Por fin terminado.

o3o Ya quería subirlo y estoy experimentando con un nueva manera de narrar la historia (inspiracion cortecía del anime Baccano) que veran en este capi y en el siguiente.
Quedó algo corto con respecto a los anteriores, pero espero les guste x3


Entre las calles vacías, de la ciudadela, un anciano tempranero caminaba agitando una bolsa. El sonido de las rupías dentro de la bolsa se escuchaba por toda la calle, atrayendo, sin que el hombre supiese, oídos extraños y codiciosos.

- Ahhh por fin podré pagarle a esa codiciosa Telma… ya no me saldrá más con aquella deuda – dijo. Salir temprano era ideal para este señor, debido a que no era el tipo de personas que soportara que lo empujasen otras apuradas. De pronto, sin embargo, el sonido de unos pasos acompañó al de las monedas. El viejo se detuvo al oírlos.

- ¿Hay alguien ahí? – pregunto detenido mucho antes de la siguiente curva. En seguida unos pasos se escucharon provenientes de la esquina de la calle. El hombre esperó con temor. La verdad se mostro, de aquel callejón salió un temible, abominable y tenebroso…. ¿Cucco?

El viejo suspiró de alivio observando el amarillento Cucco de espaldas frente a él. Continuó caminado, algo molesto – Sólo era una estúpida Cucco – refunfuñó mientras continuaba su camino. Al acercarse al cruce se detuvo a ver al extraño y antes mencionado Cucco, que extrañamente había permanecido de espaldas. Viéndolo de cerca era extraño, parecía estar desplumado en toda la cabeza, que de por si era exageradamente grande y parecía tener una cicatriz. También llevaba un pañuelo rojo alrededor de su cuello. El viejo comenzaba a dudar de que fuese un Cucco común y corriente, cuando sus sospechas fueron relevadas como ciertas. En un abrir y cerrar de ojos el supuesto Cucco se volteó mostrando algo que dejó atónito al hombre, tenía un rostro humano.

- ¡Santos cielos! ¿Qué demonios es esto? – exclamó.

- ¿No le gusta mi cara… viejo? – preguntó el Cucco. El viejo se exaltó cayendo de espaldas de la impresión. Una sonrisa enorme y espeluznante se dibujó en su rostro mostrando los dientes y haciendo que resaltasen sus ojos color fucsia – Me las va a pagar cara… - dijo y seguido una mano salió de la nada detrás del viejo y tomó la bolsa de dinero – Adiós vejete – le dijo el Cucco que fue tomado por la misteriosa figura que tomó el dinero y salió corriendo.

- Eh… ¡Alto! Ladrón – se levantó e intentó perseguir al ladrón. Logró seguirlo hasta un callejón cercano, pero sin poder alcanzarlo. El ladrón dio vuelta entrando a callejón, se escuchó un sonido similar al de una ventila y un ligero destello se observó proveniente de aquel lugar. Cuando el viejo logró cruzar, el ladrón y el extraño Cucco habían desaparecido de la nada.

- ¿Qué diablos…? – Preguntó viendo la escena vacía – Y… ahora ¿Cómo se supone que le pague? – dijo en un ataque de rabia.


Capitulo 4: ¡Ladrón!

- Ya van cuatro…- dijo Link sin creerlo. Frente a él una muy mencionada pelirroja devorando un plato de comida sobre la mesa y junto a ella una montaña de platos.

- Mmm… y no pareciera que fuese a detenerse pronto - respondió alegremente la dueña del bar. Sin embargo el rubio suspiró.

- ¡Qué deliciosa es la comida! – exclamó la chica como si nunca hubiese comido en su vida.

- Jiji creo que me conseguí una buena clienta… - dijo extremadamente alegre Telma.

En cuestión de minutos la pelirroja finalmente había acabado de devorar aquella cantidad de comida que solo una ballena sería capaz de ingerir.

- Ahhh… ¡qué bueno estuvo todo! – exclamó la satisfecha en un suspiro.

- "Claro como tú no pagas" – pensó el joven.

- Pero si se lo ha comido todo – dijo la dueña del bar mirando la escena impresionada, mientras que Link se hallaba incrédulo e irritado.

- "Aquí se van mis rupías" – pensó el muchacho un momento antes de dirigirse a la dueña del bar.

Suspiró antes de dejar salir las palabras que más le costarían – Yo pago… ¿Cuánto es? – preguntó.

- No hablarás en serio, ¿vas a pagar otra vez por ella? – preguntó la mujer y sonrió pícaramente. El chico no pudo evitar estremecerse ante aquella cara tan extraña y maliciosa de la señora – Ya entiendo lo que está pasando mhmhmmm… - dijo con una risa de labios cerrados. Un escalofrío recorrió el cuello del rubio -¡Es tu novia! – exclamó Telma con la felicidad de una niña en la mañana de navidad.

- ¡¿Qué? – Las mejillas del Hyliano se tornaron rojo tomate – ¡Claro que no! ¡ella no es mi novia! Solo es una chica… muy molesta… – dijo nervioso el chico.

- Aja… - dijo sin creerle la mujer.

- ¡Hablo enserio! – sus mejillas ardían.

- Oh vamos, Renado me contó todo ayer… El héroe rescató a la pobre damisela de un desmayo – dijo dramatizando la escena – Y luego estuvo pendiente de ella por 2 largos días hasta que despertó, para más tarde quedarse una noche junto a ella "cuidando una niña" – y le guiñó el ojo.

- ¿Por qué malinterpretas las cosas? – dijo con molestia.

Se escuchó la puerta del bar abrirse y a través de ellas se observaron a dos personas entrando, inesperadamente juntas: Ashei y el caballero Alexander.

Link y Telma, voltearon a ver a la pareja.

- Mmm… Sir Alexander ¿qué te trae por aquí? – preguntó la mujer mostrando esa sonrisa tan típica de ella.

- Buenas Telma, que no ve que es obvio… - dijo señalando la supuesta "obviedad" que nadie parecía ver – estoy en una cita con Ashei – dijo colocando su brazo sobre los hombros de la chica. Link, Telma y la chica en cuestión se estremecieron de distintas maneras ante la respuesta.

- Tienes dos segundos para quitarme el brazo de encima si no quieres que te lo arranque… - dijo Ashei molesta.

- Jajaja… tenemos a una chica ruda entre nosotros… - dijo el hombre.

- "A dos… no conoces a Din" – pensó el rubio.

- … definitivamente eres mi tipo – le susurró mientras quitaba el brazo - ¿Pero que tendría de malo que tuviésemos una cita… Ashy? – exclamó el hombre.

- ¡Deja de llamarme Ashy! – Dijo Ashei saliéndose de sus casillas – Además si estuvieses en una cita sería más posible que fuera con Shad que conmigo – dijo en un tono serio, pero la burla era más que evidente. Además detrás de ellos venía Shad con un libro entre manos, que originalmente estaba acompañándolos, pero a diferencia de a la pareja nadie lo había notado.

- No claro, con el chico libros jajaja- dijo con sarcasmo y entró al bar sentándose en una de las mesas, mientras Ashei se encontraba en la barra junto a Link - Señora Telma… quisiera ordenar… - dijo levantado la mano y colocando sus pies sobre la mesa.

-Mmm… pídame lo que quiera caballero – dijo con un tono que se suponía era seductor y se acercó a pedirle la orden a Alexander, mientras Shad, tímido, se acercó al rubio y la chica. Y finalmente Din permanecía como parte del inmobiliario de lo llena que estaba.

- Ash… no puedo creer que ese hombre que coquetea con quien le pase por el frente, sea nuestro superior – dijo Ashei recostándose en la silla y cruzando los brazos.

- Buenas Link – dijo Shad, como el más educado de los tres y el único fuera del pleito.

- Ah… hola Shad – le respondió sonriendo.

- Escucha, estuve investigando… - dijo el chico de lentes como si le anunciase algo importante.

- ¿Qué cosa? – preguntó Link.

- Sobre los rubíes – esas palabras se dispararon como una alerta que, sin que ellos supiesen, llamó la atención de muchos seres en el bar, entre ellas principalmente la de Din. Shad abrió el libro que tenía entre brazos – Resulta que estás se consideraban celestiales en los tiempos anteriores, y se usaban para la fabricación exclusiva de espadas y joyería en una antigua tribu que habitaba los desiertos y era llamada Gerudo – Esas palabras por alguna razón le parecieron similares, a pesar de jamás haberlas oído – Esta tribu consistía de solo mujeres y en la cual un hombre nacía cada 100 años y lo nombraban su rey – explicó – Asociaban a estos rubíes con la única deidad a la que adoraban, La Diosa de la Arena, y la que aseguraban había descendido de los cielos para salvarlos de una bestia en tiempos ancestrales – dijo mientras le mostraba una imagen, casi jeroglífica, de una mujer enfrentándose a una enorme Cobra – Pero la tribu se extinguió hace muchos años, por razones desconocidas, pero constantemente menciona que la razón aparente fue que esta deidad las había abandonado – Le comentó -La antigüedad y rareza de esas piedras es enorme, al igual que su valor –

- Eso explica el valor que le dio la reina a esas piedras cuando se las entregamos – agregó Ashei. Las palabras volvieron a impactar aún más a los que estaban en el bar.

- Si, pero no explica cómo una cantidad así pudo llegar a una altura de la que pudiesen caer e impactar en Hyrule – explicó.

Telma volvió a la barra y con ella aquel consumidor anónimo que estaba en el bar cuando Din y Link llegaron, se acercó a pagar. El rubio le dio un vistazo, era una persona muy peculiar, estaba encapuchada y solo se podía apreciar parte de su rostro, en el cual su nariz y boca se hallaban cubiertos. Era de tez blanca aparentemente y en su rostro resaltaban sus enormes ojos de color rojo. También parecía llevar algún tipo de bulto en su cuello, parecía un animal, quizás un Cucco. De pronto Shad se exaltó al ver a la persona.

- ¡NO PUEDE SER! – Exclamó levantándose de golpe- ¡Eso que tiene ahí es un Oocca! – la persona volteó rápidamente a verlo, su capucha cayó revelando la parte superior de su rostro y al Oocca que efectivamente tenía .

Ashei lo vio, rápida y misteriosamente se levantó y desenfundó su espada dispuesta a atacar al individuo , pero la este fue mucho más rápido y saltó hacia atrás obteniendo una oportunidad de salir velozmente por la puerta del bar. Link no entendía lo que pasaba, todo ocurría demasiado rápido. La pelinegra se apresuró y corrió a la puerta, de la cual salió un destello blanco y al abrirla no había nada.

- ¡Demonios! – exclamó Ashei saliendo, revisó rápidamente los alrededores buscando al individuo sin resultados – Escapó de nuevo… -

- ¿Qué ocurre? – preguntó Shad impactado por todo lo que pasó en unos pocos segundos.

- ¿Acaso ese era…? – preguntó Alexander llegando tarde a la escena.

- Si el ladrón de la ciudadela – respondió - Ese maldito es demasiado veloz – agregó Ashei.

Link seguía sin comprender demasiado lo que pasaba. Din se levantó y se acercó a la escena, parecía algo apurada.

- Link, tenemos que irnos – dijo muy seria, cautivó la mirada de todos de maneras distintas. Ashei y Shad la veían extrañados y Alexander la observaba de una manera un tanto pervertida. La pelirroja salió por la puerta.

- Ah… voy… – dijo Link cual mascota – Con permiso Telma, gracias por todo – le dijo a la mujer – Me tengo que ir… ¡nos vemos luego! – se dirigió a todos, se levantó y siguió a la pelirroja.

- ¿Quién es ella? – preguntó Shad a Telma.

- Larga historia chico… siéntate y escucha – dijo la mujer sonriendo.


La tarde comenzaba a caer lentamente, dando la bienvenida a la noche, mientras caminaban por la plaza central de la ciudadela, observando todo el alrededor. Din parecía estar apreciando los detalles de la ciudadela tan cautelosamente, que Link no entendía cual era el apuro que tenía hace un momento. Veía a su alrededor y en su rostro se mostraba una perfecta mezcla de nostalgia y alegría. No decía ni una palabra y Link solo la seguía esperando, intrigado y quizás algo preocupado. La chica se detuvo ante la estatua de la Trifuerza que había en la fuente. Le dedicó una mirada, observaba fijamente, para luego dirigir sus ojos al enorme y majestuoso castillo.

Suspiró - Link… - dijo firmemente.

- ¿Estás bien? – preguntó el muchacho por la extraña actitud que tenía.

- Antes de irnos de la ciudadela me gustaría… - dijo aparentemente ignorando su comentario y volteando a verlo – conocer a la reina – terminó su frase.

- ¿Qué? ¿Pero para que quieres conocer a la reina? – preguntó. ¿Bajo qué escusa podía llevar a esa chica ante la reina?

- Vamos… eres un "caballero" ¿no? Estoy segura de que puedes llevar a cabo una simple tarea como esta – dijo guiñándole el ojo. Bueno nada perdía con intentarlo, ya de por si habían pasado muchas cosas extrañas esa semana, una extrañez más no tenía por qué hacerle daño.


- Por su puesto... ¡Que no! ¿Qué se ha creído, de quien cree que está hablando? ¿Cómo espera que le deje llevar a una extraña que ni siquiera es del reino de Hyrule, ante la mismísima reina? – preguntó indignado aquel hombre del bigote y cabello oscuro que había guiado a Link por el castillo el día de su ceremonia.

- Es que pensé que… - dijo Link muy avergonzado.

- Me decepciona de sobre manera esta actitud de parte de usted, joven pensé que usted sería mucho más responsable con el honor de ser un caballero… - echó el sermón el hombre.

- ¿Qué ocurre Gustav? – preguntó una voz femenina que venía detrás del hombre.

- ¡No me interrumpa! – gritó el hombre que seguía sermoneando a Link. De pronto este se paralizo y paró de hablar, volteó lentamente y comenzó a sudar frío – S…su…. Majes….¡Su Majestad! – Dijo poniéndose de rodillas – Di-di-disculpe mi atrevimiento, no soy digno de su presencia en este momento, le suplico su perdón – dijo llorando en el suelo frente a la reina Zelda.

- ¿Qué está sucediendo? – preguntó firmemente la reina.

- Su majestad el joven caballero Link deseaba llevar antes usted a aquella joven y bueno yo… - explicó. Zelda dirigió su mirada a Din y sus ojos se abrieron ligeramente sorprendidos al verla.

- Pasen – dijo a Link y Din – los estaba esperando – explicó. Link no comprendía.

- Claro Zelda, vieja amiga… - dijo la pelirroja comenzando a avanzar – Vamos Link – dijo guiñándole el ojo.

¿Se conocían...? ¡No podía ser! algo no encajaba bien, Din quería conocer a la reina. Las siguió sin pensarlo mucho debido a la situación, pero entre uno de los pasillos que recorrieron el rubio se atrevió a preguntar:

- ¿Entonces ustedes se conocen de antes, su majestad? – les preguntó. Din y Zelda se miraron una a la otra por un segundo y rieron al mismo tiempo. El rubio se intrigó mucho más.

- Chico, no sabes disimular – dijo Din. Amabas caminaron juntas, cual amigas. Dos personalidades tan distintas congeniando de esa manera le causaban confusión.

- Has venido en busca de los rubíes, si no me equivoco – preguntó Zelda.

- Mmm… eres tan sabia como supuse – Dijo la pelirroja.

- Por aquí – dijo abriendo una de las puertas en el pasillo.

Había algo extraño en ese lugar, como si Zelda, lo más alto de las personas, la gobernante de Hyrule, hubiese perdido autoridad y hubiese quedado de… pues esa cosa que se hacía llamar Din. Algo místico ocurrió, repentinamente, como si el tiempo se hubiese detenido. Link sintió una extraña presencia más en el pasillo. Vio por unos segundos a una dama vestida de azul que lo veía con ojos de juicio y tomó una espada de su espalda y la apuntó a él. Dentro de él un presentimiento de que debía detenerse apareció. Algún extraño poder le advertía que no debía entrar en esa habitación. Sus piernas comenzaron a temblar, la dama de azul comenzaba a avanzar aún blandiendo su espada mientras el sonido de un reloj que corría apresurado se escuchaba, como si anunciase que se le acababa el tiempo. Link sintió miedo, pero poco a poco se transformó en un sentimiento de arrepentimiento. La escena parecía el momento de una ejecución y ahí fue cuando tuvo una visión:

Estaba en el patíbulo del desierto, rodeado por aquellas místicas figuras de los Sabios Ancestrales, lo veían con dolor. El sol caía fuertemente sobre su rostro, casi quemándolo. Frente a él una figura humana muerta, ensangrentada y rodeada por una cobra, la misma cobra que había visto en el libro de Shad. De pronto el cielo se oscureció, y se desató una tormenta. El eco de mil gritos y llantos invadió la escena, mientras el suelo comenzaba a temblar y el patíbulo se derrumbaba.
En un segundo todo estaba en blanco y él estaba solo, en medio de aquella nada. Pero esa paz duró poco, su cuerpo comenzó a desmoronarse en granos de arena, hasta desaparecer.

Ahora todo estaba oscuro, se escuchó el sonido de una puerta que se abría rechinando. Volvió a la realidad.

De nuevo en aquel castillo, con Din y Zelda entrando en la habitación. Link sudaba frío y su respiración era cortada. Analizó lo que acababa de pasar ¿Qué debía hacer? ¿Acaso era cierto lo que vio? ¿Qué tenía de particular esa habitación? Tragó saliva y se dispuso a entrar, tenía que averiguar que aguardaba ahí adentro, así sería la única manera de evitarlo, si ese destino era verdadero. Sin embargo todo aquello era muy confuso en ese momento. El rubio no tenía idea, de que lo que estaba por hacer marcaría su destino y de todo Hyrule.


:D les gustó! Saben que si! xD

Bueno eso espero, ya se comienzan a revelar cositas jejeje y creo que un par de parejas raras se me ocurrieron :)

Nos leemos!