13º capítulo: Descontrol.

Silver y Mach se miraron con una mueca de triunfo en sus rostros. Ese podía ser el pasaje hacia otra Chaos Emerald. No obstante, el erizo era el que más emocionado estaba. La idea de tener esa esmeralda entre sus manos psicoquinéticas le excitaba hasta tal punto de sentir una supuesta influencia emanada por la piedra. Como si la propia Emerald le estuviese llamando. Aquella sensación era imposible de ignorar y alimentaba los deseos de Silver hasta límites incontrolables. Necesitaba más que nunca hacerse con ella.

El blanquecino apartó la mirada y agarró fuertemente la piedra dorada que portaba en su mano derecha. Sería su guía durante la marcha. Con un pequeño salto, Silver se introdujo en el pasadizo. Era bastante estrecho y oscuro pero se podía caminar con facilidad y la luz de la Esmeralda del Caos titilante iluminaba más que suficiente. Sonrió pero antes de dar el primer paso hasta su objetivo, la voz de Mach le detuvo.

-Shadow, nos ordenó avisarle si la Chaos Emerald reaccionaba- el eco de su voz amplificó el mensaje y golpeó duramente el cráneo de Silver, quién profirió un gruñido de frustración- ¿No deberíamos hacerlo?

La furia que ardió en él al escuchar esas palabras le hizo apretar los labios y soltar una risita más falsa que un tigre azul. Con los ojos cerrados y en silencio, rebajó aquella llama contando del uno al diez, muy, muy despacio.

-Creo…creo que nos podemos valer por nosotros mismos- y con esa frase, comenzó a andar sin importarle si Mach iba detrás de él. No obstante, el eco que había amplificó los pasos del zorro adentrándose en el túnel y en pocos segundos, ya estaba caminando al lado de él.

Silver le lanzó un vistazo rápido, aunque no lograse verle el rostro debido a la oscuridad perpetua del lugar. Por una parte, le calmaba la presencia despreocupada de Mach. Admitía que estaba tenso por lo que podía encontrar al final del recorrido, y tener un compañero en el que apoyarse le tranquilizaba bastante. Sin embargo, nadie igualaba a la valiente y descarada Blaze. Con ella se sentía más seguro que con su propia madre. Cuando estaba junto a la gata, algo dentro de él le decía que todo iba a salir perfectamente. Por eso, en todo ese tiempo, no le ha faltado seguridad en sí mismo para enfrentarse a aquellas endemoniadas situaciones. Ahora se encontraba con Mach, no estaba Blaze, y esa confianza había disminuido, mas aún era capaz de afrontar algún pequeño reto…

Aún con la gran cantidad de luz que irradiaba la Emerald, todavía era posible golpearse con alguna piedrecita desapercibida o alguna liana colgante del techo. En todo su paseo, habían ido cuesta abajo y no habían girado ni una sola vez. Silver pensaba que aquel pasaje simplemente era una especie de conector entre el exterior y lo que debía llevar a Cristal Lake. Por eso no habían cogido ninguna desviación ni habían cambiado de rumbo. Su teoría se confirmó cuando el terreno empezó a ensancharse hasta convertirse en una abertura por la que acceder a un pasadizo mucho más ancho. Al fondo de dicho pasadizo se podía entrever un pequeño punto de luz blanca: la salida.

-¡Ahí está!- exclamó Silver, completamente emocionado. Miró la Chaos Emerald. Su brillo se había vuelto completamente uniforme e intenso- ¡Estamos muy cerca, Mach!

-Pues avancemos. No nos detengamos ahora, vamos- animó el mecánico, apretando fuertemente los puños.

Sin esperar ni un minuto más, ambos camaradas se lanzaron a correr hacia la luz, la cual iba aumentando de tamaño a cada zancada que daban. Mach iba por delante, quizás, porque era bastante mayor que Silver. Sin embargo, fue un detalle desapercibido para el erizo psicoquinético. El plateado estaba más centrado en su ansia de lo que se proponía hacer que en lo que pasaba a su alrededor.

Debido a una inesperada ceguera luminosa, Silver tuvo que agachar la cabeza y cerrar los ojos con fuerza. Al principio, le costó acostumbrarse a la luz del sol, a pesar de haber estado escasos minutos en presencia de oscuridad únicamente. No obstante, poco a poco fue recuperando su visión óptima. Ya cuando se hubo adaptado al brillo del exterior, Silver levantó la testa con lentitud. Lo que captaron en ese instante sus ojos dorados nubló su mente, quedándose boquiabierto. Estaban claramente bajo tierra. Sin embargo, los rayos del sol de la tarde entraban al subsuelo por pequeñas estrías rocosas que se encontraban en el techo del habitáculo esférico, el cual era mucho más grande que un campo de fútbol. Aquella presencia de luz solar, permitía la subsistencia de una mínima vegetación. La hierba crecía a los pies de Silver y un Mach completamente abrumado, al igual que pequeños arbustos entre las rocas.

Pero lo más impresionante e irreal estaba en el centro de aquel sitio oculto y virgen: Un lago. Un lago que abarcaba tres cuartos de la cámara. Un lago de aguas puras y cristalinas. Transparente como el mismísimo cristal y calmo como un día tras una tormenta. Ni una onda se asomaba en su superficie uniforme. El mismo reflejo que se proyectaba en él parecía ser algo real, como si no existiese líquido allí. Sin duda, era un paisaje de lo más hermoso e inmaculado.

-Es…es…oh…- fue lo único que llegó a musitar el erizo psíquico ante tal belleza sin igual.

-Es más que evidente suponer que…nos hallamos en Cristal Lake- logró pronunciar Mach, con voz tenue y lenta.

-Sí…- susurró en respuesta, con párpados caídos, Silver- No me extraña nada que aquí haya una esmeralda. Eh… ¡una esmeralda!- el recuerdo de la razón de por qué estaba allí hizo desaparecer toda fascinación y maravilla en la mente del plateado para sustituirla de nuevo por el deseo y el anhelo de lo poderoso.

Moviendo la cabeza hacia los lados, Silver alzó la Emerald fulgurante, encajada en su mano, hacia delante. Estaba seguro de que su hermana reaccionaría de la misma manera si se encontraban cerca. Inmóvil en el sitio donde permanecía, el erizo únicamente movió su brazo portador de la esmeralda. Al comprobar que no ocurría nada alrededor de él, avanzó hacia al lago, aún con la Chaos Emerald presente. Mach lo observaba con suma curiosidad. Silver siguió caminando hasta posicionarse en la orilla del lago. Miró a sus costados, sin hallar alguna respuesta. Después dirigió su mirada al frente y fue entonces cuando dejó su mirada fija al divisar lo que buscaba: una luz etérea, de color verde. Un verde frío y estremecedor. Aquella luz sobresalía de la calma agua del lago cristalino, como si estuviese desesperada por volver a reunirse con el congénere que Silver agarraba en su mano derecha. El telequinético no le privaría de tal deseo.

Con expresión triunfante, Silver se despojó de sus botas extravagantes y las abandonó un poco más allá del borde del lago. A continuación, levantó una de sus delgadas piernas plateadas. Un cosquilleo recorrió la columna vertebral del erizo al entrar en contacto con aquella agua gélida. Su propia respiración se cortó mientras hundía el pie y después la rodilla. No tardó en pisar tierra dura pero lisa bajo la superficie. No obstante, se resignaba a meter su otra pierna. Tenso y rígido debido a los dolorosos brazos de la frialdad, bajó la cabeza para ver su reflejo proyectado en el agua transparente. Con un suspiro, se mojó los labios con saliva y, sin meditarlo un segundo más, hundió su otro miembro. Profirió un grito ahogado al sentir más lacerantes y frías uñas en su fina piel. Ahora debía andar.

Volvió a levantar la cabeza y distinguió, de nuevo, la luz verde de la tercera Esmeralda del Caos. Tragó saliva, lo cual le costó bastante al tener la tráquea totalmente agarrotada, y se armó de valor para dar los primeros pasos. Al principio, era como si en vez de mover unas piernas moviese pilares de piedra encallados al suelo. Sin embargo, logró relajar la tensión en sus músculos y pudo andar con ligera normalidad. Mas le era imposible calmar los temblores de su cuerpo al estar expuesto a ese líquido tan frío. Pero, por suerte para él, no tuvo que llegar hasta el final. Ni siquiera tuvo que avanzar hasta zonas que le cubriesen. Sólo le faltó acercarse doce pasos para que una piedra, verde como un bosque iluminado por el sol, se elevase desde el fondo del lago y quedara suspendida en el aire de forma espléndida. La Chaos Emerald semejaba una pequeña hada guardiana de aquel lugar legendario. A Silver le fascinó esa vista, más que nada porque estaba a medio palmo de ser más poderoso que Shadow. Estaba a punto de enseñarle a ese personaje tan "agradable" lo fuerte que podía llegar a ser.

Con un brillo de satisfacción en los ojos, Silver reunió la fuerza suficiente para saltar del agua e invocar su telequinesia. Se olvidó por completó de su falta de calor mientras ascendía en diagonal, con la mano totalmente abierta, hacia ese objeto tan apreciado. En tierra, Mach observaba el avance psíquico del erizo con ojos hipnotizados.

A medio camino de su premio, Silver rebajó su velocidad de vuelo poniendo los brazos en horizontal y enderezándose hasta quedar perpendicular al lago. Ahora sólo tenía que rodear la Emerald con los dedos para completar su misión. Ya podía sentir dentro de él la poderosa energía encerrada dentro de aquella gema mítica y extraordinaria. Obviamente, ante la presencia de la esmeralda, el cuerpo de Silver se agitó, como si le advirtiese que lo que tenía delante de sus narices no era un mero juguete con el que divertirse. Era como si una presencia secreta dentro de él le dijese "no hagas imbecilidades, no hagas imbecilidades". Pero no podía ignorar la intensísima atracción que manifestaba hacia la Chaos Emerald y poco a poco fue resguardándola entre la palma de su mano.

Silver se estremeció al entrar en contacto con la estructura cálida de la joya. Sus ojos se medio cerraron y, casi en el borde de una atrayente inconsciencia placentera, movió sutilmente los labios. No obstante, tuvo que recobrar su concentración al escuchar una explosión debajo de él. El blanquecino agachó la cabeza y su sorpresa fue aterradora cuando vio alzarse desde el lago tres monstruosas columnas de agua que se contorsionaban cuales serpientes marinas y empezaban a rodear peligrosamente a Silver. El erizo, esmeralda ya en mano, trató de huir de su posición pero fue demasiado tarde y los pilares acuosos e inquebrantables le impidieron el paso. El miedo se apoderó él y, en un intento desesperado por escapar, concentró su energía telequinética y la lanzó contra las columnas. Fue imposible romperlas a pesar de que eran puramente agua líquida. Entonces, las tres columnas que rodeaban a Silver se fusionaron y engulleron al erizo en un torbellino mortal del cual no había forma de librarse. El plateado trató de mantener la cabeza en su sitio y no dejarse llevar por las emociones y el instinto pero aquel pensamiento se desvaneció como polvo en el aire en el momento en que comenzó a sentir que perdía el sentido de la orientación y que le faltaba aire y oxígeno en sus achicados pulmones. Con todo el cuerpo extendido y ya a punto de tener un ataque de ansiedad, Silver pataleó y lanzó puñetazos a diestro y siniestro. Quizás pensó que eso sería suficiente para partir aquellos fenómenos endemoniados. Si realmente fue eso lo primero que le pasó por el cerebro, bien ingenuo era. Pero la verdad es que era lo único que podía hacer.

Totalmente abandonado y mareado en ese remolino de perdición, Silver ya estaba notando los primeros síntomas de la falta de oxígeno en su cuerpo. Cuanto daría ahora por una buena bocanada de aire fresco. Dentro de él, sus propios bronquios le ardían y su garganta estaba empezando a soltar un ácido que parecía estar corroyendo su piel. En respuesta a ese sufrimiento eterno, se llevó las dos manos ocupadas por Emeralds a su cuello y lo apretó fuertemente. Fue en ese instante cuando dio por imposible salir de esa situación. El afán de poder y codicia le habían llevado a eso ¿cómo podía haberse dejado cegar?

Entre las palmas de Silver, las Chaos Emeralds empezaron a brillar de una manera intensísima y, aunque no era consciente de ello, las piedras todopoderosas estaban tocándose la una a la otra. La luz le deslumbró por un momento pero no pudo volver a distinguir lo que había a su alrededor porque era incapaz de abrir sus ojos. El poco neuma que le quedaba estaba haciendo que se adormilase. Silver se preguntó si sería aquello el pase a dar a la muerte para que te llevase con ella…a un mundo sin sufrimiento…Deseaba poder estar allí cuanto antes. Lo último que sintió antes de desconectar de la realidad fue cómo unos dedos se aferraban a sus brazos y tiraban de él hacia un lugar desconocido. Por fin estaba en brazos de la muerte…

Lo primero que hizo al darse cuenta de que su cabeza estaba empezando a funcionar de nuevo, fue mover los dedos de sus entumecidas manos. Arañó una sustancia fría y húmeda: tierra, tierra con finas briznas de hierba fresca. Después, se llevó una palma temblorosa a su pecho peludo, el cual subía y bajaba al ritmo de un compás interminable. Sonrió al notar el preciado aire entrar y alimentar su cuerpo. Entonces, se decidió a abrir los ojos, no obstante, en un acto reflejo, la oscuridad lo sumió en un mínimo segundo al haberse visto invadido por un haz de luz inesperadamente cegador. Alegre de saber con verdadera certeza que estaba vivo, parpadeó para acostumbrarse poco a poco al brillo del sol, ya poniente.

Se incorporó lentamente y, por un breve momento, las fuerzas le fallaron y su figura plateada volvió a tocar suelo de rodillas. Un quejido salió de la garganta levemente irritada de Silver al percatarse que unas condenadas piedrecillas acababan de rasparle la piel y hacerle unos superficiales arañazos. Los ignoró y realizó un segundo intento de ponerse en pie. Esta vez, las energías estuvieron de su parte y consiguió aguantarse sobre sus dos piernas.

Respiró hondo y justo le subió un extraño líquido por el esófago que sólo pudo expulsar tosiendo. Sin embargo, no era nada del otro mundo. Gracias a que se había puesto la mano delante de la boca pudo comprobar que simplemente era agua que todavía le quedaba en los pulmones.

Sintiéndose más recuperado, Silver dio dos pasos hacia delante, abriendo y cerrando los puños. Era raro pero una sensación de estar pasando algo por alto le picaba por dentro, cual abeja en una flor ¿qué cosa tan importante podía estar olvidando? Al divisar a Shadow plantado en la orilla del lago se dio cuenta. Las Chaos Emeralds habían desaparecido de sus manos.

-Ven- exclamó el erizo negro en medio del repentino pánico del blanquecino.

Silver dejó de buscar las esmeraldas, se limitó a tragar saliva y obedeció a la orden de Shadow. Como era habitual en esos casos, el erizo albino ya iba con el temor en el cuerpo. Completamente tenso, el psicoquinético se quedó inmóvil al lado de su compañero de pelaje negro. No dijo nada. Esperaba que fuese él quien iniciase la reprimenda. Así que se quedó callado hasta que el más que incómodo silencio le obligó a pronunciar palabra.

-¿Y bien?- dijo quedamente, aún temeroso- ¿No me vas a decir nada?

Shadow permaneció impasible.

-Ya sabes todo lo que necesitas saber. Eres un inmaduro- negó con la cabeza- No conoces cómo funcionan las Chaos Emeralds.

-Pues enséñame- suplicó. Silver intentó no parecer demasiado ansioso. Mas sus ojos vidriosos le delataban.

El reservado erizo esbozó una sonrisa, pero esta vez no era una sonrisa siniestra, sino más bien de sorpresa. Aunque…había algo más en ese gesto que Silver no llegó a descifrar.

-No es tan fácil como crees. Que yo domine el control de las Emeralds no significa que con una charlita sobre los requisitos para someter una esmeralda, puedas hacerlo tú al día siguiente.

Dominar las Chaos Emeralds… ¿pero Shadow qué clase de cazaleyendas era?

-No soy fuerte, Shadow, tú mismo lo has comprobado. Pero las Chaos Emeralds pueden hacerme imparable, lo sé- insistió- Por cierto…- se dijo a sí mismo al percatarse de que todavía le faltaban dos piedras.

-Te equivocas- le contradijo Shadow a la vez que levantaba las manos y agitaba en ellas las dos Esmeraldas del Caos faltantes- Y ahí está tu primer error. No son las Chaos Emeralds las que te hacen imparables- soltó una risotada, arqueando la espalda hacia atrás- Vaya, vaya, parece que el joven Silver sí que crece al final y al cabo. Está bien, te enseñaré a usar las Emeralds.

El rostro de Silver se encendió al oír esas últimas palabras. Soltando una exclamación de triunfo, saltó en el aire alzando los brazos y las piernas. Ya no le importaba ser más poderoso que Shadow sino poder defenderse de los que realmente eran sus enemigos. Debía aumentar sus capacidades tanto físicas como mentales. A su lado, Shadow parecía satisfecho.

-¿Y Blaze y Mach?- preguntó.

-Les dije que regresaran al Windbreaker. Suponía que tendrías cosas de las que hablar- respondió, rascándose los pelitos blancos de su pecho.

Entonces, a Silver se le ocurrió una cosa de la cual no había caído hasta en ese justo momento.

-Fuiste tú quién me salvó de palmarla ahogado ¿verdad?

Shadow giró la cabeza y enfocó su mirada con la de Silver. Volvió a sonreír, esta vez de forma pícara, y, alucinantemente, guiñó un ojo carmesí con gesto claramente amistoso. Silver quedó boquiabierto y para más sorpresas, el erizo rojinegro continuó con una palmada en su hombro.

-¿Y…y cómo lo hiciste?- le cuestionó, sintiéndose abrumadoramente mareado.

-¡Tranquilo, "pelo pincho", qué todavía no han empezado las clases!- Shadow se volteó en dirección al boquete que conectaba Cristal Lake con el exterior- Y ahora regresemos. Nuestra causa no termina aquí.


En fin, siento tener que decir ésto pero definitivamente se me ha ido la inspiración para escribir esta historia. No quiero decir que no la voy a terminar porque algo dentro de mí me impide seguir con otra historia hasta que la actual sea terminada pero me temo que a partir de ahora, esté de vacaciones (como ahora) o no, voy a tardar muchísimo en subir más caps. Sólo puedo decir que lo siento pero en parte no es culpa mía. Si por mi fuese tendría la misma emoción por escribir la historia que la que tengo al empezarla, en serio. Así que sólo puedo decir que me perdonéis de todo corazón por las futuras demoras que presenciaréis en cuanto a esta historia. Paso a los agradecimientos:

Tifón de Hedgehog: Jaja, pues sí. Silver atacó a Shadow porque...bueno, jaja, tiene sus motivos. Y ésto es lo que pasó después de que Silver y Mach encontraran el hueco a los pies del árbol, jeje. Muchas gracias por tu review.

Master the Hedgehog: Hola, Master, gran amigo. Quiero que sepas, antes de nada, que te sigo teniendo mucho aprecio a pesar de conectarme menos al MSN y no hablar contigo. Me alegro mucho de que te gustase mi cap. anterior, Master. Y me siento más que halagada al saber que para ti siempre seré la mejor. Es todo un orgullo, en serio. Espero que esté capítulo también esté a la altura de tus espectativas. Muchísimas gracias por tu review y espero verte pronto.

Con esto me despido, queridos lectores ¡Feliz verano y vacaciones ante todo!

Wings-Dragon