¡No hay que ser tan méndigo!

Sumario: Esta es una conmovedora historia llena de drama, incertidumbre y amor, con una pizca de humor, en la que se verán los lazos que surgen en la lucha por la supervivencia.

Capítulo uno.

Todo tiene un inicio, y el inicio del caos que a continuación se presenta comenzó como un fósforo siendo frotado a escasos milímetros de un sendero de pólvora. Abusando de una época de prosperidad, Gerald y Sheila realizaron gastos innecesarios centrados en su deleite y satisfacción personal, confiados en que las buenas rachas durarían, así que el dinero que gastaron de más lo etiquetaron con un "reponer", sin especificar los importes, en el área que correspondía a los fondos universitarios de Kyle y Ike.

La mecha de pólvora se encendió rápido y avanzó en silencio el trayecto que se comprendía como la época de prosperidad hasta la fecha establecida para la declaración de impuestos, momento en el que explotó con un estruendo tan ensordecedor, similar al grito que pegaron en el cielo los Broflovsky al revisar su esquema de ahorros y encontrar una enorme pérdida superior al estimado de los estudios universitarios de sus dos hijos, señalado sobre el nombre de Kyle.

-¡Kyle Broflovsky, ven inmediatamente! -Gritaron a todo pulmón los molestos padres.

El fuego producido por la explosión era nada comparado con la furia volcánica de los padres del pelirrojo, quien no tenía la más mínima idea de lo que pasaba.

-Miren, si fue por el pastel de...

-¡Déjate de bromas, jovencito! -Gerald extendió la hoja que tenía pegada la etiqueta que decía "reponer".- ¿Nos puedes explicar qué carajos significa esto?

-Kyle, ¿cómo pudiste hacernos esto? -Sheila comenzó su drama llorando de forma exagerada.- Si necesitabas dinero, nos hubieras avisado y lo hubiéramos discutido.

-¿Dinero? -Preguntó confundido el joven.

-No te hagas ni el ingenuo ni el gracioso. ¿Qué le hiciste? ¿Parrandeaste? ¿Compraste drogas, alcohol y putas? ¡Dinos ahora!

-¿Acaso están locos? -Explotó el joven judío.- ¡Yo no he tocado ningún dinero, excepto la miserable mesada que consideran darme!

Gerald se encrispó y derribó la silla que estuviera entre su hijo y él.

-¡Y encima lo niegas y hasta te das el lujo de reprocharnos! -El hombre estaba fuera de sí.- Esto se acabó, no vamos a soportarte ni a tí ni a tus despilfarros. ¡A partir de este momento te buscas un techo, comida, ropa, escuela y lo que se te antoje por que no te volveremos a dar ni un centavo jamás!

-¿Qué?

-Dios mío, Gerald, no puedo ni verlo de la vergüenza. -Sheila se refugió en los brazos de su esposo.- Haz que se marche.

-¡Bien! ¡Entonces tampoco quiero esto! -Kyle se quitó la bolsita que colgara de su cuello y la arrojó a los pies de sus padres.- No sé qué pasó aquí, pero si tanto quieren que me vaya, adiós.

Salió tan molesto de su casa que no se acordó de llevarse su gorro ni su abrigo, ni siquiera se percató de la lluvia que lo empapó por completo en cuestión de segundos y que era el anuncio previo de la helada que estaba pronosticada para esa tarde, pero en ese momento el clima no le estaba afectando, ya que no entendía el por qué estaba pasando todo eso, solo sabía que sus padres lo corrieron de su casa.

Cuando el fuego de la explosión terminó, quedó una cortina de polvo y cenizas alrededor, impidiendo ver más allá de unos centímetros. Así se sentía Kyle, y sin saberlo, se hizo la misma pregunta que sus padres tan pronto recuperó un poco la calma.

-¿Y ahora?

CONTINUARÁ (Por cierto, ¿de qué pastel hablaba Kyle?)