-¡Sanji! Que cara de sueño tienes…¿Qué ha pasado?

-¡Hay, Nami, mi pelirroja! No importa lo fea que tenga la cara, tu luz me la ilumina…

Nami cogió el granizado que le ofrecía a tientas, incapaz de quitar los ojos de su cara de sueño.

-Si, pues me temo que mi luz no puede con esas ojeras…¿Te has mirado al espejo?

-¡Hay, que mona que estas cuando te preocupas por mi, Nami!

Sanji le dio también a Robin su café, y se dio la vuelta para dejar la bandeja en la cocina. -¿Te has fijado en la venda de su mano?

Robin alzó la vista de su libro. – me parece que se debe al encuentro que tuvieron anoche el espadachín y el cocinero.

Nami-¿Encuentro?

Robin- En la cocina. Creo que el capitán fue a buscar comida y los dos fueron a buscarle, pero acabó en una riña.

Nami miró en la dirección en que se había ido. No se había enterado porque, (a diferencia, como de costumbre, de Robin) estaba dormida.

Sanji odió a Zoro esa mañana, con mas saña que de costumbre, y se imaginó cómo hacer para echarle veneno en el plato, o en la bebida, o mear en uno de los dos, sin que se notase. Por desgracia el espadachín era tremendamente intuitivo, y además la comida en ese barco iba de un plato a otro, o a la boca de cualquiera, especialmente a la de Luffy. En los barcos de piratas y en los de largos viajes el cocinero es muy importante, y corren alrededor del puesto muchos rumores y leyendas urbanas, como la de que pueden tener aún mas influencia que el capitán: por mucha estima que te tenga el capitán, si al cocinero le caes mal, puedes despedirte del mundo: puede envenenarte, hacerte comer verdaderas bazofias o simplemente matarte de hambre o darte algo en mal estado. Valla a donde valla el barco, si el cocinero no esta de acuerdo, hay un problema: y es que aún que pongas a otro a cocinar, puedes obtener malos resultados.

En este barco las cosas eran más complicadas: Le echase lo que le echase, seguro que podía acabar envenenando a toda la maldita tripulación.

Sanji se pasó el resto del día mirando a Zoro de reojo, y siendo correspondo con miradas retadoras.

Con todo, procuraron seguir su día a día: Sanji siguió intentando, de extranjis, acercamientos al capitán, al tiempo que Zoro no se despegaba de su culo para chafarlos todos. Sanji se quedó a solas con Luffy tres veces, una en la cubierta, en silencio, sin perder de vista uno solo de sus movimientos, fumando y mirándolo sensualmente, diciéndole algo de vez en cuando, sin irrelevancia aparente…(Zoro apareció de golpe y se llevó a Luffy arrastrándolo de la camisa, con una excusa tonta) y otras dos en la cocina: Luffy le pidió comida, así de simple, y él fue satisfaciendo sus peticiones…

Charló con el apoyado de espaldas en la repisa, teniéndole en frente, de espaldas a él, y simplemente disfrutó de una agradable y sencilla conversación con él, acerca de aquellas simpáticas tortugas-morsa de Arabasta y otros seres raros con los que se habían cruzado…

-"Tu eres el mas raro y preciado tesoro con el que me he encontrado hasta ahora"- se le ocurrió pensar. Incluso en un momento dado, se acercó, y vio como comía.

-¿Esta eso bueno?- preguntó.

-¡Fsii! ¡Muxchooo!- respondió Luffy mientras comía.

-Lo he cocinado tan deprisa que no he podido probarlo…

Entonces pasó un dedo por la comisura de Luffy, (el primer contacto real que tuvo con aquellos labios morenos y deseados) rebañó un poco de crema, y la saboreó en su boca. La paladeó, y luego dijo, con entusiasmo- Suculenta.

Cuando miró a Luffy de nuevo, él se le había quedado mirando, tal cual, con los ojos como platos, la boca demasiado grande para una persona normal, dada de si por la comida. Sanji sonrió. Parecía que al fin alo hacía mella en la mente del chico…empezaba a estar nervioso: era el primer paso a que sospechara y decidiera si le correspondía o no…y entonces llegó Zoro, y se puso como un basilisco por una estupidez: que si no le puedes servir a Luffy lo que te pida, que nos quedamos sin comida, que si es asunto mío, que soy el cocinero, y ya tu eres un energúmeno, y tu un CENSORED y todo eso que ya os sabéis.

Tuvieron no seis, ni ocho, sino siete, ¡siete contiendas! Y en todas ellas se emplearon con mas saña que de costumbre. La tripulación empezó a sospechar que pasaba algo malo, pero sus sospechas no se vieron confirmadas hasta que pasó lo que tenía que pasar: que tuvieron un susto. ¿Nunca os habéis fijado que los padres son adivinos? Si te avisan tres veces de algo, acaba pasando. Por ejemplo: no te asomes que te vas a caer, que te veo en el suelo, te vas a caer. ¡no te asomes que te caes!…y acabas cayéndote. No os peleéis así, que vamos a tener un susto…

Chopper corrió hasta Sanji, y cuando Zoro vio que se arrodillaba junto a él, entre los dos, se dio cuenta de que a lo mejor había ido un poco lejos de lo debido: lo había alcanzado en la espalda, provocándole un tajo cerca de la columna, casi paralelo, solo que un poco torcido. Chopper miró la herida, que encharcaba el suelo por momentos y luego dirigió sus ojitos enormes, animalescos hacia Zoro, acusadores.

Entre Chopper y Franky llevaron con mucho cuidado a Sanji a la enfermería, mientras Zoro sentía las miradas silenciosas de sus compañeros clavadas en su cuerpo.

Envainó las espadas y se quitó el pañuelo…

-Zoro.

…Y escuchó la voz de Luffy tras él.- ¿Qué ha pasado?

Era irreconocible, pero inconfundible también: estaba serio, furioso quizá. Lo supo sin mirarle a la cara. Caminaba hacia él con un rostro que daba miedo.

-Lo lamento, capitán. No puedo explicarlo…pero te doy mi palabra de que no volverá a ocurrir.

Sanji estaba tumbado de lado, para dejar que su herida reposase como es debido. Después de aumentar el odio hacia el espadachín y llamarle de todo menos simpátco, pensó en cuándo podría moverse de nuevo con normalidad: caminar, cocinar, ayudar a levar el ancla…estar con los demás…

…y con Luffy.

Oh, por favor, que Luffy viniera a visitarlo.

Suspiró sintiendo tirones en la herida de la espalda, y aquello le recordó a su mano:

Se había quitado la venda hacía poco, pero aún estaba cicatrizando.

-…Ese maldito espadachín…-pensó.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sondo de la puerta de la enfermería al abrirse. Esperanzado, miró hacia allí con ilusión.

No era Luffy, pero la visita de Nami también le hizo mucha ilusión.

-"En otro tiempo hubiera pensado en ella en primer lugar"-…

-Sanji, ¿Podemos hablar?

-¡Cariño, conmigo puedes hablar de lo que tu quieras!

Nami guardó silencio un rato, y se sentó cerca de la cama con cara de preocupación.

Es que…¿Qué os pasa a Zoro y a ti? Se que no os lleváis de perlas, pero esto está llegando demasiado lejos.

-…¿Tu crees?

-Todos lo sabemos. ¿Qué está pasando?

-…

-Nami, yo…lo siento.- Sanji suspiró con pesadez, sintiendo de nuevo el fuerte tironeo de su espalda.- intentaré arreglarlo.

-¿Pero no me puedes decir qué pasa?

-…Lo siento.

Nami sonrió de nuevo. Su rostro se iluminó, y Sanji, una vez mas, se enamoró de ella.