Notas de Autor: Aquí otro capítulo. Más que nada quiero aclarar unos puntos. Este fic es una dedicación que les hice a unas amigas, a las que uso como personajes a mi antojo. Natalie Kanda, Constanza Kanda, Laura Collins, Mabel Lowliet y Edith Boaulay son completamente OC y no tendrán mayor participación en la trama central, pero si poseerán tramas aparte.
Además, sinceramente, el capítulo anterior lo había escribo hace al menos un año, y no tenía muy claro en ese entonces cómo quería que fuera esta historia. Por eso el desorden e incoherencia, pero prometo editarlo lo más pronto posible.
Y por último, lamento el retraso, suelo demorarme bastante en escribir, y publiqué el fic justamente para evitar eso, pero estoy en semana de pruebas semestrales, así que no hay mucho tiempo. Sólo dos semanas más y seré completamente libre, prometo para entonces tener el tercer capítulo.
Ya no molesto más y los dejo con la historia.
Disclaimer: -Man no me pertenece, es de Hoshino Katsura-senseii. De ser mío sería una mierda sin trama y puro lemon, claro que no queremos eso.
La fiesta
El gran salón del palacio estaba colmado de gente. Cientos de vampiros pertenecientes a la nobleza iban y venían, dando vueltas por la elegante y oscura estancia, pasando sus ojos por la deslumbrante ornamentación de cristales y amatistas. Las enormes mesas cubiertas por finos manteles de seda negra que resplandecían ante la tenue luz de los candelabros hallados a lo largo de todo el salón, ofrecían un sinfín de delicias en una amplia gama de rojos y bermellones.
Y mientras unos hablaban sobre asuntos vacíos y diplomáticos, otros recién hacían su aparición. Entre ellos el Cirque Noir, designados con una escolta real de élite, a sorpresa de varios.
- ¿Qué sangre desean? – Preguntó un mozo de apariencia humana al grupo. – Tenemos B, O negativa… - Se calló ante una gélida del mayor y otras más nerviosas y atemorizadas del resto. – Oh… ustedes no so-…
- No.
- Lo siento… - Luego de hacer una exagerada reverencia, se fue a paso torpe hacia otros invitados.
En otra esquina del salón se encontraba una rubia de amplio vestido rojo y en el cuello, reluciendo, una M forjada en oro blanco. Se encontraba acompañada por otros cinco caballeros que lucían honrados en sus solapas el emblema de la familia Vahn, uno de los linajes vampíricos con más influencia en aquel mundo. Un hombre de porte y escondiendo bajo un sombrero su níveo cabello se acercó al distinguido grupo.
- Buenos días, tío Marcus. – Saludó la mujer con una suave inclinación, ocultado como pudo la anticipación que recorría sus venas.
- Buenas noches serán, mi adorada Marianne. – Devolvió recalcando el error, nunca se le dieron los protocolos. Tampoco es que los necesitara muy seguido, además aún no se acostumbraba a su nuevo nombre.
- Tío, ¿los príncipes aún no apareces? – Uno de sus acompañantes interrumpió la conversación.
- No, supongo es por culpa de Su Majestad, el príncipe Kanda. Escuché el rumor de su desaparición momentánea esta tarde. Dudo muy de corazón que con estos registros pueda realizar óptimamente el papel de soberano, pero…
No puedo continuar sus quejas, ya que en ese momento hicieron aparición por la escalera principal los hermanos. Su elegante porte y sus finos trajes de seda y satín lograron silenciar cualquier bulla, era casi como si los pájaros cantores y hasta la majestuosa fuente del jardín se hubiesen detenido para hacer su entrada aún más solemne. La atmósfera perduró incluso cuando sus esbeltas siluetas descendieron a paso firme hasta los invitados-
Una vez sus pies dejaron el terciopelo de las escalinatas para aterrizar en el oscuro mármol, realizando elegantes y cordiales gestos de saludo. Un momento después, el silencio cesó al deshacerse los invitados en diplomacias, caretas de simpatía y halagos hipócritas.
Yu Kanda los pasaba por alto. Podía percibir la mentira y envidia en cada facción de los individuos, seres comprados por el deseo de poder. Mas nada lograba alterar su divino rostro oriental, manteniéndose en una perfecta composición altiva y seductora que provocaba repetitivas reacciones entre hombres y mujeres. Un patrón similar, suspiros y miradas anhelantes de una noche en sus firmes brazos, luego se tensaban un poco las piernas y la sangre invadía sus rostros. Le divertía ver a salvajes criaturas en condiciones tan vulnerables, pero se apestaba rápidamente.
Intentó alejarse de toda esa banda de vampiros niñatos que crearon y acrecentaron su irritación, lo que realmente quería, la razón por la que había accedido asistir a esa inútil fiesta para anunciar su pronta coronación. Aquel delicioso albino que lograba descontrolarlo y hacerle hervir su frío ser.
Pero algo más captó su atención en ese momento. Era un olor que reconocía a la perfección, pero ahora se era ligeramente más amargo. Era sangre humana, alterada.
En el último tiempo se habían comenzado a comercializar en el mercado negro unas drogas hechas con sangre de vampiro, las llamaban V. Su efecto no era más que alucinógeno, pero lograba camuflar el aroma durante varias horas. Pero a él no lo engañaban.
Dudaba que alguno de sus invitados del circo utilizara la droga, no tenía más opción que esperar el desarrollo de los eventos. Esto sería mejor de lo que esperaba.
12
En uno de los claros del bosque que conformaba el jardín del palacio, un grupo de jóvenes con ligeros y desgastados ropajes se reunía en torno a la base de un árbol talado, en el cual una serie de extraños signos, tallados profundamente en su corteza, resplandecían con la luz lunar. EL astro creciente simulaba una irónica sonrisa, burlándose del incierto destino de la hermosa doncella que, inconsciente, era depositada en el tronco.
Sus dulces facciones en el delicado rostro tostado no parecías percibir su futura desgracia.
- Muy bien, caballeros, abran paso a Su Majestad para el primer acto. – Formuló solemne un mozo castaño y el tumulto de hombres de alineó en dos filas perfectamente erguidas.
Entre la sombra de la arboleda apareció el susodicho, vistiendo ropas blancas y holgadas, dándole una apariencia bohemia. Su cabello colorín ondeado, desordenado, hasta el hombro, brilló aún ante la tenue iluminación del claro.
Cuando su paso a través de las columnas lo condujo finalmente a la estructura natural donde reposaba la joven, el reto rompió su formación, hasta hacer un círculo al rededor. El hombre posó sus largos y delgados dedos sobre la frente y mejillas de la chica, entonces, desde sus entrañas un ruido comenzó. Era como el batir de las alas de un mosquito, rápido, fuerte. Con esta misma intensidad el aire a su alrededor se alteró, y miles de hojas cayeron sobre ellos.
13
De vuelta en el palacio, una morena de coletas y largo vestido color vino tinto se paseaba a su antojo y alegremente conversaba con todo aquel que viese. Sus labios estaban de un rojo intento por la gran cantidad de sangre ingerida.
En un instante, sus ojos de posaron sobre una chica rubia cuya edad rondaba la de su hermana, sólo que ésta parecía mucho más sociable. Su curiosidad le venció, ella tampoco había hecho un gran esfuerzo en contenerse, y prontamente se vio acercándose a ella.
Con esplendor, la suave música del vals francés resonó, y un tumulto de cuerpos de abalanzaron al centro del salón, impidiéndole el paso hasta la misteriosa. Iba a hacer un verdadero berrinche con tal que la dejaran llegar a su objetivo, pero ya casi escuchaba a sus hermanos reprendiéndola por arruinar la ceremonia, así que descartó esa brillante idea.
Tenía que pensar rápidamente en una manera de salir de la multitud, fue entonces cuando vio la solución: uno de los hombres que estaban con la mujer la invitó a bailar. ¡Eso era! ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Ese día de verdad que estaba excepcionalmente radiante e ingeniosa. Si no podías caminar hasta ella, baila hasta ella. Así que siguiendo su plan, intervino sutil y elegantemente en el baile de una pareja momentánea. Juntó su mano con la del chico y cada uno dio media vuelta, luego hizo una reverencia y pasó al caballero de al lado. Luego de un rato logró llegar donde su presa, en vez de rozar sus dedos, le tomó de la muñeca y la jaló, corriendo hasta una mesa desocupada. La vampiresa se sorprendió de que no se hubiera resistido, pero no le tomó mayor importancia.
- ¡Wow! Realmente había mucha gente allí. – Natalie se sentó y comenzó a reír.
- ¿Por qué me haz sacado? – Interrogó la rubia tomando asiento junto a ella.
- Por que quería conocerte, te vi hace un rato y me dio curiosidad.
- ¿Esa va a ser su excusa para sacarme?
- Si. – Sonrió, realmente había valido la pena.- ¿Y cómo te llamas?
- Marianne…
- ¡Ah!, yo me llamo…
- Se perfectamente como se llama, princesa Natalie Kanda.- Cortó, con una mirada que logró atemorizar un poco a la nombrada.
- Mph… - Hizo un leve puchero, inflando sus mejillas.
- Está bien, preséntate. – Se resignó ante la expresión de la niña, tendría que soportar su inmadurez por un rato más si deseaba conseguir su objetivo.
- ¡Bien, bien! – La quiróptera dio un pequeño salto, colocándose de pie con júbilo y alegría. Prosiguió tomando las manos de Mabel y sacándola de su posición.- Me presento, querida Marianne. Mi nombre es Natalie, sólo eso.
La del vestido rojo quedó sorprendida ante la simpleza de la princesa al hablar, intentando poner una imagen ordinaria y popular frente a ella. Pero le divertía ese intento de sacarse el peso de la corona sobre su cabeza, no debía preocuparse, pronto ella se encargaría de eso, sólo debía esperar el momento oportuno y actuar. Esperaba que esos ineptos buscadores no se entrometieran demasiado.
- ¿Te gustaría volver?
- Está helando un poco aquí, pero no me gustaría volver con toda esa gente, no me agradan las multitudes. – Mentía en cierta parte, era verdad que cada vez la temperatura bajaba más y más a medida que envejecía la noche, pero no quería encontrarse con sus compañeros o sería imposible sacárselos de encima después. Ella trabajaba sola. Siempre había sido así. – Pero ellos empezaron.
- ¿Qué? ¿Quiénes empezaron que?
- Nada, nada. Hablaba sola. Entremos.
Natalie quedó algo confusa ante su desvarío, pero no era de las chicas a las que le gustara complicarse, así que simplemente la siguió. Tampoco quería arruinar la conversación tan amena que llevaban con una pregunta que la incomodara.
Comenzaron la caminata en dirección al palacio nuevamente, pero decidieron no entrar por la puerta principal, pero si por uno de los ventanales cercano a las escaleras laterales del salón, por donde se escabullirían hasta la habitación vacía, para hablar tranquilamente. O eso quería Natalie, pues su nueva amiga tenía otros planes.
- Princesa, debería estar en el salón. – La reprendió una chica de cabellos cortos negruzcos a mitad del pasillo.
-¡Laura! – Gritó con ligero terror, de seguro le contaría a su hermana, claro que lo haría.- ¡Sólo quería un lugar más tranquilo para hablar con mi amiga, Marianne!
- ¿Marianne? – Recién entonces reparó en la muchacha que la acompañaba, que se había mantenido callada y a distancia prudente. No sabía que, pero había algo en ella que no calzaba. Se le hacía inmensamente familiar, tenía un brillo en los ojos algo peculiar, con tanta vida. – Bueno, le pediré a una de las criadas que vaya a buscarlas si no regresan a la hora del anuncio.
- No te preocupes.- Una casta sonrisa se dibujó en su rostro, que fue completamente ignorada por Laura, que conocía a la perfección los métodos de manipulación de la caprichosa princesa.- Por cierto, no digas nada a mis hermanos, por favor. A Marie tampoco.
- No les diré, pero si me preguntan no podré hacer nada, lo sabes.
- Está bien… - Mencionó con un berrinche. Es verdad que Laura se había metido en muchos problemas por ayudarla, y sólo salía con vida por que en los años que había estado al cargo de la seguridad de Constanza, se habían hecho grandes amigas, aun que su hermana no lo reconociera.
Marianne simplemente observaba. Aquella chica era la protectora de la segunda princesa, cosa que le extrañaba porque se veía muy joven. Pero era mejor no fiarse, uno nunca sabía que esperar, sobre todo de la realeza de vampiros de Francia.
Así que ambas siguieron su camino hasta la alcoba de Natalie, interrumpiendo su silencio por la voz de la vampiresa con comentarios cono "¡No tienes idea como son mis hermanos cuando se enojan! ¡Es horrible!", Pero nada lograba captar en su totalidad la atención de la otra.
Una vez entraron al lugar deseado, la menor saltó sobre la amplia y suave cama, mientras Marianne se sentó en una silla frente al lecho. Guardar cierta distancia era lo mejor para un plan certero.
14
En el salón, la joven de nombre Laura se paseaba reflexiva entre la muchedumbre, esperando no encontrarse con los príncipes para no responder preguntas sobre la pequeña. Quería ayudarla, pero no podía mentirle a Constanza, y mucho menos a Kanda, si lo hacía, a pesar de considerarles sus amigos, no tendrían piedad con ella.
Pero como siempre, el destino se encargaba de refutar sus deseos, y apenas se giró en un intento de no chocar con un mesero distraído, lo primero que vio fueron un par de orbes color miel que la miraban detalladamente para detectar cualquier señal de nerviosismo. Eso pensaba ella, pues la verdad era que esos ojos se veían tan inexpresivos y desinteresados como siempre.
-¡Laury…! – Sollozó la castaña, ese era un lenguaje que sólo se permitía con la chica, después de todo, la princesa no podía darse lujo alguno de mostrarse de manera infantil frente a los invitados, Ni siquiera hacia eso frente a sus hermanos.
-¡No tengo idea!
Está bien, se había imaginado muchas respuestas posibles a un llamado como ese. Esperaba que la morena le reprendiera por ese comportamiento tan informal frente a los invitados, o que le preguntara que pasaba. Esperaba incluso una extensa plática comadrera que por más aburrida que se le hiciera, aportaba a ella por simple costumbre. Pero jamás, hubiera imaginado esa respuesta.
-¿No tienes idea sobre qué?
-¿Eh…? – Recién se había dado cuenta de la estupidez que había cometido. - ¡Ah, nada! – Se retractó intentando sonar lo más convincente posible, realizando un mohín característico de soborno que había aprendido con Natalie.
-Laura, tienes suerte que esté de buen humor, y no preguntaré más. - Constanza dio media vuelta como observando el lugar. Ella simplemente suspiró de alivio. – Kanda no ha matado a nadie aún, ¿puedes creerlo? Y esos invitados humanos que trajo, no sé en qué está metido, pero no pinta para bien. Les puso la mitad de la guardia real, está extraño.
- Debe estar algo estresado por su futura coronación, no debe ser fácil. Bueno, yo iré a ver lo necesario para el brindis.
- Está bien, ve. – Muy bien, problema resuelto. – Por cierto, Laura. –Oh, no, iba otra vez.- ¿Haz visto a mi estúpida hermana?- ¡Allí estaba!
-¿A Natalie? – Los nervios se acumularon en su garganta, ahora se arrepentía de haber sido tan buena persona en vida y no haber aprendido a mentir.
- No mientas… - En ese momento, esos ojos realmente indagaban en su alma. Suspiró, realmente lo sentía.
- Fue a su pieza con una chica llamada Marianne, que si me preguntas, me parece algo extraña.
- ¿Extraña?
- Si, era como si ella…. No, debo estar imaginando cosas.
- ¿Cómo si ella qué? Dime.
- Como si fuera humana, pero no es del grupo invitado por el príncipe Kanda, es más, viene de parte de la familia Vahn.
- Ya veo…
15
- Damas y caballeros. – Habló elegantemente Lenalee en la cumbre de la escalera. - Avisamos que el brindis se postergará un momento debido a problemas técnicos, por favor, sigan disfrutando de la fiesta. - Y una vez más la atención de los vampiros se concentró en los manjares que les ofrecían y a la música barroca a la que se entregaban sus oídos.
16
Decenas de sigilosos pasos atravesaron vertiginosamente los corredores del palacio en dirección a una habitación en particular, El futuro Rey había solicitado la captura inmediata de una mujer rubia, con vestido rojo y un dije en forma de M; la cual se daba el nombre de Marianne.
-¡Recuerden no confiarse del humano, hay una alta probabilidad de que nos enfrentemos a Mabel Lowliet, la cazavampiros de la Black Order! - Advirtió el General de la división de la guardia real.
Como siempre, por supuesto, esto sólo fue tomado en cuenta por menos de la mitad del escuadrón. El resto, les aseguro de antemano, fueron derrotados por los otros cinco buscadores antes de siquiera poder acercarse a la perseguida.
Pero sigamos con los que si escucharon a su superior.
A su velocidad, cercana a la de la misma luz, lograron llegar a rodear el cuarto, armados con sus dientes y su fuerza sobre humana. A pesar de saber a lo que se enfrentaban, sus sentidos, en especial su olfato, no detectaban ninguna señal de un ser vivo, a excepción de los agraciados pájaros cantores en el jardín y esos invitados especiales del circo. Esto los extrañó en demasía.
¿Esos seres habían encontrado una forma de borrar su esencia? No, imposible.
El jefe del escuadrón apareció rápidamente frente a la puerta, abriéndola con la sutileza que los caracteriza, pero sin dejar de lado la fuerza. En segundos el cuerpo de la princesa que yacía sobre la cama fue elevado y llevado a una de las fortalezas del palacio donde aguardaban los médicos.
-¿Qué ha sucedido aquí? - Siseó una grave y tosca voz abriéndose paso en el dormitorio. La femenina figura que reposaba en el balcón dejó caer al suelo la peluca que había estado sujetando en sus manos. Estaba comprobado, era Mabel, pero aún no podían percibir su aroma.
-Tranquilos, ella no está muerta... - Comentó caminando lentamente hacia ellos.- … aún.
En ese momento dos gráciles cuerpos se movieron en su dirección, impulsados por los nervios y por los deseos de reconocimiento. Sin que la morena pudiese hacer algo, enterraron sus filosos dientes en las carnes de su antebrazo y hombro, pero se alejaron al instante mientras ella movía sus manos hacia algún lugar incierto. Antes de que cualquier sentimiento de orgullo les llegara, observaron perplejos como una inusual cantidad de ese líquido rojo salía de las heridas para que luego estas sanaran inmediatamente.
-No me subestimen. - Dijo entre risas. - Ahora, seré clara. Ninguno de ustedes me interesa, podría matarlos cuando quisiera, pero no es a lo que vine. Tráig-...
Cortó sus propias palabras para tomar velozmente la pistola amarrada a su muslo bajo el falso del vestido, y apuntarla detrás de ella, apretando el gatillo un par de veces. Los demás aprovecharon la oportunidad de atacarla, pero sólo recibieron más balas en su dirección.
-Ja, ¿crees que puedes derrotarnos con simples balas? - Habló uno de los heridos. Pero de inmediato cambió su expresión de triunfo cuando sintió un agudo dolor en las zonas dañadas. - ¿Qué...?- Miró su cuerpo, al igual que el resto de las víctimas y vio como una espesa y pegajosa sangre emanaba de ellos.
-Balas de madera, imbécil. - Pronto los quirópteros no eran más que masas viscosas de color carmín en el suelo. - Volvamos al espectáculo principal. - Se giró para encarar a ese ser que le había interrumpido. Al estar de espaldas a la luz lunar, no era más que una sombra, pero eso no impedía que el ojo experto de Mabel no lo reconociera.
Unas balas de madera cayeron al suelo, al parecer habían sido detenidas con facilidad. Kanda se acercó unos pasos, podía ver los músculos de su mano empuñada tensarse tremendamente y sus nudillos tornándose blancos. Hacía un gran esfuerzo para no lanzársele encima. Cuando volvió a abrir su mano, un polvo empezó a caer de ella. Vaya desperdicio de municiones.
-Me impresionas, Yu Kanda. - Dijo irónica la mujer, provocando una potente mirada de odio sobre ella. - ¿Preocupado por tu hermanita? Quien lo diría.
-Dime que mierda le hiciste, que buscas y quizá considere darte una muerte rápida. - Escupió con rabia cada palabra. Buscó con la mirada en la habitación algún indicio que descubriese una pelea o alguna posible arma o cualquier cosa que pareciera sospechosa. Pero no había nada.
-No mentiré, mi objetivo inicial era ella. Esa princesa tan ingenua, estúpida. - Una risa distraída salió entre sus labios mientras adoptaba una postura más relajada. El japonés sólo gruñó. - Pero es divertido desobedecer las órdenes de vez en cuando, si buscas un pez más gordo.
-¿Y crees que te enfrentarás a mi sola? Soy uno de los vampiros más antiguos, mi fuerza no se asemeja a la de ninguno que hallas derrotado antes. - Su rostro se acercó más al de la morena, mirándola directamente a los ojos sin titubear.
Y sin más palabras, sacó su arma favorita, Mugen, una katana que preservaba de su primera víctima como vampiro, allá en las costas de Japón. Ella no se movió un ápice, a pesar de que el filo empezaba a enterrarse en la piel de su cuello y unas gotas de sangre se perdían en su escote. Fue entonces que se dio cuenta de lo que realmente sucedía.
Y no le agradó en lo absoluto.
Detrás y a sus costados, cinco vampiros, cuya presencia no había detectado antes producto de la ira, lo rodeaban apuntándolo con cinco pistolas peligrosamente similares a la que tenía la mujer. Los conocía muy bien, cuatro hombres, dos de ellos bordeaban el medio siglo, los otros más jóvenes, acompañados por una doncella que rondaba los quince años.
Por supuesto, sólo físicamente. Los integrantes de la familia Vahn habían muerto hace unos ocho siglos. Igual que él.
-Debí suponer que eran un puñado de traidores.- Cambió a una postura más casual, aun que su voz sonaba fría como un témpano y la tensión de la mano con que sostenía su espada no cambiaba.
-Por favor, su majestad. Oh, verdad, aún no es rey.- Se burló la joven de nombre Lya, sin provocar reacción alguna en el hombre. - No hable así de nosotros.
-Es verdad.- Siguió su hermano Stephan, mientras entrelazaba brazos con su gemelos Cedric.- Sólo queremos demostrar que ustedes no son lo suficiente para el puesto. Necesitamos reyes desde que sus padre murieron, pero...
-... nosotros somos mejores. Por eso hicimos un pacto con la Black Order.
-¿En serio?
Todos menos el joven japonés dirigieron su vista a la puerta por donde ingresaba Constanza Kanda, luciendo un gesto de burla hacia Mabel, que se entretenía previamente con la actitud del oriental, que ella interpretaba como debilidad, pero no era más que aburrimiento.
-Seres tan débiles como ustedes gobernarán? Ni siquiera pueden derrotarnos sin la ayuda de esa estúpida organización religiosa.- Se abrió paso entre los vampiros que la vigilaban atentamente, hasta posicionarse al lado de su hermano.- Y ustedes. - Dijo dirigiéndose a la morena.- Estúpidos, confiando en ellos. Apenas este grupo de inútiles logre su objetivo les darán la espalda. Si no los matan antes, claro.
-¿Nos matarán? ¿A qué te refieres con eso? ¿Quiénes planearían matarnos?- Exigió Lya.
-Oh, muchos planean matarlos, eso no es nuevo. Pero ustedes son sólo las marionetas de la familia Noah. - Informó con voz seca el futuro rey.
Y con esto, un silencio gélido y nervoso inundó la habitación.
