Disclaimer: Harry Potter no me pertenece (sino otro gallo cantaria). Pertenece a la señora JKRowling y que ella y sus millones se lo queden, mientras tenga los fanfics habrá más historias que contar.
Capitulo 3: Vista a Hogwarts
Las gotas caían velozmente contra él suelo empapando todo aquello que tocaban. El cielo gris oscuro impedía ver el sol dándole al ambiente un semblante triste.
Sentado en la silla de su escritorio, el señor Weasley miraba por enésima vez una foto enmarcada en un marco sencillo pintado a mano y en él se podía ver la imagen de una familia feliz. Después de echarle otro vistazo, la dejo estar encima de la mesa y seguidamente abrió uno de los cajones de su escritorio, de dentro de ella saco una caja metálica cerrada con un candado. Con un movimiento de varita abrió la caja, cogió una bolsita de tela y guardó su contenido en su bolsillo. Se levantó con aspecto serio y salió decidido de su diminuto despacho.
Sabía lo que tenía que hacer pero aún no estaba muy seguro de cómo.
El miedo de ser descubierto por un fallo en la ejecución lo ponía nervioso y no conseguía, mantener la imagen calmada que quería. Se había enfrentado a peores cosas, a muchas, pero nunca se había metido con algo que respetaba tanto: su trabajo. Aún podía recordar su primer día de trabajo, había entrado con mucha ilusión, trabajar en el ministerio era uno de sus sueños y, a pesar de que le ocasionaba algunos disgustos como la monotonía, el mal sueldo y la soberbia de los ministros, había conseguido mantener su amor por el trabajo. Sentía que si se viera privado de ello lo lamentaría mucho, ya que trabajar en el Departamento contra el uso incorrecto de objetos muggles es el único lugar donde le se ha permitido descubrir cosas de aquellos muggles que le causan tanta fascinación.
El ruido del ascensor le sacó de sus pensamientos, había llegado al último piso dónde había quedado con el ministro de magia Rufus Scrimgeour para coordinar los presupuestos de este año en lo concerniente a su área. La secretaria de este, le indicó que se sentara en la sala de espera hasta que fuera llamado, ya que en ese momento el ministro aún seguía reunido. Se sentó rígido en una de las cómodas sillas marrones de la sala de espera. Mientras esperaba repasaba mentalmente lo que tenía que hacer.
En la reunión con el ministro debía colocar el objeto, que había cogido previamente, con mucho cuidado para que el ministro no sospechara nada. Se metió la mano en el bolsillo de la chaqueta, con los dedos podía notar la forma de aquel pequeño y útil objeto. Un pisapapeles plateado de forma redonda que había recogido de una redada en una pequeña empresa que se dedicaba a pasar mercancía de contrabando. El objeto tenía la facultad de provocar interferencias en todos los aparatos que utilizaba el ministerio, por culpa de eso les costó tanto captúralos.
- Señor Weasley
- …
- Señor Weasley
- ¿Eh?
- Ya puede pasar señor.
- Ah sí, muchas gracias- dijo saliendo de su ensoñación.
Se levantó y puso rumbo al despacho del primer ministro.
El despacho del primer ministro era una amplia habitación con el suelo y las paredes de madera. Frente a él, una ventana de tamaño considerable, en un lado había una estantería llena de libros y en el otro una repisa con algunas fotos y adornos. En una esquina un armario donde guardaba algunos archivos privados y en el centro una gran mesa de madera ocupaba gran parte de la habitación.
Scrimgreour se encontraba revisando unos papeles cuando el señor Weasley entró, pero antes de hacerlo del todo, tosió para avisar al ministro de magia de su intrusión. Al darse cuenta le indico que pasara y tomara asiento.
- Vaya Arthur, ha llegado muy puntual – dijo el ministro mientras colocaba en una carpeta los documentos que había estado mirando previamente.- Bueno espero que me traiga buenas noticias
- Por supuesto señor ministro, este año hemos mejorado en eficientemente aumentando el rendimiento y reduciendo los gastos un 5% - dijo monótonamente como si se lo hubiera aprendido de memoria.
- Estupendo, veo que hice bien en confiarle este trabajo- el señor Weasley sonrió amargamente. Sentía que no se merecía el cumplido sobre todo cuando iba a traicionar su confianza, pero tenía que hacerlo por los chicos. Tenía que poner ese dispositivo para que no pudieran seguir a su hijo y a sus amigos en su misión.
Aun no tenía muy seguro como lo iba hacer, pero tenía que hacerlo rápido porque en cuanto Scrimgeour terminara de leer el informe que le acababa de entregar, le quedaría muy poco tiempo para actuar.
En un primer momento pensó en ponerlo disimuladamente encima de los papeles que había en un lado de la mesa como pisapapeles, pero por muy distraído que pudiera tenerlo no creía que fuera posible que no se diera cuenta de que delante de él había un objeto extraño. Echo un vistazo a la habitación buscando el lugar donde idóneo para esconderlo. Entonces lo vio, encima de la repisa, en uno de los lados, había una planta; dentro de la maceta podría ocultarla fácilmente. Ahora tenía que llegar hasta ahí.
- Vaya nunca me había fijado ¿esa es su familia? – dijo el señor Weasley improvisando sobre la marcha.
- Si, son mi mujer y mis hijos – sonrió orgulloso contemplando él también las fotos que su subordinado le indicaba encima de la repisa.
El señor Weasley aprovecho para la ocasión para acercarse y hacer como que contemplaba de cerca las fotos- El chico se parece a ud. – Señaló complaciendo el orgullo del ministro.
- Se ha fijado, pero el pequeño tiene la sonrisa de su madre – comentó el ministro antes de seguir con el informe.
Aprovecho que estaba distraído para colocar el objeto. Se apoyo a la repisa y tapándose con su propio cuerpo introdujo la esfera dentro en la maceta tapándolo con la tierra. Después volvió tranquilamente a su asiento.
- Muy bien, todo correcto – dijo el ministro al finalizar su lectura.- Algo más que añadir.
- Bueno si, me gustaría revisar unos puntos con ud. – dijo el señor Weasley con aspecto más relajado. Ahora que ya había completado su misión todo quedaba en mano los muchachos.- Oh mire, está saliendo el sol.
***
En silencio Harry, Ron y Hermione iban en un autobús rumbo a Londres. Ataviados con gorros y bufandas para no ser reconocidos estaban sentados al final del automóvil. Ron bufaba cansado por el constante traqueteo del vehículo.
- Ron quieres parar, pareces una cafetera- se quejo Hermione.
- Que quieres Hermione, me estoy dando todo el rato contra el asiento- se defendió.
- El autobús noctambulo no es mejor que esto – replicó.
- Claro que sí, es más rápido.
- Venga, ya que da poco – dijo condescendiente.
- Como crees que le habrá ido a tu padre, Ron – dijo Harry cambiando de tema para distraer a su amigo.
- Seguro que bien, mi padre es mucho más listo que ese pelele del ministerio.
- En cualquier caso, pronto lo averiguaremos – dijo Hermione viendo por la ventanilla del autobús como ya habían llegado a la capital inglesa.
Recorrieron varias calles hasta que llegaron a la estación de autobuses. De ahí cogieron el metro y llegaron puntuales a la estación de Kingscross. Se dirigieron a los baños y se encerraron ahí.
- Bien, son las 10:00, aun tenemos tiempo, tomad- dijo Hermione pasándoles a cada uno una botella de plástico cuyo contenido marrón barro hacía desconfiar a los muchachos.
- ¿Es necesario que tomemos la poción multijugos? yo prefiero que me transforméis en un animal o algo– dijo Ron suplicante y secundado por Harry.
- No, con la transformación pierdes la consciencia y solo serías una carga. No creáis que a mí me hace mucha gracia, pero si nos reconocen (el ministerio y el enemigo) sabrán nuestra localización. Así que bebed – ordenó.
Con mucho pesar cogieron la botella y bebieron. El asco inicial fue substituido por los escalofríos y pronto sintieron como sus cuerpos cambiaban. Cuando sintieron que el que la transformación había parado se miraron unos a otros. Hermione, que aún recordaba el fallo con su transformación de segundo, comprobó que no estaba recubierta de pelo. Por uno de los espejos del baño se pudo ver como un chico de baja estatura, castaño y de ojos verdes.
- No está nada mal- dijo Hermione satisfecha con su cambio.
- ¡¿Nada mal?! ¡¿Por qué tengo que hacer de chica?!- renegó Ron contemplando su rostro femenino en el espejo frente a él. Era una chica morena, de pelo largo, bastante alta.
- Me pareció divertido invertir los papeles
- Pues yo nunca te había visto tan bien- dijo Harry divertido, mientras se quitaba las gafas ahora inútiles ante su perfecta visión. Él también se acercó a un espejo y se miró detenidamente. Tenía la cara redonda y el cabello rubio, se recordaba mucho a su primo Dudley.
- ¡Calla!- dijo molesto y saliendo del lavabo a grandes zancadas.
- ¡Mujeres!- dijo Hermione con fingida voz exasperada. Y riendo, ella y Harry, salieron del lavabo siguiendo a Ron.
Cogieron su equipaje y en cuanto el muro estuvo despejado cruzaron, llagando así al andén 9 ¾. Desde el ataque de los mortifagos en Hogwarts y la muerte de Dumbledore, la comunidad mágica estaba sumida en el miedo y muy poco creían que la escuela aún era segura, por lo que, la imagen casi vacía del andén no les sorprendió demasiado. Entre todos los chicos de ahí, no habría más de la mitad de chicos que cabrían en una clase, y seguramente todos ellos se marcharían definitivamente en las vacaciones de navidad.
Con tranquilidad subieron al tren y se sentaron el primer compartimento vacio que encontraron.
- Suponía que sin Dumbledore y con el accidente del año pasado, muchos chicos no vendrían pero no me imaginaba que vinieran tan pocos- dijo Hermione.
- Míralo por el lado bueno, así estamos más tranquilos- dijo Harry.
- Si, pero también pasamos menos desapercibidos- dijo Hermione preocupada.
- Tranquila vamos transformados ¿no?- dijo Ron despreocupadamente- Ahora siéntate y relájate que va ser un viaje largo.
El viaje fue de lo más tranquilo, incluso se atrevieron a salir del compartimento y curiosear un poquito. También compraron unas cuantas golosinas a la señora del carrito y se pasaron toda la tarde hablando de cuanto habían cambiado, de libros, música, tendencias, Quidditch, cosas muggles y de magia por su puesto.
El tiempo se les paso volando y pronto se encontrarían en la estación de Hosmeade donde cogerían los carruajes que los llevarían a Hogwarts.
En la entrada del colegio les esperaba la Profesora McGonagall toda sería. Hizo pasar a los demás alumnos a la Gran Comedor y a ellos les hizo esperar.
- Bien vayamos a mi despacho- dijo directamente.
Recorrieron varios pasillos que no creyeron volver a ver y se detuvieron ante una enorme estatua en forma de fénix. - Erga omnes- dijo la profesora, entonces el ave giro dejando ver unas escaleras por las cuales se podía acceder al despacho del director.
- Bien, sentaos, tenemos mucho que hablar- dijo seriamente mientras contemplaba como los chicos que tenía delante se iban transformando el sus antiguos alumnos, pues el efecto de la poción había pasado.
- Hola profesora- saludaron al unísono.
- Buenas Sr. Potter, Sr. Weasley y Sra. Granger. Como verán el número de alumnos ha descendido drásticamente- los chicos asintieron- pues después de hablar con el claustro de profesores y visto que Hogwarts ya no es segura, tenemos pensado enviar a los chicos de vuelta a su casa.
- Pero…- se dispuso a protestar Hermione, pero fue interrumpida por la profesora.
- Se lo que quiere decir señorita Granger, pero ahora no podemos protegerles, en la orden estamos faltos de aliados y muchos de nosotros salimos cada día a una misión. Es la mejor solución que hemos podido tomar.
- ¿Y qué le pasará a Hogwarts?- preguntó curioso Harry.
- Se mantendrá cerrado hasta que un legitimo director (alguien que se merezca el puesto) aparezca. Hasta entonces el castillo se protegerá a sí mismo convirtiéndose en una montaña.
- ¡¿Puede hacer eso?!- preguntó Ron fascinado.
- Si, puede y…bueno esto me lleva a… ¿Qué puede hacer ahora Hogwarts por ustedes?
Cogieron todo tipo de material necesario para su viaje. Hermione escogió los libros destacados de cada materia, Harry cogió todo tipo de herramientas y artefactos que les pudiera ser útil contra la magia oscura y Ron, fue a por hierbas y otros ingredientes para hacer pócimas y un botiquín, también fue a coger la Snitch dorada como recuerdo de su época como miembro del equipo de Griffindor.
- Bien y que hacemos con todo esto Harry- preguntó Ron poniendo las cosas junto las demás.
- Nos lo llevaremos a lo que será nuestra base- respondió Harry mientras iba comprobando que no faltaba nada.
- ¿Y ya sabes dónde vamos a ir?- preguntó Hermione que acababa de entrar con unos pesados libros.
- Mmm… no estoy muy seguro...
La repentina presencia de la profesora McGonagall interrumpió la conversación- Señor Potter han venido a verle.
- ¿Ver me?- inquirió sorprendido.
- Así es, creo que los recordareis- y se apartó dejando ver a los visitantes.
- Hola Harry- saludo Neville seguido de casi todos los miembros del Ejército de Dumbledore.
