Título:Música y amor

Pareja: Kurt/Blaine

Longitud: 4459 palabras

Notas:Este relato está basado en el prompt que albaclara dejó en el kink_meme de glee-esp. Mientras navegaba y cotilleaba por la comunidad encontré este prompt y me enamoré de la idea. Antes de darme cuenta estaba teniendo todo tipo de flashes e ideas y no pude más que abrir el Word y comenzar a escribir como una loca. Ella quería Profesor!Blaine (de música a poder ser) y sinceramente, ¿quién puede resistirse a la idea? Evidentemente yo no.

Dedicatorias: Por supuesto a albaclara por el estupendo prompt que me inspiró a escribir, y a mi esposa de Tumblr, alibody simplemente porque ella es mi Klainer favorita. Y también a toda la gente que me ha dejado comentarios en el anterior capitulo. Muchas gracias! Como no puedo responder a los comentarios mandados por usuarios sin cuenta en esta web, los responderé todos al final del capítulo. TAMBIÉN, ME GUSTARÍA QUE LEYERAIS LA NOTA DE AUTOR AL FINAL! GRACIAS!

.

.

x.x.x.x.x.x

.

.

CAPITULO 2

.

.

El leve sol de otoño estaba desapareciendo lentamente en el cielo. Los tonos anaranjados y rojizos de aquel atardecer se colaban por las ventanas del despacho de Blaine. Cualquier otro día, a estas horas, estaría a punto de volver a casa. Ese era su momento preferido del día, cuando su trabajo volvía a algún recoveco secundario de su cerebro y todo lo que importaba era ver a Kurt de nuevo.

Normalmente, a menos que su marido tuviera mucho trabajo, la imagen que le recibía al abrir la puerta de su hogar era la cara sonriente de Kurt mientras se movía ágilmente por la cocina preparando la cena para ambos.

Esta vez Blaine no tendría la suerte de poder volver a casa al terminar el horario escolar. Demasiados exámenes para corregir, demasiadas cosas que preparar para sus próximas clases. Los finales estaban a menos de un mes, al igual que las vacaciones de navidad, y todo el mundo estaba como loco. Profesores y alumnos corrían de un lado para otro, ocupados y resignados a no abandonar el edificio hasta mucho más tarde de lo acostumbrado. Es más, si se esforzaba un poco, Blaine sería capaz de escuchar a varios grupos de alumnos practicando con sus instrumentos en una de las aulas al final del pasillo.

Con un suspiro resignado, Blaine volvió al trabajo. Cuanto más se parara a pensarlo, más echaría de menos a Kurt. Nada era menos productivo que un Blaine que añoraba a su marido, pero le era terriblemente difícil no hacerlo cuando sabía que Kurt tenía más tiempo libre desde que la colección había sido aprobada y todo tenía el visto bueno del diseñador.

Era como si el mundo conspirara en su contra, cuando por fin su marido podía descansar y pasar más tiempo en casa, Blaine entraba en la época de exámenes y se veía obligado a pasar más tiempo en la escuela.

Sin duda iba a ser una tarde muy muy larga.

Antes de obligarse a sí mismo, otra vez, a volver al trabajo – si no lo hacía terminaría teniendo que quedarse toda la noche – sacó el móvil del bolsillo de su pantalón y envió un mensaje a Kurt.

'La vida es miserable en época de exámenes. ¿Crees que sería muy sospechoso si aprobara a todos mis alumnos para así poder volver a casa contigo?'

Apenas un par de minutos después de darle a la opción de enviar, el teléfono vibró en su mano. Blaine no pudo evitar sonreír ante aquel detalle. Había muchas cosas que Kurt hacía mejor y más rápido que nadie, y sin duda mandar mensajes era la primera en la lista. Aunque, por supuesto, Mercedes le seguía muy de cerca. Esos dos eran capaces de gastar la batería de sus teléfonos en menos de un par de horas.

'Awww. Quisiera decir que no para que puedas venir a casa conmigo, pero se supone que somos adultos responsables. Trabaja mucho y quizás serás recompensado. ;)'

Un puchero ciertamente infantil apareció en el rostro del maestro, quien esperaba que su marido le pidiera que se olvidara el trabajo y volviera a casa. Sabía que aunque lo hubiera hecho él no podría haber dejado su trabajo para otro día, pero al menos hubiera sido agradable leerlo.

Resignado a su destino, Blaine volvió a ponerse las gafas y cogió el bolígrafo con el que calificaba sus exámenes. Aquel bolígrafo había sido un regalo de Kurt cuando había conseguido el puesto de profesor y, de algún modo, Blaine siempre lo había considerado de talismán de buena suerte.

"Esperemos que también le de suerte a mis alumnos." Dijo para sí mismo mientras comenzaba a corregir los exámenes.

Despacio, su trabajo fue avanzando. El montón por corregir, que hasta ahora había sido el más grande, fue menguando en tamaño hasta que la gran mayoría de esos papeles pasaron al montón de corregidos.

A esas alturas, el atardecer rojizo había dado paso a una oscuridad de tonos fríos que solo se veía disipada por los fluorescentes de su despacho. Una sola mirada al reloj en la pared hizo que Blaine se sorprendiera. Dos horas, habían pasado dos horas. El tiempo vuela cuando estás concentrado en tu trabajo.

Ahora solo le quedaba terminar de perfilar las ideas que pretendía abordar en sus próximas clases. Sus alumnos eran buenos a la hora de componer sobre unas bases pre-definidas, pero era hora de hacerles trabajar un poco más y que demostraran hasta qué punto podían ser creativos.

Si todo iba como estaba previsto, Blaine podría volver a casa en una hora o dos a lo sumo.

Unos suaves golpes en la puerta interrumpieron su línea de pensamiento. Todo el mundo estaba ocupado a estas horas, y no era horario de tutoría, así que no creía que fuera ninguno de sus alumnos.

"Pase."

La puerta se abrió despacio, dejando que la luz del pasillo iluminara la silueta de aquella persona que no necesitaba ayuda alguna para iluminar cualquier habitación a la que entrara. Las suaves facciones de aquel rostro y la manera coordinada en la que su cuerpo se movía eran algo ya bien conocido para Blaine, pero no importaba cuanto tiempo pasara, esos detalles aún hacían que su corazón latiera un poco más rápido.

"Kurt." Suspiró contento. "¿Qué haces aquí?"

En cuanto aquella pregunta salió de su boca la respuesta apareció clara ante sus ojos. Kurt llevaba una pequeña cesta de mimbre colgando del brazo. Una cesta que normalmente usaban cuando iban de picnic a Central Park. Como si intentara hacer énfasis en lo que ya era evidente, Kurt levantó la cesta con una mano y la agitó suavemente delante de Blaine, sonriendo todo el tiempo como un niño que acaba de cometer una travesura.

"Soy un buen marido y no me gusta que pases hambre. Es tarde, estás ocupado y te conozco demasiado bien para saber que no te tomarías un descanso para ir a comer algo rápido. Eres demasiado devoto a tu trabajo. Nadie va a morir porque te tomes media hora y vayas a la cafetería de la escuela."

"Cuanto antes termine, antes puedo volver a casa." Se quejó Blaine, pero el matiz feliz de su voz era demasiado evidente.

"Bueno, ahora no tienes motivo para no tomarte un descanso. Planeo quedarme aquí contigo hasta que termines y entonces podemos volver a casa juntos. Es Viernes y mañana no tenemos que madrugar, así que hay una bañera de agua caliente y sales de baño con nuestro nombre escrito para cuando lleguemos a casa."

"Me encanta cuando tienes planes para nosotros."

"Eres un hombre afortunado." Bromeó Kurt, dejando la cesta en una de las sillas del despacho y acercándose a su marido para saludarle como era debido. "Hola" murmuró antes de darle un rápido beso en los labios.

"Hola."

Cuando ambos habían intercambiado saludos el beso se volvió más pasional. Nada de inocentes roces labio contra labio. En un abrir y cerrar de ojos Kurt había arrinconado a Blaine contra su escritorio, sus manos moviéndose tentadoramente bajo la cálida tela de su chaleco, y su boca devorando la de su marido. Sus dientes mordisqueaban cada poco rato el labio inferior de Blaine, su lengua dibujaba círculos y formas abstractas en la tierna carne del interior de su boca y sus labios de aseguraban de hacerle perder el sentido.

Un calor bien conocido se instaló en la parte baja del estómago de Blaine. Deseo, pasión, lujuria. Lo conocía tan bien que podría darle mil nombres, pero al fin de cuentas solo importaba una cosa. Kurt era quien le provocaba ese sentimiento. Kurt era quien sabía cada uno de sus puntos débiles y los utilizaba a favor de ambos todo el tiempo.

"Kurt. Kurt, para." Blaine intentó apartarle con suavidad, pero era difícil hacerlo cuando todo lo que quería era olvidarse de donde estaban y tocar cada milímetro de esa piel que ahora brillaba bajo los fluorescentes de su despacho. "Kurt, no es… este no es el lugar indicado."

Aquellas palabras parecieron distraer a Kurt de su objetivo por el tiempo necesario para que Blaine lo apartara un poco. Lo justo para poder mirarle a los ojos. Y sí, eso debería haber ayudado a que ambos se calmaran, pero cuando Blaine vio la manera – lenta e inconsciente – en que su marido se pasaba la lengua por los labios tuvo que hacer el mayor esfuerzo de su vida para controlarse. Conocía tan bien ese gesto, esa manera en que Kurt disfrutaba hasta el último rastro del sabor de Blaine en sus labios. Ese gesto siempre hacía que Blaine sintiera el deseo de ronronear y lanzarse sobre su marido.

"Lo siento." Se disculpó Kurt con la voz ronca y los ojos entrecerrados. "Me he dejado llevar."

"Hey, no hay razón para disculparse." Puso las manos en su cintura y le sonrió con picardía. "Si no tuviera miedo de que algún otro profesor venga a hacerme alguna pregunta, yo mismo estaría quitándote la ropa ahora mismo. Odio la época de exámenes y odio el hecho de no poder aprovechar todo el tiempo libre que tienes estos días."

"Cuando sea famoso y rico te convertiré en mi marido trofeo. Tu único deber será estar en mi cama todo el tiempo." Prometió Kurt, y sus manos comenzaron a jugar inconscientemente con las solapas de la chaqueta de Blaine.

"¿Nada de trabajar?" Preguntó Blaine, riéndose ante la idea.

"Nada de trabajar. No estarás autorizado a salir de la habitación. Todo tu tiempo será mío."

La voz de Kurt tenía un matiz de ensoñación que no ocultaba del todo la tristeza detrás de sus palabras. Era cierto que en los últimos meses habían tenido mucho menos tiempo para estar juntos de lo que estaban acostumbrados. Cuando no era el trabajo de Kurt, eran los festivales de otoño en los que Blaine ayudaba, y sino alguna llamada de emergencia del jefe de Kurt diciendo que tenía que irse el fin de semana a algún viaje exprés, y sino Blaine teniendo que corregir una montaña de exámenes. Nunca tenían más de una semana de tranquilidad, e incluso entonces no podían pasar juntos tanto tiempo como les gustaría.

"En cuanto acaben los finales te prometo que no dejaremos nuestro piso. Me dan igual nuestros amigos, o familias, o el fin del mundo. Pienso cerrar la puerta y tirar la llave."

"¿Lo prometes?" Pregunto Kurt, enterrando su cara en la cálida curva del cuello de Blaine.

"Lo prometo. Solo tú, yo y mucha comida rápida que encargaremos por teléfono."

"Engordaré." Protestó Kurt, negando con la cabeza y frotando la punta de su nariz en la piel de Blaine en el proceso. Blaine rodeo su cintura con sus brazos y lo atrajo hacía él, intentando hacerle entender sin palabras cuanto le necesitaba.

"No lo harás. Haremos mucho ejercicio. Ejercicio del divertido."

Aquello consiguió que Kurt se riera. A veces Blaine era tan infantil que era imposible no reírse. La manera en que hablaba, como si quisiera decir algo pero le diera vergüenza usar la palabra real. Por supuesto, él lo hacía a propósito sabiendo que Kurt lo encontraba igualmente adorable y estúpido.

"¿Me hace mal marido si admito que más que querer darte una sorpresa he venido porque te echaba terriblemente de menos?"

"No, eso solo te hace aún más perfecto de lo que ya eras. Me alegra saber que no soy el único que se siente así. No estoy bromeando cuando digo que no pienso dejarte un segundo cuando lleguen las vacaciones."

"Como si te fuera a dejar otra opción. Pienso estar encima de ti todo el día."

"¿Encima? Espero que alguna vez te toque debajo también. A mí me gusta ir cambiando."

"Eres tan idiota." Le riñó Kurt, pero no resultó muy efectivo dado que se estaba riendo mientras lo decía. "Sabes a lo que me refiero."

"Solo quería dejar las cosas claras. Aunque no es que tuviera quejas acerca de la idea de tenerte encima todo el tiempo. Cosas divertidas pasan cuando te tengo encima."

Kurt se apartó un poco para poder mirarle y Blaine se sintió deslumbrado por un segundo. Esa sonrisa, tan amplia y refrescante, era lo que más amaba en este mundo. Hacia tanto que no la veía. Claro que Kurt sonreía, y mucho, pero esta era la sonrisa que solo aparecía cuando Kurt era cien por cien feliz.

Blaine no pudo más que robarle un beso rápido antes de comenzar a hablar de nuevo.

"De todos modos, antes de que olvide mis propias protestas acerca de lo poco adecuado que es este lugar para las cosas que quiero hacerte ahora mismo." Miró de reojo a Kurt, y el sonrojo de sus mejillas le hizo sonreír. "Creo que alguien me ha traído comida, y debo decir que mi estómago está agradecido por el detalle."

"Desde el primer día supe que serías uno de esos hombres a los que se les conquista por el estómago." Le acuso Kurt.

A pesar de todo, lo que había dicho Kurt acerca de la devoción por el trabajo de Blaine era cierto. Siempre le preocupaba lo descuidado que era a la hora de tomar sus descansos o comer algo cuando tenía largas jornadas de trabajo. La única manera de asegurarse que Blaine se acordara de esas cosas era mandarle mensajes para recordárselo o presentarse por sorpresa con comida como lo había hecho hoy.

"Mi debilidad es la comida y los chicos guapos. Culpable de los cargos, señoría. Tengo suerte de estar casado con un chico guapo que sabe cocinar tan bien."

"Los halagos te llevarán a cualquier lado."

Una risita divertida salió de la boca de Blaine. La sola presencia de Kurt cambiaba su humor por completo. Hace tan solo unos minutos estaba aburrido y agobiado por el trabajo, pero ahora que su marido estaba ahí todo era mucho mejor. Con tan solo alargar la mano podía tocarle, y sí, eso podía parecer algo sencillo y estúpido, pero cuando pasas tanto tiempo lejos de la persona que amas el hecho de poder tenerle cerca se convierte en un regalo.

Incapaz de detenerse, Blaine le dio un pequeño azote a su marido, sonriendo cuando oyó el sonido de sorpresa que ese toque provocó.

"Eres malo." Refunfuño Kurt.

"Esta noche voy a ser mucho peor."

"Lo estoy esperando ansioso."

Las miradas traviesas y las medias sonrisas eran continuas entre ambos. Mientras Kurt sacaba la comida de la cesta y la colocaba sobre una pequeña mesa que había al lado de una de las sillas del despacho, Blaine no podía apartar los ojos de él. Era increíble como Kurt podía hacerle tan sumamente feliz, como podía hacerle sentir como la persona más afortunada del mundo. De algún modo era como si ya no pudiera recordar como era su vida antes de conocerle.

"Te quiero tanto." Susurró Blaine provocando que Kurt parara de colocar las cosas para poder mirarle. Su gesto confundido desapareció en un segundo y fue sustituido por una suave sonrisa que hacía que sus ojos centellearan.

"No sé a qué viene ese arrebato romántico, pero yo también te quiero."

Unos suaves golpes en la puerta interrumpieron el romántico momento. Por un momento Blaine sintió un deja vú, pero sacudió la cabeza en un intento de alejar esa estúpida sensación. Tenía que atender a quien quiera que fuera y tratar de hacer que se marchase lo antes posible. Ahora mismo solo quería disfrutar de ese momento con su marido.

Con un suspiro molesto se levantó y abrió la puerta, sorprendido de ver a Valerie allí plantada con una sonrisa torcida que Blaine conocía demasiado bien para no sentir un escalofrío.

"¿Qué estás haciendo aquí, Valerie?" Preguntó Blaine pasándose una mano por la cara. Ante la mención de ese nombre, Kurt no pudo evitar dirigir una mirada a la puerta.

"Buenas tardes, profesor. Algunos de los alumnos de mi curso y yo queríamos decir hola." Dijo Valerie sin que esa sonrisa terrorífica abandonara su rostro. El sonido de voces en el pasillo – que hasta ahora había estado tranquilo – hizo que Blaine sacara la cabeza por la puerta para mirar alrededor.

Y sí, ahí estaban, seis de los compañeros de clase de Valerie. La mayoría lucían avergonzados, pero al igual que la chica frente a él, todos tenían la misma expresión en sus rostros que la que tenían cuando Blaine les contaba anécdotas de su adolescencia.

"Por supuesto, solo venís a decir hola, ¿verdad? Esto no tiene nada que ver con el hecho de que Kurt haya venido a ver."

"Me ofende que piense eso, profesor." Contestó ella, pero las risitas provenientes del pasillo no ayudaron mucho a su vano intento de disimular. "Ok, lo admito. Vimos a su marido pasar por el pasillo con una cesta hará media hora, y quisimos venir a cotillear. ¿Puede culparnos?"

"Sí, sí puedo." Protestó él, mirando a Kurt cuando oyó como este se reía ante las palabras de su alumna.

"Déjales pasar, Blaine. No se van a marchar de todos modos. Es eso o tenerles detrás de la puerta escuchando como la última vez."

Antes de que Blaine pudiera protestar de nuevo, Valerie le hizo un gesto a los demás y entró al despacho seguida de sus compañeros. Cierto era que el despacho de Blaine no era del todo pequeño, muy al contrario, pero con tanta gente ahí dentro la habitación parecía mucho más pequeña.

"Hola a todos." Saludó Kurt con voz divertida y su marido quiso fulminarlo con la mirada por darles confianza. Sus alumnos eran como Gremblins, si se las alimentaba después de medianoche se volvían locos.

"Hola, Señor Hummel." Saludaron algunos de los presentes.

"Oh, por favor, llamarme Kurt. Señor Hummel me recuerda a mi padre y me hace sentir viejo."

"¿Por qué no se cambió el apellido cuando se casó con el profesor?" Preguntó Valerie de la nada y Helena le dio un codazo para hacerla callar. "¿Qué? ¿No puedo preguntar?"

"Te vas a arrepentir de haberlos hecho pasar." Se rió Blaine, pero decidió dejar que su marido se encargara de los chicos mientras él se sentaba a comer. Era tarde y no había comido nada desde el mediodía, y ciertamente no tenía energías para lidiar con sus hiperactivos – y curiosos – alumnos. Menos aún fuera del horario de tutoría.

"Siempre pensé que sería un poco extraño y confuso cuando la gente tuviera que llamarnos a ambos 'Señor Anderson' así que ambos decidimos conservar nuestros apellidos. Al fin y al cabo, un nombre no cambia nada. Sigo siendo su marido apellido o no."

Por un momento, la pareja se miró y sonrió, recordando la noche en que llegaron a ese acuerdo. Al principio, Blaine se había sentido algo reacio a aceptar la idea de no compartir un mismo apellido. Durante años había soñado con todas las combinaciones posibles de sus apellidos, con los primeros días tras la ceremonia cuando pronunciar ese nuevo apellido fuera extraño y nuevo pero ciertamente placentero. Estaba seguro que si buscaban en alguna de las cajas del trastero encontraría algún cuaderno de su época de Dalton, cuando las últimas hojas de eses cuadernos estaban llenas de garabatos, corazones y variaciones de esos apellidos que ambos adoptarían una vez que se casaran.

Sin embargo, cuando el momento llegó y ambos hablaron de ello, Blaine se dio cuenta que Kurt tenía razón. ¿Qué importaba un nombre cuando tienes un lazo con la persona que amas que nadie puede romper? Un matrimonio no son los papeles que firmas o el cambio de un apellido. Un matrimonio es una promesa entre dos personas que saben que nunca podrán amar más de lo que ya lo hacen.

"Pero, lo dice como si la única opción fuera que usted adoptara su apellido."

"Bueno…" Kurt se sonrojó. "… siempre he tenido una debilidad por esa opción."

"Awww, eso es adorable." Dijeron todas las chicas mientras los dos chicos del grupo se reían ante la cara embobada de su profesor.

"Estoy celosa de su relación."

"No eres la única, Helena."

"Si os sirve de consuelo, no siempre hemos sido así. También hemos discutido e incluso roto alguna vez." Se rió Kurt y Blaine casi se atragantó con un mordisco de su sándwich ante la información dada. "Blaine era adorablemente celoso cuando nos mudamos a esta ciudad."

"Oh Dios santo. ¿Vas a contarles eso?"

"Sí, sí. Cuéntenoslo." Otra vez los alumnos hablaron a coro. A veces Blaine se preguntaba si pasaban tanto tiempo juntos que ya compartían una sola mente, o si por el contrario era el hecho de que todos compartían esa malsana curiosidad por la vida amorosa de su profesor lo que les hacía compenetrarse y entenderse tan bien.

"Tengo curiosidad sobre una cosa. ¿Les preguntáis a todos los profesores por sus vidas privadas o es que me tenéis especial manía a mí?"

"No, por supuesto que no le preguntamos a los demás. Todos los demás profesores son viejos y anticuados. Y sinceramente no están tan buenos como usted y su marido." Refunfuño Valerie y todos sus compañeros la miraron con vergüenza.

"Lo que Valerie quiere decir, profesor, es que si tenemos que dedicar nuestra vida a la música, necesitamos distracciones. Nuestras vidas amorosas apestan. No puedes tener novio o novia cuando dedicas más de quince horas al día a tocar un instrumento o venir a clase."

"Sí, eso y lo de que están buenos." Volvió a afirmar la chica.

"A veces me pregunto por qué sigo siendo tu amiga."

Todos rieron ante las palabras de Helena, quien ciertamente pasaba grandes apuros por culpa de ir siempre con Valerie a todas partes. Kurt no podía evitar sentirse identificado. Recordaba cómo era ir con Rachel a cualquier lado, siempre sintiéndose tentado de encerrarla en algún lugar y tirar la llave. Por más dulce que fuera en el fondo – y si alguien le preguntaba negaría haber pensado eso – Rachel tenía una actitud de Diva que superaba a la de Kurt y Mercedes juntos. En más de una ocasión le había avergonzado delante de un montón de gente.

"Chicos, ¿no deberíais ir a casa o al menos seguir practicando?" Preguntó Blaine intentando hacer que se marcharan sutilmente.

"Lo que quiere es que le dejemos a solas con su marido otra vez."

"Pues sinceramente, sí. Eso y que una cosa es contaros anécdotas cuando estamos en clase, incluso cuando no debería hacerlo, y otra cosa totalmente diferente es que vengáis a mi despacho expresamente para eso."

"Lo siento, chicos." Se disculpó Kurt con una sonrisa en la cara mientras se movía hacia la silla al lado de la de Blaine para sentarse y poner una mano sobre el antebrazo de su marido. "Supongo que las anécdotas que os iba a contar tendrán que esperar. Blaine tiene razón. Es tarde y deberíais ir a casa."

"Pero…"

"Valerie, déjalo. Hoy no habrá suerte."

"Pero, Helena…"

"No, Valerie, vamos."

El gesto decepcionado de la cara de Valerie era más que evidente, pero aun así la muchacha tomó el brazo de su amiga y todos se marcharon no sin antes despedirse de los dos adultos.

Cuando por fin estuvieron solos, Blaine suspiró y tomó la mano de Kurt en la suya, entrelazando los dedos en una muestra de afecto casi inconsciente.

"No deberías animarlos con más anécdotas."

"Blaine, tú eres el que empezó a contarles cosas." Se rió Kurt. "Lo que no quieres es que les cuente lo adorable que eras cuando te ponían celoso de cada chico que hablaba conmigo en la universidad."

"Hey, no es mi culpa que esos chicos no fueran ciegos e intentaran flirtear contigo incluso si yo estaba delante."

"Te das cuenta que la mayoría de los chicos con los que hablaba de mi clase eran hetero y tenían novias, ¿verdad?"

"Pero algunos de ellos eran gay y no estaban interesados solamente en ser tus amigos. Tú no te dabas cuenta porque no estabas acostumbrado a que otros chicos dieran el primer paso."

"Aha, lo que tú quieras, cariño. Mi atractivo hizo estragos en la universidad. Si quieres creer eso, yo no me voy a quejar, pero nada de eso importa. Yo ya tenía al mejor de todos, ¿por qué iba a querer cambiar?"

"Y luego dices que yo soy el de los halagos." Bromeó Blaine, moviéndose un poco para poder besar la mejilla de Kurt por un segundo antes de dejar un suave beso en la comisura de sus labios.

"Solo digo la verdad. Además, con lo que me costó que abrieras los ojos y te enamoraras de mí, no estoy dispuesto a dejarte ir."

Blaine no pudo evitar reírse ante eso.

"¿Por qué cada vez que vienes a visitarme terminamos hablando de eso?"

"Yo culparía a tus alumnos. Ellos son los que me hacen acordarme de todas estas cosas."

"Aha, lo que tú quieras, cariño." Contestó repitiendo las palabras que minutos antes dijera Kurt.

"Eres tan tonto." Kurt se rió y esta vez fue él quien se movió para besar un punto en el cuello de Blaine que siempre le hacía soltar un suspiro feliz.

"Pero soy tu tonto y ya no puedes devolverme."

"He perdido el ticket hace mucho tiempo. Oh, bueno, que le vamos a hacer. Tendré que quedarme contigo para siempre."

"¿Para siempre?"

"Para siempre." Prometió Kurt mirándole a los ojos, y detrás de esa sonrisa dulce había una seriedad que remarcaba hasta qué punto esas palabras eran una promesa que jamás rompería.

Después de todo, llevaban tanto tiempo juntos y felices que imaginarse una vida en la que no estuvieran juntos había dejado de ser una opción hace mucho tiempo.

Más promesas y besos fueron intercambiados en aquel anochecer de otoño. Bajo los fluorescentes de aquel frío despacho las palabras de amor dichas a media voz sonaban como un secreto que nadie podría ocultar, y el roce de sus labios era algo más que una prueba de que ese amor siempre estaría ahí.

Pero la tranquilidad no dura para siempre, y el sonido del reloj de cuerda marcando las nueve de la noche les sacó de su pequeña ensoñación. Blaine terminó de comer lo que Kurt había traído para él y volvió al trabajo dejando a Kurt ocupado en la lectura de un libro que había traído consigo.

Lo que ninguno sabía es que los alumnos que antes vinieran en la búsqueda de anécdotas habían estado espiando sin ser vistos. Y lo que ninguno de ellos sabría nunca es que mientras aquellos muchachos se marchaban pasillo abajo todos tenían deslumbrantes sonrisas en sus rostros. Sí, ver aquella escena les hacía tener esperanza porque no importaba cuan ocupados estuvieran con sus estudios o su amor por la música, el amor parecía de pronto algo mágico que podría encontrarles cuando menos lo esperaran.

Quizás algún día ellos dejarían de estar tras la puerta observando el amor desde lejos.

Sí, algún día ellos serían los que estuvieran al otro lado.

.

.

CONTINUARÁ? No lo sé.

.

.

x.x.x.x.x

.

Alguien me pidió que hiciera al menos una parte más, pero no estoy muy segura. No estoy diciendo esto para que me convenzáis o algo, pero me gustaría saber si a los demás también os gustaría una parte más. Esta vez sería fuera de clase, sin los alumnos. Algo más Klaine sin interrupciones.

ADEMÁS! ESTO ES IMPORTANTE Y AGRADECERÍA UNA RESPUESTA. Estoy pensando en escribir historias largas. Me gustan las historias multi-capitulo, pero aún soy nueva en el fandom en español y me pregunto si leeríais historias largas de Kurt/Blaine. No quiero meterme en una historia compleja si nadie me va a leer. xD GRACIAS!

Ahora los comentarios:

GleefanES – Siento haberte decepcionado, pero en esta historia no estoy muy convencida de meter escenas subidas de tono. Quizás en la siguiente que escriba. :)

Pippiphooray – Aquí está la segunda parte, y planeo escribir más historias. Espero que quieras leerlas también. :D Las alumnas están algo locas, jaajaja.

Vince – Una parte más para que la disfrutéis, o al menos espero que lo hagáis. Gracias por comentar y leerme.

TaliaHarkness-Jones – Gracias a ti por leerme y por ese dulce comentario que me dejaste. Fue un placer saber que te había gustado tanto. De momento esta historia va a ser cortita, pero si la gente está interesada planeo meterme a escribir historias largas de muchos capítulos. Espero que también leas el resto de lo que escriba.

Mary – Mil capítulos? Jajajaja, mucho pides. Estaría aquí escribiendo hasta que sea una ancianita. Me alegro que te gustara y que te lo pasaras bien leyendo. Prometo escribir más historias, espero que también las leas.

KlainebowsKurt – WOW! Tu comentario hizo mi día mejor. Que consideres mi fanfic tu favorito me ha hecho muy feliz. Espero que también te guste este capítulo y el resto de lo que escriba en el futuro. Me encantaría tenerte siempre por mis comentarios y conocer tu opinión. Muchas gracias por tu comentario. Lo de la tercera parte, ya veremos… no lo sé. Tengo que empezar otra historia corta que una amiga me pidió, pero prometo que si a la gente le interesa lo escribiré. :)