Esme POV.

Se que huir no es una forma aceptable para resolver problemas, pero en cierto caso no huía, no lo hacia, era solo una manera para hacer que la persona a la has amado con todas tus fuerzas sea feliz sin importar cuan doloroso pueda resultar el no tenerlo cerca. Una tonta lagrima amenaza con salir de mis ojos pero ya basta, no permitiré una mas, por lo que con dedo la limpio antes de que siga su recorrido por mi mejilla.

-¿Qué le sucede?

Levanto un poco la cabeza para mirar quien se encuentra del otro lado del escritorio de donde me encuentro sentada.

-¿Por que lo preguntas, cariño?

Descubro que es el pequeño Emmet quien ahora me interroga, ese niño con aspecto de ángel que a todos les hacia creer es el mas travieso de todos mis alumnos pero también sin duda el mas divertido.

-Acaso no es obvio, esta triste Emmet.

Ahora es Jasper el que se encuentra al lado de Emmet. Siempre me ha parecido que tiene una especie de don, puesto que siempre sabe con exactitud el estado de ánimo de las personas y cuando el siente algo las personas que lo rodean sienten lo mismo. Con esos rizos dorados que le cubren el rostro y sus hoyuelos me parece el niño mas adorable.

-Cállate Jasper, que le harás sentir peor.

Que Rosalie haya salido en mi defensa me hace sentir muy halagada. Para ser una niña de 6 años me parece muy hermosa además de ser siempre la más seria entre todos.

-No se preocupe maestra, pronto conocerá a alguien especial que le hará feliz .

Me dijo Alice con una enorme sonrisa segura de si misma. La pequeña Alice con su andar siempre seguro y coordinado me hacia sentir muy contenta con cada predicción que me daba, en varias ocasiones acertó en algunas de ellas dejándome anonadada. Pero esta me dejo sorprendida.

-Ah, y tu como sabes Alice?

Le interrogo Emmet.

-Por que lo se, y ya.

-Eso es imposible- le contrarresto Rosalie.

Lo cierto era que debía interrumpir su pequeño debate antes de que algo malo pudiese suceder, pero ver a los cuatro pequeños niños discutiendo alrededor de mi mesa me resultaba un poco gracioso, pensándolo bien jamás me cansaría de verlos. Me encantaría poder algún día tener unos hijos como ellos.

-Bueno ya basta de pelear eso no esta bien- les reproche con el ceño fruncido- sus padres han llegado ya, no querrán verles pelear.

Me miraron apenados por su comportamiento, les regale una sonrisa, como podría regañar a aquellos angelitos, pronto ellos se contagiaron e hicieron lo mismo. Los cuatro se acercaron a mi para darme un abrazo y un "la quiero maestra" para luego ir con sus respectivos padres.¿ Cuando es que me había enamorado de esos niños?. La respuesta es simple desde el momento en que los vi sentí un gran cariño por ellos y aprendí a quererlos tal y como eran.

Pero en cuanto ellos se iban me quedaba sola y regresaba así mi tristeza, pero de alguna forma me consolaba el saber que al día siguiente los vería de nuevo.

Mientras camino por la calle hacia mi hogar, si es que así se le puede llamar a una pequeña habitación sin cocina ni baño, pienso en como hice para conseguir lo que ahora tengo, que no es mucho pero lo suficiente para vivir.

Lo había pensado hacia varios días, mi convivencia con Carlisle no era precisamente la mejor, su silencio era más hiriente que sus palabras, nada me retenía allí así que tome la difícil decisión de escapar de la casa de Carlisle. Con lo poco que había ganado limpiando algunas casas era suficiente para poder vivir no con lujos pero vivir al fin y al cabo.

Había llegado el día, fui al pueblo para comprar algo de comida, Carlisle no se encontraba en la casa por lo que fue mas fácil, al regresar del pueblo la casa permanecía en silencio, pero de todas formas pregunté.

-¿Carlisle, estas en casa?

-Si, estoy en la ducha.

Su voz sonaba diferente, como si estuviera nervioso, quizá sabía sobre mis planes.

Presurosa entre a mi habitación, tome una pequeña valija y empaqué en ella mis pertenencias. Antes de salir escribí una nota donde le explicaba brevemente a Carlisle la razón de mi partida, mas lagrimas se escapan de mis ojos, era muy difícil alejarte de la persona a la que amas y que no siente lo mismo por ti. Me limpie con el dorso de la mano las lagrimas, salí de la habitación y me dirigí hacia la sala sin mi valija, esperaría a que Carlisle se fuera al trabajo, solo quería verlo por ultima vez.

Cuando el salió de su habitación me pareció el hombre mas atractivo que habita sobre la faz de la tierra, su piel pálida pero bella brillaba, su cabello rubio mojado lo hacia ver aun mas guapo, sus ojos de oro liquido me miraban haciéndome flotar, sus labios, Dios sus labios, como deseaba probarlos en estos momentos.

Con paso vacilante se acercó a mi, mirando directamente a los ojos, no los aparto, deseo recordar por completo sus ojos y ese rostro perfecto. Ahora se acerca con mas decisión y sus labios se curvan en una hermosa sonrisa, lo que provoca que me sonroje intensamente lo se porque siento mis mejillas arder, apenada bajo la cabeza Carlisle deberá pensar que soy una tonta sonrojándome todo el tiempo, pero el con un dedo alcanza rozar mi barbilla me hace levantar la cabeza.

-Esme, mírame.

Me pide casi rogando. Al levantarla me encuentro con sus ojos, me mira como nunca lo había hecho lo que hace que mi piel se ericé, pareciera que en verdad me quiere, pero no es asi. Escucho como suspira, quizás esta harto de mi y quiere que me largue de una buena vez, me siento triste y molesta a la vez, me alejo de el, tengo muchísimas ganas de llorar pero no lo hare frente a el. Apretó mis dedos contra mis ojos y respiro profundo para ayudarme a no llorar, estoy cansada de hacerlo.

-Esme, que te sucede, por favor contéstame.

Estoy tan exhorta en mis pensamientos que cuando el ruega que le conteste siento todo mi cuerpo temblar, lo miro con sorpresa, sus ojos son tristes pero ¿Por qué?, acaso por mi. Tontas ilusiones, sonrió tristemente, se que el no siente nada por mi.

Con algo de temor pero decidida, lo abrazo, siento su cuerpo contra mi, es mucho mejor que mi imaginación, el también me abraza. Nuestro abrazo se profundiza, no quiero que se aparte de mi ¿Por qué tuve que enamorarme de el? Lloro mojando la camisa de Carlisle, que tonta soy. Demasiado pronto me aparta de el para mirarme asustado.

-Esme, ¿que te sucede?- me pregunta.

-No es nada, en serio, estaré bien.

Ante mi respuesta el ríe amargamente y cierra los ojos, no quiero verlo asi por mi culpa.

-Carlisle- le llamo para que abra los ojos.

-Esme,¿ acaso no confías en mi?.

A que viene esa pregunta.

-No es eso, es que no lo entenderías.

Es lo único que se me ocurrió para contestarle, no podía decirle la verdad.

-Y por que no habría de entenderlo?- ahora si que no se que responderle, miro el reloj que esta sobre el buro, es hora de que valla al trabajo, perfecto.

-Por nada, Carlisle, debes irte o llegaras tarde al trabajo.

Murmura algo por lo bajo sin sentido y luego toma sus cosas para el trabajo, se aleja de mi rápidamente, por mi parte le regalo una sonrisa triste, no puedo hacerlo alegremente, simplemente no hay razón para hacerlo.

-Al regresar, hablaremos, verdad?

Algo dentro de mí se rompe al ver sus ojos alegres al pensar que todo estaba arreglado, por lo que asiento con la cabeza y trato de sonreír pero mas que una risa parece sollozo, pero el no se da cuenta. Sorpresivamente Carlisle se acerca a mi y me abraza una vez mas, sus brazos rodean mi cintura y siento su aliento en mi cuello, haciendo que suspire por lo bajo. Me suelta y sonríe, como diciéndome "todo estará bien", pero lo que no sabe es que nada podrá estar bien a partir de ahora. Se dirige hacia la puerta pero antes de que gire la perilla, un impulso se arremolina en mí.

-Carlisle- lo llamo.

-Que sucede- me responde una al lado de la puerta.

Me acerco a el velozmente antes de que todo el valor se desplome a mis pies. Su rostro esta a centímetro del mío, su dulce aliento roza mis labios por lo que los entreabro para que pase por mi boca, lo miro, en sus ojos existe un deje de sorpresa. Antes de poder hacer algo susurro un "lo siento", mis labios tocan los suyos con vehemencia, cierro los ojos disfrutando sus helados pero suaves labios. Una corriente cruza por mi espina, solo deseo que no se aparte de mi. Para mi sorpresa sus frías manos toman mis mejillas con sumo cuidado, el rose es un poco mas frenético pero a la vez placentero.

Mis manos se mueven a su nuca y mis dedos se hunden en sus rubios y delicados cabellos de su cabeza. Segundos mas tarde nos besamos, sus labios y los míos juegan una danza que al parecer nunca acabara, pero lo hace, me aparte de el lentamente, no quería que pensara que me aprovechaba de el, pero un momento me había correspondido el beso!, siento alegría de nuevo pero de repente la tristeza regresa, quizás se dejo llevar y no significa nada para el, pero aun así le acaricio la mejilla deseo sentir una vez mas su piel contra la mía.

-Carlisle, debes irte.

-Pero. . . – pienso que va a reclamarme por mi atrevimiento.

-No, debes irte- pero no se lo permito, no quiero que las últimas palabras que escuche de los labios de Carlisle sean reclamos.

-Esta bien.

Se aleja de mi con una sonrisa diferente a todas las que le he visto. Miro desde el marco de la puerta como el amor de mi vida se aleja.

-Adiós, Carlise- no pude evitarlo

-Adiós, Esme .

Cuando mis ojos no son capases de divisar la figura de Carlisle corro a la habitación donde se encuentra mi valija. Salgo de aquella casa que alguna vez fue mi hogar. Con lagrimas en los ojos corro hacia el tren que se dirige a no se donde. Lo único que deseo ahora es alejarme del pueblo, no se que hare cuando el tren llegue a su destino, ahora mi mente solo piensa en los labios de Carlisle moviéndose junto a los míos.

Cuando el tren se detiene por fin, la luna y las estrellas han sido reemplazadas por el ardiente sol. Este pueblo es mas grande que el anterior por lo que las posibilidades de encontrar un trabajo son mayores. Lo primero que hago es encontrar un lugar donde pasar la noche, no muy lejos encuentro una pequeña construcción de madera, donde hay un letrero que dice "Se rentan habitaciones", perfecto.

Al entrar un hombre robusto con barba a medio rasurar me mira de arriba a bajo, con los ojos muy abiertos aquel tipo me causaba repulsión.

-¿Qué hace una bella dama por estos lugares?

El tono en el me hablo me causo mas repulsión a tal grado que vomitaría.

-Bueno, pues vengo por una habitación, justo como dice aquel letrero- le señale este.

-Oh, es por eso- acaso había otra razón- pero dime,¿ donde has dejado a tu esposo?

-Eso ha usted no le importa- le dije con la voz mas fría que pude poner.

Me miro con repudio y con algo mas que no quise saber. Por fin accedió a rentarme una habitación, la cual no era la gran cosa pero era mejor que nada.

En los días siguientes conseguí trabajo en una tienda que pertenecía a una pareja recién casada, pero la suerte no me duro mucho. Un día la esposa se acerco a mi, mientras yo hacia la limpieza habitual, me dijo que tendría que despedirme alegando que yo era demasiado bonita y joven y no quería que su esposo la abandonara por mi.

Ese día regrese a casa demasiado deprimida para comer, en momentos como este extrañaba mucho más a Carlisle, los momentos que viví a su lado regresaron golpeando mas fuerte, haciendo que derramara lagrimas sobre el sucio colchón.

Un día mientras caminaba mire una escuela para niños, solicitaban a una maestra con los conocimientos básicos y fuese menor de 30 años, era ideal para mi. Me hicieron una entrevista, al finalizar me dijeron que regresara para al día siguiente para saber los resultados. No pude dormir esa noche, la emoción me embargaba, me hacia mucha ilusión poder enseñar a pequeños niños a leer y escribir.

Cuando hubo amanecido, me levante y arregle para ir hacia la escuela por los resultados. Al llegar los otros profesores ya me esperaban para darme la buena noticia de que seria maestra de primer grado.

-¿Cuándo podre empezar?- les pregunte entusiasmada.

-Mañana mismo, si usted desea.

-Estaré aquí mañana.

No era muy usual ver a una mujer trabajar, pero se acostumbrarían. La paga era muy buena, pronto podría vivir en otro lugar que no fuera en esa pequeña habitación.

Cuando me presente al día siguiente en la escuela, estaba muy emocionada. El director me presento a los niños.

-Niños, ella es la Srta. Esme Platt, será su nueva maestra, trátenla con el debido respeto.

-Buenos días, Srta. Platt – dijeron todos al unísono, arrancándome una sonrisa.

Pronto los conocí a todos y cada uno de mis alumnos, en vano trate de no tener favoritismo pero cuatro diablillos se habían ganado mi corazón con sus travesuras y risas alegres, Emmet, Rosalie, Alice y Jasper eran los nombres de mis pequeños.

Justo ahora me encuentro sonriendo como una loca al recordar como mi vida dio un giro de 360 grados, pase de vivir con un vampiro vegetariano a dar clases a unos niños, ¿Qué mas me deparaba el destino? No lo sabia pero lo que viniera lo afrontaría a como de lugar.

Edward POV.

El amor había entrado a mi vida, para ser exactos Bella había entrado a mi vida cuando menos lo esperaba. La conocí a las afueras de Forks, fue amor a primera vista. Sus padres habían sido asesinados por unos neófitos sin control, ella había tenido otro destino, se convirtió en vampiro.

Le pedí que se viniera con migo, ella aceptó. Aun no sabía a donde me dirigía, caminamos sin rumbo fijo, pero de pronto una idea vino a mi cabeza, ir hacia donde Carlisle vivía. Nos dirigimos hacia allí, al llegar tocamos la puerta pero nadie salía a recibirnos, a simple vista parecía que la casa estaba abandonada. Decidimos entrar y lo que vi me dejo pasmado, todos los muebles estaban completamente destrozados. De pronto la figura de Carlisle apareció frente a mi, no se parecía en nada al Carlisle que había conocido meses atrás.

Sus ojos eran completamente negros en señal de que no se había estado alimentando, su cabello estaba todo alborotado.

-Edward, eres tu? – me dijo con voz lastimera, por lo que leí de sus pensamientos, sufría mucho por haber perdido a Esme, la chica con la que se había fugado.

-Si, Carlisle soy yo, Edward.

El corrió hacia mi y me estrecho en sus brazos, sollozando. Jamás había visto a Carlisle tan devastado por una mujer, sin duda alguna la amaba.

-Ella se fue, Edward, se fue- decía aun entre sollozos.

-Tranquilo Carlisle que fue lo que ocurrió.

Cuando estuvo mas calmado me conto todo acerca de Esme y en verdad le daba la razón a Esme. Carlisle no tuvo porque comportarse de esa forma con ella. Pero no había nada que hacer ella se había ido y no quizás no volvería, habría que dar vuelta a la pagina y continuar.


Bueno perdon por la tardanza es que tenia unos asuntillos que resolver.

Gracias a todos los que han dejado comentarios, me animan mucho, no saben cuanto.

Bye,Bye...