Los personajes Twilight le pertenecen a la señora Meyer, yo sólo estoy jugando un poco con ellos.


Edward continuaba pasando su vista por el gran ventanal de su despacho sin ver nada, pensando únicamente en lo último de la conversación con Lord McArtty, cuando nuevamente fué interrumpido por unos suaves toquecitos a la puerta del despacho. Y haciéndo una fuerte inspiración y se volteo para ver directamente la puerta para decir - Adelante. - con voz firme y decidida.

Y abriendo la puerta timidamente por el temor a interrumpir algo hablo el Sr. Jerks.

- Disculpeme, su señoria.

- ¿Qué desea, Jerks?

- Pensé que debía informarle, su señoría, que acaba de llegar un regalo procedente de su prima, la Condesa de..

Y Edward ya no le pusó atención en ese momento por que se acordó de lo que había comentado Emmett sobre el señor Jerks, realmente era un tipo bastante peculiar;

escrupuloso, rechoncho y medio calvo, pero había sido lo bastante leal y capaz de manejar sus asuntos con destreza y pulcritud para permanecer a su servicio como secretario partícular. Tuvó que interrumpir nuevamente sus pensamientos para prestarle atención a lo que estaba diciendo su secretario sobre regalos.

- Señor Jerks, permitame un momento, por favor - dió un apesumbrado suspiro y continúo, hablando - ¿ De manera que me han honrado con otro regalo? - preguntó con tono irónico.

Pero que el Sr. Jerks no notó.

- Si, su señoria. Y permitame decirle que es una fina pieza.

- Ah, sí ¿ Y qué es ? - dijó con un falso acento de interés.

- Su señoria, es un exquisito jarrón de la más fina pieza de porcelana con un revestido de oro en las orillas que perfec..

Edward interrumpió al Sr. Jerks lanzando un tipo de gruñido y preguntando - ¿Un jarrón de Ming ?

- En efecto, su señoria.

- Eso sólo significa que deberé escribir otra carta de agradecimiento.

- Me temo que sí, su señoría.

- Y al parecer todo Lóndres se ha confabulado en mandarme jarrones de Ming, los cuales tendré que amontonarlos en algún lugar.

- Podremos ponerlos por todos los corredores con algunas flores, su señoria. La Sra. Potts, bien podría darles un buen lugar, señor.

- Bueno, auméntala a la lista de agradecimientos y procura una redacción breve, para que yo la transcriba más tarde. No es mi intención pasar mis primeros días de casado escribiendo cartas.

- Estoy seguro, su señoría, de que los que tengan que esperar sus cartas de agradecimiento comprenderán la razón de la tardanza.

El duque sonrió, lo que provocó una expresión tan atractiva en su rostro que el señor Jerks pensó que era comprensible que tantas mujeres lo consideraran irresistible.

Alto, con una complexión media que dejaba ver la gallardía de su figura, un extraño color cobrizo de cabello que lo hacía parecer más atractivo y unos ojos de un verde raramente visto pero muy cautivador, no era sólo el hombre con mayor facilidad con las mujeres, sino también el más discutido.

Sus hazañas en cualquier actividad que desempeñará causaban sensación, aunque algunas también provocaban indignación cuando esos relatos involucraban mujeres, más que nada por que las murmuraciones sobre sus innumerables aventuras amorosas, eran la comidilla de los periódicos más escandalosos, así como tema de conversaciones susurradas con voz baja, tanto en los elegantes salones de Lóndres como en las salas de estar de los suburbios.

Al duque le divertía el revuelo que causaba sin prestarle atención a las criticas, aprovechaba que le encantaba el color negro para tener todos sus carruajes de color negro y del mismo color sus caballos de carreras y de esa manera se distinguian de los demás.

El negro ciertamente era el color que prefería en sus caballos y carruajes, por que no habían caballos azules ni carruajes de ese color, ese era realmente su color favorito.

Mucha gente lo conocía como seductor de mujeres, las que estaban más que deseosas por ser seducidas por él.

Y eso sólo era una parte de lo que sus críticos llamaban vida "escandalosa libertina", pero sus amigos consideraban que contaba con una "irresistible fascinación" que compartía con Lord Emmett McArtty, ya que los dos parecían estar cortados con la misma tijera.

Pero, cuando ya sus amigos y familiares habían abandonado la esperanza de que algún día sucumbiera "a la soga del matrimonio", como él mismo lo llamaba, se enamoró perdidamente.

Milagrosamente durante años se había esperado que su esposa fuera una de las pocas bellezas disponibles en el exclusivo círculo de la alta aristocracía a la que él pertenecía.

Los romances del duque de Masen y Lord McArtty abarcaban una extensa variedad de mujeres, que iba desde las actrices más espectaculares hasta las damas de compañía de la reina, y cada nueva relación provocaba un sinfin de cotilleos, levantamiento de cejas en señal de indignación por su comportamiento poco decoroso y exclamaciones escandalizadas.

Sin embargo, Edward iba con tranquilidad por la vida y cada vez se aburría más rápidamente de las mujeres que caían con tanta facilidad; en cuanto a aquellas que lo asechaban y le rogaban, además de frustrarlas, las hacía muy infelices.

"Me gusta ser el cazador", se dijo, pero había muy pocas mujeres que, después de verlo, estuvieran dispuestas a dejarlo pasar sin darle caza.

Le bastaba dirigirles una expresión de poco interés para que se lanzaran hacia él y, antes de saber sus nombres, ya las tenía a sus pies.

– ¿Qué diablos tienes, Masen – le preguntó en una ocasión el Lord James Smith – que yo no tenga?

– ¡Impertinencia, Smith, Impertinencia y arrogancia también! – contestó Edward.

Lord James Smith se rió bastante mucho ante esa afirmación.

– ¡Creo que ésa es la respuesta adecuada! – dijo riendo de buena gana.

Aun así, cuando las aventuras amorosas Edward comenzaron a ser más breves y él se comportaba con el mayor cinismo posible, aquellos amigos cómo Lord Jasper Hale y Lord Emmett McArtty que le tenían un afecto genuino se preguntaron qué podía hacerse.

La respuesta a ese temor parecía ser Lady Victoria Laurent.

Edward la conoció por casualidad cuando fué invitado a el castillo de veraneo de los Reyes de Inglaterra, el cual estaba cercano al Castillo Laurent, propiedad del Conde del mismo nombre.

El conde, la condesa y su hija, Lady Victoria, llegaron a cenar y Edward la conoció por que le tocó sentarse junto a la joven de diecinueve años, y quedó fascinado por su belleza.

Absolutamente prendado de ella.

Edward sabía que si hubiera visto esa belleza de cabello rojizo y ojos extemadamente azules enmarcadas por pestañas oscuras en algún baile de la aristocracia no la habría podido olvidar y menos la hubiera dejado pasar.

Y al preguntarle por que nunca la había visto en los bailes del Castillo de los reyes ó de alguna familia de la aristocracía, ella solamente le dijó que debido a la muerte de un pariente cercano ella no había sido presentada como las otras debutante a la corte en la fecha que le correspondía y sería presentada a principios de primavera.

El luto evitó que Lady Victoria fuera presentada al mundo social, así que era un año mayor que las otras debutantes con las que sería presentada a la corte a principios de abril.

Al observarla a la luz de los candelabros de plata que estaban sobre la mesa, pensó que sería imposible que hubiera otra mujer más hermosa.

Edward esa noche no supo cuantos cumplidos y frases de admiración dijo, pero sólo cuando admiró su belleza ella le respondió que se debía a sus ancestros irlandeses con una voz suave y algo temblorosa, que le pareció muy seductora al principio, pero negó esa misma afirmación puesto que Lady Victoria era muy jovén y pura.

Platicó con ella durante la cena, a pesar del disgusto de la dama de compañia que se encontraba cerca de ella, y cuando todos los hombres se reunierón con las damas en el salón, se dirigió hacia Lady Victoria para decirle que la visitaría el día siguiente.

La joven no se había mostrado tan contenta y agradecida como lo harían otras mujeres en su lugar. En cambio, le dijo:

– Debo preguntar a mi madre si estaremos en casa. Tenemos muchos compromisos por la tarde, aunque vivamos en la campo.

A lo que Edward se aseguró de que la condesa lo recibiría y tan pronto volvió a Londres acudió a la Casa Laurent donde, para su sorpresa, encontró que Lady Victoria no siempre estaba disponible.

En varias ocasiones, a pesar de saber que él iría, ella salía de la casa.

Bailó con ella en todas las fiestas a las que ambos habían asistido; pero Edward, por primera vez en su vida, tenía que esperar su turno para ser pareja dé Lady Victoria y una noche, para su asombro, no le fue posible obtener un solo baile porque ella tenía toda su libreta de bailes cubierta.

Nueve semanas más tarde le propuso matrimonio y fue aceptado, y le pareció que ella se mostraba evasiba.

Todas las mujeres parecían morirse por besarlo, incluso antes que él se los pidiera, pero Lady Victoria, si bien no rehusaba del todo sus besos, sin duda trataba de evitarlos.

Edward buscaba cualquier oportunidad para estar a solas con su prometida, pero ella siempre lo mantenía a distancia.

– No, no, no, no debes tocarme – le decía cuando intentaba tomarla en sus brazos – Sabes que mi madre no aprobaría que estuviéramos solos, si lo supiera.

– ¿Por qué iba a saberlo?

– Si mi cabello estuviera un poco revuelto y en mis labios se notara que me han... besado... se enfadaría conmigo.

– Pero deseo besarte – insistía él.

– Yo también – respondía Victoria con voz suave, levantando hacia él los ojos bajo sus oscuras pestañas – pero mamá podría disgustarse y nos impediría que estuviéramos solos de nuevo.

Eso era algo nuevo entre las experiencias Edward y tenía que conformarse, aunque en su interior se burlaba de su propio autocontrol cuando besaba los dedos de Victoria en lugar de sus labios.

Él pensaba que probablemente era muy joven, debía tenerle paciencia y ser comprensivo con ella.

Al mismo tiempo, la gracia con que se movía, las cosas que decía con su voz suave y que le indicaban lo mucho que tenía que enseñarle acerca de la vida y del amor, lo hacían sentirse más enamorado.

Los Laurent no ocultaban su alegría ante la perspectiva de tener un yerno tan distinguido y rico.

Aunque el conde poseía una extensa propiedad, no era un hombre rico, y siempre había esperado que, por su belleza, su hija hiciera un buen matrimonio.

Lo que él y su esposa no habían previsto era que Victoria atrapará al soltero más codiciado en todo el país, un noble cuya posición social era un peldaño más baja que los reyes.

Y si ellos estaban sorprendidos, su sorpresa no era nada comparada con el asombro de los demás. Y fue sólo el amigo más íntimo de Edward, Emmett McArtty , quien tuvo el valor suficiente para hablar claro con el futuro novio.

Acababa de volver de Escocia , donde había pasado una temporada dedicado a sus negocios, y al principio creyó que se trataba de una broma.¡Por Dios!, había sido más fácil para McArtty comprometerse que para el gran Edward Cullen duque de Masen.

- Siempre me dijiste que seguirías soltero hasta se acabarán las chicas de Madame Gianna – le dijo cuando lo encontró solo en la casa de Masen.

- Esa era mi intención – contestó el duque – hasta que conocí a Victoria.

- Ya me han dicho que es muy hermosa pero... ¿cómo va a ponerse a tu nivel si sólo tiene diecinueve años?

- No necesita hacerlo.

McArtty tenía una sonrisa de incredulidad en el rostro de su amigo.

- Sé que dije que no me casaría y si lo hice fue no sólo porque pensaba que no podría encontrar ninguna mujer que no me aburriera al poco tiempo, sino también porque no tenía intenciones de tener una esposa que besara a mi mejor amigo en cuanto yo volviera la espalda.

- ¿Intentas insultarme?

- No, sólo mencionaba hechos. Las esposas de algunos conocidos siempre han estado dispuestas a que yo las enamorara y, aunque no rechazar los favores que se presentan en mi camino, no voy a pretender ante ti que pienso que ésa es una manera deseable de vivir.

Emmett lo miró esa vez como si hubiera perdido la razón.

– Querido Masen – dijo al fin – Además de que yo no creo tener la valentía de besar a una esposa tuya ó a tú hermana, por que esas serían las esposas de mis amigos y no tenía idea de que esos fueran tus sentimientos.

- Para serte franco, no fue algo que me preocupara demasiado, hasta que conocí a Victoria.

- ¿Preocuparte? – exclamó Emmett – Lo que yo pienso de esas encantadoras criaturas es que...

Edward levantó la mano.

- Por favor, ahórrame los recuerdos, ya que como sabes, jamás hablo de mis aventuras románticas.

- Eso está muy bien. Pero dime en qué es diferente Lady Victoria.

- Lo verás por ti mismo – fue la evasiva respuesta de Edward.

Cuando Emmett conoció a Victoria ese mismo día, comprendió.

Además de ser hermosa, su rostro tenía lo que él percibió como una apariencia de pureza que, sin duda, era muy diferente a la de las mujeres superficiales y experimentadas con las que Edward se había relacionado.

Observándolos juntos, se dijo que Edward se mantendría alerta para protegerla de otros hombres como él, y sería, por lo tanto, un cazador que se convierte en guardián.

Ello evitaría que le hicieran daño, pensó Emmett con satisfación, y como en realidad tenía un profundo afecto por su amigo, estaba encantado de que hubiera encontrado la felicidad, aunque prontamente Lord McArtty se daría cuenta de algunos detalles.

Debido a que no había ninguna razón para un compromiso largo y los Laurent estaban aterrados ante la idea de perder a Edward, la fecha de la boda se fijó para fines de Agosto, antes que terminara la temporada social.

Se decidió también que la ceremonia fuera en la capilla de la Mansión Masen.

Victoria estaba tan ocupada en la compra de su ajuar nupcial, que a Edward se le dificultaba verla, y en ocasiones se quejaba de que lo descuidaba demasiado.

- No deseo hacer nada tan... incorrecto – le aseguró Victoria – pero necesito vestidos con los cuales verme bien para... ti.

- ¿En realidad los compras para mí?

- ¡Por supuesto! Todos me han dicho lo exigente que eres y siento un gran temor... de defraudarte.

- Eres perfecta tal como eres y todo lo que deseo es que ya estemos casados para poder estar lejos y a solas contigo y decirte lo hermosa que eres.

- Eso me parece... muy emocionante.

- Te haré emocionarte. ¡Y será para mí lo más maravilloso que he hecho en mi vida!

Hablaba con tal sinceridad que se sorprendió a sí mismo.

Entonces rodeó a Victoria con sus brazos y la besó con suavidad, porque sabía que si se mostraba aunque fuera un poco apasionado, ella se asustaría.

En una ocasión lo había alejado diciéndole:

- Por favor... por favor.

- No es mi intención asustarte, mi amor – se apresuró a decir Edward.

- No es que en realidad me asustes; pero como nunca me habían besado, siento como si me convirtieras en tu cautiva y que ya no soy yo misma.

- Soy yo quien está cautivo. Perdóname, mi adorada, no volveré a ser brusco contigo.

Le besó las manos y las volvió para besarla en las suaves y rosadas palmas, al hacerlo pensó que ninguna mujer podía ser más atractiva y, al mismo tiempo, más difícil de capturar.

Las mujeres que lo habían amado en el pasado, consideraban su comportamiento incomprensible y también irritante.

- Masen es el diablo más fascinador que jamás habitara en Londres – dijo una de ellas – pero disfrazado de santo me parece deprimente.

- Estoy de acuerdo contigo – comentó otra de las ex amantes Edward – esa niñita recién salida del cascarón lo atrapó, pero al parecer no del todo, ya que sigue visitando a Tanya Denalí.

- Estoy dispuesta a apostar que ni siquiera durará tanto el enamoramiento, no debe ser tan fuerte el sentimiento, si debe de liberarse con Tanya.- esos eran los cotilleos entre sus muchas amantes.

Mientras que por extraño que pareciera, la unicas dos persona que no admiraban a Victoria eran Emmett y Alice; y Lord Emmett se lo dijó a Edward con el mejor tacto que pudo viniendo de una persona tan directa como él, pero desgraciadamente Edward no tomó en cuenta el comentario.

Emmett pensaba que había algo en ella que no era del todo cierto, no sabía con exactitud qué era, sólo que su inocencia era demasiado buena para ser verdad.

Y con todo el pesar a cuestas, pues involucraba la felicidad de su hermano, Alice sospechaba que esa actitud de niña virginal y casta era muy extraña, demasiado rara para atrapar a un duque.


Chicas y chicos, sólo espero que no me envién a los Vulturi por tardar en actualizar, ya estoy empezando el otro capítulo para subirlo a la brevedad.

Muchas gracias a todos ustedes:

EDWAR-BELLA- MANSON, nena10124, karlita the Cullen, .stewart, Nostalgiacullen, betzacosta, Mimabells, FranBells, sophia18, Maggice, liduvina, sumebe, ALLY MASEN CULLEN, karito CullenMasen, Princess2213, ELEKTRONIKKA, miadharu28, LuLu MaRiE CuLLeN, sabi07, zhishasu, BellaliciousRobsten, NessiBella, javimasso, darky1995, Mymindsucks, cullen´s nicky, ambi, Sixasee, michellerm39, nadiarc22, ginalci, Klaudia T, mimi85, kiiLlii, cintygise, Leonnora, M1979.

Un beso y un abrazo de oso.

Noelle xD