El tercer capítulo de esta historia
Acepto críticas, mientras sean constructivas. Espero que la disfruten
Disclaimer: Elfen Lied o Avatar: La leyenda... no me pertenecen, sino a sus respectivos autores. No gano nada con esta historia
Estaba sentada en la oscuridad, extrañamente, podía ver su propio cuerpo, como si desprendiese luz propia. Pero no estaba sola, porque miles de figuras sin rostro o color, como maniquíes de varias piezas la rodeaban poco a poco. Algunas de ellas les faltaban los brazos o directamente estaban decapitadas. Lucy sabía quienes eran, porque aun sin recordar exactamente sus rostros, las sombras de la gente que murió por sus propias manos venían a su mente en su sueño y también, en algunos momentos, despierta.
Lucy ignoro a aquellas sombras sin identidad y siguió mirando al suelo invisible, pero una voz la hizo reaccionar con gran fuerza.
-Deberías de avergonzarte
En ese momento una nueva figura apareció, una especie de niña pequeña con vendaje en su cabeza, que tapaba solamente el ojo derecho, pero indudablemente era parecida a la mutante, principalmente por los cuernos que sobresalían de su cráneo. La mujer no dijo nada al principio cuando la vio, pero pronto le respondió con un tono molesto, mientras fruncía fuertemente su seño.
-No me molestes- reclamo Lucy dirigiendo su mirada hostil a ese espejo pequeño y viviente- .No tengo porque atender tus lloriqueos
En ese momento, la niña puso su mano izquierda en su cadera mientras ponía un rostro que andaba entre el enojo y la curiosidad.
-Vaya, parece que hoy estas de mal humor- alejo su mano izquierda de su posición y la puso en la cabeza de la diclonius-. Te pasaron muchas cosas por lo que vi, incluso yo misma me sorprendí, pero que te dejaras confiar en esa mujer era imperdonable. Desde que ese niño que ama a los animales raros te beso, estas bastante rara.
Con una risita macabra, palmeo la cabeza de la adolescente, para que después la misma apartara su mano violentamente. La mirada de la niña cambio por completo, su único ojo visible pronto se vio desorbito de toda emoción cálida para dejar a paso una frialdad propia de un cuchillo asesino. Miro fijamente a Lucy, mientras que los maniquíes de alrededor comenzaron a desmoronarse y transformarse en nada.
-No seas hipócrita, sabes que jamás te perdonara por más que le quieras- cerro los ojos y suspiro como si estuviese resignada-. Tu misma mataste a su familia, es así como es, la dura realidad.
En aquel momento la mujer se levanto, llevada por una gran fuerza que antes estaba ausente en la mutante y golpeo el rostro de la niña extraña.
-¿¡Acaso te pedí que me recordases eso!- grito furiosamente hacia la pequeña, descargando todo el aire que podía de sus pulmones, extrañamente sanos en ese sueño-¡En primer lugar, te acepte a ti porque pensaba que me librarías del dolor de mi vida, pero me di cuenta después que no cambio nada, incluso empeoraste todo!
La pequeña alzo su cabeza, mirando con esos mismos ojos fríos como el hielo a la alta mujer de pelo corto y rojo. Su mano se coloco en los vendajes y los retiro sin mucha fuerza, como si no estuviesen lo suficientemente puestos. El resto del rostro de la niña quedo al descubierto, mirando ahora ambos ojos hacia la persona que la desafiaba.
-Incluso aunque me odies y me rechaces, jamás desaparece- elevo el tono de su voz para amedrentar a la mujer-. Porque yo soy tú y tú eres yo, somos partes complementarias de un mismo ser. Puedes llamarlo como quieras, la representación del instinto de tu ADN, tu lado oscuro, tu sombra, cualquier apodo es bienvenido. Pero nada cambiare el hecho de que siempre estaré aquí, en lo más profundo de ti.
Pasaron unos interminables minutos, ambas, solas en la inmensa oscuridad, enfrentándose con sus miradas, en una guerra mas allá de toda mente racional. Finalmente, la niña se dio media vuelta, dándole la espalda a Lucy, mientras caminaba hacia adelante y su figura comenzaba a desaparecer, tornándose transparente como un fantasma.
-Este "nuevo mundo" que llegamos promete ser más interesante que ese nido de cucarachas y putrefacción- hablo con tono extrañamente relajado pero a la vez imperturbable-. Pero te recomendaría que seas precavida, puede que haya más cosas de la cual preocuparse que un grupo de ladrones ¿no crees?
Al decir esas últimas palabras, de pronto un gran dolor se apodero del pecho de Lucy, comenzaba a faltarle el aire ya que le impedía que respirara correctamente. Cayó de rodillas, rindiéndose ante el ardor que avanzaba inexorablemente. Se acostó en el suelo, tratando de aprovechar sus pocas fuerzas en amortiguar el dolor y poder llenar sus pulmones de vida.
Poco a poco…
Poco a poco…
Casi…
La luz del sol le atravesaba un poco los parpados, molestándola. Intento alzar su brazo para protegerse, pero se dio cuenta que no tenía fuerzas para hacerlo, todo su cuerpo se sentía como de piedra y su pecho estaba siendo levemente presionado por una fuerza desconocida. Le resultaba difícil todavía respirar un poco, pero el dolor provocado por esa acción no era comparable con la de la otra noche. Abrió los ojos poco a poco, viendo que estaba debajo de un pequeño árbol y el brillo del sol pasaba entre sus hojas.
-Ah, así que te despertaste, que bien- inmediatamente se escucho la voz de lo que parecía ser un hombre adulto-. Estuviste así durante todo el día y tu fiebre aumentaba cada vez mas, temía que algo trágico te sucediera.
Escucho los pasos, de esa persona anónima, que iban hacia su dirección. Finalmente pudo ver su rostro, sorprendiéndose un poco al ver a un anciano algo obeso pero cuya mirada de ojos ámbar detonaba una gran amabilidad. Lucy intento reaccionar al ver que esa persona acercaba una taza de arcilla a su boca, su nariz sintió el olor suave del líquido humeante que rellenaba el recipiente.
-No te muevas- advirtió el anciano-. Esto puede dolerte un poco, pero este te de hierbas silvestres te ayudara mucho.
Rindiéndose, Lucy separo sus labios, aceptando el extraño ofrecimiento. La bebida efectivamente estaba caliente y el primer sorbo hizo arder su garganta, pero su cuerpo recuperaba poco a poco su calor original. También sentía que su fuerza también recuperaba, principalmente en sus miembros.
Cuando termino de beber todo el té, el viejo guardo la taza en un bolso que llevaba y miro a la mutante con cierta curiosidad.
-Te encontré tirada en el bosque esa noche, estabas gravemente herida y tuve que improvisar un poco de ropa usada para vendarte- relato el anciano, mientras daba un suspiro-. Por cierto, mi nombre es Iroh, encantado de conocerte, aunque hubiera preferido hacerlo en otras circunstancias.
Al hombre llevo una mano a su nunca, mientras una gran sonrisa se dibujaba en su rostro. Lucy frunció ante la actitud de ese extraño viejo y más aun el hecho de que no haya preguntado sobre sus cuernos o cabello llamativos, ya que no sentía la capucha que tapara su cabeza. El hombre miro hacia el horizonte con cierta tristeza, que contrastaba con su buen humor anterior. Ambos quedaron en silencio durante varios minutos. La mutante apenas creía en las palabras de esa persona y estaba preparada para cualquier cambio de actitud u hostilidad que la hiciera reaccionar con violencia, pero sus ojos no denotaban ninguna clase de maldad que conociera Lucy y eso que había visto hasta que punto llegaba la crueldad humana.
Finalmente, viendo que el anciano no iba a decir ningún comentario, la diclonius decidió levantarse habiendo ya habiendo recuperado fuerzas suficientes para hacerlo.
-Bueno, me iré- aviso a Iroh, que le estaba dando la espalda-. Gracias por su…
En ese momento sintió que unas manos suaves, pero firmes, se ponían en sus hombros para obligarla a acostarse una vez más al suelo
No deberías moverte, en tu estado actual tu cuerpo no podría soportar muchos esfuerzos- advirtió el anciano-. Sé que deseas seguir tu propio camino, pero lo hago por tu propio bien, cuando te hayas recuperado por completo podrás macharte y librarte de este viejo molesto.
Lucy dirigió una mirada fría hacia Iroh mientras que su mente trabaja en un contraargumento valido ante esa actitud imprudente, pero se dio cuenta que tenía razón en parte. El golpe recibido por ese maldito había provocado la fractura de huesos que sin lugar a dudas impedirían el uso de sus poderes, con lo cual la dejaría indefensa y presa fácil para otros ladrones. Se resigno ante ese hecho indudable.
El hombre camino hacia una roca a su izquierda, unos cinco metros de donde estaba el árbol. A la derecha estaban las cosas que llevaba la mutante, entre ellas el pasaporte. La chica no deseaba que el hombre comenzara a hacer preguntas incomodas sobre su nombre o donde venia, pero parecía ser esa clase de persona, no al menos por ahora. Intento cerrar los ojos y dormir para poder pasar el tiempo, pero su cuerpo ya había tenido el descanso suficiente y no aceptaba sus exigencias.
Trato enfocar su mente en cómo sobrevivir el mayor tiempo suficiente, la ciudad aun estaba lejos y si recordaba el mapa aun ni siquiera estaban a mitad de camino. Debía pasar por un puesto para reabastecer las provisiones y de ahí ir directamente al puerto, aunque no sabía que le esperaría, lo cual la hacía poner nerviosa. Ni siquiera estaba cien por cien acostumbrada a ese extraño mundo y su primera noche no la hizo ayudar precisamente.
Suspirando, giro su cabeza para descansar su vista hacia el cielo y medito sobre lo ocurrido últimamente, desde su pelea contra esa diclonius poderosa y su confesión a Kouta, pensaba que pronto iba a morir, ya que no podía encajar en ese mundo dominado por humanos. Nana tendría más suerte que ella, porque jamás mato, jamás cargaría con la culpa y el pecado. Se preguntaba qué pasaría en esa instalación en la que fue prisionera durante años, estarían furiosos al no encontrar su cadáver, ni siquiera un pedazo de ella. Eso la hacía feliz, frustrarles sus deseos sin sentido la hacía sentir bien.
En ese momento, un fuerte ruido la hizo sobresaltar, girando su cabeza y tratándose de levantarse, pero el dolor le impidió levantarse por completo. Vio como el viejo había caído, mientras que su mano derecha frotaba su espalda y trasero. Una especie de columna de tierra se había levantado como si fuera impulsada por una explosión, golpeando fuertemente a la persona en que estaba apoyándose en la pierda. Una figura salto sobre ella y Lucy estaba preparada para otro bandido cuando le sorprendió ver, no a una persona sucia y llena de ropas con olor a mugre y sangre, sino a una niña de doce años o trece si deducía su tamaño. Llevaba el mismo conjunto verde y llevaba un par de brazaletes, aunque deducía que ese estilo quedaría mejor con un hombre más adulto que a ella.
Sus ojos no miraban a ninguno de los dos, sino que veían directamente al suelo, además, su color no era normal, sino que eran lechosos, casi blancos. Entonces se dio cuenta de que quizás era ciega, aunque no explicaba cómo fue capaz de encontrarlos
-Huy…creo que eso dolerá mucho mañana- quejo el viejo mientras se levantaba para mirar a su atacante-. Parece que te asustaste un poco, ¿no?, discúlpame si lo hice, pero no le voy a hacer nada a la señorita que está aquí.
En ese momento, no sé por qué razón, pero sintió un leve enrojecimiento en sus mejillas ante la palabra "señorita" ¿Qué sabia este tipo sobre ella para decir esas cosas? Era ya tiempo de poner las cosas en su lugar.
-¿Quién eres tú, acaso vienes a robarnos?- se dirigió hostilmente hacia la niña tonta
En ese momento la pequeña frunció el seño ante la agresividad mostrada por la mutante y salta hacia el suelo mientras se sentaba.
-Miren, por un momento pensé que el gordo te iba a atacar, tal como lo dijo, lo admito. Pero si esa es la manera de agradecer mi "ayuda" mejor te dejo sola y por cierto, me llamo Toph- respondió con igual enfado
Iroh miro a ambas mujeres, cuya paciencia estaban perdiendo a paso de león-tortuga, decidió calmar la situación yendo hacia donde estaba la tetera y llenando tres tazas con el liquido.
-Creo que un buen te es lo mejor para esto- dijo con tranquilidad mientras llevaba las tazas hacia Lucy y la niña llamada Toph-. Espero que te guste, aun están calientes.
La chica rechazo el ofrecimiento del viejo y prefirió mirar a ambas persona comenzar a tener una charla, al principio algo lento y aburrida, con temas que no venían al caso y carecían de suma importancia. Comenzaron con presentarse, aunque el anciano cambio el nombre por "Mushi", aunque quizás sería su apellido o algún apodo. Pasaron unos minutos cuando la niña comenzó a mencionar sobre unos compañeros que viajaba, pero que se había separado por un motivo en especial.
-…creen que no puedo hacer nada por mi misma-dijo Toph mientras daba un pequeño sorbo como soy una niña indefensa, pero están equivocados, no necesito de la ayuda de nadie, mi propia fuerza es más que suficiente para arreglar mis propios problemas.
Parecía ser que la niña tenía un enorme ego, tal como lo veía la mutante, mientras que los segundos pasaban con monotonía.
-No creo que tus amigos te vean así, es bueno aceptar la ayuda de los demás, de vez en cuando-recalco Iroh-. Me recuerdas mucho a mi sobrino, el siempre piensa que puede hacerlo todo por sí mismo, el ha pasado por muchas cosas terribles y el está muy desorientado-el anciano suspiro, como si estuviera extremadamente cansado.
Hubo un corto silencio hasta que Toph, terminando ya su te, continuaba con la extraña conversación.
- Creo que tu sobrino es muy afortunado por tener una persona como tú- dijo la niña ciega.- ¿Y qué hay de ti, algo que contar?
La mutante herida entendió que la pregunta era dirigida para ella, aunque no tenía muchas ganas de hablar. Por su mente pasaron imágenes de su compañera de viaje, siendo atravesada por una espada, mientras que la sangre salía a borbotones.
-Yo…soy Oma- dijo sin muchas ganas Lucy-. Estaba viajando hacia Ba Sing Se hasta que…me atacaron unos ladrones, escapé a tiempo, aunque no totalmente ilesa…
Los tres se quedaron callados, como si algo incomodo e inconfesable pesara por sus corazones, Toph devolvió la taza ya vacía al viejo. El sol ya se estaba poniéndose por el oeste, a la vista de dos de las tres personas al borde del bosque.
-Gracias por el consejo, me ayudo mucho- agradeciendo, Toph preparo su bolso mientras caminaba con total seguridad, sin ni siquiera utilizando un bastón o algo parecido para guiarse
Lucy era indiferente ante las palabras de la niña, Iroh simplemente espero a que estuviera lejos de su vista para dirigirse con seguridad a la reina diclonius.
-¿Puedes levantarte?
Ante eso, la mujer se levanto lentamente, aunque sintiendo un poco de malestar, ahora podía levantarse a la perfección, incluso podía respirar con mas normalidad y sin esforzarse. El viejo también se levanto, yendo hacia una su propio bolso donde llevaba su equipaje y extrajo un palo de tamaño mediano.
-Toma, lo necesitaras por el camino- dijo el anciano mientras le ofrecía el bastón improvisado a la cuidado, hay animales salvajes y bichos ponzoñosos por el camino, cuida tus reservas de agua, pronto llegaras al desierto.
Lucy levanto sus equipaje, poniéndolo en su hombro izquierdo y miro a Iroh , mientras se preparaba para marcharse. No dijo nada al principio, ya que no era muy buena en despedidas y además era algo…incomodo seguir al lado de ese extraño, que de alguna manera la hacía sentir segura, una sensación que experimento apenas contadas ocaciones.
-Espero que encuentres a tu sobrino- en aquel momento había algo en su corazón que le decía que esa persona era de confiar, pero su parte más fría y calculadora le recordaba que era mejor estar sola, ya que no se podía confiar en nadie. En una batalla feroz en su interior, Lucy trato de tomar una decisión correcta. Aun las palabras de su "otro yo" retumbaban en su mente. Finalmente, con un suspiro, se dio media vuelta, merando a esa persona que la salvo de una muerte , estuve pensando por un momento, y creo es mejor para nosotros si vamos juntos, las posibilidades de supervivencia serian mayores, ¿no crees?
Iroh sonrió ante la propuesta de la mujer con cuernos y rápidamente preparo sus cosas para unirse a su lado. No hablaron mucho durante el trayecto, aunque el viejo le conto sobre algunas anécdotas que no entendía bien ya que nombraba lugres y persona que no conocía, el terreno era cada vez mas árido y la falta de flora era cada vez más prominente. La mujer puso su capucha, ocultando su rostro aunque el viejo ya había visto sus cuernos, sin que todavía preguntara por ellos.
Los minutos pasaban poco a poco, mientras que el naranja del atardecer hacía embellecer ese paisaje sin mucha vida. El terreno comenzaba a bajar, haciendo un poco difícil el descenso por parte de la mutante, aunque le bastón le ayudo en el proceso. Iroh parecía ser ágil a pesar de su edad y se movía con elegancia como si ese prominente estomago no existiera, quizás estaba acostumbrado a viajar por lo que veía.
Hacía cada vez más calor, seguramente debido a la cercanía al gran desierto. Lucy no estaba acostumbrada a ese tipo de clima, debido a que en su país natal, los veranos eran calurosos, pero no tanto como ese lugar. Tuvieron cuidado en cuidar sus reservas de agua, hasta que llegaran a otro rio, posiblemente escasos en aquel paisaje y clima. Caminaron por una hora, hasta que llegaron a una de colina que daba una excelente vista de las montañas que rodeaban, el sol ya se estaba ocultándose poco a poco.
Hacia abajo, en una valle, como estando a punto de ser tragada por la cordillera, se alzaba un pequeño pueblo humilde, hecho de piedra y madera. A simple vista, esa visión podría alegrar a otros viajeros casuales, pero si se miraba mejor, uno se daría cuenta que habían espacios libres entre algunos edificios, la ausencia de vida y los restos polvorientos de casas sin ocupantes. Iroh frunció el seño mientras enfocaba toda su atención en ese pueblo fantasma.
A su izquierda había una especie de cabaña pequeña, también abandonada, aunque su estado era algo mejor en comparación con las otras estructuras.
-Bien, creo que aquí es un buen lugar para descansar- dijo el hombre, cambiando rápidamente su mirada seria por una más amistosa, se dirigió hacia esa peculiar casa, mientras ponía su equipaje en la entrada del lugar
Lucy simplemente asintió con su cabeza, hizo lo mismo que el anciano, aunque podía sentir ese extraño sentimiento de sospecha que inundaba a ese hombre, era como si ese pueblo lo hubiese despertado su inquietud. De pronto, cuando estaba mirando a esas estructuras dejadas al olvido, una mano firme se poso en su hombro, tomándola casi por sorpresa.
-Quédate aquí, tengo que hacer algo abajo, no tardare mucho en volver…-la voz del viejo sonaba extrañamente tensa, pero a la vez calma, como si espera la venida de una gran tormenta-Si viniera con otra persona, ten calma y paciencia, porque las necesitaras. Si no llegara a venir a la mañana siguiente…eres libre de partir.
Pocas veces alguien podía petrificar por completo a Lucy, pero las palabras de Iroh la convencían de que hiciera lo que el pedía, aunque en principio carecía de sentido. Con un simple "si" casi silencioso, el pequeño hombre camino unos pasos antes de darse vuelta y mirarla antes de abajar hacia el pueblo. Podía intuir algo malo en esa mirada, como si ese hombre fuera a hacer algo extremadamente arriesgado.
En silencio, vio como la figura se alejaba poco a poco hasta casi desaparecer de su vista. La mutante se quedo en la entrada de la pequeña casa, mientras esperaba con paciencia el regreso de ese hombre que de alguna manera le preocupaba. Pasaron unos minutos y ya comenzaba a aburrirse, estando ahí quieta. Bostezo en señal de cansancio, viendo que su acompañante tardaría en reaparecer, intento distraerse invocando sus vectores.
Los brazos etéreos salieron débilmente de la espalda de la diclonius, las fracturas todavía persistían, pero podía liberar sus poderes sin muchos problemas en caso de un futuro ataque. Intento hacer una prueba e intento cortar una pequeña piedra que estaba delante de ella. Esta se partió por la mitad como si un cuchillo atravesara la manteca caliente. Sonrió irónicamente para sus adentros al imaginarse la cara que pondría ese viejo al ver sus extrañas habilidades, quizás el miedo atravesaría sus facciones al igual que el pánico.
Aun todavía se preguntaba de donde provenían esas habilidades que demostraban los nativos. SI era el resultado de un gen mutante, sus apariencias nada lo indicaban, podrían perfectamente mezclarse entre los humanos de su mundo, sin ser discriminados. Era algo gracioso, ya que lo único por lo que la molestaban era por esos cuernos y ese pelo de color poco natural que se destacaba entre los demás, y no sus poderes.
Cerró los ojos, solamente para poder hacer que el tiempo pasara más rápido, hizo desparecer todo pensamiento y se sumergió poco a poco en la oscuridad del sueño. A punto de entrar a ese mundo sin leyes propias, un sonido fuerte la hizo despertar abruptamente. Sonaba como si un rayo hubiese caído no muy lejos de ellas, seguida a continuación por el ruido de una explosión explosión. Inmediatamente se levanto, mirando al cielo, que, estaba completamente despejado, a excepción de unas pocas nubes. Miro hacia el pueblo fantasma y vio como unas columnas de humo se alzaban al cielo.
La diclonius pronto comprendió lo que estaba ocurriendo, se estaba desarrollando una pelea en medio de ese lugar supuestamente sin vida. Pero no hubo más explosiones u otros ruidos potentes, un silencio poderoso invadió todo el lugar y solamente se escuchaba el ruido de unos pocos pájaros. En su mente, miles de teorías y dudas surgían como una torrente violenta, entre ellas, la más grande era porque el de esas explosiones y también como estaba involucrado ese viejo.
Espero, durante casi media hora espero desde donde estaba, siendo más la precaución que el miedo lo que le llevaba a no bajar de la colina y ver lo que estaba sucediendo. Cuando estuvo a punto de agarra sus cosas y irse de ese lugar, unos pasos lentos y pesados la hicieron ponerse inmediatamente en guardia. Una figura, o mejor dicho, dos figuras, comenzaron a emerger desde abajo. Lo primero que vio fue una enorme mancha roja, para ver después a un joven de su misma edad, con el pelo corto y sucio, cargando con él a su compañero de viaje, que parecía estar inconsciente.
Todavía resonaban las últimas palabras de Iroh, aunque la situación sería más bien al revés. Ese chico, fuera quien fuera, tenía esa enorme cicatriz en su ojo izquierdo. Al ver a la mutante encapuchada fue el de una mirada de desconfianza absoluta, mientras que Lucy respondió con una mirada de igual intensidad (aunque sus ojos estaban semi-ocultos)
-Vete- fue la única palabra que dijo el joven de la cicatriz, mientras colocaba suavemente el cuerpo pesado del anciano
La mujer no se movió mientras miraba como el otro procedía a quitar la ropa de Iroh, esta tenia quemadura cerca de su corazón, al centro de su pecho, como si le hubiesen atravesado con un hierro ardiente. El joven giro su cabeza para darse cuenta que esa extraña todavía no se había ido, entonces, con gran furia, se levanto con gran rapidez pero sin moverse de su lugar.
-¡He dicho que te vayas!- sus palabras estaban llenas de dolor, mientras que unas pocas lagrimas corrían por su rostro
Lucy no hizo nada, simplemente se quedo mirando a ambas personas mientras que en su mente trataba de dar una respuesta satisfactoria. Pero al ver en los ojos de ese chico, se dio cuenta de que amaba esa persona que yacía desmayada a su lado.
-Tu…-decía en vos baja mientras daba un paso frente a él-¿eres su sobrino?
En ese momento, la mirada del joven ya no era la de hombre, sino la de una bestia y posiciono sus piernas para lanzarse de frente a la diclonius, sin pensar en el peligro de esa acción. Pero antes de que ninguno de los dos hiciera algo, una mano arrugada agarro la pierna derecha del chico y una voz débil y agonizante imperaba en los oídos de los presentes.
-Confía en ella…- dijo Iroh antes de cerrar los ojos nuevamente
