Los personajes Twilight le pertenecen a la señora Meyer, yo sólo estoy jugando un poco con ellos.


Unos titubeantes nudillos golpeando la puerta interrumpieron la sesión de biología que un muy dedicado profesor otorgaba a sus dos discípulas.

- Pase, pase - contestó el señor Banner algo molestó por la suspensión de su clase.

La puerta se abrió dejando ver a una pequeña figura, y en ese instante Rosalie e Isabella voltearon hacía la puerta para observar con curiosidad quién había parado la enseñanza.

Una viejecita un poco rechoncha, respondió aclarándose la garganta.

- Señor Banner, lamentó haber detenido su instrucción - y dirigiendose hacía Rosalie, prosiguió hablando - pero la Madre Superiora, requiere la presencia de la señorita Rosalie en su despacho.

El profesor Banner emitió un ligero suspiro y habló - Bueno, señorita Rosalie, supongo que bien podriamos esperarla para continuar con la explicación.

Inmediatamente la viejecita añadió observando al profesor - No, no será necesario que la esperen, ya que han venido por ella. Ella se marcha.

Cuando Isabella escuchó a la hermana Juana decir lo último, se angustió.

Su única compañía de su edad se iba.

Ya sabía que no iba a durar mucho, Rosalie tenía una vida en Lóndres, pero había sido la única amiga que había hecho en todo el tiempo que llevaba en ese lugar.

Era injusto, todo lo que apreciaba en su vida, siempre se alejaba.

Rosalie dirigió la vista hacía Isabella, y emitió una risa tranquilizadora, ya que sabía que probablemente su amiga pensaría que se iría inmediatamente, pero ella tenía un plan.

Un plan que incluía a Isabella para hacerla participe de su vida.

Se levantó de su asiento grácilmente, dándo algunos pasos pensando con ilusión en los venideros días y se colocó junto a la hermana Juana.

- Hermana Juana, no hagamos esperar a la Madre Superiora - dijó con una voz exageradamente entusiasta una muy sonriente Rosalie debido a la expectación de saber quién habría acudido por ella, además de la inminente boda que se celebraría a su regreso a Lóndres.

La hermana sólo asintió y se dió la vuelta para dejar el despacho, mientras Rosalie hacía una pequeña venía como signo de educación hacía el profesor, volvió su vista hacía Isabella y trató de hacer una mueca pacífica, con el fin de otorgarle cierta calma a su amiga, para posteriormente seguir a la monjita.

Isabella se quedó viendo dónde segundos antes estuvó parada su recién adquirida amiga.

Recordó la actitud recelosa y de superioridad que Rosalie mostró a su llegada, no ayudó mucho a que ellas simpatizaran inmediatamente, sino todo lo contrario; había sido toda una experiencia diplomática el tratar de llegar a un acuerdo amistoso y cuando surgió la camadería, llegó el cariño y el gusto por la compañía de una a la otra.

Realmente le alegraba el hecho de qué ella tuviera familia a la cuál le preocupaba su bienestar, alguien que había venido por ella, alguien en quién confiar y depositar todos sus miedos.

Aunque Isabella, por más que deseará contarle sus secretos, no podía y no por que no confiará en la lealtad de su amiga. Pero sabía que al hacerlo pondría en peligro la vida de sus padres y por consecuencia la de ella misma. Y ella había prometido seguir el plan de su padre al pie de la letra.

Rosalie era afortunada, había sido bendecida con la certeza de personas a su aldedor que velaran por ella y su seguridad sin necesidad de separarse de ellos.

Mientras ella había sido maldecida al ser quién era. Por eso no podía retener a las personas mucho tiempo. Toda gente que le había proferido algún tipo de aprecio, irremediablemente desaparecía de su vida.

Y la soledad no había sido muy buena con ella, era algo aterrador y vacío.

Si bien tenía a las hermanas que constantemente la inmiscuián en muchas actividades, no eran compañías muy recreativas que digamos, fuera de los constantes funciones eclesiasticas a la que se veía obligada a participar y asistir.

Probablemente también debería sentirse feliz por el hecho de ser la única novicia a la que se le permitían ciertos privilegios, como el estudio y alguno que otro libro que pasará por los rigurosas revisiones de la Iglesia, y qué decir de tener tutores que le proporcionaban conocimiento.

Pero ninguno como la compañia que había sido Rosalie. Ella le había contado acerca del mundo exterior, un mundo del que apenas tenía recuerdos y los pocos que aún conservaba la habían llenado de tanta pena, desasociego e incertidumbre que procuró enterrarlos en su memoria.

Aunque cada que rememoraba, las ganas incontrolables de llorar y hundirse en su dolor eran alarmantes.

Sin embargo la información que le daba Rosalie sobre todo lo que se desarrollaba afuera, era como una brisa fresca que le hacia sentir cierta expectación, le provocaba un mar de cuestiones, su imaginación volaba y se permitía sentirse libre y fuera de peligro.

Se llegó a imaginar en alguno de los bailes que hacían que todo Lóndres estuviera congregado en el mismo lugar, el bailar el vals con algún mozo, dándo vueltas y vueltas sin marearse cómo se lo describía Rosalie, inclusó se permitió ilusionar con el primer beso que le describió Rosalie con tanto lujo de detalle que ella se sitúo en su lugar, obviando que no fuera el prometido de su amiga, sino de otra persona que su fantasia era incapaz de recrear.

Que maravilloso sería sentir las diferentes sensaciones que producía la palabra amor.

Aunque para ella el primer amor que reconocería siempre, sería el que le habían dado sus padres; que no significaba otra cosa más que sacrificio, mucho sacrificio y dolor.

Todavía no se recuperaba de saberse sola. Sin tener ninguna noticia de su padre, ni madre.

Cuyos rostros se desvanecián en su mente, ya no eran nitidos como antaño, ahora eran nebulosas con algunas formas en sus recuerdos, su olor se iba perdiendo con el paso de los días, que decir del sonido de la voz de sus progenitores. Aunque el amor hacía ellos seguía latente, su corazón se estrujaba de una forma lastimera cada que los rememoraba.

Recordaba como un tesoro la última noche que había pasado con su padre,

Y para dar esperanza a su corazón se permitía soñar con el encuentro con ellos dos. Era su motor, su eje por el cual se regía su vida.

- Señorita Isabella - la voz del Señor Banner detuvó de golpe toda reflexión.

- ¿Si señor?

- En vista de que al parecer nos hemos quedado sin una compañera de tertulias ¿Le apetecería que suprimieramos esta clase y la retomareamos mañana?

Isabella sólo asintió, dándose cuenta de qué al parecer se había convertido en una mujer timida, ya no era la niña segura al hablar, la aurea real con la que había nacido se había evaporado.

- Muy bien, dado lo acontecido y a sabiendas de que usted ha sido muy dedicada en sus estudios, creó que tiene bien merecido el qué en lugar de confinarse a su celda, vaya a pasear un rato a los alrededores. - continúo hablando el Señor Banner con un tono enternecido.

Isabella asintió y guardó las cosas en el pequeño escritorio de madera. Se levantó lentamente teniendo cuidado con no tropezar y de manera timida hizó una venía al adulto que se encontraba ahí para salir del despacho.

El señor Banner se había percatado de todos los movimientos que había hecho Isabella.

Isabella era una niña cuando la conoció, siempre ávida de conocimiento, de curiosas preguntas y dueña de una mente tan perspicaz como privilegiada. Pero que poco a poco se apagaba ese entusiasmo por la vida. Para él Isabella siempre había sido una incognita, su origén y su forma tan elegante y educada de comportarse.

Negó con la cabeza y guardó los cuadernos con todos sus escritos, ya tendría otro día para analizar a Isabella.

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Emmett estaba recargado en la puerta del despacho de la Madre Superiora, poniéndo atención a todo lo que se desarrollaba en ese pequeño lugar.

- Me gustaría que Isabella nos acompañara, usted lo dijó. Ya cumplirá en pocos días los dieciocho años, así que ella puede decidir - dijó Rosalie en un tono más alto de lo normal.

A lo que la Madre Superiora contestó con una voz un poco severa- Estas en lo cierto Rosalie, pero ella no me ha dado muestras de querer alejarse del convento.

- Tal vez por que no se lo ha planteado - masculló en un tono mordaz Rosalie.

Emmett pusó los ojos en blanco, precisamente por esa actitud altanera y poco juiciosa que expresaba Rosalie, su hermano la había mandado a ese convento.

- Probablemente no lo recuerde - dijó la hermana Juana con una voz un poco temerosa ya que se encontraba como espectadora hasta ese momento, siendo testigo de la pequeña discusión.

- Ahora bien, Isabella no puede ser dama de compañía - masculló tajante la Madre Superiora.

-¿Por qué motivo? - preguntó un curioso Emmett.

La Madre Superiora fijó la vista en un lugar sin ver a nadie, como vislumbrando algunos momentos para decir - Ella llegó aquí hace diez años, era tan pequeña y se veía tan vulnerable - dirigió la vista a Emmett, el cuál sólo asintió para hacerle saber que continuara - llegó con una carta en la mano, escrita con una letra elegantemente adornada, en la cual decía que es hija de un noble inglés y una mujer de sangre real, con mucho dinero inglés e instrucciones de proporcionarle los mejores tutores para su aprendizaje.

Lord McArtty reflexionaba las palabras dichas por la Madre Superiora, de tal manera que una creciente curiosidad por conocer a singular criatura femenina, cuya vida era un misterio nacieron de él, por ello no pudo contener su pregunta - ¿Y no trató de averiguar que pasó en la vida de Lady Isabella antes de su llegada a éste lugar?

La Madre Superiora lo miró y asintiendo le contestó con un suspiro - Incontables veces, la presionamos con un mar de preguntas, las cuáles nunca contestó. Después cambiamos de táctica y pensamos que ella misma iba a contarnos en algún momento algo con respecto a su pasado y tampoco lo ha hecho. Pero lo que si sabemos es que su ascendencia ó al menos su entorno fué aristocrático, la niña llegó con conocimientos bastantes avanzados en lenguajes, así como algunas ciencias cómo las matématicas y la escritura griega. Ha ayudado muchas veces a sus tutores a hacer traducciones excelentes.

Interesante, la vida de esa jovencita era demasiado intrigante para dejarla pasar, penso Emmett y seguramente sería un buen tema de conversación con su amigo el duque, a quién le fascinaban los retos y toda la charada de aprendizaje y conocimiento.

- Muy bien, no digo que sea mi dama de compañía, puede ser mi invitada - dijó Rosalie en tono digno y dirigiendose a Emmett continúo hablando con una voz más tranquila - Lord McArtty no pondrá ninguna objeción ¿No es así Lord Emmett?

Emmett al escuchar la voz de su prometida se despabiló y contesto un escueto - En efecto, no veo ningún problema. Ahora bien, probablemente sea una mala influencia para Rosalie y por eso de manera sutil nos ha querido informar la Madre Superiora, Lady Rosalie.

Rosalie, la Madre Superiora y la monjita lo vieron como si le hubiera salido un cuerno en la cabeza, lo cuál casi hizó que Emmett se retractará de lo que había dicho anteriormente.

-¿Mala influencia, Isabella? Sería más elocuente el decir que Lady Rosalie ciertamente no es un dechado de virtudes para influir a una jovencita como lo es la señorita Isabella - le contestó tajante la hermana Juana.

Rosalie bufó y la vió entrecerrando los ojos, para decir - Lord Emmett, me temó que lo que dice la hermana Juana es cierto, Isabella es demasiado timida y tranquila para mi gusto, pero es una agradable compañía.

En ese pequeño despacho se discutía el futuro de Isabella, sin imaginarse que ella estaba viviendo una revolución en su interior en ese mismo momento.

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Isabella caminó vacilante hacía el pequeño río, el sonido le encantaba, era un ruido arrullador que le proporcionaba un remanzo de paz a su ya resquebrado corazón y le evitaba las lagrímas que se agolpaban en sus ojos cuando pensaba en sus padres.

El lugar dónde pasaba el arroyo, tenía alrededor algunos árboles, que anunciaban la llegada del otoño con su hojas de un café anaranjadoso, y el pasto, ya tenía también el color característico del fin del verano.

Se quitó el aburrido velo para sentir la libertad que su cabello al viento le proporcionaba, al hacerlo se cayó el lazó con qué lo tenía sujeto, y lo dejó de esa manera. Estaba muy largo y a ella le parecía algo complicado su cuidado, pero daba gracias que todavía no había decidido la vida del noviciado para seguir disfrutando de él, lo acarició un poco con los dedos, casi no podía tenerlo suelto, por las normas del convento.

Probablemente era su vanidad de mujer, pero ella jamás habría pensado en cometer semejante sacrificio, a su padre le encantaba su cabello y ella a como diese lugar se iba a quedar con él.

Pensó en lo divertido que sería sumergirse totalmente en ese río, y ese pensamiento le arrancó una sonrisa. Ese atrevimiento, seguramente les provocaría una apoplejía a las hermanas.

El rió la llamaba a disfrutarlo, así que no lo pensó y se deshizo de sus zapatos y medias, haciendo que con esa simple acción, la llenara de energía y caminó hacía el riachuelo descalza, sintiendo un poco la rudeza del pasto que ya no se encontraba verde y suave, en las plantas de los pies.

Se metió lentamente al agua, teniendo cuidado de pisar correctamente y tomándo el faldón del hábito para no mojarlo. El contacto con la frialdad del agua, le proporcionó de manera instantanea una sensación revitalizadora que le hizó cerrar los ojos e imaginarse en Italia al lado de su madre entonando una canción de cuna. La misma que le cantaba cuando era una bebé hasta la última vez que la vió.

Ese pensamiento le produjó las incontenibles ganas de llorar.

Pero al concentrarse en la canción de cuna, se calmó, respiró profundo y continúo su silencioso cantó.

De repente, una rara sensación la lleno y abrió los ojos de golpe.

Jadeó, y se tapo la boca para no gritar, lo que vió la dejó perpleja. Jamás había visto a un hombre con un cabello de un tono cobrizo así ó probablemente sí, pero no lo recordaba. Realmente su contacto con hombres era limitado.

La imagén que veían sus ojos, era las de un hombre parecido a las replicas de Dioses griegos en miniatura que le mostró su madre cuando era pequeña. Y teniendo ese parámetro de belleza, con eso mismo lo comparó y definitivamente era un hombre atractivo.

Por un momento se espantó, pensó que tal vez era el diablo. Hermoso y cautivador. Pero infinitamente peligroso. Ese que se les aparecía a mucha gente téntandola a cometer pecados. Pero el ser maligno del que tanto hablaban en las liturgías no se quedaría sólo mirándola, sin hacer nada ó tal vez era tan desafortunada que se merecía ese tipo de visiones.

Pero era un hombre. ¿Un hombre? Y no era el viejo carnicero que les proporcionaba la leche y la carne. Ni ningún parróco conocido.

Por sus vestimentas era un extranjero.

Un momento, pensó. ¿En qué momento dejan pasar hombres desconocidos al convento?

Un sentimiento de indignación y enojó la recorrió, él no tenía que hacer nada ahí.

-¿Qué hace usted aquí? - preguntó en español con un tono de voz que hasta ella se sorprendió por la seguridad con que lo dijó.

El desconocido, parpadeo y sonrió socarronamente para contestarle en un perfecto español- Admirando los alrededores.

Ella frunció el seño - Pues, no debería,- y se dió la vuelta en un movimiento brusco para salir del agua rápidamente con tan mala suerte que con la mohosidad de las piedras resbaló y se cayó en el río graciosamente.

Edward juró que contuvó la risa lo más que pudo, pero al parecer las monjitas contaban con toda una cajita de sorpresas. Así que primero se rió de su pequeño infortunio y poco después se apresuró a auxiliarle.

Isabella sentiá el rostro ardiendo de la verguenza, coraje e indignación, al saber que el desconocido se había reído de ella y al parecer la suerte, el destino ó como se llamará a lo que regía su vida, no estaba de su parte, por que por más que trataba de levantarse, era casi imposible salir de ahí, al parecer uno de sus pies estaba sobre una roca tan resbalosa... que cuando lo intento de nuevo, cayó al río otra vez, empapándose toda.

Bufó indignada. Eso no le debería pasar a ella.

Edward se acercó, tomándose su tiempo para quitarse elegantemente el abrigo y la pajarita, colocarlos en un árbol por si se salpicaba de agua y dió unos pasos hacía Isabella.

Se aclaró la garganta, haciendo a un lado las incontenibles ganas de reir y dijó -Seño... - se corrigió inmediatamente, no quería que lo regañaran nuevamente por decirles madres ó señoritas a las monjas - Hermana, tomé mi mano y yo la sacaré del rió.

Isabella que ya había dado tantas caídas que se había raspado las manos y el tobillo del pie que resbalaba con la roca, negó con la cabeza.

El duque meditó que tal vez por su condición de hombre, no podía tener contacto físico con las "hermanas", y por ello esa chica se negaba a que la tocará, así que trató de ser los más persuasivo y empatico posible, para tratar de rescatar a la jovencita. -Probablemente sus reglas no le permiten tomar la mano de un hombre, pero mire tengo puestos los guantes y no la tomaré directamente. tal vez sea una deshonra ó un pecado para sus costumbres, Pero mientras usted siga negádose a tomarla, yo no podré ayudarla y no le veo la forma de salir del río sin un poco de apoyo.- Y nuevamente le extendió la mano.- Así ¿dejará que la auxilié?

Isabella le contesto mordaz, mientras trataba de encontrar estabilidad en dónde pisaba.-No, no necesito que me ayude, yo me metí aquí, yo voy a salir.

Edward se sorprendió por el tono de las palabras de la mujer, pero luego dió paso a una sensación de enojo, así que se tomó el puente de la nariz para tranquilizarse e hizó unas cuantas respiraciones para dirigirse nuevamente a Isabella- Hermana, no veo razón para que usted muestre una actitud tan digna y orgullosa, cuando claramente necesita ayuda y no hay nadie alrededor que pueda proporcionarsela más que mi persona.

La imagén de Isabella era sumamente cómica, ya que se encontraba medio híncada, con la cara roja, el cabello en la cara y toda mojada, que en otro momento hubiera dado motivo para que el duque no parará de carcajearse, pero tenía que mantenerse serio, ya que ante todo era un caballero, y debía hacer uso de esa virtud al no burlarse de la desgracia de una persona y más si ésta era una mujer. Pero aún así Isabella le contestó de manera altanera - No, no usted no me sacará y yo saldré por mi propio pie.

¡Ah! ¡Que mujer tan obstinada y terca! pensó Edward, de tal manera que se desespero y no le importó meterse con sus botas de piel de cabrilla al río, dar los cuatro pasos, tomarla de la cintura y cargarla para llevarla a la orilla.

Isabella no reaccionó hasta que sintió los raspones que tenía en los pies friccionar con el pasto seco, pero aún con eso no disminuyó su enfado, volteándose inmediatamente hacía el duque para decirle -Pero ¿Cómo se atreve usted?

Edward no le contesto y dió unos pasos hacía el árbol dónde dejó su saco y su abrigo dándole la espalda para dirigirse de nuevo hacía Isabella y ponerle el abrigo encima de los hombros.

- Le hice una pregunta, contéstela. - masculló la castaña de manera autoritaría, quitándose el abrigo de los hombros y extendiendolo hacía Edward.- Y no necesitó su abrigo.- Edward se encogió de hombros y la miro detenidamente con una cara indescifrable pero no le contestó ni avanzó hacía el abrigo que le devolvía. Isabella nuevamente resopló, era una dama antes que nada y no le podía aventar el abrigo a la cara aunque ganas no le faltaban, por su atrevimiento así que le lanzó una irritada mirada, agarro fuertemente el abrigo y lo atravezó por su brazo dándo marcha hacía el lugar dónde dejó sus zapatos, medias y velo.

Mientras que el pelicobrizo seguía todos sus movimientos, tratando de serenarse, y mitigar las ansias de gritarle y era lo que esa señorita, madre, hermana ó lo que fuese merecía por su insensatez e imprudencia.

Isabella tuvó que ponerse los zapatos sin las medias y sin abrocharlos puesto que no debía agacharse enfrente de un hombre ni mostrar los tobillos. Pensó que sería acreedora a una buena reprimenda por parte de la Madre Superiora, ahora si iba a ser merecedora de un castigo.

Tenía años librándose de ellos y por culpa del desconocido hombre, se iba a ganar todas las penitencias que emitía la congregación.

¿Por qué?¿Por qué a ella? que acasó no se merecía un poco de consideración por el creador, meditó drámaticamente mientras tomaba el camino dándo grandes zancadas hacía las habitaciones del lugar.

El duque la seguía de manera cautelosa, ya que además de que era hermosa la monjita, tenía un carácter algo fuerte y no quería provocar un escándalo que perjudicará a Lady Rosalie, su salida de ese monasterio.

Edward iba pensando en la peculiariaridad de ese convento, y admirando los grandes pasos que daba la jovencita con su barbilla levantada, lo cual lo hizó sonreir, ya que al parecer enseñaban una actitud un poco extraña a las reclusas, primero la monja viejecita que lo atendió y después la monjita a la que iba siguiendo. Al parecer las buenas maneras, y la humildad no eran la característica principal de las hermanas de ese lugar.

Isabella estaba por llegar al pasillo que daba a su celda asignada, cuando una voz hizó que se girará para encontrarse con la hermana Juana y los ojos divertidos del desconocido.

- ¡Por Dios! ¡Pero mirate, niña! ¿Qué ocurrió? - exclamó la hermana, dándole a el duque una mirada envenenada - El caballero aquí presente ¿Te ofendió?

Edward le regresó la mirada a la monja y dirigió la vista hacía Isabella en espera de su respuesta.

- No, El caballero no me ofendió.- Y suspiro cansinamente para agregar - yo me caí.

La hermana Juana sólo meneo la cabeza negativamente; Isabella podía reunir muchas virtudes, pero desgraciadamente la ágilidad para no tropezar no era una de ellas.- Muy bien, vete a cambiar y acomodate el hábito completamente, no puedes ir con la cabeza descubierta.

Isabella se sonrojó - Si, hermana. - hizó una venia e iba a dar la vuelta, cuando nuevamente la hermana Juana interrumpió la acción.

- La Madre Superiora te espera en el despacho, no tardes.

Isabella sólo asintió y se dirigió a su tarea.

Mientras la viejecita hermana se dirigía hacía Edward - Y usted sigame. me da la impresión de que ya paseo mucho, por lo que me atrevó a decirle que no es correcto andar siguiendo a las hermanas de la congregación, o ¿ácaso pensaba en acompañarla hasta su celda?

-Pero, ¿Cómo se le ocurre? - Edward le contestó con una voz ofendida, siguiendo a la hermana - Sólo quería asegurarme de su bienestar.

La monjita lo vió de abajo hacía arriba, inspeccionándolo y realmente lo que vió la hizó fruncir el ceño, sus botas estaban mojadas al igual que las ropas de Isabella.

Llegaron a la puerta del despacho, la monjita giró para ver a Edward e indicarle con la mano que tomará asiento en una silla colocada junto a la puerta del despacho, mientras ella se internaba a la habitación.

El duque hizo una mueca de inconformidad, haciéndose internamente preguntas ¿Cuánto tiempo tenían que esperar? ¿Acaso, Emmett no podía llevarse a Rosalie inmediatamente?

ó ¿Tal vez Rosalie se había metido en más problemas?. Suspiró pesadamente, tendría que esperar a que su amigo saliera y le explicará que estaba pasando.

De cualquier manera, era un alivio haber acompañado a Emmett, que estar en Lóndres en esos momentos.

Y hasta ahí se permitió pensar. No quería que sus reflexiones llegaran a lugares más oscuros, permitiendole rememorar el motivo por el cual salió de viaje con su amigo.

Un movimiento que percibió por el rabillo del ojo, le hizó girar la cabeza hacía dónde se producia.

Nuevamente era la visión de la jovén monjita que venía caminando delicadamente y con la cabeza gacha hacía dónde él se encontraba. Eso le produjó una sonrisa divertida.

Isabella subió la cabeza para encontrarse con la verde mirada del duque, que estaba riendo en ese momento, con una linda y cautivante sonrisa lo cual provocó que su corazón saltará un brinco, para después incontrolarse, eso la hizó enfurecer. No lo conocía, y el hombre era lo bastante mal educado para burlarse de una dama, y además a ella le parecía linda su sonrisa cuando debería considerarla de otro modo. Esperaba que la conversación que tuvierá con la Madre Superiora, se desarrollara rápidamente, para así volver a su habitación y alejarse de ese desconocido.

El duque se levantó de la silla, en signo de respeto y educación hacía la dama, la siguió con la mirada hasta que llegó a la puerta del despacho, tocó y entró al cuarto, se sentó de nuevo, mientras otra oleada de reflexiones se colaron en su mente. ¿Por qué esa jovencita fue requerida por la Madre Superiora?, cuando claramente, no despachaba a Emmett.

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Cuando Isabella se introdujó en el despacho, cuatro cabezas voltearon a verla, lo cuál provocó el característico rubor que emitían sus mejillas, pero aún así saludó e hizo una pequeña venía, dejándo ver sus modales - Buenos Días a todos los presentes.

Todos los demás contestaron el saludo.

La primera en hablar fué la Madre Superiora.-Isabella, me alegra que nos honres con tú presencia.- Bella sólo asintió mientras la Madre Superiora continuaba hablando - estamos reunidos aquí hablando sobre tú futuro.

Futuro. Futuro. Esa palabra le aterraba. No le gustaba pensar en su futuro, por que eso le daba esperanzas y las esperanzas se rompían cada que pasaba un año y no veía a sus padres.

Una voz fuerte y femenina interrumpió todo. - Antes, que nada Madre, permitame presentarle a Isabella a mi prometido, creó que sería una falta considerable de atención hacía ellos.

Rosalie los presentó, mostrando sus dotes de anfitriona a la vez que se veía el orgullo y admiración con él que se refería a un hombre altísimo, de pelo castaño y unos ojos azules, con unos hombros anchos que se veía tan fuerte como un toro, si no es por la sonrisa de niño con hoyuelos que mostraba Lord Emmett, mientras él veía a Rosalie con un embeleso total.

- Muy bien, después de las presentaciones, creo pertinente que nos centremos en el tema a tratar - la Madre se aclaró la garganta, para dirigirse a Isabella - hemos discutido en esta habitación, la oportunidad de qué salgas de éste convento, por ello es necesario que tú analices las opciones que tienes.

Isabella palideció y se alarmó, no tenía a dónde ir si salia del monasterio, no conocía a nadie afuera de esas paredes y además debía esperar a su cumpleaños para agotar las posibilidades de ver a su padre. ¿Ácaso la madre superiora ya no la quería en ese lugar? ¿Por qué lo decía enfrente de ellos y no nadamás a ella sola?

-¿Qué... qué quiere decir? - masculló Isabella nerviosamente.

Rosalie comprendió que Isabella se adelantaba en sus conjeturas, por eso le habló congiéndola de ambas manos para mirarla a la cara - Isabella, quiero que vengas conmigo a Lóndres- vió que Bella abría más sus ojos y por eso continúo hablando para no dar paso a malas interpretaciones.- Cómo mi invitada, quiero decir. Conocerás a mi hermano y mi cuñada, estarás conmigo en la preparación de la boda, te presentaré en sociedad, daremos muchos paseos juntas, tendremos mil actividades qué hacer - Al ver que Isabella se quedaba muda, termino hablando con un tono más bajo - Bueno, sólo si tú quieres, esa decisión la tendrás que tomar tú.

- Pe..pero es que yo...-tartamudeo Bella.

- No te sientas presionada, eres libre de hacer la elección que te plazca, si necesitas tiempo lo tienes, sólo meditalo.- le dijó la Madre Superiora al ver su reacción.

Rosalie le ofreció una calmante sonrisa, dándole un apretón en las manos para decirle.- Te espero para que me comuniques lo tú desees. Sólo hazmelo saber. - Y la soltó de las manos.

Isabella se sintió un poco perdida en cuánto ya no tuvó el sostén de las manos de su amiga.

Bajó su cabeza y pensó en lo que debía hacer, dió la vuelta dándoles la espalda con la mirada en la puerta, no pensando en lo poco educado que se veía ese gesto.

Tenía dos opciones, quedarse toda la vida en ese lugar, confiriendo su existencia a los rezos, alabaciones y la salvación de su alma ó arriesgarse a conocer lo que había afuera. Y para ser sensata consigo misma, le seducía la idea de irse de ahí, de experimentar lo que había tras esas paredes, el ansia de una vida completa. Y lo mejor de todo es que no iba a estar del todo sola, su única amiga iba a estar con ella.

Pero... había un gran motivo por el cual quedarse.

Tenía que esperar.

La última espera, era hasta el día que cumplierá los dieciocho años y eso era en exactamente dos días. Sólo dos días para ver si el sueño de que su padre viniera a buscarla se hacía realidad ó se hacía trizas como todos los demás.

Así que tomó todo el aire que le permitieron sus pulmones, y exhaló cerrando los ojos.

Se giró sobre sus talones y se dirigió a Rosalie - Me voy a Lóndres contigo... - que alegremente corrió hacía ella y le tomó nuevamente las manos.

- Verás que no te arrepentirás.- le dijó Rosalie eufórica por la emoción.

- Sólo tengo una petición - masculló timidamente Bella.

- Lo que quieras, siempre y cuando sea posible - le contestó la Madre Superiora.

- Quisiera que me dieran tres días más para despedirme de la manera adecuada de la congregación y de nuestra benefactora. - Sorprendiéndose al momento ella misma del tono tan seguro con el que habló. No iba a decirle a nadie el motivó de su espera, eso era algo que le había prometido a su padre y lo cumpliría cabalmente.

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Edward daba vueltas como león enjaulado de un lado a otro, en la habitación que les habían asignado en la taberna de dónde habían partido en la mañana.

Mientras Emmett se reía descaradamente de él. - Edward, no logró entender que te causa tanto revuelo.

El duque entrecerrando los ojos le dirigió una mirada envenenada - Claro, como te vas a dar cuenta, si permaneces encerrado en ese despacho haciéndo no sé que cosa, mientras a mí me dejas batallando con esas hermanas que de bondad y fraternidad no tienen nada -alzando ambas manos al cielo- sino que al parecer todas muestran un carácter de los mil demonios. Y sólo sales y te límitas a decirme que todavía no nos vamos y que debemos esperar tres días para hacerlo. Sin contestar a ninguna de mis preguntas.

- ¡Ah! - Emmett actúo drámaticamente para enfatizar lo que quería decir - Y tendremos una invitada en nuestro viaje.

- ¡¿Qué? ¿Escuche bien?

- Ya lo dije, no lo repitó.

- ¿Una invitada? ¿Y de dónde la sacaste?

Lord Emmett sólo reía aprovechando las muecas de enojo que tenía su amigo - Muy bien contestaré tus preguntas, sólo no interrumpas por que no lo repetiré: Lady Rosalie se quedará por tres días más en el convento haciéndole compañía a Lady Isabella, por eso todavía no partiremos - al ver la cara de desconcierto de Edward comprendió que el no conocía a la amiga de su prometida - Lady Isabella, será nuestra invitada y viajará hasta Lóndres con nosotros, dónde se hospedará en la casa de Jasper, - al ver que el duque lo iba a interrumpir agregó - desconozcó los detalles, sólo te transmitó lo que sé y ví.

-¿Y qué más sabes y viste?

Emmett enarcó una ceja y sonrió burlonamente -¿Empezará con sus cotilleos Lord Cullen?

- Esta bien, no me digas.

Lord Emmett asintió, y de manera pensativa habló - Si me permites incrementar tus niveles de curiosidad, la procedencia de Lady Isabella es todo un misterio, nadie sabe sus raíces ó si tiene familiares.

Edward mantuvo toda la atención en lo que le dijo su amigo y ya sospechaba quién era Isabella, aunque debía confirmarlo - ¿Lady Isabella es la jovencita que entró con ustedes?

- En efecto.- contestó McArtty viendo especulativamente a su amigo - Así que ya la viste.

Pensó en su nombre, al menos ya conocía su nombre Isabella, Isabella.

- Estaba ahí sentado, esperándote - Negando con la cabeza por que la mirada que le dirigió su amigo le molestaba - ¿Cómo diablos iba a evitar verla?

- Pues debo comentarte que hasta yo, que tengo a Rosalie que es una mujer tremendamente hermosa debo admitir que es muy atractiva. No de la manera en qué veo a mi prometida, pero sería un crimén no reconocer su belleza. Y eso que traía ese viejo trapo como vestido.

- Emmett, ya te habías tardado en hacer un comentario de esos.- Pero no podía negar lo que decía su amigo, la belleza cautivantemente mágica de Isabella le atraía, su personalidad contrastante, la sublime pureza y timidez que representaba contra la profunda altivez y terquedad de su esencia.

Lord McArtty hizó un gesto con la mano como restándo importancia, para contarle todo tal cual se los había comunicado la Madre Superiora, sobre lo que sabía de Bella, para finalizar el comentario - Y además es experta en las cosas que a ti te gustan, ya sabes lenguajes y ciencias.

- ¿Lenguajes? lo puedo creer, pero ¿Ciencias?, por favor no me hagas reir, a ninguna mujer le interesan ese tipo de cosas, les gusta bordar y hacerse las inocentes.- dijó de manera burlona el pelicobrizo.

- Cómo tú digas, yo sólo reproduzcó lo que oí.- Y con eso dió por terminada la conversación, para salir de la habitación.

Mientras el duque meditaba.

¿Sería verdad? Y si así lo fuera.

Isabella era un misterio. Un inquietante y bello misterio.

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El primer día de los tres dias que pidió Isabella se le fué rápidamente, Rosalie le midió todos los vestidos que llevaba consigo para su estadía en el convento, para ver si alguno le quedaba pero su esfuerzo fue en vano; Isabella contaba con un cuerpo no tan curvílineo como ella, por lo tanto Rosalie insistió en ir a algunas tiendas de modista para ver si tenían vestidos ya terminados dónde vergonzosamente, Isabella tuvó que admitir que no sabía como hacer una transacción de compra-venta, ya que para ella era desconocido todo eso. Y sólo encontró dos vestidos que se ajustaban a su talle.

El segundo día fué toda una revolución por que tardíamente Rosalie se enteró de su cumpleaños y le dijó que llegando a Lóndres iba a haber un baile en su honor. Imaginarse ese hecho, aterró a Isabella, por que tal vez en una agrupación con tanta gente la reconocerían, pero se tranquilizó al saber que ninguno de sus supuestos captores sabrían como era físicamente, ya habían pasado muchos años.

Ese día en partícular, dejó que Rosalie le mostrará la ironía de las bondades de esa cosa llamada corsette, así como también le permitió arreglarla a su antojo, por que era un hecho que ella conocía el cómo debía lucir una señorita, y secretamente Isabella albergaba en su corazón la esperanza del reencuentro con su padre luciendo cómo una dama.

Y cuando el cielo mostró el crepúsculo, la parte en dónde anuncia la culminación del día, Isabella avanzó hasta el riachuelo, escondiéndose de la mirada inquisitiva de los demás y para así permitie que las lagrímas abandonarán sus ojos, para darle cierto consuelo a su dolor.

Su padre no había ido por ella. Y el hueco en su alma se hizó más grande, pensando en todas las trágicas situaciones que evitaban que viera a sus padres.

Lloró por ellos, por la decisión que tomaba y por el miedo que lo desconocido le daba.

El tercer día paso entre despedidas, lloros y bendiciones de todas las hermanas, y también fue en compañía de Rosalie y la Madre Superiora a despedirse de la principal benéfactora del Convento. Ya que partían al amanecer del otro día rumbo a Lóndres.

Llegarón a las once del día, a una casona antigua, hecha enteramente de piedra, con tejas rojas y con vayas negras.

Inmediatamente los pasaron a la sala de estar, dónde una madura mujer que se veía que en su tiempo fue muy hermosa los esperaba.

Después de los saludos de entrada y las debidas presentaciones, desde su llegada al convento.

- Entonces, mi querida Isabella ¿Ha sido tú decisión final? - Le dijó Carmen Denalí a Isabella.

- Si, mi señora.- contestó viéndola a la cara.

- Bueno, en vista de que ya tomaste tú resolución, es mi obligación darte informe de tus finanzas.

Isabella abrió los ojos como platos, no se había dado cuenta que efectivamente, necesitaba fondos para sobrevivir en cualquier lugar.

- Si mi querida Isabella, tú tienes un fondo en el banco Mercantil de España, que crece cada seis meses. De manera que tus finanzas son independientes. Considerate afortunada mi niña, no necesitas un marido para mantenerte. - terminó diciéndo de manera jocosa.

Eso incrementó la curiosidad de Isabella -¿Cómo que crecen cada seis meses?

- Crecen por los interesés que generan y por que cada seis meses se deposita una suma bastante cuantiosa.- Carmen contestó como si fuera lo obvio.

Alguien le depositaba a ella, viendo su bienestar, pero ¿Quién?, ¿Quién velaría por su comodidad?

Afortunadamente fué Lady Rosalie, quién se atrevió a preguntar - Perdone mi injerencia, pero ¿Quién la deposita?

-No, lo sabemos.- dijo pesarosamente, para ella también era un enigma la vida de Isabella, para continuar hablando - Debido a el motivo por el cual estamos reunidos, es mi deber como tú albacea darte los documentos para que desde éste momento tengas el acceso total de tús cuentas.

Esperanza, otra vez sintió la palpitante esperanza. Eso quería decir que su padre estaba vivo, de esa manera se comunicaba con ella. Se alegró internamente, sólo faltaba decirle al banco que trasladará sus bienes a Inglaterra y de esa manera, su padre se daría cuenta que ya no se encontraba en España.

Sonrió, ya casi podría soñar de nuevo con sus padres.

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Al otro día, Isabella se levantó con mucho pesar, ya que la noche entera no pudo dormir por la exaltación del viaje, sin contar con que se debian levantar antes que la claridad llegará a sus ventanas, para estar preparadas cuando Lord Emmett pasará por ellas.

Isabella estuvo lista bastante más rápido que Rosalie, quién tardaba bastante para arreglarse.

Por lo tanto, tomó su valija y se encaminó hacía el pasillo del portón a la espera de que tocaran la puerta.

Con tan poca luz, medio distinguió una figura encorvada que se encontraba cerca del portón, en una silla.

Se asustó, hecho que la hizó jadear, y soltar la maleta, ya que a ésas horas ninguna hermana debía estar merodeando en el convento.

La figura se incorporó y caminó hacía ella, con un andar lento, era pequeña y regordeta.

Era la hermana Juana, quién se acercó a ella y la abrazó, por lo tanto Bella se tuvó que agachar para estar un poquito a su altura.

- Isabella, mi niña - sollozó la hermana - estaba esperando que salieras para despedirme de ti - se separó un poco de ella y le dió maternalmente un beso en la mejilla para volver a abrazarla.

Isabella casi no había tenido contacto físico con nadie desde que llegará al monasterio, exceptuando la hermana Juana y los fraternos abrazos que algunas hermanas le llegaban a dar, por lo que al sentir el beso de la hermana se llenó de recuerdos alegres y tristes, rememoró los besos que le dió a su madre y el último beso que le dió a su padre.

Todos fueron despedidas. Los besos eran separaciones.

Su corazón se estrujó y lloró, lágrimas le salieron a borbotones, en débiles estremecimientos así que apretó más a la hermana, tratando de que confortarse a ella misma, tratándo de aferrarse a alguien.

En eso se escucharón dos fuertes toques en la puerta. Era la señal. Ella había decidó irse y debía enfrentarse a ello.

Se separó de la anciana, a quién le dió un beso en la mejilla, limpió las lágrimas de la hermana con su mano y cuando iba a limpiarse las de ella, la hermana sacó un pañuelo y se lo tendió. Ella negó con la cabeza, pero la hermana se lo pusó en la mano y le dijó - Es para tí, es lo único que te puedo dar, aceptalo y llevame contigo en tus pensamientos. Que Dios ilumine y bendiga tú camino - la viejecita le hizó la señal de la cruz y se separó de ella.- Adios, Isabella.

Con un suspiro ahogado, tratando de contener la nueva oleada de lágrimas que amenazaban con salir, se limpió los ojos y le dijó - Adios, y muchas gracias. - Guardó el pañuelo en su capa y tomó su maleta percatándose de qué Rosalie, estaba atrás de ellas, lo cuál suponía que la había visto llorar y se encaminó hacía la puerta para abrirla.

Cuando la abrió un sonriente Lord Emmett le dió los buenos días.

Ella le contestó e hizó ademán de salir con su maleta con rumbo a la carroza, pero él caballerosamente no se lo permitió y le dijó galántemente - Sería muy grosero de mi parte, permitir que una dama cargue más que su capa y guantes. Así que si me permite - Y agarró su valija y la llevó hacía el lacayo del carruaje, para que éste la acomodará, se giró sobre sus talones y avanzó nuevamente hacía ella tendiéndole la mano y abriendo la puerta de la carroza con la otra.

- Gracias - le dijó a través de la ventana a Lord McArtty sonriendo, en cuánto subió al mismo, acomodándose en el mullido sillón del carruaje, mientras que Emmett daba la vuelta para encontrarse con Rosalie.

- ¡Vaya! Al parecer, también sabe sonreir.- dijó una conocida voz que la hizó voltear sorprendida a buscar a la figura que se encontraba al fondo del interior del carruaje.

- ¡¿Usted? - exclamó Isabella con un tono más alto de voz.


Los primeros bancos del mundo se fundaron entre los 1700, así que en la época en dónde úbico los personajes ya había. Y si no hubierá yo los habría inventado. No me hubiese gustado ser como mi bisabuela y esconder el dinero en un hoyo ó en el colchón. jajaja.

Ya fuí a ver Eclipse, y para ser sincera ha sido la película que más me ha gustado de la Saga.

¿Qué les pareció el capítulo? Yo experimenté muchas emociones, pero ustedes son mis mejores críticos, yo me reí y lloré, pero ustedes son quiénes tienen la última palabra, por lo que agradecería mucho su opinión.

Muchas gracias por sus alertas, favoritos y sus reviews. Son geniales a pesar de qué he tardado dos semanas en actualizar, pero de verdad mis ojos no respondian cómo debían, gracias por las palabras de aliento y por ser pacientes conmigo.

miadharu, CINTIA, camela, B., sabi07, Nostalgiacullen, LUCY, Edith Masen, karito cullenMasen, Ubt, V, jamlvg, LuLu MaRiE CuLLeN, ALLY MASEN CULLEN, betzacosta, The Chronicles of Cissy Black, Ginegine, Princess2213, sophia18, Lilu the little witch, Carmen Cullen 116, liduvina, ackanne, TheresaCherry, Mimabells, sumebe, MissBennetDarcy, EdithCullen71283, nomigo, Adrynoe, beluchiss, LeidaJim, Ericastelo, lizzy90, Nyleve Cullen, usako tenoh, Klaudia T, Fernanda, Yopi, Pauch, Lucero Hale, Nia06, Alinita28, kayling, Esther Guerra, crisvel, TheresaCherry, M.L.F. Elektragedia, katecullenhaleblack, .potzz, honey04, patry-ponfe-black, claudiaaa, sistercullen, Josenso di Farias, Nyleve Cullen, kiiLlii, Lorenilla, suspiroscullen, alicia-cuny,2010.

Me gustaría hacerles una recomendación de léctura, la autora se llama Pauch, sus fics son fantasia y corazón, es tremendamente buena con las palabras y yo la tengo en mis autores favoritos.

ELEKTRONNIKA, agradezco infinitamente tus alentadoras palabras que me disté en el pm, haz hecho que casi quiera llorar de la emoción, todo ésto es para ustedes y por ustedes. Te envió un beso guapa;

NostalgiaCullen te mereces el sol por los pm y el interés hacía mi persona. Te envió un beso;

Pauch, gracias pero lo reiteró la del talento eres tú. Te envió un beso hasta la Argentina;

CINTIA: Muchas gracias a ti por leer. Y yo también las extrañaba. Te envió un beso.

B.V. Peacy: Gracias, agradezco infinitamente que te haya gustado, y por lo de la actualización; trataré con todas las fuerzas del universo hacerlo más seguido, aunque duerma sólo dos horas. Un beso.

LUCY: Estoy muy contenta de que el capítulo te haya hecho feliz, y con respecto a mis lapsus indecisos, en éste capítulo me pasó lo mismo pero un poco más ligero. Y espero que sea de tú agrado. Te envió un beso.

karito cullenMasen: Gracias corazón, yo también espero que Bella no sufra mucho. Te envió un beso.

V: Bienvenida, espero cumplir tús expectativas, gracias, me hiciste sonrojar por lo que me escribes, y no te preocupes trataré de actualizar más seguido. Jamás la dejaría a medias. Te envió un beso.

Adrynoe: Muchas gracias por tú preocupación, y sí al fin se vieron, espero que éste capítulo te agrade. Un beso.

Fernanda: Gracias, me ha dado mucho gusto que te agrade, gracias, sólo escribo con el corazón.

Yopi: ¿El summary es aburrido?, mmh, bueno no había pensado en ello, pero gracias por hacermelo saber, haré una encuesta para averiguar que opinan los chicas y chicos que leen y si es así trataré de cambiarlo. Me da gusto que al final te hayas quedado prendada de la historia, lamentó si te hicé llorar, pero supongo que eso es lo que transmite cuando escribes con sentimiento. Te envió un beso.

A todos y todas los que leen, mil gracias de todo corazón.

Quisiera consultar algo con ustedes ¿El summary de ésta historia es aburrido?

Les envió un beso y un abrazo de oso.

Noelle Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ