Akira abrió la puerta sigilosamente, y cuando pensaba que no había nadie, la atravesaron.

- ¡BAAAH!

Tsuna casi se cae al suelo del susto, y Akira retrocedió.

- ¡Lambo, I-Pin! – Gritó Tsuna, sin darse cuenta del volumen de su voz - ¿¡Qué hacéis!

- ¡Pasar el rato! – Respondió la vacaburra - ¡Tsuna, Akira, juguemos!

Desgraciadamente, al final de la calle estaban el trío de mafiosos y, atraídos por los gritos, se acercaron a mirar.

- ¡Corre, Tsuna! – Apremió Akira, arrastrándolo fuera de la casa. Los hombres corrieron tras ellos, persiguiéndolos.

La carrera duró hasta el parque, donde consiguieron arrinconarlos.

-Venga, chavales, ya está bien de jugar al pilla-pilla. – Dijo uno de ellos, acercándose – Entregadnos al crío y no pasará nada.

- ¡Calla, bola de billar! – Escupió Akira, con la vena en la cabeza.

- ¡Eso, empeóralo! - Tsuna le dedicó una mirada atónita. En ese momento, Fuuta se despertó.

- ¿Eh? Esos son… - Dijo Fuuta.

- Venga, niño, sé un poco inteligente y ven con nosotros antes de que tus amigos salgan mal parados. – Dijo el segundo hombre.

Fuuta bajó de la espalda de Tsuna y se puso entre los mafiosos y ellos. Todo a su alrededor empezó a flotar.

- ¡Ahora no es momento de hacer rankings! – Reprochó Tsuna.

- Vaya. – Fuuta lo ignoró – Paolo, el más alto, está en el puesto 67 en el ranking de fortaleza. Es bastante duro de roer. – El aludido sonrió, sintiéndose halagado – En cuanto a Rossi, está en el puesto 225 en el de inteligencia. – Se dirigió al segundo hombre – Aunque el líder sea Paolo, lo más probable es que en el fondo lo sea Rossi.

- Así que eres tú el que corta el bacalao, ¿eh? – Paolo miró mal a su compañero.

- ¡No sea tonto, jefe! Quiere que nos peleemos entre nosotros, ¿no lo ve? – Se defendió él.

- ¿¡Me estás llamando idiota! – El líder lo agarró por el cuello de la camisa amenazadoramente.

- ¡Ya basta, necesitamos ese libro! – El tercero intentó separarlos.

- Ezio, el que intenta separarlos, está décimo en el ranking de ambición. – Puntualizó Fuuta – Seguramente, cuando consigan el libro, tiene planeado quedárselo él.

Esto fue la gota que colmó el vaso. Los tres hombres empezaron a pelearse entre ellos, y Tsuna y Akira tomaron la oportunidad para escapar. Cogieron a Fuuta, que intentaba escribir lo que acababa de decir en su libro, y echaron a correr.

- ¡Eh! – Gritó Rossi – ¡Se escapan!

- ¡A por ellos, que no escapen! – Ordenó Paolo, persiguiéndolos.

Entretanto, Reborn observaba desde lo alto de un edificio cercano. Sonrió misteriosamente y Leon se convirtió en un rifle francotirador, poniéndose entre las pequeñas manos del hitman.

- Fuuta te ha salvado antes. – Dijo – Ahora es tu turno de hacer algo por él. – Disparó su rifle desde la distancia y la bala acertó de lleno entre ceja y ceja a Tsuna, quien cayó al suelo.

- ¿Tsuna? – Akira paró para mirarlo y dejó de arrastrar al pobre Fuuta.

- ¡REEEEEEEBOOOOORN! – Gritó él, levantándose de un salto. La chica lo miró como si acabara de escaparse de un hospital mental. "Vale, me esperaba cualquier cosa del futuro capo Vongola, pero ¿en gallumbos?" Mientras pensaba esto, había apartado a Fuuta, poniéndolo detrás de sí.

- ¡No lo hagas, Tsuna-nii! – Advirtió él - ¡Según tus rankings, no tienes nada que hacer contra ellos!

Tsuna se lanzó contra los mafiosos y ante los asombrados ojos de sus amigos, consiguió derrotarles. Fuuta no daba crédito a sus ojos. Ningún ranking suyo había fallado nunca. Cuando la llama naranja de su frente se apagó, Tsuna cayó rendido al suelo, profiriendo un suspiro de alivio.

- ¡Ha sido increíble! – Exclamó Fuuta, animado - ¡Es la primera vez que un ranking mío falla! ¡Estoy muy emocionado!

- Eh-¿QUÉ? – Tsuna intentó levantarse con torpeza.

- ¡Quiero seguir emocionándome a tu lado! – Siguió el pequeño - ¿Puedo quedarme con vosotros?

- Eso no puede… - Fuuta lo miró con ojitos brillantes de animalito herido, y Tsuna no pudo decir que no.

Reborn se había acercado, pero seguía limitándose a mirar. Sonrió de nuevo. Ranking Fuuta era un muy buen aliado, y probablemente les sería útil en el futuro.


- ¿Por aquí está bien? – Preguntó Yamamoto, mirando alrededor. Seguía cargando con el futón y habían llegado al río que atravesaba las afueras de Namimori.

- Supongo que sí. – Gokudera sacó su dinamita y encendió la mecha - ¡Tomad esto!

El grupo de hombres trajeados voló por los aires. Reborn, como de costumbre, supervisaba los acontecimientos. "Buena explosión." Yamamoto rió, y Akemi sacó la cabeza por el futón.

- ¿Ya se han ido? ¿Y esas explosiones?

- Petardos. – Respondió Gokudera disimuladamente.

- ¡Hala! ¿Los puedo ver? – La chica miró hacia atrás.

- ¡No puedes! Digo… - Se corrigió al ver su cara atónita – Ya se han acabado.

-¡Jo!

- Anda, baja. – Yamamoto dejó el futón con la chica en el suelo, y ella salió de él.

- ¿Volvemos a casa? Ya está atardeciendo. – Dijo Gokudera al ver bostezar a Akemi.

Todos se mostraron de acuerdo, y Reborn decidió que era el momento de volver también.


- ¡La comida de la mamá de Tsuna ocupa el primer puesto en la comida más deliciosa que he probado! – Dijo Fuuta saboreando su cena.

- No se hacen rankings en la mesa. – Ordenó Tsuna, intentando sonar autoritario.

- Mandar no se te da bien, Dame-Tsuna. – Reborn le pateó, haciéndole proferir un grito de dolor.

Akira no les prestaba atención; estaba sumida en sus propios pensamientos. Sentía que la mentira no podría durar mucho tiempo más.

- Akemi… No, no puede saberlo.


Hasta aquí hemos llegado con el capi 7 :) Ladies Lentas (aka nosotras) intentarán actualizar pronto xD

¡Gracias por leerlo!