Bien estoy aki otra vez trayendoles otro oneshot de la grandiosa minerva0924 - sensei...si kieren ver las originales solo vallan a naruto y ella las deleitara con sus historias...Bleach no me pertenece(y como va el manga hasta ahora no me interesa tenerlo xDD)...asi q lean
La situación . . . .
Estaba acurrucada en una de las esquinas, era la paciente de la habitación 312 y con las manos apretadas a sus rodillas susurraba palabras sin sentido.
Una pequeña bata blanca le cobijaba el cuerpo ya delgado por la falta de una buena alimentación, pero más por la distancia de los seres que amaba.
Hace más de un año que la habían internado en ese hospital, desde que empezó a ver esas extrañas figuras de demonios por todas partes, fue en su último semestre de actuacion, cuando estaba a punto de contraer matrimonio con el hijo de un importante empresario, el joven Kaien Shiba, el amor de su vida y el seguro padre de sus hijos como ella decía.
- Demonio – decía con los ojos cerrados – ese demonio me persigue cada vez que se va la luz del día – y dejando salir lágrimas, mientras se abalanzaba al hombre – papá, papá por favor te lo suplico llévame de este lugar, ya no puedo soportar a los demonios por las noches. Llévame con Kaien, con mi ángel, él me va a llevar al cielo y me va a entregar mis alas.
Estaba completamente perdida en sus ideas sobre demonios y ángeles, desde hace mucho tiempo sus padres con gran esfuerzo trataban de pagar los tratamientos que eran muy costosos. Su padre, su madre, su hermana, todos ayudaban con la esperanza de que a los próximos seis meses les devolvieran sana a su amada y pequeña Rukia.
- Rukia – decía un hombre con cabellos canos y mirada triste, no hay demonios en esta habitación – y abrazando a su joven hija, le retiraba los cabellos que ocultaban el hermoso rostro que ahora estaba marcado por las mellas de su enfermedad, esa que le había logrado hacer perder la cabeza.
- Kaien – decía en balbuceos – mi Kaien – y miraba hacia el techo, por favor papá, que venga con mis alas para poder volar y escapar de este lugar tan triste – y le tomaba del rostro a su padre para verle de frente – hay un demonio muy malo, uno de ojos amarillos – y soltando un gemido de dolor – por favor papá, no dejes que me mate – y se volvía a acurrucar para ignorar por el resto de la visita al hombre que le dio la vida.
Y siempre salía desconsolado para verse con el doctor Renji, uno de los antiguos amigos de su hija en la Universidad.
- Así como lo escucha señor – dijo el joven hombre de cabellos rojizos atados a una coleta alta – Rukia es incapaz de percibir la realidad – y escribiendo algunos apuntes en su libreta – lamentablemente no puedo autorizar la salida de mi joven amiga, por lo menos no, durante los próximos seis meses.
- ¿Tanto tiempo doctor? – contestó el hombre anonadado – mi hija era tan vigorosa y alegre, se pasaba los días estudiando tanto para ser la mejor de las actrices y de repente pierde los estribos de esa manera. Es tan injusto.
- No se lamente señor – contestó el joven – haremos lo posible para que ella recupere la noción de la realidad. Recuerde que está viva y que tiene una familia que la espera en casa.
- La verdad, creo que es la última vez que vamos a poder cancelar sus cuidados, su hermana ha estado algo enferma – y dejándose rendido en la silla acolchada del lujoso consultorio del doctor – será la última luz de esperanza para ella. Luego sólo le podremos ofrecer oscuridad y abandono.
- No sé qué decir – dijo con voz triste Renji – hacemos lo que podemos, pero ella insiste con sus visiones de demonios y ángeles – y bajando la mirada – en especial Kaien. Lo hemos intentado absolutamente todo, pero parece que nada ha servido para que recupere el sentido de su vida.
- Renji – dijo el hombre viejo con rabia para caminar hasta la ventana – ese muchacho se olvido de mi hija y se ha casado con tu hermana – y bajando la mirada apenado por aludirse a la hermana del doctor que tanto esmero y cuidado ofrecía a la muchacha – no es su culpa, lo sé, pero él decía amarla y ahora ni siquiera la viene a visitar.
- No lo culpe señor – decía Renji – mi hermana acaba de dar a luz a su segundo hijo y él no hace más que cuidarlos, estoy seguro que cuando se entere de todo va a sacar el tiempo, no le dijimos nada porque sabíamos se iba a venir de inmediato y los dos embarazos de Miyako fueron muy delicados – y viéndole al rostro – debe comprendernos, queremos a Rukia, pero mi hermana tenía un embarazo muy riesgoso. Le ruego que deje este asunto en nuestras manos.
- No me importa si le dicen o no, en verdad ya pasaron muchos meses y me da lo mismo – contestó el hombre – solo cuiden de ella, no quiero y tampoco creo poder soportar el verle así de nuevo, ella es mi vida y se está muriendo en vida. Sálvela doctor.
- Mire – contestó alcanzando un papel al hombre – son por los gastos de los próximos meses, le ruego los reciba, considere que son los sentimientos de Kaien y Miyako juntos por ella.
- No los puedo recibir – dijo él – sólo cuídela y trátela bien, ella es un ángel – y salió acomodando el sombrero y el abrigo en su cuerpo. Además molesto porque sabía que en el fondo estaban comprando su silencio para no hablarle a Kaien acerca del estado de salud de Rukia.
Ella pensaba que Kaien estaba muerto, eso se lo dijo él mismo al verla sufrir, cuando el tan sólo la dejó abandonada por casarse con la hermana de uno de sus mejores amigos, él solo la abandonó y nunca se supo más porque se fueron a vivir al extranjero, muy lejos de ella.
- Como siempre lo hago – dijo él – pero en verdad ese hombre es un estúpido, no recibió este cheque tan jugoso que me ha donado el amable Kaien – y sonriendo arrogante – creo que me servirá para los gastos de la semana – luego los guardó en el bolsillo de su bata – o para comprarle un regalo a la linda enfermera Tatsuki.
Y así como el tiempo había destruido a una joven hermosa y la había convertido en un remedo de sueños, perdida en sus delirios de demonios, que nunca se supo cómo empezó.
El doctor. . .
Cerró los ojos cansada, todo el día lo pasó observando por la ventana de esa lujosa habitación que le servía de cárcel. Lo tenía absolutamente todo, pero era también su infierno particular. Por lo menos le parecía el cuarto más bonito en los momentos de cordura y podía ver desde la ventana las montañas y un pequeño riachuelo que bajaba a tan solo unos metros del salón principal.
Se trataba de un lujoso centro de rehabilitación ubicado en las afueras de la ciudad de Karakura y a donde muy pocos enfermos podían ingresar, los más acomodados. Pero sus padres hacían el esfuerzo y ella lo sabía, por eso debía dejar de soñar, o mejor tener pesadillas con esos seres imaginarios.
Por eso se lo propuso y más cuando conoció a su nuevo doctor hace tres meses.
La primera vez que lo vio, se sonrojó por primera vez, bueno, en lo relacionado con un hombre, porque el único que le había despertado esos sentimientos había sido su amado Kaien, pero él estaba muerto.
Sintió sus pasos, serenos y calmados, lentos, ruidosos y anunciándose como siempre.
Había llegado su doctor, el más amable y guapo del lugar, le atendía con tanto esmero, y ella tenía pesadillas con él, lo sabía porque siempre que empezaban no podía moverse y luego desvariaba con las aberraciones que imaginaban le hacían.
Nunca le veía al rostro a ese hombre, era muy amable y bueno. Le avergonzaba el tan solo perderse en sus ojos hermosos cuando en su memoria o bueno, en su imaginación rondaban esos pensamientos oscuros y atormentadores.
Y entonces ella sabía que en este momento su destino se partía en dos opciones, era la realidad y se trataba del doctor o era el demonio que se disfrazaba de su aspecto, ese demonio, el que tenía los ojos amarillos con retina negra, su carcelero, el carcelero de la habitación 312.
Lo sabría porque, o seguía normal o no podría moverse y empezaría a marearse.
La puerta dejó sonar un rechinido muy ruidoso y ventajoso para que ella pudiese percibir cada cuanto una persona llegaba.
- Angelito – dijo suavemente el hombre cuando ingresó a la habitación, que más parecía un cuarto de cualquier joven que un hospital.
Ella cerró de nuevo los ojos, no sabía que pensar y estaba algo confusa, como todos los viernes la drogaban para la llegada de su doctor, creía que la pensaban peligrosa, como siempre ella recobraría nuevamente la cordura más tarde.
Acomodó una silla frente a la cama y la invitó a sentarse frente a él.
- Buenas noches doctor – dijo ella avergonzada mirando al piso y tocándose la muñeca de la mano derecha hasta que se le volvía de un color rosado, luego rojo.
- Basta – dijo el doctor – te estás haciendo daño Rukia – y le tomaba de la mano con cuidado y le sonreía.
- Lo siento doctor – decía ella avergonzada y reprimía sus acciones nerviosas gracias a los medicamentos – es sólo que no me siento muy bien.
- Dime Ichigo – decía el joven doctor - ¿Te sientes bien? – y le soltaba para mirarle con más seguridad - ¿Sigues teniendo pesadillas? – y anotaba en una pequeña libreta.
- Yo – dijo ella aún más nerviosa – sigo teniendo esas pesadillas – y volteando al rostro al otro lado de la habitación – hace una semana tuve otra – y llevando sus manos a la cara – lo siento doctor, pero son tan reales.
- ¿Pero por qué las disculpas preciosa? – susurró el joven algo sorprendido.
- No doctor – seguía ella – por favor olvídelo – y se levantaba para caminar de nuevo hasta la ventana, hasta donde el doctor siempre la seguía y le acompañaba por unos minutos, ya era una costumbre, ya era una cita sin querer, siempre lo hacía.
Porque cada vez que se abría la puerta de la habitación 312, existían los dos caminos y cuando el resultante era la visita del doctor, le resultaban los minutos más agradables de su estancia.
- ¿Tienes miedo de mí? – decía el hombre.
- No – seguía observando con detenimiento el paisaje – es posible que tenga más miedo de mí.
El culpable. . . .
- Buenas noche doctor Renji – dijo la joven enfermera Tatsuki – la paciente del 312 sigue con nosotros ¿No es cierto? – dijo algo pensativa – la verdad con las últimas sesiones pensé que las cosas habían cambiado – y bajando la mirada – es una lástima, los tratamientos del doctor Ichigo suelen ser tan efectivos con el resto de los pacientes.
- Quizás, esa muchacha es un caso perdido – dijo el hombre molesto por la intromisión – pero el doctor Kurosaki es el mejor psiquiatra de todos, con el tiempo seguro mostrará resultados.
- Eso espero – dijo ella – es una mujer muy hermosa para terminar sus días en un lugar como estos, tratamos de cuidarlos, pero la vida es muy poco parecida a como es afuera – y alejándose – doctor, lo dejo, debo darle las medicinas a los pacientes.
- Claro que es muy hermosa – susurró cuando ella se fue – pero es muy esquiva – y soltó una carcajada – Tatsuki nos vemos por la noche.
- ¿Es una cita? – contestó emocionada la muchacha.
- Por ti preciosa – inquirió el – seguro que sí.
Unos pasos resonaron por los pasillos.
- Renji – sonó fuerte – ya te dije que no te refieras así de ella.
- Señor Kurosaki – dijo el hombre bajando la mirada de superioridad que fue rápidamente superada por la del nuevo personaje – lo lamento. Pensé que estaba haciendo sus negocios en Norte América. Igual aunque sea doctor, los negocios de su familia le quitan mucho tiempo, ¿Seguro que desea seguir cumpliendo sus obligaciones con los pacientes?
- Basta – dijo molesto – no quiero que nadie se entere de quien soy en verdad – dijo soltando una sonrisa que dejó a la vista sus hermosa dentadura - No me molesta ayudar a terminar la miseria en la que viven estos pobres hombres – y observó con cuidado cada uno de los pacientes que le devolvían una sonrisa.
- Eso y su paciente preferida ¿No es cierto? – dijo casi en tono de broma.
- Espero por tu propio bien, que a ella nadie la haya tocado desde que ingresó a este centro de rehabilitación – con una mirada amenazadora le retó – es lo mínimo que te pido por el buen dinero que te hechas al bolsillo.
- Pues nadie más que usted le ha puesto las manos encima – se defendió el joven – de eso no cabe duda, los exámenes médicos mostraron que ella era casta cuando ingresó a este centro. Bueno – y mirando ahora si de frente al aludido – eso hasta que usted empezó a darle un tratamiento especial. La pobre no pudo ni tenerme cerca por varias semanas pensando que le iba a hacer daño.
- Ya te dije que mis intenciones en este hospital no son exactamente altruistas – dijo sonriente al reconocer en su ayudante a un hombre audaz .
- Desde que la vio en la Universidad – dijo Renji – pero ella estaba comprometida con mi cuñado – y parándose en frente de Ichigo con un lapicero en sus dedos seguía viéndole con determinación – no acabo de entender cómo ha conseguido que las cosas cambien de este modo tan radical, no me quejo en verdad, la felicidad de mi hermana lo vale todo, pero ¿No le parece algo cruel tenerla encerrada en este lugar?
- No es de tu incumbencia – dijo molesto – pero ya que insistes, no es cruel porque ella tiene todos los cuidados que necesita para estar cómoda – y soltando un suspiro – nadie la maltrata.
- Eso no piensa ella – dijo Renji algo molesto – menos cuando usted la fuerza a tener relaciones – y ahora haciéndose el indignado – la violación sexual a una persona desvalida es un delito que se castiga muy fuerte – y soltando una pequeña risa mientras lo miraba – eso va a salir muy costoso señor Kurosaki.
- Codicioso – dijo Ichigo – es uno de los pecados más graves – sereno ahora – tendrás tu dinero en la cuenta como siempre y deberías dejar de pensar tanto en dinero, no es todo en la vida. Un bono de 5.000 dólares espero sea suficiente por tu silencio y por las cámaras. Ya sabes que me gusta privacidad en mis momentos íntimos.
- ¿No le resultaría más cómodo una prostituta? – inquirió Renji – le saldría más barato y no pasaría por tantos problemas legales.
- No quiero compartir mi cama con una prostituta, como quizás tu acostumbras, a diferencia tuya, en mi familia somos muy selectivos con nuestras compañeras sexuales y no cualquiera nos entusiasma, por eso cuando encontramos a alguien que despierte nuestros impulsos hacemos lo necesario para conseguirlo.
- Es digamos que – dijo pensativo Renji – uno de los lujos que usted se puede dar, destruir una vida, o bueno, dos con la de mi cuñadito, comprar al personal y viajar constantemente – y sonriendo más – en verdad envidio su vida, debe ser algo excitante.
- Tus palabras son algo pecaminosas Renji – dijo burlón – pero muy ciertas, así lo hizo mi padre con mi madre, mi tío con su mujer y ahora yo lo hago con la mía.
- ¿Está queriendo decir que piensa formalizar las cosas con Rukia? – contestó asombrado Renji – pero ella ni siquiera es consciente de lo que hace o dice.
- Le gusto – dijo Ichigo – ella está enamorada de mí, pero no quise perder el tiempo enamorándola o haciendo que terminara su relación con tu cuñadito, como le dices, así que obtuve lo que deseaba y me ha gustado mucho.
- Es gracioso como empieza a hablar como esa hermosa paciente – soltó alegre por la fuerte suma que se acaba de echar al bolsillo – debe tener cuidado o va a terminar como ella.
- Quizás – dijo sonriente – es posible que la hermosa Rukia no esté tan loca como todos piensan – pasó su mano por la corbata y se quitó el elegante abrigo que le cobijó durante el fuerte aguacero que acaba de acontecer – es una tierna desquiciada, una desquiciada que me pertenece.
Hace dos semanas . . . .
Caminaba el señor Kurosaki o como le decían en el hospital, el doctor Kurosaki por los pasillos del centro de rehabilitación terriblemente costoso y elegante fundado por sus antepasados hace más de cuatro generaciones. Sus antepasados y los antepasados de otra poderosa familia que había perdido la herencia de sangre, gracias a la muerte del último de los descendientes en la generación anterior, todo fue una locura y los negocios se complicaron.
Pero a él ahora sólo le importaba llegar al cuarto de su enferma preferida.
Como le había extrañado, sus cabellos sedosos, sus labios carnosos, sus mejillas sonrosadas y avergonzadas, sus senos preciosos que había saboreado hasta el cansancio, sus muslos torneados y firmes los cuales llenaba de morados y chupetones siempre, porque le gustaba el sabor de su piel.
- En verdad soy un maldito bastardo – dijo sonriendo – pero me la voy a coger toda la noche – recordando las escenas de las últimos encuentros con su paciente preferida, la paciente de la habitación 312.
La paciente más caliente del hospital, la paciente más sensual e inocente que emitía los gemidos que lograban excitarle de una forma incontrolable.
Todo lo que hizo, lo hizo para tenerla sólo para él, le hizo tanto mal. . . .
Le dañó la cabeza. . .
La volvió loca por completo. . .
Le trastornó la vida . . .
Le quitó la felicidad por completo. . .
Aunque en verdad ella no estaba tan loca. . . . al fin de cuentas.
Un rechinido deja las puertas abiertas de la enorme habitación y allí sentada en el piso, como siempre estaba ella, sentada jugando con sus cabellos, amarrandoselos en una coleta baja
Lo odiaba, le gustaban sus cabellos sueltos y regados en la superficie en donde se la estuviera cogiendo, pero por ahora iba a tratar de redimirse por el daño que le había hecho, caminó hasta el lugar en que ella se ubicaba y se colocó a la altura de sus ojos.
- ¿Princesa? – susurró él mientras retiraba algunos mechones y se acercó hasta que el rostro le llegó al cuello – preciosa, dime algo.
- Doctor – dijo ella susurrando – me va a dar mis alas, ¿Verdad? – y acercándosele un poco – usted me va a sacar de acá ¿Verdad doctor?
- Vamos – dijo él con una sonrisa y bajando sus manos hasta sus senos, tocándolos con cuidado – ahora no soy tu doctor Rukia.
- Demonio – dijo ella tratando de alejarse - ¿No es cierto?
Sonrió perdidamente y se soltó un poco la corbata.
- Solo un poco – susurró mientras se quitaba la bata – mentiras, en verdad soy un completo demonio.
Y se le abalanzó encima con desespero, de inmediato se abrazó a su hermoso cuerpo y levantó la bata para repetir lo que hacía cada una de las noches en que dormía en el hospital, tomarla sin contemplaciones, mal o bien ya reconocía cada uno de los rincones de su cuerpo.
De repente, una marca, un corte en su cadera.
Una herida sobre su hermoso cuerpo, sobre su mayor posesión.
Le tomó con fuerza, le rompió la bata, la tiró sobre la cama y le dejó un momento
- Eres un demonio – susurró llorando mientras se cubría con una de las sábanas – no entiendo por qué me haces tanto daño – y se dejó llorar sobre la cama.
- ¿Quién te hizo eso? – dijo con rabia conteniéndose con mucho esfuerzo – quién te tocó princesa.
- No lo entiendo – gemía ella muy triste – usted me hace tanto daño y se preocupa porque tengo esa herida en el cuerpo.
- ¿Quién te tocó? – dijo molesto y ofendido, se lanzó en su contra y apenas le tocó el hombro desnudo supo quién le había lastimado – así que fue ese desgraciado.
- No – dijo ella nerviosa – no – acurrucándose para agarrar sus rodillas – yo no quería, yo no quería – y empezó a llorar – estaba aquí tranquila y entró a la habitación cuando era muy tarde y me sorprendió – dejándose caer desconsolada.
- Aún así no te logró hacer nada – dijo él orgulloso y prepotente – ni siquiera te tocó un cabello y por eso te caíste de la cama – caminaba hasta que estaba de sobre la cama y luego sobre ella – aunque él te iba a hacer lo mismo que yo te hago cada noche, conmigo no te defiendes de la misma forma ¿No será que en verdad te gusta la forma en que te toco princesa?
- No – dijo ella sollozando – sólo quiero estar en mi casa con mis padres y con mi familia – y resbaló sobre su propio cuerpo.
- Es una lástima que estés desquiciada – dijo él – porque así de loca nadie te va a creer nada – y se quitó la camisa, le pasó las mangas por sus manos y le amarró a las barandas de la cama – parece que nuevamente voy a tener que atarte para que no te vayas a caer como pasó con ese desgraciado, no te preocupes yo me encargo de él.
- Yo te conozco – dijo ella con una luz de lucidez en sus ojos – eres ese muchacho tan extraño que me veía desde el auto negro – dijo segura – tu traías los demonios tras de ti – gritó – tu los mandaste hacia mi lado – y se quiso alejar de su cuerpo.
- No – contestó serio – en verdad yo soy el demonio completo querida Rukia.
- Yo lo sé – dijo ella conteniendo las lágrimas – malvado.
- No – contestó él seguro – me llamas malvado porque te enseñé a conocer el placer de la carne antes de un compromiso – y sonriendo – eso de nada sirve si no existe la pasión y deseo que yo tengo por ti, mujer – le gritaba.
- No – decía Rukia por última vez.
Antes de lo que siempre pasaba, antes que él se desnudara y le obligara a mantener relaciones cuando ella ni siquiera podía defenderse.
- Te gusta cuando te toco – dijo Ichigo y pasó sus manos ondeando las curvas de sus senos, acomodó sus dedos en los pezones sonrosados y los apretó con cierto gusto aberrante.
- Ahhh – dijo Rukia mientras cerraba sus piernas, bien sabía que no se conformaría con tan solo tocarle.
Bajó su rostro lentamente hasta que chocó con las masas que ahora le proporcionaban placer, sacó la lengua y pasó muy despacio por los orillos de la aureola de sus senos.
Se quitó la camisa y soltó sus pantalones, le dolía la entrepierna de tan sólo estar en esa situación.
Ella se revolcaba debajo de su cuerpo tratando de quitarse de encima a ese demonio cruel.
- Quieta – dijo suave, subió de sus senos a sus mejillas y pasó su lengua para saborearle de nuevo, cada vez que podía.
Sus hábiles manos retiraron el resto de ropa de su cuerpo, su miembro excitado le pedía a gritos que se adentrara en ella y terminara con ese suplicio que le atormentaba día tras día, pero no lo hizo, como siempre.
Entonces sabía que era el momento, la hora de dejar salir quien era en realidad, ella temerosa lo sabía, siempre pasaba antes que se la follara, siempre sus ojos y se perdía de tal manera que no podía ni moverse.
- ¿Otra vez? – susurró ella atormentada.
- Tranquila, sólo será un momento - y bajaba para olerle cada parte de su cuerpo, pasaba por sus muñecas y las besaba, mientras a ella le daban escalofríos, cuando recordaba como los doctores pensaban que se hacía daño ella misma – que hermosas piernas tienes – y entonces al fin luego de tanta espera sacó su miembro palpitante y lo empezaba a masajear.
También la tocaba a ella, con los días supo los puntos que ella le excitaban, debajo de su cuello en una parte especial que sólo el reconocía, dentro de ella, en un punto exacto de penetración ella perdía el control, en su espalda, pasar sus manos por debajo de las costillas y justo encima de sus nalgas la encendía.
Y entonces pasaba lo que siempre pasaba, la dominaba, su cuerpo obedecía sólo a los impulsos de su dueño y no se resistía, no podía evitar sentirse parte de un juego y simplemente dar lo mejor de si misma.
Aunque se la estuvieran cogiendo como poseso, aunque no quisiera, él siempre, con sus ojos amarillos la obligaba.
Y ella lo disfrutaba y le ayudaba.
Entonces sus manos terminaban en sus sedosos cabellos, sus labios eran comidos por los de su amante, sus senos violados por la boca de su acompañante y su cintura prestada al que con frenetismo se frotaba a su intimidad.
Ella pasaba sus manos por la espalda de Ichigo y con fuerza se aferraba cuando él se quería alejar para verle dominada, sometida, engañada, utilizada y excitada, eso lo volvía loco de pasión y se arrojaba de nuevo en su contra.
Era como una guerra, pero entonces cuando ella había disfrutado de su cuerpo él hacía lo de siempre, le agarraba las manos con fuerza en contra de su espalda y la sometía a la pared, él siempre la tomaba con fuerza, pero sin hacerle daño, sólo que le gustaba el sexo duro, el sexo fuerte, y ella en el fondo subía su excitación a límites insospechados.
- Dime que te coja de una buena vez – susurraba Ichigo al morderle suavemente el lóbulo del oído.
- No – decía ella segura – obviamente sus acciones diferían de sus sentimientos y eso demostraba una vez más que el demonio de ojos amarillos, su carcelero la controlaba
- Como lo pensé – dijo él – será divertido – y le soltaba las manos, la llevaba a la pared y se adentraba en ella sin contemplaciones, como un animal en celo y eso era lo que más le gustaba de ella, que podía tomarle cuando quisiera, como quisiera.
Pero ella, estaba sometida y vulnerable.
Nunca hubo un beso para el demonio, ese se lo llevó una vez, pero el doctor Ichigo, en un impulso que Rukia le ofreció.
Siempre ella se despertaba con el cuerpo adolorido, pero sin recordar muy bien las cosas, siempre eran como recuerdos cortados en su cabeza.
Las razones . . . .
Contesta rápidamente su estruendoso celular, al otro lado de la línea su ocupado padre le afanaba.
- Ichigo ¿Qué haces? Hace más de dos meses que debiste traer a la heredera de los imperios Kuchiki, la hermana de esa joven necesita verlla antes de morir, sabes que su cuñado la adoptara y mis negocios no pueden quedarse a medias por culpa de tus caprichos ¿Qué hiciste con esa pobre mujer Ichigo? Te conozco y sé que puedes pasarte cuando algo se te mete por ceja y ceja.
- No te preocupes padre – dijo serio y sonriente – ya lo tengo todo solucionado, pronto iré con mi amada esposa, es una hermosura y seremos muy felices, este bebé que viene en camino es una enorme alegría.
- Me alegra Ichigo – dijo al otro lado el hombre mayor – siempre sabes cómo enorgullecer a tu padre.
- Siempre lo hago todo por ti padre – sonreía victorioso – dejaré la clínica y mi esposa viajará, solo tiene dos meses pero esperamos que el bebé nazca allá.
- No me la imagino – susurró el padre – debe ser una hermosa joven.
- Es como a su edad era mi madre, seguro que estarás orgullo de mí padre.
- Siempre Ichigo.
jojjoojojojojojo...me encanta
