Los personajes Twilight le pertenecen a la señora Meyer, yo sólo estoy jugando un poco con ellos.
El salón rosa de la Mansión Masen, era un lugar construido únicamente para las mujeres de la familia. Lugar que algunas veces compartian con muy pocas invitadas privilegiadas. Y era una manera de darles privacidad para que tomarán el té, tejierán, practicarán puntadas y bordados, alguna que otra poesía y qué decir unos garabatos que definian como pinturas.
Ahí, Alice Cullen ahora Alice Hale condesa de Withlock, caminaba de una pared a otra y daba vuelta, reanudando su caminar, una y otra vez. Refunfuñando incoherencias, más bien; gruñendo blasfemias ápenas audibles.
Su madre que la veía de manera divertida y reprobatoria, que estaba sentada en el sofa de color melocotón que adornaba hermosamente el salón, mientras trataba de hacer un bordado de punto, sólo negaba con la cabeza hasta que tuvó que frenar la interminable actividad de su hija diciéndole en tono cansino:
- ¡Alice! Por el amor de Dios, vas a marear a la criatura que traes en el vientre con tanta vuelta.
Alice inmediatamente paró y volteó a ver a su madre de manera fastidiada.
- ¡Ay, Madre!, esto no le hace daño al niño, ni siquiera me cansa. No es cómo si estuviera montando a caballo.
- Más vale que tengas un poco de respeto a la vida que llevas dentro, y espero que no estes molestando al pobre de Jasper, que ha sido muy considerado contigo y segurame...
Alice no dejó continuar a su madre, interrumpiéndola.
-¡Madre, por favor! Jasper no se quejá y no estoy así por él, ni siquiera me hace enojar.
La Condesa Esme Cullen cuando escuchó eso, dejó a un lado su bordado para ver y escuchar atentamente las tonterias que seguramente le iba a decir su hija, la conocía demasiado y sabe Dios que idea atrabancada se habría ocurrido, y más valia estar preparados.
- Entonces, ¿a qué debemos tú comportamiento ansioso ?
Alice observó a su madre y se acercó a ella sentandose en el mismo sillón de dos plazas, poniéndo en la mesita de al lado la costura de Esme.
La tomó de la mano de manera cariñosa y la apretó mirándola a los ojos.
- Madre, sabes bien cuanto quiero a mi familia.
- Si Alice, lo sabemos, tú y Jasper son una pareja ejemplar y van a tener una magnifíca familia.
- No, mamá, bueno si. Pero no me refieró a la familia que estoy comenzando, sino a la que ya tengo.
Esme ahi comprendió y sólo asintió para que Alice continuará hablando.
- Estoy preocupada...
Vió que su madre la iba a interrumpir, le dió un apretoncito a su mano para que la dejará continuar.
- Madre por favor, necesitó que me escuches y después recibiré con mucho gusto tus probables enojos ó advertencias.
Esme la miró con su elegante ceño fruncido, pensando en qué ya sabía que era algo en dónde tenía que frenar la suspicaz mentecilla de su tremenda Alice, pero se dijó que iba a esperar a que ella terminará con su verborrea.
- En vista de qué ya no seré distraida para platicar contigo me atreveré a continuar. Estoy sumamente alarmada...
Esme al escuchar eso como madre atenta y cariñosa que era, vió hacía el vientre de su hija y se levantó de manera súbita del asiento viendo hacía la puerta. Alice rodeó los ojos ante la típica escena de madre preocupada.
- El bebé, no me digas que te sientes mal, ¡ Oh por Dios !, voy corriendo...
Alice que permanecía con su mano le dió un débil jalón y otro apretoncito para que se tranquilizará y volvierá a ponerla atención.
- Madre, no estoy alarmada por el bebé, ni por Jasper, ni por mi papá, ni siquiera por Rose que esta a miles de kilometros, no es eso. Tampoco me falta dinero, y Jasper me da de sobra.- soltó Alice todo eso de manera atropellada juntó con un suspiro pesarozo.
Esme vió a su hija de manera reprobatoria y recompusó su postura y con una gracil soltura que sólo tiene la gente aristócratica y de noble cuna se volvió a sentar un poco aliviada por las palabras de Alice.
- Entonces ¿qué es lo que te mortifica? - continúo diciendo Esme que ya estaba un poco curiosa por la actitud de su hija.
- Verás madre, lo que me inquieta tiene un nombre...- tomó una larga bocanada de aire y continúo.- Edward. Y sólo faltan dos días, Madre. Dos días.- Diciéndo esto señaló los días con los dedos de su mano, mostrándoselos a su madre.
-¿Dos días? ¿Dos días? ¿De qué estas hablando?. No te entiendo.
- Madre, en dos días se casa Edward.
- Ah, si ya lo sé.- contestó Esme con un trazó de melancolia y un suspiro largo .- No ves la casa, esta toda renovada. Edward mandó retapizar toda la ala este de la mansión que incluyen las recamaras matrimoniales. Hay tanta gente trabajando en los jardines que prefieró recluirme aquí. Ha mandado traer flores de Davenport, ¿Lo oyes? Davenport que queda a cinco días de aqui, yo no he vistó ese gesto muy bien, pero él ha insistido tanto qué deben ser de allá por que son las que desea su prometida y en ésta época del año en Lóndres no se dan.
- Si ya lo he oido.- mencionó Alice con un corto suspiro y continuó.- es uno de los tantos cotilleos que hay en Lóndres.
- Veo a mi hijo tan entusiasmado que hasta a mí me ha contagiado.
- Mamá, yo también estuviese de la misma manera si pensará que la señorita pureza es la mujer para mi hermano, pero no lo es.
- Alice, ¿no te parece que has juzgado de una manera muy arbitraría a Lady Victoria?, ni siquiera has permitido que ella se acerque a ti. En cuánto la ves, huyes y la pobre se ha sentido un poco desplazada, me lo ha dicho Edward.
- ¿Edward? Edward, ni siquiera sabe que estoy en cinta, no ha visto a sus amigos en no sé cuánto tiempo. Su mente sólo la utiliza para pensar en ella. Que si Victoria esto, Victoria el otro.
- Comprendo perfectamente lo atraído que se siente mi hijo por esa hermosa jovencita, lo ha cautivado tanto que ha descuidado un poco sus obligaciones, pero tiene justificación.
Pero, Hija, te escuchó y sólo podría decir que estas celosa por la atención de tú hermano, y creo que no es justo que en este momento que él ha tomado ciertas decisiones, tú no quieras formar parte de su felicidad.
- Mamá, es eso si. No lo voy a negar. Estoy celosa, muy celosa. Pero también muy preocupada por él. La manera en qué se comporta Victoria es inusual. Tiene una actitud demasiado sospechosa, no encaja, quiere aparentar una pureza tal que me enferma y lo peor que todos le creen, hasta tú. Y yo lo único que pienso es que es una hipocríta santurrona. Si eso es.- dijó Alice con una mueca de enojo y cruzando los brazos en su pecho, soltando al instante la mano de su madre.
- Alice, deberias guardar silencio. Eso no fué educado, no tienes que ser así de grosera y hablar mal atras de la gente. Si tú hermano la escogió, fué por que vió cualidades dignas para ser su esposa y tú deber es aceptar las resoluciones de Edward, sólo eso.
. Mamá, yo quiero que Edward sea feliz, y por eso sé que con ella no lo será.
- Tú no puedes asegurarlo. Además debes tener en cuenta que cuando tú contrajiste matrimonio con uno de sus mejores amigos, el fué un poco renuente por que conocía todos los deslices de Jasper, pero al final lo aceptó. Y fué participé de todo el evento, así que ahora te toca retribuirle todas las atenciones.
- Si lo sé.- contestó Alice con un suspiro apesumbrado.- Pero me gustaría que ella se mostrará tal cual es.
- Edward no ha tenido la mejor conducta, es mi hijo y estoy al tanto de su escandaloso comportamiento, no lo justificó, no fué educado de esa forma y sabe Dios si su padre fué de esa manera y prefieró no saberlo.
- Si mamá, pero Edward es directo, no esconde nada, es leal y discreto. No alardea, sólo se rige por lo que debe hacerse sin escatimar en consecuencias. Y a lo que tú llamas escandaloso, las mujeres llaman encantador. No nos podemos quejar, es un caballero educado y de buen porte, que gusta a muchas y eso lo ha sabido aprovechar.
- Es todo un Cullen-Masen. - dijó Esme con una voz orgullosa perdiendose un poco en sus pensamientos de un Edward siendo un niño vivaracho e inteligente, para volver a la realidad y voltear a ver a Alice con el ceño fruncido y apuntándole con el dedo con tono amenazante.- Y tú tratarás de convivir un poco más con la Lady Victoria, y basta de palabrerías propias de cotilleos de cocineras.
Alice la únicamente la vió y asintió con una cara indescifrable para luego decir.
- Hablando de cocineras, voy a ver que hay en la cocina.- Y diciendo esto se incorporó medianamente ágil cómo su embarazo de cuatro meses se lo permitía.
- Alice, no es propio de una dama estar urgando en la cocina, deja que las muchachas asignadas a esa actividad hagan lo que les corresponde, además de qué las pobres tienen trabajo de sobra con él banquete.
- Estoy de acuerdo, por eso voy para allá. Y no hay nada en el mundo que me impida llegar a esas galletas de avena.- finalizó diciendo Alice para salir alegremente por la puerta mientras su madre la veía con una cara divertida.
.
.
.
Ese día era viernes y el duque tenía algunos pendientes que debía finiquitar.
Entre ellos estaba por supuesto el último poema que le había dedicado a Lady Victoria, alabando todas sus perfecciones, el cuál ya debería estar en su posesión junto con un enorme ramo de azucenas provenientes de Davenport, pues lo había enviado con su mozo desde la mañana.
Azucenas, esa era la flor que le gustaba a su adorada Lady Victoria y él compartía el gusto por qué se parecía a ella en su delicadeza y aroma.
Acababan de dar las tres de la tarde cuando Edward vió el réloj por última vez, tenía que apresurarse si quería llegar a Tiffany Co. por el regalo de su prometida. Prometida pensó él. Que bien se escuchaba ese adjetivo.
Llegó justo a tiempo, recogiendo el espléndido collar de diamantes con zafiros incrustados que hacían juego con los ojos azules de su hermosa prometida. Lo guardó celosamente en su abrigo mientras pensaba en entregarselo momentos antes de la boda, pero probablemente si se daba prisa en la reunión que tenía a las cinco con Lord Emmett y Lord Jasper, probablemente se lo entregará ese mismo día.
Inclusó pensó en avisar a Emmett y Jasper que no los vería, pero sería una descortesía muy grande de su parte, y realmente debía compartir con alguien como ellos sus últimos momentos cómo soltero.
Eran las tres con treinta minutos y ya había hecho todas las diligencias que necesitaba, ahora habría que esperar a qué dierán las cinco.
¿Y qué demonios iba a hacer hasta esa hora ?
No podía esperar afuera del pub de caballeros en su carruaje tanto tiempo.
Decidió irse a su casa.
Todavía tenía que ver algunos asuntos pendientes con el señor Jerks.
.
.
.
Ápenas el carruaje con el emblema de Masen, paró en las puertas de la mansión, Edward bajó presurosamente.
Abrió la puerta, encontrandose con una multitud de servidumbre que parecían hormigas trabajadoras, moviendose en sincronía, todos al verlo le ofrecieron una venía, la cual correspondió asintiendo de manera educada y continúo caminando por el pasillo hacía su despacho, encontrandose en el camino al señor Jerks. Éste no se detuvó y lo siguió mientras le comentaba todo los pendientes que estaban resueltos.
- Su señoria, es un placer tenerlo de vuelta tan temprano, ya casi terminan todos los arreglos del jardín, es una lastima que las rosas en esta época del año no hayan madurado, pero de cualquier manera, el cargamento de azucenas ya esta aquí resguardado y en cuidado de los jardineros.
- Es una buena noticia, ¿Y el banquete?
- También eso esta resuelto, las cocineras ya han preparado un menú digno de reyes.
Llegarón a la puerta del despacho.
- Su señoria, antes de que abra la puerta debo informarle que la duquesa Masen se encuentra en el despacho, honrándonos con su presencia.
Edward sonrió ante esa afirmación.
- Muchas gracias señor Jerks, cualquier cosa yo le avisaré.
Abrió la puerta y la vió sentada en uno de los sillones de piel individuales que hacián juego con todo el elegante mobiliario del despacho.
- ¡ Abuela ! - exclamó emocionado al ver a esa señora que a pesar de tener sesenta y tres años, conservaba el garbo y la presencia que sólo la da él pertenecer a una familia de alcurnia.
Y qué decir de los trazos de belleza clásica que mostraba su rostro de apariencia senil y cuerpo frágil.
Avanzó hacía ella, se arrodilló y le dió un beso en la mejilla tomándo su mano entre las de él.
Ella le correspondió el beso, le sonrió de una manera que le llegaba a los ojos y dejaba ver su emoción por estar con su nieto.
-¿Vienes a conocer a mi futura esposa?
- Si ya sabes la respuesta, creó que no es prudente contestar.
- Siempre tan directa.
- Y tú siempre tan encantador. Aunque me cuesta creer que una jovencita haya logrado atrapar a el "soltero empedernido", después de librarse por años de las trampas que le tendieron.
- Fuí una presa muy fácil.
- ¡ Eso es lo que me parece imposible de creer !
- Abuela, estoy fascinado con tú presencia y te quedarás conmigo.
- ¡ Por supuesto ! - dijó la anciana como si fuera lo más obvió y movió la mano que tenía libre apretando una de las mejillas con cariño de su nieto para continuar.- No conozco a nadie que tenga una casa tan hermosamente decorada, ni cómoda, ni con una servidumbre tan atenta como ésta.
- Me halagas, abuela. Supongo también que ya viste a mi madre y a Alice.
La abuela asintió y le dió una mirada penetrante con sus ojos de un azul profundo mientras le preguntaba.
- ¿Éstas enamorado?
Edward sonrió y asintió para continuar hablando.- Es hermosa abuela, tan delicada, va a ser una autentica duquesa.- Al pensar sus palabras volteó temeroso a ver a su abuela que lo veía con una ceja levantada y de forma intimidante, por lo cuál continúo hablando.- No estoy nada en contra de tú ducado por supuesto.
La abuela lo vió y se empezó a reir.
- Edward, hijo, no te preocupes sé lo que quisiste decir.
- Por eso en cuánto la veas, comprenderás por que te lo digo.
.- No lo creó, voy a echar de menos al casanova empedernido que tenía por nieto y que me divertía con los múltiples cotilleos que se formaban en su nombre.- Dijó la abuela con voz solemne.
Edward soltó una carcajada.
- Abuela, eres la única que se divierte con esos chismes por que mi madre si pudiera jalarme de las orejas lo haría.
La duquesa ya no le contestó porque en ese momento el servicio de té.
Cuando terminaron de arreglar la mesa para comer los bocadillos y salió el servicio. Edward continúo hablándole de todas las virtudes de su adorada Lady Victoria, de los absurdos y repetitivos regalos que había recibido y de los tres días de celebración por la boda.
Mientras la abuela pensaba en lo que anteriormente le había dicho Alice sobre la prometida de Edward, realmente encontraba dificíl que una persona como lo era su nieto, pudierá sucumbir a esos "supuestos encantos", bien la chica era una jovencita, no se fiaba de tan delicado pudor.
Si tal vez fuera un señor viejo y malhumorada, le diría que posiblemente era una "ceguera senil", pero no era ni viejo ni malhumorado, sino joven y cautivador. Para concluir con sus pensamientos se dijó que sólo importaba si él era féliz, y al parecer si lo era.
Ella lo amaba y lo iba a apoyar en ese matrimonio, aunque su otra nieta no estuviera de acuerdo.
Edward se despidió a regañadientes de su abuela, realmente le fascinaba pasar el tiempo con ella. Una mujer entrañable, con una entereza y agudeza mental formidable. Se rió al pensar que posiblemente de ahí habían salido los desbarajustez raros de su hermana, y con esa sonrisa salió de su casa para subir en su carroza, rumbo al club de caballeros.
.
.
.
Al llegar la carroza al pub, se encontró en la puerta con sus dos amigos, Lord Emmett y Lord Jasper quiénes lo saludarón muy amenamente con un abrazo qué hizó a Edward sentir la tan conocida sensación de camadería y lealtad.
Y también sintió una punzada de culpabilidad por haberse desentendido de sus amigos.
- Edward, es un honor que te hayas reunido con nosotros. - Dijó Lord Emmett con una sonrisa de oreja a oreja palmeándole la espalda a su amigo.
- Si, Lord Edward es todo un placer y esperamos rememorar todas nuestras aventuras en éste último día que te veremos cómo soltero.- Secundó Lord Jasper.
Edward sólo asintió otorgándoles una pícara sonrisa.
- No, Edward, sé lo que significa esa sonrisa. - dijó Emmett negando con la cabeza en tono serio.- y me hiciste desistir de toda "actividad recreativa", así que ahora no vas a tener diversión.
Jasper soltó una carcajada, que Emmett y Edward siguieron para internarse en el pub y tomar una mesa con cuatro sillas.
En cuánto se sentarón, no dudarón en pedir sus bebidas y empezar a platicar sobre sus vidas.
- Por cierto Jasper, supongo que tú mujer debe estar en mi casa ó ¿acaso me equivocó ?.
- No, Edward. Desde que su madre esta en tú casa, ella le ha dado por estar ahí casi todo el día hasta que yo pasó por ella, ya sabes.- emitió un suspiro.- es muy dificíl negarle algo a Alice y ahora menos que viene mi hijo en camino.- dijó ésto último con una sonrisa de satisfacción.
Edward quedó en shock, sabía que eso podría pasar pero tanto tiempo había pasado sin molestarse en preguntar por su familia. Un hijo. Su hermana esperaba un hijo, y el no lo sabía.
Otra punzada de culpabilidad se instaló en su corazón.
- Si, claro, comprendo.- fué lo único que alcanzó a balbucear.
Su hermana, la persona que siempre confió en él, que el siempre protegió, su pequeña hermana ya había crecido, se había casado, eso lo sabía, pero no estaba conciente de qué pudiera ser madre.
Un sobrino.
- Bueno, mi querido Lord Masen ó Lord Cullen, cómo sea... Mi querido Edward, creó que es justo y necesario que te pongamos al corriente de todo lo que ha pasado al tú alrededor, ya que como nos hemos dado cuenta tú sólo pululas en otros menesteres, que tienen que ver con unas faldas, bueno con dos faldas. - la voz de Emmett que estaba moviéndo sus cejas de manera pícara lo sacó de su ensoñación.
- Emmett, deja eso. Es asunto de Edward en dónde éste metido y a nosotros lo único qué debe importarnos es lo que él quiera compartirnos. - cómo siempre, Jasper el más sensato de los tres era quién ponía a cada uno en su lugar.
- Yo no tengo nada qué decir, supongo que Emmett te habrá dicho lo último que hablamos en el despacho y mi inminente boda de pasado mañana.
- Efectivamente, Emmett me dijó de la reunión, pero no me habló de otras cosas. Y la boda, lo sabemos por las mujeres de tú familia.- Jasper emitió un suspiro y continúo - porque tampoco recibimos la invitación por ti, sino por tú secretario que nos dió la noticia y después tuvimos el infortunio de no contar con tú presencia para todas las reuniones que acordabamos.
- Si, lo lamentó, pero creó que me darán la razón al encontrarse ustedes en mi misma posición.
- Edward, ciertamente encuentro muy elocuente el hecho de que cualquiera pueda perder la razón por una mujer, ¡ vamos ! somos hombres, pero no puedes desatender todo lo que esta a tú alrededor, yo quisiera ser imparcial, pero para desgracia tuya estoy casado con tú hermana, de tal manera que escucho diariamente la manera en qué ella te ha echado de menos. Y eso es solamente en lo familiar. Respectó a tus negocios... - hizó una fuerte inspiración y exhaló.- si no tuvieras a tú padre, a Emmett y al Señor Jerks, en éstos últimos meses estuvieses en la ruína.
Edward abrió los ojos, apretó la mandíbula y negó con la cabeza para hablar.
- De manera que ustedes me citarón aquí sólo para reprocharme y enumerarme todos los favores a los cuales he sido acreedor. - he hizó un ademán para levantarse de la silla.
En ese momento el mesero del pub, les traía las bebidas y tuvó que sentarse de nuevo.
Oportunidad que Emmett tomó para hablar.
- No, Edward. No estamos en este lugar para eso, sólo para darte un consejo. Tú sabes si lo tomas ó lo dejas. Nos conocemos lo suficiente para tener éste tipo de confianza, siempre hemos sido leales y nos hemos comportado como caballeros entre nosotros. No nos mentimos y por supuesto siempre nos apoyamos. Pero es necesario hacerte ver que tienes otras obligaciones y responsabilidades que manejar, eres duque y tienes negocios. - la voz seria de Emmett, daba mucho que pensar.
Edward se quedó callado un momento pensando en lo que Emmett y Jasper le habían dicho.
¿Qué tanto se había perdido ?
Si perdía la fortuna del ducado, perdía el legado para su descendencia.
Pero por otra parte, si también perdía las riquezas que había acrecentado a lo largo de los años debido a su sociedad marítima con Emmett, entonces si hubiese tenido consecuencias fatales.
¿Había sido tan irresponsable éstos últimos meses?
Jasper y Emmett tomarón sus copas y las alzaron al mismo tiempo para qué Jasper hablará.
- Brindemos.
- Porqué el próximo matrimonio éste lleno de muchos duquecitos-. dijó Emmett y eso bastó para bajar la tensión que se había acumulado en el ambiente, rompiéndola con las risas de los tres.
- Salud.- dijó Edward y chocó las copas con ellos.
A partir de ahí ya no hablaron de cosas que pudierá romper la armonía que acababa de instalarse en su mesa.
Sólo dedicarón su atención a los detalles que daba Edward sobre su inminente matrimonio y de su virtuosa novia. Definitivamente esos eran temas más seguros que no herían susceptibilidades y los colocaban en un terreno neutral.
Estuvieron conviviendo hasta las ocho con treinta de la noche, hora en qué se despidieron porque Jasper debía ir por Alice y Emmett todavía estaba alistándose para su viaje a España.
Edward pudó haberse marchado con Jasper, pero se disculpó alegando que todavía le faltaba atender una última cita. La cuál en parte era verdad porque iba a ver a su prometida, pero ella no lo sabía.
Cuando iba en el carruaje, pensaba en qué no fué capaz de preguntarle a Emmett por su prometida, ni su viaje a España para no presionar.
Si Emmett quisierá decirselo, lo hubiera hecho y ya. Pero no lo hizó.
Era algo que tal vez debía platicar con Emmett a solas.
Interrumpió todo pensamiento cuando vió que faltaban dos calles para llegar a la Casa de los Laurent que era la última y colindaba con un pequeño bosque, por el cuál se podía acceder brincando la pequeña valla a las caballerizas y por ende a los balcones traseros de la casa.
Uno de esos balcones pertenecía al de la recamára de su amada.
Pensó en aparecer de manera romántica, trepando el balcón y entregarle el collar, pero lo descartó al momento.
Entonces prefirió presentarse de manera casual a la puerta de la casa del Conde Laurent para ver a la jovencita y darle el presente.
Bajó del carruaje y vió que las luces de las habitaciones de enfrente estaban apagadas.
Y también sintió la necesidad de verla con una intensidad que lo sorprendió.
Frunció el ceño, al parecer iba a tener que poner en funcionamiento el plan del balcón.
Se volteó hacía Ben Cheney, su cochero y le dijó:
- Cheney.
Un hombre más bajo y delgado que él, le respondió:
- ¿Si, su señoria?
- Cheney, he pensado que sería mejor que les dierás una vuelta a los caballos y regreses por mí en treinta minutos.
Cheney sólo asintió y le hizó con su sombrero una pequeña venia para seguir las órdenes del duque.
Edward sólo espero que el carruaje se perdierá al dar la vuelta en una esquina, para caminar hacía el pequeño bosque.
Iba a ser intrepido y si tenía suerte iba a ser premiado con un beso, no más.
Cualquier otro intento de profundizar asustaría a su niña.
Había besado a muchas mujeres y siempre sintió que un beso era muy semejante a los demás; pero con Victoria era diferente.
Pensó que quizá se debía a que era tan joven e inocente que nunca se entregaba por completo a él.
Como aún no despertaba a la vida y tal vez era un poco tímida, siempre levantaba una barrera entre los dos.
Y era una barrera que tenía toda la intención de derribar en cuanto se casaran.
Pensó de nuevo en lo emocionante que resultaría despertarla al amor y convertirla en toda una mujer.
¡La deseo! ¡Dios sabe que la deseo!, pensó.
Era necesario dejar el bosque atrás para pasar la cerca, rodear las caballerizas y trepar el balcón.
Fácil y sencillo se dijó.
Pasó por el pequeño bosque, saltó la cerca y rodeó las caballerizas, escuchó un ruido y se escondió en las pacas de alimento de caballos.
Asomó la cabeza y se sorprendió al ver un hombre que lanzaba una soga hacía el balcón de su niña.
Era un ladrón y podía dañar a tan adorable jovencita, pensó en gritar, pero perjudicaría la reputación de su prometida al no justificar su presencia en las caballerizas del lugar.
No, señor, no iba a hacerlo de esa manera, jamás sería precursor de algún hecho que dañará a su Victoria tan desagradablemente.
Sería mejor, pensó, si él lo impedía con sus propios medios.
Se levantó de manera decidida, y se volvió a esconder en cuánto vió la silueta de Victoria abriendo las ventanas del balcón y saliendo en camisón blanco, con la brillantez de la luna alumbrando, se veía tan pura y hermosa.
Esos pensamientos lo hicieron perder la conciencia un poco.
Pero el hombre seguía subiendo, y cuando llegó a la herrería que protegía el balcón, se agarró de esa estructura para pasar una pierna y saltar al otro lado juntó a Victoria.
Y Edward espero que ella gritará por la intromisión.
Pero no.
No gritó.
Extrañamente se abalanzó a el misterioso hombre pasándole los brazos por el cuello mientras él la tomaba de la cintura para darle un apasionado beso, descubriendo su identidad del hombre a la luz de la luna, notando que estaba vistiendo de etiqueta.
Era James. Lord James Smith.
A él si lo besaba con pasión desmedida, fervor y ansias.
Con él no se mostraba pudorosa.
Y por el modo en qué él la tomó del trasero, para meterla a su habitación tampoco era la primera vez que se veían de ese modo.
Los descubrió. La hermosa joven al parecer ya no tiene nada de pura y mucho menos de virginal.
Muchisisimas gracias a todos/as ustedes por las alertas, los favoritos y qué decir de sus reviews:
nomigo, Mimabells, betzacosta, miadharu28, sophia18, sumebe, Ginegine, ALLY MASEN CULLEN, lizzy90, B.V. Peacy, Princess2213, liduvina, beluchiss, FranBells, ELEKTRONIKKA, Adrynoe, Carmen Cullen 116, YennyCullen, bella340, Mayra17, Jigoku No Kokoro, CLIPTEMNESTRA, noelhia, AgustiinaNaat, ackanne, chicabetita, carla fernandez de cullen, Klaudia T, cintygise, ValheryBlackUbT, angie cullen li, evangeline15, Bella-Ragaza, ya saben si me falta mencionar a alguien, con mucho gusto corrijó mi omisión.
Un beso y un abrazo de oso.
Noelle xD
