10º capítulo: El dolor de una pérdida traumática.
Silver se palpó el brazo. Ya no le dolía en absoluto. Se había curado justo después del incidente en el aire con el Windbreaker. Era algo inverosímil, sí, pero era así. A lo mejor esa era la cura. Forzar la herida hasta el límite. El erizo no sabía cómo explicarlo pero estaba feliz de comprobar que podía volver a utilizar con normalidad su miembro. Sonrió y levantó la vista. Un gran árbol se alzaba ante él. En realidad no era tan grande. Debía medir como 5 o 6 metros de altura. Sin embargo, era lo suficientemente alto para poder divisar el claro en el que Mach había hecho aterrizar el Windbreaker. Un claro situado en el interior del bosque en el que se encontraba.
Abandonando su sonrisa, Silver flexionó las rodillas e invocó sus poderes. Pronto se encontró ascendiendo, sostenido por una cuerda invisible de energía psíquica. Subía y subía con tranquila lentitud. Soltó su conexión con la telequinesia al llegar a la rama más fuerte y gruesa, que estaba más cerca de la copa, en la que se podía sentar. Llevándose una mano a la frente, observó el iluminado horizonte. El sol comenzaba a ocultarse, a dictar el final de otro día. Brillos anaranjados, rosáceos y rojos teñía el cielo con una sutil belleza que apenas se podía apreciar por el ojo de un ser vivo. Ya estaban acostumbrados a muchos anocheceres, por desgracia, y no eran capaces de admirar tal espectáculo de colores y, sobre todo, de pura vida. Silver apoyó las manos en su regazo y esperó a que una bandada de golondrinas cruzara la hermosa esfera candente para bajar la mirada. Sus ojos captaron el claro anteriormente dicho donde habían instalado el campamento. Mach parecía estar más repuesto que antes. En ese momento, se encontraba limpiando las alas de la avioneta con una bayeta. Movía su rabo peludo de un lado a otro y Silver pudo imaginárselo cantando alguna melodía; Shadow no se encontraba cerca. Había mencionado algo de ir a una ciudad próxima al bosque, a buscar combustible. No se había llevado las Chaos Emeralds. Al plateado le reconfortó esa idea; por último, Blaze estaba sentada en el suelo, apoyada en la rueda trasera del avión y con la cola rodeándole la cadera. Parecía estar pensando o reflexionando en algo. Estaba ausente, con la mirada perdida en el vacío. Estaba de una manera que Silver nunca la vio estar. Algo tenía que pasarle a la gata.
La media hora restante antes de que la noche llegara con su manto oscuro, Silver la había pasado observando a Blaze. No se había movido del sitio, ni siquiera se había levantado un segundo para estirar las piernas. Era como si esperase a convertirse en árbol, o en piedra, en algún ser incapaz de moverse. El erizo estaba preocupado. Sin embargo, tuvo que abandonar su escondite y regresar al claro. El sol ya había dejado su legado a la luna y a las estrellas.
-Hola, chicos- saludó desganado nada más pisar el campamento.
-Bienvenido, Silver- le respondió Mach recuperando una pizca de su humor particular. Apenas unas horas y ya lo conocía como si hubiese pasado una semana. Así de transparente debía de ser el zorro.
Como realmente esperaba, Blaze no articuló palabra.
-¿Shadow todavía no ha regresado?- preguntó en colectivo, el plata.
-Pues no…A lo mejor sufrió algunos contratiempos- Mach siguió respondiendo- ¿No será mejor ir a ayudarle?
-No. Sabe arreglárselas muy bien él solito. Que se las apañe como pueda- apretó con fuerza los dientes y los puños y a continuación pronunció inaudiblemente- Como si está peleando de nuevo con Red. A mí me da lo mismo.
Silver no le miró pero sabía que Mach había clavado sus ojos en él y que se había encogido de hombros. Después siguió atendiendo a su querida avioneta. El plateado relajó los músculos y se dejó caer sobre la hierba. Sentado, cruzó las piernas y comenzó a dormitar. No tenía ganas de hacer nada, sólo descansar y descansar…
El ulular inesperado de un búho oculto en el oscuro bosque nocturno, logró despertar a Silver de su letargo. El erizo levantó la cabeza y se dio cuenta de que se había quedado dormido con la postura con la que se había sentado. Cerró los ojos un par de veces para deshacerse de la sensación de peso en sus finos párpados y, con mucha fuerza de voluntad, fue separando sus piernas cruzadas. Un insoportable hormigueo empezó a circular pos sus miembros, semejante a cientos de minúsculas pirañas arrancándole la piel a mordiscos. Gruñó quejumbrosamente en respuesta. Con cuidado, y resignándose a los pinchazos de sus piernas a cada movimiento, fue poniéndose en pie y ya cuando sus pies tocaron el suelo, las agitó para liberarse del cosquilleo. No tardó en recuperar la circulación.
Silver se estremeció. Hacía frío. Debían ser altas horas de la madrugada ¿las 4:00, quizás? No lo sabía con exactitud. Sólo sabía que si se quedaba ahí quieto y no cogía una manta se iba a congelar como un polo de nata. Haciendo caso a su instinto de calentarse, se dirigió al Windbreaker. Deseaba que allí hubiese algo para protegerse. Como el avión le quedaba un poco alto para asomarse, tuvo que hacer uso de su telequinesia. Con ella, se elevó unos pocos centímetros e inspeccionó los asientos en busca de una ropa de abrigo. Se tuvo que aguantar una exclamación al ver a Mach roncando en el asiento del piloto. Su gorra azul le tapaba los ojos y parte de la nariz.
-¿Es que no se separa de la avioneta ni para dormir?- susurró para sí mismo.
Por desgracia, Silver no encontró nada. Con desánimo, descendió hasta la hierba, se cubrió los antebrazos con las manos y empezó a tiritar. Qué daría él ahora por una buena fogata ¡fogata! ¡Blaze! Seguro que le podía ayudar. Aunque en el fondo temía que le calentase demasiado si la despertaba de su sueño.
-Por lo menos no estaré creando cubitos de hielo en las púas,
Agitándose, Silver rodeó el morro del Windbreaker y buscó el lecho de la felina. Al único que encontró fue a Shadow apoyado en el tronco de un árbol. Intimidación y odio asaltaron su corazón a la vez. Por una parte se preguntaba si sería capaz de asfixiarlo con sus poderes psíquicos; pero por otra le asustaba la forma en que dormía, tan siniestramente sereno…
-Ignóralo, Silver. Serán paranoias tuyas- pensó para él.
Buscó por todo su alrededor a Blaze, pero no se hallaba en el claro ¿se habría marchado mientras dormían? Era lo más probable. La preocupación sustituyó a la sensación de frío. Si se había ido era porque seguramente no se encontraba bien interiormente. La conocía y sabía que en esos casos lo que más le gustaba hacer era desaparecer del mundo. Pero no podía dejarla sola. Ella necesitaba hablar. Necesitaba contar qué le preocupaba. Silver frunció el ceño y se adentró en el bosque sin más luz que la que emitían sus guantes extravagantes. Ojalá no tardara mucho en encontrarla.
El ruido de la maleza en movimiento la alertó de que alguien había descubierto su escondite. Pero, sencillamente, no dejó que le importase. Ignoró ese hecho. Nadie iría a buscarla hasta allí, a nadie le importaba demasiado, a nadie excepto una persona: Silver. Si alguien había llegado hasta ese lugar para encontrarla era, sin duda, Silver. La única persona que la quería tal y como era. Que la apreciaba por ser Blaze the Cat. Sin prestar mucha atención, la gata escuchó un tenue susurro detrás de ella. La felina se acomodó en la roca sobre la que estaba sentada pero no volteó a ver quién había hablado.
-¿Qué haces aquí?- la más que familiar voz de su amigo plateado inundó sus oídos a pesar de que aquella frase no había sido más que un hilo de voz- Volvamos a claro. Hace frío.
-No te ha pedido nadie que vinieras- respondió rotundamente. Blaze se mordió la lengua, molesta ¿cuándo sería capaz de tragarse su orgullo?
-He querido yo- de reojo, la piroquinética observó cómo se sentaba a su lado, a un borde de la roca- ¿Qué te ocurre, Blaze?
Entrecerró los ojos y apretó fuertemente los dedos bajo las palmas de sus manos.
-Absolutamente nada- mintió con tono rudo.
Una mano fría pero a la vez cálida rodeó su muñeca derecha. Un dedo acarició su fina piel. Blaze giró la cabeza y se encontró de lleno con los ojos dorados de Silver. Una sensación sumamente acogedora envolvió su estómago. Ahora estaba tranquila.
-Silver…no puedo- murmuró. El plateado no alcanzó a verlo pero una lágrima se deslizó en ese momento por la suave mejilla de Blaze- ¿por qué no puedo superar mis miedos, Silver? ¿Por qué no puedo romper las barreras que bloquean mis Alas de Fénix?
-¿Tienes acrofobia?- cuestionó suavemente el psicoquinético.
Con gesto tembloroso, la felina asintió con la cabeza.
-¿Por qué crees que salté de la cascada aquel día que encontramos la Chaos Emerald? Sabía que tú estabas allí. Te había oído llegar. Por eso me lancé, porque tenía la seguridad de que si fallaba en mi invocación me salvarías con tu telequinesis- sorbió fuertemente el aire por la nariz. Sus ojos lanzaron destellos acuosos a la luz de las estrellas- ¿Sabes por qué salté a por Red en la ocasión del derrumbe de los edificios? ¡Pues por furia, nada más! ¡Por maldita furia y venganza! Me he creado una rivalidad inquebrantable con ese enano y cada vez que lo veo delante de mí no puedo evitar atacarle. Esa vez estaba fuera de mí y cuando me di cuenta de que estaba sobrevolando el lugar…todo falló…
El dedo cariñoso de Silver no dejó de acariciarla en ningún instante al terminar su confesión.
-¿Desde cuándo, Blaze?
Un pinchazo en el pecho la sorprendió en el momento en que ella repasó sus memorias, buscando el día en donde el alma del miedo a las alturas se adentró en su cuerpo.
-Todo empezó…cuando tenía cuatro años. En ese entonces ni siquiera te había conocido- respiró una gran bocanada de aire antes de continuar- Había fiesta en Alpha City, recuerdo que la guardería se había suspendido. Mi…madre estaba feliz, quería pasar la tarde las dos juntas. Y así lo hicimos. En la ciudad había una feria con atracciones y una noria. Decidimos ir y justo cuando estaba acabando el día, montamos en la noria. Al principio, todo bien. Ambas nos lo estábamos pasando en grande, éramos madre e hija, unidas- Blaze sonrió y miró hacia un cielo moteado de estrellas brillantes- Pero…a la quinta vuelta, la noria se detuvo y varios vagones cayeron al suelo. Quizás se debió a un recalentamiento de la estructura, o simplemente se había soltado una pieza. No sé qué fue lo que pasó. Pero ese suceso provocó que nuestro vagón también cayera, desde la parte más alta de la noria. Estuve despierta en toda la caída. Me visualizo chillando, temblando, agarrada a mi madre. No tengo constancia de lo qué ocurrió después. Sólo sé que me desperté ya en el suelo, y mi madre estaba debajo de mí- un sollozo involuntario escapó de la garganta de la felina. Le dolía profundamente recordarlo- Había…muerto por protegerme…
Recurriendo a su gran fuerza de voluntad, Blaze se aguantó el llanto, quién luchaba por salir y llevarse consigo el dolor de una pérdida traumática. El aproximamiento de Silver y sus brazos rodeándola cariñosamente no ayudaron en la tarea, pero ella siguió manteniendo las lágrimas dentro de sí. Sin embargo, dejó a un lado su ego y apoyó la cabeza en un costado del erizo.
-Blaze…Blaze…- un beso aterrizó a un lado de su frente- Sabes que no estás sola, Blaze. Me tienes a mí, a tu lado, y nunca te abandonaré. Pase lo que pase siempre estaré contigo.
-Un día te cansarás de mí, y de mi actitud ¿y qué pasará si escojo una decisión que nos perjudicara a los dos?
-Para empezar, nunca me cansaré de ti. He tenido muchos años para acostumbrarme a tu forma de ser- Silver rió y le acarició un hombro- Y si eso pasara, afrontaré lo que tenga que afrontar. Pero jamás te abandonaría. Eres mi amiga, para lo bueno y para lo malo.
La gata piroquinética lloró en silencio mas no pudo evitar abrazar también a Silver. Qué haría sin él, qué haría sin su erizo. Él único que la llegaba a entender, él único que la apoyaba en esos casos ¿Qué haría? Dejar de vivir. Dejar el mundo porque para ella, Silver era la encarnación de su propia vida.
Primero: Me disculpo por haber tardado tanto en actualizar. Pero supongo que estaréis más que hartos de oír la misma explicación. Bueno, he empezado las clases y el curso que estudio ahora es importante, tanto que decidirá qué será de mi vida en el futuro. No es como antes, así que si antes tardaba no quiero ni imaginarme lo que me demoraré ahora. Pido perdón.
Segundo: Bien, en este capítulo averiguamos la ya sabida fobia de Blaze a las alturas: acrofobia. Sí, la acrofobia es el miedo excesivo a las grandes alturas. Jaja, sólo quería aclararlo por si acaso.
Tercero: Pues como no tengo nada que contar, paso a los agradecimientos:
Tifón the Hedgehog: Gracias, Tifón, por tu review. Jaja, Blaze se desmayó más bien por la angustia que sufrió en el avión, y ya sabrás porqué ¿no? Jeje, me alegro de que te hubiese gustado el cap. Nos leemos
Master the Hedgehog: Muchas gracias, Master, por el review. Jaja, sí, Red quedó guapísimo en la pelea, jaja. Pero yo no las hago tan bien y tan emocionantes las peleas como tú. Y, sí, los que estaban con Red eran sus hermanos. Y, bueno, supongo que Shadow siempre fue excesivamente fuerte. Además tenía una Emerald consigo, cosa que Red no tenía en la pelea. Digamos que no fue una batalla muy justa ¡Y Ray! ¿Qué haces suponiendo cosas en mis fanfics? ¡Ese zorro no tiene nada que ver con nada, jaja! ¡Deja de hacer especulaciones o tendré que decirle a Master que te encierre en cada publicación que haga de mis fanfics! Hummmm...jaja. Bueno, nos leemos, amigo.
Bloomblaze7896: Gracias, Bloom, por el review. Me alegro de que te haya gustado el cap.
The Princess Blaze the Cat: Gracias por el review. Sí, ya sé lo duro que es 2º ESO ya que yo también lo viví, pero si estudias aunque sea un poquito lo sacas fácil. Y disfruta de secundaria que después viene Bachiller y ya cuenta como nota para la selectividad y ya no es broma. Jaja, el curso que más me ha gustado a mí fue 4º ESO porque además empezaba nueva. Todo me fue estupendamente y los profes eran (y siguen siendo) majísimos (sobre todo el de Biología, jaja, me encanta). Además, leí tu fanfic. No está mal, no está mal. Te recomiendo que lo sigas pero en un formato más profesional como es el Word. Y, oye, si te dicen que cantas bien ¿por qué no te lo crees? Jaja, nadie te va a halagar por halagar. Así que créete los cumplidos que te dicen
En fin, gente, perdonadme por la demora (y, de paso, por las futuras demoras) y, bueno, tampoco hay mucho que contar, la verdad, jeje. Nos leemos en otra ocasión ¡Se os quiere!
Wings-Dragon
