SXL…
¿Z?
Escritora2-Ohhhhh….¡Mierda! ¡Escritora3!
Escritora3-(Leyendo, distraídamente en el sillón) ¿Si?
Escritora2- ¡¿Sabes esas veces que escribes algo porque piensas que va a quedar genial, porque te sale de…ahí, y luego descubres, (no había caído) que el público puede malinterpretarlo?
Escriotra3-…No, pero tu si, ¿Verdad?
Escritora2-¡Creen que Zoro los ha pillado follando!
Escritora3-Ham, ya claro: eso te pasa por tu mal karma ¡de robarme a mi hombre! Pero en realidad no han hecho nada, ¿Verdad?
Escritora2-Eu…no, ¿por que? Esto…¿Cómo lo sabes?
Escritora3-Porque…¡Luffy es mío y nunca se acostaría con Sanji ni con otro (u otra) que no fuera yo!
Escritora2- (Ojos en blanco) ¡Y dale!
Capítulo 4
Zoro no se fijó en cómo Sanji acarició disimuladamente la parte baja de la espalda de Luffy, cuando le sirvió el desayuno, ni en cómo le miraba al salir de la cocina, no fumando, sino suspirando profundamente cada calada, como si en ellas estuviese al verdadera esencia de la vida, el placer de la existencia. Ni siquiera se fijó en cómo salió, después de lavar los platos, solo para quedarse parado, apoyado en la barandilla, buscando a Luffy con la mirada, y quedársele mirando al encontrarlo mientras fumaba.
Lo vio, pero no sospechó, hasta que lo relacionó todo…cuando Luffy pescó una barracuda.
Era "¡La barracuda mas grande de todo Grand Line, el océano entero, agua dulce, y parte del extranjero!" según Usoop. Y lo mejor de todo es que era tan grande…que no se dejó pescar: arrastró a Luffy al agua, que no se soltó hasta barios metros bajo la superficie, bien lejos del barco.
Fue difícil divisarlo, (Por suerte el mar no estaba picado) y no fue sospechoso que Sanji se tirara al agua a salvarlo…pero si que después le hizo el boca a boca.
-¿Estás bien?- dijo cuando hubo despertado, posando una mano en su frente, y aprovechando para acariciársela. Cuando Luffy intentó levantarse, le retuvo, con esa misma mano, apoyada firmemente en su pecho. –¿Seguro?- aún no le había respondido.
-S-Si, Sanji, tío, gracias.
Luffy se incorporó y miró a sus compañeros.
-Er…¿Pesqué la gata-cruda?
Robin se rió por lo bajo, Franky sonrió y Usoop hasta hizo un comentario, medio flipando.
Cuando Luffy se puso en pié, Sanji dijo- Pues nada, machote, ¡a la carga otra vez!
Y le dio un cachete.
Nadie lo interpretó como nada malo: todo el mundo estaba de cara a Luffy, (Desde ese ángulo pareció que se lo daba en la espalda) y dado que Luffy era demasiado inocente no lo notó. El único que estaba tras él era Sanji…y Zoro, claro.
Se quedó con la boca abierta, de par en par, en plan manga, con los ojos en blanco y la piel empezando a cambiar de color…hacia el púrpura, o el azul.
En ese instante, en menos de lo que duró un parpadeo, pasaron por su cabeza, de golpe, como una película de diapositivas todas las "pistas" de aquella mañana. –No es posible- pensó. (o habría pensado si su cerebro no estuviera noqueado en ese instante) lo que realmente pensó después, fue la misma frase, pero en otro sentido:
No es posible, ¡que no lo hayan visto! ¿Nadie lo ha visto? ¡No puede ser que solo yo lo haya visto!
Se quedó así, en shock, mientras todos los demás se marchaban; Y, un rato después, todavía seguía pensando- Pero si es…¡Luffy! ¡Y Sanji! ¡Joder! Pe…pero…¡si le gustan las tías! Se pasa el día lamiéndoles los pies, como un puñetero galgo…¿¡que hace!
Intentó negarlo, ignorarlo, pero su mente no dejó de rondar todo lo sucedido aquella mañana. Como una mosca tras su oreja, y sus ojos, ahora obsesivos, prácticamente espiaban al cocinero…y lo que hacía con Luffy.
Le hervía la sangre cada vez que un gesto, una mirada…añadía grosor a sus sospechas…
Si bien odiaba a Sanji, le pilló por sorpresa que fuera gay, y mas aun que intentara aprovecharse de Luffy… esto fue lo que realmente mas le socavó los nervios. No se paró a pensarlo, pero tenía que defender a su capitán.
A la hora de la merienda aún no tenía auténticos fundamentos para "denunciarle" delante de todos, pero si razones de sobra para desear estrangularle, mas de lo general, quiero decir.
Esa tarde se peleó con Sanji tres o cuatro veces mas de lo normal. Todos comprendieron que etaba de mal humor, para lo que es normal en él.
Por el momento sabía que tenía que vigilarlo…pero se le escapaba algo…¿El que?
…¿Y por la noche? Eh aquí el problema. De repente le entró la paranoia de si sucedía algo por la noche…mejor quedarse despierto y comprobarlo.
Charlando, bromeando, discutiendo…los chicos se fueron acostando en sus literas, la luz apagada, y uno a uno empezaron a caer rendidos en los brazos e Morfeo. Zoro miraba de reojo a la susodicha parejita. En poco rato Sanji dejó de dar señales de consciencia, y Luffy empezó a roncar.
El sueño empezó a cernirse sobre el espadachín, pero "cuando uno está de guardia, no existen ni el sueño ni el frío" aún así, en cosa de un rato Zoro se quedó dormido.
El sueño del peliverde era muy peculiar: era el suelo de un samurai de última orden: profundo estando a resguardo, pero liviano y siempre alerta en presencia de cualquier amenaza. Se podría suponer que el límite está entre las presencias de las que desconfía y a las que está acostumbrado, pero esta vez se despertó con un ruido.
Aún que su sueño era un sueño de vigilia, se reprimió en secreto por haberse quedado dormido, y excrutó la habitación a su alrededor.
En la oscuridad pudo ver una de las hamacas, bacías, meciéndose. Sanji seguía durmiendo, pero Luffy no estaba.
Zoro se levantó, y se acercó a Sanji. Se lo quedó mirando unos momentos. El rubio se removió en sueños, y al cabo de un rato murmuró algo por o bajo. Zoro enarcó una ceja y se inclinó para escuchar mejor. Tuvo que ser paciente, porque Sanji tardó un poco en volver a hablar.
-Hum…Lu…Lu…ff…y…
Zoro dio un vuelco, frunció el ceño y apretó los dientes. Sintió auténticas ganas de asfixiarlo con la almohada. Como a una alimaña.
Respiró profundamente y se limitó a dirigirse hacia la cocina.
Luffy no pudo abrir la nevera: a falta de cerrojo, Sanji tenía un cepo para ratas tamaño poney. La barra de metal se cerró sobre su cuerpo de goma con fuerza suficiente para romperle la espalda a cualquiera. Suerte que el era de goma.
-Tu nunca escarmientas, ¿No?- preguntó Zoro. Le agradó que al menos Luffy siguiera siendo el mismo de siempre. Porque, desde luego…¡Sanji, homosexual! ¡En Grand Line nada era imposible!
Anda, deja que te ayude- Dijo Zoro, y, apoyándose con un pié en la plataforma del cepo, agarró la barra de metal y tiró con fuerza. Luffy quedó libre y salió corriendo.
Respiró un poco, le dio las gracias a Zoro con entusiasmo, y se lanzó sobre la nevera.
-No creo que a Sanji le guste que hurgues en la cocina por la noche. ¡Comes demasiado!
-¡Pero es que tengo hambre!-dijo Luffy, abriendo la nevera.
-En ese caso, ya sabes que puedes pedirme lo que quieras- dijo Sanji, que acababa de entrar. Zoro le miró como si fuera algún tipo de delincuente.
-¡Pero no puedes comerte por las buenas lo de todo el mundo! ¡Y suelta ya ese bollo!
Le soltó tal patada que la cabeza de Luffy se quedó bailando como la de uno de esos perritos de la parte de atrás de los coches. El plato con el bollo se le calló de las manos, pero ágil como un colibrí, Sanji lo recogió con un pie, plato incluido, sin permitir que cayera al suelo.
-Si, si, claro: tu atízale hasta quedarte a gusto, pero lego…aprovecha.
-¿Perdón?
-¡Como si fura para t un gran sacrificio tener que quedarte a solas con el, de noche, para darle de comer!
Sanji no entendió nada, aún que Zoro se refería a algo muy degradante con eso de "darle de comer", al menos, desde su punto de vista.
-¡Soy el cocinero de a bordo, y si el capitán me lo pide, es mi deber alimentarle!
Sanji ya estaba preparándose para otra peleita. Odiaba al peliverde, y le había jodido mucho encontrárselo así, en la cocina, chafando un momentazo a solas con el capitán, en irónica imitación de sus sueños. No había pensado montárselo, pero habría sido una buena oportunidad para darle al sombrero de paja mas "pistas", había sido tan parecido a uno de sus sueños…hasta que se encontró con el peliverde en la cocina, con su característico humor de perros.
-Si pero me parece que te pasas un poco con la nata. ¿No crees?
-Contigo si que me voy a pasar pedazo de capullo…
Sanji dejó el bollo en la mesa y se acercó peligrosamente a Zoro, que agarró instintivamente una de sus katanas.-¿Qué me has llamado?
Luffy había agarrado unos frutos secos y se los comía a puñados como palomitas, disfrutando del espectáculo.
-¿Necesitas que te lo repita? Puedo aclararte las ideas de una patada.
-¡Y yo puedo ahorrarte peso de una tajada, ya que la cabeza no la usas!
Los dos se enzarzaron entonces en una batallita de patadas y espadazos, como siempre, mientras luffy disfrutaba ya el quinto bol. de panecillos.
En una esquina de la cocina se apareció un ojo de color azul violáceo. Robin, que se había quedado despierta para vigilar había oído demasiado ruido y había querido comprobar lo que sucedía.
"Solo son el espadachín y el cocinero, otra vez…jujuju" siempre le hacía mucha gracia.
Como si fuera lo mas normal del mundo, los dejó a solas de nuevo, y hasta que la luz del sol no empezó a salir, no se dieron por vencidos.
-¡Ah! ¡Luffy! ¡Pedazo de invécil! ¡Casi has vaciado la despensa!
-Es que…tenía hambre…
-¡Idiota!- Sanji le atizó bien fuerte, y el cuello de Luffy quedó con el mismo aspecto que el de un acordeón.
-A lo mejor tendrías que plantearte otro trabajo, "cocintas" jejeje…
-¡TU, LARGO!
-¡TU NO ME MANDAS!
Zoro y Sanji volvieron a liarse a patadas y cortes hasta que Sanji se las arregló para echarlos a los dos de la cocina. Tenía que recogerlo todo, y preparar el desayuno…¡empezando a racionar! Se preguntaba si volverían a pasar hambre antes de llegar a la siguiente isla…
Solo en el momento en el que fue a abrir uno de los cajones para coger un cuchillo, solo entonces notó un ligero escozor en la mano.
La apartó en un acto reflejo, y vio que entre el reflejo de los cuchillos algo le llamaba la atención: sangre. Se miró la mano: en el costado de la ano derecha tenía un corte limpio, pero profundo. Era tan limpio que no lo había notado estando distraído con otras cosas hasta que no había abierto el cajón.
-Zoro…-susurró, con odio. Nunca le había hecho cortes auténticos peleando. Bueno, si, una vez, pero aquello había sido por algo distinto. Se suponía que Zoro tenía un control supremo sobre sus filos, y por muy cabreado que estuviera, nunca haría a un compañero un mísero rasguño. Incluso solía evitar matar a los enemigos si no era una ocasión de emergencia. ¿A que había venido eso?
Y encima había ensuciado los cubiertos. ¡Los cubiertos! Sus lindas chicas no podían comer con los cubiertos manchados de sangre.
-Maldito peliverde…esta me la pagarás…- gruño entre dientes.
No teniendo otra cosa a mano, se ató un trapo de cocina a la mano, limpió los cubiertos y el cajón y recogió un poco antes de ponerse a cocinar. Cuando ya había colocado una olla al agua se dio cuenta de que el trapo de la mano le sería muy incómodo para cocina, y se dirigió a la enfermería para cogerle prestado a Chopper un par de cosas.
Se echó iodo y se puso una gasa doblada, y después se vendó la mano con cuidado, todo esto maldiciendo al peliverde por lo bajo…luego se imaginó a su dulce Nami o a la belleza de Robin vendándoles la mano en un momento romántico y se puso a balancearse con un corazón por ojo, típico de él…
Luego pensó e Luffy.
Y se quedó callado, quieto. Su mirada, decaída, fue a posarse sobre la venda, pero no penó en ella.
Quería a Nami y a Robin, las amaba…a su manera. Las quería mas a nadie en el mundo…¿Cómo podía sentir algo así por l chico de goma? ¿Desde cuando? ¿Significaba eso que a ellas no las quería tanto? ¿Qué lo prefería a él?…
-…¿Qué me está pasando?…-se preguntó a si mismo, sin encontrar respuesta, y sintiendo una fuerte presión, como un nudo en la garganta, pero extendido por el pecho y el estómago.
De repente…ya no le apetecía nada, no quería hacer nada. Se dobló sobre sí mismo, apoyando la cabeza en las manos, ocultándola…y sus suspiros se convirtieron n leves sollozos. Se sentía perdido y desorientado.
Mas tarde, en un rato de aburrimiento, Zoro sacó sus espadas, las armas japonesas necesitan cierto mantenimiento, y él las atendía con dedicación absoluta. Como lo hacía muy a menudo, probablemente no necesitarían nada, y tendría que entretenerse entrenando, que bien que lo necesitaba…pero no fé así:
Una de sus katanas lucía…un pequeño brillo rojo.
Como no: la que estaba supuestamente maldita: si cada una tenía su personalidad, aquella era una rebelde camorrista. Sin si consentimiento, al menor descuido segaba lo que había a su alcance. No era mas que un poco de sangre, y estaba repartida de forma peculiar…
Zoro supuso que habría herido al cocinero de refilón. Había tenido suerte de no salir peor parado, y decidió hacer la vista gorda, dado que aún ni se había dado cuenta cuando lo echó de la cocina. En secreto se reprimió duramente por haber permitido que semejante arma se escapara a su control, por insignificante que fuera el desliz, cosa que nunca había sido propia de él. Después de todo Sanji era un compañero.
…claro…que…era de esperar que se descontrolase un poco…pues en el fondo, estaba protegiendo a su capitán…
Sus ojos tomaron un pequeño deje de instinto cruel. –por proteger al capitán…haría cualquier cosa- se dijo así mismo, mientras limpiaba de sus hambrientos filos la sangre del pies negros.
…
-…
-…
-…
Escritora2 se posiciona tras el sillón desde el que Escriotra1 ve la tele…Escritora3 se dirige hacia ella, con las manos crispadas…y ganas de estrangular. Escritora2 se ve obligada a rodear el sillón mientras intenta calmar a la gata.
Escritora3-¿Un cachete?…¡¿El boca a boca…?
Escritora1-(Distraídamente) …Y tiro porque me toca…
Escritora2-¡No me comas!
Escritora3-¡debiste hacer que se mataran entre ellos esos dos y así yo podría disfrutar de Luffy sin que nadie me molestara!
Escritora2- ¡Luffy no querría volver a verme!
Escritora3- ¡Pero lloraría en mi hombro!
…Y así continuaron por muuucho tiempo.
