Hola!, bueno me hubiera gustado toparme con más reviews, pero es cierto que está historia es aparentemente nueva y desabrida -tal vez-, descuiden pronto irá agarrando sazón, o eso es lo que espero.

Cómo saben, estos personajes no me pertenecen, sólo la historia es completamente mía.

Buena lectura!...


¿Quién será?

No hube acabado de llegar a mi hogar cuando el papelito que llevaba entre mis manos se iba doblando cada vez más. Lo estrujaba tanto que de vez en vez le echaba un vistazo para cerciorarme de que los dichosos datos siguieran ahí y no hubieran sido borrados por mi tonto e infundado nerviosismo.

¿A qué le temía tanto? La chica del aula de Tutorías me dijo que me había asignado a la mejor persona. ¿Hombre o mujer? Si es hombre, ¿sería guapo, o tendría esa barba enorme cubriéndole la mitad del rostro? O también podría ser mujer. En ese caso, ¿Cómo sería?, la chica perfecta, ¿quizás?

Sacudí la cabeza de un lado a otro, borrando en cada movimiento todos los pensamientos que me cruzaban por la mente.

Entré a mi hogar y me abalancé en un dos por tres al sofá. Tomé el teléfono e indecisa comencé a marcar números al azar, apretando el botón de apagar al instante.

-¿No te basta con molestar a las personas de frente?- se burló mi adorable hermano -Ahora también por servicio telefónico-.

-Touya- lo miré preocupada, hablando con una voz lastimera, dándole a entender que no estaba para sus bromas.

-S-Sakura, ¿qué te pasa?- se acercó despacio, sentándose levemente junto a mí, cambiando de un momento a otro su semblante despreocupado.

-Yo… yo- y lo abracé. Sé que mi hermano puede ser un ogro, o un tipo demasiado apático, pero siempre me ha apoyado cuando tengo problemas. Recuerdo una vez cuando era más pequeña, llevaba conmigo una enorme paleta de caramelo y un niño más grande me lo arrebató. Touya lo miró tan feo que al pequeño rufián no le quedó más que correr por su vida.

-Sakura, ¿Te hicieron algo?- titubeó- Porque puedo ir a golpear a quien se haya atrevido a…- lo apreté más fuerte y se calló.

-No, solo que… necesito un tutor, porque bueno, tu sabes que nunca he sido un haz en las matemáticas y pues…- sentí su mano acariciarme el cabello, lo que me dio ánimo para continuar- necesito un tutor, ¿sabes?-.

-Sí, lo acabas de mencionar- me soltó y luego dijo- Deja de ser tan patosa y llama al mentado tutor, al fin y al cabo ya debe existir el domador de monstruos que pueda civilizarte- dicho esto se levantó del sillón y me miró desde lo alto. Yo con mis mejillas infladas y el ceño fruncido maldecía por dentro el haber confiado en él.

Ante mi actitud no hizo más que sonreír. Me revolvió el cabello y dijo- Tú puedes pasar matemáticas, Sakura- para después perderse en la cocina.

Junté el valor suficiente y tomé el teléfono, marqué el número y esperé, y esperé y… seguí esperando. ¿Es que nadie me iba a contestar?

Estaba a punto de cortar la llamada cuando una tenue voz se hizo escuchar desde el otro lado del auricular.

-Sí, ¿bueno?- era la voz de mujer más linda que había escuchado hasta ese día.

-He… hola, disculpe busco a…- rayos, en el papel no mencionaba el nombre de quien me daría las clases- yo… busco a…-.

-¿Hola?, ¿sigues ahí?- escuché su risa angelical.

-Sí, sí, lo siento… es que no me han dado el nombre de la persona a la que busco- sonreí sintiéndome como una completa idiota, estaba llamando a un lugar y no sabía a quién buscaba.

-Bueno linda, dime ¿qué estas buscado?-.

-Sí, lo siento… busco a alguien que pueda darme asesorías de matemáticas, aunque tal vez me dieron mal el número… yo-.

Su risa volvió a inundar la vía telefónica. –Llamas al lugar adecuado, yo soy quien te dará las clases, ¿te parece bien que nos veamos en un rato más?-.

-¿Ya empezaremos las tutorías?- pregunté con incredulidad, con unos cuantos decibeles de más.

-No, solo que me gustaría que nos conociéramos para hacer buena química, ¿no te parece?-.

-Cierto, ¿dónde nos veremos?-.

Subí las escaleras lo más rápido que pude. Fui a buscar ropa adecuada para ir al café donde me encontraría con aquella chica. Revolví unas cuantas cosas hasta que encontré lo que quería. Un shorts de color amarillo pálido, junto a una blusa sin manga color celeste. Me coloqué los convers color azul y unas cuantas pulseras en el brazo izquierdo.

Me peiné un poco poniéndome un pasador amarillo del lado izquierdo. Volví a retocar el poco maquillaje que llevaba desde la mañana y me dispuse a bajar.

Me sentía segura. Con fuerza para conocer a quien me ayudaría a no dejar la materia que más odiaba, matemáticas.

Tomé el morral amarillo que se encontraba colgado en el perchero de mi puerta e introduje unas cuantas cosas, mi monedero, una mini libretita, una pluma y unos klenex.

Comencé a bajar las escaleras mientras sentía como una pequeña presencia me estaba observando desde algún punto que no alcanzaba a ver.

-¿Kero?- susurré disimuladamente tratando de hacerlo salir de su escondite, cosa que funcionó a la perfección.

Rápido y veloz se posicionó en la última escalera, batiendo su rabo como dándome a entender que estaba conmigo y me apoyaba. No pude resistirme y me agaché alzando los brazos para que viniera conmigo. Sin dudarlo dos veces se lanzó a mí y comenzó a lamer mi rostro.

No hice más que reír y agradecerle internamente su apoyo salival, o moral, como fuera. Era una buena manera de decirle a alguien que lo querías, ¿lamiéndole la cara?, claro, solo si eres la mascota de alguien.

Seguí riéndome del discurso interno que estaba manteniendo en mi mente, era como amortiguar lo que estaba por venir.

Solté al pequeño y peludo terrier y terminé de bajar. Cuando llegué a la puerta giré sobre mí y me quedé inerte viendo mi hogar. La sala estaba justamente a lado izquierdo del pasillo, las escaleras eran visibles desde la entrada y la cocina justo del lado derecho. Del lado de las escaleras estaba la puerta del sótano, donde mi padre guardaba su colección de libros de arqueología y demás. Algunas veces me daba por bajar y hojear uno que otro libro buscando evidencias de otras culturas, sus costumbres, tradiciones, etc.

Sonreí ante mi retraso, otee el reloj de muñeca que iba en mi mano izquierda y me di cuenta que faltaban quince para las 4, eso me dejaba con…

-¡Rayos!- cerré la puerta tras de mí he hice carrera hacía el café en el que había quedado con mi recién adquirida tutora.

Mientras iba aumentando mi ritmo cardiaco a consecuencia del constante movimiento, recordé el cómo nos reconoceríamos. Ella había dicho que iría vestida de azul, con un pasador de cabello en el mismo tono. A esto, mi imaginación no podía dejar de hacer acto de presencia. La veía sentada sobre una mullida silla color vino, sosteniendo una taza de té, revolviendo su sedoso cabello color… ¿sería teñida o rubia natural?, a todo esto, ¿era rubia?

Me detuve en una esquina jadeando, intentando recuperar el aire que había ido dejado en cada calle que recorrí en tan solo unos cuantos minutos. Después de recuperar la compostura miré en derredor buscando la cafetería 'El péndulo'.

No tardé demasiado en divisar un pequeño local que tenía pintadas letras blancas en los ventanales anunciando al Café el Péndulo. Desde afuera podía sentirse el aire elegante que emanaba de aquel sitio.

Me introduje despacio, sintiendo que desentonaba completamente en ese lugar. Todos iban vestidos elegantemente, portando celulares de lo más modernos y lindos portafolios forrados de alguna piel exótica.

Al notar mi presencia un hombre vestido como pingüino se me acercó y me miró raro. Yo no hice más que sonrojarme y decir que estaba buscando a alguien, a lo que se apartó de mi camino, dándome paso para buscar a mí 'cita'.

Me elevé un poco sobre las puntas de mis tenis, tratando de encontrar el pasador azul. No veía absolutamente nada. Todas la mujeres que estaban ahí iban sin adornos en el cabello, y vestidas de colores oscuros, ningún azul electrizante o verde claro, solo colores serios.

Comencé a desesperarme, ¿y si no venía?, tal vez le llamó alguien menos tonto y se interesó más en esa otra persona. Me agaché y estando dispuesta a salir comencé a caminar hacia la puerta.

-Oye- escuché que gritaban desde el otro lado de la cafetería. Giré un poco mi cabeza y vi a una chica con vestido color azul, y el famoso pasador adornando su hermoso cabello color castaño, tirándole a pelirrojo.

Me acerqué a su mesa, totalmente apenada por no haberla visto cuando entre.

-Discúlpeme, no la había visto- tartamudee con un leve sonrojo cubriendo mis mejillas.

-No te preocupes linda- y me sonrió.

Era tan bonita. Tenía la piel blanca como la nieve, ojos verde oscuro enmarcados por un rostro triangular, y los labios sonrosados, siendo el inferior un poco más grueso.

Me sonrojé al notar que me le había quedado viendo más de la cuenta. Traté de ocultarlo agachándome un poco.

-¿Pero no piensas sentarte?- preguntó sonriente. Yo solo asentí y me senté frente a ella como toda una posesa. No podía dejar de mirar sus facciones, algo en ella se me hacía familiar.

-M-me llamo Sakura y pues… no soy buena en matemáticas- me reí recordando que esa misma había sido mi presentación en un curso de deportes.

-A mi puedes decirme Mei y no es necesario que me hables de usted, me hace sentir vieja- y dejó escuchar su angelical risa, nuevamente.

-Está bien Mei- levanté una ceja al recordar algo y me encogí de hombros.

-¿Qué sucede Sakura?- se acercó a mí, posando los codos sobre la mesa inclinándose un poco más. Fue así que me dejó ver el color real de sus orbes, todos los matices que poseía su verde mirada que iban desde destellos grises hasta unos cuantos amarillos.

-Es que soy un desastre para los números y tal vez termines desquiciándote al no ver progreso en mi estado: cero matemáticas- dibujé una falsa sonrisa en mi rostro.

-Vamos pequeña- colocó su mano en mi mejilla- no seas tan dura contigo misma, vas a ver que terminando las tutorías tendrás una nota aprobatoria en el kardex-.

A esto solo sonreí y miré hacia otro lado.

El resto de la tarde la pasamos hablando de temas nada relacionados con las matemáticas, según ella para aligerar la carga que llevaríamos al día siguiente. Me contó historias de su adolescencia. Como odiaba los deportes e inventaba enfermedades para saltarse la clase de educación física. Ante ese relato yo terminé por contarle que deportes era mi curso favorito, que me encantaba agotar toda mi energía batiendo en el aire el bastón, golpeando balones con las muñecas o corriendo tan rápido para ganar el primer premio.

-Bueno Sakura- dijo mi tutora estando las dos en la salida del local- mañana mismo comenzaremos con tus clases- colocó un blanco dedo sobre su barbilla y volvió a hablar- ¿te parece bien que sea en mi hogar?-.

-Claro, en mi casa sería imposible- me reí recordando al fastidioso de Touya.

-Está bien, mañana mismo comenzaremos con las clases-.


Dejen sus reviews, si?, vamos solo es poner un poco de palabras alentadoras o desgarradoras, en el caso por el que vaya el review no importa sólo quiero leer alguno :DD.

Procedo a contestarle a :

JenLi-Chiba92: Te sorprendió, verdad?... en un principio pensé colocar a Shaoran como su tutor para que fueran conociendose y todo eso, pero bah!, ya he leído infinidad de historias donde él figura de tutor, por ello quise darle un giro, deperdido de unos 90° :). Ah pero no por ello te decepciones ya verás como se irán mezclando las cosas.

No se desesperen, ya casi saldrá Shaoran... sólo quiero plantear bien las cosas y de ahí en adelante prometo que saldrá más y más y más... Tal vez incluya a Eriol, pero aún no estoy segura... por otra parte que dicen de Touya y Yukito, los hacemos pareja? o solo amigos?

Me retiro mis estimados lectores, espero hayan disfrutado de esté fanfic con el que me he divertido imaginando diversas situaciones, espero a ustedes les pase lo mismo.

Dann fuera...